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lunes, 18 de diciembre de 2017

POBLACIÓN Y PUEBLO

            La semana pasada razonábamos en nuestro artículo "Un Brindis al Sol: La Reforma Imposible" el por qué no era posible la tan cacareada reforma constitucional y afirmábamos que los españoles estaban más próximos a constituir una simple "población" que un verdadero "pueblo" aunque no entrábamos en profundidades explicando las fundamentales diferencias políticas entre ambos conceptos, cosa que nos proponemos hacer en la presente reflexión.

            Estrictamente hablando y conforme a la correctísima definición que nos ofrece el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Castellana, una "población" no es más que "un conjunto de personas que viven en un lugar determinado". Por su parte, "pueblo" es un término mucho más ambiguo, complejo y manipulado por lo que debemos buscar su más primigenia concepción en un texto legal tan antiguo como "Las Siete Partidas" (1265) del Rey Alfonso X, que en la Partida Segunda, Título Décimo, Ley Primera decía textualmente que:  "Algunos hombres dicen que pueblo se llama a la gente menuda, así como menestrales y labradores, mas esto no es así, y antiguamente en Babilonia y en Troya, que fueron lugares muy señalados y ordenaron todas las cosas con razón y pusieron nombre a cada una según convenía, pueblo llamaron al ayuntamiento (1) de todos los hombres comunalmente: de los mayores, menores y de los medianos, pues todos estos son menester y no se pueden excusar, porque se han de ayudar unos a otros para poder bien vivir y ser guardados y mantenidos".

            Atendiendo a estas definiciones ya encontramos la diferencia fundamental entre ambos conceptos. Mientras que una "población" es objeto pasivo, un "pueblo" es un sujeto activo. Conciencia de ser y voluntad de crear se dan en los "pueblos" cosas ambas que no existen en las meras "poblaciones".

            Una "población", en cuanto objeto formado por un conjunto de personas que viven en determinado lugar presenta unas necesidades que deben ser satisfechas a fin de que el lugar no se convierta en un foco de conflicto permanente por lo que requiere una mera estructura administrativa que organice y preste los servicios básicos que son alimentación, vivienda y vestuario, pudiéndose extender éstos también a la sanidad y a la educación, aunque no es imprescindible ya que la carencia de estos servicios no afectará a la estabilidad del lugar en el que radica la población aunque la entidad administrativa tenderá a proporcionarlos por salud pública, ya que un problema sanitario suscitado en una "población" concreta puede extenderse fuera de ella y afectar a otras "poblaciones" y "pueblos", y por interés del propio cuerpo administrativo, porque éste requerirá de manera constantemente cíclica de personal técnico y especializado que organice y preste los servicios necesarios. Una "población" se conformará con sobrevivir lo mejor posible siendo su única aspiración que sus necesidades queden totalmente cubiertas por lo que son entidades puramente estáticas. El ejemplo más claro de "población" lo constituyen las antiguas colonias africanas donde una colectividad de personas era simplemente administrada por unos cuerpos administrativos foráneos, en ese caso a cambio de la explotación de sus recursos naturales.

Por su parte, un "pueblo" es consciente en todo momento de sí mismo, de sus limitaciones, defectos, virtudes y, sobre todo, de sus necesidades surgiendo de la imprescindible y vital unión de individuos para la ayuda mutua. Un "pueblo" se organizará por sí mismo e inspirará la creación de unas instituciones políticas para conservar la paz interna y la seguridad externa dotándose de una administración propia y proporcionada a las necesidades que presente en cada momento. Los "pueblos" son los creadores de las instituciones políticas y de la Administración como medios que están a su servicio, no al revés, y mostrarán siempre tendencia a la superación, a llegar más lejos, a prosperar más, a perfeccionarse cualitativamente no dudando en afrontar sacrificios y riesgos si es en beneficio de la comunidad; por ello los "pueblos" son entidades dinámicas que siempre miran al futuro y van hacia adelante.

            Ciertamente un "pueblo" por grande que sea o haya sido puede decaer y degenerar hasta dejar de serlo y convertirse en una simple "población", o incluso, desaparecer totalmente siendo víctima de una diáspora, pero tal proceso, que siempre y exclusivamente se debe a causas endógenas, tiene como punto de partida la pérdida de conciencia de sí mismo que le lleva a permitir la perversión de las instituciones políticas y la corrupción del cuerpo administrativo que progresivamente van anulando y/o envenenando la conciencia colectiva imponiendo la idea de que lo único importante, lo único que define o une, es la satisfacción de las necesidades materiales, lo que hace que los "pueblos" se estanquen en sus afanes de prosperar y superarse colectivamente y  surjan conflictos internos y externos que hacen que se confunda el sobrevivir con el vivir plenamente.












(1) Evidentemente, el término "ayuntamiento" empleado aquí debe entenderse como "unión" o "conjunción" no como "municipio".


martes, 12 de diciembre de 2017

UN BRINDÍS AL SOL: LA REFORMA IMPOSIBLE




La situación política general que vive el país y de la que el secesionismo catalán solo es un síntoma evidente, demuestra que el régimen político de 1978 está completamente descuajaringado y totalmente periclitado.  La aplicación del artículo 155 de la todavía vigente Constitución de 1978 ha puesto de manifiesto la debilidad  del Gobierno que preside el señor Rajoy y solo ha sido posible, tras la cansina insistencia de "Ciudadanos", después de una ardua negociación con el principal partido de la oposición, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en la que éste ha arrancado al Partido Popular una vaga promesa de estudiar una posible reforma constitucional que los medios de comunicación ya han comenzado a vender a los ciudadanos como una realidad cuando no es más que una promesa vacía y a todo punto imposible de cumplir, es decir un brindis al Sol.

            Una reforma constitucional en la España actual es, simplemente, imposible porque falta lo fundamental que es la concurrencia de un saber querer. Si bien casi todas las formaciones políticas parecen coincidir en la necesidad de la reforma de la Constitución de 1978, ninguna de ellas tiene claro el para qué la quiere reformar mostrando tener no solo intenciones diferentes sino, lo que es peor, claramente divergentes.

            "Ciudadanos" pretende reformar la constitución en un sentido más centralizador del Estado, el Partido Socialista desea una modificación en un sentido federalista sin saber siquiera en qué consiste ese federalismo propugnado, el Partido Popular no se muestra del todo incómodo con la actual redacción del texto constitucional y, finalmente, "PODEMOS" desea una reforma que permita la adopción de la forma republicana de Estado sin tener muy claro si esa republica va a ser presidencialista, semipresidencialista o parlamentaria así como la introducción, en algún lugar del texto, de lo que ellos llaman "el derecho a decidir" y que no es otra cosa que una verdadera cláusula de "desconstitucionalización" que permitiría la desintegración del propio estado.

            Esta divergencia de criterios a la hora de reformar la vigente Constitución unida a las necesarias mayorías parlamentarias para aprobar dicha reforma ya de por sí solos dibujan un panorama en que la tan cacareada reforma es manifiestamente imposible.

            Otra cuestión, y no de menor importancia, es que este enorme deseo por reformar a toda costa la Constitución de 1978 está ocultando los verdaderos males políticos que afectan al país y que, en cualquier caso, deberían ser solucionados antes de iniciar cualquier proceso de reforma constitucional porque de lo contrario, cualquier reforma arrastrará en sí misma el problema que volverá a manifestarse, quizás con mayor virulencia, en un tiempo más o menos próximo.

            Nuestro país adolece de un gravísimo problema sociológico creado y fomentado desde la política y que resulta de tan enorme magnitud que ha retornado al mismo mundo que lo ha creado en forma de un fatal problema político y que no es otro que una total falta de identidad y cohesión del pueblo español que prácticamente le imposibilita para constituir un estado político racionalizado. A pesar de innumerables invocaciones de políticos e instituciones a "todo aquello que nos une" nadie ha sido capaz aún de dar una explicación concreta o de definir que es ello.  El hecho religioso, tan cohesionador y definidor de las culturas, ha dejado de tener la más mínima importancia y presencia en la España actual; nuestro común pasado, la Historia de la que Miguel de Cervantes dijo que "es émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo del pasado, ejemplo y aviso del presente, advertencia del porvenir"; es manipulado, vilipendiado, objeto de actuales disputas y motivo de candentes enfrentamientos; las más nimias e irrelevantes fiestas populares se convierten en excusa para polemizar y visualizar las disensiones y divisiones entre los españoles y las apelaciones al futuro carecen de sentido cohesionador por ser el futuro un concepto abstracto e incierto y no quedar siquiera claro en el presente que el mismo se desee afrontar en común.

            Todo esto hace que, antes de emprender ningún tipo de proceso político, nos debiéramos poner a pensar qué somos realmente, por qué estamos unidos y dónde queremos ir.

            Afrontar una reforma constitucional o un proceso constituyente sin que el pueblo español tenga claro que fue, que es, por qué debe permanecer unido y a dónde quiere ir no servirá para constituir ningún estado sino simplemente para justificar la existencia de una pura estructura administrativa para organizar y explotar a una población que solo se concibe como objeto administrativo, no como un pueblo organizado en un estado que le es propio y con el que se identifica.

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