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martes, 20 de enero de 2009

¡¡¡GLORIA A VICTOR HUGO!!!

En el año 1802, tan solo hace ahora poco más de dos siglos, venía al mundo en su parcela francesa y fruto de un matrimonio formado por una aristócrata legitimista de mermada fortuna y un emergente general del Primer Imperio Napoleónico un escritor de grandeza sublime y trascendencia universal: Víctor Hugo.

Muchos son los autores que han pasado con dignidad a la historia de la literatura universal haciéndola grande, pero solo unos pocos lo han hecho con tal fuerza que, a partir de ellos, el mundo de las letras significó un antes y un después. Tal es el caso del mencionado literato.

Víctor Hugo cultivó con fortuna todos los géneros literarios: introdujo el romanticismo en el teatro con sus conocidas obras “Cromwell” y “Hernani”, revolucionó la poesía de su tiempo sentando las bases de la poesía moderna y sobre todo sintetizo toda la tradición literaria francesa en sus novelas consiguiendo que a partir de él se pueda hablar en la literatura gala, al igual que en el mundo de las ideas a partir de su coetáneo Hegel, de una “Derecha y de una Izquierda Huguista”.

Las novelas de Víctor Hugo sintetizan y perfeccionan el tratamiento psicológico de los personajes iniciado por Honoré de Balzac en las novelas que forman su ciclo de “La Comedia Humana” y mejoran, por medio de un novedoso tratamiento de la acción, que en muchas de sus obras no es una única sino diversas acciones que convergen y se entrelazan gracias a la excelentemente buscada y conseguida interrelación entre los personajes, sentando de este modo las bases de lo que será la novela francesa futura.

Ya en la obra de Hugo se encuentra el interés por el estudio psicológico de los personajes que culminara con el Naturalismo y Emilé Zola, si bien este último autor, que por su concepto del arte y de la sociedad bien pudiera considerarse el máximo exponente de la anteriormente mencionada “Izquierda Huguista”, parece adolecer de cierta misantropía y pesimismo que le lleva en todo momento a resaltar lo negativo del mundo que describe mientras que en Hugo siempre hay un criterio más esperanzador que puede llegar a presentar a personajes hundidos en el fango social del que se elevan ejerciendo el bien y la justicia como Jean Valjean. Igualmente, es Víctor Hugo el precursor de lo que más tarde Maurice Barrés denominara “Novelas de Energía Nacional” así como del pensamiento de Charles Maurras resultando ambos autores los máximos exponentes de lo que antes hemos aludido con la denominación de “Derecha Huguista”. En este sentido hay que señalar que quien haya leído la novela “Noventa y Tres” reconocerá la descripción de un carácter tan perfectamente ideal y sublime en sus personajes centrales que, a pesar de situarlos en bandos opuestos en la guerra que asoló Vendée durante el Terror, hace tan hermosa y comúnmente franceses al Marques de Lantegnac como al Convencional Gauvin bien pudiendo inspirar aquella máxima de Maurras de que “Todo lo nacional es nuestro”.

Por otra parte Víctor Hugo no es solo un autor literario, es también, y dejando a parte su faceta pictórica, un intelectual comprometido con la política y sociedad de su tiempo. Bien pudo el hijo del General Bonapartista subirse al carro del Segundo Imperio utilizando para ello tanto su fama literaria como su escaño de parlamentario conservador en la Segunda República más en vez de eso, utilizó ambas facetas para oponerse a la política megalómana y dictatorial emprendida por Napoleón III plasmando sus críticas en el opúsculo “Napoleón, el pequeño” lo que le supuso el destierro en Bélgica, Jersey y Guernesey desde 1851 a 1879 (curioso paralelismo con el otro gran genio literario francés precitado, Emile Zola, del que este año se cumple el primer centenario de su muerte). Destronado Napoleón III y elegido Senador en 1875, lejos de volver gloriosamente a Francia a recoger en la recién instaurada Tercera República los frutos de su oposición al régimen bonapartista continuo en el destierro enfrentándose a Thiers y exigiendo la amnistía para los miembros de “La Comuna de París” con lo que reiniciaba con mayor denuedo su particular cruzada por la abolición universal de la pena de muerte que resulta una constante en todas sus obras. Asimismo, Hugo es un reformador social y en sus obras existe una constante preocupación, primitiva y utópica si se quiere, por las condiciones del trabajo que él pretende mejorar aplicando a la actividad económica criterios ético-morales extraídos del Cristianismo en el que fue educado por su madre y del que hace profesión de Fe en muchas de sus obras con extensas y panegíricas disgresiones y alusiones para nada confusas.

No obstante, de todo lo anteriormente apuntado, en esta Europa que ha hecho de lo material su principio y finalidad, el año 2002 pasaría a la historia exclusivamente como el año de la puesta en circulación del Euro y de una de las cíclicas crisis económicas. Tal vez Francia lograse armonizar la materia con el espíritu y emitiera en ese año alguna moneda con el motivo del bicentenario de Víctor Hugo (esperemos que, teniendo presente a Bovy y a Rodin, lo haga con mejor fortuna que la acuñada en su momento por España con motivo de su presidencia europea), pero la mejor y tal vez única forma de rendir válido y fructífero homenaje a un genio como Hugo es la de retomar aquellos ideales a los que sirvió y que junto con los expresados por otros muchos autores europeos de no menor entidad que él aunque sí de distinto tiempo pongan a Europa en el liderazgo cultural y moral de un mundo que en el presente rinde culto a la barbarie con apariencia de humanismo con la torpe excusa de defender una supuesta civilización que no es más que el modus vivendi de una porción minúscula de la humanidad en detrimento de la inmensa mayoría de la misma que es condenada a integrar “los miserables” de la Tierra.

Por todo ello:
¡¡¡Gloria a Víctor Hugo, porque en este tiempo de deserción intelectual simboliza el compromiso de la inteligencia!!!, ¡¡¡Culto a Víctor Hugo, porque en un mundo mercantilizado no arrendó su pluma ni al poder ni al dinero!!!, ¡¡¡Prez a Víctor Hugo, porque es el único hombre que honro el Arco del Triunfo de Paris!!!, ¡¡¡ Honor a Víctor Hugo, porque en medio de la convulsión y la decadencia supo mantener la tranquilidad de espíritu imprescindible para inmortalizar su obra entre las ruinas legadas y las cenizas por legar!!!.

lunes, 12 de enero de 2009

¿QUÉ PASA EN GAZA?

Desde hace casi tres semanas y bajo la justificación de una acción antiterrorista, el ejército israelí ha movilizado todo su potencial bélico contra la pequeña franja de Gaza, al Sur de Israel, desde donde el grupo radical islámico Hamas, viene lanzando periódicamente cohetes caseros Kasam sobre territorio israelí y provocando algunas víctimas.

La acción israelí ha generado un importante y justo rechazo entre los ciudadanos de muchos países, entre ellos España, pero lo que no se quiere entender ni se ha analizado es que la acción militar del ejército de Israel, responde a un criterio comúnmente aceptado en el mundo occidental desde el 11 de Septiembre del 2001 y que, si bien estuvo legalmente autorizado hasta 1945, fue expresamente prohibido en el Protocolo I Adicional a la Convención de Ginebra, el 8 de Junio de 1977.

En realidad lo que está ocurriendo actualmente en Gaza, con el rechazo de los pueblos de Occidente, es lo mismo que ocurrió en el 2001 en Afganistán con el apoyo de los mismos: UN ACTO DE REPRESALIA.

Sin querer entrar a discutir sobre las consecuencias y eficacias de los actos de represalia, hay que decir que una represalia no tiene por finalidad terminar con un objetivo, sino castigar indiscriminadamente a una población por actos delictivos o terroristas cometidos por una minoría. La filosofía a la que responden los actos de REPRESALIA se ha demostrado históricamente errática y contraproducente y consiste en la falsa creencia de que al castigar a una colectividad por actos cometidos por una minoría, esa colectividad rechazará a esa minoría al mismo tiempo que esa minoría se lo pensará dos veces antes de actuar contra una potencia capaz de desarrollar represalias por temor a éstas.

Las REPRESALIAS realmente no pretenden obtener un éxito ante un enemigo terrorista sino que más bien son sangrientas acciones realizadas para consumo interno, es decir, para generar entre la población propia una sensación de seguridad cierta y hacer que entre dicha población aumente la confianza en el propio gobierno. En este sentido la represalia responde al principio, muy poco racional, de que “más vale hacer algo que sea espectacular que no hacer nada”.

En esta represalia cruel, vulneradora del derecho internacional y por tanto criminal, que viene sufriendo el pueblo palestino en Gaza, la población civil, que es la mayoría de los habitantes de la franja; sufre los ataques indiscriminados del ejército israelí porque a tenor de lo dispuesto en el artículo 51.5.b del I Protocolo Adicional a la Convención de Ginebra se considerarán ataques indiscriminados “un ataque del cual pueda esperarse que cause pérdidas fortuitas de vidas civiles, heridas a civiles, daños a objetos civiles, o una combinación de ellas, que puedan ser excesivas en relación a la ventaja militar concreta y directa que se espera” a lo que hay que unir el entorpecimiento por parte de las fuerzas militares y demás instituciones israelíes a la llegada de ayuda humanitaria a toda la población de Gaza.

Así pues, la Comunidad Internacional no puede seguir siendo incongruente con su propia legalidad y sus propios principios actuando con la doble moral de siempre y, sin más demora, debe exigir a Israel; bajo las presiones diplomáticas oportunas y la imposición de las correspondientes sanciones si las mismas llegaran a ser necesarias, todo lo necesario e imprescindible para proteger a la población civil inocente y que se concreta en lo siguiente:

1º. Poner fin a los ataques contra civiles o edificios civiles en la Franja de Gaza o aquellos que son desproporcionados e ilegales.

2º. Permitir el acceso sin trabas de ayuda humanitaria en la zona.

3º. Garantizar que los miles de heridos puedan acceder a la asistencia sanitaria que necesitan,

4º. Dejar salir de la Franja a la población Palestina que quiera escapar del conflicto.

viernes, 9 de enero de 2009

“IMPERO” de GORE VIDAL

Que Estados Unidos de América es un imperio es un hecho que ya nadie discute, pero ¿En qué momento se convirtió en tal imperio? Esta es la pregunta a la que da exitosa respuesta la novela histórica escrita en 1984 por Gore Vidal (nacido en West Point, New York, el 3 de Octubre de 1925) titulada “Imperio” y publicada en España por la editorial Edhasa.

Si para unos el imperialismo norteamericano comenzó con la llamada “Conquista del Oeste” y para otros con la intervención en la II Guerra Mundial, la tesis mantenida por Gore Vidal en su novela “Imperio” es que comenzó en 1898 con la victoria sobre España en la Guerra Hispano-Norteamericana.

“Impero” es una novela histórica, magníficamente escrita y ambientada que refleja fielmente a los Estados Unidos y a la sociedad norteamericana de finales del Siglo XIX y principios del XX a través de diversos personajes históricos como William Randolph Hearst, J. P. Morgan o el presidente Theodore Roosvelt. La novela comienza con el gran impacto político y el patrioterismo que despertó entre los norteamericanos la rápida y aplastante victoria sobre España en la que se denomina “la guerrita maravillosa” de 1898 con la incorporación de territorios como Filipinas, Puerto Rico, Guam y la propia isla de Cuba así como el desarrollo, casi compulsivo, en la política norteamericana de un afán expansionista que, de forma inmediata, le lleva a anexionarse el archipiélago de Hawai, a bombardear, junto con la flota Alemana, la ciudad de Apia en la Isla de Samoa, a intervenir en Centro América apoyando la independencia de Panamá para favorecer la construcción del canal y a intervenir en el Lejano Oriente pensándose primero en declarar la guerra a Rusia con motivo del pogromo de Kishinev en 1903 y finalmente apoyando el expansionismo japonés que originó la guerra Ruso-Japonesa de 1904 a 1905 e intermediando tan activa y favorablemente a los intereses japoneses en la finalización de dicha guerra que le valieron al Presidente Norteamericano, Theodore Roosvelt, el Premio Nobel de la Paz de 1906.

“Imperio” pone de manifiesto la “Doble Moral” siempre presente en la política norteamericana a través del puritanismo de los personajes masculinos secundarios, la gazmoñería en los personajes femeninos y el maquiavelismo en los personajes políticos y mercantilistas históricos descritos en la obra.

Igualmente, en la novela de Vidal se mencionan episodios que, por poco conocidos, no dejan de ser ciertos como la intención de Hearts de provocar, como en su momento hizo con España, una guerra con Francia que la llevase a perder sus posesiones en el Caribe a favor de los Estados Unidos con motivo del caso Dreyfus y el pensamiento de Theodore Roosvelt de declarar la guerra a Rusia.

No se puede negar que “Imperio” de Gore Vidal es digno heredero de la obra crítica contra el imperialismo norteamericano de Mark Twain inspirándose en muchos episodios, sobre todo en lo referente a la biografía de William Randolph Hearts, en la obra de Jack London “El Talón de Hierro” e igualmente es innegable que “Imperio” inspiró en su momento la novela histórica “1898” del español Vidal Manzanares. En cualquier caso la lectura de “Imperio” es imprescindible para aquellos que quieran informarse de lo que realmente se cuece en la política exterior norteamericana así del modo como funcionan los grupos de intereses o “lobbies” que regulan la gran democracia anglo-sajona.

jueves, 1 de enero de 2009

¿CARLISTAS EN EL EJÉRCITO CONFEDERADO?

Hace unos años, una publicación vinculada a la más rancia derecha española publicaba un extenso artículo pseudo científico acerca de un acontecimiento, que de haber sido cierto, sería importantísimo y altamente desconocido como fue la participación de gran número de exiliados carlistas en la guerra de secesión norteamericana en apoyo al bando confederado.

El mencionado artículo que ha creado escuela y se ha reproducido en numerosas publicaciones y páginas de internet constituye una aberración carente de todo argumento científico y documentación al respecto, afirmando que el número de carlistas integrantes del Confederate Army llegó a ser de siete u ocho mil hombres, llegando a constituir unidades propias y que incluso, el origen del diseño de la bandera de guerra confederada es de inspiración carlista.

No se puede negar que el exilio carlista fue grande tras la derrota en la guerra de los siete años y en la de los Matiners, pero de ahí a afirmar que hubiera ocho mil exiliados carlistas incorporados al ejército confederado hay un abismo y resulta una exageración que contradice hechos históricos altamente comprobados y documentados.

En primer lugar, y como no podía ser de otra forma, parece ser que los siete u ocho mil carlistas que se integran en el ejército confederado son en su mayoría vasco-navarros contradiciendo la verdad estadística de que la casi totalidad de la emigración vasca hacia Norteamérica se concentró en el estado norteño de Ohio (Siendo por cierto la ciudad de “Toledo”, la que mayor número de vascos o de descendientes de vascos tiene en todo Estados Unidos). Asimismo se ignora o se pretende ignorar que el exilio carlista tras las tres guerras civiles del Siglo XIX se dirige principalmente a Sudamérica, seguramente por la cuestión del idioma, hecho éste que queda reflejado en las “Memorias de Garibaldi” que menciona la presencia de carlistas en el sitio de Montevideo y también a Francia, de donde muchos partirían hacia Argel, instalándose en las proximidades de Orán, donde la presencia de exiliados carlistas en particular y de españoles en general favoreció la aparición de un dialecto local, el Oraní, que aún hoy en día se puede oír hablar en Argelia.

Igualmente esta documentada la presencia de gran número de exiliados carlistas en Nápoles, donde incluso lucharían contra la invasión garibaldina del Reino de las Dos Sicilias estando acreditada la presencia del propio General Tristany en la Batalla del Volturno.

Si bien es posible que algún exiliado carlista, a título individual, hubiera luchado al lado de los Estados del Sur durante la guerra civil norteamericana, es improbable que dicha participación hubiera sido relevante. Prueba de ello es la total ausencia de documentación al respecto en los archivos norteamericanos que por otra parte sí que reflejan la ayuda de la Gran Bretaña y Francia a la Confederación e incluso el alistamiento tanto en el ejército del Sur como en el del Norte de unidades íntegramente formadas por irlandeses.

Asimismo, considerando las inmensas oportunidades que abre una contienda bélica para antiguos combatientes que han tenido que abandonar su país, así como la inmensa proliferación de conflictos armados que tenían lugar en el mundo coetaneamente al desarrollo de la Guerra de Secesión Norteamericana es muy dudoso que los exiliados carlistas que se batieron en España y que hacían gala de un gran catolicismo fueran a combatir en un ejército de inspiración protestante que en mayor o menor medida justificaba una institución tan infame como la esclavitud, intelectualmente fundamentada en el protestantismo anglosajón y que, hacía menos de quince años, había provocado con el maltrato generalizado a los soldados de religión católica la deserción en masa de éstos y su paso al enemigo durante la guerra Mejicano-Norteamericana (Caso del llamado “Batallón San Patricio).

Otra de las fábulas sostenidas por el aberrante artículo es la supuesta inspiración de la bandera de combate confederada en la bandera carlista de las Aspas de Borgoña. Si bien es cierto que la bandera confederada contiene además de las estrellas una Cruz de San Andrés, no es menos cierto que la bandera carlista de las Aspas de Borgoña (que no Cruz de San Andrés) es relativamente reciente ya que fue adoptada por el Requeté en los años treinta del siglo pasado tras un concurso de diseño fomentado entre la militancia carlista para dotar a la organización del Requeté de un emblema y de una bandera, por lo que resulta que la bandera de batalla de la confederación es setenta años anterior a la bandera carlista de las Aspas de Borgoña.

Para concluir, hay que decir que llama la atención que en el artículo se mencione a un supuesto carlista apellidado Echegaray que alcanza el grado de general confederado y que no figura en la lista de altos oficiales del ejército de la Confederación al igual que tampoco aparece documentada la existencia de la batalla de Malvern Hill donde según el articulillo de marras tuvieron una intervención heroica y decisiva los ocho mil carlistas alistados en el ejército confederado, todo ello sin olvidar el hecho numéricamente irrefutable de que, cuando Lee se rinde en Apomatox, el 9 de Abril de 1865, el ejército del Norte de Virginia solo tenía ocho mil hombres, con lo cual o todos ellos o una mayoría abrumadora deberían ser ex combatientes de las guerras carlistas o los ocho mil carlistas de la fama se debieron disolver como un terrón de azúcar en el agua.

Parece ser que el artículo “Carlistas en apoyo de la Confederación” que tanto se ha difundido, debe ser obra de algún indocumentado más interesado en vincular al Carlismo con la extrema derecha norteamericana o con los Ángeles del Infierno, los cuales por cierto utilizan una variante de la famosa bandera pirata de Cabrera, que en hacer un trabajo histórico serio y riguroso pues no me cabe la más mínima duda que habría más excombatientes carlistas en las Legiones Belga y Austriaca que en la primera mitad de la década de los años sesenta del Siglo XIX luchaban en Méjico a favor de Maximiliano I que en todo el Ejército de la Confederación y de la Unión juntos, todo ello sin entrar a considerar la actuación que, para con España, tuvieron muchos generales y altos oficiales de la Confederación durante la guerra Hispano-Norteamericana de 1898.

viernes, 19 de diciembre de 2008

¿QUÉ QUEDA DE LA NAVIDAD?

Todo cambia en la vida con el transcurso de los años y ciertamente así es y así ocurre también con estas entrañables fechas que se aproximan y que cada vez son menos entrañables, menos familiares, menos espirituales y mas, mucho más, materiales y comerciales.

Desde el punto de vista subjetivo de cada uno, estoy seguro que la Navidad, pasa de ser un tiempo mágico de desbordamiento de una felicidad incomprensible cuando se es niño a ser un tiempo de tristeza melancólica cuando los años pasan y se tiende a recordar a los que antaño estaban y ya no están.

Desde el punto de vista objetivo, la Navidad ha pasado de ser una fecha religiosa de gran espiritualidad y recogimiento, de cánticos alegres y muestras de afecto de unos para con otros a una simple periodo que, junto con otras fechas concretas como el 14 de Febrero o el 19 de Marzo, figuran con números gigantescos en los calendarios mercantiles.

En la Navidad actual, como siempre ha ocurrido con los que tienen por corazón una caja de caudales, los plazos no dejan de correr, los intereses no dejan de devengarse y las deudas no dejan de acumularse, pero nunca se han utilizado tanto las fechas navideñas con un interés tan comercial y crematístico como de un tiempo a esta parte.

La Navidad ya no empieza entorno al veinticuatro de Diciembre como hace años sino que se adelanta a mediados de Noviembre en los grandes centros comerciales para estimular más el deseo consumista próximo el cobro de la paga extra. Nunca con anterioridad, una sociedad más laica, más desacralizada y cada vez menos religiosa y familiar ha celebrado tanto una fecha familiar y santa con un sentido tan opuesto a su espíritu originario.

La Navidad no es la fiesta orgiástica del dinero, del comercio y del consumo, la Navidad es la conmemoración anual de la Venida al Mundo de Nuestro Señor Jesucristo y sobre todo del nacimiento del mensaje que, confirmando íntegramente el decálogo hebreo, venía a dar un mandamiento nuevo que la humanidad se empecina en desoír: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Hoy, el dinero, ese “excremento del diablo” del que hablaría Papini, lo inunda todo y todo lo corrompe hasta el extremo de que, resultaría más fácil extraer el templo, que son todas y cada una de las almas de las gentes de bien; del comercio que expulsar a los comerciantes del templo porque de lo contrario ¿Qué queda de la Navidad? ¿Tan solo la iluminación de la ciudad y los paquetes de regalo circulando por las calles?.

¡¡Pues no!!. No solo eso queda de la Navidad porque la Navidad, lo que realmente es la Navidad, lo que realmente significa la Navidad, pervive en todos y cada uno de aquellos que comprenden y aceptan el mensaje de “Un cuento de Navidad” de Dickens y por supuesto del Evangelio.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!!

viernes, 12 de diciembre de 2008

REGALAR LIBROS

Siendo costumbre intercambiar regalos en diferentes fechas, sobre todo en Navidad, surge siempre el problema de qué regalar y si el objeto elegido agradará o no a la persona obsequiada.

Si el regalar es un arte, el regalar un libro es el arte supremo, ya que si siempre hay que elegir el regalo, no guiándonos por lo que a nosotros nos gusta sino por lo que agrada a la persona a la que vamos a regalar; el regalo de un libro exige un saber escoger el género, el tema, el autor y la calidad de la edición.

De este modo, si a la persona a regalar, le gusta la historia y la literatura, qué mejor elección que una novela histórica ambientada en su periodo histórico favorito o, por si al contrario, le agradan las artes escénicas la elección adecuada sería una pieza teatral de su dramaturgo o del género teatral de su predilección.

Resuelto el problema del género y del tema, se resuelve automáticamente el problema del autor, pues se trate de un autor consumado o no, es de poca importancia, si ha escrito una obra literaria interesante, documentada y fácil de leer.

Más difícil resulta encontrar una calidad en la edición del libro. A este respecto, hay que decir que un libro no es un objeto de consumo que se lee y se tira. El libro puede y debe ser leído, conservado, consultado y vuelto a leer, siendo para ello imprescindible que la edición en cuanto al papel, formato y encuadernación sean buenas porque ¿Cuántos páginas no quedan sueltas y descabaladas al abrir un libro? ¿Cuántos libros no quedan deshechos tras su primera lectura?. Por tanto siempre es aconsejable gastarse un poco más y adquirir una buena edición que permita disfrutar del libro durante muchos años e incluso legarlo a nuestros nietos o bisnietos. Igualmente si la pieza literaria ha sido escrita originariamente en otra lengua, es fundamental elegir, en materia de edición, una buena traducción porque una traducción mala puede destrozar la obra haciéndola ilegible e invitando a desistir de su lectura al más ávido de los lectores.

Por último, también es aconsejable en materia de edición, que si la obra que se elige es densa en nombres y datos históricos o científicos, contenga notas aclaratorias a cuenta del editor o del traductor, que faciliten al lector la comprensión del texto pues, por muy culto que se sea no se puede tener en todo momento una enciclopedia en la cabeza.

Termino haciendo una relación de libros editados recientemente y que considero de interés para próximos regalos siendo de excelentes temáticas y calidades editoriales.

- “La Mujer Pobre” de León Bloy, editorial Alfama. Esta edición tiene la ventaja de tener una magnífica traducción del francés de esta obra del catolicismo crítico y social.

- “Varsovia 1920: El Intento Fallido de Lenin por Conquistar Europa” de Adam Zamoyski, editorial Siglo XXI. Ensayo histórico sobre uno de los grandes conflictos, hoy ignorado, del periodo de entreguerras.

- “los Miserables” de D. Víctor Hugo, editorial Planeta. Esta edición es una nueva traducción de la famosísima novela de Hugo editada con la categoría que se merece para facilitar su conservación.

- “Historia de la Revolución Francesa” de Jules Michelet, editorial Ikusager. Conocida y celebérrima sobre la Revolución Francesa cuya edición reproduce la primera edición en castellano con traducción de don Vicente Blasco Ibáñez y que se lee con la facilidad de una novela.

lunes, 1 de diciembre de 2008

EL PROBLEMA DE LA JUSTICIA EN ESPAÑA

Es práctica habitual y lógica en la ciencia médica diagnosticar las enfermedades a través de sus síntomas, pero igualmente resulta habitual siendo menos lógica en la sociología hispana la práctica de confundir los síntomas con los problemas mismos. Así de forma periódica se habla desde los medios de comunicación y desde el poder de que el problema de la justicia en España es la lentitud y el atasco judicial, cuando realmente tal atasco y tal lentitud son simples síntomas de un cúmulo de problemas que minan, desde hace décadas, a la administración de justicia en nuestro país.

El primer problema y que resulta consustancial en la administración de justicia española es la total ausencia, salvo contadas y honradas excepciones, de vocación profesional entre los jueces no siendo la inmensa mayoría de ellos juristas, sino simples licenciados en derecho que tienen por objetivo vital ser altos funcionarios del estado y tener un sueldo fijo cada mes por ello, desde el momento de terminar sus estudios en la universidad, se dedican a opositar y muchos de ellos al no poder conseguir ser funcionarios de la máxima escala administrativa siguen opositando descendiendo en el escalafón hasta conseguir al menos ser agentes judiciales, siendo el ejercicio libre de la profesión de abogado su última y desesperada opción.

El segundo problema, también consustancial, es el carácter con el que los funcionarios de justicia entienden su trabajo y que en su momento sintetizó muy bien Larra en su artículo “vuelva usted mañana”. Así el horario de trabajo del funcionario es extremadamente flexible, se supone que entra a trabajar a las 9.00 de la mañana, pero muchos llegan más tarde, luego tienen un tiempo para almorzar que tiende a extenderse más de lo fijado en los convenios laborales suscritos y finalmente tienen unos periodos vacacionales extremadamente raros pues fijándose en general el mes de Agosto como inhábil a efectos judiciales, la mayoría de funcionarios de justicia se toman el mencionado mes veraniego y con posterioridad muchos de ellos se toman días libres, o incluso periodos enteros, lo que, teniendo en cuenta que cada funcionario lleva un determinado número de asuntos y que si él no esta el asunto no se mueve, ni se provee y ni siquiera se puede ver; se puede hacer el lector una idea del perjuicio que tal práctica generalizada ocasiona a la administración de justicia.

Otro problema, este más bien de formación ciudadana y que solo con la debida educación del ciudadano se solucionará, es que la administración de justicia es un servicio público y como tal ha de ser utilizado por los ciudadanos con racionalidad no abusando de él. Siendo España un país donde se pleitea por las cosas más nimias y aún sin derecho o con ninguna posibilidad de que el pleito prospere, son miles de demandas, denuncias o querellas las que llegan diariamente a los organismos judiciales atascándolos pues a todas ellas hay que proveer aunque solo sea para acordar su archivo. En este sentido hay que señalar que no es ajeno a este furor querulante los poderes ejecutivo y legislativo que tienden cada vez más a judicializar numerosos aspectos de la vida ciudadana llegando incluso a la peligrosa vulneración del principio de intervención mínima del derecho penal.

Un cuarto problema de la justicia en España, es la escasez de medios adecuados porque, entre otros motivos, la inmensa mayoría de los dineros presupuestados para la administración de justicia se los llevan los alquileres de los inmuebles donde radican muchos juzgados y el pago del personal funcionarial al que se le dota poco y mal de medios técnicos avanzados, siendo posible, como lo es en la actualidad que todos los órganos de la administración estén conectados entre sí por redes informáticas de fácil manejo que permitieran un rápido intercambio de información sustancial para la feliz resolución de los procesos.

A todos estos problemas indicados también se une que las leyes procesales vigentes en nuestro país permiten en gran medida que sea el demandando o el denunciado, es decir la persona a la que más le interesa que el proceso sea interminable, quién tenga la iniciativa procesal pudiendo actuar de numerosas y diversas maneras para dilatar el procedimiento hasta el aburrimiento de la otra parte.

Finalmente no se puede terminar de hablar de la administración de justicia en España sin reivindicar la figura del abogado de oficio pues, estando las cosas como están y que son como arriba se han descrito, hay que afirmar que es el abogado de oficio el personaje sobre el que descansa en último término el funcionamiento de la justicia porque siendo su intervención elevada en numerosos procedimientos de las jurisdicciones civil y laboral es en las jurisdicciones penal y administrativa donde su participación es total en prácticamente todos los procedimientos. Es el abogado de oficio quien, sin coste alguno para el justiciable al que defiende, dinamiza los procesos acudiendo con asiduidad a la oficina judicial a preguntar por el estado de la tramitación de los procedimientos haciendo de este modo que los temas vayan más rápidos, es el abogado de oficio quien, por un módico coste para el estado o para las administraciones autonómicas, vigila que las leyes se apliquen sin vulneración de ninguna garantía y finalmente es el abogado de oficio quien no solo pone sus conocimientos al servicio del ciudadano, sino que además les financia en cierto modo los procedimientos pagando de su bolsillo unas infraestructuras (teléfono, fax, luz, despacho…) y unos consumibles (tinta, papel, toner…) por los que recibirá en el futuro unas “compensaciones” económicas que en algunas comunidades autónomas como la de Madrid, les comienzan a ser regateadas asemejándolos a aquellos soldados de los Tercios a los que las soldadas les llegaban siempre tarde y rebajadas si es que les llegaban. Tan importante es la figura del abogado de oficio tal y como está establecida actualmente en nuestro ordenamiento jurídico y en el sistema actual de justicia gratuita que pudiéndose y debiéndose afirmar que la justicia en España funciona mal, sin la figura del abogado de oficio, simplemente no funcionaría.

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