S.A.R. Doña María
Teresa de Borbón Parma, nos dejo el pasado 26 de marzo de 2020, víctima de la
terrible epidemia que padecemos. Antes de su fallecimiento estaba trabajando en
un libro de memorias que ha sido publicado recientemente en Francia, a pesar de
que la autora no llegó a concluirlo.
A continuación reproducimos algunos
retazos del mismo para el general conocimiento dado que no creemos que dicho
libro vaya a ser publicado en nuestro país:
El
consenso que presidió la elaboración de la Constitución del 78 lo juzgan dos
eminentes profesores de la siguiente manera:
“Precisamente
porque es equívoco, el consenso es posible. Si no hubiera habido aquello que
nos interesa a todos –el establecimiento de la democracia- un interés de
partido, compatible y complementario con el consenso, no habría sido posible el
acuerdo. En definitiva, el combate frontal y el desacuerdo radical habría hecho
imposible la Transición (Raúl Morodo, “La transición política”, p. 62)
“El
objetivo de la ley de reforma política es la legitimación de la corona por la
vía del parlamento y la Constitución, y permitir a la antigua clase política de
resguardar su poder o bien ir hacia un régimen democrático… pero arraigado en
las antiguas estructuras franquistas. En los dos casos se trata de colocar en
la misma línea, en el punto de partida de la democracia, a los franquistas y a
los demócratas para recuperar democráticamente la clase política franquista,
dispuesta a entrar en el juego” (José Vidal Beneyto).
Los
dos profesores tienen razón. La ambigüedad del consenso político ha jugado un
papel “necesario”, pero la democracia ha recuperado, de muchas maneras –como el
patriotismo de “venganza”- la “mística” franquista.
El
boletín carlista, con respecto al consenso, remarcaba que habría sido necesario
de introducir en el preámbulo constitucional una opción para los electores,
sobre tres aspectos de extrema importancia para la Constitución misma y para el
proceso político: de la forma de Estado –unitario, regional o federal-, de su
característica política –monarquía o república- y, también, de su modelo económico.
Todos los partidos deberían de haber presentado los modelos que propugnaban.
Entonces el consenso habría tenido una base sólida.
Pero
actualmente no hay una base suficientemente sólida. Para el avance democrático
ha faltado el impulso voluntarista de la Transición. Nosotros hemos olvidado,
ellos han olvidado, como había previsto el profesor Aste, sus razones vitales.
A
partir de la Transición democrática y del enorme progreso que representa, una
nueva historia mítica ha irrumpido… Una historia que sirve de emblema y de
excusa a la vez para avanzar poco en la participación popular y, sobretodo,
para mantener una moral política rigurosa
“Qué
les pasa a nuestro compañeros?
¿Cómo
olvidar de repente las alegrías colectivas y los sufrimientos compartidos?
¿Qué
viento podría hacer desaparecer el viento libertador que inflaba nuestros
vuelos?
Francisco
Bobillo Diario 16
La
exclamación dolorosa del profesor Bobillo es válida para reflexionar: es
necesaria una nueva “transición democrática”. Y llegará a las Españas.
La
Transición democrática no ha estado acompañada de una preocupación pedagógica,
ni por parte de los actores políticos, ni por las instancias culturales, que
permita a la opinión pública, largo tiempo teledirigida por el régimen
anterior, de abordar el carácter aleatorio y paradójico de la historia.
Los
ciudadanos desorientados están buscando lo incuestionable, que encuentran, o en
la contemplación del pasado (la nostalgia es irrefutable según Mark Isla), o en
la sacralización de las categorías políticas.
Por
esto el nacionalismo periférico es percibe como la negación radical del
nacionalismo español.
Ninguna
referencia explicativa se ha dado de su origen, de su historia y de sus
riquezas propias. Mientras que el nacionalismo español se vive como un
patriotismo casi “sacramental”, los ataques son condenados como “pecados
mortales”. Hay que reconstruir la patria en términos democráticos.
De
toda esta problemática hablamos con el President Tarradellas; y con Carles
Puigdemont, cuando era alcalde de Girona.
Doña María Teresa de Borbón Parma