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miércoles, 8 de septiembre de 2010

“EL APOYO MUTUO” de Piotr Kropotkin

El príncipe Piotr Kropotkin es más conocido por su faceta política a causa de su proselitismo anarquista plasmado en obras como “La Conquista del Pan” o “Memorias de un Revolucionario” que por su faceta científica de explorador y biólogo.


Sin desatender su militancia anarquista y dentro de su menos conocida faceta científica, Kropotkin publicó entre 1890 y 1896 una serie de artículos en la revista británica “The Nineteenth Century” que fueron reunidos y publicados en un solo volumen en 1902 bajo el título de “El Apoyo Mutuo”.


“El Apoyo Mutuo” constituye un ensayo con el que se pretende refutar científicamente las teorías propias del darwinismo social defendido por Thomas H. Huxley en su obra “La Lucha Por la Existencia” y para ello Kropotkin se basa en su experiencia personal adquirida en diversas expediciones científicas a Siberia para ilustrar el fenómeno de la cooperación y, tras enumerar ejemplos de ayuda mutua en comunidades de animales, sociedades "salvajes", sociedades "bárbaras", en las ciudades medievales y en el mundo moderno, llega a la conclusión de que la cooperación y la ayuda mutua son el factor esencial y decisivo en la evolución de todas las especies.


En “El Apoyo Mutuo”, Kropotkin no solo desmonta el darwinismo social que constituye y fundamenta el capitalismo liberal sino que defiende de una forma apasionada la propiedad comunal y el carácter fraternal del hombre recurriendo a mensajes claramente evangélicos que en su momento le hicieron ganar el sobrenombre de “El Apóstol de la Humanidad”.


No obstante, en toda la obra, prevalece la militancia anarquista de su autor sobre el rigor científico y si bien ataca la existencia del estado como un escollo en la evolución humana que sirve de instrumento de dominio de unos pocos, no niega el hecho de que originariamente los hombres se reunieron bajo comunes instituciones de ayuda mutua y colaboración no solo para enfrentarse a una naturaleza hostil sino también a otros colectivos humanos con lo que cae en la contradicción propia de los anarquistas de afirmar que los estados ocasionan los enfrentamientos entre los seres humanos cuando el propio Kropotkin viene a reconocer que tales enfrentamientos se daban también en distintas sociedades primitivas donde aún no se había creado un estado siendo las instituciones de apoyo mutuo más bien instrumentos para resolver disputas internas entre los miembros de una tribu que instituciones de utilidad universal.


Curiosamente en “El Apoyo Mutuo”, Piotr Kropotkin hace una fundamentada defensa de las sociedades articuladas mediante toda clase de instituciones de cooperación frente a los estados fiscalizadores y progresivamente absorbentes de todas las libertades lo que en puridad doctrinal le hace coincidir con “el principio de subsidiariedad” defendido coetáneamente por la incipiente Doctrina Social de la Iglesia Católica, por los social-cristianos y por todos los movimientos legitimistas europeos.


“El Apoyo Mutuo” de Piotr Kropotkin constituye una obra de lectura obligada para comprender el origen de las sociedades y como las teorías darwinistas han dado lugar a la idea de competencia y depredación como forma natural de existencia y fundamento último de las relaciones humanas individual y colectivamente consideradas.


Este libro fundamental es difícil de encontrar en librerías aunque nos consta que la librería libertaria de Madrid, “La Malatesta”, lo distribuye en una edición Iberoamericana a un precio militante así como que también se puede descargar directamente de la red en formato pdf acudiendo a la dirección http://bivir.uacj.mx/libroselectronicoslibres/Autores/PedroKropotkin/Kropotkin,%20Pedro%20-%20El%20apoyo%20mutuo.pdf


miércoles, 9 de septiembre de 2009

EL PROGRESO HUMANO Y EL CURSO DE LA HISTORIA

Pasados veinte siglos del feliz nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo es hora de hacer una pequeña reflexión sobre el progreso de la humanidad a la luz de la Fe Católica y de lo que es el "curso de la historia" según el concepto liberal-revolucionario.


Para las lumbreras revolucionarias del Siglo XVIII el curso de la historia universal Conducía inexorablemente a un progreso material en las condiciones de vida humana. En virtud de tal idea se atacó a todas aquellas instituciones que pudieran significar algún freno u oposición a ese "devenir histórico" empleándose especial saña contra la Religión Católica y la Monarquía, forma de gobierno esta bajo la cual se puede realizar mejor la bella idea Católica de un Imperium Mundi Cristiano. Para los Iiberales del siglo XVlII, al igual que para el hombre medio de hoy, la historia es algo lineal que finalizara con la creación de un único Estado mundial altamente tecnificado y una sociedad fundamentada en el progreso científico que hará "Ias delicias" de todos los seres humanos.


Frente a estas elucubraciones se eleva la Doctrina Católica y la realidad histórica vivida tan solo en este ultimo siglo. Para la Doctrina Católica el ser humano parte de una perfección absoluta de la que cayó a causa del pecado original, que consistió, como todos sabemos, en una infracción moral de desobediencia. Desde entonces el ser humano fue cayendo moralmente hasta la venida de Jesucristo-Dios a la Tierra para redimirlo. Jesucristo dio un mensaje a la humanidad, siguiéndolo el hombre se redimirá y volverá al estado de perfección original del que disfrutó en un principio. De esto se desprende que el progreso humano existe únicamente en el campo moral y que el verdadero curso de la historia es aquel que lleva al hombre a una perfección ético-moral que le una (re-ligare) a Dios. La prueba de todo esto se encuentra en que si analizamos la historia humana de estos veinte siglos, vemos que, a pesar de haber llegado a la Luna y de curar innumerables enfermedades en otro tiempo mortales, los verdaderos avances de la humanidad se reducen tan solo a tres, que, además, son puros avances morales:


1°.) Supresión del infanticidio. EI asesinato del niño recién nacido por diversas causas entre las cuales destacaba la escasez de medios alimenticios (hoy se llamarían causas socio-económicas) era practica común y generalmente aceptada en el mundo pagano precristiano, hasta que la Iglesia Católica se extendió y pudo, con grades esfuerzos, desterrar esta vil costumbre, pero, hoy, tal practica reaparece con mayor refinamiento técnico, ya que, en la actualidad, el infanticidio puede realizarse en el mismo seno materno sin necesidad de esperar al nacimiento del niño, y esto ¡¡se nos quiere presentar como un avance de la humanidad propio del natural curso de la historia!!.


2º) Supresión de la esclavitud. EI empleo de masas humanas para el trabajo forzoso en condiciones infrahumanas también era practica común en el mundo pre-cristiano. Solo después de muchos siglos de lucha a causa de la cual la Iglesia sufrió persecución y martirio (véase lo ocurrido entre los Jesuitas y los bandeirantes en Paraguay), se logró extirpar de la faz de la tierra esta infame institución. No obstante, vemos como de nuevo esta institución resurge en el mundo ya sea de una forma indirecta, por medio de contratos-basura, o, claramente, bajo una forma directa, como en Sudan o Estados Unidos, donde los presos, generalmente de raza negra, se ven obligados a trabajar para el Estado (cosa curiosa esta, si tenemos en cuenta que USA protesta constantemente a China por el mismo hecho).


3°) Supresión del duelo. EI duelo se convirtió, sobre todo desde mediados del siglo XVIII, en la culminación de toda frívola distracción de salón. Tal fue el uso y el abuso de la costumbre de batirse en duelo que, la Iglesia Católica, siempre defensora de la vida y dignidad humana, tuvo que intervenir condenándola y favoreciendo la creación en toda Europa de Ligas Anti-Duelo (en las que, por cierto, tuvo una participación decisiva nuestro Rey Don Alfonso Carlos I), que lograron, poco a poco, que los Estados europeos fueran prohibiendo y penalizando en sus leyes esta practica que se había convertido en un asesinato encubierto a causa de un mal entendido concepto del honor. Afortunadamente, por el momento, no vemos en el mundo actual un resurgir de esta costumbre aunque no se puede asegurar, tal y como están las cosas, que no vuelva a usarse de ella.


Respecto a los avances materiales habidos en la historia, por supuesto que son laudables, necesarios e imprescindibles, pero hay que tener en cuenta que si el avance o teoría científico-material no se somete a directrices morales siempre y, creo poder decir, sin excepción derivara en un mal para la humanidad. Así, por ejemplo, podemos citar la teorías darwinistas del origen de las especies y la selección natural, las cuales terminaron materializándose en teorías social-racistas justificadoras de terribles genocidios; el descubrimiento del átomo que derivó en la invención y desarrollo de armas de destrucción masiva, o los nuevos descubrimientos en materia de genética, los cuales aún no sabemos como pueden terminar. Solo si el progreso material va acompañado del progreso moral, que deriva del cumplimiento de los preceptos emanados del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia Católica, la humanidad podrá salvarse del trágico destino histórico a la que Ie lleva la teoría liberal del progreso indefinido porque, como certeramente afirmó Roger Bacon, aunque este fuera un heterodoxo, "Ia Religión es la esencia que impide que la ciencia se corrompa”.


viernes, 6 de marzo de 2009

2009: EL AÑO DARWIN

En este año 2009, se conmemora el bicentenario del nacimiento del naturalista británico Charles Robert Darwin (12 de Febrero de 1809 – 19 de Abril de 1882) con la preparación de numerosos actos de homenaje en diversos lugares del mundo, respondiendo todos ellos a la oficialidad relativa de su pensamiento y teorías.


Desde que Darwin regresara a Inglaterra tras su travesía científica de más de cinco años en el buque “Beagle” en la que dio la vuelta al mundo recopilando ejemplares de flora y fauna y haciendo innumerables estudios geológicos, se dedicó a profundizar en todos sus descubrimientos y observaciones científicas que, tras ser ordenados y debidamente redactados se plasmaron en su obra fundamental: “El Origen de las Especies” cuyo título completo resulta extremadamente llamativo al ser “El Origen de las Especies Mediante la Selección Natural o la Conservación de las Razas Favorecidas por la Lucha por la Vida”.


Las teorías de Darwin son sobradamente conocidas y se pueden resumir en que todos los seres humanos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado selección natural en el cual algunas especies se han extinguido o han quedado retrasadas por una inadaptación al medio, perpetuándose los cambios beneficiosos o el inmovilismo perjudicial por las inexorables leyes de la herencia biológica.


Aunque en un principio la teoría de la evolución fue considerada contraría a la teoría del creacionismo cristiano lo que provocó a Darwin grandes problemas con la Iglesia Anglicana (que llegó a condenar al autor y a su obra), hoy en día es comúnmente aceptada por la comunidad científica y se considera la base de la actual síntesis evolutiva moderna y el origen del nacimiento de la biología como ciencia, a pesar de que en las escuelas públicas de determinados estados de Estados Unidos aún se mantiene la prohibición de la enseñanza de las teorías darwinistas más bien para evitar el debate y la polémica garantizando la concordia entre los ciudadanos que por evitar hipotéticos escándalos.


No obstante, tanto la persona de Darwin como sus teorías presentan sombras importantes. Siendo no solo cierto que las teorías darwinistas no contradicen el creacionismo ni dan respuesta al origen de la vida sino que incluso “El origen de las Especies” termina con la afirmación del origen divino de la vida, no lo es menos que el Darwinismo ha servido y sirve, directa o indirectamente, de base para el desarrollo de aberrantes ideas éticas, económicas y políticas en algunas de las cuales el propio Darwin tuvo mucho que ver tales como la eugenesia y el darwinismo social.


Charles Darwin se mostró muy interesado en los argumentos de su primo Francis Galton expuestos en 1865 y que afirmaban que “los análisis históricos de la heredabilidad mostraban que los rasgos mentales y morales podían ser hereditarios, y que los principios de la cría animal se podían aplicar también a humanos”, llegando a escribir en su obra “El Origen del Hombre” que “si se ayuda a los débiles a sobrevivir y procrear se podrían perder los beneficios de la selección natural y aceptando, aunque como utópica, la idea de Galton de que “incentivar los matrimonios entre los miembros de la casta de aquellos que han sido mejor dotados por la naturaleza” era el “único procedimiento factible (…) de mejorar la raza humana”. Tras la muerte de Darwin, en 1883, Galton denominó “Eugenesia” a la disciplina encargada de la mejora biológica de la raza humana iniciándose, con este pretexto científico, grandes programas eugenésicos que comprendían en un principio la prohibición de casarse a los considerados “imbéciles, epilépticos o débiles mentales” y, posteriormente, la esterilización masiva de personas consideradas deficientes mentales siendo el pionero de todos los programas eugenésicos el iniciado en Connecticcut (Estados Unidos) en 1896.


Por otra parte la teoría de la evolución de Darwin se convirtió en una forma de justificación de las diferencias sociales y raciales dando lugar a los principios de la “supervivencia del mejor adaptado en el progreso del libre mercado” sostenido por Herbert Spencer y que vendría a justificar que millones de seres humanos padezcan escasez y pobreza ya que todo ello sería debido a su total falta de adaptación a las exigencias del medio económico. De hecho en el momento presente instituciones financieras internacionales realizan continuos informes sugiriendo (o imponiendo) constantes modificaciones económicas y laborales que permitan la adaptación de las sociedades y de los estados a las exigencias del habitat económico del libre mercado.


No se puede poner en duda que los descubrimientos de Darwin supusieron en su momento un gran avance para la ciencia que le debe eterno agradecimiento, pero tampoco se pueden negar las nieblas y tormentas morales que presentan las consecuencias de la manipulación social y política de tales descubrimientos y que, siendo muy justas las conmemoraciones que se han proyectado para este año, lo qué no resulta tan loable es la intención con la que mayoritariamente se han planificado las mismas al entreverse que tienen por objeto principal enfrentar al científico con toda moral y religión. El desarrollo y la manipulación posterior de las teorías de Darwin son el claro ejemplo de que Francis Bacon tenía razón al afirmar que “la religión es la esencia que impide que la ciencia se corrompa”.

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