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miércoles, 1 de diciembre de 2021

BABYLON BERLIN. MÁS QUE UNA SERIE

De thriller político, de serie negra, policiaca, costumbrista e histórica..., pero en cualquier caso de excelente y magnífica, ha sido calificada "Babylon Berlín"; serie televisiva coproducida por la primera cadena pública alemana, la ARD, la plataforma de pago Sky Deutschland y las productoras X Film Creative Pool y Beta Film y que, hasta el momento, en sus tres temporadas, se ha convertido en la serie más cara de la historia de la televisión germana.

            Inspirada libremente, incluso se puede decir que muy libremente, en las tres primeras novelas de la serie del inspector Gereon Rath ("Sombras sobre Berlín", "Muerte en Berlín" y "Un Gánster en Berlín"), personaje creado por el escritor alemán Volker Kutscher; "Babylon Berlín" tiene el gran mérito de superar a la obra original, cosa que muy pocas veces suele ocurrir con las adaptaciones cinematográficas de piezas literarias, trascendiendo el género negro y policiaco para introducirse en el ámbito del thriller político, el suspense y la historia reflejando perfectamente el ambiente de decadentismo y corrupción que marcó la sociedad y la política alemana de los últimos años de la República de Weimar y que ya se había reflejado anteriormente en la novela "Adiós Berlín" de Christopher Isherwood,, la cual inspiraría la película británica "Soy una Cámara" (1955) y ésta, a su vez, la versión musical "Cabaret" (1972).

            La trama policiaca en "Babylon Berlín", aunque muy bien trazada y con el lógico desenlace del descubrimiento del misterioso criminal, no es más que el hilo argumental y la justificación que permite reflejar el ambiente social del Berlín de la República de Weimar con sus miserias, sus sociedades secretas lúdicas y esotéricas, sus lugares de diversión  y, sobre todo, el agitado ambiente político inmediatamente anterior a la llegada del nazismo al poder por el que desfilan multitud de personajes históricos, algunos con sus auténticos nombres y otros, por motivos que ignoramos, con nombres supuestos pero muy fácilmente reconocibles para los ligeramente iniciados en la historia reciente de Alemania.

            Así, por ejemplo, mientras Ernst Gennat, famoso criminólogo y Jefe de la Brigada Criminal de la Policía berlinesa, y Karl Zörgiebel, Jefe de la Policía de Berlín, son nombrados con su nombre auténtico, e incluso el primero de ellos por su apodo de "El Buda", que era debido a su prominente estómago y a su gusto por los pasteles, el personaje de August Benda esconde de una forma muy evidente a Bernhard Weiss, Vicepresidente que fue de la Policía de Berlín durante la República de Weimar y constante víctima de las burlas del diario "Der Angriff" que dirigía Joseph Goebbels y donde se le denominaba "Isidor Weiss".

            Otros personajes que ocultan de una forma evidente su identidad histórica son el General Seegers quien, con una hija comunista, no puede ser otro que el General Von Hammerstein, Comandante en Jefe del Reichwehr (denominación del Ejército Alemán durante la República de Weimar), Horst Kessel que no es otro que Horst Wessell, autor de la  letra de la "Horst Wessell Lied" o himno del Partido Nazi, aunque la muerte de este se produjo en febrero de 1930 y no, como figura en la serie, en octubre de 1929 y el personaje del periodista Samuel Katelbach, que se identifica claramente con el periodista Carl von Ossietzky, quién publico varios artículos sobre el rearme secreto del Reichwehr.

            Todo este intento de camuflar la identidad de determinadas personas, seguramente por motivos legales, no deja de resultar curioso y de llamar la atención, cuando en la serie no dejan de aparecer personajes históricos en papeles protagonistas, sobre todo en la tercera temporada, con su auténtico nombre como Stennes, Jefe que fue de la S.A. en Berlín y posterior asesor militar de Chiang Kai-Shek, o Hans Litten conocido abogado opositor al nazismo que da nombre a la actual Littenstrasse, calle en la que se encuentra el Tribunal Regional de Berlín.

            Por último, "Babylon Berlín" refleja el mundo y la actuación de las distintas "Ringvereine" u organizaciones criminales que llegaron a controlar totalmente ciertas actividades y barrios berlineses y rinde un merecido homenaje a la policía berlinesa que, en los años veinte del pasado siglo, era considerada como la mejor del mundo por la innovadora aplicación de métodos científicos a la investigación criminal, entre los cuales se encontraba no solo la química o la medicina, sino también y sobre todo las ciencias sociales y la psicología.

 

miércoles, 22 de mayo de 2019

EL FINAL DE JUEGO DE TRONOS




Tras ocho temporadas  emitidas a lo largo de casi diez años, ha terminado la serie "Juego de Tronos", la cual ha constituido un hito en la historia de la televisión convirtiéndose en un fenómeno social que ha dado lugar a la publicación de diversas tesis y trabajos académicos que la vinculan con una descripción histórica y algo críptica del mundo medieval o con ciertos mensajes filosóficos.  No obstante, la temporada final de la serie no ha estado exenta de polémicas pues los numerosos seguidores de la misma esperaban otro final distinto al que los guionistas y productores han ofrecido al público; polémica en la que ha entrado, como no podía ser de otra manera, cierto miembro del estamento político español que de todo sabe, de todo opina, de todo habla y del que la serie "Juego de Tronos" tenía el dudoso honor de contar entre sus más apasionados fans.

            El final de la serie ha sido el que todos conocen y posiblemente haya defraudado a los que esperaban (el político español entre ellos) un final feliz en el que Jon Nieve y Daenerys se unieran en amoroso matrimonio en un mundo nuevo y feliz entonando la canción "Aquarius" del musical Hair, pero no ha sido así, porque la serie no estaba exenta de contenido político y de cierto realismo y no hay cosa más real en política que la decepción, porque la política, sépanlo todos, decepciona siempre a los honestos.

            "Juego de Tronos" ha sido, sobre todo y ante todo, un televisado manual de sociología y estrategia política, de juego de poder y manipulación social en lo que lo único que verdaderamente está en juego es la culminación de la ambición de unos pequeños seres que tan solo parecen grandes porque son poderosos.

            No pocos han criticado la transformación de Daenerys en una criminal de masas, pero dicha transformación ha sido paulatina y queda justificada con la locura de su antecesor el Rey Aerys II Thargaryen, asesinado por Jaime Lannister mientras ordenaba quemar todo y a todos, pero, sobre todo, encuentra fundamentación en los psicológicamente probados cambios mentales que muchos líderes políticos sufren según van adquiriendo más poder. La libertadora, rompedora de cadenas, se convierte en una tirana que desprecia al pueblo llegando a afirmar, en una escena que recuerda algunas imágenes de "El Triunfo de la Voluntad", que "ha liberado al pueblo de Desembarco del Rey" cuando, simple y llanamente, lo ha exterminado convirtiéndolo en  unas cenizas que no dejan de caer y que recuerdan otra escena, esta vez, de "La Lista de Schindler". Daenerys representa a muchas doctrinas políticas y a muchos políticos que a lo largo de la historia han "querido asaltar los cielos" y acabar con las prisiones para, una vez en el poder, terminar construyendo extensos y numerosos sistemas penitenciarios y convirtiendo sus respectivos países en unos verdaderos infiernos.

            Frente a la tirana que se perfila surgen, en los dos últimos capítulos de la serie, las clásicas teorías sobre el tiranicidio pronunciadas de diversas  formas por Lord Varys y Tyron Lannister, que actúan como verdaderos instigadores y que la final son puestas en práctica por Jon Nieve. Hay que tener en cuenta que el tiranicidio es siempre un acto excepcional realizado por un hombre de fe que no aspira a sacar ningún provecho individual con su realización por lo que es un error grave confundir el tiranicidio con cualquier atentado contra la vida de un Jefe de Estado. El tiranicida considera su acto como un servicio a la colectividad por lo que no se preocupa de asegurarse ninguna vía de escape, alcanzado el objetivo y cumplida la misión autoimpuesta, matar al tirano, salvar la vida o la libertad es prescindible.

 A este respecto, hay que decir que, tras matar a Daenerys, Jon Nieve es juzgado rápidamente por Drogon quien descubre el cadáver de  la "madre de dragones" y, si no es absuelto por tan poderoso juez, al menos es perdonado limitándose a destruir el "Trono de Hierro" y a recoger el cadáver de su amazona para desparecer con él en la infinidad del Mar Angosto.

            Ejecutada la tirana, el juego político no concluye, simplemente se recompone con otros protagonistas. Los que, lejos de buscar el bien común, buscaban saciar sus ambiciones personales en mayor o menor medida lo consiguen siendo la familia Stark la más beneficiada al saciar todas sus aspiraciones colocando a uno de sus miembros en un "Trono de Hierro" reconvertido en un "Trono de Ruedas" y conseguir la independencia del Norte, Tyron Lannister continúa siendo "La Mano" del nuevo rey actuando siempre con gran pragmatismo y alejado de cualquier idealismo. La Monarquía hereditaria es sustituida por una Monarquía electiva, elegida por un pequeño número de notables, jefes de las grandes casas, que de este modo mantienen su influencia y que, si a corto plazo proporciona cierta estabilidad, según se vaya aproximando el momento de la sucesión del proclamado Rey, Bran el Tullido, dará lugar, sin duda alguna, a un nuevo "Juego de Tronos". Establecido un nuevo rey; sin grandes conflictos bélicos a la vista, con la economía saneada al no verse lastrada por las deudas, seguramente por la desaparición física de todos los acreedores, y con una gran tarea de reconstrucción por delante; como si de la vida misma se tratase, la serie refleja como el Consejo Real, presidido por la "Mano del Rey", se enzarza en una discusión sobre si es mejor endeudarse para construir una flota, mejorar las conducciones de agua de la ciudad o... ¡reconstruir los burdeles!.

            "Juego de Tronos" podía haber tenido otro final más heroico, más romántico o más justiciero, pero ha sido fiel a una realidad donde los buenos no siempre ganan y la justicia no siempre resplandece, una realidad donde la honestidad no es recompensada mientras que la ambición individual es habitualmente premiada, una realidad, en definitiva, en la que hay poco espacio para el idealismo generoso.

            Jon Nieve, sobre el que  se descubrió que recaía toda la legitimidad de origen para reclamar el trono, que demostró no ambicionar nunca el poder, ni tener interés personal alguno, que preservó a la humanidad del peligro que representaba el ejército de "los Caminantes Blancos" renunciando generosamente a cuantos derechos pudieran corresponderle, salvó la vida pero fue sacrificado en el juego político recibiendo por toda recompensa el destierro a una "Guardia de la Noche" ya inexistente. Jon Nieve representa todo aquello que es imprescindible en política pero de lo que la política decide siempre prescindir.

            Y así concluyó "Juego de Tronos", con un Jon Nieve acogido entre los "salvajes" que forman "el pueblo libre" y marchando sobre la blanca nieve más allá del Muro  en una escena final que parece un guiño a nuestro Valle Inclán y nos hace recordar la "Sonata de Invierno" cuando el Marqués de Bradomín dice: "yo hallé siempre más bella la majestad caída que sentada en el trono". 

viernes, 6 de junio de 2014

ANATOMÍA DE UNA RENUNCIA*

Las tres figuras de la generalísima instauración
El pasado Lunes, día 2 de Junio del 2014, Su Excelencia el Jefe del Estado a Título de Rey hacía pública su clara y rotunda renuncia a la Jefatura del Estado, lo que provocó una sesión continua de “especiales informativos” y tertulias en las distintas cadenas televisivas que recopilaban enormes alabanzas a la persona del jefe cesante (alguna de ellas recogidas en residencias de la Tercera Edad) mientras en las calles se sucedían numerosas críticas a la Monarquía del 22 de Noviembre de 1975 que culminaron con manifestaciones a favor de la República en todas las capitales de provincia de las Españas. Los primeros momentos que siguieron a la noticia de la renuncia de don Juan Carlos se repartieron entre la alegría de muchos, que ya veían proclamarse la III República, la indiferencia de la mayoría y el respeto elogioso de unas instituciones que cumplían con lo esperado deshaciéndose en alabanzas al ya ex Jefe del Estado no existiendo en ningún caso la más mínima reflexión sobre la forma y la sustancia de la renuncia o, lo que es lo mismo, sobre la forma y el momento de la renuncia.

            En cuanto a la forma, llama poderosamente la atención su precipitación porque es innegable que tal precipitación existió. Una semana después de la celebración de las elecciones al Parlamento Europeo y sin que hubiera un anuncio previo, el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anuncia sobre las 10.30 horas del Lunes 2 de Junio que don Juan Carlos va a renunciar a la Jefatura del Estado y que se dirigirá a los españoles por televisión. Posteriormente, el todavía Jefe del Estado se dirige al pueblo español sobre las 13.30 horas en un mensaje televisado donde, según los expertos en iluminación, aparece deficientemente iluminado. Transcurridos unos días se ha dicho por distintos medios de comunicación que el ya ex Jefe del Estado había comunicado, durante la festividad de la Pascua Militar (6 de Enero del 2014), su intención de renunciar al Príncipe de España y al Presidente del Gobierno.

            No obstante ante estos hechos surgen las siguiente incógnitas: ¿Cómo es posible que el Jefe del Estado anuncie a su sucesor, el Príncipe de España, que va a abdicar el 6 de Enero del 2014 cuando en su Mensaje de Navidad del día 24 de Diciembre del 2013 (12 días antes) manifestó a los españoles que no lo iba a hacer? ¿Por qué no hubo por parte de Su Excelencia el Jefe del Estado, unos meses antes, un comunicado previo a los españoles que expresase su intención de renunciar a partir de tal fecha y que hubiera permitido al gobierno redactar y aprobar una la Ley Orgánica de Sucesión sin prisas? ¿Por qué es el  Jefe del Gobierno el que anuncia, unas horas antes, la renuncia del Jefe del Estado? ¿Por qué se emite el comunicado televisivo de Su Excelencia el Jefe del Estado por la mañana cuando lo más aconsejable hubiera sido hacerlo tras la segunda edición del telediario, sobre las 21.30 horas, cuando más ciudadanos están en sus casas frente a la televisión?

            La precipitación sería también la que estaría detrás de la deficiencia en la iluminación del mensaje emitido por televisión ya que, si se descarta la más que improbable impericia del técnico, solo se explicaría por las prisas con las que se hubo de grabar el mensaje. Mensaje éste que, de no existir dicha precipitación, bien podría haberse grabado con toda tranquilidad semanas o meses antes.

El ya ex Jefe del Estado
Realmente, todas estas incógnitas se pueden reducir a una sola que es la siguiente: ¿Qué paso el fin de semana del 31 de Mayo al 1 de Junio o en la semana del 26 de Mayo al 1 de Junio para que don Juan Carlos se decidiera a renunciar?. No es creíble lo que afirman muchos que, ante la pérdida de votos del Partido Popular y la debacle del Partido Socialista Obrero Español en las Elecciones Europeas, el Jefe del Estado temiera que las futuras elecciones generales arrojasen un resultado que hiciera imposible la existencia en las Cortes de una mayoría absoluta que aceptase su renuncia y proclamase sucesor al Príncipe de España, don Felipe de Borbón y Grecia, porque hasta las próximas elecciones generales falta más de un año, tiempo suficiente para renunciar con calma y preparación. Tampoco es creíble lo que dicen varios medios de comunicación al respecto de que don Juan Carlos decidió renunciar el día 2 de Junio y no antes ni después para no interferir en los procesos electorales del 25 de Mayo pasado, ni en los comicios municipales del año que viene que serán también en Mayo, porque tal interferencia se habría eliminado completamente, primero, si hubiera existido un anuncio previo de su intención y, segundo, si la renuncia se hubiera producido, por ejemplo, en Enero del 2015 cuando habrían transcurrido más de seis meses de las elecciones europeas y faltarían cuatro meses para las elecciones municipales.

            Así pues, las únicas explicaciones lógicas posibles a la precipitada renuncia del Jefe del Estado es que, o bien, éste tuviera legítima información dada por el propio Presidente del Gobierno sobre la intención de éste último de convocar elecciones generales antes de fin de año o bien, que algo, que no sabemos, ocurrió en la semana del 26 de Mayo al 1 de Junio o en el fin de semana del 31 de Mayo al 1 de Junio que le obligase a cesar. En este último caso, si la precipitación claramente mostrada en todo el proceso se debe a que algo hubiera obligado a Su Excelencia a tomar la decisión de renunciar a la Jefatura del Estado, se estaría ante un golpe de estado palaciego cuya finalidad solo podría ser el asegurar la permanencia del régimen político de 1978, sacrificando a la persona que hasta ese momento encarnaba la Jefatura del Estado y sustituyéndola por la nueva cara del Príncipe de España salvando todas las demás instituciones políticas.

Otro hecho que refuerza la teoría de la decisión precipitada es que durante los cuarenta años que ha estado don Juan Carlos ocupando la Jefatura del Estado muchas han sido las voces de renombrados juristas que pedían una Ley Orgánica que regulase y desarrollase el Título II de la Constitución Española de 1978 sin que se les hiciera caso alguno afirmando que ya estaba la Ley de Sucesión a la Corona de Felipe V, la cual prevé todos los aspectos incluido el de la renuncia a la misma. En cambio ante la decisión tomada por el Jefe del Estado, el pasado 2 de Junio, el Gobierno ha procedido, de forma no menos precipitada, a enviar a las Cortes Generales una Ley Orgánica de setenta palabras que si no es una nueva Ley de Sucesión a la Corona es la concreta regulación de la actual renuncia siendo necesarias nuevas Leyes Orgánicas para cada una de las futuras renuncias y sucesiones.

Hasta en el porte. Un digno sucesor
Por lo que respecta a las causas que han provocado la decisión de don Juan Carlos es de indicar que en su mensaje televisado a los españoles no las explica ni motiva suficientemente limitándose a mencionar un “relevo generacional”, pero tal “relevo generacional” no es suficiente razón para explicar dicha renuncia ya que hace surgir otras dos preguntas fundamentales:

1ª. ¿Por qué ahora es necesario ese relevo generacional y no lo era hace un año o año y medio cuando la valoración de la institución que encarnaba don Juan Carlos empezaba a caer en barrena?

2º ¿Por qué no habló o se refirió a un necesario relevo generacional en su discurso navideño?.

En definitiva, si el pueblo español analiza desapasionada y racionalmente el mensaje en el que don Juan Carlos le anuncia que se va no existe en el mismo ninguna explicación, ni razón, ni motivo con suficiente entidad que justifique tal decisión pareciendo todo el mensaje un simple “hay te quedas” brindado a todos los españoles.

            Por último,  surge la cuestión de si el momento elegido por Su Excelencia el Jefe del Estado a Título de Rey para renunciar a sus obligaciones es el oportuno y lo cierto es que solo lo  consideran oportuno los muchos “cortesanos” de la prensa, de la política y de la sociedad que aspiran a vivir del hijo como hasta ahora han vivido del padre y los republicanos que no dejan pasar ninguna ocasión, como es lógico, para buscarle una oportunidad a su III República. Ahora bien, el momento no ha podido ser menos oportuno por los siguientes motivos:

1º. A una semana de unas elecciones europeas que han supuesto un fuerte golpe al bipartidismo no resulta aconsejable renunciar a la Jefatura del Estado por no dar la sensación de que los resultados electorales han influido en la decisión al no gustar o al considerarlos peligrosos.

2º. Si se desea mantener incólume el régimen político español de 1978  al considerarlo maravilloso y el mejor del universo (y en este sentido se ha manifestado siempre la casta política) no es razonable abrir la más mínima fisura que permita cuestionar el vigente orden constitucional cuando además hay anunciada una futura y próxima consulta que clara y rotundamente amenaza con romperlo.

3º. Si no se deseaba abrir el, no sé por qué tan temido, debate Monarquía-República que durante años ha sido la justificación de los sucesivos gobiernos del Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español para no emprender la reforma constitucional, no se puede negar que la decisión de Su Excelencia el Jefe del Estado lo ha abierto de un solo plumazo y en muy pocas horas.

4º. Si no es deseable que una renuncia pueda interpretarse como un abandono, una deserción o una huída, lo más lógico hubiera sido renunciar hace unos años cuando la institución que encarnaba don Juan Carlos estaba mucho mejor valorada por el pueblo español y cuando el país no se hundía en una profunda crisis económica generadora de enormes desigualdades sociales y no afrontaba una crisis existencial que puede diluirlo por completo

Hasta aquí un análisis de las grandes dudas y posibles miserias de lo que ha sido y será la gran noticia de este mes de Junio recién empezado y para concluir el mismo simplemente decir que si don Juan Carlos se va pues… tanto gusto y que tanta paz se lleve como paz nos deja.







* Me gusta el cine. Tengo que reconocer que el título de este artículo me lo inspira la película de Otto Preminger “Anatomía de un Asesinato” (1959) pero tal vez hubiera encontrado mejor inspiración en la película de John Frankenheimer “Siete Días de Mayo” 1964.
       

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