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miércoles, 8 de julio de 2015

LOS DOS "NO" DE GRECIA



            El resultado del referéndum celebrado el pasado 5 de Julio en Grecia no ha podido ser más claro y contundente. Los Griegos dijeron a las instituciones europeas simplemente, "NO"; "NO" a más sacrificios suicidas, "NO" a más imposiciones usurarias. Aunque el triunfo de este "NO" tan rotundo ha sido celebrado por la inmensa mayoría de los ciudadanos griegos y buena parte del resto de los ciudadanos europeos muchas personas ignoran que no es la primera vez que Grecia dice "NO" a un amenazante ultimátum.

            De hecho, en Grecia cada 28 de Octubre es un día de fiesta nacional que se denomina "El Día del NO" o la "Efeméride del NO" (Επέτειος του «Όχι»). El origen de esta festividad griega se remonta al 28 de Octubre de 1940 cuando el embajador del Reino de Italia ante el Reino de Grecia, tras regresar a su domicilio en la embajada italiana en Atenas después de haber disfrutado junto al  Primer Ministro griego, Ioannis Metaxas, de una velada teatral, tuvo que cumplir las graves órdenes dictadas por Roma en virtud de las cuales debía presentar, antes de las 24.00 horas del 28 de Octubre, una carta al Gobierno Griego que contenía, en forma de ultimátum, una serie de exigencias a las que Grecia debía responder favorablemente en el plazo de tres días. Ante la premura de tiempo, el embajador italiano en vez de acudir a la mañana siguiente al Ministerio de Asuntos Exteriores Griego vestido como exigía el protocolo diplomático para tan graves ocasiones, se vistió apresuradamente de etiqueta  y se presentó en el domicilio particular del propio Primer Ministro griego que, ya en la cama, le recibió en pijama y en el vestíbulo de su casa. El embajador italiano entregó a Ioannis Metaxas la carta que contenía el ultimátum y le informó del plazo para responder al mismo, Metaxas, abrió la carta y tras leerla se la devolvió al embajador con un escueto y rotundo "NO".

            El "NO" del 28 de Octubre de 1940 y el "NO" del pasado Domingo 5 de Julio de 2015, constituyen los dos heroicos "NO" dados por Grecia en la historia contemporánea y, aunque ciertamente guardan ciertas similitudes, también es verdad que entre ambos existen importantes diferencias.

            Ambos "NO" fueron pronunciados rotundamente ante unas exigencias clara y manifiestamente injustas, esa es la mayor de sus semejanzas pero en cuanto a las diferencias entre los dos "NO" podemos decir que son más sustanciales.

            En primer lugar, el Primer Ministro Griego en 1940, Ioannis Metaxas, sabía perfectamente que aquel "NO" implicaba la entrada de Grecia en la II Guerra Mundial, pero también sabía que el ejército griego podría defenderse con éxito de los ataques del ejército italiano, al cual llevó en cinco meses al borde de la derrota total, sabía también que una intervención de Alemania a favor de Italia provocaría la desestabilización de todos los países balcánicos y la extensión de guerra a toda la Península Balcánica y finalmente sabía también que contaría con el apoyo de la Armada y del Ejército Británico en su lucha contra las potencias del Eje.

            Por su parte el Primer Ministro Griego en 2015, Alexis Tsipras, no sabe realmente que es lo que va a pasar a partir de ahora. La gestión del gobierno griego ante las instituciones europeas ha ganado en legitimidad y, con la victoria del "NO" en el referéndum, ha obtenido una enorme victoria moral, pero sería un error por su parte el considerar que las victorias morales son también victorias reales y que la legitimidad, por sí misma, puede terminar imponiéndose. Si Metaxas con su "NO" obtuvo la certeza de la guerra, Tsipras con su "NO" ha obtenido la incertidumbre de si la solución negociada es posible.

            Tras el "NO" de Grecia el panorama se complica. Tsipras puede seguir negociando con las instituciones europeas, pero no puede aceptar  partir de las bases del 25 de Junio pasado porque, primero, tales bases han sido expresamente rechazadas por los ciudadanos griegos en el referéndum ya que la pregunta se refería concretamente a ellas y, en segundo lugar, tampoco puede aceptar ninguna medida que implique la subida del Impuesto del Valor Añadido porque ello ahogaría aun más a las extremadamente frágiles economías domésticas griegas ni retrasar la edad de jubilación a los 67 años porque ambas cosas supondrían una traición al "NO" expresado por los griegos. No nos engañemos, los recortes se pueden practicar de dos formas: de una forma perceptible y de otra forma imperceptible y el rebajar un 1 por ciento la cuantía de las pensiones de los griegos para el año 2016 como exige Europa es una forma de recortar muy visible, en cambio ampliar la edad de jubilación y los años de cotización para calcular la pensión futura supone una rebaja de las pensiones totalmente imperceptible.

            El "NO" griego del 5 de Julio puede convertirse en una trampa para Tsipras pues ahora está obligado por la voluntad popular a no aceptar la más mínima imposición, exigencia o ultimátum europeo que suponga mayores recortes a los derechos de los ciudadanos griegos y cualquier aceptación del ejecutivo griego en tal sentido solo puede entenderse como una traición al pueblo griego.

            Por su parte es muy dudoso que las instituciones europeas estén dispuestas a seguir prestando más efectivo al estado griego si este no hace gestos tendentes a demostrar que pagara sus deudas en un tiempo razonable lo que solo puede suponer nuevos sacrificios para la población griega. En definitiva, ningún acreedor puede obligar a un deudor a que vaya muriendo por consunción a fin de que pague sus deudas  pero no es menos cierto que un deudor no puede obligar a un acreedor a renunciar al cobro de lo que se le debe y además obligarle a seguir prestándole dinero.

            Realmente, desde el punto de vista de quien esto escribe, a partir de ahora Tsipras solo puede desarrollar lógicamente el "NO" griego del 5 de Julio e intentar crear una liga euro mediterránea que agrupe a los países del Sur de Europa a fin de hacer frente a los países ricos y exigentes del norte europeo, rescatando en gran medida la idea de la llamada "Liga de Fiume" creada por el poeta belga León Kochnitzky con el fin de agrupar a los pueblos oprimidos.

            Los dos "NO" de Grecia son muy reveladores porque el segundo viene a ser como una repetición del primero, convirtiéndose en una demostración empírica de aquel aserto hegeliano en virtud del cual "Los grandes acontecimientos de la historia siempre se repiten dos veces"; aserto que posteriormente sería completado por aquel aventajado discípulo de Hegel que fue Carlos Marx al concretar que "Los grandes acontecimientos de la historia siempre se repiten dos veces, la primera vez como tragedia y la segunda como farsa". En breve tiempo sabremos si quien estaba en lo cierto era el maestro o el discípulo.

viernes, 27 de febrero de 2015

¿QUÉ FUE DE LA DEUDA GRIEGA?




            Tras la victoria en las elecciones griegas del pasado 25 de Enero del 2015 de la coalición Syriza se abrió, al mismo tiempo que un periodo de ilusión en los ciudadanos griegos, un periodo de expectación ante lo que el gobierno presidido por Tsipras pudiera hacer respecto a la enorme deuda que tiene el país balcánico con sus acreedores europeos.

            En un primer momento y tras celebrar la victoria que todo lo iba a cambiar para bien, el gobierno griego ignorando la realidad de su país pretendía imponer a los acreedores sus condiciones ante lo cual éstos amenazaron con no renovar el rescate a finales de este mes de Febrero con lo que Grecia entraría en quiebra y no podría pagar ni las pensiones ni lo sueldos públicos.

            Ante esta amenaza, el gobierno de Syriza ha moderado su postura y ahora ha decidido, esto hay que reconocerlo y llamarlo por su nombre, actuar como "un mal pagador" y, convertido en un auténtico "Caballero de la Tenaza", seguir el consejo del insigne Quevedo practicando "el arte de gastar la prosa y no soltar la mosca": ha pedido una prórroga, ha pedido comprensión y, en definitiva, ha ganado tiempo para no enfrentarse ante el duro muro de hormigón que constituye la dramática realidad económica griega. No obstante, gracias a este españolísimo arte, Grecia ha conseguido prorrogar el rescate hasta el próximo mes de Junio, llegado el cual seguro que habrá una vuelta a empezar con el tira y afloja y... ¡A ver qué pasa!.

            A cambio, el gobierno griego ha tenido que hacer una serie de propuestas a la Comisión Europea que suponen prácticamente el funeral del programa electoral que hizo ganar las elecciones a Syriza pues ha tenido que aceptar no tocar las privatizaciones realizadas por los gobiernos anteriores, reducir el gasto público, paralizar la readmisión de los funcionarios despedidos y modificar el IVA, seguro que al alza. Evidentemente la reducción del gasto público y una hipotética subida del IVA afectara socialmente a toda la población griega ya que lo segundo supondrá una subida generalizada de los precios y lo primero implicará, aunque se diga lo contrario, mas paro y menos poder adquisitivo para los griegos porque la única forma de reducir sensiblemente el gasto público es reduciendo el gasto en la administración, bien despidiendo funcionarios o bajándoles el sueldo así como recortando en las pensiones, o reduciendo el gasto en obras públicas de nueva construcción o en el mantenimiento de las existente lo cual se traduce en menos empleo. En definitiva, la reducción del gasto público llevara a un mayor empobrecimiento de la población griega y a su vez a una mayor necesidad de gastos sociales para los cuales el gobierno de Tsipras no tiene dinero y, por tanto, no podrá cubrirlos.
           
Por su parte la promesa de luchar contra la corrupción, el fraude fiscal y el contrabando están muy bien, pero aunque esta lucha tuviera un elevado porcentaje de éxito jamás sería este del cien por cien y, aun en ese caso, no supondría una recaudación suficiente para llevar a cabo el programa electoral de Syriza y, al mismo tiempo, hacer frente al pago de la deuda.

            En definitiva, todas las esperanzas en una mejoría social que los griegos pusieron en Syriza y en su líder Tsipras parecen diluirse dejando claro que durante la campaña electoral Syriza hizo gala de un excesivo e irreal optimismo o, simplemente, mintió al pueblo griego.

            Por otra parte, y con independencia de quién gobierne en Grecia, ¿Cual va a ser el final de esta situación?. Ese es el quid de una cuestión que por compleja no deja de ser interesante ya que la situación se reduce a la siguiente: un deudor que no puede pagar sus deudas aunque se lo proponga  y lo desee y unos acreedores que saben que no van a cobrar lo que se les debe. Ante esto entran en juego varios factores, el primero es que los acreedores (bancos y gobiernos europeos) deben salvar la cara ante sus accionistas y gobernados los cuales podrían preguntarse el por qué se hicieron sucesivos prestamos a un prestatario que carecía de fiabilidad y solvencia y el segundo es que los gobernantes griegos tienen que salvar la cara ante su pueblo al que se la ha prometido un paraíso imposible donde todo era posible, incluso el no pagar y seguir recibiendo dinero prestado.

            Los acreedores, que en su fuero interno ya saben que no van a cobrar el cien por cien de lo que les debe Grecia y que hasta ahora han jugado a apretarle las tuercas para que vaya soltando algo de lo que les debe tampoco pueden permitirse el lujo de llevar al deudor al suicidio pues entonces no cobraran nada, de esta forma, lo más seguro es que manteniendo el palo en alto mitiguen los intereses de la deuda, lo cual ya supondría una quita y concedan a Grecia mucho más tiempo para pagar el principal que debe. Con ese mayor tiempo el gobierno griego ganará alguna libertad de maniobra a efectos de aliviar el padecimiento de los ciudadanos aunque todavía les queda mucho por sufrir mientras que ambas partes lograran que la atención que hoy se centra en Grecia se vaya diluyendo para llegar a un final, aún muy lejano, donde el acreedor  tal vez haya recuperado un elevado porcentaje de lo prestado (perdiendo la totalidad de los intereses y quizás algo del principal) y solo alguien, en alguna reunión de amigos, suelte al aire el comentario de "por cierto ¿Qué fue de la deuda griega?".

miércoles, 12 de junio de 2013

¿SALIRSE DEL EURO?



A pesar de las manifestaciones de los miembros de la casta política española afirmando que la situación económica mejora basta darse un paseo por las calles de nuestras grandes ciudades para darse cuenta de que la realidad les contradice multiplicándose los debates sobre la conveniencia o no de salirnos del Euro, siendo un libro publicado en Portugal y precisamente titulado “Salirse del Euro” el que más esta siendo vendido en el país vecino.

            El salirnos del Euro no constituye solución alguna si no se tiene claro el para qué queremos salirnos del sistema de la Moneda Única porque tal salida, por sí sola, no constituye ninguna panacea si no va acompañada de otras medidas que, en el concreto caso español, deberían ser políticas, económicas y sociales.

            A) En materia política las medidas deberían consistir en una recuperación de todas las soberanías cedidas a instituciones europeas supranacionales, relectura de los tratados de Unión Europea suscritos por España y replanteamiento de la política española en Europa porque, a todas luces, carece de sentido, salirse del sistema de moneda única y seguir obedientes a las directrices económicas y sociales de Bruselas que, desde 1986, se han traducido en una política de privatizaciones, desindustrialización y limitación del sector primario (agropecuario).

            B) En materia económica lo fundamental es la planificación de un “plan de estabilización y desarrollo” tendente a la reindustrialización del país y a la recuperación del sector agropecuario con el fin de recuperar la “independencia alimentaria” del país y de tener un sector primario competitivo que a la vez sirva para cubrir las nuevas necesidades creadas por las nuevas energías e industrias como pueden ser la producción de etanol o de biomasa.

            C) Finalmente en materia social lo más importante es mantener el sistema público de protección y prestaciones sociales porque de poco o de nada sirve que la economía de un país crezca y vaya bien si es a costa del bienestar de los ciudadanos que son, a fin de cuentas, la medida de toda acción política.

            Estas medidas no implican romper con Europa, sino estar en Europa en otras condiciones y sin cláusulas de sumisión. Es decir, estar tal y como está la Gran Bretaña y Dinamarca, sin perder soberanía y sin suscribir todo los tratados que se nos imponen sobre la mesa. Más aún, la política Europea de España debería redirigirse hacia la creación de un grupo de presión con los países que integran la Europa Mediterránea: Grecia, Italia y Portugal e incluso con la Gran Bretaña a fin de contrarrestar la hegemonía francogermana en la política y economía de la Unión Europea.

            La salida del Euro y la vuelta a la peseta si no va acompañada, entre otras, de las medidas antes indicadas manteniendo la secreta intención de, pasados unos años, regresar a la moneda común equivaldría a que los ciudadanos perdieran, a la larga, todo o parte de sus ahorros ya que, de retornar a la peseta, una de las primeras medidas que se tomarían sería la de devaluarla para fomentar las exportaciones y hacer al país mas competitivo en turismo e inversiones extranjeras. Es decir, supongamos que un ciudadano tiene ahorrados a fecha de hoy 9.000.- Euros siendo el Euro equivalente en el presente a 166´386.- Pesetas, con lo cual sus ahorros equivalen a casi 1.500.000.- pesetas; si la peseta se devalúa a lo largo de cinco años supongamos un quince por ciento, al retornar a la moneda única ese mismo ciudadano verá reducirse sus ahorros a 7.662´90.- Euros. Es decir, sin gastarlos habrá perdido en cinco años 1.337´10 Euros a causa de la devaluación de la peseta.

            De esta forma, la supuesta salida del Euro nos lleva a hacernos la siguiente pregunta ¿Fue la entrada en el Euro una decisión política ligera y negligente?. Evidentemente si la respuesta, como no puede ser de otra forma, es afirmativa porque de no serlo lo inteligente sería permanecer a todo trance en el Euro, ello conllevaría a depurar radicalmente las responsabilidades de todos aquellos que impusieron a los ciudadanos españoles, activa o pasivamente, el cambio de moneda.

            Por otra parte, si bien la salida del Euro podría favorecer la economía española al devaluarse la peseta y fomentar más aún las exportaciones e inversiones extranjeras también es cierto que la perjudicaría en materia de importación de materias primas como el petróleo que se pagan en los mercados internacionales en Euros o Dólares lo que se traduciría en un aumento de los precios e incremento de la inflación.

            Otra posibilidad, aunque tal vez resulte imposible por excesivamente imaginativa o por imposición política de nuestros “amigos” europeos, sería la adopción de la “doble divisa” que consistiría en que la moneda que circulase en España para las transacciones internas y exportaciones fuera la peseta mientras que la moneda que se utilizase para las importaciones fuera el Euro. Asimismo, el Euro sería la divisa en la que estarían los depósitos a plazo de los españoles mientras que la peseta sería la moneda que figurase en las cuentas corrientes y la que se retiraría de las entidades bancarias  a fin de proceder a realizar pagos en efectivo.

            Esta política monetaria de “doble divisa” no supondría en realidad una salida del Euro pues es de recordar que, al menos, dos años antes de ponerse en efectiva circulación el Euro, éste cotizaba en los mercados y en él se hacían las transacciones internacionales mientras que en los estados que se habían sumado a la nueva moneda seguían circulando y haciéndose operaciones internas en las respectivas monedas nacionales. Por otro lado, esta idea de la “doble divisa” llevada a cabo adecuadamente mitigaría los efectos de la inflación y de las posibilidades de una pérdida de los ahorros de los ciudadanos permitiéndonos mantener las ventajas del Euro eludiendo sus inconvenientes.

            En cualquier caso, no se puede ni defender el Euro ni proponer la salida del mismo sin considerar todas las posibilidades y valorar todas las consecuencia y sin saber para qué se propone lo uno o lo otro y, por supuesto, hay que asumir que toda salida de esta crisis pasa por exigir y depurar las responsabilidades políticas de todos aquellos que nos han conducido o han tenido algo que ver en la presente debacle porque salir de la crisis sin depurar responsabilidades implica que los mismos que nos han metido en esta lamentable situación nos volverán a meter en otra tal vez peor.




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