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viernes, 20 de julio de 2012

EL TOTALITARISMO Y SU SUPERVIVENCIA EN LA POLÍTICA ACTUAL


            Muchos han sido los grandes pensadores contemporáneos (Hanna Arendt, Raymond Aron y Claude Lefort entre otros) que han dedicado una amplia parte de sus estudios al totalitarismo político no pudiendo ser menos la atención prestada a este fenómeno ya que el mismo ha marcado por completo la historia de la primera mitad del Siglo XX y, aunque se le diera por muerto en 1945 con la derrota de las potencias fascistas, ha pervivido en su forma original hasta el derrumbe del bloque soviético en 1989.

            Los estudios publicados, ya clásicos en la historia del pensamiento, tienen una gran valía en cuanto que ahondan en la búsqueda de los orígenes del totalitarismo y lo diferencian de otras formas políticas como la tiranía o el autoritarismo pero adolecen del error de considerarlo exclusivamente desde el punto ideológico por lo que entienden y explican que el totalitarismo es una ideología en base a la cual se organiza un estado. Esto lleva a definir a un régimen como totalitario en función de la ideología que profesa y a ciertas características sin las cuales el régimen no es totalitario. Concretamente, Raymond Aron cita cinco características básicas que son:

1º. Un único partido que posee el monopolio exclusivo de la actividad política.

2º. Dicho partido único posee una ideología que le confiere una autoridad absoluta

3º. El estado se reserva el monopolio de los medios de persuasión y coacción, los medios de comunicación son dirigidos por el estado

4º. La economía, al menos en gran parte es controlada por el estado y se convierte en parte del mismo estado.

5º. Práctica del terror institucionalizado.

            Según esto, un régimen que no reúna todas y cada una de estas características no es un régimen totalitario. Así pues, no puede existir totalitarismo en un régimen de pluripartidismo político aunque éste, de una forma efectiva, culmine en el bipartidismo que es una forma de oligopolio político (el sistema de partido único es en realidad un monopolio político).

            No obstante, el totalitarismo debería ser estudiado y considerado desde otra perspectiva mucho más novedosa porque los años transcurridos desde que, en 1989, se considerasen definitivamente enterradas las formas políticas totalitarias con la implosión del comunismo en la URSS; han demostrado sobradamente que el totalitarismo esta por encima de cualquier ideología porque en realidad no es ni se debe a una ideología (se podrá afirmar que fascismo y comunismo son totalitarismos, pero no todo totalitarismo es fascista o comunista), sino que es fundamentalmente UNA ESTRUCTURA que supedita todo principio y toda idea a un fin último que es la supervivencia estructural del estado que es entendido no como un instrumento al servicio de la sociedad sino como un fin en sí mismo.

            El totalitarismo como estructura no requiere una forma política concreta pues puede adoptar las más variadas (parlamentarismo, democracia representativa,  pluripartidismo, monarquía, república y, naturalmente, dictadura) porque lo fundamental para él es que nadie, ni dentro de la cadena jerárquica del estado ni entre la población, se cuestione la legitimidad y la legalidad de las decisiones políticas que se adopten y que estas sean correctamente ejecutadas sin ninguna consideración de orden moral superior. El totalitarismo estructuralmente considerado tampoco requiere la existencia de un partido único ni de grandes fuerzas coactivas ya que le basta con ejercer el monopolio legislativo lo cual le permite redactar leyes y cambiarlas en cualquier momento según las circunstancias permitiéndole de este modo presentar cualquier decisión política como legal y, por tanto, como legítima.

            Lo que sí requiere el totalitarismo como estructura es tener unos medios de información o de comunicación de amplia difusión que le permitan favorecer y fomentar el acriticismo en la sociedad y en las jerarquías inferiores del estado pero ello no se consigue necesariamente por la coacción ni por el miedo, sino a través de la legalidad (licencias administrativas, reglamentaciones, etc…) y a través del dinero.

            Finalmente el totalitarismo, además de ser fundamentalmente una estructura, es también un sistema moral que se basa en un único principio nacido de la perversión de la ética kantiana que se ve reducida a un único imperativo categórico en virtud del cual “hay que obrar de tal manera que si tus superiores te vieran aprobasen tu conducta”. Este sistema moral se crea a partir del totalitarismo estructural por medio de la ingeniería social.

            Así pues, el totalitarismo nunca considerado como estructura ni como moral aparece alejado en extremo de las férreas características indicadas por todos los prestigiosos estudios publicados hasta el momento sobre el tema, lo que favorece que muchos ciudadanos vivan sometidos a regímenes totalitarios sin percatarse de ello y creyendo disfrutar de las mayores libertades políticas y sociales.

            La manera eficaz de identificar si se vive bajo un régimen totalitario es muy sencilla y consiste en la simple observación. Si un gobierno legisla sobre cualquier tema o toma cualquier decisión ejecutiva, como evidentemente le corresponde hacer, basta observar si la decisión en cuestión despierta alguna crítica dentro de la propia estructura del estado o no; si toda ley y toda decisión política es aceptada y cumplida dócilmente por el escalafón jerárquico que forma el estado, evidentemente estamos ante un régimen totalitario. Si por el contrario dentro de la estructura estatal existen discrepancias y críticas y estas no son rápidamente contrarrestadas por alguna campaña de los medios de comunicación tendente a criminalizar al disidente, ciertamente no se podría afirmar que estemos ante un régimen totalitario.
             

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Entiendo lo que quiere decir, creo. Algo similar ocurre con aquello antiguo de que “la Historia se repite”; ahora está en boga lo contrario. De acuerdo, la Historia no se repetirá, pero los contextos sí, y si el resultado final es lo mismo, qué más me da que se repita o que no. ¿Totalitarismo teórico no? Vale, de acuerdo. ¿Totalitarismo práctico sí? Por supuesto.

Aunque supongo que artículos como estos estarán condenados al fracaso allí donde reina lo de “y qué, tenemos la roja”. Por cierto, si me permite el autor del blog, quisiera recomendar el último editorial de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique (http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=611f5a81-b91a-4110-b624-bb70a8581bd5). Me ha llamado la atención lo de “mantener el dolor”.

Chouan dijo...

Estimado Anónimo:

En realidad lo que pretendo decir con este artículo es que en Europa y concretamente en España, los pueblos viven bajo regimenes totalitarios sin darse cuenta.

Ya nadie va con uniformes y levanta el brazo, pero el totalitarismo impera. ¿Donde estan los intelectuales que hace sesenta años ponian en tela de juicio lo existente? pues en realidad de rodillas ante el estado por una subvención.

Nadie, ni intelectuales, ni generales, ni maestros se cuestionan nada, los pueblos viven sometidos y son enseñados para que no se cuestionen nada y aún cuando se lo cuestionan no van más alla de aquellas manifestaciones reclamando "soma, soma" de "Un Mundo Felíz".

El artículo del Le Monde Diplomatique en español esta genial aunque el autor, como yo mismo desde este blog, no decimos otra cosa que las verdades del barquero.

El enlace al articulo a ver si sale es el siguiente:

http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=611f5a81-b91a-4110-b624-bb70a8581bd5

Salud y Amistad

epi dijo...

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Te felicito por lo claro y conciso. Una lástima que no les llegue a todos.
En mi muro de facebook ya está colgado. :)

epi dijo...

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