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miércoles, 1 de noviembre de 2017

CATALUÑA, ¿CAMBIO DE ESCENARIO?



Después de casi dos meses de creciente tensión entre el independentismo y las instituciones del autogobierno catalán y el Gobierno del Partido Popular, el pasado Viernes  27 de Octubre el Parlament de Catalunya, a solicitud del President de la Generalitat, Carles Puigemont;  aprobaba  tras una votación secreta y con 70 votos a favor, 10 en contra y 2 abstenciones la declaración de independencia de la República Catalana.

            Mientras esto ocurría en el Parque de la Ciudadela de Barcelona, en la Plaza de la Marina Española de Madrid, sede del Senado, se autorizaba al Gobierno del señor Rajoy a aplicar el artículo 155 de la Constitución que pocas horas después se concretaba en el cese del Gobierno Catalán, disolución del Parlament y convocatoria de elecciones autonómicas en Cataluña para el próximo 21 de Diciembre de 2017.

            Esta situación, que hacía presagiar la continuación del prolongado pulso entre el independentismo y las autoridades españolas que se viene desarrollando desde hace cinco años, parece ser que ha sacado a la luz todas las graves contradicciones políticas existentes en Cataluña y las bajezas e incoherencias de la casta política catalana que no es diferente a la del resto del país.

            En puridad lógica, la proclamación de la independencia de Cataluña en forma de república, que fue celebrada por decenas de miles de personas el día 27 de Octubre en todo el territorio catalán, hubiera llevado a que el Gobierno de la Generalitat pasase a constituirse en Gobierno Provisional de la República Catalana coordinando y representando la resistencia y la desobediencia civil que se organizara desde las bases del independentismo.

            Los políticos independentistas lo tenían perfectamente claro desde el principio. Se trataba de una partida de ajedrez que tenía por finalidad acorralar a las autoridades españolas para que éstas desplegaran toda su fuerza coercitiva lo que les permitiría presentarse ante el mundo entero como víctimas de una injusta y desproporcionada represión. Este ha sido un peligroso juego planteado por el señor Puigdemont que, en pocas palaras, consistía en ver quién era el primero en desenfundar la pistola y, quien primero lo hiciera, ese sería el perdedor.

            La aplicación del artículo 155 de la Constitución por parte del gobierno del Partido Popular se lo ponía fácil, muy fácil, al Gobierno de la Generalitat  porque bastaba con actuar como si la República Catalana fuera un hecho y mantener una pacífica y organizada resistencia civil a base de desobediencia, movilizaciones cívicas y huelgas pero en vez de eso el Gobierno de la Generalitat parece haberse disuelto sin pena ni gloria.

            El señor Carles Puigdemont, se ha marchado a Bélgica, el señor Oriol Junqueras, que firmaba un artículo en el diario "Punt Avui" como Vicepresidente de la Generalitat en vez de hacerlo como Vicepresident del Gobierno Provisional de la República Catalana, ha manifestado  que considera ilegítimas las elecciones autonómicas previstas para el 21 de Diciembre pero, no obstante, ha confirmado que  su partido, Esquerra Republicana de Catalunya, concurrirá a las mismas y, por último, los diputados de los partidos secesionistas, ERC y PdCAT, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid también han manifestado que no dejarán de acudir al Congreso a pesar de que, si dieran por buena y creyeran en la existencia de la República Catalana independiente, deberían dejar de hacerlo.

            Cataluña, España, (Europa), es un país maravilloso porque ser infeliz en cualquier parte de las Españas es prácticamente imposible quedando reducida la infelicidad a ese reducido grupo de personas que, siendo pesimistas, hacen de la amargura la razón de su existencia. Aquí se ve lo que se quiere ver y quien no se consuela es porque no quiere. Por ello no serán pocos los catalanes, dentro de los numerosos partidarios del Gobierno de Puigdemont y de sus aliados parlamentarios, quienes justifiquen todo esto en eso que dijo Oriol Junqueras de qué habría que tomar “decisiones difíciles de entender” o que comparen la marcha de Puigdemont a Bélgica con la retirada de De Gaulle a Gran Bretaña en 1940, pero lo cierto, lo únicamente cierto, es que a esa numerosa cantidad de catalanes, que el 1 de Octubre salió de sus casas para depositar un papel en una caja soportando las cargas policiales y que el 27 de Octubre llenó las plazas y calles de las ciudades y pueblos de Cataluña para celebrar la proclamación de la República Catalana, la han traicionado sus dirigentes, la han embarcado en una aventura desastrosa mientras que sus líderes, cuales capitanes araña, se quedaban en tierra y la han inculcado una religión, el independentismo, en la que sus propios sacerdotes, simple y llanamente, no creían.  Y por favor… que nadie pretenda comparar a De Gaulle con Puigdemont  porque lo único que tienen en común es que el primero era francés y el segundo se ha despedido a la francesa de su “amado” pueblo catalán al que ha dejado tirado.

Tampoco se engañe nadie, los que han sido partidos anti-sistema (CUP) e independentistas (PdCAT y ERC), acudirán a la convocatoria electoral del próximo 21 de Diciembre legitimando la aplicación del artículo 155 de la Constitución en virtud del cual se convocan y dando por liquidado el Gobierno de la Generalitat existente hasta el día 27 de Octubre pasado, no porque esas elecciones tengan un supuesto carácter constituyente o nuevamente plebiscitario, que es  el argumento que van a utilizar para justificarse, sino porque no pueden permitirse el lujo de quedarse fuera de las Instituciones Catalanas que es lo que les permite “tocar poder”,  enchufar a los suyos, repartir subvenciones y, sobre todo y ante todo, percibir importantes subvenciones y magros sueldos a costa el erario público.

Si Puigdemont y los suyos tuvieran que hacer una película de lo acontecido en los últimos meses en Cataluña sin duda se titularía "El Fracaso (por ausencia) de la Voluntad". El nacionalismo catalán no ha estado nunca más cerca de alcanzar sus objetivos, de llevar al colapso a toda España y de acabar con el régimen político de 1978 como en éstos últimos dos meses, pero a la hora de la verdad, a los líderes políticos del independentismo (Puigdemont, Junqueras, Anna Gabriel...) simplemente les ha faltado la voluntad de asumir las consecuencias lógicas de sus propios actos y han optado por salvarse ellos dejando a los pies de los caballos a ese importante sector de la población catalana que creía en ellos con lo que se han llenado de oprobio e indignidad haciéndose merecedores de un total desprecio de propios y ajenos, afines y contrarios.

Por su parte, los otros líderes, los que se han envuelto de la bandera nacional española, la cual han descubierto tras tenerla vergonzosamente escondida durante muchas décadas, ahora disfrutan de sus minutos de gloria, pero esa gloria se disipará por completo si los resultados electorales del 21 de Diciembre arrojan en Cataluña unas mayorías parlamentarias similares a las existentes hasta el 27 de Octubre porque en tal caso se habrá demostrado que la aplicación del artículo 155 no ha resuelto ningún problema y se volverá a la casilla de salida del tablero de juego, juego totalmente ajeno a los intereses populares que solo están presentes en el mismo para ser manipulados y en el que, gane quien gane, supondrá una pérdida para los más modestos de los ciudadanos.

¿Serán capaz el pueblo catalán junto con el pueblo del resto de las Españas de entender y comprender lo que ha pasado y de sacar las únicas conclusiones posibles? ¿Alcanzará el pueblo español en su conjunto a comprender que su problema no son los otros, sino la propia casta política que dice representarle, entenderle e interpretarle?.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Y … SI ESPAÑA SE ROMPE ¿QUÉ PASA?

El referéndum, ni legal ni vinculante, sobre la independencia de Cataluña celebrado en Arenys de Munt el pasado día 13 de Septiembre del 2009 como colofón de la festividad de la “Diada” no puede considerarse como algo anecdótico o folklórico porque, entre otras cosas, pone de manifiesto que en las últimas décadas se ha fomentado artificialmente en determinadas Comunidades Autónomas, sobre todo por medio del sistema educativo, la creación de un creciente odio a España y un no menos creciente e irrevocable deseo de separación entre las nuevas generaciones de jóvenes nacidas tras la llamada transición democrática.

Sin querer entrar en profundidades, solo indicaremos que a esta lamentable situación se ha llegado a través décadas de falseamiento de la historia que tiene su origen en una interesada e irresponsable manipulación política de determinados grupos y partidos que ha sido respondida y rebatida por el silencio cómplice de academias e instituciones que en el mejor de los casos se limitaban a afirmar que “la unidad de España estaba garantizada por la Constitución”.

No es nuestra intención hacer un erudito texto sobre el origen de la españolidad de la que no puede escapar ningún territorio ni ciudadano ibérico por ser “España” simple degeneración lingüística de la denominación puramente geográfica “Hispania” dada por los romanos a toda la Península Ibérica, pero sí es nuestra intención poner de manifiesto las consecuencias que la ruptura del estado español tendrían para todos y que son ocultadas y minimizadas por los amigos de la secesión, distinguiéndose claramente consecuencias económicas y políticas.

En primer lugar y dentro de las consecuencias económicas, la secesión significaría de forma inmediata para los nuevos territorios independientes la pérdida del mercado interior, que conllevaría la reducción de la inversión extrajera ya que esta invierte en España porque le interesa entrar en un mercado de más de cuarenta millones de consumidores potenciales y no solo en uno de cinco o seis millones. Esta pérdida del mercado interior llevaría igualmente a una crisis económica inmediata y al descenso del nivel de vida. Por otra parte, la independencia produciría en los nuevos estados un incremento del gasto público y el consiguiente endeudamiento y la segura reducción de la inversión pública porque de la noche a la mañana se verían en la necesidad de crear de la nada un ejército, un servicio diplomático, pagar las cuotas de pertenencia a determinadas organizaciones supranacionales e incrementar las fuerzas policiales y la organización judicial, todo ello sin entrar a considerar los problemas sociales que generaría el crear, igualmente de la nada, un sistema de pensiones o la salida inmediata del Sistema Nacional de Transplantes.

Por su parte, el estado que surgiera como heredero del extinto Estado Español, solo se vería afectado de forma significativa en materia de pensiones, pues la Seguridad Social perdería automáticamente millones de cotizantes al mismo tiempo que se vería obligada, en un principio, a seguir satisfaciendo el mismo número de pensiones por lo que el vigente sistema público de pensiones quebraría, aunque siempre se podría crear uno nuevo sacando del mismo a los antiguos pensionistas del quebrado sistema y que fueran ciudadanos de los nuevos estados.

Junto a estas consecuencias económicas que apuntamos aparecerían no menos importantes consecuencias políticas que sin duda también tendrían repercusiones en la economía. Teniendo en cuenta que los nuevos estados que surgieran del proceso de descomposición de España surgirían con claro carácter imperialista (recordemos que tanto el nacionalismo catalán como el vasco mantienen reclamaciones territoriales sobre zonas pertenecientes a otras comunidades autónomas) y que en sus sociedades el sentimiento nacionalista no sería unánime al existir un importante porcentaje de población que se seguiría sintiendo española surgiría la problemática cuestión de “las minorías irredentas” lo que unido a que las fronteras que surgieran serían altamente inestables porque en las proximidades a las mismas existirían no pocas poblaciones que desearían estar al otro lado de esas fronteras tendríamos una situación de inestabilidad política en toda la península ibérica propia de la pasada época de la Reconquista con constantes e innumerables reivindicaciones territoriales de unos sobre otros a las que habría que añadir las que, sin duda, presentarían otros estados extranjeros como podría ser Portugal sobre Olivenza y Marruecos sobre Ceuta, Melilla y las Canarias.

En consecuencia, el proceso de secesión que quieren abrir o justificar irresponsablemente algunos partidos políticos dirigidos por megalómanos personajes y del que el referéndum de Arenys de Munt es solo un botón de muestra no liquidaría tanto un estado jurídicamente constituido o una patria de antigua y noble historia como una “Unión de Convivencia” dentro de la cual, con algún que otro problemilla (sobre todo en estos últimos doscientos años), todos hemos convivido y progresado durante siglos y todo ello para abrir un muy prolongado y peligroso periodo de inestabilidad de consecuencias imprevisibles a mayor gloria y mejor beneficio de ciertos demagogos que deberían ser marginados en sus respectivas sociedades.

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