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lunes, 13 de febrero de 2012

COMENTARIOS DE URGENCIA A LA REFOMA LABORAL

El Gobierno del Partido Popular, presidido por don Mariano Rajoy, aprobaba por decreto en el Consejo de Ministros celebrado el Viernes 10 de Febrero del 2012 (un nuevo día de la infamia), una reforma del mercado laboral de la que lo más criticado ha sido el abaratamiento del despido, aspecto este que siendo grave, no es el más grave que ofrece el decreto del gobierno.

El decreto que aprueba la Reforma Laboral, abarata el despido al reducir a 33 días por año trabajado, en vez de los 45 días por año trabajado como era hasta ahora, la indemnización que ha de percibir un trabajador cuyo despido sea declarado improcedente. Así mismo fija una indemnización de 20 días por año trabajado para los despidos que se realicen en empresas que puedan demostrar una reducción de beneficios continuada durante los nueve meses anteriores a la realización del despido. En ambos casos el abaratamiento del despido es evidente pero es mucho más grave el segundo caso porque, en un país donde la casta empresarial acostumbra a sostener que ha perdido diez millones cuando en un año gana noventa millones en vez de los cien que gano el año anterior, es prácticamente una carta en blanco para proceder a despedir trabajadores.


No obstante, la reducción de indemnizaciones por despido, va a tener una escasa repercusión real en la economía general del país, pues hace ya mucho tiempo que en España han pasado a la arqueología de las relaciones laborales, más que a su historia, aquellos contratos de trabajo jamás escritos, pero siempre cumplidos en virtud de los cuales un trabajador comenzaba a trabajar en una empresa a los veinte o veinticinco años de edad y en ella se quedaba, ascendiendo o no de categoría profesional, hasta su jubilación a los sesenta y cinco años de edad (actualmente la edad de jubilación esta fijada a los sesenta y siete años). Por tanto, aún en el caso de que se hubieran mantenido la cuantía de la indemnización por despido en cuarenta y cinco días por año trabajado, dicha indemnización no constituye un oneroso gravamen para el empresario porque ya es costumbre generalizada que un trabajador tenga tan escasa estabilidad laboral y tan poca antigüedad en cualquier empresa que es imposible que, en caso de despedirlo, se le tenga que abonar una fuerte indemnización, quedando tales elevadas indemnizaciones para los altos cargos y ejecutivos de las grandes empresas publicas y privadas que disfrutan de “contratos blindados”.


A mayor redundancia, hay que recordar que desde que se aprobara en 1980 el “Estatuto de los Trabajadores”, norma esta que queda modificada nuevamente por la “reforma laboral” aprobada por el Gobierno del señor Rajoy se distinguen claramente en nuestro Derecho del Trabajo tres clases de despidos: los nulos, los procedentes y los improcedentes. Los despidos declarados nulos obligan al empresario a readmitir al trabajador despedido no cabiendo, por tanto, indemnización alguna al trabajador aunque este tendrá derecho a los llamados “salarios de tramitación” que son aquellos que el trabajador tenía que haber percibido desde que recibe la carta de despido hasta su readmisión; los despidos procedentes, generalmente disciplinarios, no tienen ninguna indemnización a favor del trabajador y, finalmente, los despidos declarados improcedentes, permiten optar al empresario entre indemnizar al trabajador con la indemnización anteriormente mencionada de cuarenta y cinco días por año trabajado (a partir de la actual reforma de treinta y tres días por año) o, readmitirlo, con lo que el empresario no tiene que abonar indemnización alguna. Es decir, jamás ha existido obligación del empresario de indemnizar a un trabajador con cantidad alguna en caso de despido improcedente porque el empleador siempre ha tenido la posibilidad de optar por la readmisión del trabajador en vez de la indemnización.


Así pues, el contenido de la reforma laboral aprobada por el gobierno va dirigido a contentar al sector empresarial al que siempre le ha molestado no solo pagar cuarenta y cinco días por año trabajado sino pagar un solo día de indemnización.


Siendo grave el abaratamiento del despido que consagra esta medida del gobierno popular, no es lo más grave contenido en la misma pues posiblemente lo peor de ella es la eliminación de la autorización administrativa previa para que las empresas puedan realizar Expedientes de Regulación de Empleo (EREs). En este sentido es de recordar que los EREs son una medida que le viene muy bien al gobierno y a los empresarios porque al primero le permite ocultar o maquillar las encuestas que reflejan el paro y a los segundos les permite acudir a una vía que, en cierto modo, les subvenciona los despidos. En este sentido es de recordar que los EREs, permiten que numerosos trabajadores en plena capacidad de sus facultades y en plenitud de su capacidad laboral dejen de trabajar, generalmente por reajustes productivos de la empresa que realiza el Expediente de Regulación de Empleo, acogiéndose a un sistema de pre-jubilaciones que son pagadas en parte por la Seguridad Social, es decir, por todos los ciudadanos.


Si anteriormente a la reforma aprobada por el Gobierno, todo Expediente de Regulación de Empleo, requería una autorización administrativa previa concedida por el Gobierno, quien vigilaba mínimamente que se cumplieran ciertos requisitos para que una empresa pudiera acogerse a esta modalidad de despido colectivo ahora prácticamente nos encontramos con que, no solo los trabajadores afectados, sino todos los ciudadanos, (porque, repetimos los EREs afectan a todos pues todos los pagamos), perdemos garantías ante este procedimiento del que generalmente solo pueden disfrutar las grandes empresas y multinacionales ubicadas en nuestro país.


Por último, otro punto de la reforma laboral aprobada el pasado 10 de Febrero del 2012 es el relativo a las subvenciones que se prevén en la misma para los empresarios que contraten a menores de treinta años y a parados de larga duración mayores de cuarenta y cinco, llamando escandalosamente la atención que al mismo tiempo que se producen recortes en los servicios públicos esenciales por falta de dinero se vaya a dedicar unas cantidades, aunque no muy grandes y en forma de bonificaciones en las cotizaciones a la Seguridad Social, a financiar a empresarios privados por contratar en forma precaria a trabajadores. A este respecto hay que afirmar que quienes hacen gala de liberalismo y de ser opositores a cualquier regulación de la economía y de los mercados, como es el caso de los dirigentes del Partido Popular hoy en el Gobierno, no deberían financiar con dinero público a empresas privadas, salvo que las obliguen de alguna manera a mantener contratado unos determinados años al trabajador por el cual se benefician de las bonificaciones.


En definitiva, la reforma laboral decretada por el gobierno presidido por el señor Mariano Rajoy no tiene en cuenta a la mayoría trabajadora del país y constituye un paso más hacia la sumisión de toda política al interés económico y empresarial alejando el poder real de las instituciones políticas elegidas por sufragio universal para concentrarlo solapadamente en Consejos de Administración no elegidos democráticamente por los ciudadanos.


martes, 5 de octubre de 2010

LOS TRABAJADORES NOS PODEMOS IR PREPARANDO

Hace menos de una semana, el pasado 29 de Septiembre del 2010, tuvo lugar en España una Huelga General, convocada conjuntamente por la “Unión General de Trabajadores” (UGT) y por “Comisiones Obreras” (CCOO), contra la reforma laboral, la congelación de las pensiones y los demás recortes sociales aprobados por el gobierno socialista en un desesperado esfuerzo por mitigar la crisis económica que padecemos.


El seguimiento de dicha huelga general fue, como poco, moderado distando mucho de lograr la total paralización del país tal y como se consiguió, hace veintidós años, con la histórica huelga del 14 de Diciembre de 1988, por lo que, considerando además los duros recortes contra los que se hacía la convocatoria, solo puede concluirse con que el resultado de la Huelga General del 29 de Septiembre del 2010 constituye un enorme fracaso fruto de la suma de diversas causas que debieran hacernos reflexionar a todos y especialmente a los propios sindicatos convocantes.


En primer lugar las condiciones socio-económicas de hoy no son las mismas que en los tiempos de la huelga del 14 de Diciembre de 1988 porque en los veintidós años transcurridos, el gran sector público donde los sindicatos UGT y CCOO eran muy representativos ha desaparecido o se ha visto extremadamente reducido; así, por ejemplo, hace veintidós años la minería en España empleaba a unos doscientos mil trabajadores y hoy en día tan solo a unos diez mil. Por otro lado, la economía española ha ido abandonando la industria y la agricultura en beneficio del turismo y del sector servicios donde las empresas tipo son pequeñas y medianas, muchas de ellas de carácter familiar, donde la influencia de los sindicatos es escasa o nula existiendo además gran presencia de trabajadores autónomos en la economía general que no pertenecen ni se sienten vinculados por los acuerdos tomados en el seno de los sindicatos.


Por otro lado, en los veintidós años transcurridos desde la exitosa huelga general de 1988, los sindicatos UGT y CCOO han ido perdiendo influencia en numerosos sectores laborales como la administración (donde el sindicato profesional CSIF ha avanzado mucho en detrimento de estos sindicatos) y en los grandes almacenes (donde el sindicato más representativo es el FASGA). Esta pérdida de influencia sindical no se justifica solo en causas exógenas como es el nacimiento de nuevos sindicatos, muchos de ellos patrocinados por los propios empresarios, sino que también hay que buscarla en causas endógenas de los propios sindicatos como son los ritmos de vida de los dirigentes sindicales que, al haber transcendido a la prensa, han dado una pobre e incoherente imagen de lo que debe ser un líder sindical que lucha por los derechos de los trabajadores.


Otra causa que explicaría el fracaso de la pasada huelga general de Septiembre y la progresiva pérdida de representatividad de los sindicatos se encuentra en un mal hacer de los mismos que, en estas dos últimas décadas, se han preocupado más por satisfacer a los partidos políticos, de los que en no pocos casos han sido meras correas de transmisión propagandística, y por garantizarse sus subvenciones gubernamentales que en organizar una estrategia de defensa de los trabajadores ante las nuevas estratagemas capitalistas, lo que ha favorecido que una parte creciente de trabajadores prefieran sindicarse en la tradicional Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la cual por ejemplo es mayoritaria en el servicio metropolitano de Madrid, o en otros sindicatos de izquierda más pequeños, pero también más reivindicativos y coherentes.


Finalmente los sindicatos UGT y CCOO han pasado en los últimos veinte años de ser los sindicatos mayoritarios en toda la geografía española y en todos los sectores de producción económica a ser tan solo representativos en el sector industrial y no en todo él sino solo en los astilleros, en las divisiones españolas de las grandes empresas multinacionales como la automovilística y poco mas. Realmente este sector industrial es relativamente pequeño en nuestro país empleando directamente a un millón escaso de trabajadores.


Este retroceso en la presencia social tanto de la UGT como de CCOO y que apenas ha sido percibida por sus respectivas cúpulas sindicales es la que está detrás de el fracaso de la Huelga General del 29-S. Pero este fracaso no solo supone un fracaso de los sindicatos convocantes, sino que supone un fracaso para todos los trabajadores porque el hecho de que no se paralizara totalmente el país no solo justificará en el futuro la toma de medidas políticas tendentes a limitar el derecho sindical y que ya se vienen anunciando con una previa “denuncia pública” de los sindicatos, sino que permitirá tomar nuevas medidas antisociales y hacer nuevas reformas contra los trabajadores porque, al fin y al cabo, "ya nadie se movilizará" contra las mismas perfilándose como finalidad última de toda política y de toda economía la consolidación del neoliberalismo y la globalización en detrimento de los logros sociales conquistados por la clase trabajadora en estos últimos ciento cincuenta años y que terminarán siendo totalmente liquidados haciendo retroceder a la sociedad a los primeros años de la Revolución Industrial.


martes, 28 de septiembre de 2010

“LA NAVE DE LOS MUERTOS” de Bruno Traven

Aunque existen muchos autores literarios envueltos en el misterio no existe misterio literario que supere al de Bruno Traven, pseudónimo que esconde a un autor de nombre desconocido que a lo largo de su vida utilizó numerosos pseudónimos y que parece ser Ret Maruk, fundador, junto con Ernst Toller; de la efímera República Soviética de Baviera (1919).

Influenciado desde muy joven por la obra de Max Stirner, Bruno Traven comenzó su militancia anarquista publicando numerosos artículos periodísticos en la revista que fundó al efecto y que denominó “Der Zielgelbrenner” (“El Objetivo”). Anteriormente había combatido en la Primera Guerra Mundial y tras la misma, una vez fracasada la revolución alemana y condenado a muerte, se exilio en Méjico en el año 1923 donde empieza su producción literaria.

Siendo su novela más conocida “El Tesoro de Sierra Madre” por haber sido lleva al cine con gran éxito por John Ford y protagonizada por Humphrey Bogart, Traven tuvo una prolífica producción literaria entre la que destaca su novela “La Nave de los Muertos” recientemente publicada en España por la Editorial Acantilado.

“La Nave de los Muertos” de B. Traven es la segunda novela del autor, escrita en 1926 y ambientada tras los tratados de paz que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial. Narra las aventuras de Gerard Gales, un marinero norteamericano que abandonado en Amberes sin dinero ni documentación por el buque en el que servía se ve enfrentado sin éxito a toda la burocracia administrativa para intentar que le reconozcan una nacionalidad y le provean de la documentación necesaria para poder enrolarse en otro buque que le lleve a Nueva Orleans. Sin dinero, sin documentación y constantemente expulsado de los países en los que se encuentra por carecer de identificación, Gales se ve obligado a embarcarse en el “Yorikee” un buque más propio para el desguace que para surcar los mares.

Sirviendo el protagonista, Gerald Gales, como hilo argumental de la novela ésta se convierte en una acerada y directa crítica al mundo surgido tras la Gran Guerra con especial dedicación al capitalismo con sus condiciones laborales abusivas y al nacionalismo, reflejando el sentir de millones de seres humanos que, en virtud de los tratados de paz de 1919, se vieron desposeídos de toda nacionalidad y de todo derecho, convirtiéndose esta novela en una obra de plena actualidad al repetirse la misma situación setenta años después con la desintegración de la URSS.

A mayor redundancia, el propio título de esta novela de Traven “La Nave de los Muertos, hace referencia a una práctica fraudulenta muy utilizada en las dos primeras décadas del Siglo XX por no pocos navieros y consistente en mantener en servicio buques tan antiguos y tan decrépitos, que no tenían valor económico alguno, con la esperanza de que les ocurriera alguna desgracia en alta mar y así poder cobrar una suculenta indemnización por parte de las compañías aseguradoras. Dicha práctica fue la fortuna de no pocos banqueros cuyas familias hoy pasan por muy honorables y mecenas de las artes.

“La Nave de los Muertos” de Bruno Traven, no solo es una novela interesante y entretenida que mantiene al lector atento a sus páginas sino que además le hace reflexionar sobre unas prácticas económicas y sociales que poco o nada han evolucionado en los últimos ochenta años convirtiéndose en el prototipo de lo que será toda la producción literaria posterior de su autor en la que hay títulos, aún no publicados en España, tan significativos como “El General (Tierra y Libertad)” o “El Gobierno”. En definitiva, “La Nave de los Muertos” es otra obra literaria contemporánea que merece la pena leerse y analizarse tanto por su contenido como por el estilo literario utilizado por su autor. No en vano, cuando un periodista pregunto a Albert Einstein qué libro se llevaría a una isla desierta, éste le contesto: “Cualquiera, siempre y cuando sea de Bruno Traven”.

martes, 13 de julio de 2010

YA SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO... Y AHORA ¿QUE?

La selección española del fútbol, conocida como “La Roja”, aunque también se la podría llamar “La Azul” por ser de este color su segunda equipación, o, mejor y con más acierto, “La Tricolor” por ser tres los colores que lleva en la camiseta distribuidos en distintas proporciones (Rojo, Amarillo y Azul); ha ganado su primera Copa del Mundo después de que, hace dos años, ganase su segunda Copa de Europa despertando la alegría desbordada de muchos españoles.


Que “La Roja” haya ganado la Copa del Mundo, es una cosa que debe alegrarnos a todos, pero no por ello debemos de darle mayor importancia de la que estrictamente tiene porque si bien es cierto que, entre tanto paro y tanto agobio económico que afecta a millones de familias en nuestro país, este éxito puramente deportivo habrá permitido en no pocos casos la reconciliación con la esperanza y con la ilusión; no es menos cierto que los problemas reales que afectan al pueblo español no dejan de estar ahí y a ellos hay que hacerles frente con seriedad para solucionarlos de forma definitiva, no durmiéndonos en unos laureles que en ningún caso significan el súmmum de la realización colectiva o de la cohesión nacional.


No hay que olvidar que el día antes de que la Selección Española se alzase con el título de “Campeones del Mundo” y que, mediando uso y abuso de bebidas alcohólicas, se ondearan cientos de miles de banderas constitucionales e irrumpieran millones de ¡Vivas a España!, hubo en Barcelona una magna y nutrida manifestación de una porción importantísima de españoles que no se sentían ni se sienten amparados ni identificados con “esto”. Y por “esto” me refiero a la actual constitución del Estado Español y a su marco político e institucional.


Pretender elevar a victoria apoteósica el triunfo futbolístico de la Selección Española, es ocultar el hecho palpable e irrefutable de que estamos al borde del fracaso colectivo como unión de convivencia a consecuencia de un marco legal e institucional desbordado por la realidad social de todo un país que clama por un cambio, que no tiene por qué ser ni traumático ni liquidador de la unidad política e histórica de las Españas.


Es necesaria la reflexión serena de todos los españoles acerca de lo qué queremos ser y de donde queremos ir. Es ya imprescindible una reforma total del Estado que favorezca su reconversión en un estado federal, donde cada estado federado, dentro de sus límites territoriales, tenga capacidad legislativa y tributaria propia siendo, su lengua, su bandera y sus instituciones, los símbolos de España en tal estado a la vez que se declare irreversiblemente unido al resto de los pueblos ibéricos en la unión política, histórica y de convivencia de las Españas, aceptando, igualmente, unos símbolos comunes mínimos y consensuados.


Esta necesidad imperiosa y este anhelo popular de un cambio político e institucional resulta frenado y paralizado por la existencia, desde hace décadas, y a lo largo y ancho de toda la geografía española, de una casta dirigente de insaciables bolsillos, de estrechas miras y de aún más cortas ideas, que hacen del enfrentamiento y de la discordia su medio de vida a costa de los pueblos de las Españas. Así pues, es innegable, que esta reforma imprescindible del actual Estado Español (con el que cada vez menos individuos y menos colectividades se sienten identificados), que deberá ser radical, novedosa e imaginativa, solo podrá realizarse mediante el entendimiento de los pueblos y de los individuos dando la espalda y marginando a toda la casta política que nos oprime y que sobradamente ha demostrado su incapacidad, su egoísmo y/o su mala fe.


Este y no otro, será el verdadero y definitivo triunfo colectivo de los todos los españoles y que es superior a todas las Copas del Mundo: EL DESEO Y LA CAPACIDAD PARA ENTENDERSE.


lunes, 5 de julio de 2010

LOS SINDICATOS LIBRES Y EL CARLISMO

La reciente emisión en la Primera de Televisión Española de la serie “Ojo por Ojo” ha sacado a la luz, de una forma bastante distorsionada, un episodio de nuestra historia, que por desconocido no constituye una simple anécdota, cual fue la existencia de un tercer gran sindicato obrero, el llamado Sindicato Libre que, curiosamente nacido en el seno de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), pugnó con ésta y con la Unión General de Trabajadores (UGT) por crear un sindicalismo profesional que, alejado de todo sectarismo político, defendiera los derechos de los trabajadores sin interferencias partidistas.
Justificar a ambos lados
Los Sindicatos Libres tienen su origen en la línea editorial del semanario carlista catalán “La Trinchera” cuyas proclamas sociales, en contraste con el diario carlista “El Correo Catalán”, próximo a la línea política de Vázquez de Mella, tuvieron una excelente acogida en los círculos carlistas catalanes “El Porvenir”, “Crit de la Patria” y sobre todo “El Ateneo Obrero Legitimista” que empezaron a organizar diversas actividades de promoción de los trabajadores como una campaña de alfabetización mediante clases impartidas por militantes carlistas femeninas, las denominadas “Margaritas”.

En 1919, la consolidación de la revolución bolchevique, lleva a la Confederación Nacional del Trabajo y a la Unión General de Trabajadores a una progresiva radicalización política que les hace encauzar sus actividades más hacia lo meramente político que a lo social y laboralmente reivindicativo. Fue en este año de 1919, cuando se produce la creación, tras una reunión en el Ateneo Obrero Legitimista, del primer Sindicato Libre en Cataluña siendo elegido presidente Rafael Sales Amenós, que hasta ese momento había compaginado su militancia política en el Requeté de Barcelona con su militancia en el Sindicato de Comercio de la CNT.

De la creación de este Sindicalismo Libre fue debidamente informado S.M. Jaime III que en esos momentos, preocupado por la cuestión social, había obtenido de la CGT francesa su carnet sindical dando su aprobación e instando a todos los trabajadores, especialmente a los carlistas, a ingresar en las filas del Sindicato Libre.


De 1919 hasta 1922 los Sindicatos Libres fueron creciendo en militancia obrera, debido en gran medida a los deseos de muchos trabajadores de que existiera un sindicalismo socialmente reivindicativo, pero apartado de todo juego político o partidista, llegando a extenderse fuera de Cataluña por toda la geografía española, pero especialmente en la tradicional área de implantación del Carlismo (Euskalherria, Valencia, Aragón, Asturias…).

El nacimiento de estos sindicatos fue mal visto, no solo por la CNT que entendía que la existencia de un nuevo sindicato podía afectar a la unidad sindical, sino también por los sindicatos católicos estrechamente vinculados a la jerarquía eclesiástica que temían, no sin falta de razón, que los Sindicatos Libres les podrían restar militancia al ser más reivindicativos y presentar una línea de actuación más clara y coherente. Así pues, durante los primeros tres años de existencia, los Sindicatos Libres tuvieron que enfrentarse con la oposición eclesiástica pero, sobre todo, con la violencia ejercida contra ellos por los militantes de la CNT, que les llegó a provocar la muerte de 53 de sus dirigentes.


En torno a 1922, y ante la situación prerrevolucionaria que se vive en Cataluña debido a las huelgas y a los atentados anarquistas, comienza el declive de los Sindicatos Libres al ser estos infiltrados por agentes provocadores, en muchos casos procedentes del lumpen criminal, que pagados por el Gobierno Civil de Barcelona entonces en manos del General Martínez Anido y por la patronal se dedican al asesinato de militantes sindicales opuestos, todo ello para impedir cualquier unidad sindical enfrentando a unos obreros con otros. La patronal no solo incita a los Sindicatos Libres, a través de sus agentes infiltrados, a lanzarse a una campaña terrorista sino que, hábilmente, utiliza a estos y a la propia CNT para conseguir trabajadores en periodos de huelga, contratando a militantes del Sindicato Libre para que trabajen en momentos de huelgas convocadas por la CNT y contratando a militantes de la CNT para que hagan de esquiroles ante huelgas convocadas por los Sindicatos Libres.


En 1923, la infiltración de los Sindicatos Libres es tan grande y la situación en Cataluña tan grave debido al pistolerismo de unos y de otros que llega a estar amenazada la existencia misma de todo sindicalismo. Ante esta situación el dirigente de la CNT y anarco-sindicalista, Ángel Pestaña, siempre opuesto al empleo de la violencia por parte del sindicato anarquista, viaja a Francia para entrevistarse con S.M. Jaime III a quién aporta pruebas de la infiltración de los Sindicatos Libres por parte del gobierno y de la patronal, ordenando don Jaime la disolución de los Sindicatos Libres aunque sólo consigue que los militantes Carlistas se aparten de los mismos y dejen de colaborar con ellos, refugiándose el sindicalismo carlista desde ese momento y hasta 1937 en el llamado Movimiento Obrero Tradicionalista (MOT).


Tras el golpe de estado de Primo de Rivera en Septiembre de 1923, el general Martinez Anido es elevado al Ministerio de Gobernación. A partir de ese momento el gobierno prohíbe la CNT y se apoya en la socialista UGT como entidad colaboradora para controlar al movimiento obrero. Por su parte los Sindicatos Libres, ya sin el apoyo de los carlistas, empiezan su declive a pesar de su fusión con los sindicatos católicos languideciendo, siempre dirigidos por Rafael Sales (que al no cumplir las órdenes de don Jaime de dejar de colaborar con los Sindicatos Libres es expulsado de la disciplina carlista), hasta la proclamación de la II República en el que reaparecen como un sindicato vinculado a la CEDA.

En definitiva, los sindicatos libres fueron unos sindicatos cuya intención era crear un sindicalismo profesional para la defensa exclusiva de los intereses de la clase trabajadora por ella misma, que superase las divisiones estériles producidas por las aspiraciones políticas de convertir las organizaciones obreras en correas de transmisión de estrategias partidistas diseñadas desde fuera al servicio de metas ideológicas que no tenían porque representar al conjunto de la clase obrera, teniendo en la fundación de los mismos una notable importancia e influencia el carlismo, pero al no ser jamás un sindicato propiamente carlista (tal cosa iría incluso contra sus intenciones de ser un sindicato libre) admitía trabajadores de cualquier procedencia siendo relevante la procedencia cenetista de muchos de sus dirigentes y primeros afiliados. Los Sindicatos Libres sufrieron la infiltración de elementos provocadores tanto del gobierno como de la patronal y cuando S.M. Jaime III instó, tras su entrevista con Ángel Pestaña, su disolución, la misma no se llevó a cabo porque no eran propiamente sindicatos carlistas, aunque no obstante, al conseguirse que los militantes carlistas se alejaran y dejaran de colaborar con ellos dichos sindicatos empezaron un declive que provocó primero su fusión con el sindicalismo clerical y posteriormente su sometimiento político a la CEDA.

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