CONTACTO (indicando como asunto El Chouan Ibérico): arturoen@hotmail.com

lunes, 15 de febrero de 2010

HISTORIA DE LA CRISIS ECONÓMICA EN ESPAÑA

Con motivo del debate surgido sobre la edad de jubilación y de un posible (e imprescindible) pacto de estado sobre economía ha vuelto a tratarse la interminable cuestión de la crisis económica que nos oprime y que tiene unos orígenes mucho más antiguos que los indicados por los intereses partidarios de determinados políticos, cuyo hacer en el pasado no les exonera de responsabilidad con lo que esta ocurriendo en el presente.

La crisis económica que padecemos no es resultado de la pésima gestión del gobierno actual sino, por el contrario, es el resultado de treinta años de continuos errores políticos y económicos cometidos por todos los gobiernos de todas las tendencias que llevaron a nuestro país, bajo el pretexto de modernizarlo y adecuarlo a la entrada en la Unión Europea, a desmantelar su incipiente industria y nuestro sector agropecuario en vez de fomentarlos y apoyarlos buscando acuerdos comerciales con otros países a los que vender nuestros productos.

Tras la llamada “Reconversión” industrial, a mediados de los años ochenta del pasado siglo, donde el gobierno socialista de entonces liquidó en gran medida el sector industrial y vendió industrias banderas de nuestra economía como la SEAT a multinacionales extranjeras, se logró con cierto éxito reubicar a los trabajadores en paro en el sector de la construcción que empezó a despegar gracias a los fondos de cohesión europeos que propiciaron importantes obras públicas en infraestructuras y en el sector servicios, especialmente en el vinculado al turismo y a los fastos del Quinto Centenario. No obstante, en 1993 con la finalización de las Olimpiadas y de la Exposición Internacional de Sevilla, el paro aumento hasta los tres millones de desempleados poniendo en peligro el sistema público de pensiones al vaciar las arcas del estado.

En 1996, tras la llegada al poder del Partido Popular, éste consiguió salvar la situación mediante una técnica muy sencilla que recordaba las desamortizaciones del Siglo XIX, siendo su éxito pura apariencia. Para sanear las arcas públicas que se encontraban vacías y amenazaban con suspender los más elementales pagos a los pensionistas, no solo congeló los salarios de los funcionarios públicos, cosa que por sí sola no hubiera solucionado el problema, sino que recurrió a la tradicional política de deshacerse de activos públicos vendiendo inmuebles del estado ocupados por Ministerios y diversas instituciones, suscribiendo con el nuevo propietario contratos de arrendamiento y empezando una política de privatizaciones que a la vez que permitían al estado deshacerse de obligaciones que tenía que sufragar, reduciendo de este modo el gasto público, le llenaban la caja con los dineros que percibía por tales privatizaciones. Es decir, el gobierno del Partido Popular, consiguió salvar la casa vendiendo los muebles.


Durante los ocho años del gobierno popular no solo se privatizaron servicios públicos y empresas estratégicas que jamás debieron salir de manos públicas sino que además se optó de forma definitiva y, prácticamente, irreversible por el sector servicios y la construcción como base de la economía española. Con el auge de la construcción no solo aumentó la especulación sino que las arcas públicas recibían importantes ingresos procedentes de las plusvalías, del IVA y del impuesto de Transmisiones Patrimoniales, lo que unido al incremento de actividad del sector servicios logró que se alcanzase prácticamente el pleno empleo, se garantizasen las pensiones y se incrementase el número de cotizantes a la Seguridad Social hasta cifras históricas logrando unos excelentes indicadores macroeconómicos que, si bien nos situaban como la octava potencia económica mundial, no dejaban de ser ficticios al ocultar la realidad de que la economía española debía su expansión a la financiación exterior, al autoconsumo interior y a la pura especulación no existiendo un fuerte y competitivo sector de economía productiva.


En el año 2007, surge en Estados Unidos la crisis de las “Hipotecas Basuras” que tarda poco más de un año en alcanzarnos. Como resultado de la misma, decrece la financiación exterior que recibía España y se hunde el sector inmobiliario arrastrando consigo al sector servicios y reduciéndose, como es lógico, el consumo interior recortándose los ingresos que recibía la Hacienda Pública y disparando el gasto público en subsidios de desempleo y en protección social.


Y en esta situación nos encontramos. La construcción privada no consigue vender un millón de viviendas construidas en los últimos dos años, el estado ha de mantener los pagos imprescindibles a los funcionarios públicos y pensionistas y hacer frente a la creciente demanda de subsidios por desempleo por lo que ha tenido que recortar la financiación de obras públicas y otros gastos que ha generado a su vez más paro, el cual sigue creciendo y provocando el consiguiente desplome del consumo al carecer la gente de trabajo o tener expectativas de futuro muy dudosas.

Esta es la historia de cómo en los últimos treinta años, los españoles hemos vivido en una ilusión alimentada institucional y estadísticamente, dando la espaldas a una realidad económica que ahora nos ha explotado en la cara con toda su crudeza y de la que solo saldremos si aumentamos nuestra fe en nosotros mismos como pueblo y dejamos de confiar en todos aquellos que nos han conducido hasta esta debacle.



lunes, 8 de febrero de 2010

CON ANIMUS JOCANDI: ¿COBRARÁ LA SGAE A AZNAR?

No hace mucho el expresidente del gobierno don José María Aznar se permitía afirmar, refiriéndose al actual presidente del gobierno don José Luis Rodríguez Zapatero, que “nunca nadie ha hecho TANTO daño en TAN POCO tiempo” y es que la derecha conservadora española tan huérfana y desorientada desde que falleciera el invicto general en superlativo no ha hecho otra cosa que buscar ancestros y lideres a los que emular y a los que plagiar.


Hace ya varias décadas, cuando la derecha que representa el Partido Popular trataba de demostrar su vinculación y lealtad a la máxima magistratura del estado, se identificó con la vida, obra y milagros del restaurador de la dinastía alfonsina e instaurador de la oligarquía y del caciquismo como forma de gobierno de nuestro país, don Antonio Cánovas del Castillo, no regateándole homenajes, conferencia y ediciones de libros sobre tan nefasto político.


Años después, cuando se produjo la reconversión política (que no industrial ni intelectual) de la entonces Alianza Popular mudándose en Partido Popular, la búsqueda del centro político les llevo a elogiar, de la mano de don Federico Jiménez Losantos, al presidente de la II República, don Manuel Azaña, volviendo a organizar conferencias y simposium sobre la figura del líder republicano que fue elevado a los más altos altares de la intelectualidad para veneración de los mismos que durante la vida del mismo le llamaban “el tío verrugas” y hacían circular por calles y cafés los chistes de peor gusto sobre su persona.


Ahora, en el momento presente, y desde que en unas vacaciones estivales don José María Aznar confesase a la prensa que entre los libros que portaría para leer en su tiempo de asueto se encontraban las “Memorias de la II Guerra Mundial” del Primer Ministro británico Winston Churchill, parece ser que tal personaje es el inspirador de modos y modas en el triunfal icono y esperanza última del Partido Popular en el que se ha convertido el señor Aznar.


De hecho, si se observan con ligera atención las imágenes aparecidas en televisión en las que don José María Aznar pronuncia la lapidaria frase “Nunca nadie ha hecho TANTO daño en TAN POCO tiempo” parece estar tan inspirado, quizás incluso poseído, por el espectro de Winston Churchill que duda, titubea y, casi estuvo a punto de repetir aquel “Nunca TANTOS, debieron TANTO a TAN POCOS” dedicados a los heroicos pilotos de la Royal Air Force (RAF) tras la Batalla de Inglaterra de no haber adaptado sobre el terreno la frase, sin duda memorizada y mil veces repetida, a las circunstancias actuales de tiempo y lugar.


No obstante, no nos cabe la menor duda de que desde hace tiempo, tal vez desde que se le ocurriera la “maravillosa” idea de la soberanía conjunta de Gibraltar o desde que participara como “estrella invitada” en la conferencia de las Azores, don José María Aznar se ha vuelto muy británico o al menos muy anglosajón y, a falta de bombín y paraguas, parafrasea y emula al viejo y mítico Winston. Ante este hecho sugerimos a la SGAE, tan llena de espíritu recaudatorio, que preste mucha atención al próximo fenómeno histórico mundial, más aún universal, que tendrá lugar en las futuras elecciones generales ya que, aunque siendo indiferente quien las gane, porque seguro que será el pueblo trabajador español quien las pierda, no nos cabe la más mínima duda que, de ganarlas nuevamente el Partido Socialista Obrero (desempleado) Español, el discurso dictado al oído del Partido Popular por su líder espiritual será: “les combatiremos en las playas, en los lugares de desembarco, en los campos y en las calles; les combatiremos en las montañas; no nos rendiremos jamás” y claro… suponemos que eso tendrá derechos de autor.


lunes, 1 de febrero de 2010

LA OTRA CARA DE LA REALIDAD

“Hablando en Plata” es un programa de Radio 5, de la emisora pública española. Es un buen ejemplo de lo que debe ser el periodismo radiofónico: Breve, ágil y muy didáctico. En él se fustigan los usos equivocados del idioma común en los hispanohablantes, con ejemplos claros y convincentes. En el último que oí, se referían al adjetivo “inédito”. De acuerdo con su origen etimológico es, sencillamente, lo no editado, lo no publicado, pero, cada vez más, se viene utilizando como sinónimo de sorprendente, infrecuente, inusual. Más aún, tiende a desplazar esos otros términos. La corrección lingüística es acertada. Pero no olvidemos que en el lenguaje, como en los demás órdenes de la vida, la costumbre general acaba convirtiéndose en norma. Es el pueblo, no los académicos, quien crea el idioma, lo gasta y lo desgata, introduciendo en él mudanzas significativas. Las causas de los cambios hay que buscarlas, en la mayoría de los casos, fuera del propio campo lingüístico. De ahí la conveniencia de preguntarse del porqué del error en el uso de la palabra inédito. Yo lo achaco a esa mentalidad, tan extendida hoy, de que lo que no se publica, no existe. Y que lo que aparece en los medios, por ese sólo hecho, adquiere carta de identidad. Lo cual no deja de retrotraernos a la tan citada frase de aquel ministro nazi de propaganda que proclamaba que una mentira repetida mil veces, acababa convirtiéndose en verdad.

Los que más incurren en esa idea falaz, son los jerarcas de toda índole: políticos, económicos, religiosos…y también, claro está, los responsables del cuarto poder. De ese prejuicio tan extendido, deriva el que, a menudo, ignoren y pretenden que ignoremos la otra cara de la realidad. Ellos se pelean por la foto, por ser noticia, por ocupar los titulares con un buen gesto, con una frase, desplazando a sus competidores a lugares menos destacados. Buscan por todos los medios airear lo que les interesa y ocultar lo que les preocupa. El problema deriva para ellos de la multiplicidad de medios tecnológicos de que hoy disponemos para difundir las noticias: prensa escrita, radio, TV, Internet, móviles…Y es difícil controlar todos o, al menos, la mayoría, aunque algunos, como Berlusconi, parece que casi lo logra. También la dificultad se acrecienta para los lectores u oyentes, con sentido crítico, para indagar la fiabilidad de lo que se transmite.

Claro que ese afán de celebridad, de aparecer en los papeles, en las ondas o en la tele, se ha contagiado a personas cuyas vidas no parecen tener interés más que para su entorno más inmediato. Y curiosamente se convierten en protagonistas del famoseo, contando o dando de qué hablar a cuenta de sus trapos sucios, de airear sus intimidades que, a fuerza de repetirlas a todos los vientos, se convierten en tema de cotilleo generalizado. El descaro y el impudor se han convertido en la palestra pública en escalones para una fama tan repentina como perecedera. ¿Por qué los medios las acogen y las propagan?. Sencillamente porque venden, porque hay públicos que necesitan alimentar su vaciedad con retazos de vidas, reales o imaginadas, tan vacuas como las suyas. Y cuando los medios, muchos de ellos, son primordialmente instrumentos de ganancias rápidas, aunque sea a costa de la verdad o de la decencia, no es de extrañar el producto, la mercancía que ofrecen.

Con todo ello, parece que ignorásemos que la realidad tiene otra cara, mucho mayor y significativa. No aparece más que esporádicamente en los grandes titulares. Es la vida cotidiana de millones de personas que viven, sufren, aman, trabajan (cuando pueden), se divierten (cuando les dejan), tienen hijos, enferman, viven acompañadas o solas, se ilusionan o desesperan, se conforman con el sentido de la vida que han heredado o si no, buscan otro o se resignan escépticamente a sobrevivir sin ninguno. Muchos de ellos están empobrecidos por el sistema global, son víctimas de los poderosos o convertidos en sus cómplices.

Dentro de esa otra realidad hay otras personas que prefieren pasar desapercibidas. Su vida difícilmente llega a ser noticia, claro que no lo buscan. Es que han hecho opción, no por los poderosos, sino por los desheredados del sistema. Intentan practicar el bien, ejercitar el don y la gratuidad, ajenos a la mercantilización que pretende imponer el pensamiento único. Y lo hacen por fidelidad a su conciencia, en muchos casos, religiosa y, en otros, puramente humanista. Para muchas gentes, no pasan de ser bichos raros. Acaban teniendo problemas con los poderosos, de toda índole, incluso con aquellos que deberían estar de acuerdo con sus planteamientos. Claro que difícilmente se puede seguir en cualquier clase de poder si no es pactando de algún modo con el resto de los poderosos. Eso sí, después de muertos, esas personas preclaras que han vivido con coherencia su entrega a los demás, suelen ser ensalzadas. Se les da la honra que se les negó en vida.

Esa obsesión por las apariencias, por mostrar un escaparate brillante y correcto, aunque la porquería se acumule en la trastienda, no se da sólo en el campo colectivo. A nivel más individual, cada uno de nosotros, suele actuar así. Pretendemos airear lo que consideramos valioso de nosotros y ocultar nuestras debilidades, carencias y fallos. En el altar de nuestro yo, de esa imagen fabricada que hemos hecho de nosotros mismos, sacrificamos nuestra espontaneidad, nuestros impulsos más profundos, el afán de verdad que nos convierte en personas morales. E ingenuamente creemos que tras esa máscara de respetabilidad, los demás no verán nuestros fallos. ¡Cuántos esfuerzos baldíos por no admitirnos como realmente somos!. Lo peor es que no logramos engañar a los demás, pero que, a menudo, las víctimas del engaño somos nosotros mismos.

Pedro Zabala

martes, 26 de enero de 2010

EL REENCUENTRO DEL CINE SOVIÉTICO-RUSO

Mientras en todo occidente triunfa la película de James Cameron “Avatar” que no es más que una cinta de aventuras que traslada al futuro y al espacio todos los estereotipos ya tratados en los clásicos Westerns ambientados en “la Conquista del Oeste” norteamericano, el cine ruso, que difícilmente veremos en nuestros cines, ha retomado el filón interminable de su historia contemporánea produciendo importantes superproducciones históricas que entroncan directamente con la tradición iniciada en los años veinte por el entonces cine soviético.


Si la última película rusa estrenada en nuestros cines fue la deficientemente promocionada pero excelente cinta dirigida en 1999 por el oscarizado director Nikita Mikhailkov, y titulada “El Barbero de Siberia” en la que ya se apuntaba una recuperación de la temática histórica junto con la técnica y la grandiosidad que el maestro Sergei Einsenstein demostró en sus películas “El Acorazado Potemkin” (1925), “Octubre” (1927), “Alexander Nevsky” (1943-1945) e “Iván, el Terrible” (1948), no es la única película que se ha producido en Rusia con estas características, aunque una distribución limitada prácticamente al territorio de la actual Comunidad de Estados Independientes (CEI) nos impide conocer y disfrutar de este espectacular cine, que en muchos casos supera por la calidad y originalidad de sus guiones al que hoy se produce en Hollywood.


Así en el año 2002, el director Aleksandr Sokúrov dirigió el parabólico film (nunca estrenado en salas comerciales españolas) “El Arca Rusa” en el que recorre tres siglos de historia rusa tomando como hilo argumental la asistencia a una fiesta en el Palacio de Invierto de San Petersburgo donde los protagonistas visitan diversas estancias del mismo encontrándose en cada cuarto con un periodo diferente de la historia. Así la película muestra, entre otros hechos, la espectacular puesta en escena de óperas y obras teatrales en la época de Catalina la Grande, una ceremonia protocolaria de la corte imperial de Nicolás I con motivo de la alianza ruso-persa, la vida cotidiana y familiar del último zar, Nicolás II, o los dramáticos momentos del asedio de Leningrado durante la II Guerra Mundial.


La última superproducción cinematográfica rusa de la que tenemos noticia ha resultado ser “The Admiral” (El almirante), película dirigida en el año 2008 por Adrei Kravchuk y protagonizada por el actor Konstantin Khabensky quien encarna magníficamente al personaje protagonista, el almirante Kolchak. “The Admiral” es una película fundamentalmente biográfica centrada en los últimos cuatro años de vida del líder del movimiento blanco, Aleksandr Kolchak, y que coinciden con el inicio de la debacle rusa en la I Guerra Mundial, la Revolución Bolchevique y la Guerra Civil posterior. La película contiene importantes escenas de acción bélica pero combina magistralmente acción y política junto con una historia de amores románticos que la hace atractiva para toda clase de público.


Las características comunes a todas estas superproducciones soviéticas primero, y rusas después, son la fidelidad al ambiente histórico reproduciendo minuciosamente los escenarios, los vestuarios, el atrezzo y, sobre todo, haciendo que los protagonistas aparezcan en pantalla cuidadosamente caracterizados de los personajes que representan con los que realmente guardan una semejanza física tan exacta que es prácticamente imposible distinguirlos del personaje real. Igualmente es de indicar la ausencia del empleo de técnicas modernas en el rodaje de escenas en las que aparecen masas humanas recurriendo para ello al tradicional empleo de extras perfectamente ataviados con vestimentas idénticas a las usadas en la época en la que se sitúa la acción. En lo único que se diferencian las antiguas superproducciones soviéticas con las que se realizan actualmente en Rusia, no podría ser de otra forma, es en el mensaje que contienen que es radicalmente opuesto entre sí pues si el cine soviético solía hacer loas a la Revolución de Octubre, las superproducciones históricas actuales están más inclinadas a rehabilitar a las víctimas de aquella revolución y a los opositores a la misma.


lunes, 18 de enero de 2010

“SOL EN LAS BARDAS” de Ignacio Ipiña

Las memorias escritas constituyen un género prolífico y variado en la literatura universal existiendo memorias personales, memorias históricas, memorias literarias y memorias políticas, siendo sin duda éstas últimas las generalmente más aburridas y tediosas para el lector.


No obstante, para desmentir a la generalidad, la Editorial Arcos nuevamente en la colección “Biblioteca Popular Carlista” que dirige don Javier Onrubia Rebuelta, ha tenido el excelente criterio de publicar con el título de “Sol en las Bardas” las, hasta ahora inéditas, memorias políticas de don Ignacio Ipiña.


“Sol en las Bardas”, que lleva como subtítulo “La Forja Oculta de Carlos Hugo” se centra en la gran aventura voluntarista que, un reducido grupo de jóvenes carlistas de los que formaba parte el propio autor y militantes todos ellos de la sección estudiantil del Partido Carlista (la Agrupación Escolar Tradicionalista); emprenden para sacar al Carlismo de la inoperancia política y la languidez a la que la habían llevado la guerra, la represión franquista y las tribulaciones de sus dirigentes, trayendo clandestinamente a España, concretamente a Bilbao, al entonces Príncipe de Asturias, Don Carlos Hugo de Borbón Parma, para someterle a un aprendizaje acelerado de la historia y costumbres de los españoles que culminaría con su presentación pública en el acto de Montejurra de 1957.

En “Sol en las Bardas” no solo se narra las aventuras de estos decididos jóvenes carlistas y del no menos joven y decidido príncipe, sino que también se refleja la vida y la sociedad del Bilbao industrial de mediados de los años cincuenta del siglo pasado dejándose patente a lo largo de toda la obra el espíritu leal, valiente e incorruptible del pueblo carlista dispuesto a un mismo tiempo a correr importantes riesgos y a desdeñar los máximos honores en aras de sus principios y representado el mismo en estas memorias por don Ramón Massó, don Pedro Echevarría, don Perico Ulaurtúa, don Alfonso Lescurain, por el propio autor y por otros muchos más.


Es mérito de estas memorias de don Ignacio Ipiña acabar con no pocos estereotipos sobre la figura de Don Carlos Hugo de Borbón Parma, levantados y defendidos por desinformadas, cuando no simplemente viperinas, lenguas aclarando y manifestando que fue iniciativa del propio príncipe llevar al Carlismo a la renovación ideológica necesaria para entroncar con la realidad social que padecía el pueblo español aportando modernidad y europeidad al Partido Carlista sin que por ello perdiera sus peculiaridades y tradicionales reivindicaciones.


“Sol en las Bardas” de Ignacio Ipiña, a pesar de constituir unas memorias políticas, se lee con la facilidad y la avidez de una novela de aventuras haciendo bueno el viejo axioma de que “la realidad siempre supera a la ficción” y dejando tras su lectura el buen sabor de boca que solo dejan las mejores obras del género como “Las Memorias de Ultratumba” de Chateubriand.


jueves, 14 de enero de 2010

EL CASO DE VIC: ¿ES LA HIPOCRESÍA EL MAL DE LA DEMOCRACIA?

Curiosa y paradójicamente el mismo día, el 13 de Enero del 2010, en el que se conocía la muerte de Miep Gies, la última superviviente del grupo de no judíos que protegieron a Anna Frank y a su familia; el municipio barcelonés, catalán y español de Vic aprobaba por mayoría la nueva normativa local que impide el empadronamiento en dicho municipio de los inmigrantes ilegales.

Esta propuesta ha sido presentada por el equipo de gobierno del consistorio formado por los partidos “Convergencia i Unió”, “Partido Socialista de Catalunya” y “Esquerra Republicana de Cataluña” y aprobada con el apoyo del partido “Plataforma Per Catalunya” sobre el que siempre ha pesado el calificativo de ultraderechista, aunque tras la propuesta y aprobación de esta medida habría que preguntarse qué es y quién constituye la ultraderecha en España.

Los partidos políticos que han propuesto esta medida, y que son los mismos que hace pocos años fomentaban y aplaudían la llegada masiva de inmigrantes a nuestro país porque dinamizaban y engrandecían nuestra economía al ser mano de obra que cotizaba a la Seguridad Social y que trabajaba sobre todo en la construcción y en las obras públicas a la vez que el empadronamiento de inmigrantes era utilizado para engrosar el número de habitantes de muchas localidades y así recabar más fondos de las instituciones autonómicas y estatales, la han calificado de legal; cosa que no dudamos que sea porque toda ley o reglamento por injusto que sea jamás dejará de ser legal. No obstante una normativa, por muy legal que sea, puede ser una disposición inmoral, inhumana y obscena como tal es el caso presente.

El empadronamiento es la prueba legal de que una persona es vecina del municipio que emite el certificado de empadronamiento y hasta ahora constituía una OBLIGACIÓN y un DERECHO independiente de la nacionalidad y de la situación de estancia que permitía ejercer otros derechos. En este sentido es de indicar que el empadronamiento es un requisito imprescindible para tener acceso a la asistencia médica, inscribir a los hijos en centros escolares y acceder a programas de ayuda social. Así pues, la medida aprobada por el Excelentísimo, democrático, liberal, estatutario y constitucional Ayuntamiento de Vic envía a la irreversible marginalidad a muchas personas quienes, ante cualquier enfermedad, no podrán ser asistidas en centros médicos y quienes tampoco podrán matricular a sus hijos en colegios públicos condenándolas a vagar sin rumbo por las calles y a engrosar el mundo de la delincuencia que, practicada en tales circunstancias no será delincuencia sino, en muchos casos, actos desesperados de subsistencia.

Evidentemente esta medida acordada en Vic tiende a generar la exclusión social y a limitar derechos fundamentales como son el derecho a la Sanidad y a la Educación, pero sobre todo deja al descubierto el verdadero rostro de una casta política, la española, que realmente no cree en la existencia de Derechos Fundamentales inherentes a la persona y que por tanto no duda en vulnerarlos con normas que impiden el ejercicio de derechos reconocidos en Tratados Internacionales y en Leyes Orgánicas a las que vacía de contenido y que recuerdan aquella “Ley de Ciudadanía del Reich” que tenía por objeto la exclusión y la muerte civil de los judíos.

Lo ocurrido en Vic es un acto inmoral que pone de manifiesto la hipocresía imperante en la política española que transmitida directa e indirectamente al mundo del derecho crea un estado de falseamiento constitucional y asesina la libertad y la decencia porque la hipocresía puesta al descubierto revela que la democracia liberal es una idea falsa.

Por último queremos terminar haciendo un reconocimiento especial a los que consideramos los únicos políticos dignos de Vic que han sido los concejales comunistas de “Izquierda Unida – Les Verts” y los independentistas de la CUP, de los que evidentemente nos separan muchas cosas entre ellas el amor que sentimos por la unión armónica de todos los pueblos que integran Las Españas, pero que han tenido el valor de oponerse y votar en contra de una propuesta legal que constituye un monumento normativo a Adolf Hitler.

lunes, 11 de enero de 2010

LA TELEVISIÓN QUE TENEMOS O EL ENGAÑA BOBOS

La polémica surgida a finales del año pasado con motivo de la concesión al popular presentador de Tele5 don Jorge Javier Vázquez del Premio Ondas 2009 ha servido para que, por medio de un escándalo que dejaba al descubierto numerosos comportamientos hipócritas, se desviara la atención sobre lo que verdaderamente debe importar y que es la cuestión de la clase de televisión que padecen los españoles.


Desde que las televisiones privadas comenzaron a emitir en España hace ya veinte años, el mundo televisivo se ha convertido ante todo, sobre todo y por encima de todo en un negocio que, explotado con criterios mercantiles, busca el mayor de los beneficios.


El negocio de la televisión consiste en conseguir ingresos mediante el pago de la publicidad por las empresas anunciantes y responde a la simple máxima de que el coste de la publicidad en cada cadena es directamente proporcional al número de espectadores que dicha cadena es capaz de tener y de mantener. Así pues hay que buscar una programación que ocupe las veinticuatro horas de emisión televisiva a un coste razonable o más bien bajo y rápidamente amortizable que consiga, al mismo tiempo, la fidelidad del telespectador manteniéndole atentamente pegado a sus televisores particulares.


Si comparamos la programación de las televisiones privadas hace veinte años con las que ahora presentan no solo comprobaremos, que prácticamente todas tienen programas del mismo tipo a las mismas horas, sino que ha descendido notablemente la producción de series propias y la emisión de películas cinematográficas muchas de las cuales se emiten a altas horas de la madrugada, todo ello en beneficio de programas del corazón, de “Talk Shows” y sobre todo del gran descubrimiento televisivo que constituyen los “realities” tipo “Gran Hermano”, “Supervivientes” o similares.


Los programas tipo “Gran Hermano” se han convertido en la panacea del negocio televisivo y ello porque no son muy costosos de producir al tiempo que, de un modo u otro, permiten llenar gran parte de la parrilla de la programación. Así, además del tiempo dedicado al programa en sí mismo (generalmente unas horas en un día por la noche) se dedica una hora diaria a hacer un resumen del mismo, además de alimentar a otros programas para que llenen su tiempo con comentarios sobre el mismo y entrevistas a sus protagonistas, los cuales pasan a ser asiduos del mundo televisivo desplazando a periodistas y presentadores profesionales.


Si un ciudadano tiene la paciencia (y también el estómago) para ver la televisión durante una semana seguida podrá comprobar como, directa o indirectamente, los “realities” acaparan la parrilla de la programación de las cadenas privadas y de este modo se consigue llenar el tiempo de emisión financiando simplemente cuatro o cinco programas, lo que hace que lo ofrecido a los telespectadores carezca de variedad creando una sociedad homogénea de pensamiento lineal.


Se podrá argumentar en descargo de las cadenas que este tipo de programas son los que el telespectador desea ver, pero no obstante lo cierto es que el telespectador no tiene opción a la hora de elegir porque si no desea ver el “realitie” o el programa del corazón de Tele5 solo puede optar por otros programas del mismo contenido que se emiten en otras cadenas a la misma hora. En realidad, los directivos de estos grandes medios de comunicación que son las cadenas televisivas desplazan a los televidentes la responsabilidad de la baja calidad de la programación ignorando que son ellos los que forjan la opinión, crean los intereses y fomentan los gustos de la población.


Los ciudadanos españoles no tienen la televisión que se merecen, ni siquiera la que desean, sino que por el contrario son las televisiones las que cincelan y esculpen a los televidentes a su “imagen y semejanza” a fin de que deseen y soliciten lo que las mismas les ofrecen permitiéndoles tener el mayor índice de audiencia con el mínimo coste económico posible. Y en eso precisamente consiste el engañabobos: en conseguir que se acepte sin crítica alguna e incluso con entusiasmo por parte del público un producto de tan baja calidad.


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