Ya anunciábamos en un artículo anterior, con una semana de antelación al pasado treinta de Agosto, que Mariano
Rajoy no obtendría apoyos suficientes para su envestidura y que, por lo tanto,
no podría formar gobierno volviendo el panorama político a ser idéntico al de
hace seis meses: nueva ronda de conversaciones con Su Excelencia el Jefe del
Estado, nuevas conversaciones de café entre políticos y mucha, muchísima, pose para
la galería con la intención de transmitir a la opinión pública que los
distintos miembros de la casta política hacen todo lo posible "por el bien
del país" y para evitar unas terceras elecciones que todo indica que no se
podrán evitar.
La cantinela de las próximas semanas
va a ser la exigencia de "ser valiente" y crear "una alternativa
parlamentaria de progreso" que encumbre a la Presidencia del Gobierno al
líder socialista Pedro Sánchez con el apoyo de su propio partido, el PSOE, y de
PODEMOS. Ahora bien tal posibilidad es poco menos que imposible que se produzca
porque por mucho que se quiera lo cierto es que si el Partido Popular no ha
podido formar gobierno con el apoyo de 170 parlamentarios mucho menos posible
es la formación de un gobierno alternativo que solo contaría con el apoyo
efectivo de 156 parlamentarios.
Analicemos los datos matemáticos con
los que se pretende jugar y entretener a la ciudanía durante unos meses: un
hipotético pacto de PSOE y PODEMOS para formar gobierno requeriría del apoyo de
"Ciudadanos", que con sus 32 diputados, sería decisivo, no solo para
la envestidura de Pedro Sánchez sino sobre todo para la estabilidad del
gobierno, pero como PODEMOS veta a "Ciudadanos" y viceversa tal
hipótesis es totalmente irreal.
Otra alternativa, que es
precisamente con la pretende jugar el líder de PODEMOS, Pablo Iglesias, es un
hipotético pacto entre PSOE, PODEMOS y todo el espectro de minorías
nacionalistas de izquierda. A este pacto, el PSOE aportaría 85 diputados y PODEMOS
y sus confluencias 71, lo que sumarían 156 apoyos parlamentarios a falta de
veinte para conseguir la mayoría absoluta. Ahora bien ¿De dónde pretende
obtener don Pablo Iglesias esos veinte parlamentarios?; según manifiesta
pretende obtenerlos de las minorías de "izquierda nacionalista" que
tienen representación parlamentaria pero tales formaciones solo son Ezquerra Republicana de Catalunya (ERC) y
EH-Bildu que suman un total de once diputados por lo que ese supuesto pacto
sumaría 167 diputados a falta de 9 para la mayoría absoluta y, aún contando con
la abstención de todos los demás grupos nacionalistas minoritarios incluso de
la derecha como CDC y PNV, el voto en contra de los diputados del Partido
Popular y de "Ciudadanos" sumaría 169 por lo que estos números
tampoco dan la posibilidad a Pedro Sánchez de ser envestido Presidente salvo
que ese supuesto "pacto de progreso" contase también con el apoyo
expreso, es decir con el voto afirmativo, de partidos tan de izquierdas como el
Partido Nacionalista Vasco o Convergencia Democrática de Cataluña cosa, que si
bien es posible que ocurra, haría al acuerdo perder ese título de
"alternativa de progreso" o de izquierdas además de que un gobierno sustentado
por no menos de seis formaciones políticas diferentes sería un gobierno... ¡Muy
difícil de gobernar!.
Finalmente,
la única alternativa matemática que haría a Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno,
sería un pacto entre el PSOE y "Ciudadanos" que contase con la
abstención del Partido Popular, pero tal posibilidad significaría que el PSOE
se suicidaría políticamente al convertirse en un reo del Partido Popular cuyos
apoyos parlamentarios le serían imprescindibles para obtener estabilidad durante
la legislatura. Así pues esta posibilidad debe ser directamente desdeñada.
En definitiva, el país esta abocado,
lógica y materialmente, a unas nuevas elecciones en Diciembre por lo que el
único discurso que debe aceptar el pueblo español es el de disolver las Cortes
inmediatamente y convocar elecciones lo antes posible para que no coincidan con
la fecha, al parecer, tan temida del 25 de Diciembre. En vez de eso, veremos,
lo que ya estamos viendo: a los distintos miembros de la casta política
española aferrarse a sus poltronas, mantener la ilusión de unos hipotéticos
pactos para, arañando días cuando no horas, seguir disfrutando las prebendas
del cargo unos minutos más y, finalmente, cometer el acto más descarado de desfachatez
y de corrupción, cual es cambiar la ley para moldearla a sus intereses y que
las elecciones, en caso de convocarse, no se celebren en una fecha, el 25 de
Diciembre, que parece no interesarles a ninguno.
¿Se dará cuenta el buen pueblo
español de tales maniobras? ¿Ignorará que modificar una ley para adaptarla a
los intereses particulares de una minoría en un momento concreto, constituye también
un acto de corrupción? ¿Hasta cuándo conservarán los españoles la fe y la
esperanza en unos individuos y en unas instituciones que han demostrado
sobradamente no ser dignas de la más mínima confianza?.



