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martes, 15 de abril de 2014

EL COLONIALISMO Y SU PERVIVENCIA ACTUAL

El Colonialismo no siempre resulta ser esta imagen estereotipada 
El colonialismo es un término muy mal visto por la mayoría de los ciudadanos del primer mundo al tener una idea muy simple del mismo según la cual unas poderosas potencias se enfrentaban, con todos sus adelantos técnicos, a unos pueblos que no disfrutaban de tales ventajas a fin de apoderarse de sus territorios y explotar las materias primas y recursos naturales que en los mismos se encontraban. No obstante, esta visión del colonialismo como expansión militar no obedece a la verdad como demostraría la simple observación de que las fuerzas militares británicas y francesas que forjaron y mantuvieron sus respectivos imperios en el siglo XIX y XX eran notablemente pequeñas en número si se las compara con las poblaciones autóctonas que integraban los territorios de dichos imperios.

            La idea de una potencia colonial no solo era dominar un territorio para explotar sus recursos naturales, sino también la de disponer de un espacio donde poder remitir su excedente de población en tiempos de crisis que, en la metrópoli, estaría condenada al desempleo y a constituirse en foco de inestabilidades políticas y sociales y, sobre todo, adquirir ventajas geoestratégicas sobre otras potencias colonialistas similares.

            Lejos de lo que comúnmente se cree, las víctimas del colonialismo no solo fueron pueblos primitivos sino también estados avanzados que por entrar en crisis institucionales a causa de la corrupción y la ausencia de progresos político-sociales decaían en todos los aspectos siendo fáciles presas de potencias más poderosas y ordenadas de su mismo entorno (este fue el caso de España en 1898 y del Imperio Otomano a principios del Siglo XX).           

La dominación colonial de un territorio no empezaba, como la mayoría de la gente cree hoy en día, con una expedición militar que tomaba posesión del mismo, sino que por el contrario se iniciaba, en el caso de poblaciones no organizadas en estados modernos, con expediciones científicas que ponían de relieve las riquezas de tal o cual territorio así como la conveniencia de acceder a su posesión. A estas expediciones científicas seguían expediciones de carácter humanitario que, con la excusa de proporcionar cultura y asistencia sanitaria, incorporaban a algún plenipotenciario con poderes para suscribir tratados leoninos con las tribus existentes en virtud de los cuales las poblaciones nativas se sometían al poder de la potencia colonizadora cediéndola el control y la administración de su territorio y permitiéndola el asentamiento de ciudadanos de la metrópoli. Solo y exclusivamente en los casos de que esos tratados no fueran respetados o que las misiones humanitarias sufrieran algún tipo de agresión, la potencia colonial recurría a la fuerza militar.

           
Los personajes y el objeto han cambiado pero la finalidad es la misma
Más compleja era la dominación de un territorio que pertenecía a un estado constituido y organizado. En estos casos, se acudía a la clásica vía diplomática mediante la cual se llegaban a negociar tratados internacionales entre dos potencias soberanas y aparentemente iguales por los que se acordaba la construcción de grandes infraestructuras que eran emprendidas y financiadas por personal y empresas de la potencia colonial (por ejemplo el canal de Suez) así como la concesión de cuantiosos préstamos para financiar los aparatos administrativos de la potencia a colonizar con la excusa de modernizarlos. De esta forma la potencia colonial no solo controlaba la infraestructura que había ayudado a construir sino que además conseguía el endeudamiento del estado a colonizar el cual se veía obligado a ceder constantemente a nuevas y progresivas exigencias de sus acreedores abriendo sus mercados y puertos, limitando sus jurisdicciones, estableciendo concesiones a la explotación de yacimientos, etc… Una vez que esto sucedía, el estado colonizado se encontraba con que había cedido todos sus activos económicos y productivos a la potencia colonial y que carecía de toda capacidad de reacción porque esta podría producir la exigencia del pago de los préstamos realizados y, por ende, llevarle a la quiebra económica. De esta forma, un estado no dejaba aparentemente de ser soberano e independiente pero de hecho quedaba a merced de los deseos y caprichos de una potencia extranjera.  

            En la actualidad, las antiguas potencias coloniales carecen de colonias y las que tienen no son más que un residuo casi folklórico de sus viejos sueños de gloria imperial. No obstante, en todo tiempo el colonialismo siempre ha estado presente en los usos políticos de las relaciones internacionales reapareciendo claramente y con fuerzas renovadas en la actualidad porque detrás de la financiación externa para la construcción de infraestructuras a la que recurren determinados estados que se endeudan en exceso (como es el caso del estado español), así como de la compra de deuda pública de los mismos no hay más que el viejo colonialismo en el que la potencia colonial solo tiene que exigir al estado colonizado lo que ha de hacer bajo amenaza de exigirle de golpe el pago de la deuda y llevarle a la quiebra. En realidad este colonialismo es más ventajoso para la potencia colonial ya que esta no asume ninguna responsabilidad en el control y administración del territorio colonizado la cual corresponde exclusivamente a los gobiernos constituidos y, en muchos casos, elegidos entusiásticamente por sus propios ciudadanos salvaguardándose, en apariencia, las libertades democráticas, la integridad territorial de los estados, la soberanía de los mismos y todos los demás principios proclamados por el Derecho Internacional.

            Tanto en el pasado como en el presente es el mercantilismo y no el militarismo el origen y la causa del colonialismo, no siendo los ejércitos nada más que unas piezas del tablero que se usan, en último extremo, para abrir mercados y defender los grandes intereses económicos. El colonialismo no es una práctica política del pasado como cree la inmensa mayoría sino que es un uso fundamental y característico de la política internacional siendo sus víctimas no solo los pueblos del denominado “Tercer Mundo” sino todo aquel estado, que por las causas que sean, decae y se convierte en deudor de otro estado más poderoso.

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