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martes, 1 de diciembre de 2020

CAPITALISMO (1679-2065) de SANTIAGO NIÑO BECERRA

Recientemente la editorial Ariel ha publicado la obra titulada "Capitalismo (1679-2065)" escrita por don Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica de la Universidad Ramón Llull, en la que no solo se analiza la historia del sistema económico capitalista sino en la que se vaticina su evolución hacia un supuesto final que tendrá lugar en torno al año 2065. 

            En realidad, "Capitalismo (1679-2065)" de Santiago Niño Becerra es una obra poco original  que incide en la conocida historia del capitalismo y cuyo único punto de originalidad se encuentra en los análisis que hace el autor de las noticias cronológicamente ordenadas que inauguran cada parte del libro y en las citas textuales pronunciadas durante las últimas décadas por estadistas y grandes magnates de la industria y de las finanzas, a partir de todo lo cual Niño Becerra se atreve a predecir un futuro que para muchos es evidente desde hace tiempo.

            Según don Santiago Niño Becerra, el capitalismo ha entrado actualmente en una fase, acelerada por la actual pandemia de COVID19, que supondrá su final.

            Sostiene el eminente catedrático, que la economía ha entrado en un estado en el que solo importa lo que denomina "productividad" que consiste en producir más con menos y al menor precio posible y que en realidad no es otra cosa que la vieja "rentabilidad" de toda la vida. Tal "productividad" (o "rentabilidad") se consigue ahorrando costes de producción principalmente en mano de obra y seguros sociales, lo cual viene llevando desde finales de los años setenta del siglo pasado al fenómeno de la "deslocalización"  por el cual las industrias cambian de ubicación para reasentarse en lugares donde las cotizaciones sociales y los salarios son más bajos, pero que tal fenómeno de "deslocalización" ya ha dejado de ser necesario al permitir los avances científicos y tecnológicos sustituir a numerosos trabajadores por máquinas robóticas.

            Esta fase tecnológica del capitalismo, sostiene el autor de  "Capitalismo (1679-2065)", llevará a un exceso de oferta de trabajo que la producción económica no necesitara ya que la tecnología, afirma Niño Becerra, crea un puesto de trabajo y destruye siete, por lo que en el futuro el paro será estructuralmente muy elevado pronosticando que "la Renta mínima vital, la legalización del consumo de Marihuana (u otras drogas) y el Ocio gratuito o muy barato" será la "trilogía" sobre la que pilotará la paz social.

            Asimismo, Niño Becerra, predice que, si originariamente el capitalismo fue la respuesta de la burguesía individualista frente a la monarquía y aristocracia absolutista, en el futuro "la cuna" volverá a tener la importancia que tenía hace siglos y que el trabajo será para muy pocas personas, las cuales procederán de exclusivos centros educativos, es decir, en cierta forma se producirá un retroceso sociológico donde la sociedad de clases será sustituida por una nueva forma de sociedad estamental y he aquí donde "Capitalismo (1679-2065)" incurre en una contradicción flagrante.

            La teoría fundamental sostenida por el autor de "Capitalismo (1679-2065)" es el final del capitalismo al terminar éste desembocando, en un futuro próximo, en una sociedad donde muy pocos trabajaran, no existirá la propiedad privada y donde los estados-nación y los gobiernos, tal y como hoy los conocemos, serán sustituidos por entramados de corporaciones. Ahora bien;  si los estados y gobiernos desaparecen siendo sustituidos en sus funciones por entramados de corporaciones, ello no implica el final de la propiedad privada sino la concentración de la misma en manos de los privilegiados miembros de esas corporaciones o de sus funcionarios por lo que el futuro que señala don Santiago Niño Becerra, no supondrá el fin del Capitalismo sino una nueva fase del mismo que perfilará un mundo nuevo que se encontrará a medio camino entre  "Un Mundo Feliz" de Huxley y "El talón de Hierro" de Jack London.  

            En el fondo, el gran mérito, incluso el grandísimo mérito, de "Capitalismo (1679-2065)" de don Santiago Niño Becerra, radica en constituir la demostración racional y teórica, sustentada sobre ciertos principios de prueba empírica, de que es posible y muy posible llegar en breve a las distopías imaginadas por Huxley y London en sus obras, antes mencionadas. 

 

domingo, 5 de julio de 2020

PANDEMIA ULTRACAPITALISTA



 La derecha empresarial, más lista que la política y mediática, fuerza cambiar la estrategia de confrontación por la de unidad para que el Estado pague la crisis sin subir impuestos a los ricos sino, de nuevo, recortando Con la alarma del 14 de marzo la vida cambió en un día. Como nuestra única defensa ante el virus era una sanidad y ciencia debilitados por décadas de ultracapitalismo, no tuvimos más remedio que encerrarnos. Vimos y se escribió, incluso en diarios tan afines al sistema neoliberal como el Financial Times, que urgía reforzar el papel del Estado en la economía para evitar el colapso. 

            Pero el capitalismo es un virus ultrarresistente. Muta veloz para protegerse. Sin importarle el dolor de la gente. 

            Ahora dos fenómenos confluyen para dar vigor a la pandemia ultracapitalista y nos pilla aletargados por el verano, los efectos del confinamiento y el miedo a perder salud y empleo. 

            De un lado, se ha pasado de creer bárbaros a quienes en marzo defendían que por encima de la salud primaba la economía a, hoy por hoy, normalizar que la reactivación bien vale grandes riesgos. Los europeos nos mofábamos del vicegobernador de Texas, Dan Patrick, por decir que abuelos como él debían aceptar morir para dejar a sus nietos un capitalismo sano. Creíamos que el club presidido por la sofisticada Von der Leyen no era comparable al rancho del burdo Trump. No obstante, Europa abre fronteras sin más control que la declaración del pasajero, la medición de temperatura ¡y la observación visual!? Que "no sirve de nada", según la presidenta de los Médicos de Sanidad Exterior, Mar Faraco. ¿Cabía dudarlo? 

            "El riesgo cero no existe", nos repiten como mantra. Pero entre riesgo cero y llenar aviones, entre riesgo cero y no dar protección en la vuelta al cole: ni metro y medio entre alumnos, ni entrada y salida escalonados, ni recreos por grupos burbuja… Se pondrá en riesgo a los niños y, de nuevo, a los abuelos. Por dinero. 

La derecha española cambia de estrategia 

            Por otra parte, en España, la confrontación a que estaba lanzada la derecha política y mediática ha sido reconducida por la empresarial. La CEOE monta un foro de relumbrón: la presidenta del Santander, el de Zara o el ricachón de Ebro Food (cuya fortuna viene del franquismo), esa élite del 2,09% de empresarios españoles con más de 20 empleados frente al 87,2% que solo tienen un trabajador o dos. Y con el poder que el capital y ningún voto les otorga adoctrinan sobre la vital unidad para mantener los ERTE, las ayudas estatales a empresas y autónomos pero sin subirle a ellos los impuestos. Tan pragmático como dice ser el alto empresariado, ¿de dónde saldrá el dinero ya que se niegan a la justicia fiscal? Les veo pelín demagógicos y muy ideológicos. 

            Tras el acercamiento de Cs al gobierno de PSOE-UP que ha llevado al Ejecutivo a incumplir su compromiso de subir impuestos a las fortunas y derogar la reforma laboral, ahora el PP deja de conspirar en Europa con Holanda, Suecia, Dinamarca y Austria para dificultar las ayudas a España y respalda que presida el Eurogrupo la ministra de Economía Nadia Calviño. Hasta Vox, vía Espinosa de los Monteros, la apoya porque es "lo menos malo" del Gobierno. A buen entendedor, ¿verdad? 

 Vuelta de tuerca capitalista y recortes 

            La reconstrucción que, con puño de hierro en guante de seda, nos prepara la derecha es la enésima vuelta de tuerca capitalista a base de recortes y precariedad. Las previsiones -FMI, Banco de España…- son para llorar. El paro en nuestro país que antes del covid-19 era del 14% sube al 20% y sería del 34% sin los ERTE. Lo peor le caerá a los jóvenes, la mayor mano de obra en comercio y hostelería, sectores muy dañados. Una juventud española que ya sufría un 32% de paro, el segundo peor de la UE, que se independizaba a los 29 años, tres más tarde que la media. Para las mujeres cualquier parámetro peor siempre. 

¿Qué decisión estratégica se prevé para que la gente, no ya nuestros hermanos del tercer mundo contra los que Europa recrece sus muros, sino más y más de aquí podamos vivir? Ninguna.

El capitalismo matará al capitalismo 

            El capitalismo, como la fiesta de los toros, morirá no porque haya quien abomine, sino porque es un desastre insostenible. Caerá sí o sí. 

            Hay dos caminos posibles: 

            O los excluidos llegarán a ser tantos y tan desesperados que al fin se fraguará la traída, llevada y hasta ahora imposible unidad por una alternativa de derechos humanos y sostenibilidad. O la voraz rueda de productividad, consumo, beneficio y explotación seguirá devorando recursos y vidas hasta el colapso del planeta. 

            El más ultracapitalista lo sabe. Aprietan para que sus descendientes mantengan los privilegiados, sí, pero en un mundo condenado. 

            Este junio, en Siberia, se registran 30º grados de media, con picos de 38º. El deshielo allí triplica el ya veloz en el resto del globo. 

            Esto debería obsesionarnos. Eclipsada Greta Thunberg, no parece prioritario. Pero el activismo se reactivará. Voces nuevas surgen siempre, se reemplazan, en defensa de la democracia y el pacto humano. Heroínas y héroes frente a la dictadura china en Hong Kong, jóvenes como Olga Mísik, que desafía el autoritarismo de Putin en Rusia, el movimiento antirracista que irradia de EEUU... Otras primaveras y otros 15M vendrán. 



miércoles, 8 de abril de 2020

EN RECLUSIÓN



 Un buen amigo, miembro también del Instituto Mounier y gran jurista me ha enviado sus reflexiones de reclusión. Coincido en sus apreciaciones. Y valoro muy positivamente el juicio que le merece el descontrol de las residencias de mayores, en los que se ceba el mayor número de contagios y de muertes por este coronavirus.

            Dice, con razón, que no podemos decir que esta pandemia se deba ni a un castigo divino ni al neoliberalismo individualista. Sobre esto último, quisiera hacer una puntualización.

            Efectivamente el paso del virus de una especie animal a la humana no se debe al sistema económico vigente. Pero su rápida propagación a todo el planeta, ¿no tiene que ver con el modo de vida que nos impone el neoliberalismo global?.

            ¿Y el que algunos se estén enriqueciendo con el negocio de los medios de protección, respiradores, test de diagnóstico y medicamentos? ¿O con sus juegos de bolsa con el petróleo, las divisas y los alimentos, aprovechando esta coyuntura? ¿Cómo actúan estos días los grandes capitalistas? ¿No se están beneficiando de esta crisis sanitaria y económica?.

            ¿Y el resto de la población? ¿No vemos por un lado abundantes rasgos generosos de solidaridad y por otro muestras de egoísmo acaparador y de desprecio pícaro de las normas impuestas para esta situación dramática?.

            Decretados los estados de alarma con una declaración de guerra a la pandemia, vemos a los gobiernos titubear sobre el alcance de las medidas a adoptar. Acuden a comités de expertos para que les asesoren y les indiquen posibles vías de actuación. ¿Piensan en el Bien Común o están pendientes de su efecto en próximas elecciones? ¿No tenemos que hacer las mismas preguntas ante las posturas de los partidos de oposición?.

            Me temo que lo que está en juego también es el aprecio popular por las instituciones democráticas. ¿No parecen ser más eficaces los regímenes totalitarios como el chino, donde primero se manifestó la epidemia?. Disciplina unitaria, control de las noticias y obediencia ciega ¿serán necesarios en esta situación de guerra?.

            Y cuando pase la pandemia, ¿se deseará volver a lo anterior o habremos aprendido la lección? ¿Se fortalecerán las actitudes de solidaridad compasiva y de apoyo a los débiles o reincidiremos en la destrucción de la naturaleza y en olvidarnos de las víctimas?


martes, 4 de febrero de 2020

LA CONSPIRACIÓN ILUMINATI



 Hace algunos años y con motivo de la crisis económica del año 2008 empezaron a correr entre determinados círculos políticos contestatarios y por las redes sociales rumores sobre una posible teoría conspirativa que explicaría tanto la debacle económica como determinadas maniobras políticas tendentes a constituir un estado totalitario mundial. El fenómeno no solo no era nuevo sino que además es tan antiguo que ya viene a ser un clásico de la cultura política popular porque en tiempos de crisis y decadencia siempre surgen los mismos fenómenos: el resurgir de "los magos y brujos", el interés por el esoterismo y el ocultismo y, por supuesto, las teorías conspirativas que lo explican todo o, al menos, aquello que no se alcanza a comprender.

            Lo novedoso de esta teoría conspirativa, que pretendía explicar todos los entresijos de las  oscuras tramas políticas y financieras de principios del Siglo XXI, era que no se centraba, como hasta entonces había hecho toda conspiración que se preciara, en el poder oculto de los judíos y de los masones. Esta vez la conspiración tenía como protagonistas a una sociedad secreta fundada en Baviera, en 1776, por un tal Adam Weishaupt: la Orden de los Iluminados de Baviera, conocidos comúnmente como los "Iluminati". Nada parecía importarles a los elocuentes defensores de la conspiración "Iluminati", que en nada cuestionaban y en todo defendían el hecho de la Revolución Francesa de 1789,  que la Orden de los Iluminados de Baviera hubiera defendido las teorías de la "ilustración" que inspiraron aquella Revolución y mucho menos parecía importarles que la Orden de los Iluminados de Baviera, prácticamente hubiera desaparecido a finales del mismo siglo que la vio nacer.

            Dadas las relaciones y los intereses económicos y financieros internacionales que se dan desde la implantación de la economía capitalista en el Siglo XIX, es posible, y hasta probable, que un reducido grupo de personas que son propietarios o controlan de alguna manera y en una alta proporción la explotación de los recursos naturales, la producción de bienes de consumo o el flujo de capitales puedan mantener algún tipo de asociación para influir en las sociedades, en la opinión pública, en la sociología y en las decisiones políticas de los distintos gobiernos para su exclusivo y particular beneficio, todo lo cual cabría dentro de la "teoría de la conspiración". Ahora bien, atribuir tal "conspiración" a un grupo social concreto, como en su momento fueron los judíos, o a una secta o sociedad secreta de dudosa existencia como en la actualidad son los "Iluminati" parece más una distracción que pretende alejar el centro de atención de los verdaderos focos de interés y crear cierto descrédito sobre cualquier teoría que defienda que una minoría puede estar gobernando el mundo en su propio provecho.

 Los defensores de la teoría de la conspiración "Iluminati" justifican las más incomprensibles medidas que toman los diferentes gobiernos con la existencia misma de la conspiración sin darse cuenta que, en la mayoría de los casos, la explicación más simple es la más acertada. Los gobiernos de las sociedades democráticas liberales están formados por personas a las que la propia ciudadanía elige por sufragio universal en elecciones periódica y claro está que al ciudadano votante le resulta muy difícil reconocer que se ha equivocado votando a tal o a cual individuo y más difícil aún le resulta creer que la persona elegida y en la que una mayoría ha depositado la confianza resulta ser, a pesar de su aparentemente brillante trayectoria profesional y/o académica, un completo analfabeto político cuando no un simple inútil o un histrión enloquecido que hace cosas incomprensibles cuando no contraproducentes y perjudiciales. En la mayoría de los ejemplos que los amigos de la teoría de la conspiración ofrecen como prueba de la existencia de la misma solo se encuentra la estupidez humana que en los particulares resultaría irrelevante o solo perjudicial para quien la comete y que en las personas que ocupan cargos públicos de responsabilidad afectan negativamente a millones de personas y a estados enteros.

            En definitiva, aunque es posible e incluso probable que una minoría poderosa que controla gran parte de la economía mundial pueda manejar los hilos oportunos para que los gobiernos adopten en cada momento las políticas que a esa plutocracia más le beneficie y que tal cosa pueda definirse como una conspiración, no es menos cierto que, en la inmensa mayoría de los casos, detrás de todo desastre político, social o económico no hay más que un imbécil que se cree un gran estadista y un pueblo que lo ha votado y no precisamente una la orden secreta creada por el Cagliostro o el Conde de Saint Germain de turno.

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