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lunes, 4 de julio de 2011

REFLEXIONES SOBRE EL INDIVIDUALISMO ESPAÑOL

Filósofos, sociólogos y politólogos de todos los tiempos y de todas las tendencias han señalado reiteradamente que el rasgo negativo más característico de los españoles y que no se da tan acusadamente en otros pueblos fuera de la Península Ibérica es el individualismo, fruto del cual surge la ausencia de un espíritu colectivo que nos identifique como un solo cuerpo y cierta tendencia favorable al enfrentamiento civil.


No obstante, pocos han estudiado o señalado los orígenes de este individualismo que, como característica moral que es, solo puede ser adquirido y transmitido culturalmente de generación en generación no siendo posible, en ningún caso, que haya sido creado por generación espontánea ni transmitido genéticamente. Así pues, si el “individualismo” del español es una característica ética y moral adquirida que forma parte de nuestra idiosincrasia cultural que se transmite de generación en generación, es preciso encontrar e indicar la causa primera que lo hace surgir en este pueblo y no en otros.


Cuando una característica cultural y/o moral surge en una colectividad y no en otras colectividades adyacentes, ello solo puede ser debido a motivos extrínsecos, es decir, a causas ajenas impuestas a la colectividad como puede ser el aislamiento geográfico o a motivos intrínsecos, que son aquellos que se dan y se desarrollan en mayor o menor medida consentidamente en el seno de la propia colectividad como puede ser el peculiar desarrollo histórico o vital, no cabiendo la más mínima duda de que es en ese peculiar desarrollo vital del pueblo español donde hay que buscar la génesis de ese individualismo que tan negativamente nos caracteriza.


El pueblo español comparte con los pueblos europeos que nos rodean gran parte de su devenir histórico así como también comparte en gran medida un mismo espacio geográfico en el que no existen barreras infranqueables que nos incomuniquen y, aun en el caso de que se considerase a los Pirineos como una barrera que nos aísla del resto de Europa no existe barrea similar que nos separe del pueblo portugués, el cual no tiene tan marcado y negativo carácter individualista como el español. Por lo cual solo se puede discurrir que habiendo experiencias que generan en una persona traumas que perviven el resto de su vida existe en el pueblo español una experiencia repetida que le ha hecho ser individualista y es que, efectivamente, si nos fijamos con meticulosidad podemos descubrir que el individualismo español tiene su origen en la desconfianza.


Los españoles somos un pueblo que desconfiamos constantemente de otros españoles sintiéndonos inclinados a momentáneas explosiones de alegría que pronto decaen en pesimismo y, más aún, en cierto fatalismo existencial y es que el pueblo español ha sido un pueblo constantemente traicionado, defraudado y engañado por sus dirigentes y por los epígonos de éstos que siempre se encuentran emboscados entre la masa popular.


En los últimos doscientos años de historia los españoles hemos tenido las más diversas formas de gobierno sin que ninguna haya dado cumplida satisfacción a las justas reclamaciones de los españoles no existiendo, además, demanda realizada por los españoles que no haya sido manipulada, retorcida y acomodada por los dirigentes para que se volviera contra el mismo pueblo que formulaba dicha demanda. De ahí las explosiones de alegría, cuando los ciudadanos españoles creían que tal político encumbrado al poder iba a dar satisfacción a sus demandas y su pesimismo cuando veían que, en el mejor de los casos, ese político se olvidaba de sus promesas o, en el peor, las adaptaba a sus exclusivos intereses particulares.


A lo largo de estos indicados últimos doscientos años, el pueblo español colectiva e individualmente considerado ha sido sistemáticamente engañado, ha visto, o mejor dicho, ha sufrido el como unos personajes le decía que tenía que sacrificarse en post del bien común al tiempo que los únicos beneficiados eran los que imponían tales sacrificios eximiéndose ellos y sus familias de sacrificio alguno, luego ha sufrido la aparición de grandes demagogos que prometían enormes cambios y que siendo profetas de esperanza cuando estaban en la oposición al llegar al poder o a sus aledaños se convertían en privilegiados que se olvidaban de los no privilegiados a los que habían prometido redimir. De ahí que si existe frase genuinamente española que sirva para indicar todo el desengaño, todo el cansancio y toda la desconfianza del español es la de “No es eso, no es eso” que ya expreso en los años veinte del siglo pasado don José Ortega y Gasset.


Una vez que el pueblo español constata que es un pueblo constantemente defraudado y engañado empieza a desconfiar de todos y de todo: si alguien le promete algo es porque algo busca, si alguien le señala la posibilidad de promocionarse es porque seguro que quiere engañarle y si, finalmente, si alguien le pide que ratifique con su voto alguna ley, es indiscutible que pase lo que pase y vote lo que vote la ley terminará perjudicándole de alguna forma.


Partiendo de esta desconfianza que se ha ido profundizando con el transcurrir de los años solo era cuestión de tiempo que los españoles llegasen a la conclusión de que no existe camino común que recorrer debiendo cada uno buscar por su cuenta una salida particular o individual para mejorar en la vida, no existiendo, en el mejor de los casos, más visión e interés colectivo que el que abarca el ámbito familiar y asumiendo con fatalismo y como un mal necesario la existencia de un gobierno y de una administración que le exige el pago de impuestos que se pagan mecánicamente no por considerarlo un deber cívico que obedece a un principio distributivo y de satisfacción de necesidades colectivas sino, simple y llanamente, para que le “dejen vivir en paz” (y es que, tampoco nos engañemos, resulta muy difícil pagar alegremente impuestos cuando de ellos se nutren generosamente los parásitos que de siempre viene engañando y utilizando al pueblo español).


Esta es, la desconfianza generalizada entre los españoles nacida del engaño constante, donde radica el origen de nuestro negativo individualismo y solo apartando y excluyendo de la sociedad española a aquellos colectivos y personas que han hecho del fraude de las ilusiones, anhelos y esperanzas de los españoles su modus vivendi al tiempo que se procede a reconstruir paulatinamente la confianza y los lazos comunes existentes entre todos y cada uno de los ciudadanos engañados podremos construir un futuro común en el haciendo gala del vitalismo propio de los seres que viven nunca más tenga cabida el desengaño ni el fatalismo propio de los seres que tan solo aspiran a sobrevivir.


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5 comentarios:

el zurdo dijo...

A partir de Felipe González y de la resaca del 23F, la democracia como aventura que había caracterizado (con todos sus fallos y luces, sus oasis y cataclismos) la etapa comandada por Adolfo Suárez da paso a una creciente mezcla de cinismo y abyección (que asocio cada día más con la III República francesa en sus postrimerías -años 30- tan bien descrita por Drieu en MESURE DE LA FRANCE y por Céline en MUERTE A CREDITO), lo que yo he llamado alguna vez "plutolatría", y que acaba por unir en un solo monstruo social el pesebrismo peronista y la insolidaridad hayekiana.

El Chouan Iberico dijo...

En mi opinión no hay que caer en el simplismo de echar la culpa a Felipe González, a Suarez o al mismísimo Franco... aquí el mal es endémico y viene de al menos dos siglos atras

Por otro lado... ¿No cree usted que existe cierto paralelismo entre la intrahistoria de Rusia y de España?. Rusia es un país corrupto al igual que España y al igual que España, lo es hoy, lo ha sido con el comunismo y lo fue con los Zares y además con el agravante que es el mismo tipo de corrupción institucional.

Por cierto... al mencionar la III República Francesa se olvida usted de mencionar el brillante estudio de Jacques de Bainville titulado "La III República".

Salud y Amistad

el zurdo dijo...

Siempre se ha hablado de los muchos nexos entre Rusia y España. La diferencia, a mi juicio, es la mayor ferocidad del eslavo (como se ha visto mil veces desde la caída de la URSS y de su patio trasero) que hace de sus corrupciones algo más honesto en su condición expeditiva, sin ese retorcimiento barroco de aquí, tan quevedesco. Allí prima más lo oriental y el constante sentimiento de peligro. Aquí una y otra vez (algo, insisto, muy barroco) se pierde el sentido de lo real y entramos constantemente en delirios y pasmos (ahora llamados "burbujas"), aún más acentuados con toda esta puñeta del Internet y la realidad virtual.

El Chouan Ibérico dijo...

Al respecto de si la corrupción eslava es mas honesta, pues la verdad... posiblemente tenga razón.

Aquí se pretende envolver el vil acto corrupto en un bello papel de honestidad y cosa grande, en cambio en Rusia, uno se lleva el dinero y si hay peligro de que le descubran es que.... ¡¡¡El barco se hundió ayer!!! (Esto hace referencia a que a principios del siglo XX cuando se estaba reconstruyendo la flota rusa tras la derrota en la guerra Ruso Japonesa se dió dinero para construir un acorazado en los astilleros del Mar Negro y cuando llegó el Zar para botarlo, resulta que el buque no estaba porque se había hundido el día anterior, es decir que se habían quedado con el dinero y el barco no se había construído).

Salud y Amistad

el zurdo dijo...

Ahí, ahí, en el clavo.

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