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martes, 7 de febrero de 2012

LA PROBLEMÁTICA DE LA LITERATURA RUSA EN ESPAÑA

Desde que Mijail Lomonósov fundara en el Siglo XVIII las bases de la literatura rusa moderna no han faltado en las librerías españolas obras de autores rusos aunque la variedad ofrecida a los lectores de habla hispana ha sido escasa limitándose sobre todo a la publicación de obras de autores pertenecientes a la “Edad de Oro” de la Literatura Rusa que coincide con el Romanticismo posterior a la Gran Guerra Patria de 1812 y a escritores incluidos en la “Edad de Plata” de dicha literatura que coincide con el Realismo de comienzos del Siglo XX.


Entre los autores pertenecientes a la “Edad de Oro” de la Literatura Rusa se encuentran autores tan conocidos como Pushkin, Gogol, Dostoievski, Turguenev y Herzen; mientras que entre los pertenecientes a la “Edad de Plata” se cuentan Anton Chejov, Leon Tolstoi y Máximo Gorki. Fuera de estas dos grandes generaciones literarias escasos ecos ha tenido la producción literaria rusa entre los lectores españoles al limitarse las diferentes editoriales a publicar contadas obras de autores rusos actuales que, generalmente, presentaban cierto posicionamiento político a favor o en contra del régimen soviético, aspecto éste que seguramente les resultaría decisivo a la hora de obtener el Premio Nobel de literatura siendo tal el caso de Boris Pasternak, autor de “Doctor Zhivago” y Premio Nobel en 1958, Mijail Sholojov, autor de “El Don Apacible” y Premio Nobel en 1965 y Alexander Solzhenitzsyn, autor de “Archipiélago Gulag” y Premio Nobel en 1970.


En realidad la literatura rusa en España resulta mucho menos conocida y mucho menos popular que la francesa, inglesa, italiana, alemana o norteamericana y ello porque el público español la encuentra de difícil acceso a causa de las traducciones y de la dificultad de retener en la memoria los nombres de los personajes y de los lugares en ella descritos.


En primer lugar, es comprensible que en un país que parece reñido con el cultivo del conocimiento de lenguas extranjeras no se encontraran originariamente buenos conocedores del idioma ruso que hicieran correctas traducciones de las obras escritas en un idioma tan secundario (comparado con el Inglés o Francés), lo que provocó que en un principio no se tradujeran las obras directamente del idioma en que originariamente fueron escritas (el ruso) sino de un idioma, generalmente francés o alemán, al que ya habían sido previamente traducidas con los problemas, lingüísticos y literarios, que son inherentes a este procedimiento. No obstante en los últimos años, este problema se ha superado totalmente gozando todas las ediciones de autores rusos que se ofrecen actualmente al público español de excelentes traducciones al castellano que no plantean problema alguno de comprensión.


Más difícil, por no decir imposible, de superar es el problema de la retención en la memoria de los nombres de personajes y lugares por parte del lector de una obra literaria rusa. Esta retención mnemónica resulta decisiva para la comprensión del texto, sobre todo cuando cuenta con una gran extensión, porque al ser numerosos los lugares y los personajes que aparecen en la novela y al tener estos unos nombres y apellidos francamente difíciles de pronunciar, el lector tiende a confundir unos con otros llegando incluso a perder el hilo de la acción. Este problema se intentó solucionar hace décadas castellanizando el nombre de los personajes lo que resultaba francamente ridículo y poco afortunado ya que al castellanizar el nombre propio, el cual en ocasiones correspondía a varios personajes diferentes, y mantener el apellido familiar no solucionaba el problema aunque arrancase alguna sonrisa en el lector ya que, por ejemplo en “Guerra y Paz” de Leon Tolstoi, el hecho de que Andrei Volkonsky pasase a llamarse Andrés Volkonsky, no ayudaba a que el lector se aclarase de las acciones de este personaje y las distinguiera de otro personaje de su misma familia y por tanto de su mismo apellido. En este sentido es de indicar que mientras es fácil que un lector español enumere varios personajes de una misma novela francesa o inglesa leída hace varios años, es muy difícil que haga lo mismo con varios personajes de una novela rusa de grueso tamaño leída hace el mismo tiempo. Así por ejemplo si de la “Cartuja de Parma” de Stendhal surgen rápidamente a nuestra memoria nombres como Fabrizio del Dongo (protagonista), la Duquesa Sanseverina o el Conde Mosca, de “Crimen y Castigo” apenas nos acordamos del nombre de Raskólnikov, personaje protagonista de esta novela de Dostoievski.


Esta grave dificultad con la que se encuentra el lector español hace que la obra literaria rusa solo sea disfrutada mientras se esta leyendo no pudiéndose disfrutar con el recuerdo de haberla leído siendo una posible solución a este problema introducir en todas las ediciones junto al nombre del personaje, perfectamente escrito en ruso, y entre paréntesis; su escritura fonética a fin de facilitar al lector su pronunciación lo que aseguraría su memorización y permanencia en el recuerdo además de permitir en todo momento distinguirlo de cualquier otro personaje de escritura similar.


lunes, 13 de junio de 2011

LA SOCIEDAD QUE SE ESTÁ FORJANDO

Por muchos motivos no hay mejor tiempo para reflexionar que los tiempos de crisis y ello por numerosas causas. En primer lugar porque la reflexión es una forma económica de pasar el tiempo y en segundo lugar porque en los tiempos críticos la realidad se nos aparece desnuda y sin abalorios decorativos indicándonos los errores cometidos en el pasado y abriéndonos los ojos ante el futuro que nos puede esperar en caso de perseverar en esos errores.

Una de estas reflexiones que surgen a tenor de los malos tiempos que vivimos es sobre la sociedad que se está construyendo y que lejos de indicar un avance de la humanidad, más parece retrotraernos a tipos de sociedad en principio ya superados.


La sociedad imperante en occidente durante el pasado fue sin ningún género de dudas una sociedad en la que existían clases claramente diferenciadas por el poder adquisitivo y nivel de vida de los individuos que las integraban, así existía una clase alta capitalista y una clase baja proletaria hasta que el avance del tiempo hizo surgir una tercera clase fundamental en la sociología europea contemporánea cual fue la clase media, integrada ésta por individuos que sin llegar a ser grandes propietarios ni poseedores de grandes fortunas disponían de pequeñas y familiares propiedades. A pesar de las carencias que presenta la sociedad de clases y las teorías existentes sobre ella, desde la teoría de la lucha de clases hasta la teoría de colaboración entre ellas, lo cierto es que este tipo de sociedad parece totalmente superada en el momento presente.


En la actualidad, ante una inexistente sociedad civil y una omnipresencia de la administración estatal y de la economía en todos los ámbitos de la vida humana, la sociedad de clases en occidente parece encaminarse hacia su desaparición en favor de una sociedad de tipo neoestamental.


La Sociedad de Clases se diferencia de la Sociedad Estamental en que la primera esta constituida por clases abiertas, es decir un individuo puede abandonar una clase para integrarse en otra ascendiendo o descendiendo en la escala social mientras que la Sociedad Estamental esta integrada por agrupaciones o estratos cuasi cerrados a los que se accede por causas tasadas o “numerus clausus” (nacimiento, compra de cargos, matrimonio, concesión, etc…). Por otra parte las clases en la sociedad de este nombre tienen su origen en el interés económico de los individuos que las integran mientras que los estamentos existen en base a una predeterminada función que sus miembros desarrollan en la sociedad o en el estado.

Si bien se observa, en la configuración de la sociedad actual ya se vislumbran tales estamentos que, como los antiguos, tienen sus correspondientes y características prebendas y privilegios. Así, se puede llegar a vislumbrar el estamento ejecutivo, que ha adquirido una identificación plena y total con el estado y que se encuentra integrado por todos aquellos individuos que, con mayor o menor responsabilidad, desempeñan cargos políticos en las estructuras estatales y supra estatales aunque tan solo sean representativos; inmediatamente, por debajo de este estamento ejecutivo, se encuentra el estamento administrativo formado por todos aquellos individuos dedicados a que la maquinaria administrativa del estado funcione y por cuantas personas tienen por función defender al estado frente a cualquier perturbación interior o exterior y, junto a los anteriores estamentos no estando precisamente por debajo de ellos, también se distingue un estamento económico y financiero formado por todas aquellas personas que se dedican a la gran economía siendo característico este estamento el subdividirse en clases (no estamentos) como la de “propietarios de los medios de producción”, que son los propietarios de las empresas y los que se reparten sus beneficios, los “técnicos” que son los encargados de administrar las empresas y mantener el funcionamiento y la productividad de las mismas siendo excelentemente retribuidos por ello y, por último, los trabajadores, que yendo y viniendo, siendo contratados y despedidos; prestan sus servicios en las mencionadas empresas según las correspondientes necesidades de las mismas en cada momento concreto. En el último escalón estamental, se perfila la existencia de un estamento que en su momento fue denominado por Jack London como “El Pueblo del Abismo” y que estaría integrado por todos los demás individuos que no forman parte de ninguno de los anteriores y que se caracterizaría por llevar una vida de total precariedad en todos los aspectos siendo la mera subsistencia diaria el mayor logro al que puedan aspirar. De este último estamento, de este “Pueblo del Abismo”, saldría la clase que prestaría los servicios imprescindibles para el funcionamiento de las empresas del estamento económico constituyendo la retribución mínima y esporádica que percibieran por su trabajo su “privilegio” característico casi equivalente al feudal pacto de vasallaje.


Por otra parte la existencia de privilegios que también definen los estamentos que están surgiendo en esta futura sociedad neoestamental cada vez son más evidentes, así el estamento ejecutivo (los políticos) tienen asegurado el resto de su vida con pensiones vitalicias y blindajes jurídicos que impiden que se les pueda exigir responsabilidades, el estamento administrativo (los funcionarios civiles y militares) tienen asegurado su puesto de trabajo del que difícilmente pueden ser removidos o despedidos por lo que tienen asegurado un salario mayor o menor, según la escala que ocupen en la administración, para toda su vida y el estamento económico (grandes empresarios y financieros) tienen el privilegio de ser soberanos en el manejo de sus negocios sin tener que rendir cuentas a nadie pudiendo disponer, cada vez más, a su antojo de la vida de los trabajadores que precisen elevándolos ligeramente desde el último estamento o dejándolos caer en la sima del “Pueblo del Abismo”.


Así pues, esta es la realidad social que amenaza con imponérsenos ante nuestros propios ojos mientras que muchos continúan, romántica y revolucionariamente, anclados en pretensiones y conceptos cada vez más alejados de la realidad al pretender acabar con una sociedad de clases que se está viendo progresivamente sustituida por una “Sociedad Neoestamental” cerrada y altamente represiva.


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