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martes, 6 de febrero de 2018

LA ESPAÑA CÓMICAMENTE AMARGA


Siempre se ha dicho que "la realidad supera la ficción" y prueba de ello es nuestro pobre y maltratado país real que, magistralmente y con gran acierto, reflejó don Luis García Berlanga a lo largo de su filmografía. Si la saga de películas de "La Escopeta Nacional" mostraba la forma habitual de hacer política, "Plácido" ponía en solfa el poco calado que tenía cualquier principio de justicia social , siempre limitado a unos hechos de falsa y mal entendida Caridad, y "Calabuch" mostraba la limitación de la ciencia a la juerga; la película "El Verdugo" (1963) clavaba con premonitoria exactitud lo que ocurriría once años más tarde con el verdugo que ejecuto a Heinz Chez en 1974 (1). Y es que Berlanga tenía un profundo conocimiento de lo que constituía la substancia española y su carácter atávico que no es otra cosa que una infeliz mezcla de confusión, incoherencia, no saber querer y deseos irrefrenables de aparentar, todo lo cual, inexorablemente, culmina en el grandioso ridículo al que están condenados todos aquellos que creen ser pero no son.

            Lo anterior  viene a cuento porque, observando la actualidad de nuestro descuajaringado país y lo que en él está pasando, no cabe menos que lamentarse por la magnífica película que, de haber vivido, hubiera dirigido Berlanga con todos los elementos que esta realidad nos está proporcionando. Esa hipotética película sería, sin duda, la más grande y la mejor del director porque forzosamente debería unir al carácter genuino y propio de su filmografía una síntesis del esperpento valleinclanesco y del humor de los Hermanos Marx.

            Y es que ¿Acaso no identifica el lector a personajes propios de una película de Berlanga entre políticos y altos funcionarios del solar patrio? ¿Acaso los hechos que padecemos no se corresponden con las situaciones cómicas, rocambolescas y surrealistas que pudiera contener el guión de cualquiera de las películas de Berlanga?.

            Puigdemont y sus Consellers, se saltaron la norma básica del arte dramático que dice que "jamás hay que iniciar una acción sin resultado" porque la misma resultaría un absurdo. No nos dejemos engañar por más tiempo, estos personajes del nacionalismo catalán rozaron la secesión de Cataluña con la yema de sus dedos pero, llegado el momento crítico, demostraron carecer de fe en el proyecto y de valor para llevarlo a efecto y mientras unos se entregaban a la justicia otros salían corriendo actuando todos como verdaderos "Capitanes Araña", engatusadores de unas masas a las que, finalmente, dejaron abandonadas. Ahora, lejos  de dirigir los acontecimientos son los acontecimientos quienes les dirigen a ellos lo que les condena a afirmar en unos foros lo que niegan en otros y todo ello para intentar justificarse ante su propia parroquia. No cabe duda de que si Puigdemont hubiera sido De Valera y Oriol Junqueras hubiera sido Michael Collins, la República de Irlanda aún seguiría siendo parte del Reino Unido de la Gran Bretaña.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, desconoce la complejidad del problema, su propia realidad, sus propias fuerzas (o ausencia de ellas), y tan alta consideración tiene de sí mismo que actúa como si fuera un gran estadista cuando no es más que un caudillito ridículo a modo de los que nos ofrece la historia de las repúblicas bananeras de Sudamérica. Mariano Rajoy, como político español es de los que mandan a la escuadra española a la victoria de Santiago de Cuba, como político hispánico equivale a un Antonio María López de Santa Anna, vencedor del Álamo y perdedor de todo lo demás, que se creyó un Napoleón capaz vencer a los ejércitos de Scott y Taylor y como político europeo emula a aquel figurante que, con las manos en la cintura, se abría paso a codazos entre los mandatarios de las grandes potencias europeas con el único propósito de figurar en una foto tomada en Múnich.

            Los Generales, dirigentes o encargados de las fuerzas de orden público, con pleno desconocimiento de la conocida y reiterada jurisprudencia de Núremberg, se limitaron a "cumplir órdenes", las cuales eran básicamente que el referéndum del 1 de Octubre no se celebrase y aquí empieza lo cómico. Mientras que la Vicepresidente del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría, comparecía públicamente afirmando que en Cataluña "no había ningún referéndum ni apariencia del mismo", en televisión se veía a la gente metiendo unos papeles en unas cajas al tiempo que también se veían cargas policiales. Si esto fuera poco, Puigdemont fue sometido a un importante dispositivo de seguimiento por parte de las fuerzas de seguridad para impedir que se diera la imagen pública de este votando en un colegio, dispositivo que fue hábilmente burlado ya que el susodicho termino depositando su papel en su caja. La siguiente noticia relativa a las eficientes fuerzas de seguridad y orden público fue que, ante la pasividad de la plataforma anti-desahucios, eran desalojados de los hoteles y pensiones que el Ministerio del Interior había contratado para alojar a los agentes especialmente desplazados a Cataluña a falta de acuartelamientos y edificios públicos estatales que pudieran destinarse para tal fin y que, incluso de algunas localidades, eran expulsados a pedradas por los habitantes de las mismas en una versión diferencial catalana del castellano "¡Al Pilón!". Por último y lo que corona la eficacia de la mencionada actuación de las fuerzas de Orden Público fue la sagaz fuga hacia Flandes de Puigdemont a quien, por otra parte y como buen español, se le pueden dedicar aquellos versos de aquel catalán ilustre que decían:  

"Pensé poco, rece mucho
Jugué bien, perdí bastante,
Y porque esa empresa loca,
Que nunca debió tentarme,
Que perdiendo ofende a todos
Y triunfando alcanza a nadie;
No quise salir del Mundo
Sin poner mi tupé (pica) en Flandes".

            Lo que podría haber sido el último acto de una modélica y eficaz actuación de unas fuerzas del orden que velan por la seguridad de los ciudadanos mientras duermen, se convierte solo en el penúltimo ya que la eficacia demostrada requiere de la justa recompensa y provoca reivindicaciones como la de no alojarse en buques de pasajeros, comer decentemente en los mismos y, ¡¡faltaría más!!, una equiparación salarial a la que perciben los Mossos d´Esquadra.

Por último, queda la actuación judicial que sigue la estela de todo lo anterior. Se mete en prisión a unos señores, a otros se les saca bajo fianza previa promesa de que van a ser niños buenos y no lo van a volver a hacer más, cuando no alegan, simplemente, que todo era meramente simbólico y poco más que una broma y, finalmente, un día se dicta una Orden Europea de Detención y Entrega (O.E.D.E.) contra Puigdemont  que al poco tiempo se deja  sin efecto asegurando que se reactivará cuando se considere oportuno como si a un presunto delincuente se le persiguiera o no dependiendo de la oportunidad y no de lo que dictan las leyes.

            Se estará de acuerdo, que esta relación objetiva de hechos pueden inspirar un guión y multitud de escenas cinematográficas de una película que, a falta de Berlanga, también podría ser dirigida por Santiago Segura.

            Yo me atrevo a dar la entrada...

            Escena Primera: Un joven de Bachillerato se examina de geografía española en el mes de junio, le preguntan el nombre de las Comunidades Autónomas españolas y desconoce la respuesta. Es suspendido y convocado para los exámenes de septiembre.

            Escena Final: El mismo joven, tras pasar sus vacaciones veraniegas comparece al examen de septiembre y vuelve a ser preguntado por el nombre de las Comunidades Autónomas españolas, enumera correctamente todas y cada una de ellas recibiendo del profesor un nuevo suspenso alegando: "pero señor mío, ¿No se ha enterado usted que España, si existió alguna vez, ya no existe"?.









(1) Heinz Chez, conocido como "El Alemán", fue ejecutado el mismo día que Salvador Puig Antich, el 2 de Marzo de 1974, por medio del Garrote Vil. El verdugo que ejecutó la sentencia, como el protagonista de la película de Berlanga, entro en el cuerpo de verdugos pensando que jamás tendría que ejecutar una sentencia de muerte, cuando recibió la citación para la ejecución de Heinz Chez intentó escaquearse de la misma y solo accedió a proceder cuando fue amenazado con una fuerte sanción. La ejecución de Heinz Chez fue la última ejecución en España por medio del Garrote y, al parecer, adquirió tan dantesco carácter debido a la inexperiencia del verdugo que los que la presenciaron salieron espantados imponiéndoseles una férrea ley del silencio.




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