Entre las figuras históricas
más significativas del Carlismo se encuentra la de Jaime III, hijo de los
inolvidables y míticos. Carlos VII y Margarita de Borbón-Parma. Durante la
etapa de su liderazgo dinástico, entre los años 1909 y 1931, los militantes del
Partido Carlista se opusieron a la Dictadura del general Primo de Rivera,
constituyeron sindicatos obreros y colaboraron políticamente con el nacionalismo
vasco y catalán. Fallecido el 2 de Octubre de 1931, en el noventa aniversario
de su defunción, los firmantes de este escrito queremos reivindicar la
modernidad y actualidad de su pensamiento político.
Proclamada
la II República Española el 14 de Abril de 1931, Don Jaime emitió un Manifiesto
el 23 de Abril, expresando de manera pública e inequívoca sus convicciones democráticas.
En esta declaración, no solamente llamaba a los carlistas a cooperar con el
Gobierno provisional, también recordaba que el verdadero lugar de la Iglesia y
del Ejército se encontraba lejos de toda acción política. Igualmente planteaba
la convocatoria de unas elecciones generales constituyentes, con carácter
plebiscitario, que deberían servir para que la ciudadanía española escogiera
entre la República y una Monarquía «progresista»; señalando además que si la
voluntad popular, libremente expresada, «se pronunciara en favor de la
República», «pediría a los monárquicos que colaborasen en la obra inmensa que
es construir la federación de la nueva España».
En
declaraciones a los medios de comunicación, Don Jaime insistiría en que: «Si
España ratifica plenamente su voluntad republicana, manteniendo todos mis
derechos, respetaré esa decisión del pueblo. Considero que la República, como
forma política es indudablemente legítima, mientras que el régimen que imperaba
hasta ahora era ilegítimo dentro de la forma monárquica».
Don
Jaime también solicitó al Gobierno provisional que adoptara un sistema de
representación proporcional puro, como ya se hacía «en las grandes naciones
europeas», para que se recogiera «hasta el último voto de todos los ciudadanos»,
evitando así los peligros del sistema de escrutinio mayoritario que tantos
problemas políticos provocaría durante el periodo republicano.
Noventa
años después, cuando las naciones hispanas tienen como forma de Estado una monarquía
doblemente ilegítima, cuestionada socialmente tanto por su origen franquista
como por sucesivos y continuos escándalos de corrupción, los criterios de Don
Jaime son tan actuales como la misma realidad que nos rodea. Es el conjunto de
la ciudadanía quien debe decidir sobre el contenido y la forma de la Jefatura
del Estado. Mientras no se celebre una consulta popular para decidir
específicamente sobre esta cuestión en concreto, la sociedad española
arrastrará un indudable déficit democrático, que impide cualquier tipo de
consenso y de convivencia consolidada.
La
orientación progresista y emancipadora de las ideas políticas de Don Jaime
también abarcaba campos como la redistribución social de la riqueza o la
reorganización territorial del Estado. En su Manifiesto del 23 de Abril de
1931, proclamaba que «ha sido siempre el fundamental objeto de nuestra política
realizar la federación de las distintas nacionalidades ibéricas», al mismo
tiempo que convocaba a los carlistas a impulsar un movimiento «intensamente
progresivo, amigo de las reformas sociales».
Respecto
a estas cuestiones estructurales, la ideología de Don Jaime no aceptaba falsas
soluciones de carácter vertical, como la caridad paternalista de los más ricos
con los más pobres, o una descentralización de competencias administrativas
desde Madrid a la periferia.
En
ese sentido, Don Jaime realizó declaraciones tan contundentes en su época como:
«La caridad no debería existir en nuestro mundo, que se pretende civilizado. En
la sociedad, a la que todos pertenecemos, hay gente enferma, niños, viejos,
incapaces», a los cuales «no debería la colectividad reservar sus limosnas,
sino que es una obligación estricta e ineludible para el cuerpo social sostener
a sus miembros, demasiado débiles; tienen ellos un derecho sagrado al apoyo
desinteresado de todos. La caridad es una humillación constante; en cambio, el
sostenimiento de todos los seres desvalidos por la comunidad no entraña
disminución para nadie». Igualmente apoyaba el sindicalismo reivindicativo, «realizado
con el nobilísimo fin de que el trabajador no se vea desamparado frente al
propietario» para lo cual era necesario «el
salario mínimo, la protección del trabajador, la subsistencia para la viuda y
los huérfanos». Por todo ello, Don Jaime manifestaba que «me considero y me he
considerado siempre como un socialista sincero, en el sentido exacto de la
palabra».
Entroncando
con la tradición fuerista de las Españas, Don Jaime tampoco dudó en afirmar que
«en un sistema netamente regionalista como el nuestro, España vendría a ser una
confederación de Repúblicas gobernadas por la Monarquía», insistiendo en que «ninguna
colectividad política ha sostenido con el tesón que nosotros venimos
sosteniendo desde hace un siglo la imprescindible necesidad de devolver a los
estados regionales su personalidad histórica y jurídica», es decir, la
reintegración foral plena, mientras que «los partidos autonomistas de reciente
creación han venido todos a instruirse en nuestro caudal histórico».
Noventa
años después, muchas cosas han cambiado en la sociedad española, pero también
ciertas oligarquías se han perpetuado a través de sucesivas reformas políticas,
de tal forma que lo que nunca ha cambiado es la estructura socio-económica y la
«unidad constitucional» del Estado español. Ante esta realidad, los firmantes
consideramos que las ideas emancipadoras de Don Jaime de Borbón acerca de una
redistribución justa de la riqueza, de la pluralidad federativa de las naciones
hispanas y de la voluntad popular como criterio determinante de la naturaleza
de la Jefatura del Estado, continúan siendo tan modernas, necesarias y actuales
como en 1931.
Manuel
HERRERA (Castilla), Pere GUAL (Catalunya), Antonio GIL (País Valencià), Juan
José GARAY (Euskal Herria), Salvador GÓMEZ DE ARTECHE CATALINA (Mallorca), Juan
CERRILLO (Andalucía), Javier CUBERO (Asturies), Manuel
LODEIRO LÓPEZ (Murcia), José Luís DORESTE (Canarias), Jesús María ARAGÓN
(Euskal Herria), Ximo CAMPANA (País Valencià), Robert VALLVERDÚ (Catalunya),
Manuel MARTORELL (Euskal Herria), Luis MARTINEZ GARATE (Euskal Herria), Marisa
MARTÍN (País Valèncià), Arturo ESTÉBANEZ (Castilla), Ferran LUCAS ZARAGOZA
(Catalunya), Iciar ANGLÉS (País Valencià), Fernando SÁNCHEZ ARANAZ (Euskal
Herria), Josep M. SABATER (País Valencià), Manuel FERNÁNDEZ DE SEVILLA (País
Valencià), Xavier CARBONELL (Catalunya), Miguel SARALEGUI (Euskal Herria), Assumpta CABRÉ (Catalunya), August MONZÓ
(País Valencià), José Javier LÓPEZ ANTÓN, Albert VANCELLS PUJOL (Catalunya),
Miguel DELGADO ORTÍZ (Catalunya), Javier ONRUBIA REBUELTA (Castilla), Félix
Ángel HERRERO DURÁN (Andalucía), Francisco ALVARO CASTILLO MORÓN (Andalucía),
August MONZÓ (País Valencià), Javier ALDAZ (Euskal Erria), Joaquín BARRACHINA (León),
Javier LIZÁRRAGA (Euskal Erria), Luis SIERRA SESUMAGA (Euskal Herria), José
María PORRO (Euskal Herria), Frederic TORRES FERRANDO (País Valencià), Maribel
ALZORRIZ (Euskal Herria), Victor CERVERA (Catalunya), Antonio TORRES FERRANDO
(País Valencià), José Ramón RINCÓN (Castilla-La Mancha), Josep MIRALLES (País
Valencià), Cesc PUCHOL (País Valencià), Alberto QUEROL (País Valencià), Cop
PAMPLEGA (CASTILLA-LEÓN), Pepe ROGER (País Valencià), Xavier CLARET
(Catalunya), Mercè FONTDEVILA (Catalunya), Rafel CLAPERS (Catalunya), Beatriz
PINILLA (Catalunya), Cisco MIRALLES (País Valencià), Antoni MIRALLES (País
Valencià)