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lunes, 17 de junio de 2019

UNA VELADA AMENAZA



 Este fin de semana, mientras que los medios de comunicación entretenían a los ciudadanos españoles con el juego de la constitución de los distintos ayuntamientos surgidos de las elecciones del 26 de mayo; de rondón, sin ruido y así como sin querer molestar, se filtraba una noticia, que más parece una velada amenaza por las graves consecuencias que para los ciudadanos, especialmente para los económicamente más vulnerables, puede acarrear.

            La noticia en cuestión, es que elBanco Central Europeo que maneja, perdón, dirige, el italiano Mario Draghi,tiene la intención de que los ahorradores paguen a los bancos por tener enellos sus ahorros en cuentas corrientes o depósitos a plazo, bien en concepto de tasa, bien en concepto de comisión bancaria o, bien, en concepto de interés negativo.

            Según el Banco Central Europeo, en Europa existen 10´8 billones de euros en depósitos y cuentas bancarias, de los cuales 1´4 billones se encuentran en nuestro país. Si ese dinero se pusiera en circulación, y siempre según el señor Draghi, la economía europea se dinamizaría  y para que ese dinero deje de estar depositado en los bancos y "se mueva" nada mejor que hacer que los ahorradores paguen a los bancos por tenerlos depositados.

            Ahora bien, desde la crisis de 2008 las condiciones de los depósitos bancarios se han degradado tanto que la rentabilidad que de los mismos se obtiene es poco más que simbólica (curiosamente en nuestro país un plazo fijo renta un 0.01 por ciento mientras que el interés de los préstamos bancarios ronda el  5 por ciento) y aún así numerosos ciudadanos prefieren ahorrar a invertir porque los conceptos de ahorro e inversión responden a filosofías radicalmente opuestas y son claramente incompatibles. Mientras el ahorrador sacrifica la rentabilidad a la seguridad, el inversor sacrifica la seguridad a cambio de una importante rentabilidad.

            De verificarse la medida que pretende imponer el Banco Central Europeo se perjudicará gravemente a un incontable número de ciudadanos que, sin ser verdaderamente ahorradores, mantienen una cuenta corriente en el banco, simple y llanamente, porque tal cosa se ha convertido en una obligación para recibir los ingresos de sus nóminas y efectuar el pago de sus consumos. Así mismo, los ahorradores  que mantienen depósitos a plazo se encontraran en la encrucijada de considerar el pago al banco por el mantenimiento de su depósito como un suministro más que hay que pagar todos los meses como la luz o el teléfono o invertirlos, pero invertirlos ¿En qué?.

 El ahorrador no quiere riesgos, por lo que de invertir, invertirá en algo seguro como en oro o en ladrillo, lo que supondrá en nuestro país el retorno a la burbuja inmobiliaria.  No obstante, como el ahorrador huye de los riesgos y el endeudarse para invertir supone un importante incremento del riesgo, serán muy pocos ahorradores los que puedan permitirse el lujo de invertir en ladrillo sin recurrir a la financiación ajena por lo que la inmensa mayoría de los ahorradores obligados poner en circulación sus depósitos bancarios invirtiendo lo harán en productos financieros que ni entienden ni comprenden, pudiéndose repetir casos como el de "las preferentes" o el de las "hipotecas basura" con lo que de nuevo se estaría repitiendo la situación de especulación financiera que provocó la crisis de 2008 que, en este caso, se llevaría por delante a muchas más familias y contra la cual habría menos capacidad de reacción.

            Finalmente, no serán pocos e incluso puede darse el caso de que sean la inmensa mayoría, los ahorradores que asuman que tienen que pagar a la entidad financiera donde tengan sus depósitos una cantidad fija, al mes o al año, para que ésta se los conserve. En este caso el ahorrador, aunque considere tal pago como un gasto corriente más, habrá perdido un derecho y los bancos incrementarán notablemente sus beneficios a la vez que los estados y el propio Banco Central Europeo podrán reducir sus fondos  de ayuda a la banca en casos de crisis porque la principal ayuda a la banca vendrá de los propios impositores.

            En el fondo, y no muy en el fondo, la propuesta del Banco Central Europeo y del señor Mario Draghi es, y si no lo es desde luego lo parece, el comienzo de una maniobra para que los estados y las entidades financieras se apropien de los ahorros de los ciudadanos empobreciéndolos grave e irreversiblemente. Pero claro, en este todavía nuestro país, a diferencia del resto de países de Europa, nadie pone en cuestión a la Unión Europea, ni a sus instituciones ni al liberalismo que la inspira.

miércoles, 17 de enero de 2018

ESPAÑA Y RUSIA. ¿CONFLICTO DIPLOMÁTICO?




 Aunque el Presidente Ruso, Vladimir Putin, lo niega rotundamente, no paran de publicarse noticias sobre la intromisión de Rusia en la política interna de distintos estados de Occidente, entre ellos España, con gran escándalo e indignación por parte de nuestros mal gobernantes que son incapaces de entender lo más elemental de la política internacional y de las reglas de este nuevo "Gran Juego" (1) que se comenzó hace algunos años entre Rusia y los aliados de Estados Unidos.

            La última noticia sobre esta supuesta intromisión, ha sido que el líder de la ultraderecha rusa y candidato en las elecciones presidenciales que tendrán lugar en Rusia el 18 de Marzo próximo, Vladimir Zhirinovski, ha protagonizado una manifestación ante la embajada Española en Moscú  en apoyo del reconocimiento de la independencia de Cataluña y aunque Zhirinovski no es miembro del gobierno ruso, no por ello deja de apoyar la política del presidente Vladimir Putin en cuanto a política exterior se refiere por lo que es dudoso que  dicha manifestación no contase, como poco, con el beneplácito del gobierno y del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, tal y como  ocurría en los primeros años de la década de 1940 con las manifestaciones ante la embajada británica en Madrid reclamando Gibraltar (2).

            Las relaciones políticas no son relaciones de amistad sincera porque son precisamente eso: relaciones políticas, lo que es lo mismo que decir que son relaciones de interés, y la política internacional no es nada más que un enorme tablero de ajedrez en el que los  estados ocupan la posición que les corresponde, hacen los movimientos que pueden y que les interesa y luego... tienen que soportar deportivamente las acciones del contrario pues solo un tonto puede creer que una acción no genera una reacción.

            Desde la descomposición de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a principios de los años noventa del siglo pasado, Rusia, su estado sucesor, ha visto como iba perdiendo influencia en el mundo y que la zona de seguridad, que Stalin consiguiera situar bajo la órbita soviética en 1945, constituida por los estados del Este Europeo no solo se ha perdido sino que dichos estados se han ido integrando progresivamente en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hasta el extremo de que en estos mismos momentos Rusia tiene en sus fronteras unidades de combate de dicha organización militar. Por si esto no fuera poco, la Unión Europea capitaneada por Alemania ha llevado a cabo en los dos últimos años una agresiva política tendente a extenderse con la incorporación de Ucrania, lo que ha provocado que Rusia haya reaccionado con todo su potencial diplomático que incluye la advertencia firme y la utilización de las diversas grietas que le ofrecen sus enemigos que no son otras que la ambición y estupidez de algunos dirigentes y las disputas internas.  

En este nuevo "Gran Juego" que Rusia se ha visto obligada a jugar con Occidente y que terminará por desembocar en una nueva "Guerra Fría", lo inteligente hubiera sido que nuestro país hubiera permanecido neutral, pero no ha sido así. A España le faltó tiempo para apoyar la desmembración de Yugoslavia en 1999, lo que significaba la pérdida de la tradicional influencia rusa en los Balcanes, corrió velozmente a sumarse al proyecto de escudos antimisiles autorizando el despliegue de cuatro destructores norteamericanos en la base naval de Rota  y, finalmente, desde hace poco más de un año nuestro país aporta, con trescientos militares y ochenta vehículos blindados,  el contingente militar más potente de los desplegados en Letonia por la OTAN.

            Con estos antecedentes, los distintos miembros de la casta política española, y especialmente los que forman parte del gobierno, deberían hacérselo mirar porque no pueden extrañarse ni asombrarse de que Rusia haya utilizando o esté utilizando el tema de Cataluña para perjudicar a una potencia que tiene desplegadas fuerzas militares a tan solo doscientos kilómetros de sus fronteras y de este modo intentar desestabilizar el Sur de la Alianza Atlántica mientras ésta tiene todo su empeño en el frente Sureste (Ucrania) y Noreste (Países Bálticos).

            A Rusia, como a cualquier otra potencia internacional, prácticamente le sale gratis utilizar las debilidades y los conflicto internos de sus oponentes, por lo que la cuestión de Cataluña, aún cuando claramente le trae sin cuidado, sin duda le supone una enorme oportunidad para demostrar a sus contrarios que "donde las dan las toman y callar es bueno".








(1) Con el nombre de "El Gran Juego" se conoció el enfrentamiento geopolítico sostenido durante el Siglo XIX entre Gran Bretaña y Rusia por el control de Asia Central y especialmente por el control de Afganistán. De hecho, durante la segunda mitad del Siglo XX lo que se llamó "Guerra Fría" no fue más que una reedición de "El Gran Juego" entre la URSS y Estados Unidos, potencia sucesora del Imperio Británico, a escala global y no solo limitada a Asia Central.


(2) En cierta ocasión y ante una numerosa manifestación de ciudadanos españoles ante la embajada británica en Madrid, el Ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer se puso en contacto telefónico con el Embajador Británico en España, Samuel Hoare, y al ofrecerle el envío de más policía el embajador británico le contestó: "Prefiero que me envíe menos manifestantes".

martes, 5 de julio de 2016

CONSECUENCIAS DEL BREXIT



Después de pasados quince días desde que los ciudadanos británicos decidieran en referéndum su salida de la Unión Europea, resulta que, a pesar de los más catastróficos vaticinios, no ha pasado nada relevante en la economía europea más allá de una momentánea caída de las bolsas que parecen que ya empiezan a recuperarse ignorando la incertidumbre sobre la formación de gobierno en España y la prolongación indefinida de la crisis griega, por lo que solo se puede deducir lógicamente que tal caída obedecía más a una simple corrección de los mercados y a una recolección de beneficios de los más temerosos que a cualquier otro motivo inspirado por la decisión tomada por los protegidos de Albión.

             En realidad, la salida del Reino Unido de la Unión Europea tiene muchísimas menos implicaciones económicas que las que nos querían y nos quieren hacer creer, hasta el extremo de que se puede afirmar sin temor a equivocarse que hubiera sido mucho más grave la salida o expulsión de Grecia de las instituciones europeas que la salida de la Gran Bretaña porque lo primero hubiera supuesto el fracaso más absoluto del Euro, esto es de la unión financiera y monetaria, y posiblemente el impago de la enorme deuda externa griega que habría arrastrado a la quiebra a cientos de accionistas e inversores extranjeros, mientras que la salida de la Gran Bretaña apenas tendrá significación económica al no estar integrada plenamente en las estructuras financieras y monetarias de la Unión Europea como son el Banco Europeo y el Euro.

            Desde el punto de vista estrictamente económico, la salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea no va a significar gran cosa porque siendo un estado con sesenta millones de habitantes con un pujante sector industrial y tecnológico que participa en los grandes consorcios tecnológicos e industriales europeos es impensable que la economía de la Unión Europea prescinda de la economía británica o que la economía británica prescinda de la economía europea por lo que los vínculos de cooperación económica y los flujos comerciales continuaran de forma similar a como se dan en la actualidad. Ni la economía británica va a dar la espalda a los mercados europeos ni la economía de la Unión Europea va a despreciar sesenta millones de consumidores potenciales por lo que la salida del Reino Unido de la Unión Europea solo va a suponer la negociación de un tratado económico entre ambas partes en el que la Gran Bretaña obtendrá la posición de "estado especialmente beneficiado".

            En cambio desde el punto de vista político, la salida del Reino Unido de la Unión Europea sí supone un duro golpe a la llamada construcción política europea. En primer lugar porque pone de manifiesto que la llamada construcción política de Europa no es más que un mito propagandístico que ya no engaña a nadie pues dicha construcción se está realizando, desde el Tratado de Maastricht, sobre la base y el fundamento de la hegemonía política alemana, siendo Alemania quien marca la pauta en cuanto a nuevas adhesiones y en cuanto a la política exterior e interior de Europa y porque, en segundo lugar, abre la puerta a que más estados se sumen a la posibilidad de salirse de las instituciones europeas, lo que ya sería la puntilla definitiva al proyecto europeo.

Con su salida de las instituciones comunitarias, el Reino Unido recuperará el control de sus fronteras, la plena soberanía legislativa y su plena soberanía política no viéndose afectada por las directrices que emanan desde Bruselas ni por los tratados internacionales que pueda suscribir la Unión Europea. De esta forma, la Gran Bretaña volverá a apostar por una política interior propia donde lo fundamental sean los intereses británicos y una política exterior basada en la alianza transatlántica con Estados Unidos y en el equilibrio continental, equilibrio que si hoy parece inexistente, al inclinarse notoriamente la balanza de poder a favor de Alemania, sin duda se corregirá mínimamente si Francia reacciona ante su progresiva pérdida de poder e influencia en el seno de la Unión Europea y en la misma Europa, donde la influencia política y económica de Alemania se extiende a los estados del Este, ex-comunista e incluso a los Balcanes, mientras que la influencia de Francia, más que avanzar retrocede en la Europa mediterránea que, aun en el dudoso supuesto de que girase incondicionalmente en torno a Paris, difícilmente podría contrarrestar el poderío económico de Alemania y sus satélites europeos.

            Con la decisión de salirse de la Unión Europea, Inglaterra ha apostado audazmente, pero no descabelladamente por un escenario europeo en el que, a medio o largo plazo, se den tres bloques económica y políticamente antagónicos:

            a) Una Alemania hegemónica y dominante de unos estados satélites integrados por los estados del Este ex-comunista, por los estados bálticos, por la mayoría de los estados balcánicos y por la misma Ucrania.

            b) Una Francia en pugna por convertirse en una potencia líder entre los países latinos y mediterráneos claramente en inferioridad de condiciones económicas respecto al bloque germánico.

            c) Una Rusia, emergente, que consolidada como gran potencia mundial, sigue teniendo graves problemas, tras la desintegración de la URSS y del bloque soviético, para mantener su definición como potencia europea y no como potencia asiática.

            Al salirse de la Unión Europea, la Gran Bretaña ha apostado por la posibilidad de que este panorama europeo se dé realmente, lo cual ocurrirá muy posible y muy probablemente, y a partir de ahí jugar a apoyar desde fuera a uno u otro bloque según les interese en cada momento arbitrando soluciones o favoreciendo conflictos según sus particulares conveniencias.

            En realidad, el "Brexit" no supone un capricho británico ni un triunfo del chovinismo inglés, sino simple y llanamente responde a una visión realista de la situación política y económica europea donde Europa no es más que un "Gran Espacio" cuyo control se disputan dos o tres potencias en un gran juego de inteligencia diplomática del que la decisión británica no le apea sino que la redefine en su condición de jugador activo.
 


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