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lunes, 2 de julio de 2018

"CONTRA LA DEMOCRACIA" de JASON BRENNAN



 Recientemente viene circulando por las distintas librerías de nuestro país un libro bautizado con el muy llamativo y escueto título de "Contra la Democracia", tal libro ha sido publicado en nuestro país por la editorial Deusto, perteneciente al Grupo Planeta, y ha sido escrito por un profesor de economía norteamericano llamado Jason Brennan.

            A aquellos que sean completamente ignorantes o poco conocedores de la abundante literatura política podrán considerar curioso y novedoso el libro del profesor Brennan aunque en realidad no es más que una síntesis, poco afortunada, de todas las teorías políticas contrarias a la democracia que han existido, siendo lo único original de la obra el origen anglosajón de su autor pues hasta la fecha la abundante teoría contraria a la democracia estaba prácticamente monopolizada por autores europeos continentales (franceses, alemanes, italianos, rusos...).

            El discurso antidemocrático sostenido por Brennan en "Contra la Democracia" se sustenta en tres argumentos básicos: lo injusto del sufragio universal que hace que todos los votos valgan lo mismo y por tanto se considere igual el voto de un analfabeto que el de un catedrático de economía, la realidad de que en democracia no cuentan realmente los votos individuales sino las grandes masas de votos por lo que la democracia sería la "idea falsa" preconizada por Maurras y la necesidad de que los que más saben adquieran más poder y tengan más posibilidades de decidir lo que entroncaría con la teoría de las élites de Mosca y Pareto.

            El punto de partida no confesado del antidemocratismo de Brennan es que éste ha descubierto que la economía ha dejado de ser parte de la política para convertirse en una ciencia exacta que no solo es independiente de la política sino que condiciona la política, por lo que quien controla la economía controla la política y no al revés. Este hecho, que actualmente parece ser completamente cierto, convierte la política para Brennan en una especie de ciencia exacta que debe estar dirigida, controlada y decidida por unos grupos de expertos en un régimen político que él denomina "epistocracia" y que no es más que una nueva versión de la muy vieja aristocracia.

            En "Contra la Democracia", Jason Brennan  califica a los votantes en tres categorías: los "Hobbit", que son aquellos votantes que ignoran todo de la política, los "Hooligans" que son aquellos que están más informados y los "Vulcanianos" que son los votantes perfectamente informados y que serían los votantes ideales en la democracia defendida por Brennan. Ahora bien, con esta división en categorías de los votantes lo que está haciendo Brennan, de una forma consciente o inconsciente, es crear una sociedad estamental. Asimismo, el autor del libro que reseñamos llega a proponer limitar el derecho de voto a los más preparados intelectualmente sugiriendo la realización de un examen de conocimientos para acceder a dicho derecho. Pues bien, sepa el señor Brennan y todo el mundo que el sistema que propone no es más que volver al viejo sistema de "Sufragio Censitario".

            Lo único que el señor Brennan demuestra ser a lo largo de su libro es un completo ignorante en materia de filosofía política,  política práctica y teoría política y estar solo interesado en la economía y en la cuenta de resultados demostrándose cierto, una vez más, aquello que afirmo Tocqueville en su "Democracia en América" de que "la economía es lo que subyace en la democracia norteamericana".

            Cualquier estudioso de las formas de gobierno y de la teoría política podría llegar a la conclusión de que no existe ninguna forma política que sea perfecta, ni siquiera se puede argumentar lógicamente que una forma de gobierno es mejor que otra. Lo más probable es que el problema de las formas de gobierno es que todas terminan degenerando lo que hace que se renueven o mueran dando paso a otras formas de gobierno. Posiblemente, la democracia esté degenerando y por  eso fuera tan discutida en los años veinte y treinta del siglo pasado y actualmente por el señor Brennan quien promete reabrir el debate y formar escuela con su obra "Contra la Democracia".

            Por otra parte, el autor de "Contra la Democracia" ignora que el problema político fundamental de nuestro tiempo y que posiblemente haya sido el constante problema al que se enfrentaron los estados y los imperios desde su mismo origen es el problema de la armonización simultánea del ejercicio competente de la autoridad política totalmente alejada del abuso del poder con la garantía de los derechos y libertades individuales y la participación activa de los ciudadanos en el gobierno. Ese es el problema político al que básicamente nos enfrentamos hoy y al que la política clásica intento dar respuesta estableciendo unos límites al ejercicio del poder, unas garantías para los derechos y, sobre todo, unos complejos sistemas de contrapesos que dieran seguridad a todo lo anterior. Por su parte al señor Brennan parece que solo le interesa que la economía funcione a las mil maravillas y que las cuentas presenten siempre beneficios y si para ello hay que entronizar a una nueva aristocracia y suprimir el sufragio universal pues...  ¡¡ Que se Haga!!.

martes, 1 de diciembre de 2009

LA PÉRDIDA DE LA AUTORIDAD, ORIGEN DEL AUTORITARISMO

“cada generación hereda de sus antepasados un tesoro de riquezas morales, tesoro invisible y precioso que lega a sus descendientes. La pérdida de este tesoro es para un pueblo un mal incalculable.” (Benjamín Constant).


Los recientes acontecimientos sucedidos en las fiestas de Pozuelo de Alarcón (Madrid) y la reciente iniciativa, más propagandística que efectiva, de la Comunidad Autónoma de Madrid de redactar una ley que otorgue a los profesores y maestros de la enseñanza pública madrileña la condición jurídica de autoridad a todos los efectos legales oportunos, ha reabierto el debate sobre la crisis del principio de autoridad y la forma de reconducir a nuestra sociedad en general y a los jóvenes en particular a una reconciliación con tal principio.


Si bien es cierto que el principio de Autoridad lleva en crisis en Occidente desde que la Revolución Francesa trastocase todos los valores, no es menos cierto que España ha conseguido en menos tiempo que los países de nuestro entorno ponerse a la cabeza de las manifestaciones sintomáticas de tal crisis ante el asombro y el estupor de nuestra de los llamados intelectuales que en estos momentos se dedican a hacer piruetas y a llevarse las manos a la cabeza en todas las tertulias de iluminados que ofrecen las televisiones.


Si el principio de autoridad debe ser recuperado no puede serlo si no se sabe qué es la autoridad, cuáles son los requisitos de la misma y cual es la causa principal de que haya entrado en crisis o, más bien, se haya esfumado en nuestro país.


La autoridad, no se debe confundir con el poder ni con la fuerza. La autoridad es el respeto voluntario a un individuo o entidad a quién se reconoce cierta superioridad y que puede, y en muchos casos lo hace, materializarse en una obediencia igualmente voluntaria por tanto la autoridad se basa en la existencia de una relación jerárquica en la que tanto el “auctor” como quién le obedece conocen su posición en dicha relación obteniendo el primero una obediencia siempre voluntaria y jamás impuesta o forzada. El hecho de que se tengan que modificar asiduamente normas legales de carácter penal para endurecerlas no responden a intentos de recuperar la Autoridad perdida sino que son manifestaciones del fracaso de esa Autoridad que empieza a confundirse con la coacción y con la fuerza, es decir, con el autoritarismo.


El mantenimiento del principio de Autoridad descansa sobre dos duros pilares inexorables: La Ejemplaridad y el Ejercicio.


La Autoridad debe ser ejemplar y tanto el individuo como la entidad que la pueda encarnar han de aplicarse el imperativo categórico kantiano en sus tres formulaciones, a saber:

  1. "Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal."
  2. "Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio."
  3. "Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines".


De no ser así resultaría muy difícil no ya obedecer sino simplemente respetar a quien contradice sus palabras con sus actos o no es el primero en exigirse a sí mismo lo que es capaz de exigir a los demás.


Por su parte el Ejercicio de la Autoridad, implica no deponerla jamás. La Autoridad es constante, continua y no obedece a un horario laboral por lo que el “auctor” conserva su condición en todo momento y si en algún momento, por breve que sea, la pierde no lo puede recuperarlo jamás.


Es casualmente, el abandono de la ejemplaridad y del ejercicio lo que ha hecho que el principio de Autoridad haya ido despareciendo en Occidente en general y en España en particular. Los numerosos escándalos políticos, financieros y hasta “de faldas” en los que se han visto envueltos importantes representantes de la política, la economía y la cultura y que el normal funcionamiento de los modernos medios de comunicación de las sociedades libres han difundido a los cuatro vientos, han puesto de manifiesto que los líderes del mundo no son ejemplo para nada ni para nadie, lo que ha llevado a una progresiva pérdida de confianza en ellos. Por otra parte, también hemos asistido en las últimas décadas una cierta “deserción de la Autoridad” en otros muchos campos como por ejemplo en la familia y en la escuela donde el “auctor” ha descendido de la tarima de padre o maestro para convertirse en el “amigo” del hijo o en el “colega” del educando en un plano de mal entendida igualdad donde desaparece toda relación jerárquica sin la cual no existe, ni puede existir, principio de Autoridad.


Confundir restauración de la Autoridad con ejercicio del Poder, tal y como empieza a ocurrir en la sociedad española actual solo puede desembocar en un estado policial y autoritario donde las leyes, cada vez más represivas, ahonden en el problema y lo hagan desembocar en un enfrentamiento entre la fuerza de un estado que carece de autoridad y la violencia de una sociedad que será y se sentirá reprimida. A esta peligrosa confusión de la Autoridad con el Poder responde la anunciada ley que se pretende redactar y por la cual se otorgará la condición de autoridad a los profesores de las escuelas públicas (y ya hablan de los colegios concertados también), ignorando el hecho incuestionable de que la persecución y sanción de un acto de agresión a un profesor no es un ejercicio de autoridad sino que es un acto de poder porque el verdadero ejercicio de la Autoridad sería todo aquello que impidiera que a que a un alumno se le pasara por la cabeza la idea de agredir o faltar al respeto a un profesor.


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