Decía
un ilustre pensador francés llamado René Descartes que "el que emplea demasiado tiempo en viajar acaba por volverse
extranjero en su propio país" y algo así le ha debido ocurrir a Manuel
Valls, que, español de origen, ha pasado tanto tiempo en Francia que, aunque no
hubiera adquirido la nacionalidad francesa y no hubiera sido, durante algo más
de dos años, Primer Ministro socialista con François Hollande, ha terminado por
demostrar sobradamente que no comprende nada de la realidad sociológica española.
A diferencia de los que opinan que
Manuel Valls aterrizó en la política española para recuperar un prestigio
perdido en Francia que le permitiera relanzar su carrera en cualquier lado de
los Pirineos o, incluso en ambos; somos de la opinión de que Manuel Valls se
acercó a la política española honrada y honestamente porque creía que tenía
algo que aportar ante los problemas que asolan la piel de toro, lo cual no
impide que se le pueda considerar como un "paracaidista" en el panorama
político español porque evidentemente aterrizó en una zona totalmente
desconocida para él.
Manuel Valls, que siempre ha hecho
gala de ser socialista, no sabemos por qué extraña razón se acercó al partido
político "Ciudadanos" aunque,
seguramente, sería porque se creyó lo que decían aquellos mismos que hoy
reniegan de él y tan solo hace un año le presentaban como un fichaje estrella. El
partido de Valls, "Barcelona Pel Canvi", ha roto su alianza con el
partido que lidera Albert Rivera, "el Bello Albert", porque le han
afeado su apoyo a Ada Colau para que ésta fuera alcaldesa de Barcelona en vez
de Ernest Maragall, líder del grupo municipal barcelonés de Esquerra
Republicana de Catalunya. En realidad esta decisión de Valls pone de manifiesto
su ignorancia de las esencias de la cultura política española y que, siendo tan
típicas de aquí, resultan tan extrañas y sorprendentes fuera de su particular entorno
natural. La decisión tomada por Manuel Valls es una decisión europea tomada por
un político europeo, en el sentido de que es una decisión que, ante la
alternativa que se planteaba de que gobernase la extravagante izquierda de
Colau o gobernasen los independistas de Maragall, hubiera tomado un líder de
cualquier estado situado al Norte de los Pirineos ya que, a diferencia de lo
que ocurre en este pobre país, en los estados europeos tienen muy claro cuáles
son las prioridades de la política. De hecho, la decisión de Valls es una
decisión muy similar a la que tomo Gerhard
Schröder en 2005 cuando prefirió ceder la Cancillería de Alemania a su rival,
Ángela Merkel, antes que pactar con los antiguos comunistas.
No
obstante, Manuel Valls ha demostrado su total desconocimiento e ignorancia de
la situación política española porque ignora que las diferencias entre Ada
Colau y Ernest Maragall son prácticamente inexistentes como demuestra el hecho
de que la primera medida tomada por la nueva regidora de la ciudad de Barcelona
haya sido volver a poner el lazo amarillo en el balcón del Ayuntamiento en
apoyo de los presos del "Procés". Y es que Valls desconoce muchas
cosas y una de ellas es que, en este país, la izquierda no ha dejado de
coquetear y hacer constantes guiños a los distintos nacionalismos periféricos a
fin de tener algo que decir porque, evidentemente, en materia social pocos
logros puede presentar objetivamente a los trabajadores.
Ahora Valls se ha quedado, prácticamente sin apoyos
políticos en Barcelona porque, no nos engañemos, la base electoral de la
coalición "Barcelona
pel Canvi-Ciutadans (BCN Canvi-Cs)" con la que concurrió a las pasadas
elecciones municipales del 26 de mayo de 2019 era fundamentalmente aportada por
"Ciudadanos" y no por su desconocido partido siendo toda esta alianza
una operación propagandística donde Valls aportaba su imagen de experimentado
político de la todopoderosa República Francesa y "Ciudadanos" su
infraestructura y su base social.
La ruptura de Valls con
"Ciudadanos" ha provocado un cruce de acusaciones entre los líderes
de la "formación naranja" y el ex-Primer Ministro francés en las que
éste último ha manifestado que "Ciudadanos era un partido liberal y ahora
pacta con una formación reaccionaria y antieuropea" (refiriéndose a
VOX), lo que vuelve a poner de
manifiesto su completa y absoluta ignorancia de la política española y de sus
actores. Cualquier adolescente que maneje google puede buscar información
básica sobre el partido "Ciudadanos" y en ella se verá que, ya en las
Elecciones Europeas de 2009, el partido que lidera Albert Rivera pactó con
"Libertas", una estrambótica formación política dirigida por el ultra
católico irlandés Declan Galney, lo que unido a los antecedentes más inmediatos
de "la formación naranja" aceptando el apoyo de "VOX", en
enero pasado, para formar gobierno de coalición junto con el Partido Popular en
Andalucía permite deducir racional y razonadamente que "Ciudadanos" es
un partido de derechas que está en pugna mortal con el Partido Popular para
liderar el conservadurismo español más rancio y casposo, por lo que nada de
esto debería llamar la atención a un experimentado político que llegó a ser
Premier de Francia.
Sin duda alguna, Manuel Valls ha
trascendido al hecho político del que ha sido protagonista y ya forma parte de
la peculiar historia de España engrosando esa galería de personajes de breve o
brevísima actuación que vinieron del extranjero para enfrentarse a los males
atávicos que afectan a los españoles y ponerlos fin encontrándose con que nada
era como esperaban y todo les fallaba por lo que, tras cundir en ellos la
desesperación y el desaliento, salían despavoridos por el primer paso
fronterizo que les permitiera alejarse lo más rápidamente posible de España.
Manuel Valls es, sin duda alguna, el
último nombre que se añade a una lista en la que figuran José Bonaparte, el
Duque de Angulema o Amadeo de Saboya.
