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viernes, 26 de diciembre de 2014

UN ESTRENO QUE NO DECEPCIONA


Risto, por favor tome nota: ¿Tal vez sugería un Chester?

            No, no me refiero al estreno de la película "The Interview" producida por Sony la cual ha provocado un ataque de nervios en Corea del Norte. Me estoy refiriendo al mensaje televisivo de Su Excelencia el Jefe del Estado a Título de Rey, que fue anunciado y acogido por la prensa como si de una gran superproducción cinematográfica se tratara aunque no estuviera dirigida ni por Cecil B. Demille ni por Ridley Scott, ni por James Cameron.

            El Jefe del Estado menciona en su mensaje, tres temas de viva actualidad cuales son la corrupción, la crisis económica y la cuestión de Cataluña porque obviarlos y no dedicarlos ni un minuto en su comparecencia televisiva hubiera sido semejante a ese gesto torero de "ponerse el mundo por montera".

            En materia de corrupción y crisis económica, Su Excelencia se limita a lamentar, no llegando a condenar, la situación creada y que padecen cientos de miles de familias españolas favoreciendo el recuerdo de aquellos mensajes radiofónicos de una conocida consejera femenina de mediados de los años setenta que, ante las muy dramáticas situaciones familiares que le exponían las radioyentes, siempre aconsejaba por todo remedio "la paciencia y la confianza". En todo caso hubiera sido más realista exigir responsabilidad y honestidad a los hombres y mujeres que encarnan las instituciones y cuyo mal hacer ha llevado a la desesperación a miles de seres humanos en nuestro país y no diluir la culpabilidad entre todos los ciudadanos.

            Su Excelencia el Jefe del Estado habla de hacer un esfuerzo de toda la sociedad por reconstruir un orden moral en la política, pero llama curiosamente la atención que el llamamiento lo dirija a todos los ciudadanos en vez de concretizarlo en aquellos que llevan años quebrantando todo principio ético en la administración de lo público y que son los responsables y causantes del derrumbe moral del Estado que se manifiesta en la constante legislación que recorta derechos sociales y aumenta las cargas impositivas fundamentalmente sobre los económicamente menos pudientes.

            Curiosamente, en el mensaje del Jefe del Estado no se menciona ni de pasada el caso de corrupción que más próximo tiene, desaprovechando la oportunidad de mostrar ejemplaridad desposeyendo a quien proceda de algún que otro título nobiliario, aunque claro.... tal acción, propia de un Rey, excede en mucho las funciones de un simple Jefe de Estado.

            Finalmente, la mención hecha por primera vez en un mensaje navideño de Su Excelencia el Jefe del Estado a Título de Rey a la cuestión suscitada en Cataluña y a la que dedicó en exclusiva tanto tiempo como a los temas de la corrupción y de la crisis juntos, lejos de apaciguar y generar la confianza que en otras partes del mismo mensaje se reclama, pone de manifiesto la enorme magnitud del problema sin sugerir, ni siquiera apuntar, solución alguna por lo que falta a la coherencia dialéctica que exige que, planteado un problema, se haga alusión a su posible solución.

            En definitiva, el estreno navideño de Su Excelencia el Jefe del Estado a Título de Rey ha consistido en un discurso repleto de obviedades y vaguedades no llegando a ser decepcionante porque solo se puede decepcionar a aquel que tiene ilusión o se mantiene expectante ante alguna cosa y no creo que el excelentísimo mensaje de Noche Buena ilusione a nadie desde hace muchas décadas.

martes, 30 de octubre de 2012

NO SON SUICIDIOS, SON ASESINATOS



         
         Desde hace muchos años, existía un acuerdo tácito en la prensa de no informar de suicidios a fin de no favorecer actos de mimetismo; no obstante estos tipos de acuerdos solo se pueden cumplir cuando se trata de casos aislados o muy separados en el tiempo, poco numerosos y de poca o nula repercusión social. En cambio cuando los porcentajes de suicidios se incrementan en muy poco espacio de tiempo no existe forma humana de que la noticia no trascienda a los medios de comunicación.

            Este es el caso actual, donde en los cuatro días que median desde el 23 al 27 de Octubre del presente año 2012 tres personas se han suicidado o han intentado hacerlo en nuestro país: la primera de ellas en Las Palmas de Gran Canaria, la segunda, que se encuentra en estado muy grave, en Valencia  y la última en Granada, siendo la causa de todos estas terribles autolisis los inmediatos desahucios que iban a padecer.

            En estos casos recientes se habla con ligereza de suicidio ignorando que el suicidio es un acto libre y deliberado por el que un individuo pone fin a su vida, es decir, para que exista un suicidio se exige, como requisitos “Sine Qua Non”, la concurrencia de libertad y deliberación, sin las cuales no existe suicidio propiamente dicho, sino otra cosa.

            Evidentemente, en los últimos casos que han aparecido en los medios de comunicación y que tienen su origen en los desahucios no podemos ni debemos hablar de suicidios ya que no se ha tratado de actos libres sino forzados por unas particulares situaciones económicas derivadas de una situación social general ocasionada por la gestión política del país, es decir, en todo caso estamos ante “suicidios forzados”.

            Cuando una colectividad humana localizada en una zona geográfica concreta de mayor o menor extensión ve reducirse drásticamente su calidad de vida por la aparición de todo tipo de escaseces, la modificación de las condiciones sociales y laborales que les llevan a una pérdida de poder adquisitivo y/o la reducción de todo tipo de derechos fundamentales surge la desesperación y fruto de la misma la tendencia a la autodestrucción. No obstante estas tendencias suicidas no nacen libremente en el seno del individuo fruto de una previa deliberación sino que le son impuestas por una realidad injusta en cuya creación poco o nada ha tenido que ver el futuro suicida; es decir, son unos elementos exógenos al individuo los que le fuerzan a tomar la decisión por lo que no cabe hablar de suicidio más que si se tratase de una situación en la que una persona dispara a otra en la cabeza ya que de ofrecerle una alternativa plausible lo más seguro es que jamás optase por la propia muerte.

            En no pocos casos, los suicidios no se deben solo a un intento de escapar de una realidad impuesta, sino también al deseo de no querer saltarse el límite moral que supone el dañar a otro. Y es que efectivamente, cuando a una persona (o colectividad) se la lleva a una situación de total falta de garantías y de seguridad para el futuro además de imponerle unas condiciones de vida extremas, se la está forzando a tomar uno de estos dos caminos: o la propina eliminación o la eliminación de la persona o personas que le están imponiendo ese estado de cosas. Como la segunda opción supone, evidente y claramente, una muerte homicida ejecutada seguramente contra la presunta autoridad que en último caso hace valer las condiciones extremas (ni siquiera contra el causante último del mal), no pocos individuos prefieren suicidarse antes que cargar sobre sus conciencias una muerte ajena.

            Otro extremo a considerar en estos casos de “Suicidios” en las personas que se enfrentan a un proceso de desahucio al que llegan fundamentalmente por una grave situación económica detrás de la cual se encuentra un prolongado desempleo, es la influencia que en la trágica decisión tiene la falsa creencia de que los seguros de vida contratados junto con la hipoteca y que contemplan el pago de la misma en caso de fallecimiento del asegurado, servirán para liquidar sus deudas hipotecarias y así librar de un mayor quebranto económico a sus familias ignorando que el suicidio exime a la compañía aseguradora de pago de cualquier indemnización.

            Así pues, los supuestos casos de suicidio que han saltado a los medios de comunicación recientemente son, en realidad “Suicidios Forzados”. Son suicidios impuestos a las personas que los han ejecutado por circunstancias ajenas a su libre voluntad por lo que no cabe hablar de “Suicidios” sino, más bien, de verdaderos actos de asesinato u homicidio ya que un estado y unas instituciones que no garantizan la seguridad, la prosperidad y el bienestar de todos sus ciudadanos, no solo están olvidando su finalidad, sino que además están atentando contra la existencia misma de su pueblo y cometiendo un delito masivo.

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