| Portada del libro "Los Reyes del Grial" |
En realidad "Los Reyes del
Grial" no es ni una novela ni un libro de aventuras sino un estudio
histórico y científico que pretende demostrar, a la luz de unos documentos
encontrados tras las revueltas árabes en la biblioteca de la universidad
egipcia de Al-Azhar, que el cáliz que fue utilizado en la Última Cena por
Nuestro Señor Jesucristo llegó al Reino de León como regalo del Califa fatimí
de Egipto al Rey de Denia y de éste al Rey de León, Don Fernando I (1037-1065).
Por tanto, los autores de "Los Reyes del Grial" entran en
contradicción y vienen a discutir la, hasta ahora, indiscutible autenticidad
del "Santo Cáliz de Valencia", que durante mucho tiempo fue considerado
como el auténtico recipiente que contuvo la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
Si bien es cierto que los documentos
que sirven de base a los autores para su investigación y para la redacción del
libro ponen de manifiesto que en el Siglo X se veneraba por los fieles
cristianos un Cáliz al que se tenía como el utilizado por Jesucristo en la
Última Cena y que éste se encontraba custodiado en la Iglesia del Santo
Sepulcro de Jerusalén, de tales documentos y afirmaciones no sé puede deducir
sin duda alguna que tal Cáliz fuera el verdaderamente utilizado en la Última Cena
a causa de los casi mil años transcurridos desde ésta hasta las primeras referencias
documentales del mismo.
No obstante, lo que sí parece no
dejar lugar a dudas la documentación utilizada por Margarita Torres y José
Miguel Ortega es que el Cáliz venerado en su momento en la Iglesia del Santo
Sepulcro de Jerusalén fue regalado al Rey Fernando I de León por el Rey de la
Taifa de Denia y es el mismo que se custodia actualmente en la Basílica de San
Isidoro de León pero, como ya hemos indicado anteriormente, tal extremo no
significa que, a ciencia cierta, tal Cáliz fuera el verdaderamente utilizado en
la Última Cena y, por tanto, una reliquia auténtica. Más aún, es extremadamente
discutible la identificación del Cáliz de la Última Cena con el famoso Grial
por innumerables motivos.
La primera aparición del Grial en la
literatura europea tiene lugar entre los años 1181 y 1191 en un romance
titulado "Perceval o El Cuento del Grial" cuyo autor es Chretíen de
Troyes. En dicha obra el Grial, al que no se le califica de santo, aparece ante
los ojos del protagonista durante una cena en el "Castillo del Rey
Pescador" presentándose en una
procesión en la que desfilan "una lanza que gotea sangre, un cosa muy
santa que se denomina Grial y un plato". El hecho de que no se describa el
Grial y se mencione también la presencia de un plato en la procesión que
observa Perceval debería excluir la interpretación etimológica según la cual la
palabra "Grial" procede del latín "Gradalis" que significa
escudilla, bandeja o plato porque si ya estaba presente un plato en la
procesión del Castillo del Rey Pescador ¿Por qué iba a introducir el autor de
"El Cuento del Grial" otro plato más específico al que se le denomina
por el nombre propio de "Grial"?.
La dimensión cristiana del Grial y
su identificación con el Cáliz de la Última Cena no aparecerá hasta varios años
después de la obra de Chretién de Troyes y será Robert de Boron en su obra
"José de Arimatea y La Historia del Grial" quien calificará al Grial
de Santo y lo identificará como el Cáliz de la Última Cena que, posteriormente,
servirá para que José de Arimatea recoja la sangre que mana del costado de
Nuestro Señor Jesucristo como consecuencia de la herida que le causa Longinos
con su lanza mientras esta prendido en la cruz.
Así pues, no existen datos
científicos, ni lingüísticos, ni históricos que justifiquen a ciencia cierta
que el Grial al que hace referencia Chretién de Troyes en "Perceval o El
Cuento del Grial" sea realmente el Cáliz de la Última Cena por lo que, aun
en el caso de que se llegase a probar que el Cáliz de Doña Urraca que se encuentra
en la Basílica de San Isidoro de León (o el Santo Cáliz de Valencia) fue el que
estuvo presente en la Última Cena y que sirvió en la primera Eucaristía, ello
no probaría que dicho Cáliz y el Grial mítico sean la misma cosa.
Mientras que el Cáliz de la Última
Cena constituye, con independencia de su autenticidad o no, una reliquia
venerada por la fe de los creyentes, que es la que en último extremo la viene a
autentificar y a legitimar; el Grial en la actualidad sigue siguiendo un
misterio inmaterial que tal vez simbolice un camino místico en la búsqueda sin fin de un mundo ideal.

