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miércoles, 10 de septiembre de 2014

EL ÉBOLA NO ES UNA SERPIENTE DE VERANO

El brote de Ébola se ha convertido en una epidemia mortal a dos horas de avión de Europa
A finales de los años ochenta del siglo pasado, mientras que el mundo científico y periodístico centraba sus atenciones en los virus del VIH y del VHC, oí hablar por primera vez del virus del Ébola, como algo casi de ciencia ficción, en una novela escrita por el médico y novelista norteamericano Robin Cook. No recuerdo el título de la novela en cuestión, pero sí recuerdo perfectamente lo que se decía en la contraportada de la misma: “mientras que el mundo está muy preocupado por el virus del Sida, existen otras amenazas que se ignoran y de las que no se habla como es el virus del Ébola que resulta cien veces más mortífero y que periódicamente asola poblaciones enteras en África”.  

            Durante el mes de Agosto, el estallido de la epidemia de Ébola en el África central ha sido la noticia que abría todos los informativos televisivos de cualquier cadena e incluso se han tomado decisiones políticas por parte del gobierno español, como fue la repatriación del sacerdote español Miguel Pajares contagiado por el virus mientras ejercía su labor pastoral y social en Liberia, que no han dejado de ser controvertidas.

            Mientras que el tratamiento informativo dado a la epidemia de Ébola por las distintas televisiones, pública o privadas,  durante el pasado mes de Agosto responde al estereotipo de “serpiente de verano”, la respuesta política española y europea no puede calificarse nada más que de pura, simple y burda propaganda.

“Serpiente de verano” es una expresión que se refiere a las noticias irrelevantes o increíbles que publican los diarios para llenar sus páginas durante las vacaciones de verano, cuando la mayor parte de la sociedad está de vacaciones y no se producen sucesos o noticias relevantes. Tal vez por eso, de regreso a la rutina después del paréntesis estival los telediarios se abren con la crisis ucraniana, la familia Pujol, el desafío soberanista de Artur Mas y, últimamente, con el referéndum escocés, pero ya no con la epidemia de Ébola a pesar de que, hoy, está más extendida que hace veinte días y totalmente fuera de control en Liberia.

Por su parte, ante la gravísima crisis sanitaria que afecta a Liberia y a los países que la rodean, el gobierno español presidido por el Señor Mariano Rajoy, se limitó a repatriar al padre Pajares y a la religiosa Juliana Bohi que colaboraba con el primero en un hospital de Liberia afirmando, después de pensarse mucho si se les cobraba o no dicha repatriación a los dos ciudadanos españoles, que la repatriación era “Marca España” (En todo caso, “Marca España” sería la labor que el padre Pajares y otros muchos misioneros españoles realizan en África, no el hecho de repatriarles), demostrando que en dicha repatriación influyó mucho, tal vez hasta el punto de ser decisivo, el aspecto propagandístico del asunto.

El Ébola no es una “serpiente de verano” para que los periodistas ociosos llenen páginas de periódicos o minutos de televisión y tampoco es algo con que se pueda o se deba hacer propaganda. El Ébola es una tragedia humana y una amenaza sanitaria real para todos.

El virus del Ébola es mucho más mortal que el virus del VIH
Desde que en 1976 apareció el primer brote de Ébola en Zaire (hoy República Democrática del Congo), África viene padeciendo periódicamente rebrotes de esta enfermedad que ha matado ya a decenas de miles de personas en los últimos cuarenta años sin que nadie haya hecho nada por paliarla o combatirla en origen a pesar de que la comunidad científica ha advertido repetidas veces que una epidemia de este tipo podría producirse y extenderse al continente europeo e incluso americano. Solo cuando el brote se ha convertido en epidemia y se encuentra a nuestras puertas, el Ébola es objeto de tratamiento informativo y utilizado como oportunidad para que algunos aspiren a sacar cierta rentabilidad política del mismo, pero nada más.

Hoy el brote de Ébola que comenzó en el mes de Marzo en Guinea-Conakry, se ha convertido en una verdadera epidemia y se ha extendido por Liberia, donde está totalmente descontrolada, Sierra Leona y Nigeria estando muy lejos de remitir.  Frente a eso, poco o nada hacen los líderes del  avanzado, civilizado y muy moderno “Primer Mundo” salvo dar palos de ciego y hacerse fotos para algún cartel electoral.

Las epidemias, sobre todo cuando son tan mortíferas como es el caso del Ébola, deben ser tratadas en el lugar de origen tomándose o, incluso, imponiéndose las pertinentes medidas sanitarias de cuarentena además de aportar sobre el terreno todos los medios técnicos, científicos y terapéuticos que sean posibles. Si existe algún medicamento o suero capaz de tratar la enfermedad, y parece ser que en Estados Unidos existe un tratamiento que se ha aplicado con éxito a dos ciudadanos norteamericanos repatriados por las mismas fechas que el padre Pajares, ya debería estar aplicándose en los países africanos que sufren la epidemia porque los virus, bacterias y demás enfermedades no conocen fronteras y ninguna epidemia puede controlarse exclusivamente con medidas de vigilancia y cierre de fronteras.

Por otra parte, se echa en falta en los gobiernos europeos y especialmente en el español como el gobierno del estado europeo que más próximo se encuentra al foco de infección, la existencia de medidas de contingencia para el caso de que el Ébola llegase a nuestro país a causa del flujo migratorio descontrolado (pateras, saltos a la valla de Ceuta y Melilla). En este sentido, el gobierno que preside el señor Rajoy no ha explicado, porque seguramente no lo tiene ni siquiera previsto, donde podría aislar y dar tratamiento a un número elevado de pacientes sospechosos de padecer el virus evitando la propagación de la enfermedad por la Península Ibérica primero y Europa después.

En definitiva, el paciente ciudadano español se encuentra, una vez más, con que los dramas del Continente Negro no importan a nadie en este “Primer Mundo”, ni siquiera cuando pueden suponer un grave riesgo epidemiológico y que el gobierno se deja guiar más por una fe ciega puesta en algún poder metafísico desconocido que por una planificación racional de medidas sanitarias adecuadas ante un peligro sanitario real cuya llegada a nuestro país cabe dentro de lo posible.

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