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sábado, 3 de octubre de 2020

¡A LOS LEONES!

No hay nada mejor para un mal gobernante o para un político irresponsable que buscar y encontrar algún chivo expiatorio que pague las culpas de sus  malos actos o, al menos, desvíe la atención de la opinión pública de su mala gestión. Claro ejemplo de esto fueron algunos emperadores romanos como Calígula, que culpando a determinados senadores romanos de la quiebra económica de Roma lanzaba al pueblo sus cabezas con gran regocijo de la plebe, o,  Nerón que tras incendiar la ciudad de Roma y culpar a los cristianos hizo clamar al pueblo romano el famoso ¡A los leones!.

            Pues bien, algo similar está ocurriendo en la política española de un tiempo a esta parte. La epidemia del Covid19 ha puesto de manifiesto las carencias y debilidades del estado surgido de la Transición y de la Constitución de 1978, debilidades y carencias que en un porcentaje demasiado elevado, como para considerarlas fortuitas o fruto de la mala suerte, han sido alentadas, buscadas y favorecidas por la casta político-social-funcionarial beneficiaria del actual régimen político desde el mismo nacimiento del mismo.

            Mientras que la epidemia se sigue extendiendo por nuestro país, mientras que las víctimas mortales, a pesar del ocultamiento de las cifras reales o de la incompetencia a la hora de contabilizarlas, se cuentan por decenas de miles de fallecidos y mientras la economía se hunde en un abismo que parece no tener fondo y amenaza con hacer retroceder a la sociedad española a niveles anteriores a los planes de desarrollo de los años sesenta del siglo pasado;  el gobierno que preside Pedro Sánchez  se dedica a cuestionar la forma de Estado con unas formas y en un momento que solo puede considerarse oportuno para una casta política que tiene mucho que callar y mucho más que ocultar.

            En no pocas ocasiones, desde este modesto blog, hemos cuestionado el proceso de la llamada "Transición" por su falta de transparencia democrática y por no tener más objetivo que perpetuar aquello que se pudiera del régimen franquista, así como también hemos cuestionado la figura de Su Excelencia el Jefe del Estado a Título de Rey por su falta de legitimidad, por ser una imposición del dictador Francisco Franco y por la regulación jurídica, que emanada de la Constitución de 1978, le situaba por encima de las leyes. Pero que ahora, los individuos y los partidos políticos que durante cuarenta años han protegido al Jefe del Estado, a su familia y a la institución que representaba, la Jefatura del Estado, acallando la más mínima crítica, encubriendo todos sus desafueros y presentándole ante la opinión pública española como una figura inmaculada y casi divina se estén dedicando a atacarle de la forma más cutre y grosera no puede menos que hacernos preguntar sobre cuáles son las verdaderas intenciones de sacar en este preciso momento un debate que, con todo lo que esta acaeciendo en el país, no puede considerarse nada más que secundario y contraproducente.

            Aceptémoslo, el Régimen de 1978, cuya finalidad exclusiva fue garantizar las prebendas de los beneficiarios del Régimen Franquista abriéndolo a más demandantes de prebendas convirtiéndose en el equivalente jurídico-político a esos fenómenos biológicos que nacen con duplicidad de miembros y grandes deformaciones y sobreviven contra todo pronóstico, está agonizando a causa de todas sus originarias contradicciones, las cuales solo le podían llevar a desembocar en una situación de corrupción generalizada. Ahora, cuando la mierda sale hasta por las orejas de los más minúsculos beneficiarios del régimen y no se puede ocultar debajo de la alfombra, la casta política, y no solo la parte gobernante de esa casta, están dispuesto a sacrificar la forma de la Jefatura del Estado con el único fin de salvarse ellos de toda responsabilidad en una nueva manifestación del romano ¡A los leones!.

Aquí, no nos encontramos realmente ante un debate Monarquía/República sino ante el planteamiento de una nueva transición que, tras sacrificar a la figura que encarna la Jefatura del Estado, desemboque en un nuevo régimen político que permita a los que, hasta ayer, han sido los cómplices, defensores, encubridores y mamporreros de la Jefatura del Estado a Título de Rey, continuar en el disfrute de sus prebendas y gabelas que genera la profesión política.

            Que nadie se engañe, al igual que en España son pocos los monárquicos pues pocos tienen una teoría de la monarquía, tampoco son muchos los republicanos porque estos "neo-republikaners" (entiéndase la palabra en sentido despectivo) que desde el gobierno de Pedro Sánchez claman por caminar hacia la república no son realmente republicanos pues carecen de cualquier teoría republicana y no tienen más intención que cambiarlo todo para que todo permanezca igual.  De hecho, la ruta que se pretende seguir hacia la republica no es la lógica, que sería iniciar un proceso constituyente con amplio debate y participación ciudadana, sino la de desgastar a la Jefatura del Estado y convertirla en un objeto fundamental del debate político partidista hasta que el Jefe del Estado, de motu proprio, decida abandonar la institución que representa.

            En el fondo, y no muy en el fondo, se trata de repetir la maniobra de la llamada "Transición" hurtando al pueblo español la posibilidad de participar ampliamente en un proceso constituyente y presentarle una serie de hechos consumados con los que no le quede más remedio que tragar y que, sobre todo, queden a salvo los intereses y privilegios de las distintas castas del país. No obstante, la Tercera República surgida de tales maniobras palaciegas en realidad adolecería de los mismos males que las otras dos Repúblicas Españolas anteriores (1), a saber:

            1º. No surgiría de unos debates constituyentes y de una teoría de la república, sino de una simple pero apremiante necesidad ante la ausencia de un Jefe del Estado a Título de Rey.

            2º. Nacería en una situación social y política enormemente bipolarizada, enfrentada y tensa que harían muy convulsa  y difícil su existencia.

              3º. Su finalidad no sería constituir un estado republicano sino garantizar y perpetuar las gabelas y privilegios de la casta política, empresarial y mediática que fueron el sostén del Régimen de 1978 y anteriormente del mismo Franquismo.

            Si el Régimen de 1978, no nos cansaremos de repetirlo, es una prolongación del Régimen Franquista; una república proclamada por el abandono voluntario del Jefe del Estado a causa del desgaste al que le somete la casta política y los medios de comunicación a su servicio no sería nada más que una prolongación del Régimen de 1978 y, por aplicación de la pura lógica, una prolongación del Régimen Franquista (2).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(1) Aunque para no pocos de los actuales "Republikaners" parece que solo hubo una república o solo hubo una república que cuenta, la Segunda, es de recordar que en nuestro país hubo dos repúblicas: La Primera República, del 11 de febrero de 1873 al 31 de diciembre de 1874, y la Segunda República, del 14 de Abril de 1931 al 1 de abril de 1939. Ambas repúblicas se proclamaron simple y llanamente porque el abandono de los que ocupaban la Jefatura del Estado (Amadeo en 1873 y Alfonso en 1931) las hicieron inevitables... y no caigamos en el engaño de creernos que a Amadeo de Saboya y a Alfonso de Borbón se les expulsó del país tras algún tipo de movimiento revolucionario, ambos, simplemente, abandonaron el cargo a causa del desgaste que sufrieron sus respectivas imágenes públicas.

 

(2) Artículos Relacionados:

        Escritos Transicionales (I) ¿Que fue la Transición?

        Escritos Transicionales (II) La Constitución de 1978

        Escritos Transicionales (y III) El Hispanorum Modus Vivendi


lunes, 15 de mayo de 2017

MIRANDO AL TENDIDO

 
            En 1950 la publicación de un libro titulado "Operación Cicerón" (1) escrito por Ludwig Carl Moyzisch generó una gran controversia en la sociedad británica de postguerra dando lugar a una muy seria interpelación parlamentaria al gobierno de Su Graciosa Majestad ya que dicho libro no era otra cosa que las memorias de su autor, un agente alemán en Turquía durante la II Guerra Mundial, en las que ponía de manifiesto como el ayuda de cámara del embajador británico en Ankara, Elyesa Bazna, había proporcionado a los alemanes entre 1943 y 1944 detallados informes e importante documentación microfilmada sobre las conferencias de El Cairo y Teherán así como sobre la invasión de Normandía (2).


            El 4 de Mayo pasado la editorial Galaxia Guttemberg presentaba en Madrid un libro colectivo que bajo el título "Juan Carlos I, el Rey de la Democracia" reúne ocho trabajos  que abordan desde distintas facetas el papel histórico del Jefe del Estado, hoy emérito. Pues bien, uno de los trabajos comprendidos en el libro, concretamente el escrito por Charles Powell, historiador y Director del Real Instituto Elcano; desvela  una información desclasificada por EstadosUnidos en 2014 según la cual el entonces Jefe del Estado habría manifestado al Senador norteamericano Ed Muskie, enviado especial del Presidente Jimmy Carter, y al embajador de Estados Unidos en España, Terence Todman, que "él (Juan Carlos) consideraba que Melilla se podría ceder a Marruecos en un plazo relativamente corto de tiempo porque allí solo vivían 10.000 españoles" y que Ceuta podría convertirse en un protectorado internacional tal y como lo había sido Tánger entre 1923 y 1956 y que, aunque estas decisiones podrían generar un malestar en el ejército éste solo duraría dos meses y nuevamente él (Juan Carlos) podría controlar la situación. Esta conversación quedo resumida en un telegrama secreto enviado por la Embajada Norteamericana en Madrid al Departamento de Estado y que, tras ser desclasificado su contenido, es mencionado en el citado libro.

            Han pasado casi dos semanas de la presentación del libro y de que la prensa se hiciera eco de la sorprendente noticia y nadie dentro de las diferentes castas institucionales ha dicho ni hecho nada. Aquí, en nuestro cada vez más destartalado país, no ha habido controversias sociales ni interpelaciones parlamentarias ni solicitud alguna de depuración de responsabilidades a pesar de la crucial trascendencia de esta información.

            La enorme trascendencia de la noticia radica en que estas conversaciones tuvieron lugar el 30 de Abril de 1979, es decir, cuatro meses después de la entrada en vigor de la Sacrosanta Constitución Española de 1978 que establecía que "la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado", preveía que Ceuta y Melilla pudiera constituirse en Comunidades Autónomas (Disposición Transitoria 5ª) y que enviasen representantes al Congreso y al Senado (Art.68.2 y Art. 69.4).  Asimismo, resulta curioso que el anterior Jefe del Estado solo se refiriera al "malestar del ejército" y no a la posibilidad de que las Cortes Generales denegasen esa cesión territorial lo que implica un cierto desprecio a esa institución. Igualmente resulta extremadamente curiosa la posición del Gobierno del Partido Popular que, quitando importancia a la noticia, ha situado las opiniones del Jefe del Estado emérito en el "Paleolítico Inferior", cuando afectan de manera radical a "la soberanía Nacional" que tanto enarbola el gobierno frente a las pretensiones de Cataluña.

En el fondo la noticia, de ser cierta, trata de una conversación de carácter delictivo sostenida por el  ex-Jefe del Estado con representantes extranjeros pues la supuesta cesión de Melilla y la conversión de Ceuta en un protectorado internacional atentaba directamente contra la Constitución 1978 modificándola sustancialmente sin acudir  a los trámites previstos en la propia Constitución para su modificación lo que constituye, como poco, un golpe de Estado y afectaba colectivamente a multitud de ciudadanos españoles que podrían haber dejado de serlo o verse obligados a trasladarse forzosamente por la unilateral decisión del ex-Jefe del Estado, lo que podría constituir un delito de genocidio.

            Así pues, sentado y argumentado la gravedad de la información y el carácter presuntamente delictivo de la conversación a la que se refiere es preciso que se aclare urgentemente si tal noticia es falsa o verdadera realizándose para ello la correspondiente investigación judicial y parlamentaria. Si la noticia es falsa debe dar lugar al correspondiente procedimiento por injurias y calumnias contra el autor del artículo contenido en el libro "Juan Carlos I, el Rey de la Democracia" y de ser verdadera debe ser el ex-Jefe del Estado, hoy emérito, quién rinda cuentas judiciales y políticas porque de no hacerlo se deslegitimarán aún más las Instituciones del Estado y una casta política que parece no haberse enterado de la extrema gravedad del asunto y permanece extasiada mirando al tendido ensimismada con su ansia de poder y con sus propios problemas que, evidentemente, no son los del pueblo español en vez de exigir la justa rendición de cuentas en vida a un ex-Jefe del Estado que, esta vez, no tiene extinguida la posible responsabilidad criminal por fallecimiento (3).




















(1) Este libro inspiró en 1962 la película "Cinco Dedos" u "Operación Cicerón" dirigida por Joseph L. Mankiewicz y protagonizada por Charles Mason.

(2) Se considera que la información proporcionada por Elysea Bazna a los alemanes es la más graves e importante información transmitida por un espía al enemigo durante la II Guerra Mundial.

(3) Hemos de tener en cuenta que en estos momentos hay personas que están yendo a la cárcel por robar una gallina o por casos de corrupción mientras que la información vertida en el libro pone de manifiesto que el emérito Jefe del Estado estaba dispuesto a jugar con la vida y la hacienda de unos cincuenta mil españoles (diez mil en Melilla y cuarenta mil en Ceuta) en lo que implicaría una quiebra constitucional y un acto de corrupción inaudito. Asimismo resulta difícil, por no decir imposible, apelar a la unidad de la soberanía nacional frente a los nacionalismos periféricos cuando el propio Jefe del Estado español estuvo dispuesto a romper con tal principio ante una potencia extranjera.

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