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lunes, 26 de noviembre de 2012

ESCRITOS TRANSICIONALES (I). ¿QUE FUE LA TRANSICIÓN?



         El 20 de Noviembre de 1975 fallecía en una habitación del Hospital de la Seguridad Social “La Paz”, el anterior Jefe del Estado Español, Generalísimo de todos los Ejércitos y dictador autócrata, Francisco Franco Bahamonde, abriéndose así un periodo de rápidos cambios políticos que ha pasado a la historia de España con el nombre de “La Transición Política” y que culminaría, tras la aprobación de la vigente Constitución, en 1978, con el afianzamiento del actual régimen jurídico y político que, ya se puede decir claramente, padece el pueblo español..

            La “Transición” española se ha presentado por todo el mundo en numerosas conferencias bien pagadas impartidas por distintos protagonistas de la misma como modélica y ejemplo a seguir por numerosos países de Hispanoamérica y del Tercer Mundo (¡!) enseñándose a los niños en las escuelas españolas que es una cosa de la que los españoles tenemos que estar orgullosos pues, pacíficamente, conseguimos darnos a nosotros mismos un régimen repleto de libertades y derechos. No obstante, pasados ya casi cuarenta años del inicio de la “Transición”, se impone no solo hacer un balance de la misma, que no solo resulta desfavorable atendiendo a la situación política y social de los últimos dos años, sino sobre todo explicar a la generalidad de los ciudadanos de una vez por todas en qué consistió esa “Transición” porque atribuir la misma a la generosidad de unos líderes políticos que en muchos casos no se representaban nada más que a sí mismos y a su gran capacidad política para llegar a pactos y acuerdos con los contrarios no resulta nada más que una especie de alegoría propia de aquellas pinturas neoclásicas de Louis David en las que se pretendía sublimar un acontecimiento o un personaje histórico.

            Algunos de los protagonistas de la “Transición” como el antiguo líder del Partido Comunista recientemente fallecido, Santiago Carrillo, han afirmado, años después y ya desde el ostracismo político, que en la misma se cometieron errores y que se llegaron a acuerdos porque en aquel momento no había más remedio que pactar pues lo importante era que España tuviera democracia (aunque en la actualidad el pueblo español la considera gravemente deficitaria). No obstante nada hay más erróneo que considerar que en aquel momento las exigencias de la oposición al régimen franquista pudieran desencadenar un proceso de involución o de enfrentamiento civil que impidiera el cambio de régimen.

            El régimen franquista nace el 1 de Octubre de 1936 con la exaltación de Francisco Franco a la Jefatura del Estado del bando sublevado, se consolida con la Victoria sobre el ejército republicano el 1 de Abril de 1939 y se afianza definitivamente en 1945 con la no intervención aliada al finalizar la II Guerra Mundial. Desde el mismo momento de su nacimiento, el régimen se fundamenta en la concentración en la persona de Franco de todas las lealtades y en la unificación en un el Partido Único, que posteriormente se conocería como “El Movimiento”, de las diversas, e incluso contrapuestas, tendencias políticas que participaron en el alzamiento del 18 de Julio de 1936. En 1975, transcurridos casi cuarenta años desde su nacimiento, el régimen de Franco lleva años siendo un régimen político en descomposición sostenido únicamente por una enorme maraña de comodidades e intereses creados; son esos intereses creados la única base que apoya y sostiene al régimen franquista en el momento de la muerte del dictador, es decir, en el momento del fallecimiento de Franco el régimen ya no tiene ningún sustento ideológico ni ninguna finalidad política, extremo éste que, conocido por todos, será el único factor decisivo para que la transmisión de poderes del fallecido Franco a Juan Carlos de Borbón y los cambios legales posteriores se produzcan sin traumas ni violencias.

            Al dimitir, el 1 de Julio de 1976; el último Presidente del Consejo de Ministros nombrado por Franco, Carlos Arias Navarro, es sustituido en el cargo por Adolfo Suárez quien hasta la fecha había desempeñado el puesto de “Camarada Ministro Secretario General del Movimiento” por lo que se puede considerar a Suárez un profundo conocedor del régimen franquista, de su estado de salud general y de todos sus entresijos además de tener un conocimiento muy acertado de la situación real de todos los grupos y partidos de la oposición. A partir de ese momento comienza la gran operación política tendente a desmontar el “Movimiento”, esto es, el Régimen Franquista;  para reconvertirlo en un régimen político homologado u homologable con los regímenes políticos existentes en Europa Occidental.

            La idea que se ha transmitido de la Transición es que fue una operación de ingeniería jurídico-política iniciada por Adolfo Suárez desde la presidencia del gobierno basada en el acuerdo entre dos supuestas fuerzas políticas antagónicas e irreconciliables, no obstante esta es una idea interesada y falsa pues en realidad ninguna de las fuerzas en presencia en el momento de la muerte de Franco eran fuerzas políticas sino otras cosas.

            Dentro del Régimen Franquista, lo que existía eran unos colectivos humanos agrupados en el partido único de Falange, los sindicatos verticales, el ejército y la casta política del momento que se lo debían todo a Franco y a su régimen por lo que veían cualquier posible cambio como un peligro a sus múltiples intereses particulares y a su posición social. Por su parte la situación de la llamada oposición no era muy distinta pues estaba integrada por numerosos grupos, muchos de ellos sin ninguna auténtica presencia social, era altamente heterogénea y en no pocos casos sus propios líderes o eran hijos (o familiares próximos) de jerarcas del régimen o procedían ellos mismos de alguna organización del movimiento, pudiéndose afirmar que el grupo más numeroso y organizado de los de la oposición al franquismo era el Partido Comunista de España dirigido por Santiago Carrillo y aún este se encontraba muy lejos de ser un grupo homogéneo ya que agrupaba en su seno las más diversas tendencias muchas de las cuales no tenían nada de comunistas pero que se habían incluido en el PCE por ser el grupo mejor organizado en la clandestinidad.

            Así pues, el panorama con el que se encuentra el Presidente del Gobierno Adolfo Suárez es el siguiente: unos llamados franquistas que, conservando el régimen o sin conservarlo, lo que quieren es conservar sus privilegios y una oposición débil y fragmentada cuyos líderes quieren más acceder al poder y a los privilegios que cambiar sustancialmente las cosas. Estando así las cosas, la oposición al franquismo aparece organizada en dos formaciones unitarias: la Junta Democrática creada en 1974 e integrada por el PCE, CCOO, PSP, PTE, Partido Carlista e independientes, y la Plataforma de Convergencia Democrática creada en 1975 por el PSOE, Movimiento Comunista, Democratacristianos y Socialdemócratas, ambas formaciones convergen en Marzo de 1976 en la organización Coordinación Democrática, popularmente conocida como “la Platajunta”, a la que se adhieren partidos nacionalistas catalanes, vascos y gallegos. Las demandas y objetivos de la “Platajunta” son la amnistía, la legalización de todos los partidos políticos que lo soliciten y la convocatoria de unas elecciones a Cortes Constituyentes.

            Mientras que la oposición al franquismo lucha por aparentar unidad y más fuerza que la que tiene (en realidad la mayor parte de la militancia activa y de calle de las fuerzas de la oposición la ponía el PCE y el Partido Carlista), Suárez maniobra dentro del régimen y presenta a las Cortes Franquistas en Noviembre de 1976 una propuesta de Ley Fundamental (la octava Ley Fundamental del Régimen) llamada “Ley Para la Reforma Política” que contemplaba la convocatoria de elecciones para elaborar una Constitución y que, en cinco artículos, desmontaba el Régimen de Franco. “La Ley de Reforma Política”, fue defendida ante las Cortes franquistas por el Procurador en Cortes Miguel Primo de Rivera siendo aprobada el 18 de Noviembre de 1976 por 425 votos a favor, 59 en contra y 13 abstenciones. La aprobación de la “Ley de Reforma Política” por las Cortes franquistas es conocida como el “Hara Kiri de las Cortes franquistas”, aunque realmente no existió tal “Hara-Kiri” pues la aprobación de esta ley fue fruto de múltiples negociaciones entre el gobierno y los Procuradores en Cortes de cuyo contenido no se tiene constancia pública pero en las que se debió garantizar a los señores Procuradores que votasen a favor, su permanencia en la primera línea de la política activa porque la inmensa mayoría de los que votaron afirmativamente a la “Ley de Reforma Política” han permanecido en la vida política en diversos partidos e incluso alguno de ellos han conservado los mismos puestos que ocupaban en el Régimen Franquista y no han dejado jamás de viajar en coche oficial. Por lo que se refiere a los Procuradores que votaron en contra (a muchos no les quedaba más remedio que votar “no” por pura “dignidad” personal pues eran cimentadores del Régimen Franquista desde el 1 de Octubre de 1936 y un voto diferente hubiera sido escandaloso en extremo) si bien con el tiempo pasaron al olvido político, lograron colocar a familiares muy próximos en diversos partidos, empresas públicas e instituciones del nuevo régimen.

            La Ley de Reforma Política, fue sometida a un Referéndum Nacional el 15 de Diciembre de 1977, donde participó el 77 por ciento del censo obteniendo un ochenta por ciento de votos a favor. En la campaña del Referéndum Nacional del 15 de Diciembre de 1977, el gobierno de Adolfo Suárez no dudó en utilizar todo el peso propagandístico del “Movimiento” no faltando en pequeñas localidades quienes, desde la Jefatura Local del Movimiento, solicitaban a los ciudadanos el voto afirmativo vistiendo la camisa azul.

            La aprobación en Referéndum de la Ley de la Reforma Política pone nuevamente de manifiesto la debilidad de la oposición al régimen de Franco quien se había inclinado por la abstención y demuestra la debilidad del sector duro del régimen, conocido como el “Bunker”, que había solicitado el voto negativo (la abstención tan solo alcanzó un 23 por ciento, mientras que los votos negativos tan solo fueron un 20 por ciento) dejando las manos libres a Suárez para seguir adelante con la segunda fase de la Transición que consistía en convencer a los franquistas de que nada iba a ocurrir y que iban a seguir disfrutando, tal vez de una forma diferente, de sus privilegios y en incorporar a la oposición a un proyecto político, no precisamente popular y democrático pero homologable en Europa que se creará en torno al sucesor de Franco, Juan Carlos de Borbón.

            Así, Adolfo Suárez incorpora a la función pública general a todos los funcionarios del Movimiento y de los Sindicatos, organizaciones disueltas en virtud de la Ley de Reforma Política, legaliza a organizaciones de la oposición como el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y al Partido Comunista de España (PCE) quien hace una pública manifestación en rueda de prensa de aceptación de la bandera bicolor, de aceptación de la monarquía en la persona de Juan Carlos de Borbón y de reconocimiento de la unidad de España, mientras que otros partidos políticos más reivindicativos como el Movimiento Comunista, la Organización Revolucionaria de los Trabajadores (ORT) y el Partido Carlista siguen estando en la ilegalidad lo que supone la ruptura por parte de los partidos legalizados de los pactos suscritos durante la “Platajunta” ya que estos implicaban que ningún partido aceptaría ser legalizado e ir a unas elecciones si no eran legalizados todos los partidos políticos.

            A partir de aquí, todo queda encauzado (o como diría alguien “atado y bien atado”), se celebran unas elecciones el 15 de Junio de 1977 para elegir un Congreso de los Diputados y un Senado, en el que habrá Senadores de “Designación Real” nombrados a dedo por el Jefe del Estado, que tendrán por función elaborar una Constitución que se aprobará en referéndum el 6 de Diciembre de 1978 y que es la que esta aún vigente.

            Las carencias democráticas que años después han aparecido en el régimen nacido de la llamada “Transición” han sido justificadas por todos los participantes y protagonistas de la misma (franquistas reconvertidos en demócratas de toda la vida y opositores al régimen) por la necesidad de alcanzar unas libertades y por el miedo a una involución. Ahora bien, la realidad del momento demuestra que el miedo a una intervención militar en el proceso político no es más que una excelente excusa recurrente pues la involución no era posible por numerosos motivos:

            En primer lugar, Franco ordena en su testamento que Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido”. Considerando que el Régimen Franquista es un régimen personalista donde Franco reúne en su persona todas las lealtades esto equivale a una transmisión de esas lealtades a la persona de Juan Carlos de Borbón por lo que todos los franquistas y especialmente los militares quedaban obligados por el testamento de Franco a ser leales y a no oponerse, al menos activamente, a ninguna disposición del nuevo Jefe del Estado

            En segundo lugar, del Movimiento Nacional dependían numerosas organizaciones filiales tales como Sección Femenina, Sindicatos, Prensa del Movimiento (propaganda) y la llamada “Delegación Nacional de Milicias” con sede en la Calle Ferraz de Madrid que era una milicia supuestamente política integrada por voluntarios falangistas y de carácter auxiliar o de reserva del ejército, de la Policía Armada y de la Guardia Civil. Dicha “Delegación Nacional de Milicias” contaba con cien mil milicianos con licencias de armas en 1976 que les fueron retiradas pacíficamente y sin rechistar a lo largo de 1977. El hecho de que una organización militar de supuesto carácter político se dejase desarmar por unas autoridades que estaban acabando con el régimen y el ideario que dicha organización había jurado defender pone de manifiesto que nadie iba a actuar contra la política iniciada por Adolfo Suárez más allá de lo anecdótico.

            Finalmente el ejército, a pesar de ciertas radicales poses verbales y dimisiones como la del almirante Pita da Veiga a causa de la legalización del PCE, termina aceptando el proceso iniciado por la Ley de Reforma Política a cambio de una mejora de la soldada y del inicio de un proceso de modernización de todo el material de las fuerzas armadas consiguiendo la Armada Española la construcción de un portaaviones que iba a llamarse “Almirante Carrero Blanco”, que tardó en construirse diez años y qué terminó llamándose “Príncipe de Asturias”.

            Asimismo, la posibilidad de que se repitiera una situación de guerra civil similar a la de 1936-1939 era imposible sencillamente porque en 1975 no existían bandos. Los franquistas habían demostrado que no aspiraban nada mas que a la defensa y conservación de su status mientras que la oposición, que ya había fracasado militarmente en todas las tentativas bélicas para derrocar al régimen desde la invasión del Valle de Aran en 1944 y que había tenido que renunciar a continuar la guerra del maquis en 1950, no estaba en condiciones humanas ni materiales para lanzarse a una nueva aventura guerrera.

            El tema de la amenaza de un golpe de estado, de una involución o de una nueva guerra civil como justificación para que las fuerzas de la oposición aceptasen la monarquía cuando la inmensa mayoría de ellas se proclamaban republicanas y el no pedir cuentas al régimen anterior no se sostiene y no es más que una leyenda con la que han mantenido sumisos a los españoles durante tres décadas.

            Por otra parte la llamada “Transición” no fue obra de grandes y generosos hombres de estado sino simple y llanamente una operación transaccional que cualquier trilero dotado de “don de gentes” podría haber realizado porque en lo que realmente consistió la “Transición” fue en tapar bocas y en calentar culos de personas altamente ambiciosas a las que se podría aplicar la cita de Hobbes de que “aquellos que piden la libertad, no es en verdad la libertad lo que piden, sino el poder”. Tapar bocas con cargos, subvenciones y privilegios y calentar culos permitiendo el acceso a cargos gubernamentales a líderes de la llamada oposición al régimen y/o creando puestos políticos para que más gente accediera a poltronas donde mantener calientes sus posaderas y cubiertos los riñones.

            Durante décadas el pueblo español, traicionado en ese proceso llamado de la “Transición” por los propios líderes que decían ser opositores al régimen franquista, se ha creído los mitos y leyendas que han rodeado el indebidamente magnificado proceso de cambio político y se ha sentido feliz y partícipe del régimen de aparentes derechos y libertades “que nos hemos dado todos”. No obstante, desde hace tres o cuatro años parece haber despertado y haber comprobado que “no es oro todo lo que reluce” y es que casi cuarenta años después de muerto el dictador, los cimientos del régimen surgido de la Transición se resquebrajan a causa de una crisis económica que impone recortes y retrocesos sociales a los ciudadanos mientras que la casta política sigue disfrutando de todos sus privilegios porque el régimen no puede permitirse el lujo de que no haya dinero (“café para todos” lo llaman algunos) para seguir tapando bocas y calentando culos pues precisamente esa es la base fundacional del actual régimen y sin ese  requisito el mismo no podría subsistir.

martes, 20 de noviembre de 2012

“CARTA A UN SOLDADO DE LA QUINTA DEL SESENTA” de ROBERT BRASILLACH


          “Carta a Un Soldado de la Quinta del Sesenta” es un curioso folleto que, junto con los poemas de Fresnes, escribió Robert Brasillach a finales de 1944 antes de ser ejecutado por colaboracionista.

            Bajo la forma de epístola dirigida a su sobrino que en 1944 tenía cuatro años de edad y que cumpliría los veinte en 1960, año en que entraría en quintas para cumplir el servicio militar, “Carta a Un Soldado de la Quinta del Sesenta” es un breve pero revelador texto político en el que Robert Brasillach pretende argumentar y justificar su colaboración con los nazis alemanes durante la ocupación de Francia.

            En  “Carta a Un Soldado de la Quinta del Sesenta” Robert Brasillach pretende argumentar que la política exterior francesa desarrollada tras la I Guerra Mundial fue un total y completo error, para seguir dando los eternos argumentos vertidos por los colaboracionistas franceses a fin de justificar su particular postura ante la ocupación alemana de Francia. No obstante, y he aquí la originalidad de “Carta a Un Soldado de la Quinta  del Sesenta”, Brasillach se muestra contrario a las tesis defendidas por la extrema derecha francesa en los años inmediatamente posteriores a la firma del Tratado de Versalles que pretendían la división de Alemania en multitud de pequeños estados (1) para afirmar que Alemania y Francia debían haber iniciado en 1918 el camino de la reconciliación, el entendimiento y la cooperación (o colaboración) en el marco de la política europea.

             En “Carta a Un Soldado de la Quinta del Sesenta”, Brasillach afirma no arrepentirse del papel político y social que desarrolló durante la guerra, reafirma su adhesión al fascismo (o más propiamente al nacionalsocialismo) y su antisemitismo aunque niega que supiera que las deportaciones de judíos tuvieran por finalidad el asesinato en masa y admite algunos excesos cometidos por los alemanes durante la ocupación aunque los compara con las atrocidades cometidas por los franceses en Indochina con motivo de las revueltas acaecidas en 1925 (lo cual viene a significar una burda justificación).

            No obstante, lo más relevante de “Carta a Un Soldado de la Quinta del Sesenta” es la insistencia por parte de Brasillach en que las relaciones franco-alemanas, a pesar de la guerra y de la ocupación, seguirán mejorando inevitablemente porque a Francia no le queda más remedio que superar el trauma de las dos guerras mundiales y aliarse con Alemania si no quiere quedar marginada por completo de la historia y de la política europea y mundial. Esta afirmación que, vertida en 1944 cuando aun se combatía por expulsar a los alemanes de parte del territorio francés, parecía la locura de un fanático retoma total actualidad y se convierte en profética cuando ya en los años noventa del pasado siglo se empieza a hablar del “Eje París-Berlín” y a girar toda la política de la Unión Europea en torno a las disposiciones que, bilateralmente acordadas entre Alemania y Francia, se imponen como un diktat a los demás países europeos.  

            En “Carta a Un Soldado de la Quinta del Sesenta” pueden leerse párrafos referentes a Alemania y a las relaciones franco-alemanes como los siguientes:

            - “Sean cuales haya sido los errores de Alemania (y no he hablado de los errores de Francia), continúa siendo un gran país en el centro de Europa, cuyas cualidades eminentes nos han sido definitivamente reveladas, junto a sus defectos”.

            - “Esta ruptura entre Francia y Alemania, que era un hecho innegable en la primavera de 1944, no deseaba, pese a todo, considerarla como definitiva. Otros reemprenderán –tal vez bajo diferentes formas- la tarea de esta reconciliación que ha sido el sueño de tantos espíritus dispares, y recuerdo que incluso el General De Gaulle escribía, en 1934, es decir, en tiempos de Hitler, que “soñaba en las grandes cosas que nuestros dos pueblos podrían hacer juntos”” (2).

            - “En todo caso, y más que nunca, me parece que el futuro dará la razón a los que piensan que es preciso tener consigo a ese pueblo sorprendente (Brasillach se refiere a Alemania). Si nosotros (los franceses) no lo comprendemos, Inglaterra o Rusia lo comprenderán”.

            Hoy, casi sesenta años después de que Brasillach escribiera “Carta a Un Soldado de la Quinta del Sesenta”, cabe preguntarse si aquellos colaboracionistas franceses afines al nazismo y agrupados entorno al periódico “Je Suis Partout” (“Estoy en Todas Partes”) fueron precursores de la actual y tan controvertida política europea o, incluso, si la misma Unión Europea no es más que la materialización de la victoria de aquel colaboracionismo.
 






            (1) Charles Maurras fue durante los años veinte y parte de los treinta del siglo pasado la cabeza mas significativa de este movimiento ultraconservador partidario de la división de Alemania en pequeños estados independientes y un fuerte opositor al Tratado de Versalles por considerarlo demasiado benévolo para con Alemania. Esta germanofobia lleva a que en las ediciones posteriores a la I Guerra Mundial de la obra política fundamental de Maurras, “Encuesta sobre la Monarquía”, se dedique casi la mitad de sus páginas a criticar, muy fundamentadamente, el Tratado de Versalles y a reclamar la división de Alemania.

            (2) Fue el general De Gaulle quien, a partir de su vuelta al poder en 1958, dio un giro a la política exterior francesa alejándose de Estados Unidos, saliéndose de las estructuras militares de la OTAN y acercándose a Alemania. Kissinger en su obra “Diplomacia” recuerda que ante la salida de Francia de la OTAN el Departamento de Estado de los Estados Unidos intentó disuadir a De Gaulle haciéndole ver que la Alianza Atlántica era la garantía de la paz entre Francia y Alemania y al preguntarle como pensaba Francia parar a Alemania si ésta iniciaba de nuevo una política hegemónica en Europa parece ser que De Gaulle contestó: “Peur la Guerre” (“con la amenaza de guerra”), aunque seguramente el general galo ya tenía en mente otros medios más “colaboracionistas”.

martes, 13 de noviembre de 2012

14 DE NOVIEMBRE: TODOS A LA HUELGA



            
               Una vez más, “El Chouan Ibérico” se suma y desea dejar patente su apoyo a la Huelga General convocada por distintas organizaciones y sindicatos para protestar contra la política económica y social del actual Gobierno presidido por el Señor Mariano Rajoy basada en el recorte de prestaciones sociales y subidas de impuestos que, sobrepasando el límite de toda razón y lógica, empiezan a adquirir niveles pura y simple confiscación de las rentas y ahorros de la inmensa mayoría de los españoles integrados en la llamada clase media.

            Permanecen todas nuestras reticencias mostradas en anteriores apoyos a movilizaciones huelguísticas convocadas por determinados sindicatos y organizaciones, pero ante el empobrecimiento del pueblo español, impuesto por Bruselas y aplicado en España por el actual gobierno, que más parece un gobierno de ocupación, seguimos negándonos a entrar en discusiones estériles sobre la estrategia y táctica a emplear en esta lucha por la supervivencia de los trabajadores por lo que solicitamos a nuestros muchos o pocos lectores que, el próximo 14 de Noviembre del 2012, se sumen a la Huelga General.

            No tenemos fe ni esperaza en que esta convocatoria de Huelga, cambie el rumbo que ha tomado decididamente el gobierno, pero el no estar con la huelga es estar con el gobierno y “El Chouan Ibérico” jamás estará con un gobierno que esta haciendo retroceder al país a principios del Siglo XX en lo que en materia social se refiere. Más aún, “El Chouan Ibérico” jamás estará al lado de un régimen y unas instituciones que permitan el perseverar en tal política.

            Por todo ello:

            EL 14 DE NOVIEMBRE: ¡¡TODOS A LA HUELGA!!

miércoles, 7 de noviembre de 2012

TRASLACIÓN DE RESPONSABILIDAD Y RESPONSABILIDAD COLECTIVA



           Por “Traslatio Imperii”, que puede traducirse literalmente como “Traslado del Imperio”, se conoce la ficción histórica y jurídica en virtud de la cual el Sacro Imperio Romano Germánico pasaba a ser heredero directo del antiguo Imperio Romano y sus emperadores herederos del poder de los césares romanos.
                                                   
            En la actualidad el tema de la “Traslatio Imperii” ha quedado reducido a un puro debate científico-histórico sin trascendencia alguna en la vida cotidiana de las personas, no obstante esta ficción histórica ha permitido la creación de otras ficciones que sí tienen una repercusión directa en la existencia de los ciudadanos, como es el principio, jamás proclamado en documento legal alguno; de la “Traslación de la Responsabilidad” en virtud del cual siempre existe alguien por encima al que se le traslada la responsabilidad de lo que sucede.

            El ciudadano español de a pie, no puede menos que reconocer la existencia de esta “Traslación de la Responsabilidad” porque todos los días que acude a cualquier institución pública o privada a fin de resolver cualquier problema se topa directamente con ella cuando escucha del funcionario público o del empleado las consabidas frases de “Yo no puedo hacer otra cosa”, “Esto no lo he impuesto yo” o la lacónica frase de “Yo cumplo órdenes”.

            Lejos de frases, el ciudadano español también se encuentra con el principio de la “Traslación de la Responsabilidad” cuando se enfrenta a determinados hechos donde las administraciones más cercanas al mismo trasladan la decisión última a instancias superiores o a otras administraciones. Así, a modo de ejemplo podemos citar lo que ocurre en la administración de justicia donde, ante una denuncia claramente sin fundamento, se detiene a una persona por la policía y ésta no quiere asumir la responsabilidad de ponerla en libertad por lo que la pasa a disposición judicial a fin de que sea el Juez quien decida lo que hay que hacer y también podemos citar aquellos casos en el que el gobierno no quiere asumir la responsabilidad de tomar una decisión y traslada la toma de la misma a otro organismo de la administración como pueden ser los Tribunales o determinadas comisiones.

            En realidad, el principio de la “Traslación de la Responsabilidad” supone una ficción jurídica en virtud de la cual NADIE ES RESPONSABLE DE NADA, ni siquiera la institución que corona la pirámide del poder estatal porque esta siempre podrá utilizar y utilizará en su justificación y defensa el argumento de que se limitó a cumplir y a hacer cumplir la legalidad que otros hicieron y contra la que no podía hacer nada salvo acatarla y cumplirla. Fíjese bien el lector en que utilizamos el término “ficción jurídica” y ello porque, aunque el principio de la “Traslación de la Responsabilidad” ha tenido en el pasado y tiene en el presente aplicaciones prácticas fácilmente comprobables por cualquiera, puede topar con una firme realidad jurídica cual es el principio de la “Responsabilidad Colectiva” en virtud del cual TODA UNA COLECTIVIDAD O GRUPO  ES RESPONSABLE DE LO QUE OCURRE.

            El principio de  “Responsabilidad Colectiva” no es un principio arbitrario e injusto en virtud del cual, como no se puede identificar a un responsable concreto, se hace responsable a todo el mundo sino que requiere un requisito sin el cual no se puede aplicar. Este requisito es que exista un foco originario de las disposiciones u órdenes que se han de cumplir y hacer cumplir y que estas se transmitan de arriba a abajo hasta el último integrante del escalafón que es quien directamente las aplica.

            Para mejor comprensión del principio de “Responsabilidad Colectiva” lo intentaremos explicar con un ejemplo: El 16 de Marzo de 1968 durante la Guerra del Vietnam una unidad militar norteamericana al mando directo del alférez William Laws Calley arrasó la población vietnamita de My Lai matando al ganado, quemando las casas, violando a las mujeres y niñas y finalmente asesinando a todos sus habitantes. En este caso solo cabe hablar de una responsabilidad individual que afecta al alférez Laws, que ordenó directamente y por su cuenta la matanza así como de una responsabilidad individual de todos y cada uno de aquellos subordinados suyos que cumplieron esa orden clara y manifiestamente ilegal (Hubo subordinados que se negaron a cumplir la orden y que incluso interpusieron los helicópteros entre la banda de Laws y la población civil para intentar protegerla). En cambio, si hubiera existido una indicación, disposición u orden elaborada por el comandante en jefe de las fuerzas armadas norteamericanas o por las más altas instancias políticas o militares que ordenara la matanza y esa orden se transmitiera de arriba abajo por todo el conducto oficial hasta el soldado raso que, en cumplimiento de la misma, disparara contra la población civil existiría una responsabilidad colectiva de todo el estado y de todas las instituciones norteamericanas de la que no se podría escapar nadie amparándose en la obediencia debida ni justificándose con un “yo solo marqué un número de teléfono”.

            En todo el estado español y sus instituciones impera, hoy en día, el principio de la “Traslación de la Responsabilidad” que sirve para ahogar impunemente los derechos y libertades de los españoles a los cuales les corresponderá, en un futuro que anhelamos próximo, adoptar la decisión valerosa de hacer valer el principio de “Responsabilidad Colectiva” salvo que el mismo pueblo español desee terminar siendo partícipe y objeto de esa “Responsabilidad Colectiva” frente a las futuras generaciones.

martes, 30 de octubre de 2012

NO SON SUICIDIOS, SON ASESINATOS



         
         Desde hace muchos años, existía un acuerdo tácito en la prensa de no informar de suicidios a fin de no favorecer actos de mimetismo; no obstante estos tipos de acuerdos solo se pueden cumplir cuando se trata de casos aislados o muy separados en el tiempo, poco numerosos y de poca o nula repercusión social. En cambio cuando los porcentajes de suicidios se incrementan en muy poco espacio de tiempo no existe forma humana de que la noticia no trascienda a los medios de comunicación.

            Este es el caso actual, donde en los cuatro días que median desde el 23 al 27 de Octubre del presente año 2012 tres personas se han suicidado o han intentado hacerlo en nuestro país: la primera de ellas en Las Palmas de Gran Canaria, la segunda, que se encuentra en estado muy grave, en Valencia  y la última en Granada, siendo la causa de todos estas terribles autolisis los inmediatos desahucios que iban a padecer.

            En estos casos recientes se habla con ligereza de suicidio ignorando que el suicidio es un acto libre y deliberado por el que un individuo pone fin a su vida, es decir, para que exista un suicidio se exige, como requisitos “Sine Qua Non”, la concurrencia de libertad y deliberación, sin las cuales no existe suicidio propiamente dicho, sino otra cosa.

            Evidentemente, en los últimos casos que han aparecido en los medios de comunicación y que tienen su origen en los desahucios no podemos ni debemos hablar de suicidios ya que no se ha tratado de actos libres sino forzados por unas particulares situaciones económicas derivadas de una situación social general ocasionada por la gestión política del país, es decir, en todo caso estamos ante “suicidios forzados”.

            Cuando una colectividad humana localizada en una zona geográfica concreta de mayor o menor extensión ve reducirse drásticamente su calidad de vida por la aparición de todo tipo de escaseces, la modificación de las condiciones sociales y laborales que les llevan a una pérdida de poder adquisitivo y/o la reducción de todo tipo de derechos fundamentales surge la desesperación y fruto de la misma la tendencia a la autodestrucción. No obstante estas tendencias suicidas no nacen libremente en el seno del individuo fruto de una previa deliberación sino que le son impuestas por una realidad injusta en cuya creación poco o nada ha tenido que ver el futuro suicida; es decir, son unos elementos exógenos al individuo los que le fuerzan a tomar la decisión por lo que no cabe hablar de suicidio más que si se tratase de una situación en la que una persona dispara a otra en la cabeza ya que de ofrecerle una alternativa plausible lo más seguro es que jamás optase por la propia muerte.

            En no pocos casos, los suicidios no se deben solo a un intento de escapar de una realidad impuesta, sino también al deseo de no querer saltarse el límite moral que supone el dañar a otro. Y es que efectivamente, cuando a una persona (o colectividad) se la lleva a una situación de total falta de garantías y de seguridad para el futuro además de imponerle unas condiciones de vida extremas, se la está forzando a tomar uno de estos dos caminos: o la propina eliminación o la eliminación de la persona o personas que le están imponiendo ese estado de cosas. Como la segunda opción supone, evidente y claramente, una muerte homicida ejecutada seguramente contra la presunta autoridad que en último caso hace valer las condiciones extremas (ni siquiera contra el causante último del mal), no pocos individuos prefieren suicidarse antes que cargar sobre sus conciencias una muerte ajena.

            Otro extremo a considerar en estos casos de “Suicidios” en las personas que se enfrentan a un proceso de desahucio al que llegan fundamentalmente por una grave situación económica detrás de la cual se encuentra un prolongado desempleo, es la influencia que en la trágica decisión tiene la falsa creencia de que los seguros de vida contratados junto con la hipoteca y que contemplan el pago de la misma en caso de fallecimiento del asegurado, servirán para liquidar sus deudas hipotecarias y así librar de un mayor quebranto económico a sus familias ignorando que el suicidio exime a la compañía aseguradora de pago de cualquier indemnización.

            Así pues, los supuestos casos de suicidio que han saltado a los medios de comunicación recientemente son, en realidad “Suicidios Forzados”. Son suicidios impuestos a las personas que los han ejecutado por circunstancias ajenas a su libre voluntad por lo que no cabe hablar de “Suicidios” sino, más bien, de verdaderos actos de asesinato u homicidio ya que un estado y unas instituciones que no garantizan la seguridad, la prosperidad y el bienestar de todos sus ciudadanos, no solo están olvidando su finalidad, sino que además están atentando contra la existencia misma de su pueblo y cometiendo un delito masivo.

miércoles, 24 de octubre de 2012

¡GORA EUSKAL HERRIA!



            El pasado sábado en un debate sobre los recortes en educación que tuvo lugar en el programa “El Gran Debate” emitido por la cadena Tele5 surgió, fuera del ámbito propio del tema que se trataba, una discusión entre la periodista Isabel Durán y el representante del Sindicato de Estudiantes en la que la primera pretendía atacar al segundo alegando que en la página web del mencionado sindicato se utilizaba la palabra Euskal Herria para referirse al País Vasco y que este vocablo era propio y exclusivo del lenguaje de la izquierda Abertzale demostrando una clara ignorancia que, si es comprensible en un imberbe educando, es inexcusable en una persona madura que pretende tener cierta autoridad intelectual y pedagógica.

            Desde luego muchos han sido los términos que se han utilizado a lo largo de la historia para referirse al País Vasco (Vascongadas, Provincias Francas, Vasconia…) pero ninguno refleja más exactamente su identidad ni resulta más hermoso que el vocablo “Euskal Herria”. La denominación de “Euskal Herria” es la más antigua de todas los nombres que ha recibido el país de los vascos encontrándose documentada por primera vez en 1564 en el manuscrito de Juan Pérez de Lazarraga escrito como “eusquel erria” y “euskel erriau”, significando textualmente “Tierra de los Vascos” o “Tierra Vasca”.

            Cultural, histórica y geográficamente hablando es innegable e incuestionable que “Euskal Herria” es un territorio que abarca las actuales provincias de Álava, Vizcaya, Guipuzcoa y Navarra en España y las demarcaciones de Baja Navarra, Lapurdi y Zuberoa en el Departamento francés de los Pirineos Atlánticos.

            De todo esto resulta que el término “Euskal Herria” es sobre todo una denominación geográfica muy anterior al novedoso término “Euzkadi” cuyo uso parece haberse generalizado en la actualidad para referirse al País Vasco. El término “Euzkadi” es un neologismo inventado en 1896 por Sabino Arana que consideraba que la raíz “Eusk” era en realidad “Euzk” por lo que crea el prefijo “Euzko” al que une posteriormente el sufijo “di”. El sufijo “di” en euskera indica pluralidad o abundancia de algo, aunque no puede o no debe aplicarse a una colectividad humana, por lo que “Euzkadi” podría traducirse textualmente como “pueblo vasco” o incluso como “raza vasca” máxime si se considera que en la creación de la palabra “Euzkadi” tuvo enorme influencia la creencia mítica de que los antiguos vascones adoraban al Sol del que creían ser hijos.

            En realidad, desde sus orígenes, el término “Euzkadi” siempre ha tenido una clara significación y utilización política por parte del nacionalismo vasco aranista, cosa esta que jamás ha tenido el término “Euskal Herria” el cual, etimológica y lingüísticamente hablando, es más correcto y políticamente neutral.

            De hecho, la utilización del término “Euskal Herria” para referirse al País Vasco entre los no nacionalistas vascos fue generalizada hasta que, en los primeros años de la llamada “transición democrática”, se impusiera en las negociaciones políticas el termino “Euzkadi” por exigencia del nacionalismo vasco y se extendiera su uso gracias a su propagación por todos los medios de comunicación (incluso por aquellos localizados fuera de Euskal Herria y de tendencia claramente conservadora y no nacionalista vasca) consiguiendo así la implantación y aceptación social de dicho vocablo.   

            La utilización generalizada del término “Euskal Herria” por los no nacionalistas queda histórica y literariamente demostrada encontrándose esta palabra, entre otros textos, en las conocidas canciones “Aio Euskal-Herriari” (“Adiós Euskal Herria”) y “Ara Nun Diran” (“Mira Donde Están”) del famoso vate vasco José María Iparraguirre y en la canción “Oriamendi”, himno que es de los carlistas, cuya letra original en vasco reza así:

“Gora Jainko maite maitea
zagun denon jabe.
Gora España ta Euskalerria…”

            A este respecto, es de indicar que mucho antes de que existieran partidos “Abertzales” y se hablara de la “territorialidad de Euskal Herria” los carlistas ya reconocían dicha unidad territorial como demuestra la medalla acuñada el 25 de Julio de 1909 con motivo de la fiesta regional carlista celebrada en Zumárraga y cuya fotografía encabeza el presente artículo y en la que se puede ver que el ámbito territorial de esa “fiesta” engloba a Navarra, Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. Igualmente es de recordar que los carlistas como defensores de la plurinacionalidad de las Españas en general y de las libertades vascas en particular fueron los fundadores de la sociedad “Euskal Herria” para la reintegración foral, cuyos miembros eran conocidos por el nombre de  “Euskalerriacos” (1) y calificados de “enemigos de Bizkaya” por Sabino Arana.

            La animadversión demostrada por la periodista Isabel Durán al vocablo “Euskal Herria” nace, no solo de una ignorancia a la que no tiene derecho, sino también de una cierta malevolencia, tal vez porque en muchas tertulias televisivas en las que participa la señora Durán (y no me estoy refiriendo precisamente al “Gran Debate” de Tele5) el único término aceptable para referirse al País Vasco sería el de aquel de “Provincias Traidoras” que se inventó el general en superlativo que gobernó en España por gracia de sus imperiales narices.







            (1) Los “Euskalherriacos” (miembros de la sociedad fuerista “Euskal Herria”) eran defensores de los fueros vascos y a finales del siglo XIX y principios del XX eran liderados por Fidel de Sagaminaga y Ramón de la Sota, famoso empresario naviero que posteriormente se integraría en el Partido Nacionalista Vasco. 

miércoles, 17 de octubre de 2012

LA DEUDA ESPAÑOLA, LA PRIMA DE RIESGO Y LOS ACREEDORES



            Con motivo de la aprobación por el gobierno de los Presupuestos Generales del Estado muchos han sido los comentarios que ha generado el hecho de que la cuarta parte de los mismos esté destinada al pago de intereses de la enorme deuda externa contraída por los diferentes gobiernos en nombre y representación de España. Lo que agrava más el tema es que uno de cada cuatro euros que el estado tiene previsto ingresar en el año 2013 va destinado exclusivamente al pago de intereses no a la amortización de la deuda por lo que ésta seguirá generando sucesivos intereses en los próximos años y lastrará la economía española durante décadas.

            Por otra parte, el Estado con la venta de bonos y obligaciones a diez años en los mercados internacionales continúa adquiriendo nuevas deudas, que a su vez generan nuevos intereses, para poder hacer frente a los gastos corrientes como son las pensiones, los subsidios por desempleo, el pago de empleados públicos, el mantenimiento de determinados servicios, etc…

            La ingente cantidad de deuda adquirida así como la situación política y económica general de España hace que la llamada prima de riesgo se haya disparado hace meses ocasionando la perdida de credibilidad de los compradores de bonos y obligaciones del estado que, a su vez, ha provocado el incremento de los tipos de interés que España tiene que pagar a dichos compradores.

            Así pues la situación que se ha generado en nuestro país viene a ser la siguiente:

            Si un individuo tiene un patrimonio de 2.000, unas rentas anuales de 1.000 y un gasto corriente anual (comida, vivienda etc...) de 600. Tiene una economía sana y saneada y no se puede decir que tenga problemas económicos.

            Ahora bien, si ese individuo, por las razones que sea, adquiere una deuda de 1.500 que le generan unos intereses anuales de 800, resulta que tendrá que dedicar 800 euros de su renta anual a pagar esos intereses por lo que solo le quedaran 200 para hacer frente a sus gastos corrientes.

            Como con 200 ese individuo no tiene suficiente para hacer frente a los gastos corrientes anuales tiene el siguiente abanico de posibilidades:

            a) Recortar los gastos corrientes, lo que significa que tendrá necesidades básicas que no podrá cubrir con el resultado de su empobrecimiento e incluso su extinción por consunción a largo o medio plazo. Esta es la explicación a los recortes que ha realizado el ejecutivo español.

            b) Liquidar parte del patrimonio (1.500) y pagar el principal de la deuda (1.500) con lo cual su patrimonio pasará a ser de 500 por lo que verá reducirse su renta anual en la parte de la misma que ese patrimonio le generaba. El resultado sigue siendo su empobrecimiento con la consecuencia añadida de tener que acudir, a corto o medio plazo, a una mayor financiación externa ya sea en la forma de adquirir nuevas deudas económicas o en la forma de adquirir compromisos que supondrán pérdida de independencia (este es el caso de los hijos que piden prestado a los padres para pagar su hipoteca o que regresan a la casa paterna tras una fallida independencia). El gobierno actúa así cuando “privatiza” o vende activos públicos como edificios, infraestructuras y empresas públicas con la finalidad de obtener liquidez y proceder a diversos pagos.

          
  c) Aceptar que la deuda que ha adquirido ES IMPAGABLE y decidirse a NO PAGARLA. No es que el individuo no quiera pagar, es simplemente.... que le resulta imposible de pagar a no ser que, a largo o medio plazo, se extinga por consunción.

            Considerando que la deuda adquirida por la casta política en nombre y representación de los españoles resulta matemática y materialmente imposible de pagar, surge la pregunta de por qué el Estado no solo no reconoce este extremo, sino que además continúa endeudándose cada vez más.

            La respuesta a esta cuestión es muy sencilla: el estado español sigue endeudándose por dos motivos: a) Porque requiere de financiación externa para poder hacer frente a sus gastos anuales mas elementales y b) porque sigue encontrando personas o instituciones que están dispuestas a prestarle dinero aunque a un interés cada vez más elevado. Ante esto surge una nueva pregunta, ¿Cómo es posible que haya personas e instituciones dispuestas a prestar dinero o a adquirir los bonos y obligaciones españoles cuando ya resulta de una claridad meridiana que la deuda española no se podrá pagar?.

            La respuesta se encuentra en que la deuda española es pura y simplemente especulativa, o dicho de otro modo, es similar a una apuesta en una carrera de caballos. Así en cada emisión de nueva deuda pública (por medio de bonos y obligaciones) el interés se incrementa a causa del riesgo existente de no recuperar lo prestado, pero no obstante, considerando el elevado interés impuesto y que éste se paga cada año o cada seis meses el acreedor sabe también que en tres o cuatro años tendrá amortizada sobradamente la cantidad prestada y empezará a ganar dinero. Así pues, a todos los acreedores de España, les interesa que esta resista, que haga todos los máximos recortes en el interior del país y que no se declare en quiebra porque de esta forma cada año que pasa tendrán más posibilidades de recuperar lo prestado e incluso de ganar algo.   

            Como se ha dicho antes, los compradores de deuda publica española están actuando como puros y simples especuladores que recuperaran lo prestado o no y obtendrán grandes beneficios o no, dependiendo de lo que España tarde en reconocer su dramática situación y declarar que no puede pagar la deuda. Evidentemente, aquellos acreedores que compraron deuda publica española hace nueve o dieciocho años, en estos momentos, auque no hayan recibido aun el pago del capital prestado, ya han recuperado dicho capital porque durante todo este tiempo han estado cobrando magros intereses, que equivalen a más de lo que prestaron. El problema lo tendrán aquellos que han comprando deuda publica española recientemente o que la compren en el futuro porque aún no llevan el tiempo suficiente cobrando los exorbitantes intereses como para haber cubierto siquiera el principal prestado.

            No obstante es de considerar claramente que la actual deuda que ahoga a España y a los españoles, a parte de no haber sido adquirida por los ciudadanos sino por la casta política española y con indiferencia de si es "odiosa" (toda deuda es odiosa) o amada… resulta IMPOSIBLE DE PAGAR. Pero recordemos que la culpa en la adquisición de deudas impagables no las tiene solo el deudor que irresponsablemente pide y pide, sino también el acreedor que, asumiendo conscientemente el riesgo a cambio de la percepción de unos tipos de interés cada vez más elevados, sigue dando y dando. Por lo tanto no debería suponer ni generar ningún problema ético o moral que España, atendiendo a sus intereses y a la situación de su población, decidiera dejar de pagar esta deuda cuanto antes.

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