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lunes, 17 de diciembre de 2018

DE QUÉ MUEREN LAS DEMOCRACIAS




 Desde hace unos meses se encuentra a la venta en las librerías de nuestro país un libro llamativamente titulado "Como mueren las democracias", publicado por la editorial Ariel y escrito por dos luminarias norteamericanas que deben su prestigio exclusivamente a ser profesores de la Universidad de Harvard y que han aprovechado la coyuntura política norteamericana e internacional para poner en negro sobre blanco una serie de obviedades y, de paso, cargar tintas sobre los llamados "populismos". Desde los años veinte y treinta del pasado Siglo XX, han sido numerosos los estudios sobre la "crisis de la democracia" que se han realizado en todo el mundo por lo que este libro solo incide en lo que ya han dicho otros con anterioridad resultando sobradamente prescindible y habiendo sido beneficioso para los esquilmados bosques del planeta que no se hubiera publicado.  

            Los llamados populismos, denominación tan genérica y abstracta como la del fascismo con la que se pretende definirlo todo y no se define nada, no son, como se pretende, una enfermedad de las democracias y por lo tanto no las matan. Los populismos son tan solo un grave síntoma, tal vez el último y definitivo, de la verdadera enfermedad que, lenta y silenciosamente, mata a la democracia; porque se ha de saber que las democracias no mueren, a las democracias se las mata.

            La enfermedad que mata a la democracia es una enfermedad genética y congénita, es decir, que se encuentra desde el origen en el propio cuerpo del régimen democrático y puede, dependiendo de las condiciones ambientales del entorno, no desarrollarse jamás o desarrollarse en unas sociedades antes que en otras.  Esta enfermedad pasa por al menos cuatro fases, siendo las dos primeras latentes, es decir la enfermedad está pero no genera síntoma alguno o no genera síntomas masivamente molestos al limitarse prácticamente a la filosofía que inspira a las estructuras e instituciones políticas; mientras que las dos últimas fases son visibles y evidentes generando numerosos y variados síntomas cada vez más graves y molestos al infectar y transferirse el mal a la propia sociedad.

            La primera fase es el gen intrínseco y anómalo provocador de la enfermedad y que puede o no irse desarrollando. Es la fase de "la contradicción y la hipocresía" en la que la democracia muestra sutiles contradicciones que se manifiestan en imperceptibles actos de hipocresía. Es el momento en que proclamadas todas las libertades en los grandes textos legales, se las niega o se las recorta en los desarrollos reglamentarios y en el que declaradas todas las igualdades de derecho se las niega fáctica y prácticamente. La contradicción más grave de la democracia radica en que a pesar de la proclamación de que todos pueden ser elegidos para cualquier cargo público en realidad tal posibilidad se reducen drásticamente a determinadas personas o grupos que cuentan con el apoyo de determinados poderes o medios. Si la democracia quedó definida por Lincoln como “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo (1), lo cierto es que a ese pueblo se le pide periódicamente que decline su libertad en unos parlamentos sobre los que, una vez constituidos pierde cualquier posibilidad de control y que, por muy electos que sean, no dejan de ser y funcionar como una institución aristocrática entendida en el sentido estricto de ser pocos pero no necesariamente los mejores. En esta primera fase, la inmensa mayoría de la ciudadanía no percibe que exista enfermedad alguna al no detectar las sutiles contradicciones y solo una minoría muy minoritaria, próxima  al poder, se percata de la misma, lo que proporciona a esa minoría una información privilegiada que terminará aprovechando en beneficio propio.

            Esta primera fase se desarrolla posteriormente al agudizarse las contradicciones del régimen político y se pasa a la segunda fase de la enfermedad que es la fase de la "mentira manifiesta", algo más perceptible pero no mayoritaria ni masivamente perceptible. Los poderes públicos niegan y reniegan de sus contradicciones y empiezan a justificarla con sofismas que son mentiras con apariencia de verdad. Es el momento en que desde el poder se asegura que todo va bien cuando la gente percibe que algo va mal, es el momento en que las estadísticas justifican un país ideal que no coincide con el país real, es el momento donde algunos vaticinan como van a desarrollarse peligrosamente los acontecimientos futuros pero se les llama agoreros y se les margina. En esta segunda fase, los ciudadanos y las sociedades no tienen la percepción de que algo esté fallando y mantienen su identificación con los gobernantes y las instituciones pues, a pesar de la igualdad proclamada, el pueblo no ha dejado aún de considerar y creer que existe cierta superioridad natural, intelectual y moral, en los dirigentes elegidos que, de alguna manera, les hace mejores que al pueblo al que dicen representar y hace que éste no les considere tan malos o incompetentes como se dice o parece.

 La tercera fase de la enfermedad muestra ya síntomas externos, visibles y fácilmente perceptibles por la ciudadanía; es la fase de la "corrupción". Las contradicciones y las mentiras han seguido creciendo y se han ido haciendo cada vez más evidentes para la población al tiempo que se hacen públicas y salen a la luz, posiblemente por motivos espurios que tienen su origen en la lucha por el poder de las facciones políticas en liza, casos de enriquecimiento ilícito de dirigentes políticos o de ciertos actos de dudosa moralidad y rectitud legal cometidos por los representantes políticos. En esta fase la enfermedad se trasmite a la sociedad quien pierde la confianza en los propios representantes que elige, lo que supone en sí misma una contradicción en el seno del pueblo pues ¿Por qué continuar votando a aquel en quien ya no se confía? (2). En esta tercera fase, la "corrupción" política e institucional termina siempre saltando e infectando a la sociedad porque es potestad propia de los dirigentes democráticos de un estado influir con su ejemplo, bueno o malo, en la sociedad que los ha elegido; este es el momento en que los dirigentes consideran que "a un pueblo se le gobierna mejor por sus vicios que por sus virtudes" (Napoleón) y actúan en consecuencia fomentando debates superfluos y todo tipo de distracciones. Evidentemente la sociedad, por muy corrupta que sea, jamás lo será tanto como sus dirigentes y su corrupción se limitará a guiarse por un mal entendido "carpe diem" y a decantarse hacia la picaresca que supone el buscar resarcirse, en la medida de lo posible, de las cargas y exacciones que se le exigen desde el poder ocultando por aquí unos pocos miles y sacando por allá algunos cientos.

            Finalmente, la última fase de la enfermedad que termina con la democracia es una fase que se manifiesta clara. públicamente y sin pudor, es la fase de la "pérdida del sentido común" o de la "degeneración". En esta fase los dirigentes políticos pretenden autojustificarse exacerbando los sentimientos de los ciudadanos y apelando a lo más bajo y visceral del ser humano porque con ello obtienen adhesiones inquebrantables a sus respectivas personas, las contradicciones y las mentiras carecen por completo de importancia porque la coherencia y la verdad, simplemente, han dejado de ser importantes y a muy pocos les interesan, lo que ayer estaba mal hoy se considera bueno y viceversa. Los desencuentros políticos, se convierten en tensiones extremas que se transmiten a la sociedad que se bipolariza cada vez más acusadamente en bloques irreconciliables, las instituciones del estado sobre las que recae la obligación elemental de mantener la paz, la legalidad y el sosiego se muestran incapaces de hacerlo porque desertaron de su autoridad y se negaron a estar vigilantes, desde un primer momento, dedicándose a mirar hacia otro lado ante una enfermedad aun asintomática y tolerando lo que en privado o en público consideraban "un mal menor". Y todo ello por no enemistarse con el poder político y financiero con el que compadreaban en secreto guiados por el deseo o "el miedo a perder su puesto" (3) en la estructura del poder.

            En definitiva, lo que mata a la democracia son sus contradicciones internas las cuales le son consustanciales y padece desde su origen y nacimiento así como la incapacidad de los dirigentes políticos de asumirlas mitigando en lo posible sus efectos. Es precisamente esa capacidad o incapacidad de los dirigentes políticos para gestionar las contradicciones, unida a la pronta reacción de las instituciones estatales contra las mentiras de esos dirigentes la que define los parámetros de salud de una democracia impidiendo y/o retrasando el desarrollo de una enfermedad que le es crónica pero con la que puede vivir perfectamente si se la atiende correcta y constantemente.








(1) Frase que forma parte del llamado Discurso de Gettysburg pronunciado por Lincoln el 19 de noviembre de 1963 en el lugar donde se produjo la batalla homónima y donde, se mire por donde se mire, una parte de ese pueblo pisoteo los derechos y libertades de otra parte de ese mismo pueblo.

(2) "Votar tapándose la nariz" lo suelen llamar algunos.

(3) Respuesta atribuida a Hans Frank durante el proceso de Nüremberg cuando fue preguntado el por qué un jurista de su talla había colaborado y cometido los crímenes que se le imputaban.



martes, 22 de mayo de 2018

SIETE DÍAS DE MAYO (1)


 No se puede negar que los acontecimientos políticos ocurridos en nuestro país en la semana del 14 al 20 de mayo de este año 2018 han sido sorprendentes al poner de manifiesto, negro sobre blanco y con una claridad meridiana, el total desquiciamiento y la total ausencia del más mínimo escrúpulo moral de los distintos miembros de la casta política española.

            La semana se inició con la noticia de que los dirigentes de PODEMOS, Pablo Iglesias e Irene Montero, pareja sentimental en la vida real, habían adquirido, en una localidad madrileña próxima a la Sierra del Guadarrama, una vivienda unifamiliar de doscientos metros cuadrados rodeada de una parcela de dos mil metros por el "asequible" precio de más de seiscientos mil Euros. Como es evidente y natural cada uno hace lo que quiere con su dinero y nada malo hay en ello, pero no se puede negar que existe una manifiesta contradicción en esta pareja entre lo que dice y manifiesta defender y los hechos realizados. El discurso de los líderes de PODEMOS, es, o al menos era claro: "Eran los de abajo que venían a por los de arriba", querían regenerar la política española con nuevas ideas y nuevos modos en franca oposición a los modos y a las ideas de la casta política imperante, pero, ahora se descubre, que sus ideas no eran tan nuevas como se creía y que sus modos son idénticos a los de la casta a la que denunciaban y a la que, finalmente, se han terminado incorporando.

            Pablo Iglesias e Irene Montero no tienen el monopolio de las contradicciones aunque en la que han incurrido, que es de manual, resulta la equivalente en la izquierda a esas repugnantes contradicciones de la derecha que consisten en clamar por la santidad e indisolubilidad del matrimonio al mismo tiempo que se mantiene oculta a una querida a la que se le pone un piso y a la de defender el derecho a la vida y oponerse al aborto al mismo tiempo que se envía a la hija a un viaje de fin de semana a Londres. Y es que todo parece dar la razón al Premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela, cuando dijo que "no hay cosa más parecida a un tonto de derechas que un tonto de izquierdas"; cambiemos el adjetivo "tonto" por el de "geta" y tenemos la descripción perfecta del liderazgo político español.

            Ahora parece que Pablo e Irene, que ya son una pareja mítica como lo fueron en literatura  "Pablo y Virginia" (2) o como en política lo fueron el matrimonio Caucescu, quieren que las bases de su partido les aclamen mediante un plebiscito. Presentarán esa consulta a las bases como un manifestación democrática, pero que simplemente entronca con la necesidad política que tiene todo dictador o "líder providencial" de ser aclamado plebiscitariamente para convertir o hacer pasar la aclamación por una legitimación. Es el viejo método ya empleado por Luis Napoleón para hacerse aclamar Emperador de los Franceses mediante el plebiscito de 1851, el usado por Hitler para legitimarse en el plebiscito de Marzo de 1933, y por Nicolás Maduro últimamente.

            La compra de una vivienda unifamiliar por parte de Pablo Iglesias e Irene Montero por un precio superior a seiscientos mil euros hace surgir la gran pregunta que no es otra que ¿Por qué ahora?.  Tras manifestarse contrario a que los políticos vivieran en urbanizaciones cerradas alejados de la gente y de la vida real y hacer elogios de su modesta vivienda en el madrileño barrio de Vallecas ¿Qué es lo que ha cambiado en la vida de Irene Montero y de Pablo Iglesias para que ahora se hayan decidido a cambiar de vivienda y adquirir una de alto standing?. La respuesta resulta evidente: con el sueldo de profesor universitario no le llegaba y ahora, con los sueldos y dietas que la pareja percibe como diputados, les llega y les sobra. Luego seguirán defendiendo que están en política para servir y no para servirse...

            Habrá muchos que se sientan defraudados por Pablo e Irene, pero realmente solo puede ser defraudado quien entusiásticamente puso sus esperanzas en ellos, aquellos otros que, o bien no las pusieron o las pusieron con reservas, no se han de sentir defraudados. Al fin y al cabo PODEMOS y sus líderes no han engañado a nadie. Se presentaron, primero como admiradores de la Revolución Bolchevique de 1917 y luego como aliados  de la coalición griega de izquierdas radical, Syriza, y seamos serios... Lenin prometió al pueblo ruso "Pan y Paz" y le sometió a una primera hambruna horrible y a tres años más de guerra y Syriza prometió a los griegos acabar con la política de recortes y siguió estrangulándoles aplicando las medidas impuestas por la Unión Europea. Con esos antecedentes ¿Qué se podía esperar?.

 Otro acontecimiento político de la semana ha sido la investidura, por fin, de un nuevo presidente de la Generalitat de Catalunya. El nuevo President de la Generalitat es Quim Torrá, antiguo miembro de Unió Democrática de Catalunya y ex-presidente de Omniun Cultural, el cual al parecer ha mantenido un discurso supremacista muy en consonancia con el discurso de su admirado Estat Catalá, partido creado por el Coronel del Ejército español Francesc Maciá y de claras connotaciones filo-fascistas.  La investidura fue posible gracias a los apoyos expresos de Junts per Cataluña y de Esquerra Republicana de Catalunya así como por la abstención de la CUP, lo cual no deja de llamar la atención y constituye una grave contradicción que partidos que se autotitulan de izquierdas y que dicen estar a favor de la inmigración y del internacionalismo terminen dando su apoyo a opciones nacionalistas y excluyentes. No obstante esto tiene su explicación que no es otra que, tras la caída del muro de Berlín en 1989, la izquierda occidental quedó ideológicamente huérfana porque se descubrió que el anhelado paraíso proletario que existía en los llamados países del Este europeo, no era tal sino más bien todo lo contrario y como lo fundamental en la política, entendida ésta exclusivamente como Modus Vivendi, es mantenerse en posiciones de poder; el nacionalismo, el vulgar nacionalismo de toda la vida, se ha convertido en el refugio de las izquierdas para seguir copando lucrativas parcelas de poder. Eso ya paso en extinta URSS y en sus países satélites, donde los líderes de los Partidos Comunistas se convirtieron, de la noche a la mañana, en fervientes nacionalistas y los Generales del Ejército Rojo pasaron a ser generales ultranacionalistas.

            Nuevamente no nos ha de extrañar tal actitud, que constituye otra contradicción de la izquierda, pero tampoco debemos sentirnos ni engañados ni sorprendidos, al fin y al cabo los comunistas ya pactaron con los nacionalistas alemanes en el Tratado de Rapallo de 1922 el rearme secreto del ejército alemán y volvieron a pactar con ellos en 1939 el reparto de Polonia.

 Otra noticia política de la semana viene marcada por el acto público celebrado en el Palacio de Congresos de Madrid por el partido político "Ciudadanos", que ha presentado su nueva plataforma "España Ciudadana" y que en realidad ha sido la escenificación de un mensaje nacionalista y patriotero propio de los que la desaparecida Fuerza Nueva organizaba los 18 de Julio en la madrileña Plaza de Toros de las Ventas.  Y es que, no nos engañemos, frente a los complejos manifestados por el Partido Popular, "Ciudadanos" pretende explotar en beneficio propio un nacionalismo y un patrioterismo soez y grosero que ha demostrado ser muy rentable.

            La plataforma "España Ciudadana" recuerda por su nombre a cierta coalición ultraderechista que se presentó a las elecciones europeas de 2014 y que se llamaba "La España en Marcha" y por sus objetivos a la Fundación FAES ya que si "España Ciudadana" tiene por objeto "recuperar el orgullo de ser español", el presidente de FAES, José María Aznar, afirmó que la finalidad de la fundación era "repensar España". Evidentemente FAES no ha "repensado mucho España" y "España Ciudadana" nos va a hacer sentir muy orgullosos de ser españoles si al final "Ciudadanos" presenta, tal y como pretende, como candidato a la alcaldía de Barcelona al ciudadano francés Manuel Valls porque parece ser que no encuentra otro candidato capaz, preparado y fiable entre los orgullosos españoles.

            "Ciudadanos", irrumpió en la política nacional española, al igual que PODEMOS, afirmando querer regenerar la política desde la novedad, con nuevas ideas y nuevas formas y resulta que sus ideas parecen inspirarse cada vez más en las viejas ideas nacionalistas de Fraga y su partido original, Alianza Popular, y sus formas son cada vez más similares a las del propio Partido Popular. España está pasando actualmente una crisis de convivencia, con una bipolarización cada vez mayor, y en este contexto lo mínimo que se debe exigir a un dirigente político es que aporte  un poco de sentido común y no que favorezca el enfrentamiento tensando la cuerda desde el otro extremo. Pero no nos engañemos, el nacionalismo, el envolverse en trapos pintados, es cosa que da la suficiente rentabilidad política que permite vivir holgadamente de la política y esa es la finalidad de todo político español: Vivir de la política y vivir muy bien y si, para ello, hay que crear una plataforma que favorezca esa finalidad se crea "España Ciudadana", que el término ciudadana queda muy liberal, revolucionario y afrancesado. ¡¡Qué más da que Napoleón I prohibiera el uso del tratamiento de "Ciudadana" para el género femenino por las connotaciones negativas que el mismo tenía!!.

Finalmente, el último acontecimiento político de la sorprendente semana ha sido que el grupo juvenil del partido ultraderechista "VOX" ha colgado una pancarta en la nueva casa de Pablo Iglesias y de Irene Montero que rezaba "Welcome Refugees & Ocupas". No vamos a criticar (o sí) que el ocurrente nombre del patriótico grupo juvenil sea "Cañas por España", nombre más propicio para un colectivo lúdico de borrachos conocidos (que no alcohólicos anónimos) que para un grupo con intencionalidad política, pero lo que desde luego ya es el colmo de la tomadura de pelo es que "VOX", como "Ciudadanos" y PODEMOS, pretenda ser una formación política novedosa y rompedora con lo existente, cuando todos sus dirigentes han sido dirigentes del Partido Popular en el tiempo en que dicho partido gozaba de mayor poder, lo que irremediablemente les convierte en responsables de la política desarrollada por el mismo, y hayan descubierto la necesidad de innovar y de regenerar la política cuando en la renovación de cargos de responsabilidad en el seno del partido del que formaban parte y al que hacían promesas y juramentos de lealtad inquebrantable no aparecían sus nombres.

            Hasta aquí la exposición de los hechos, ahora es al lector a quien le corresponde sacar conclusiones. Algunos dirán que se mezcla vida privada y con la actividad pública, otros dirán que se exagera y que no es para tanto, pero lo cierto y muy cierto es que "la moral particular no es distinta de la moral política" y que si alguien con quien te tomas un café se queda, al descuido, con los diez céntimos de Euro que dejas de propina para el camarero, no tienes que dudar de qué es lo que hará si esa persona llega a administrar caudales públicos.

            La actitud, las formas y los modos de los distintos miembros de esta casta política ampliada está demostrando que para los políticos españoles, la política no es un generoso servicio al bien común que honra a quien lo desempeña sino una lucrativa forma de ganarse la vida y enriquecerse.















(1) El título de este artículo se inspira en el de la película de Juan Antonio Bardem, "Siete Dias de Enero" en la que se narra el ambiente de tensión política, con atentados, secuestros y muertes de manifestantes que se respiraba a mediados de enero de 1977 y que culminó con la matanza de cinco abogados laboralistas en su despacho de la madrileña calle de Atocha.

(2) "Pablo y Virginia" es una novela de Bernandin de Saint Pierre que narra la historia de  dos amigos de la infancia que se enamoran inocentemente pero terminan muriendo de forma trágica cuando naufraga el barco Le Saint-Geran, en el que viajan (un hecho real que sucedió en el año 1744).

miércoles, 28 de marzo de 2018

¿CUAL ES EL PRECIO PARA BENEFICIO DE UNOS Y OTROS?



 Tras cinco meses escabulléndose de la Administración de Justicia, el domingo pasado, 25 de marzo de 2018, la policía alemana detuvo a Carles Puigdemont tras internarse en territorio alemán procedente de Dinamarca con la intención de regresar a su refugio belga. Con esta detención terminan las "aventuras" de quién, al parecer, alguien ha calificado de "el puto amo" y culmina una operación policial y de inteligencia que pone de manifiesto el magnífico trabajo de las fuerzas de seguridad del estado español que empezó con la no celebración del referéndum del 1 de Octubre de 2017 en Cataluña tras la captura de millones de papeletas y continuó con unas relajantes vacaciones del señor Puigdemont en Bélgica.

            Se quiera reconocer o no, lo cierto es que la situación política española lleva décadas degradándose siendo la actual crisis abierta entre Cataluña y el resto de las Españas la última manifestación de tal degradación que, lejos de irse solucionando, se va agravando con declaraciones y actuaciones, incoherente, desafortunadas y claramente estúpidas de unos y otros.

            Los hechos están demostrando que la tensión abierta beneficia a los distintos miembros de la casta política nacional y periférica. Españolismo y separatismo, separatismo y españolismo son dos tendencias políticas que imprescindiblemente se necesitan y se retroalimentan porque, no nos dejemos engañar, el anti separatismo es la única justificación del discurso político de unos mientras que otros, con una Cataluña independiente, se quedarían sin discurso alguno.

            Como niños irresponsables juegan los políticos con los sentimientos y los intereses de los pueblos a los que deberían servir lealmente y a los que, simplemente, han convertido en unos medios para saciar sus sucias finalidades. Pero no divinicemos tampoco a los pueblos porque los distintos pueblos que conforman las Españas ya son mayorcitos para dejarse engañar de forma constante.

            El señor Rufián apela a la inconstitucionalidad de la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española y de la detención de Puigdemont, pero, ¿Es consciente este señor de lo brillante de su razonamiento?. Si la finalidad del señor Rufián y de su partido es crear un estado independiente, evidentemente pretende crear una legalidad totalmente ajena a la Constitución de 1978 por lo que, por pura coherencia política y salud mental, uno no puede ampararse en una legalidad que pretende romper o que considera injusta o periclitada porque recurrir a dicha legalidad es reconocerla como la única válida y aplicable.

            La señora Rahola, entusiasmada con los periplos de Puigdemont por Europa, estalla de júbilo, pero en vez de emular a Homero y cantar la Odisea de este nuevo Semi-Dios en su largo y tortuoso camino de regreso a su Ítaca catalana,  le define como "el puto amo" por escabullirse de la Euroorden reactivada por el estado español sin ser consciente ni haber analizado siquiera que tan barriobajera expresión resulta más apropiada para referirse a cualquier jefe gansteril  inspirador de alguna película de Scorsese que para aludir a un supuesto líder político perseguido.

 Y desde el otro lado del conflicto, ¿Qué decir de sus demostradas genialidades?. Han aplicado el artículo 155 de la Constitución Española, han convocado nuevas elecciones autonómicas en Cataluña con el resultado por todos conocidos y, finalmente, han detenido a Puigdemont. Todo  ha sido un rotundo éxito sin sombra de duda que demuestra que todas las instituciones funcionan y que las fuerzas de seguridad y de orden público son de una eficiencia inapelable. En fin, que están encantados de haberse conocido yendo de victoria en victoria hasta que el pueblo español se encuentre con la sorpresa de la derrota final.

            En definitiva, unos y otros juegan y juegan y cuando el juego termine solo quedará un solo pueblo perdedor. Unos tienen su imaginaria república independiente de Cataluña (denominación que recuerda el reclamo de un conocido imperio mobiliario donde impera la emperatriz "llave Allen") y otros tienen su no menos imaginaria España unida, constitucional y poderosa. No obstante, la realidad es muy diferente a la que nos pretenden transmitir los otros y los unos.

            Los políticos, todos ellos sin excepción, han abierto irresponsablemente importantes brechas en la sociedad española, entre catalanes y entre catalanes y el resto de los españoles; brechas que un político inteligente, un verdadero Hombre de Estado, intentaría por todos los medios ir cerrando de la misma forma en que se cierran las heridas abiertas: con seguridad, lentamente y de adentro a afuera. Pero no, lejos de eso, desean mantenerla abierta porque esta herida abierta y supurante se ha convertido en una fuente inagotable de discursos y de recursos para los politicastros sin escrúpulos que ahogan al pueblo y al país.

            Unos y otros pretenden vender al pueblo sus fracasos y estupideces como acciones exitosas nacidas en sus inteligentes mentes, pero en realidad nada bueno ni inteligente puede surgir de sus cabezas locas que solo funcionan medianamente bien para idear medios que les permitan llenarse los bolsillos con los impuestos y sufrimientos del pueblo.

            Unos y otros han reducido al pueblo catalán y al resto de los españoles a la mendicidad. Guste o no guste, unos y otros mendigan y en la obtención de la limosna cifran su éxito. Unos mendigan independencia y otros mendigan unidad y ¿Qué es lo que vale una unidad o una independencia obtenida como limosna?. Pues, NADA.  Mantener la unidad como pretenden los llamados "constitucionalistas", apelando a una legalidad mudable y, sobretodo, a la colaboración europea e internacional es entregar esa unidad a los intereses que en cada momento puedan tener determinadas potencias extranjeras y conseguir una independencia a la sombra de ciertos apoyos internacionales, siempre caprichosos,  no es sinónimo del nacimiento de un estado soberano sino la extracción con fórceps de un aborto que mantendrá sus constantes vitales solo en tanto en cuanto se lo permitan.

            Las Españas y los españoles tenemos un problema grave y entre nosotros hemos de buscar la forma de solucionarlo. Si no encontramos nosotros esa forma, otros no nos la van a proporcionar o, al menos, no de forma generosa. El domingo pasado han detenido a Puigdemont y España continúa unida ¿Cuánto durará está situación de unidad más aparente que real? ¿Cuánto ha costado y de qué manera tendrán que pagar los españoles que esta Europa de mercaderes haya apoyado al gobierno del Partido Popular ante este problema interno? ¿Cuánto hubiera costado y de qué manera hubieran tenido que pagar los catalanes ese buscado apoyo de esa misma Europa de los mercaderes a su independencia?.  

            Evidentemente, ni a unos ni a otros les importa tal precio porque, sea el que sea, quién lo va a pagar en cualquier caso, y muy caro, será el pueblo español en su conjunto o en su fraccionamiento.

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