CONTACTO (indicando como asunto El Chouan Ibérico): arturoen@hotmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta SIGLO XIX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SIGLO XIX. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de abril de 2015

"PRIM, MUCHO MÁS QUE UNA ESPADA" de Emilio de Diego



            A finales del pasado año 2014, concretamente el 6 de Diciembre, se conmemoró el bicentenario del nacimiento, en Reus, de don Juan Prim y Prats. La conmemoración, que no alcanzó especial relevancia aunque sí más que otras que pasaron sin pena ni gloria (este año 2015 se conmemora el V Centenario del fallecimiento del Gran Capitán y parece que nadie se ha enterado todavía), sí dio lugar a una serie de televisión de dos capítulos que fue emitida en Diciembre, "Prim, Asesinato en la Calle del Turco", basada en la novela homónima de Nacho Faerna, a una  nueva exhumación de los restos del general con su correspondiente nueva autopsia y a un sin fin de libros, biografías unos, novelas otros e investigaciones criminológicas algunos; que se sumaron, con mayor o menor fortuna, al carro conmemorativo.

            Si dentro de las novelas publicadas hay que destacar la ya precitada "Prim, Asesinato en la Calle del Turco" de Nacho Faerna y "La Berlina de Prim" de Ian Ibson y dentro de las obras catalogadas como investigaciones criminológicas hay que mencionar las obras de Pérez Abellán "Matar a Prim" y "Prim, la Momia Profanada" no cabe duda que la más destacada biografía que la conmemoración del bicentenario del General Prim ha originado es "Prim, Mucho más que una Espada" escrita por Emilio de Diego y publicada por la editorial "Actas".

            Alejándonos de la polémica abierta entre Emilio de Diego y el periodista Pérez Abellán con motivo de las supuestas causas y circunstancias de la muerte del General, diremos que "Prim, Mucho más que una Espada" es una biografía aceptablemente correcta con evidentes intenciones de convertirse en una hagiografía apologética de un personaje al que es imposible salvar de duros los calificativos que, en cualquier país serio, le hubieran supuesto el vilipendio de la historia.

            Don Juan Prim y Prats es una representativa muestra del prototipo de militar español del siglo XIX, un militar que entiende la milicia no como profesión sino como trampolín desde el cual alcanzar honores y lanzarse al coso político donde se encuentra su verdadera vocación. Es este concepto del ejército, ampliamente extendido entre los Jefes y Oficiales del ejército español decimonónico, el que marcará el famoso "intervencionismo militar" en la política española hace dos siglos siendo más justo hablar de una influencia de la política en el ejército que de la influencia del ejército en la política del Siglo XIX.

            Prim inicia su carrera militar durante la I Guerra Carlista como soldado raso en un cuerpo de voluntarios que lucha contra los carlistas ascendiendo por méritos de guerra hasta el Generalato, recibiendo varias Cruces de San Fernando. Terminada la guerra, es elegido diputado por Tarragona en 1841 enfrentándose a las tendencias autoritarias del Regente del Reino, en aquel entonces, Baldomero Espartero. Tras un intento de golpe de estado que protagoniza junto con Lorenzo Milans del Bosch tiene que huir y refugiarse en Francia.

            Tras participar en diversas conspiraciones y desempeñar varias misiones político militares (Observador en la Guerra de Crimea, Gobernador de Puerto Rico...) y concedérsele por Isabel, llamada la II, los Títulos de Conde de Reus y Vizconde del Bruch (13 de Diciembre de 1855) con la guerra de África de 1859-1860 llega la estrella del General Prim a su cénit por su comportamiento en la Batalla de los Castillejos que le vale ser nombrado por la hija de Fernando VII, Marques de los Castillejos en 1864.

            A pesar de tener una ajetreada vida de conspirador  y ser uno de los líderes del llamado "Partido Progresista" son tres los hitos que marcarán a don Juan Prim: la Guerra de África, la intervención militar en México y la revolución de Septiembre de 1868 (La Gloriosa).

            En cuanto al primero de los acontecimientos, la Guerra de África de 1859-1860, lejos de ser un timbre de gloria y eficacia de los mandos militares españoles debería haber dado mucho que pensar por el gran esfuerzo acometido, por las insuficiencias de medios demostradas y por la poca rentabilidad que se obtuvo. Tal es así que España pudo perder esa contienda a pesar de enfrentarse a un ejército poco menos que medieval.

            Por lo que se refiere a la Expedición a México, es de indicar que la misma surge del "Tratado de Londres" en virtud del cual Francia, la Gran Bretaña y España acuerdan enviar una fuerza expedicionaria a México a fin de garantizar la vida de sus ciudadanos así como sus intereses económicos y el cobro de la deuda que ese país tenía con las potencias signatarias. Mientras que Francia se embarca en una aventura política en tierras aztecas queriendo instaurar la monarquía en la persona de Maximiliano I, lo cual claramente excedía la finalidad del "Tratado de Londres", Inglaterra logra todos sus objetivos cobrando las cantidades que México le adeudaba y España no consigue nada más que perder cierto prestigio internacional pues Prim, sin orden ni autorización del gobierno que había suscrito el "Tratado de Londres" opta por retirarse dejando patente la falta de credibilidad del gobierno de la nación y su falta de control sobre sus fuerzas armadas.

            Finalmente la revolución de Septiembre de 1868, "La Gloriosa" constituirá el hecho más representativo de la vida del General Prim pero también el que pone de manifiesto las carencias morales del personaje y de toda una casta, la política, que lleva mangoneando nuestro país desde hace dos siglos.

            Los generales, entre los que se encuentra el General Prim,            que treinta años antes habían impuesto a los españoles el reinado de la hija de Fernando VII y a la que la debían tantos honores y prebendas deciden destronarla sublevándose en Cartagena y abrir un periodo de inestabilidad política, interregnos, gobiernos efímeros, breves repúblicas y guerras civiles que culminará con el golpe de Estado de Martínez Campos en Sagunto.

            Curiosamente lo más significativo del "Sexenio Democrático" que se inició con "La Gloriosa" no son tanto los hechos como los nombres de los hombres que derrocan a la hija de Fernando VII, redactan la Constitución de 1869, juran lealtad a un rey que se traen del extranjero y le sientan en el trono con el nombre de Amadeo I y finalmente terminan arrastrándose a los pies de Alfonso, llamado el XII, para crear el régimen de la llamada "Restauración". En este sentido, el "Sexenio Democrático" es el periodo donde se pone de manifiesto toda la corrupción moral y política de las gentes que habían dirigido el país desde el final de la Guerra de la Independencia, lo cual no tendría la mayor transcendencia de haberse corregido tal corrupción de la casta política en el siglo y medio transcurrido en vez de haber persistido en ella con el consentimiento de los gobernados hasta el momento presente.

            Juan Prim y Prats, General del Ejército, que había jurado lealtad a Isabel II y de la que recibió los títulos de Conde de Reus, Vizconde del Bruch y Marqués de los Castillejos (1) junto con el General Serrano, el Almirante Topete y otros muchos más traicionan el juramento empeñado y destronan a doña Isabel para redactar una Constitución que les permita arrastrar el Trono de San Fernando por todas las Cancillerías europeas en busca de alguien a quien sentar en él no dudando en desestabilizar Europa entera provocando la conflagración Franco-Prusiana de 1870-1871.

            Los hombres de la revolución de Septiembre de 1868, de "La Gloriosa", son los hombres que todo se lo debían a doña Isabel, los mismos hombres que juraron lealtad a Amadeo de Saboya, los mismos que después trajeron la I República y finalmente los mismos que vivieron largamente del presupuesto sirviendo al régimen de "La Restauración".

            A pesar de querer dejar a salvo la honorabilidad del General Prim, Emilio de Diego en su obra "Prim, Mucho más que una Espada" no lo consigue pues no deja de poner de manifiesto las numerosas contradicciones en las que incurrió el personaje que permiten deducir al lector que el famoso General Prim no fue nada más que un ambicioso bastante inmoral que, sirviéndose del ejército para hacer política y de la política para servirse a sí mismo, solo aspiraba a llegar a las más altas magistraturas del estado a costa de lo que fuera, incluso sirviéndose de la famosa "Partida de la Porra" que acallaba a palos toda expresión u opinión que le resultara hostil (2). No obstante, don Juan Prim y Prats no fue un hombre distinto a los hombres políticos de su tiempo, tiempo que, a la vista de las personas que desempeñan cargos políticos actualmente en nuestro país, parece que no ha pasado y en el que si se quiere encontrar algo de honestidad y vergüenza habría que fijarse en los carlistas y en los republicanos federales, los cuales no transigieron con las componendas de hombres como don Juan Prim y que, en no pocos casos, terminaron confluyendo (3).

            "Prim, Mucho más que una Espada" de Emilio de Diego es un libro que merece leerse porque nos previene en política contra los sujetos ambiciosos que se mantienen en la indefinición hasta el momento en que aparece claramente un vencedor a cuyo carro subirse y nos muestra que la traición siempre es la madre, en muchas ocasiones desconocida o no reconocida, de toda corrupción.






(1) Previamente a sublevarse o bien inmediatamente después de su triunfo de 1868 bien pudo Prim haber renunciado a los honores y títulos que le concedió su, hasta ese año, querida Isabel II, pero no lo hizo lo que permite deducir lógicamente su falta de honestidad política.

(2) La Partida de la Porra dirigida por Felipe Ducazcal era un grupo de treinta personas que actuaba en Madrid contra los detractores de la política del General Prim, especialmente contra los periódicos "El Papelito" de tendencia carlista y "El Cascabel" de tendencia republicana. Posteriormente "La Partida de la Porra" se extendió a toda la geografía española y Ducazcal, al igual que sus mentores políticos, fue a ponerse a servicio de la Restauración y de los gobiernos de Cánovas y Sagasta hasta que la proclamación de la II República puso fin a sus salvajadas.

(3) A modo de ejemplo debemos mencionar que don Federico Anrich que fue Ministro de Marina durante la I República en el gobierno presidido por Pi y Margall terminó siendo el general carlista al que se le encomendó la defensa de las costas del Cantábrico durante la III Guerra Carlista.


lunes, 16 de marzo de 2015

CINCOMARZADA, SIN SENBILIDAD



El pasado 5 de marzo Don Carlos Javier de Borbón Parma, titular de la Dinastía, hacía público un comunicado dirigido a los carlistas con motivo del día del Mártires de la Tradición. La fecha del comunicado coincidía, como nos recordó el propio Don Carlos  - "mártires de Zaragoza" - con la Cincomarzada. 

            Con este motivo de la Cincomarzada, el periodista Luis Negro publicaba, el 6 de marzo, en El Periódico de Aragón, un artículo titulado "Sin Sensibilidad, en el que reflexiona sobre el Carlismo y el sentido de la fecha, festividad local de Zaragoza.

            A continuación reproducimos íntegramente el artículo de don Luis Negro.

SIN SENSIBILIDAD

Un año más, Zaragoza celebra la Cincomarzada, en conmemoración del frustrado ataque carlista a la capital del 5 de marzo de 1838. Se celebra, se reconozca o no, la muerte de más de 300 aragoneses --en el marco de una guerra civil--, a manos de una masa de zaragozanos, que alertados de la ocupación de la urbe, se lanzaron contra los asaltantes, muchos de los cuales --incluido el general defensor de la plaza, Juan Bautista Esteller-- fueron linchados por la multitud. 

La historia no es una imagen fija, sino una sucesión de fotogramas, cuya proyección y visionado conjuntos conforman, según quien la mire, la realidad. Es cierto que la historia la escriben los vencedores. Por eso Zaragoza recuerda su "gloriosa victoria" frente a los carlistas, mientras se ha olvidado, por ejemplo, que el 24 de agosto de 1837, las tropas carlistas derrotaron a las de Isabel II en una tan memorable como desconocida batalla, que tuvo lugar en Villar de los Navarros. Una victoria que estuvo a punto de otorgar la Corona de España a Carlos María Isidro, legítimo pretendiente.

Y es que, tras la muerte de Fernando VII, acaecida el 29 de septiembre de 1833, se hizo público el testamento de Fernando VII, en el que explicitaba la creación de un consejo de regencia que presidiría su esposa, María Cristina, hasta que su hija Isabel II alcanzase su mayoría de edad. Con la llegada de Isabel II al trono, se producía una clara violación del derecho de legitimidad sucesoria a la Corona de España. Y ese fue el detonante que produjo la primera de las tres guerras carlistas que se sucedieron a lo largo del siglo XIX, hasta la entronización de Alfonso, en 1874. Durante la denominada Guerra civil de los siete años (1833-1840) fueron decenas de miles las víctimas civiles que regaron con su sangre las tierras de España, siendo las Vascongadas, Navarra, Aragón y el Maestrazgo castellonense donde se sintió con mayor intensidad.

Decir que los carlistas se oponían a las libertades y que el ejército regular, eran adalides incuestionables de su defensa, es una afirmación carente de fundamentos. Así por ejemplo, los carlistas defendían la reinstauración de los fueros, que prácticamente habían sido abolidos con la llegada al trono de España de Felipe V (1683-1746). Y un modo de organización estatal en el que las diputaciones de los distintos reinos gestionarían los asuntos de la ciudadanía. ¿No era este un modelo de gestión cuasi federal, muy similar al actual?

MÁS AÚN: muchos de los mandos militares que nutrieron al ejército carlista se habían distinguido en la lucha contra la invasión napoleónica (1808-1814) y en la defensa de Zaragoza, como ocurrió con el general Zumalacárregui. ¿Heroicos defensores de las libertades cuando lucharon contra Napoleón y apestados antirrevolucionarios cuando lucharon por la legalidad real? Otro dato que prueba la proximidad de los carlistas a la población rural, es que muchos de sus periódicos y bandos se publicaban en las lenguas propias: euskera, catalán, e incluso aragonés. La defensa de la religión católica que se ha querido ver como un modo de expresión contrarrevolucionaria, tuvo su contrapunto en la supresión por parte del Gobierno de la Regencia de María Cristina de la mayoría de órdenes religiosas, algunas de las cuales fueron expulsadas de España, como los jesuitas.

Otras órdenes, como las Escuelas Pías, se mantuvieron, pues de ellas dependía la educación en la mayoría de colegios españoles de primera enseñanza. Las leyes desamortizadoras contra los bienes de la Iglesia que tuvieron lugar ya durante el trienio liberal (1820-1823), así como la posterior de Mendizábal en 1836. Lejos de dar soluciones, provocaron el enriquecimiento de nuevos terratenientes que se apropiaron de esos bienes, y abrieron las puertas a una pérdida patrimonial visible aún hoy en día.

Pero es que además, el carlismo también trabajó en la defensa de las libertades durante la dictadura de Franco y fueron dos militantes carlistas las víctimas del primer atentado perpetrado por la banda terrorista de los GAL, durante la tradicional y anual marcha carlista a Montejurra (Navarra) en mayo de 1976. Aragón tuvo una revista --Esfuerzo común-- de marcada ideología carlista, que desde 1960, y hasta su desaparición, en 1986, fue el altavoz de las reivindicaciones forales aragonesas. No era una revista afín al franquismo y varios de sus números fueron censurados, de tal modo que a la publicación, se la llegó a conocer como Secuestro común.

La Cincomarzada dio a Zaragoza el título de Siempre Heroica, pero ¿cuándo una guerra la han ganado las personas humildes aun estando del lado de los vencedores? La sociedad ha avanzado, y reivindicar hoy las libertades proyectando la problemática social sobre una imagen estereotipada de un culpable semeja más a una carnavalada que a la manifestación de una ciudadanía unida que busca la coexistencia pacífica basada en igualdad, respeto, justicia e integración. 

LUIS Negro




           

Seguidores

contador de visitas blogger

-0-0-0-0- Carlistes de Catalunya -0-0-0-

Archivo del blog

CARLISMO DIGITAL