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lunes, 6 de noviembre de 2017

CATALUÑA, OTRA VUELTA DE TUERCA


Lasemana pasada criticábamos, desde estas páginas, la actitud de los políticosindependentistas catalanes ante la aplicación del artículo 155 de laConstitución y, especialmente, la salida del territorio catalán del Presidentde la Generalitat porque daba la impresión de que les había fallado la fe en elproceso que ellos mismos habían iniciado y que, realmente, carecían de voluntadpara culminarlo. No obstante, la decisión judicial  tomada por la Juez titular del Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional, el pasado 2 de Noviembre de 2017, de decretar prisión provisional contra el Vicepresidente de la Generalitat y siete Consejeros más del gobierno catalán da un giro inesperado a la situación existente que viene a explicar lo que parecía inexplicable y que demuestra que, lejos de haber terminado la partida de ajedrez iniciada por Carles Puigdemont porque éste había tirado el tablero, tal y como dijimos la semana pasada, la partida no ha terminado y Puigdemont ha vuelto a entrar en juego.

            Si la aplicación limitada del artículo 155 de la Constitución con una convocatoria de elecciones autonómicas en Cataluña en menos de dos meses, unida a la actitud  generalizada de sumiso acatamiento por parte de los políticos catalanes y a la salida de territorio catalán del President de la Generalitat, había descolocado al mundo independentista y supuesto un cierto desprestigio de la casta política catalana;  la prisión preventiva decretada contra Oriol Junqueras y siete Consejeros del gobierno catalán reabre, revive y agudiza el problema y hace que, si era posible que de las elecciones del 21 de Diciembre resultara una composición parlamentaria distinta a la existente antes del 27 de Octubre, ahora sea seguro que las elecciones planeadas no resolverán nada arrojando las mismas mayorías parlamentarias en Cataluña, o incluso, un incremento de apoyos electorales al bloque separatista.

            Nunca un estado y sus instituciones han actuado jamás con mayor ceguera política ni de peor manera para la defensa de sus intereses aunque, después de lo visto el 2 de Noviembre con la prisión provisional decretada contra una parte del destituido gobierno autonómico catalán, caben muchas, muchísimas, dudas de cuáles son esos intereses y si los mismos coinciden con los intereses de la inmensa mayoría de los españoles.

            Desde el punto de vista jurídico, la prisión provisional constituye la más grave medida cautelar que se puede decretar contra un investigado (antes imputado) en la fase de instrucción de un procedimiento penal que tiene que fundamentarse en la posibilidad de destrucción de pruebas y de continuación  en el acto delictivo por parte del reo, en la posibilidad de sustraerse a la acción de la justicia del mismo y en la repercusión o alarma social que los hechos hayan suscitado. En el presente caso, solo con una interpretación extremadamente rigorista y, hasta cierto punto, torticera de la ley concurren esos requisitos.

            En primer lugar, una vez destituido el Gobierno Catalán, sus Consejeros y Vicepresidente ya no pueden ordenar nada que suponga la destrucción de pruebas y si esto se produjera sería porque funcionarios subalternos lo estarían haciendo motu proprio, no porque esas autoridades destituidas lo estuvieran ordenando.

            En segundo lugar, no se puede deducir que los investigados vayan a continuar en la presunta acción delictiva porque al ser cesados y al haberse disuelto el parlamento catalán los investigados han perdido toda condición de autoridad, solo desde la cual, han podido cometer los supuestos delitos que se les imputan porque sin esa condición de autoridades difícilmente se puede malversar fondos públicos para destinarlos a un referéndum ilegal o proclamar más república independiente que la de su propia casa. Si contra esto se argumenta que los investigados manifiestan que de continuar siendo autoridades volverían a hacer lo mismo, lo que se estaría sancionando sería exclusivamente una determinada tendencia ideológica además de demostrarse que la administración de justicia actúa arbitrariamente porque, las cosas como son, Oriol Junqueras y los demás Consejeros del Gobierno Catalán llevan afirmando que iban a ir a la Declaración Unilateral de Independencia y actuando públicamente en ese sentido desde que fueron elegidos en las elecciones catalanas de 2015 sin que la administración de justicia haya actuado antes.

            Por lo que se refiere a la posibilidad de sustracción a la acción de la justicia, no se pude presuponer de una forma lógica la existencia de tal posibilidad en unas personas que acuden voluntariamente y por sus propios medios a una citación  de un órgano judicial radicado a más de quinientos quilómetros de sus domicilios porque para abandonar el país, como ha demostrado el propio Carles Puigdemont, han tenido tiempo más que suficiente y no lo han hecho. Además todos ellos tienen domicilio conocido, arraigo probado en nuestro país y existen otras medidas cautelares menos gravosas, como la personación apud acta  ante el juzgado cada semana o cada quince días y la retirada del pasaporte, que sirven sobradamente para garantizar la presencia de los investigados en el acto del Juicio Oral. Además es de considerarse que son personas muy conocidas, sobre todo Oriol Junqueras, lo que dificulta su ocultamiento y que siempre se les puede someter a una discreta vigilancia por parte de las autoridades policiales correspondientes, todo ello sin entrar a considerar que sin pasaporte al único lugar donde podrían fugarse sería a un estado de la Unión Europea donde se podría dictar una Orden Europea de Detención y Entrega que es poco más que una Orden de Búsqueda y Captura nacional y que, como dijo un ministro del gobierno de Rajoy refiriéndose a los jóvenes que se veían obligados a emigrar por motivos económicos, salir de España para ir a estados de la Unión Europea no es abandonar el país.

Finalmente, y en lo referente a la repercusión o alarma social suscitada hay que indicar que dicha repercusión se viene dando, como muy poco, desde hace unos cinco años como demuestra la cantidad de noticias que el llamado "Procés" ha generado en todos los medios de comunicación. Desde hace un lustro, como mínimo, los únicos que parecían que no estaban alarmados con la deriva que estaban tomando los acontecimientos en Cataluña eran los señores Magistrados, Jueces, Fiscales y Abogados del Estado que se dedicaron a mirar para otro lado con lo que, si en realidad existiese algún delito de los que se pretenden imputar a los cesados miembros del Gobierno Catalán, ellos mismos también lo habrán cometido por una manifiesta negligencia "In Vigilando", tan gigantesca que solo podría tener relevancia penal.

            Evidentemente, todo este proceso que, hasta el momento, ha culminado con la prisión provisional del Vicepresidente de la Generalitat y de siete Consejeros del Gobierno Catalán ha sido un proceso públicamente planteado y ejecutado a lo largo de un prolongado espacio de tiempo durante el cual las autoridades políticas y judiciales del estado español han tenido sobrado conocimiento del mismo, aunque solo fuera por lo que  se podía oír en las emisoras de radio, y ante el cual no han hecho nada en absoluto para atajarlo en su momento por lo que, si bien no nos encontramos ante un delito provocado, bien podríamos considerar que estamos ante una delito tolerado y permitido por los poderes del estado y tolerado durante tan largo tiempo que el pretender hacer valer ahora, en este preciso momento, la legalidad cuando se ha podido hacer mucho antes y no se ha hecho no deja por menos que sorprender, permitiendo interpretar que estamos ante una clara y manifiesta aplicación arbitraria de la ley al aplicarse ésta solo en el momento y con el grado que interese.

            La desproporcionada actuación judicial del pasado 2 de Noviembre de 2017, viene a justificar los argumentos de Carles Puigdemont en Bruselas sobre la "terrible represión" que iba a desencadenar el estado en Cataluña y, nuevamente, permite presentarse al independentismo catalán como víctima de una "durísima persecución" echando leña, más bien gasolina, al fuego de la crisis abierta entre Cataluña y el resto de España cuya explicación se encuentra fuera de toda lógica.

            Fuera de toda lógica, salvo que... todo responda a una enorme cortina de humo que esté haciendo que el tema de Cataluña monopolice absolutamente todo permitiendo que pase a un segundo plano el incremento del paro y de la pobreza en España o la aprobación del Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) con Canadá y que deja en un juego de niños al Tratado Transatlántico  de Libre Comercio (TTIP). También puede ser una maniobra electoralista para permitir al Partido Popular reforzar su mayoría parlamentaria en las próximas elecciones generales dependiendo para gobernar exclusivamente de sí mismo o, todo lo más, de "Ciudadanos" y hundiendo por completo a la izquierda que representa PODEMOS, que según las encuestas pierde un tercio de sus votos, y al PSOE, que se descompone por momentos y a ojos vista. Igualmente, es casi seguro que estemos ante un movimiento de autojustificación de unas instituciones que pretenden demostrar que la autoridad y el Estado de Derecho existen aunque el segundo se encuentre en una nítida fase de degeneración y la primera se ejerza mal y a destiempo.

            No nos cansaremos de repetirlo y lo repetiremos una vez más. En toda esta crisis entre catalanes y catalanes y el resto de españoles, que ya se prolonga demasiado, el bien supremo a proteger no es la legalidad constitucional, ni las prebendas de unos funcionarios garbanceros ni la ambición de unos políticos alejados de toda finalidad de servicio público. El bien supremo a proteger, política y jurídicamente, es la unidad de convivencia que suponen Las Españas y para ello se debe empezar a trabajar para cerrar la fractura abierta entre Cataluña y el resto de España al igual que se trata una profunda herida abierta para favorecer su cicatrización (lentamente y de dentro a fuera), haciendo pedagogía y alejándonos tanto de posiciones separadoras como separatistas y desde luego, sépalo el Gobierno, la Fiscalía y los Tribunales, metiendo a la gente en la cárcel no es la mejor manera de iniciar tan ardua tarea.




miércoles, 1 de noviembre de 2017

CATALUÑA, ¿CAMBIO DE ESCENARIO?



Después de casi dos meses de creciente tensión entre el independentismo y las instituciones del autogobierno catalán y el Gobierno del Partido Popular, el pasado Viernes  27 de Octubre el Parlament de Catalunya, a solicitud del President de la Generalitat, Carles Puigemont;  aprobaba  tras una votación secreta y con 70 votos a favor, 10 en contra y 2 abstenciones la declaración de independencia de la República Catalana.

            Mientras esto ocurría en el Parque de la Ciudadela de Barcelona, en la Plaza de la Marina Española de Madrid, sede del Senado, se autorizaba al Gobierno del señor Rajoy a aplicar el artículo 155 de la Constitución que pocas horas después se concretaba en el cese del Gobierno Catalán, disolución del Parlament y convocatoria de elecciones autonómicas en Cataluña para el próximo 21 de Diciembre de 2017.

            Esta situación, que hacía presagiar la continuación del prolongado pulso entre el independentismo y las autoridades españolas que se viene desarrollando desde hace cinco años, parece ser que ha sacado a la luz todas las graves contradicciones políticas existentes en Cataluña y las bajezas e incoherencias de la casta política catalana que no es diferente a la del resto del país.

            En puridad lógica, la proclamación de la independencia de Cataluña en forma de república, que fue celebrada por decenas de miles de personas el día 27 de Octubre en todo el territorio catalán, hubiera llevado a que el Gobierno de la Generalitat pasase a constituirse en Gobierno Provisional de la República Catalana coordinando y representando la resistencia y la desobediencia civil que se organizara desde las bases del independentismo.

            Los políticos independentistas lo tenían perfectamente claro desde el principio. Se trataba de una partida de ajedrez que tenía por finalidad acorralar a las autoridades españolas para que éstas desplegaran toda su fuerza coercitiva lo que les permitiría presentarse ante el mundo entero como víctimas de una injusta y desproporcionada represión. Este ha sido un peligroso juego planteado por el señor Puigdemont que, en pocas palaras, consistía en ver quién era el primero en desenfundar la pistola y, quien primero lo hiciera, ese sería el perdedor.

            La aplicación del artículo 155 de la Constitución por parte del gobierno del Partido Popular se lo ponía fácil, muy fácil, al Gobierno de la Generalitat  porque bastaba con actuar como si la República Catalana fuera un hecho y mantener una pacífica y organizada resistencia civil a base de desobediencia, movilizaciones cívicas y huelgas pero en vez de eso el Gobierno de la Generalitat parece haberse disuelto sin pena ni gloria.

            El señor Carles Puigdemont, se ha marchado a Bélgica, el señor Oriol Junqueras, que firmaba un artículo en el diario "Punt Avui" como Vicepresidente de la Generalitat en vez de hacerlo como Vicepresident del Gobierno Provisional de la República Catalana, ha manifestado  que considera ilegítimas las elecciones autonómicas previstas para el 21 de Diciembre pero, no obstante, ha confirmado que  su partido, Esquerra Republicana de Catalunya, concurrirá a las mismas y, por último, los diputados de los partidos secesionistas, ERC y PdCAT, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid también han manifestado que no dejarán de acudir al Congreso a pesar de que, si dieran por buena y creyeran en la existencia de la República Catalana independiente, deberían dejar de hacerlo.

            Cataluña, España, (Europa), es un país maravilloso porque ser infeliz en cualquier parte de las Españas es prácticamente imposible quedando reducida la infelicidad a ese reducido grupo de personas que, siendo pesimistas, hacen de la amargura la razón de su existencia. Aquí se ve lo que se quiere ver y quien no se consuela es porque no quiere. Por ello no serán pocos los catalanes, dentro de los numerosos partidarios del Gobierno de Puigdemont y de sus aliados parlamentarios, quienes justifiquen todo esto en eso que dijo Oriol Junqueras de qué habría que tomar “decisiones difíciles de entender” o que comparen la marcha de Puigdemont a Bélgica con la retirada de De Gaulle a Gran Bretaña en 1940, pero lo cierto, lo únicamente cierto, es que a esa numerosa cantidad de catalanes, que el 1 de Octubre salió de sus casas para depositar un papel en una caja soportando las cargas policiales y que el 27 de Octubre llenó las plazas y calles de las ciudades y pueblos de Cataluña para celebrar la proclamación de la República Catalana, la han traicionado sus dirigentes, la han embarcado en una aventura desastrosa mientras que sus líderes, cuales capitanes araña, se quedaban en tierra y la han inculcado una religión, el independentismo, en la que sus propios sacerdotes, simple y llanamente, no creían.  Y por favor… que nadie pretenda comparar a De Gaulle con Puigdemont  porque lo único que tienen en común es que el primero era francés y el segundo se ha despedido a la francesa de su “amado” pueblo catalán al que ha dejado tirado.

Tampoco se engañe nadie, los que han sido partidos anti-sistema (CUP) e independentistas (PdCAT y ERC), acudirán a la convocatoria electoral del próximo 21 de Diciembre legitimando la aplicación del artículo 155 de la Constitución en virtud del cual se convocan y dando por liquidado el Gobierno de la Generalitat existente hasta el día 27 de Octubre pasado, no porque esas elecciones tengan un supuesto carácter constituyente o nuevamente plebiscitario, que es  el argumento que van a utilizar para justificarse, sino porque no pueden permitirse el lujo de quedarse fuera de las Instituciones Catalanas que es lo que les permite “tocar poder”,  enchufar a los suyos, repartir subvenciones y, sobre todo y ante todo, percibir importantes subvenciones y magros sueldos a costa el erario público.

Si Puigdemont y los suyos tuvieran que hacer una película de lo acontecido en los últimos meses en Cataluña sin duda se titularía "El Fracaso (por ausencia) de la Voluntad". El nacionalismo catalán no ha estado nunca más cerca de alcanzar sus objetivos, de llevar al colapso a toda España y de acabar con el régimen político de 1978 como en éstos últimos dos meses, pero a la hora de la verdad, a los líderes políticos del independentismo (Puigdemont, Junqueras, Anna Gabriel...) simplemente les ha faltado la voluntad de asumir las consecuencias lógicas de sus propios actos y han optado por salvarse ellos dejando a los pies de los caballos a ese importante sector de la población catalana que creía en ellos con lo que se han llenado de oprobio e indignidad haciéndose merecedores de un total desprecio de propios y ajenos, afines y contrarios.

Por su parte, los otros líderes, los que se han envuelto de la bandera nacional española, la cual han descubierto tras tenerla vergonzosamente escondida durante muchas décadas, ahora disfrutan de sus minutos de gloria, pero esa gloria se disipará por completo si los resultados electorales del 21 de Diciembre arrojan en Cataluña unas mayorías parlamentarias similares a las existentes hasta el 27 de Octubre porque en tal caso se habrá demostrado que la aplicación del artículo 155 no ha resuelto ningún problema y se volverá a la casilla de salida del tablero de juego, juego totalmente ajeno a los intereses populares que solo están presentes en el mismo para ser manipulados y en el que, gane quien gane, supondrá una pérdida para los más modestos de los ciudadanos.

¿Serán capaz el pueblo catalán junto con el pueblo del resto de las Españas de entender y comprender lo que ha pasado y de sacar las únicas conclusiones posibles? ¿Alcanzará el pueblo español en su conjunto a comprender que su problema no son los otros, sino la propia casta política que dice representarle, entenderle e interpretarle?.

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