Después
de casi dos meses de creciente tensión entre el independentismo y las
instituciones del autogobierno catalán y el Gobierno del Partido Popular, el
pasado Viernes 27 de Octubre el
Parlament de Catalunya, a solicitud del President de la Generalitat, Carles
Puigemont; aprobaba tras una votación secreta y con 70 votos a
favor, 10 en contra y 2 abstenciones la declaración de independencia de la
República Catalana.
Mientras esto ocurría en el Parque
de la Ciudadela de Barcelona, en la Plaza de la Marina Española de Madrid, sede
del Senado, se autorizaba al Gobierno del señor Rajoy a aplicar el artículo 155
de la Constitución que pocas horas después se concretaba en el cese del
Gobierno Catalán, disolución del Parlament y convocatoria de elecciones
autonómicas en Cataluña para el próximo 21 de Diciembre de 2017.
Esta situación, que hacía presagiar
la continuación del prolongado pulso entre el independentismo y las autoridades
españolas que se viene desarrollando desde hace cinco años, parece ser que ha
sacado a la luz todas las graves contradicciones políticas existentes en
Cataluña y las bajezas e incoherencias de la casta política catalana que no es
diferente a la del resto del país.
En puridad lógica, la proclamación
de la independencia de Cataluña en forma de república, que fue celebrada por
decenas de miles de personas el día 27 de Octubre en todo el territorio
catalán, hubiera llevado a que el Gobierno de la Generalitat pasase a constituirse
en Gobierno Provisional de la República Catalana coordinando y representando la
resistencia y la desobediencia civil que se organizara desde las bases del
independentismo.
Los políticos independentistas lo
tenían perfectamente claro desde el principio. Se trataba de una partida de
ajedrez que tenía por finalidad acorralar a las autoridades españolas para que
éstas desplegaran toda su fuerza coercitiva lo que les permitiría presentarse
ante el mundo entero como víctimas de una injusta y desproporcionada represión.
Este ha sido un peligroso juego planteado por el señor Puigdemont que, en pocas
palaras, consistía en ver quién era el primero en desenfundar la pistola y,
quien primero lo hiciera, ese sería el perdedor.
La aplicación del artículo 155 de la
Constitución por parte del gobierno del Partido Popular se lo ponía fácil, muy
fácil, al Gobierno de la Generalitat
porque bastaba con actuar como si la República Catalana fuera un hecho y
mantener una pacífica y organizada resistencia civil a base de desobediencia,
movilizaciones cívicas y huelgas pero en vez de eso el Gobierno de la
Generalitat parece haberse disuelto sin pena ni gloria.
El señor Carles Puigdemont, se ha marchado
a Bélgica, el señor Oriol Junqueras, que firmaba un artículo en el diario
"Punt Avui" como Vicepresidente de la Generalitat en vez de hacerlo
como Vicepresident del Gobierno Provisional de la República Catalana, ha
manifestado que considera ilegítimas las
elecciones autonómicas previstas para el 21 de Diciembre pero, no obstante, ha
confirmado que su partido, Esquerra Republicana
de Catalunya, concurrirá a las mismas y, por último, los diputados de los
partidos secesionistas, ERC y PdCAT, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid
también han manifestado que no dejarán de acudir al Congreso a pesar de que, si
dieran por buena y creyeran en la existencia de la República Catalana
independiente, deberían dejar de hacerlo.
Cataluña, España, (Europa), es un
país maravilloso porque ser infeliz en cualquier parte de las Españas es
prácticamente imposible quedando reducida la infelicidad a ese reducido grupo
de personas que, siendo pesimistas, hacen de la amargura la razón de su
existencia. Aquí se ve lo que se quiere ver y quien no se consuela es porque no
quiere. Por ello no serán pocos los catalanes, dentro de los numerosos
partidarios del Gobierno de Puigdemont y de sus aliados parlamentarios, quienes
justifiquen todo esto en eso que dijo Oriol Junqueras de qué habría que tomar
“decisiones difíciles de entender” o que comparen la marcha de Puigdemont a
Bélgica con la retirada de De Gaulle a Gran Bretaña en 1940, pero lo cierto, lo
únicamente cierto, es que a esa numerosa cantidad de catalanes, que el 1 de Octubre
salió de sus casas para depositar un papel en una caja soportando las cargas
policiales y que el 27 de Octubre llenó las plazas y calles de las ciudades y
pueblos de Cataluña para celebrar la proclamación de la República Catalana, la
han traicionado sus dirigentes, la han embarcado en una aventura desastrosa
mientras que sus líderes, cuales capitanes araña, se quedaban en tierra y la
han inculcado una religión, el independentismo, en la que sus propios
sacerdotes, simple y llanamente, no creían. Y por favor… que nadie pretenda comparar a De
Gaulle con Puigdemont porque lo único
que tienen en común es que el primero era francés y el segundo se ha despedido
a la francesa de su “amado” pueblo catalán al que ha dejado tirado.
Tampoco se engañe nadie, los que han sido
partidos anti-sistema (CUP) e independentistas (PdCAT y ERC), acudirán a la
convocatoria electoral del próximo 21 de Diciembre legitimando la aplicación
del artículo 155 de la Constitución en virtud del cual se convocan y dando por
liquidado el Gobierno de la Generalitat existente hasta el día 27 de Octubre
pasado, no porque esas elecciones tengan un supuesto carácter constituyente o
nuevamente plebiscitario, que es el
argumento que van a utilizar para justificarse, sino porque no pueden permitirse
el lujo de quedarse fuera de las Instituciones Catalanas que es lo que les
permite “tocar poder”, enchufar a los
suyos, repartir subvenciones y, sobre todo y ante todo, percibir importantes
subvenciones y magros sueldos a costa el erario público.
Si Puigdemont y los suyos tuvieran que hacer
una película de lo acontecido en los últimos meses en Cataluña sin duda se
titularía "El Fracaso (por ausencia) de la Voluntad". El nacionalismo
catalán no ha estado nunca más cerca de alcanzar sus objetivos, de llevar al
colapso a toda España y de acabar con el régimen político de 1978 como en éstos
últimos dos meses, pero a la hora de la verdad, a los líderes políticos del
independentismo (Puigdemont, Junqueras, Anna Gabriel...) simplemente les ha faltado
la voluntad de asumir las consecuencias lógicas de sus propios actos y han
optado por salvarse ellos dejando a los pies de los caballos a ese importante sector
de la población catalana que creía en ellos con lo que se han llenado de
oprobio e indignidad haciéndose merecedores de un total desprecio de propios y
ajenos, afines y contrarios.
Por su parte, los otros líderes, los que se
han envuelto de la bandera nacional española, la cual han descubierto tras
tenerla vergonzosamente escondida durante muchas décadas, ahora disfrutan de
sus minutos de gloria, pero esa gloria se disipará por completo si los
resultados electorales del 21 de Diciembre arrojan en Cataluña unas mayorías
parlamentarias similares a las existentes hasta el 27 de Octubre porque en tal
caso se habrá demostrado que la aplicación del artículo 155 no ha resuelto
ningún problema y se volverá a la casilla de salida del tablero de juego, juego
totalmente ajeno a los intereses populares que solo están presentes en el mismo
para ser manipulados y en el que, gane quien gane, supondrá una pérdida para los
más modestos de los ciudadanos.
¿Serán capaz el pueblo catalán junto con el
pueblo del resto de las Españas de entender y comprender lo que ha pasado y de
sacar las únicas conclusiones posibles? ¿Alcanzará el pueblo español en su
conjunto a comprender que su problema no son los otros, sino la propia casta
política que dice representarle, entenderle e interpretarle?.
3 comentarios:
Hay movimientos estratégicos que no acabo de comprender en los miembros de la Generalitat. En los del gobierno Rajoy, sí, son de un previsible que decepciona. En el fondo, la parte más conservadora del catalanismo, que tiene su peso, gana. Si todo se queda igual que hace unos meses, el soporte ciudadano seguirá y su negocio empresarial no se verá perjudicado, por mucho que en Madrid den facilidades para un cambio de sede social, que no total.
Mucho me temo que no hay nada que comprender.
El gobierno catalan pudo haber dado jaque mate a Rajoy, pero incomprensiblemente tiro el tablero sin tener voluntad de llegat al final como si todo esto hubiera sido una mera pose para sacar partido durante muchos años pero en la que los propios dirigentes no creian.
Bueno,hay que reconocer el valor de los políticos catalanes encarcelados(y con unas peticiones de pena escalofriantes)por ser consecuentes con sus ideales.
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