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lunes, 26 de marzo de 2012

29 DE MARZO: HUELGA GENERAL


“El Chouan Ibérico” se suma y desea dejar patente su apoyo a la Huelga General convocada por distintas organizaciones y sindicatos para protestar contra la reforma laboral aprobada por el actual Gobierno presidido por el Señor Mariano Rajoy.


Muchas son las cuestiones y dudas que nos abordan cuando leemos el nombre de algunos sindicatos y organizaciones convocantes de esta huelga, pero ante la creciente ola de recortes que desde las instituciones financieras y políticas mundiales y europeas están siendo impuestas a los trabajadores españoles en particular y europeos en general y que amenazan con acabar con los logros de ciento cincuenta años de lucha del movimiento obrero, no podemos distraernos en discusiones estériles sobre momentos, estrategias y objetivos a alcanzar y simplemente solicitamos a nuestros lectores que, el próximo día 29 de Marzo del 2012, se sumen a la Huelga General.


Aunque convocada “contra la reforma laboral” esta Huelga General es contra la política restrictiva de derechos fundamentales y de recortes sociales que está desarrollando el actual gobierno popular por lo que no puede ni debe tener la escasa incidencia social que tuvo la huelga convocada el 29 de Septiembre del 2010 contra la reforma de las pensiones de jubilación aprobada por el gobierno socialista porque, de no conseguir la total paralización del país, el actual gobierno se sentiría con las manos libres para aplicar todo tipo de recortes sociales que, en definitiva, significarían la liquidación de todos los derechos que los trabajadores han obtenido con su sudor y con su sangre en siglo y medio de lucha.


Por todo ello:


EL 29 DE MARZO: ¡¡¡TODOS A LA HUELGA!!!


lunes, 13 de junio de 2011

LA SOCIEDAD QUE SE ESTÁ FORJANDO

Por muchos motivos no hay mejor tiempo para reflexionar que los tiempos de crisis y ello por numerosas causas. En primer lugar porque la reflexión es una forma económica de pasar el tiempo y en segundo lugar porque en los tiempos críticos la realidad se nos aparece desnuda y sin abalorios decorativos indicándonos los errores cometidos en el pasado y abriéndonos los ojos ante el futuro que nos puede esperar en caso de perseverar en esos errores.

Una de estas reflexiones que surgen a tenor de los malos tiempos que vivimos es sobre la sociedad que se está construyendo y que lejos de indicar un avance de la humanidad, más parece retrotraernos a tipos de sociedad en principio ya superados.


La sociedad imperante en occidente durante el pasado fue sin ningún género de dudas una sociedad en la que existían clases claramente diferenciadas por el poder adquisitivo y nivel de vida de los individuos que las integraban, así existía una clase alta capitalista y una clase baja proletaria hasta que el avance del tiempo hizo surgir una tercera clase fundamental en la sociología europea contemporánea cual fue la clase media, integrada ésta por individuos que sin llegar a ser grandes propietarios ni poseedores de grandes fortunas disponían de pequeñas y familiares propiedades. A pesar de las carencias que presenta la sociedad de clases y las teorías existentes sobre ella, desde la teoría de la lucha de clases hasta la teoría de colaboración entre ellas, lo cierto es que este tipo de sociedad parece totalmente superada en el momento presente.


En la actualidad, ante una inexistente sociedad civil y una omnipresencia de la administración estatal y de la economía en todos los ámbitos de la vida humana, la sociedad de clases en occidente parece encaminarse hacia su desaparición en favor de una sociedad de tipo neoestamental.


La Sociedad de Clases se diferencia de la Sociedad Estamental en que la primera esta constituida por clases abiertas, es decir un individuo puede abandonar una clase para integrarse en otra ascendiendo o descendiendo en la escala social mientras que la Sociedad Estamental esta integrada por agrupaciones o estratos cuasi cerrados a los que se accede por causas tasadas o “numerus clausus” (nacimiento, compra de cargos, matrimonio, concesión, etc…). Por otra parte las clases en la sociedad de este nombre tienen su origen en el interés económico de los individuos que las integran mientras que los estamentos existen en base a una predeterminada función que sus miembros desarrollan en la sociedad o en el estado.

Si bien se observa, en la configuración de la sociedad actual ya se vislumbran tales estamentos que, como los antiguos, tienen sus correspondientes y características prebendas y privilegios. Así, se puede llegar a vislumbrar el estamento ejecutivo, que ha adquirido una identificación plena y total con el estado y que se encuentra integrado por todos aquellos individuos que, con mayor o menor responsabilidad, desempeñan cargos políticos en las estructuras estatales y supra estatales aunque tan solo sean representativos; inmediatamente, por debajo de este estamento ejecutivo, se encuentra el estamento administrativo formado por todos aquellos individuos dedicados a que la maquinaria administrativa del estado funcione y por cuantas personas tienen por función defender al estado frente a cualquier perturbación interior o exterior y, junto a los anteriores estamentos no estando precisamente por debajo de ellos, también se distingue un estamento económico y financiero formado por todas aquellas personas que se dedican a la gran economía siendo característico este estamento el subdividirse en clases (no estamentos) como la de “propietarios de los medios de producción”, que son los propietarios de las empresas y los que se reparten sus beneficios, los “técnicos” que son los encargados de administrar las empresas y mantener el funcionamiento y la productividad de las mismas siendo excelentemente retribuidos por ello y, por último, los trabajadores, que yendo y viniendo, siendo contratados y despedidos; prestan sus servicios en las mencionadas empresas según las correspondientes necesidades de las mismas en cada momento concreto. En el último escalón estamental, se perfila la existencia de un estamento que en su momento fue denominado por Jack London como “El Pueblo del Abismo” y que estaría integrado por todos los demás individuos que no forman parte de ninguno de los anteriores y que se caracterizaría por llevar una vida de total precariedad en todos los aspectos siendo la mera subsistencia diaria el mayor logro al que puedan aspirar. De este último estamento, de este “Pueblo del Abismo”, saldría la clase que prestaría los servicios imprescindibles para el funcionamiento de las empresas del estamento económico constituyendo la retribución mínima y esporádica que percibieran por su trabajo su “privilegio” característico casi equivalente al feudal pacto de vasallaje.


Por otra parte la existencia de privilegios que también definen los estamentos que están surgiendo en esta futura sociedad neoestamental cada vez son más evidentes, así el estamento ejecutivo (los políticos) tienen asegurado el resto de su vida con pensiones vitalicias y blindajes jurídicos que impiden que se les pueda exigir responsabilidades, el estamento administrativo (los funcionarios civiles y militares) tienen asegurado su puesto de trabajo del que difícilmente pueden ser removidos o despedidos por lo que tienen asegurado un salario mayor o menor, según la escala que ocupen en la administración, para toda su vida y el estamento económico (grandes empresarios y financieros) tienen el privilegio de ser soberanos en el manejo de sus negocios sin tener que rendir cuentas a nadie pudiendo disponer, cada vez más, a su antojo de la vida de los trabajadores que precisen elevándolos ligeramente desde el último estamento o dejándolos caer en la sima del “Pueblo del Abismo”.


Así pues, esta es la realidad social que amenaza con imponérsenos ante nuestros propios ojos mientras que muchos continúan, romántica y revolucionariamente, anclados en pretensiones y conceptos cada vez más alejados de la realidad al pretender acabar con una sociedad de clases que se está viendo progresivamente sustituida por una “Sociedad Neoestamental” cerrada y altamente represiva.


miércoles, 30 de marzo de 2011

HABÉIS OÍDO QUE SE DIJO... PERO YO OS DIGO...

Aquel Maestro, llamado Jesús de Nazaret, enseñaba con autoridad propia. No dependía de los dichos de los sabios, ni de los escribas. Se atrevía a ir más allá de ley judía, llevándola a su radicalidad, con lo que la trascendía. Rompía su esquema retributivo y se situaba en otra esfera. Se dijo “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Yo, en cambio, os digo: “Amad a vuestro enemigos”. La ley del talión, el ojo por ojo y diente por diente, resulta desbordada.


¿Los seguidores de Jesús habremos de poner la otra mejilla, tendremos que renunciar a hacer frente a quien nos agravia, nos estará vedado el resistir al mal?. Y aquí los exégetas empiezan a discutir, a razonar sobre lo que dijo o quiso decir, sobre si la traducción es fiel a las palabras recogidas por el evangelista. ¿Dónde quedaría la justicia o la legítima defensa?... Lo que realmente rompen las palabras de Jesús es la distinción opositora entre los míos y los otros, entre los amigos y los enemigos. A los nuestros los calificamos de buenos, de los extraños solemos sospechar su maldad. Cuando ocurre un crimen en un lugar, lo primero que dicen las gentes, es si habrá sido alguien que vino de fuera. Y recelamos de forasteros y extranjeros, sobre todo si son pobres. El horror nos paraliza y angustia, si resulta que el criminal es alguien de dentro, de nuestro pueblo, de nuestra casa.


El mal moral existe, producido por los seres humanos, desde los principios de la historia. Hoy lo seguimos cometiendo en formas mucho más refinadas y agigantadas. Y todo mal tiene autor o autores, a menudo cómplices, y siempre víctimas. El sufrimiento de las víctimas clama al cielo y golpea a toda conciencia recta. No podemos permanecer impasibles ante ese llanto, ante esas heridas físicas o morales. Hemos de atender, consolar, cuidar a las víctimas. Pero más aún: hemos de tratar de impedir que ese daño se siga produciendo. No podemos callar, ni mirar hacia otro lado, aunque no hayamos participado en la comisión inicial, nuestro silencio cobarde, nuestro pasotismo inmoral nos convertiría en cómplices. La exigencia de verdad ante las injusticias, ante los crímenes, ante las violaciones de Derechos Humanos es el primer escalón de la justicia.


Luego viene el deber de reparar el daño causado. La impunidad del mal es el mejor caldo de cultivo para que se siga produciendo. Cuando alguien atropella, arrasa, esclaviza, violenta a otros seres humanos, los emplea de instrumento para conseguir sus fines, la equidad exige que repare, en lo posible, el daño causado. Pero, ¿quién puede devolver la vida a los asesinados, quién podrá secar las lágrimas de las víctimas, quién podrá restituir el honor a los vilipendiados?. Los vencidos no suelen tener más consuelo que el recobrar la memoria de la injusticia cometida, pero la historia suele estar escrita por los vencedores o por mercenarios a su servicio. La reparación sería el segundo escalón para una justicia humana. Lo difícil es no traspasar la línea tenue que separa la justicia de la venganza. En ese sentido, la ley del talión representó un avance histórico: una cierta proporción entre el daño causado y la pena impuesta por él. Era la familia, el clan de los agraviados, quienes la aplicaban. El derecho de las víctimas a juzgar y castigar a los ofensores fue universal, cuando podían ejercerlo.


Un paso siguiente en el avance civilizador fue la exigencia de que no se podía ser juez y parte al mismo tiempo. El juzgador debía ser imparcial, alguien ajeno a la víctima y al ofensor. Los jueces eran elegidos por la comunidad o designados directamente por quien ejercía el poder político. Las reglas reguladoras de la pena podían seguir siendo las mismas: el ojo por ojo. Claro que con la invención del dinero podía convertirse en pecuniaria. Y se dio con frecuencia una tasación en función de la calidad de la víctimas: cuando la víctima era un notable, la sanción era mucho más elevada que cuando se trataba de un villano.


Otro avance de calado mucho mayor se produjo cuando se introdujo la distinción entre el crimen involuntario, la culpa objetiva, de aquel provocado con intencionalidad. A lo hora de juzgar, la apreciación de lo que hoy llamamos circunstancias agravantes, atenuantes y eximentes condujo a un aquilatamiento mucho más equitativo de la responsabilidad. Y otra conquista fue la superación de la responsabilidad familiar o colectiva. Ni los descendientes, ni el clan fueron ya sancionados por delitos cometidos por un antecesor u otros miembros de la comunidad.


En el mundo occidental, la llegada de la modernidad se tradujo en este campo en tres conquistas: la exigencia de la tipificación previa del delito en una ley o código; las garantías jurídicas en el proceso penal para evitar la comisión de arbitrariedades, con la presunción de inocencia de todo acusado y su derecho a un abogado defensor. Y recaída la pena, la superación de ésta como mero castigo o efecto disuasorio en la sociedad, para tratar de conseguir a través de ella, un efecto rehabilitador en la persona del delincuente. Varias críticas pueden hacerse hoy a la práctica penal y penitenciaria: la pervivencia de la pena muerte (esa forma de asesinato legal) en varios Estados; el olvido muchas veces de las víctimas; el escaso efecto rehabilitador de las sanciones: y la discriminación real, en función de la clase social o etnia, en el castigo de los delitos.


Desgraciadamente, se sigue dando la impunidad en delitos cometidos directamente por el propio poder político o por bandas delictivas, con cierto apoyo social. La llamada razón de Estado juega en estos casos para favorecer la no persecución de estos crímenes. La negativa de Estados poderosos a aceptar la jurisdicción del Tribunal Internacional de Justicia es el ejemplo más grave de la arrogancia de quienes se sitúan por encima de las leyes. Pero hay otras prácticas muy graves que lesionan Derechos Fundamentales de las personas, amparadas por los ordenamientos jurídicos que están condenando a millones de seres al hambre, la sed, la enfermedad, al destierro, en definitiva; a la muerte.


¿Cuál debe ser la conducta de los seguidores de Jesús ante esta realidad tan dramática?. Es ineludible que resistamos al mal, lo mismo que cualquier persona honesta, sean cuáles fueren sus creencias o increencias, con ellas y codo a codo con ellas. Cerrar los ojos y los oídos ante el sufrimiento de tantos hermanos es injusto, nos convierte en cómplices del mal. Claro que una resistencia que incremente el dolor de otras personas no puede ser legítima. La violencia, el devolver mal por mal, la venganza, aparte de incrementarlo, no resuelve el problema. Existen formas de resistencia no-violenta, algunas de ellas ya probadas en la historia, que deben utilizarse. Tienen sus riesgos indudables, desconocerlo sería suicida. Exigen superar el propio miedo y enfrentarse cara a cara con los malhechores, denunciar sus abusos, negarse a consentir sus desmanes...


Pero las palabras inquietantes de Jesús nos piden bastante más. Amar a los enemigos nos sitúa en otro nivel, más allá del estrictamente retributivo. Para ello, tenemos que renunciar a juzgar, no podemos conocer el interior de las personas. Hay resistir al mal, pero reprimiendo el afán de convertirnos en enemigos de quienes lo cometen. Para ello, hemos de reconocer el mal que existe en nuestro interior, el daño que también nosotros hemos cometido contra nuestros prójimos. Y al sabernos perdonados por el Amor incondicional nos ayudará a dar nuestro perdón. Como decían las líneas finales, dirigidas a quien le iba a asesinar, en la carta póstuma del superior de los monjes asesinados en Argelia, recogida en la película “De dioses y hombres”: “Y a ti, también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías. Sí, para ti también GRACIAS y este A-DIOS en cuyo rostro te contemplo y que nos sea concedido reencontrarnos como ladrones felices en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío”. Sí, son las palabras de nuestro Hermano mayor en la Cruz :”Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Pedro Zabala


miércoles, 23 de marzo de 2011

LA CRISIS LIBIA: PRUEBA DE LA CRISIS ÉTICO-MORAL DE OCCIDENTE

La noche del pasado 20 de Marzo, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) iniciaba los ataques aéreos en Libia contra el ejército de Moamar El Gadafi, con la justificación de proteger la vida y los derechos humanos de aquella parte de la población de la Cirenaica que se sublevó contra el tirano de Trípoli hace dos meses.

Moamar el Gadafi es un personaje político lleno curiosidades que demuestran, como poco, las contradicciones de quienes ahora le bombardean. Así en los años ochenta del siglo pasado fue calificado por la administración norteamericana como “el perro loco de Oriente Medio”, bombardeado por los Estados Unidos en 1986 fue estigmatizado por toda la Comunidad Internacional hasta que a finales del siglo pasado y tras mediar el atentado terrorista del vuelo 103 de la Pan Am que explotó en el aire sobre la localidad británica de Lockerbie, paso a ser recibido amistosamente por todos los cancilleres europeos a cuyos países empezaba a suministrarles petróleo y gas natural.


Según datos públicos y publicados hace años, desde que llegara al poder en 1969, El Gadafi, ha gobernado Libia con mano de hierro, sin respeto alguno a los más elementales derechos humanos y ha favorecido la acción de diversos y variopintos grupos terroristas en terceros países aunque parece ser que es ahora, en el año 2011, cuando Occidente se ha dado cuenta de que “el señor de la guardia amazónica” es un cruel tirano.


Así pues, los europeos no podemos salir de nuestro asombro: si hoy Gadafi es un criminal y un dictador, también lo sería en el año 2001 cuando, conociéndose su implicación en el atentado terrorista de Lockerbie de Diciembre de 1988, obviando este tema y olvidándose occidente de aquello de que “no se negocia con terroristas”; se le recibía con grandes honores por todas las instituciones y gobiernos europeos. Entonces ¿Por qué es ahora cuando Europa y Estados Unidos se enteran de que el régimen libio esta violando los derechos humanos?.


Aunque a la opinión pública se le ha vendido los bombardeos como una “acción humanitaria” la única razón lógica para los mismos es el deseo de estabilizar y pacificar Libia porque la sublevación de los libios contra el régimen de Gadafi ha desestabilizado gravemente un país exportador de petróleo y de gas natural lo que ha originado la subida de los precios de estos productos en el mercado internacional agravando la crisis económica y dificultando la salida de la misma. Esa es la única explicación lógica a los bombardeos, porque si Gadafi hubiera controlado inmediatamente la situación, aunque hubiera desplegando toda la crueldad imaginable contra sus compatriotas, occidente jamás habría intervenido contra él e incluso aun le seguiría riendo las gracias.

En la actual crisis de Libia merece especial mención la actitud de la casta política española y concretamente la de su gobierno porque toda la que disfruta de representación parlamentaria comparte con sus homólogos europeos la indignidad y la vergüenza de haber compartido mesa y mantel con el dictador africano y si bien es cierto que Gadafi regaló en el año 2003 un bello caballo árabe al entonces presidente del gobierno, José María Aznar (el de la guerra de Irak), el actual gobernante de este país nuestro que cada vez se asemeja más a un cortijo, José Luis Rodríguez Zapatero (el de el No a la Guerra de Irak) le permitió plantar su “jaima” en los jardines del Palacio de la Moncloa en el 2007 prebenda jamás reconocida a ningún otro mandatario extranjero.

No obstante, si toda la casta política española (salvo la honrosa posición de don Gaspar Llamazares y de los dos diputados del Bloque Nacionalista Galego) esta sumisa y repugnantemente de acuerdo con la participación de nuestro ejército en las acciones militares contra el régimen libio, solo de nauseabunda debe calificarse la actitud del gobierno socialista que preside el señor Rodríguez Zapatero.


En primer lugar, el Señor Rodríguez Zapatero ha puesto de manifiesto que en esta España nuestra todo vale para estar o seguir en política y que se pude alcanzar el poder sin tener principio alguno. Así, este espécimen representativo de nuestra casta política ha demostrado que el estar a favor o en contra de una guerra depende de la rentabilidad política que se pueda sacar en cada momento demostrándose una vez más que se podía estar a favor de la guerra contra Irak en 1991, cuando mandaba su partido, en contra de la guerra contra Irak en el 2003, cuando mandaba el partido contrario y, finalmente a favor de los bombardeos contra Libia cuando el dueño del cortijo es él. Por otra parte ¿Qué se puede esperar de un partido político que entre sus muchas sombras tiene el haber pasado del “No a la OTAN” al “Sí a la OTAN”, pasando por aquel “OTAN, de entrada No”?.


En segundo lugar el Señor Rodríguez Zapatero ha pretendido hacer gala durante su largo mandato de que él siempre pediría autorización del Congreso de los Diputados para desplegar tropas en el exterior. No obstante, es de aclarar para los que seguramente no se han dado cuenta de que una autorización siempre es anterior a la toma de una decisión o a la ejecución de una acción y, en el presente caso, primero se ha tomado la decisión, luego se ha puesto en práctica la misma ordenando el despliegue de tropas y finalmente se ha ido al Congreso de los Diputados no a pedir autorización, sino a solicitar la convalidación de la decisión tomada, lo que constituye una evidentemente tomadura de pelo a todo el pueblo español.


Por otra parte, el señor Presidente del Consejo de Ministros, don José Luis Rodríguez Zapatero, no puede ampararse en los compromisos adquiridos por España con sus supuestos aliados porque hay que recordarle que, de entre esos aliados, Alemania se ha desmarcado de las acciones militares y en las mismas no participan ni Grecia ni Portugal, países estos que están atravesando una grave crisis económica solo equiparable a la que sufre España. En este sentido es de indicar que el mismo gobierno que para combatir la crisis económica y reducir el gasto público ha congelado las pensiones de nuestros jubilados y ha limitado la velocidad máxima por autopista a 110 Km/h a fin de ahorrar combustible ahora no le preocupa ni la crisis, ni el gasto público, ni el ahorro de combustible y despliega un submarino, un buque de superficie y cuatro cazas F-18 al mediterráneo con el coste que eso significa tanto en dinero como en consumo de combustible. Es decir, se nos dice que no hay dinero para prestaciones sociales, pero sí para participar en guerras que ni han sido declaradas ni son defensivas.

En definitiva, la actual crisis libia y los bombardeos contra Gadafi evidencian la debacle ética y moral de Occidente en general y de España en particular que se manifiesta en la hipocresía, en la falsedad, en la doble vara de medir y en el desprecio hacia los gobernados que ejerce la casta política europea y española y, también, en la indiferencia, pasividad y sumisión con la que dichos gobernados acogen los dictados de sus gobernantes.

martes, 9 de noviembre de 2010

TRES GENERACIONES

A pesar de que el título evoca una conocida litografía del pintor y dibujante Carlos Sáinz de Tejada y Lezama (1897-1958) no han de esperar nuestros lectores un estudio sobre la vida y obra del mencionado artista porque con el título que hemos dado a este artículo, vamos a analizar con tristeza pero también con algo de ironía el carácter de una generación pasada, otra presente y otra que ha de venir que han sido perfiladas por las condiciones políticas y económicas que se han dado en nuestro país en los últimos setenta y cinco años marcando cada una de ellas en gran medida el destino de la siguiente.


Si en sociología se conocen a escala mundial entre otras muchas la “Generación X”, integrada por individuos nacidos entre 1970 y 1981 y la “Generación Y” formada por los nacidos entre 1982 y 1992, en España se podría hablar peculiarmente de la “Generación Si-Si”, de la “Generación Ni-Ni” y de la “Generación Sin-Sin”.


La primera de estas generaciones, es una generación ya pasada o que está a punto de extinguirse. Esta generación, que denominaremos “Generación Si-Si”, estaría integrada por individuos nacidos poco antes de 1936 y que adquirieron su madurez durante el franquismo y los primeros años de democracia. La característica de esta generación fue el sometimiento impuesto a la autoridad que no engendró en ellos pasividad ni rebeldía sino simplemente obediencia a los dictados del poder que les llevó a ser, al mismo tiempo y sin ser conscientes de ello, puntal del régimen franquista y ariete contra el mismo. Esta obediencia al poder se plasma en los resultados de los seis plebiscitos habidos en España entre 1947 y 2005 (Referendum de 1947 sobre la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, Referendum de 1966 sobre la Ley Orgánica del Estado, Referendum de 1976 sobre la Ley de Reforma Política, Referendum de 1978 para la ratificación de la Constitución Española, Referendum de 1986 sobre la permanencia de España en la OTAN y Referendum de 2005 sobre la Constitución Española) donde los distintos gobiernos (incluso regímenes políticos) solicitaron y obtuvieron el voto afirmativo de los ciudadanos a pesar de que en muchos de estos referéndums votaba la misma base social y se pretendían resolver cuestiones antagónicas.


De las respuestas afirmativas que los ciudadanos españoles han dado en todas estas consultas tendría su origen el nombre de “Generación Sí-Sí” ya que “Sí” era siempre la respuesta de los ciudadanos españoles a las preguntas formuladas en los referéndums por las autoridades gubernativas, siendo extremadamente curioso que en ninguna de las seis consultas plebiscitarias saliera un resultado contrario a lo solicitado por el gobierno de turno, lo que demuestra que esta generación de españoles no tenía más opinión ni más criterio que el que se marcaba desde el poder.


La “Generación Sí-Sí”, tuvo un desarrollo afortunado: consiguió acceder a la formación universitaria, al mundo laboral y constituir una numerosa Clase Media hasta entonces inexistente en España rehusando, al mismo tiempo, todo conflicto con las estructuras de poder e inculcando en la generación siguiente el no compromiso con causa alguna y el acomodo a las circunstancias políticas y económicas existentes.


De la “Generación Sí-Sí” y como consecuencia de ésta surge la actual “Generación Ni-Ni”, jóvenes entre dieciocho y treinta años que NI estudian, NI trabajan. El hecho generador de la “Generación Ni-Ni” es la transformación del mundo bipolar existente durante la llamada “Guerra Fría” en un mundo globalizado donde los estudios no garantizan el acceso al mundo laboral y la economía busca la competividad mediante el ahorro en costes sociales y la sobreexplotación de los recursos naturales unido, todo esto, a una alteración axiológica donde priman las actividades lúdicas y el hedonismo sobre los valores asentados sobre el sacrificio y el esfuerzo.


La “Generación Ni-Ni”, no es un fenómeno que rompe con la generación anterior, la “Generación Si-Si”, sino que es consecuencia de la misma porque los jóvenes Ni-Ni no hacen nada más que seguir el camino sugerido por la “Generación Si-Si” de no rebelarse contra nada y acomodarse a las circunstancias actuales que son diferentes a la de la generación antecedente. Así, cuando los estudios no garantizan nada y cuando el acceso al mundo laboral es muy difícil y, en cualquier caso, dicho acceso no asegura la adquisición de bienes básicos como la vivienda, surge la cuestión: ¿Para qué estudiar o para qué trabajar?. Considerando que muchos jóvenes Ni-Ni forman parte de familias de clase media y alta y que no les faltan los medios económicos para acceder al ocio, la “Generación Ni-Ni” no hace otra cosa diferente a la “Generación Sí-Si”, simplemente se acomoda a las circunstancias y vive refugiada al amparo familiar (al igual que la “Generación Sí-Sí” vivía amparada a la autoridad gubernativa a cambio de su sometimiento a la misma) que no solo satisface las necesidades básicas sino que les permite acceder a las refinadas formas de ocio existentes en nuestra sociedad.


Tanto la “Generación Si-Si”, como la “Generación Ni-Ni”, son modelos generacionales deseados y deseables por la autoridad porque con su acriticismo, pasividad y acomodamiento no cuestionan la autoridad y favorecen la estabilidad política presente a la vez que preparan el advenimiento de una última generación que en principio pudiera ser mucho más incómoda para los gobiernos y que sería la “Generación Sin-Sin”.


La “Generación Sin-Sin” está aún por venir pero ya se pueden vislumbrar sus características. Será la generación que vivirá los últimos tiempos del “Estado del Bienestar” y que no tendrá asegurado nada. Se denominará “Generación Sin-Sin” porque será una generación que verá notablemente mermados los derechos sociales de los que han gozado las generaciones anteriores, tendrá una peor calidad de vida y posiblemente carezca de poder adquisitivo, es decir, será una generación SIN derechos sociales y SIN una calidad de vida aceptable. No obstante la herencia acrítica y conformista dejada por la “Generación Si-Sí” y por la “Generación Ni-Ni” mantendrá mansos y pusilánimes a los integrantes de esta “Generación Sin-Sin” permitiendo al poder político y económico reducirles a lo que el eminente escritor Jack London denominó “Pueblo del Abismo”: una masa embrutecida que se conforma con lo mínimo para satisfacer sus necesidades más primarias.


martes, 5 de octubre de 2010

LOS TRABAJADORES NOS PODEMOS IR PREPARANDO

Hace menos de una semana, el pasado 29 de Septiembre del 2010, tuvo lugar en España una Huelga General, convocada conjuntamente por la “Unión General de Trabajadores” (UGT) y por “Comisiones Obreras” (CCOO), contra la reforma laboral, la congelación de las pensiones y los demás recortes sociales aprobados por el gobierno socialista en un desesperado esfuerzo por mitigar la crisis económica que padecemos.


El seguimiento de dicha huelga general fue, como poco, moderado distando mucho de lograr la total paralización del país tal y como se consiguió, hace veintidós años, con la histórica huelga del 14 de Diciembre de 1988, por lo que, considerando además los duros recortes contra los que se hacía la convocatoria, solo puede concluirse con que el resultado de la Huelga General del 29 de Septiembre del 2010 constituye un enorme fracaso fruto de la suma de diversas causas que debieran hacernos reflexionar a todos y especialmente a los propios sindicatos convocantes.


En primer lugar las condiciones socio-económicas de hoy no son las mismas que en los tiempos de la huelga del 14 de Diciembre de 1988 porque en los veintidós años transcurridos, el gran sector público donde los sindicatos UGT y CCOO eran muy representativos ha desaparecido o se ha visto extremadamente reducido; así, por ejemplo, hace veintidós años la minería en España empleaba a unos doscientos mil trabajadores y hoy en día tan solo a unos diez mil. Por otro lado, la economía española ha ido abandonando la industria y la agricultura en beneficio del turismo y del sector servicios donde las empresas tipo son pequeñas y medianas, muchas de ellas de carácter familiar, donde la influencia de los sindicatos es escasa o nula existiendo además gran presencia de trabajadores autónomos en la economía general que no pertenecen ni se sienten vinculados por los acuerdos tomados en el seno de los sindicatos.


Por otro lado, en los veintidós años transcurridos desde la exitosa huelga general de 1988, los sindicatos UGT y CCOO han ido perdiendo influencia en numerosos sectores laborales como la administración (donde el sindicato profesional CSIF ha avanzado mucho en detrimento de estos sindicatos) y en los grandes almacenes (donde el sindicato más representativo es el FASGA). Esta pérdida de influencia sindical no se justifica solo en causas exógenas como es el nacimiento de nuevos sindicatos, muchos de ellos patrocinados por los propios empresarios, sino que también hay que buscarla en causas endógenas de los propios sindicatos como son los ritmos de vida de los dirigentes sindicales que, al haber transcendido a la prensa, han dado una pobre e incoherente imagen de lo que debe ser un líder sindical que lucha por los derechos de los trabajadores.


Otra causa que explicaría el fracaso de la pasada huelga general de Septiembre y la progresiva pérdida de representatividad de los sindicatos se encuentra en un mal hacer de los mismos que, en estas dos últimas décadas, se han preocupado más por satisfacer a los partidos políticos, de los que en no pocos casos han sido meras correas de transmisión propagandística, y por garantizarse sus subvenciones gubernamentales que en organizar una estrategia de defensa de los trabajadores ante las nuevas estratagemas capitalistas, lo que ha favorecido que una parte creciente de trabajadores prefieran sindicarse en la tradicional Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la cual por ejemplo es mayoritaria en el servicio metropolitano de Madrid, o en otros sindicatos de izquierda más pequeños, pero también más reivindicativos y coherentes.


Finalmente los sindicatos UGT y CCOO han pasado en los últimos veinte años de ser los sindicatos mayoritarios en toda la geografía española y en todos los sectores de producción económica a ser tan solo representativos en el sector industrial y no en todo él sino solo en los astilleros, en las divisiones españolas de las grandes empresas multinacionales como la automovilística y poco mas. Realmente este sector industrial es relativamente pequeño en nuestro país empleando directamente a un millón escaso de trabajadores.


Este retroceso en la presencia social tanto de la UGT como de CCOO y que apenas ha sido percibida por sus respectivas cúpulas sindicales es la que está detrás de el fracaso de la Huelga General del 29-S. Pero este fracaso no solo supone un fracaso de los sindicatos convocantes, sino que supone un fracaso para todos los trabajadores porque el hecho de que no se paralizara totalmente el país no solo justificará en el futuro la toma de medidas políticas tendentes a limitar el derecho sindical y que ya se vienen anunciando con una previa “denuncia pública” de los sindicatos, sino que permitirá tomar nuevas medidas antisociales y hacer nuevas reformas contra los trabajadores porque, al fin y al cabo, "ya nadie se movilizará" contra las mismas perfilándose como finalidad última de toda política y de toda economía la consolidación del neoliberalismo y la globalización en detrimento de los logros sociales conquistados por la clase trabajadora en estos últimos ciento cincuenta años y que terminarán siendo totalmente liquidados haciendo retroceder a la sociedad a los primeros años de la Revolución Industrial.


martes, 14 de septiembre de 2010

REFORMA LABORAL Y HUELGA GENERAL

La grave crisis económica que padecemos ha hecho que el gobierno socialista tome unas medidas que, no siendo ni las únicas ni las mejores que podían adoptarse, hacen recaer exclusivamente sobre las espaldas de los trabajadores las consecuencias de la misma.


Como ya dijimos en su momento, una crisis económica no es más que una manifestación de darwinismo que significa un reajuste en la economía y en los mercados eliminando a las empresas que, por una falta de adaptación a las circunstancias, dejan de ser competitivas; por lo que no es justo hacer recaer en los trabajadores, marginados no solo de la participación en los beneficios durante los tiempos de bonanza económica sino también de toda participación en la estructuración y planificación del modelo productivo, la responsabilidad de salvar la situación.


La actual reforma laboral decretada por el gobierno y que es la segunda impuesta a los trabajadores por un gobierno socialista (la primera fue en el año 1988) solo es un paso más para el progresivo y, desde la perspectiva de la globalización capitalista, imprescindible desmantelamiento del estado social del bienestar. En este sentido es de indicar que todas las reformas laborales puestas en marcha hasta ahora han significado un retroceso en los derechos de los trabajadores que, a pesar de las protestas iniciales, se han ido consolidando al tiempo que han terminado por ser aceptadas por los mismos representantes de los trabajadores.


La reforma laboral aprobada por el Congreso de los Diputados el día 10 de Septiembre del 2010 unida a las medidas económicas urgentes adoptadas en Mayo pasado (que significaban la reducción del cinco por ciento en los sueldos de los funcionarios, la subida del IVA y la congelación de las pensiones) y a los comentarios sobre la “necesaria” reforma de las pensiones muestran una clara tendencia hacia el modelo social que en un futuro no muy lejano se pretende implantar para hacer competitiva a la economía europea en general y a la española en particular en un mundo globalizado y que terminará por eliminar prácticamente todos los derechos sociales que hasta hace poco se proclamaban como universales acercándonos al modelo socio-laboral asiático. La gran cuestión de la economía occidental, la gran pregunta económica que ronda en el aire y que ningún dirigente político se atreve a formular en alto, es ¿Cómo puede competir una economía que presenta costes sociales aunque sean mínimos (la occidental) con una economía que no tiene coste social alguno (la asiática en general y la china en particular)? La respuesta a dicha pregunta es sencilla: eliminando esos costes sociales.


Hoy por hoy ni los trabajadores españoles ni los europeos aceptarían sumisamente la eliminación inmediata y de un plumazo de derechos sociales significativos cuanto más la desaparición de todo derecho social. Así pues, el método adoptado por la clase dirigente occidental, dentro del cual se encuadrarían tanto la actual reforma laboral como las anteriores y las futuras, no solo consiste en ir reduciendo poco a poco los derechos de los trabajadores, -porque la experiencia de las últimas décadas les ha demostrado que toda medida restrictiva de derechos puede ser contestada en caliente pero, con el transcurso del tiempo, la contestación se diluye para terminar desapareciendo con un nuevo ciclo expansivo de la economía-; sino también en hacer que las generaciones venideras se vayan olvidando, mediante la aplicación de técnicas de ingeniería social, de los ciento cincuenta años de lucha del Movimiento Obrero cuyos logros serán totalmente liquidados con la culminación del proceso globalizador.


Evidentemente contra la Reforma Laboral, la cual constituye un apunte imperfecto pero premonitorio de lo que ha de venir, es imprescindible movilizarse y, siendo muy dudoso que consiga la retirada de la misma y no sea más que una muestra de autojustificación existencial de unos sindicatos institucionalizados y pequeño burgueses, APOYAR LA HUELGA GENERAL convocada para el día 29 de Septiembre del 2010, pero teniendo muy claro que las verdaderas reivindicaciones sociales comenzarán el día después de la misma con la reorganización de un movimiento obrero verdaderamente reivindicativo y que, alejado de la figura del pequeño Oliver Twist a la que nos tienen acostumbrados los actuales sindicatos, no suplique con la gorra en la mano “por favor, señor, me gustaría un poco más” ni claudique jamás ante el poder político o económico.


martes, 11 de mayo de 2010

EL FINAL DEL ESTADO DEL BIENESTAR

La actual crisis económica que afecta a todo el mundo y especialmente a Europa, ha puesto a los gobiernos occidentales en la tesitura de tener que elegir entre salvar al capitalismo o de salvar el estado de bienestar y han optado claramente por lo primero con la ayuda, todo hay que decirlo, de la República Popular China; el único gran estado comunista que queda en el mundo.


Si bien la idea del “Estado del Bienestar” surge en Francia en la segunda mitad del siglo XIX como resultado sincrético de ideas tan diversas como las defendidas por los socialcristianos, los socialdemócratas, los socialistas utópicos o los grandes sindicatos industriales, no es hasta los años veinte del pasado siglo cuando se empieza a materializar dicho “Estado del Bienestar” en algunos países europeos, generalizándose su instauración en toda Europa Occidental al final de la II Guerra Mundial como eficaz medida para contrarrestar la expansión del comunismo soviético al responder a la lógica irrefutable de que, garantizando a los trabajadores la seguridad laboral, la protección en la vejez, en el desempleo y en la enfermedad así como su acceso a la educación y al ocio; se obtenía como resultado a corto plazo la paz social y a medio y largo plazo se lograba apartar a los trabajadores de todo radicalismo social o político.


En la práctica, el “Estado del Bienestar” implica una intervención estatal, aunque mínima, en la economía y una regulación del mercado que no es totalmente libre al estar sometido a limitaciones a favor de los derechos de los trabajadores y a rígidos sistemas tributarios que permiten a los gobiernos recaudar fondos para sostener las diversas instituciones de protección y promoción social de sus ciudadanos. A la larga el “Estado del Bienestar” supuso que los beneficios económicos de los capitalistas por muy grandes que fueran siempre fueran menores de los que hubieran sido de no existir el mismo al hacer a los empresarios y a las grandes rentas corresponsables y cofinanciadores junto con las instituciones estatales de las garantías sociales.


Tras varías décadas doradas, el “Estado del Bienestar” empieza a sufrir continuos y progresivos recortes en toda Europa a causa de las sucesivas crisis económicas de 1973 y 1979 siendo especialmente destacables los producidos en el Reino Unido durante la década de los años ochenta bajo el gobierno conservador de Margaret Thatcher, para finalmente ser definitivamente cuestionado tras la caída del Comunismo en 1990. No obstante, hay que reconocer que en la primera mitad de los años setenta del pasado siglo, el “Estado del Bienestar” había tocado techo pues no podía generar ni más bienestar a sus ciudadanos sin alterar las estructuras económicas capitalistas ni más riqueza económica a su clase empresarial sin disminuir el grado de protección social manteniéndose aún como un gran logro político durante quince años más simple y llanamente por la existencia del “peligro comunista”.


Con la desaparición del bloque soviético no solo desaparece la causa principal de la existencia del “Estado del Bienestar”, sino que se empieza a hablar de un Nuevo Orden Mundial, de la Globalización y de las ventajas del neoliberalismo económico que significa la apertura de nuevos horizontes y nuevas fronteras al expansionismo mercantil requiriendo la eliminación de todo intervencionismo y la total libertad de los mercados que han de funcionar sin sujeción a regulación alguna siendo requisitos o exigencias de la nueva etapa económica la flexibilidad del mercado laboral, la movilidad de capitales y de personas y la reducción de los impuestos conllevando todo ello, lógicamente, una reducción de los derechos laborales, llegando incluso a plantearse la prolongación de la jornada laboral, lo que significaría liquidar más de cien años de logros del movimiento obrero.


La crisis económica del 2008, que aun padecemos, y que encuentra su origen en la avidez y en la avaricia liberal-capitalista ha venido a justificar el desmantelamiento del “Estado del Bienestar” europeo en beneficio de la total y absoluta libertad económica y de los mercados, pues analizando con atención las soluciones económicas que se están poniendo en marcha para superar la crisis todas ellas vienen a suponer radicales recortes sociales, principalmente en las pensiones y en el gasto público, el cual es imprescindible para mantener los sistemas de protección social, permitiendo de este modo la reducción de los impuestos y de las cotizaciones sociales de los empresarios, los cuales disfrutaran de un nuevo ciclo de expansión económica que les permitirá engrandecer sus empresas y enriquecerse.


Así pues, no debemos dejar engañarnos por encorbatados encantadores de serpientes y tenemos que ser conscientes de que la casta dirigente europea constituida por políticos y financieros, ha decidido liquidar definitivamente el “Estado del Bienestar” en beneficio del liberalismo económico y que a partir de ahora veremos reducirse la protección social y los derechos laborales hasta, posiblemente, su total desaparición siendo las cuestiones que subyacen las siguientes: ¿Qué condiciones sociales y laborales van a sobrevenir? ¿Volverán los trabajadores a vivir en las condiciones, hoy superadas, de los primeros años de la revolución industrial? ¿Es el destino de todos los ciudadanos europeos asumir las condiciones laborales que existen en Asia?.


lunes, 19 de abril de 2010

¿VEMOS LA MISMA REALIDAD?

Confieso que me gusta leer a Eduardo Punset. Sus comentarios reflexivos y divulgadores de los avances científicos me hacen pensar, aunque a veces críticamente con ellos. No por la base en que se sustentan, la experimentación empírica, sino por su extrapolación al campo metafísico, como si no hubiera más realidad que la matemáticamente expresada y observada. El llamado materialismo científico es otro dogmatismo más que abusivamente pretende colarse como algo irrefutable.


En el XL Semanal de Vocento, de fecha 4 de Abril último, contesta a preguntas de los lectores sobre en qué se educa mejor a los niños hoy. Según se transcribe, los niños “aprenden a concentrarse, a gestionar emociones, a enfrentar conflictos y a ser altruistas”. ¡Ojala fuera verdad!. Para mí eso es un ideal pedagógico, muy alejado de la realidad. Porque puede que haya familias, centros educativos y planes de enseñanza que vayan en esa dirección, pero, desgraciadamente ni los medios de comunicación escritos o audiovisuales, ni los videojuegos, ni la publicidad, ni la calle, ni las pandillas, siguen precisamente esa orientación.


¿Aprenden a focalizar su atención los millares de estudiantes que caen en el fracaso escolar, esa lacra de nuestro sistema educativo?. ¿Gestionan sus emociones, se les ejercita en el aprendizaje social y emocional a los educandos envueltos en el maltrato escolar, como verdugos o víctimas?. ¿Se les prepara para la resolución de conflictos o se les convierte en pasotas o incendiarios de los mismos?.


La última afirmación optimista del Punset me ha dejado estupefacto. Asegura que están disminuyendo los índices de violencia a nivel mundial y aumentan los de compasión y altruismo y que nos lo enseña tanto la ciencia como la experiencia, en contra de lo que siguen opinando muchos sectores, sobre todo mediáticos. El silencio de los grandes medios de (des)información sobre violencias colectivas y guerras locales, sobre todo en África, es constante, salvo en contadas ocasiones. Que cada vez hay mucha más gente comprometida en la ayuda a las víctimas de todas las violencias es cierto. Pero también lo es que el tráfico, legal o clandestino, de armas, junto a al narcotráfico y la prostitución, son los negocios más rentables del planeta.


La coletilla última no tiene desperdicio:”cualquier opción política emparentada con la vieja lucha de clases está…condenada al fracaso y sólo pueden consolidarse las políticas basadas en el consenso y la reflexión colectiva”. ¿Cuándo ha habido más explotación clasista que tras la caída del muro de Berlín, cuando el capitalismo salvaje, ya sin enemigos, puede expoliar sin piedad?. La crisis que padecemos, ¿acaso es fruto del consenso y la reflexión colectiva?. En “defensa de la democracia” y para la lucha contra el terrorismo ¿no están retrocediendo las garantías de las libertades individuales?. ¿Y esos derechos fundamentales económicos, sociales y culturales no se niegan y pisotean constantemente?. ¿Por qué el derecho de todas las personas a la alimentación y al agua potable retrocede ante el “sagrado” libre comercio?. Es la hora del derecho al disenso, ejercitado por la vía de la no-violencia activa, y en él debería educarse a las nuevas generaciones.


Pedro Zabala


lunes, 22 de febrero de 2010

CARACTERÍSTICAS DE LA ECONOMÍA Y DE LA CRISIS ECONÓMICA EN ESPAÑA


La economía española, por pura y simple decisión política, que no de otra índole se ha construido en los últimos treinta años en base a las siguientes características:


- El estado ha utilizado el empleo público, no con criterios de racionalización, necesidad y productividad, sino como medio de regular y encubrir el paro creciente desde la crisis del petróleo de 1973 y que adquiría el carácter de estructural, ofertando durante mucho tiempo numerosas plazas de empleo público que permitían a muchos ciudadanos obtener su primer, permanente y único empleo en la administración en vez de engrosar la estadística del paro. De esta manera la administración central del estado y las administraciones periféricas presentan una administración desmedida, con numeroso y creciente personal (cuya necesidad real se debería poner en duda) que provoca un gasto público en salarios verdaderamente grande.


- Igualmente, con intención de que en las estadísticas económicas no se disparase el nivel de paro, se ha permitido por parte de los diferentes gobiernos la utilización generalizada de las “prejubilaciones” que no solo han desechado el poder productivo y económico de un gran número de personas en nuestro país, sino que además ha significado para el sistema público de pensiones la pérdida de un numerosos cotizantes que, si bien en la actualidad gozan de una pensión de prejubilación que supone el cien por cien de sus salarios, al llegar a la edad oficial de jubilación (a los 65 años) verán reducirse drásticamente estas pensiones.


- La economía española es dependiente en gran medida de la financiación exterior y de los fondos de cohesión de la Unión Europea. Esta financiación es recibida por el Estado quien la distribuye entre las administraciones periféricas, permitiendo que todas las instituciones públicas subvencionen no pocas obras públicas y, por consiguiente, puestos de trabajo.


- El estado, o en cualquier caso, las administraciones públicas en España son las que garantizan directa o indirectamente numerosos puestos de trabajo a través de subvenciones y contratos públicos para construcción de infraestructuras o para la prestación de servicios públicos.


- En la economía española la industria y el sector primario, tan importante hace tan solo cuarenta años, tienen un peso verdaderamente pequeño, dependiendo la primera de decisiones que toman a miles de Kilómetros de España los Consejos de Administración de grandes multinacionales y el segundo de directivas europeas que se toman en Bruselas y que no tienen en cuenta los intereses de los españoles. El peso realmente insignificante de la industria y del sector agropecuario ha hecho que España haya dado por completo la espalda al comercio exterior aspirando exclusivamente a satisfacer las demandas europeas para conseguir más fondos de cohesión y convencer a inversores extranjeros de que inviertan en España cuando a estos posibles inversores cada vez menos les interesa, no solo España, sino Europa misma buscando en Asia los salarios y las condiciones laborales que más les hacen crecer sus beneficios.


- Los únicos pilares económicos en los que se basa la economía española son el turismo, los servicios, la construcción y el consumo interno. Una vez que la construcción se desploma, el paro aumenta y arrastra al sector servicios y hace caer el consumo provocando el incremento de gasto público en subsidios por desempleos y la caída de ingresos de la hacienda pública. Por su parte el turismo depende en gran medida de los caprichos del momento por lo que, sin despreciarlo, no constituye una base fiable sobre la que construir una economía.


Estas son las bases o pilares sobre los que se sostiene la economía española que ahora amenaza con el colapso total. Por su parte las características reales de la crisis que padecemos son las siguientes:


- La drástica reducción de ingresos de las haciendas públicas debido al desplome de la construcción que ya no genera plusvalías, ni ingresos en concepto de IVA e Impuesto de Transmisiones Patrimoniales hace que las arcas públicas se vayan vaciando al tener que seguir haciendo frente al pago de funcionarios, pensionistas y a la creciente demanda de subsidios por desempleo. Por otra parte el estado no puede reducir el gasto público mediante la supresión drástica de las subvenciones a empresas o instituciones de derecho público porque ello supondría más cierres empresariales y más paro.


- Cualquier medida que se tome, como por ejemplo, la flexibilización del mercado laboral, el aumento de la jornada laboral o la reducción de salarios, podrá remediar el mal actual e incluso sacarnos momentáneamente de la presente situación económica, pero solo será para meternos en otra crisis futura aún más grave pues cada vez más se prevé que habrá que competir con las economías emergentes de China e India que amenazan con echar del mercado a toda la industria europea y norteamericana, por lo que tocar el mercado de trabajo solo sería el comienzo de un acercamiento progresivo a las condiciones laborales de Asia.


- La situación se ve agravada por el envejecimiento de la población que hace que en el futuro haya que preveer más gastos sociales para el sostenimiento de un importante porcentaje de población dependiente. Además la tasa de natalidad amenaza con invertir la pirámide demográfica haciendo que a medio o largo plazo haya más pensionistas que cotizantes a la seguridad social, por lo que no podría mantenerse el sistema público de pensiones sin incrementar el gasto público.


- España se ha convertido en un país energéticamente dependiente por lo que la energía que consumimos siempre será más cara que la que consumen países de nuestro entorno como por ejemplo Francia. Esta dependencia energética también hace menos competitiva a cualquier industria instalada en España que tendrá que repercutir en los precios finales de los productos el mayor coste de la energía.


- La financiación exterior de la economía española se ha visto reducida no solo por la situación económica mundial, sino porque prefieren, al igual que los inversores extranjeros, irse a otros mercados más beneficiosos como los asiáticos. Por otro lado los fondos de cohesión que España recibe de la Unión Europea terminarán en un futuro próximo generando no solo mayor paro sino también un incremento del gasto público al tener las instituciones pública españolas que financiar en solitario el mantenimiento íntegro de las infraestructuras realizadas tan solo en la última década.


Con este panorama, solo un cambio de mentalidad política y social que conlleve un cambio del modelo económico podrá hacernos encarar el futuro con esperanza. Se impone resucitar nuestro sector agropecuario liberándolo de las limitaciones de Bruselas, al igual que se impone replantearse la política energética y crear una industria propia que, siendo competitiva en calidad y precio, no dependa de intereses supra o multinacionales y cuyos beneficios revierta en gran parte en el pueblo español.


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