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En política, el mundo se ha convertido en un tablero de ajedrez
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Cuando
en 1989 cayó el muro de Berlín y tres años más tarde la bandera roja dejó de
ondear en el Kremlin siendo sustituida por la que había sido la bandera del antiguo
Imperio Ruso, se ponía fin a casi cincuenta años de guerra fría y de una
política internacional basada en la existencia de dos polos antagónicos que,
por mucho que pareciera, jamás habrían llegado a enfrentarse en un conflicto
abierto porque, hoy ya se puede concluir, que los dos tratados que dieron lugar
al mundo de postguerra, el Tratado de Yalta y el Tratado de Potsdam, han sido
los tratados internacionales más respetados de toda la historia de las
relaciones diplomáticas y las dos potencias enfrentadas actuaban, en no pocas
ocasiones, como fuerzas de contención de las aspiraciones y peligrosos deseos
de sus aliados dando una gran estabilidad a la política mundial.
Tras el derrumbe de la URSS. prácticamente todos los analistas coincidían,
de una u otra forma, en que el Nuevo Orden Mundial, nombre que se dio a la
nueva situación surgida de la desaparición
del bloque soviético, pivotaría sobre una única potencia hegemónica, Estados
Unidos, que facilitaría el libre comercio y la expansión del capitalismo por
todo un planeta que ya solo podría entenderse y considerarse de forma global y,
efectivamente, así ocurrió durante aproximadamente una década tras la cual, Estados
Unidos ha ido perdiendo hegemonía debido a sus numerosos errores y falta de
previsión, apareciendo en el panorama internacional nuevos y poderosos actores
que aspiran a ser tenidos en cuenta y que no se conforman con ser personajes
secundarios. Estos nuevos actores, evidentemente, son Australia, Alemania,
China, Francia, India, Pakistán y Rusia, lista ésta que posiblemente se amplíe
en los próximos años.
Las características de estos nuevos
actores de la política internacional, que ya a finales del Siglo XX era
previsible que surgieran, es que tienen intereses propios claramente contrapuestos
a los de Estados Unidos y, si bien algunos de esos intereses son coincidentes entre
ellos mismos, otros muchos son también de ellos mismos divergentes por lo que
vamos a asistir en los próximos años, de hecho estamos asistiendo ya, al
nacimiento de una nueva diplomacia tendente a crear nuevas alianzas que solo
podrán ser relativas y frágiles y en ningún caso absolutas como en su momento
lo fueron el Pacto de Varsovia o la Organización del Tratado del Atlántico
Norte (OTAN). A esa nueva diplomacia
responde la salida del Reino Unido de la Unión Europea, la sustitución de la
prioridad europea por la del Pacífico en la estrategia norteamericana y la
creación de la alianza AUKUS entre el Reino Unido, Estados Unidos y Australia en
septiembre de 2021 y que seguramente se ampliara en el próximo lustro con la incorporación
de Japón, Nueva Zelanda y, muy posiblemente, Korea del Sur, aunque no creemos
que sea capaz de incluir en ningún caso a Taiwan pues podría ser visto por
China como un acto hostil y tener consecuencias imprevisibles.
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Que cada vez se asemeja más al tablero del mundo de ayer
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La
política internacional siempre ha sido un juego de ajedrez en el que los
jugadores han buscado ventajas geopolíticas intentando ocupar y mantener el
centro del tablero siendo ahora varios los jugadores que buscan sus propias
ventajas surgiendo, no realmente una situación nueva, sino reproduciéndose la
política de hegemonías y alianzas inestables que comenzó en 1870 y culminó en
1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial (1).
En el mundo multipolar que se está
consolidando, al igual que ocurrió en el mundo inmediatamente anterior a la I
Guerra Mundial, las alianzas serán cambiantes según las concretas circunstancias
de cada momento pudiéndose llegar a contemplar como surgen sorprendentes alianzas
y no menos sorprendentes desafecciones entre aliados, en las que el amigo de
hoy se convierta en el enemigo de mañana y viceversa. No obstante, lo más
relevante de todo ello es que entre las potencias surgirán, están surgiendo ya,
multitud de puntos de fricción por todo
el planeta en los que puede surgir la chispa que lo incendie sin que exista la
posibilidad de una vigilancia constante que lo evite pues, cuanto más actores
desean ocupar el centro del tablero y más compromisos adquieren éstos, la
libertad de acción y el control que poseen es cada vez menor y no siempre el
aliado más poderoso puede imponer sentido común a un aliado menor pudiendo
verse arrastrado por éste a la tragedia con tal de no perder credibilidad
frente a otros aliados. A este respecto resulta imprescindible aclarar dos
verdades no escritas, pero en las que se fundamenta toda la política
internacional:
1º.- Las relaciones políticas no son
relaciones de amistad sincera sino que siempre responden a un juego de
intereses en los que existen contrapartidas de algún tipo.
2º.- En política internacional, nada
es eterno, ni siquiera las desafecciones pues aunque se pueda traicionar alguna
vez o eximirse del cumplimiento de algún compromiso adquirido, no se puede
adoptar eternamente esa actitud pues terminaría por minar totalmente la
credibilidad de la potencia en cuestión.
(1) Todo el mundo sabe
ya quienes fueron los contendientes durante la I Guerra Mundial, lo que muchos
ignoran es que tales contendientes pudieron ser otros debido a los puntos de
fricción, intereses y alianzas existentes. Así la Guerra podría haber enfrentado
a Inglaterra, Austria, Alemania y Japón contra Francia y Rusia, o incluso,
Inglaterra podría haber permanecido neutral si Bélgica no hubiera sido invadida
por Alemania en 1914 o se hubieran llevado a efecto los acuerdo secretos anglo-germanos que
preveían el reparto del Congo Belga entre ambas potencias, y los árabes podían
haberse sumado al bando de los Imperios Centrales pues sus contactos tuvieron
con los germanos. Incluso Turquía podría no haber intervenido en la guerra si
los Británicos hubieran hecho honor a los compromisos comerciales contraídos
con la Sublime Puerta; Igualmente Italia podía haberse unido a los Imperios
Centrales en la lucha o permanecer neutral.
En 1914, podía haber ocurrido cualquier cosa en cualquier
momento y con cualquier tipo de consecuencias... surgió en Sarajevo el 28 de
junio con las consecuencias por todos conocidas.