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viernes, 15 de mayo de 2020

ENTREVISTA EN EL LIMBO A BILLY EL NIÑO




 Quienes me siguen en la prensa local saben que suelo hacer entrevistas en el Limbo a gente fallecida. Una licencia literaria, que me permite hacer hablar a quienes ya no pueden hacerlo. Y del Limbo regresaba -con los años cada vez estoy más por allí- cuando me crucé por el camino con Billy el Niño, a quien el coronavirus acababa de dar avío a la Eternidad.

Imagínense la escena: los dos parados en aquellas soledades cósmicas, como cuando se encuentran dos montañeros en alguna cumbre. Guardando la distancia de seguridad, nos sentamos a descansar en un rabo de nube. Me di cuenta que el hombre tenía ganas de hablar y que venía muy enfadado de su paso por la Tierra. Aproveché la ocasión y, por provocarle, le solté lo que pensaba de él: “Billy, eres un ser abyecto. Naciste en la Extremadura del hambre, y en lugar de dedicarte al toreo, o convertirte en revolucionario vasco como tu paisano Txiki, o simplemente, ser un emigrante honrado, te dedicaste al arte de perseguir a los demás, machacarlos en comisaría y hacinarlos en mazmorras. A pura fuerza bruta subiste hasta la cima de la Brigada Político Social, escalando sobre los cuerpos magullados de cuantos caían en sus manos. Ahora, hasta Wikipedia te pone como chupa de dómine. Te condenarán aquí arriba, ya que la jueza Servini no ha podido hacerlo ahí abajo. ¿Cómo te sientes?”.

         Para mi sorpresa, en lugar de verlo abajado por el vituperio primero y el coronavirus después, me encontré con un hombre altivo y de un discurso cruel, pero coherente: “Sí, yo fui un torturador. ¿Y cuál es el problema? Cumplía órdenes, era el franquismo, todos hacíamos lo mismo. Políticos y jueces nos lo ordenaban, la prensa aplaudía, la Iglesia bendecía. ¿Por qué tengo que ser el único paganini y no esos que se hicieron demócratas de repente, empezando por los Borbones? Mira mi amigo y compañero Melitón Manzanas: en 2001 le concedieron la Gran Cruz de reconocimiento civil y millonarias indemnizaciones a su familia como víctima del terrorismo. ¿No torturó tanto o más que yo? Y si todos torturábamos en nombre del gobierno franquista, ¿por qué Carrero Blanco, nuestro jefe supremo, ha recibido tantos honores y prebendas?”.

         Por seguir tirándole de la lengua, le digo que esos mismos honores los hubiera tenido él, si lo hubiera matado la ETA. “¡Por supuesto, eso es lo que me indigna! -responde airado- Si los etarras me hubieran pegado un tiro junto a Melitón, o volado junto a Carrero, ahora sería un héroe de España y mi familia tendría el riñón cubierto. Pero como no lo hicieron, me echan a las pezuñas del oprobio y el vilipendio”.

 “Además -continúa Billy- si fui tan malo en el franquismo ¿por qué en 1977, ya con gobiernos democráticos, me enchufaron en la Brigada Central de Información, para seguir haciendo lo mismo con el Grapo, con los de ETA y con cuantos caían en mis manos? ¿Acaso Adolfo Suárez y Felipe González no sabían de mis métodos y de mi experiencia profesional? ¡Por supuesto que lo sabían! Yo seguí haciendo lo mismo bajo otros mandos. Y por eso Rodolfo Martín Villa, otro converso, me entregó la medalla de plata al Mérito Policial. Y posteriormente otras tres medallas más, todas en la democracia”.

         Me muevo inquieto en el rabo de nube. Billy tiene razón. A él no lo condecoró el franquismo, sino quienes vinieron después. Aparento empatizar con él y le digo que eso ocurría en los inicios de una débil democracia, amenazada por el golpismo y los vascos malos… “¡No me vengas con cuentos! -me espeta cabreado-. Tortura, tortura, lo que se dice tortura, y a mansalva, fue lo que vino después, en la sacrosanta democracia. A nosotros no se nos fue tanta gente en la bañera, el potro o la picana como a los que nos sucedieron. Arregi, Gurutze, Zabalza, Geresta, Lasa, Zabala ¡Qué falta de profesionalidad! Hace falta ser torpes para poner la cabeza como se la pusieron a Unai Romano, pero claro, eso el juez Grande-Marlaska no lo veía y, aún así, ha acabado de Ministro de Justicia. ¡Toma ya! Como el juez Garzón, que casi le dan el Premio Nobel de la Paz. O Sánchez Corbí, condenado por “relajar” a Kepa Urra y acabó de jefe del operativo de Catalunya. O Gil Rubiales, que después de darle pasaporte a Arregi lo enviaron de comisario jefe a Canarias. La tortura, en la democracia, ha sido la escalera de los ascensos. ¿Por qué se meten ahora conmigo? Pues para tapar con la capa de la lejanía sus desaguisados actuales. Y espera, que ya son más de 4.000 denuncias de torturas las que ha aceptado el Gobierno Vasco, y las que van a seguir viniendo. ¿Cuántos Billy el Niño, y peores que yo, hay detrás de todas esas denuncias? Dentro de unos años, cuando los verdaderos culpables se sientan seguros, buscarán otro cabeza de turco como yo, y comenzarán a perseguirlo como a mí, para que la gente crea que la justicia funciona y que vive en un país decente. Así funciona España”.

         “Jobar Billy -le digo- te voy a tener que dar la razón”.

         Nos despedimos. “¿Voy bien camino del Limbo?” -me pregunta-. Le digo que no, y sin dudar le señalo otro, un alcorce hacia las calderas de Pedro Botero. Y hacia allí se dirige, confiado, libre ya de cámaras y periodistas. Al final, pienso mientras regreso, no es más que un pobre diablo, al que el coronavirus ha librado de su verdadero infierno terrenal. Este virus cabrón debería afinar la puntería y disparar más arriba.

Jose Mari Esparza Zabalegi

Editor

domingo, 3 de mayo de 2020

MONTEJURRA: EL ESPACIO SAGRADO DE LOS CARLISTAS




 El primer domingo de mayo, los carlistas conmemoramos, como cada año el recuerdo en la cumbre de Montejurra cercano a Estella, una de las victorias carlistas de 1873 sobre los liberales. Esta concentración carlista de fuerte carácter político, social y reivindicativo vinculado al Partido Carlista, estaba prevista para su celebración el día 03/05/2020, sin embargo a causa del actual Estado de Alarma debido a la amenaza pandémica causada por la COVID 19, se ha visto suspendida su celebración para este primer domingo de mayo de 2020, con el objetivo de postergar su celebración al mes de septiembre de 2020.

            Terminada la última guerra civil de 1936 a 1939 el Carlismo, que estuvo en la rebelión del 19 de Julio de 1936, pero que jamás participó del Movimiento, se reorganizó como organización política independiente del partido único franquista provocando que fuera sometido a  una persecución política por parte del la dictadura franco-falangista, con cierre e incautación de locales, registros policiales en los domicilios de significados carlistas, muchos de ellos excombatientes, y detenciones extrajudiciales que solían terminar con palizas y el habitual  "aceite de ricino".

            A pesar de todo ello el Carlismo mantuvo una actividad política propia claramente contraria a las directrices oficiales del Estado Franquista que, además de reuniones  organizativas y de elaboración de documentos políticos, comprendía también actos públicos convocados al amparo de manifestaciones de religiosidad popular como las peregrinaciones a Montserrat, el Quintillo  o el Vía Crucis de Montejurra.

            Fue a mediados de los años sesenta del pasado siglo cuando el Vía Crucis de Montejurra empezó a convertirse en el acto político central de un Carlismo totalmente beligerante contra el Régimen Franquista y reorganizado en torno a las figuras de Don Javier, el viejo Rey Javier, y sus hijos Don Carlos Hugo, doña María Teresa, doña Cecilia y doña María de las Nieves de Borbón Parma, quienes actualizarían el tradicional ideario carlista hacia planteamientos socialistas autogestionarios y federalistas, por una democracia participativa de abajo a arriba, al objeto de afrontar los retos del siglo XXI. Dotándole de un ágil y dinámico programa político en permanente adaptación a los tiempos sin modificar en nada la substancia de unas reivindicaciones con casi ciento cincuenta años de historia en aquellos años y creando la estructura adecuada para la actuación y la lucha política: el Partido Carlista, recuperando la denominación más histórica del viejo movimiento político.

 Desde los años setenta del siglo pasado, el Va Crucis de Montejurra adquirió todavía un mayor significado político convirtiéndose en un acto antifranquista,  siempre organizado por el Partido Carlista, única organización representativa del Pueblo Carlista, quien no dudo en apoyar y encabezar la lucha unitaria por la democracia y la libertad.  Montejurra fue, y sigue siendo hasta hoy en día, el  principal acto anual del Partido Carlista, único convocante y organizador de los actos,  que comprenden no solo el Vía Crucis que asciende al monte, sino también el acto político de la Campa de Ayegui y los actos culturales y de confraternización del día anterior. Además, los asesinatos de Montejurra 76, junto a los de Vitoria y Atocha, son una referencia de la lucha democrática y antifascista en el imaginario colectivo de los pueblos de España. En la cita anual de Montejurra se funden la memoria histórica del Carlismo y un proyecto político de futuro.

            Por su propia naturaleza el acto de Montejurra es un acto abierto a todos los carlistas que deseen participar en el homenaje a nuestros mártires,  desde el conocimiento de su significado y con respeto a la organización convocante: el Partido Carlista.  

             El pasado año acudió por vez primera a nuestra montaña sagrada Don Carlos Javier de Borbón Parma, jefe de la dinastía carlista. Hacía décadas que a la celebración de Montejurra no asistía un miembro de la Familia Borbón-Parma, aunque la infanta doña María Teresa, en 2016 y en 2017, participó en los actos preliminares del encuentro carlista y rindió homenaje en el monolito de Iratxe a Ricardo y Aniano y participó también en el Vía Crucis.




COMUNICADO DE DON CARLOS JAVIER CON MOTIVO DE MONTEJURRA 2020



        

 Queridos Carlistas:
         Este aciago año 2020 los Carlistas no podemos acudir ni participar, por segunda vez en nuestra historia, en el tradicional acto de Montejurra – Jurramendi. La primera ocasión, 1977, se debió a la prohibición del Gobierno heredero de la dictadura franquista, que obligó a celebrarlo en el castillo de Javier.  Aunque la emergencia sanitaria que vivimos nos impide estar presentes físicamente, sí lo estaremos espiritualmente para recordar a los que nos precedieron en la lucha por la dignidad y los derechos de las personas y de los pueblos.
         El panorama global, como sabéis, es problemático desde que la pandemia del COVID-19 se hizo presente en las Españas, en el resto de Europa y en el mundo entero. Nuestra forma de vida y de relacionarnos se ha visto gravemente afectada, impidiéndonos mantener contacto directo con nuestros familiares y amigos, sin olvidar el impacto económico que se está produciendo y que afecta tan directamente a los derechos de los trabajadores.
         En este escenario de incertidumbre y crisis sanitaria, nos han dejado múltiples familiares y amigos.
         Quiero recordar muy especialmente a mi querida tía Doña Maria Teresa, que nos dejaba en Paris el pasado 26 de marzo, tras una vida de entrega y servicio al Carlismo.
         No puedo dejar de recordar igualmente a grandes amigos, leales entre los leales a la Legitimidad Proscripta, como Ramón Abrego, nuestro capellán Joaquín Barbarín, Ignacio Yécora, y tantos otros… Nunca los olvidaremos, su ejemplo estará vivo en nosotros.
         Cada vez está más claro que de esta crisis sanitaria surgirán nuevos modelos de relaciones sociales y económicas, y que frente a las mismas, todos los Carlistas debemos esforzarnos en la lucha por construir una sociedad muy diferente, más humana, justa y social. Tenemos por delante una gran tarea de trabajo colectivo.
         Para todos, un fuerte abrazo, y mis más sentidas condolencias para las familias de los fallecidos en España por el COVID-19.

En La Haya, 3 de mayo de 2020

Carlos Javier de Borbón Parma

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