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martes, 1 de diciembre de 2009

LA PÉRDIDA DE LA AUTORIDAD, ORIGEN DEL AUTORITARISMO

“cada generación hereda de sus antepasados un tesoro de riquezas morales, tesoro invisible y precioso que lega a sus descendientes. La pérdida de este tesoro es para un pueblo un mal incalculable.” (Benjamín Constant).


Los recientes acontecimientos sucedidos en las fiestas de Pozuelo de Alarcón (Madrid) y la reciente iniciativa, más propagandística que efectiva, de la Comunidad Autónoma de Madrid de redactar una ley que otorgue a los profesores y maestros de la enseñanza pública madrileña la condición jurídica de autoridad a todos los efectos legales oportunos, ha reabierto el debate sobre la crisis del principio de autoridad y la forma de reconducir a nuestra sociedad en general y a los jóvenes en particular a una reconciliación con tal principio.


Si bien es cierto que el principio de Autoridad lleva en crisis en Occidente desde que la Revolución Francesa trastocase todos los valores, no es menos cierto que España ha conseguido en menos tiempo que los países de nuestro entorno ponerse a la cabeza de las manifestaciones sintomáticas de tal crisis ante el asombro y el estupor de nuestra de los llamados intelectuales que en estos momentos se dedican a hacer piruetas y a llevarse las manos a la cabeza en todas las tertulias de iluminados que ofrecen las televisiones.


Si el principio de autoridad debe ser recuperado no puede serlo si no se sabe qué es la autoridad, cuáles son los requisitos de la misma y cual es la causa principal de que haya entrado en crisis o, más bien, se haya esfumado en nuestro país.


La autoridad, no se debe confundir con el poder ni con la fuerza. La autoridad es el respeto voluntario a un individuo o entidad a quién se reconoce cierta superioridad y que puede, y en muchos casos lo hace, materializarse en una obediencia igualmente voluntaria por tanto la autoridad se basa en la existencia de una relación jerárquica en la que tanto el “auctor” como quién le obedece conocen su posición en dicha relación obteniendo el primero una obediencia siempre voluntaria y jamás impuesta o forzada. El hecho de que se tengan que modificar asiduamente normas legales de carácter penal para endurecerlas no responden a intentos de recuperar la Autoridad perdida sino que son manifestaciones del fracaso de esa Autoridad que empieza a confundirse con la coacción y con la fuerza, es decir, con el autoritarismo.


El mantenimiento del principio de Autoridad descansa sobre dos duros pilares inexorables: La Ejemplaridad y el Ejercicio.


La Autoridad debe ser ejemplar y tanto el individuo como la entidad que la pueda encarnar han de aplicarse el imperativo categórico kantiano en sus tres formulaciones, a saber:

  1. "Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal."
  2. "Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio."
  3. "Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines".


De no ser así resultaría muy difícil no ya obedecer sino simplemente respetar a quien contradice sus palabras con sus actos o no es el primero en exigirse a sí mismo lo que es capaz de exigir a los demás.


Por su parte el Ejercicio de la Autoridad, implica no deponerla jamás. La Autoridad es constante, continua y no obedece a un horario laboral por lo que el “auctor” conserva su condición en todo momento y si en algún momento, por breve que sea, la pierde no lo puede recuperarlo jamás.


Es casualmente, el abandono de la ejemplaridad y del ejercicio lo que ha hecho que el principio de Autoridad haya ido despareciendo en Occidente en general y en España en particular. Los numerosos escándalos políticos, financieros y hasta “de faldas” en los que se han visto envueltos importantes representantes de la política, la economía y la cultura y que el normal funcionamiento de los modernos medios de comunicación de las sociedades libres han difundido a los cuatro vientos, han puesto de manifiesto que los líderes del mundo no son ejemplo para nada ni para nadie, lo que ha llevado a una progresiva pérdida de confianza en ellos. Por otra parte, también hemos asistido en las últimas décadas una cierta “deserción de la Autoridad” en otros muchos campos como por ejemplo en la familia y en la escuela donde el “auctor” ha descendido de la tarima de padre o maestro para convertirse en el “amigo” del hijo o en el “colega” del educando en un plano de mal entendida igualdad donde desaparece toda relación jerárquica sin la cual no existe, ni puede existir, principio de Autoridad.


Confundir restauración de la Autoridad con ejercicio del Poder, tal y como empieza a ocurrir en la sociedad española actual solo puede desembocar en un estado policial y autoritario donde las leyes, cada vez más represivas, ahonden en el problema y lo hagan desembocar en un enfrentamiento entre la fuerza de un estado que carece de autoridad y la violencia de una sociedad que será y se sentirá reprimida. A esta peligrosa confusión de la Autoridad con el Poder responde la anunciada ley que se pretende redactar y por la cual se otorgará la condición de autoridad a los profesores de las escuelas públicas (y ya hablan de los colegios concertados también), ignorando el hecho incuestionable de que la persecución y sanción de un acto de agresión a un profesor no es un ejercicio de autoridad sino que es un acto de poder porque el verdadero ejercicio de la Autoridad sería todo aquello que impidiera que a que a un alumno se le pasara por la cabeza la idea de agredir o faltar al respeto a un profesor.


viernes, 19 de diciembre de 2008

¿QUÉ QUEDA DE LA NAVIDAD?

Todo cambia en la vida con el transcurso de los años y ciertamente así es y así ocurre también con estas entrañables fechas que se aproximan y que cada vez son menos entrañables, menos familiares, menos espirituales y mas, mucho más, materiales y comerciales.

Desde el punto de vista subjetivo de cada uno, estoy seguro que la Navidad, pasa de ser un tiempo mágico de desbordamiento de una felicidad incomprensible cuando se es niño a ser un tiempo de tristeza melancólica cuando los años pasan y se tiende a recordar a los que antaño estaban y ya no están.

Desde el punto de vista objetivo, la Navidad ha pasado de ser una fecha religiosa de gran espiritualidad y recogimiento, de cánticos alegres y muestras de afecto de unos para con otros a una simple periodo que, junto con otras fechas concretas como el 14 de Febrero o el 19 de Marzo, figuran con números gigantescos en los calendarios mercantiles.

En la Navidad actual, como siempre ha ocurrido con los que tienen por corazón una caja de caudales, los plazos no dejan de correr, los intereses no dejan de devengarse y las deudas no dejan de acumularse, pero nunca se han utilizado tanto las fechas navideñas con un interés tan comercial y crematístico como de un tiempo a esta parte.

La Navidad ya no empieza entorno al veinticuatro de Diciembre como hace años sino que se adelanta a mediados de Noviembre en los grandes centros comerciales para estimular más el deseo consumista próximo el cobro de la paga extra. Nunca con anterioridad, una sociedad más laica, más desacralizada y cada vez menos religiosa y familiar ha celebrado tanto una fecha familiar y santa con un sentido tan opuesto a su espíritu originario.

La Navidad no es la fiesta orgiástica del dinero, del comercio y del consumo, la Navidad es la conmemoración anual de la Venida al Mundo de Nuestro Señor Jesucristo y sobre todo del nacimiento del mensaje que, confirmando íntegramente el decálogo hebreo, venía a dar un mandamiento nuevo que la humanidad se empecina en desoír: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Hoy, el dinero, ese “excremento del diablo” del que hablaría Papini, lo inunda todo y todo lo corrompe hasta el extremo de que, resultaría más fácil extraer el templo, que son todas y cada una de las almas de las gentes de bien; del comercio que expulsar a los comerciantes del templo porque de lo contrario ¿Qué queda de la Navidad? ¿Tan solo la iluminación de la ciudad y los paquetes de regalo circulando por las calles?.

¡¡Pues no!!. No solo eso queda de la Navidad porque la Navidad, lo que realmente es la Navidad, lo que realmente significa la Navidad, pervive en todos y cada uno de aquellos que comprenden y aceptan el mensaje de “Un cuento de Navidad” de Dickens y por supuesto del Evangelio.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!!

viernes, 21 de noviembre de 2008

DESATINOS ANTES DE MORATINOS. LA POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA

EI actual Ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, resulta extremadamente controvertido por todos los sectores políticos menos por el propio como es lógico por su mas que hilarante, patético, hacer en la Política Exterior de España ignorando dichos sectores dos cosas completamente ciertas: la primera, que un Ministro de Asuntos Exteriores no hace, ni crea, ni mantiene una política independiente de las directrices marcadas por el Presidente del Gobierno (Primer Ministro o Canciller, en los Estados serios) y la segunda, que el señor Ministro no hace otra cosa que sostener la tradición instaurada en la política exterior de España desde hace unos doscientos años y que consiste en NO tener política exterior.

Una política exterior a diferencia de cualquier otra política como la económica, la sanitaria o la educativa, obedece a unos principios fundamentales y a unas directrices muy claramente marcadas que deben ser constantes y siempre respetadas con independencia de los gobiernos que se sucedan en el poder. Así en nuestro país y ya desde los tiempos de Fernando VII existía la muy mala costumbre de cambiar de política exterior con cada monarca o con cada régimen político para terminar, en tiempos presentes, cambiando de política exterior con cada gobierno lo que genera una incertidumbre y una total ausencia de continuidad en nuestras relaciones exteriores con peligrosos periodos de ignorado aislamiento internacional.

Desde mediados del siglo XIX, los países de nuestro entorno Europeo y Occidental teorizaron sobre la política internacional y crearon importantes tratados sobre el tema que, fijados sobre estados concretos, constituyeron y constituyen verdaderos manuales de política exterior cuya puesta en práctica se mantiene hasta el día de hoy. Dichos manuales están integrados o bien por volúmenes teóricos de geopolítica o bien por memorias y hechos de los grandes actores políticos del siglo XIX e incluso XVIII como Catalina II, Napoleón, Gladstone, Bismarck y otros muchos. Así por ejemplo, toda la política exterior norteamericana se basa en dos pilares teóricos: "Ia Doctrina Monroe" y el libro del Capitán Thayer Mahan "EI poder naval en la Historia" e igualmente la política internacional Alemana se basa en el libro "Politik" de Karl Haushofer y, con errores y aciertos, en los hechos de Bismarck resultando estúpido pensar por ejemplo que el tratado Ribbentrop-Molotov de 1939 fue el acuerdo amistoso de dos dictadores sanguinarios cuando en realidad se trataba de un acuerdo entre dos hombres de Estado uno de los cuales (Hitler) emulaba a Bismarck y otro de ellos (Stalin) hacia lo propio con Catalina II o que el actual "Eje Berlín-Paris" es un intento de favorecer la Unidad Europea cuando en realidad se trata de un cambio de "punto de apoyo" en la política exterior alemana que con Bismarck se basaba en una alianza con Rusia, con Guillermo II en una alianza con Austria-Hungría y en la actualidad se sostiene sobre una alianza con Francia.

Por su parte, España, no ha hecho otra cosa que dar estúpidos y constantes bandazos en política exterior que de no haber generado grandes sufrimientos y tragedias seria digna de inspirar el argumento de una comedia cinematográfica de Berlanga. En este sentido es al mismo tiempo justa y lamentable recordar que antes de que el actual representante hispano en el exterior recorriera el mundo con una cartera llena de chistes de Lepe para mayor goce y entretenimiento de los asistentes a las conferencias internacionales han existido en la política internacional de España situaciones paradójicas de patética rememoración siendo las mas interesantes de mencionar las que brevemente a continuación se relacionan:

La primera sería la postura adoptada durante las Guerras Napoleónicas en la que España interviene primero suscribiendo una alianza con Napoleón I contra la Gran Bretaña para ulteriormente cambiar de bando uniéndose a esta contra el Imperio Francés anticipándose mas de un siglo a lo que posteriormente haría Italia en ambas guerras mundiales pero con la sustancial diferencia de no obtener ningún beneficio con la mudanza y todo ello a pesar de los extraordinarios emolumentos pagados a Talleyrand para que favoreciera los intereses españoles en el Congreso de Viena (1).

Posteriormente nos encontramos con la política exterior española desarrollada durante la I Guerra Mundial en la que una vez mas el ruedo ibérico se convirtió en una pista de circo de tercera clase (2). Durante dicha contienda de 1914-1918 la postura española no fue ni pro ni contra ni ambigua sino que simplemente no fue. Por un lado se encontraban los llamados germanófilos, partidarios de los Imperios Centrales, los cuales afirmaban que una victoria alemana haría que el Kaiser forzara a Inglaterra a devolver Gibraltar y a Francia a entregar Marruecos, claro esta que es muy dudoso que a Alemania, que tan solo quince años antes había intentado invadir las posesiones españolas en el Pacifico, Ia interesaran los asuntos de España pero sin duda alguna, si el Emperador de Alemania y el Rey de Prusia hubiera tenido que favorecer una política que no hubiera sido francesa en Marruecos, esta política hubiera sido exclusivamente una política Alemana como prueban los antecedentes de la crisis de Tánger en 1902. Por otro lado, pero no menos convencidos de la realidad de los cuentos de Hadas se encontraban los aliadófilos partidarios de la Entente (cuyo representante máximo era el Conde de Romanones) los cuales sostenían que la victoria de Inglaterra y Francia apoyados tímidamente por una especie de "neutralidad beligerante" española favorecería la reintegración de Gibraltar y la ocupación efectiva del Ifni, territorio cedido a España "a perpetuidad" por el tratado de Tetuán de 1860, y a la que se oponía Francia. Evidentemente los hechos posteriores están ahí: la Entente venció, Gibraltar sigue siendo ingles y el Ifni no se ocupó hasta 1934 con ya bien entrada la II Republica.

Como último ejemplo del desastre internacional de nuestra política exterior es de mencionar lo acaecido durante la última contienda mundial de 1939 a 1945. Durante este conflicto la actitud política hispana fue propia de un ludópata sin suerte o de un tahúr de timba cabileña, pues como las mismas autoridades del régimen imperante afirmaban, la guerra mundial no era una guerra "sino tres: una existente entre Alemania y las democracias occidentales en las que España es neutral, otra la existente entre Alemania y la Unión Soviética en la que España es claramente pro Alemana y la tercera y ultima la existente entre Japón y las democracias occidentales en la que España es pro aliada". En fin, los hechos vuelven a ser nítidos: como si de jugar a la lotería se tratase, la política exterior española en el conflicto se basó en apostar a todos los números y, aun siendo matemáticamente imposible, no obtuvo premio alguno.

Hay que esperar a finales de los años cuarenta para que el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Jordana de Pozas, elaborara unas directrices fundamentales que se basaban en tres ejes alrededor de los cuales debía girar la política exterior de España: el Magreb, Europa e Hispanoamérica, sin embargo desde el principio, en los dos primeros "ejes" la política desarrollada por España siempre estuvo sometida a los criterios franceses quienes favorecieron la instauración de la dinastía Alauita en Marruecos en perjuicio de los derechos nacionales del pueblo Rifeño primero y del Saharaui después y bloquearon todo intento español por adherirse a las instituciones europeas hasta 1986 (3) mientras que en el "eje" de Hispanoamérica la política exterior española ha andado siempre a medio camino entre lo folklórico y lo caritativo para finalmente, en la actualidad, estar prácticamente privatizada y sometida a los intereses puramente crematísticos de las grandes empresas y multinacionales españolas que actúan en el Cono Sur americano.

Con todo esto la actitud del Ministro Moratinos no es peor que la de otros antecesores suyos y lo único verdaderamente criticable y lamentable es la ausencia total de una política exterior orientada a lo que se orienta toda política exterior, esto es: a defender los intereses propios ante las instituciones internacionales o supranacionales, a crear el concepto de existencia como Gran Potencia y a fomentar alianzas o tratados que claramente generen beneficios políticos y comerciales y en que no se comprometa seriamente la libertad de acción en materia internacional.


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1 Es de recordar que a pesar de figurar entre las potencias vencedoras de Napoleón Bonaparte y de tratarse en el Congreso de Viena distintas cuestiones entre las que se encontraba un reajuste de fronteras y reclamaciones territoriales, España, que tan solo veinte años antes había sostenido contra la Convención Francesa la "Guerra del Rosellón" o "Guerra Gran" se olvido de formular cualquier reclamación sobre este territorio irredento que atendiendo a las circunstancias de Francia bien podría haberse conseguido su reintegración.

2 Como anécdota de lo mucho que Ia importaban a las potencias en conflicto los "asuntos de España" y lo inteligente de nuestra política internacional podemos mencionar el suceso acaecido con el submarino alemán U-35 mandando por Lothar von Arnaud de la Sapiere que arribo al puerto de Cartagena a finales de Julio de 1916 donde hizo entrega al mando militar de una maqueta del submarino que aun puede verse en el museo del ejército y de una carta del Kaiser para Alfonso (llamado el XIII) en la que Ie agradecía el trato dispensado a los soldados alemanes de Camerún internados en Guinea Ecuatorial. Tras las veinticuatro horas de favor que tienen los buques beligerantes en los puertos neutrales en las que el submarino fue visitado por las autoridades civiles y militares y sus oficiales obsequiados por las mismas, el U-35 abandono Cartagena para nada mas salir del puerto, hundir un buque mercante español (Anécdota tomada del libro "Los Submarinos Alemanes en la Gran Guerra" de Cristino Castro viejo. Editorial Almena).

3 EI sometimiento de la política exterior española a Francia en el Magreb se refleja no solo en el hecho de la admisión de la dinastía Alauita en el trono de Marruecos sino en el propio proceso "descolonizador" en la que España renuncio a independizar por su cuenta el territorio del Rif cosa que hubiera sido notablemente beneficioso a los intereses hispanos en el Magreb y se mantuvo en posesión del Ifni simplemente por el interés francés, llegando incluso a recibir ayuda de la aviación francesa en la IIamada "Guerra del Ifni" que bombardeaba desde sus bases en Argelia.

martes, 1 de julio de 2008

“LOS BUDDENBROOK” de Thomas Mann


Cuando en el año 1929 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura al escritor alemán Thomas Mann (1875 – 1955) en reconocimiento a la inmensa popularidad que alcanzó toda su obra escrita hasta entonces, solo de forma expresa se menciono su novela “Los Buddenbrook”, escrita en 1901, cuando el autor contaba con veintiséis años de edad y aún militaba en el nacionalismo alemán nacido de la victoria sobre Francia de 1870 y que para el autor tendría su máxima expresión en su novela “Príncipe Imperial”.

“Los Buddenbrook” es una novela costumbrista que narra el transcurso de una familia de comerciantes hacia su decadencia y prácticamente desaparición en una pequeña ciudad alemana a lo largo de una serie de años que van desde 1830 a 1880 aproximadamente. En la mencionada novela, Thomas Mann, desarrolla todas las influencias recibidas de diversos autores pero principalmente de Nietzche, Schopenhauer y sobre todo Edgar Allan Poe, una de cuyas principales obras, “La Caída de la Casa Usher” influye notablemente en la historia de “Los Buddenbrook” reproduciendo prácticamente el argumento.

Por su parte la influencia de Schopenhauer queda patente en el pesimismo que manifiestan diversos protagonistas de la novela, especialmente el senador Buddenbrook, quien duda, en la última etapa de su vida, no solo de su propia obra sino sobre todo del futuro que espera a la firma comercial con su hijo Hanno Buddenbrook.

“Los Buddenbrook” constituyen realmente un análisis subliminal sobre la decadencia histórica en general sosteniéndose una explicación biológica a la misma que queda reflejada en como, desde el abuelo Johann Buddenbrook, cada sucesor primogénito es portador de algún defecto moral (debilidad, ambición desmesurada…) que hace ir perdiendo progresivamente fondos a la firma comercial que terminará en tres generaciones con toda la fortuna.

Los personajes femeninos de “Los Buddenbrook” presentan a la vez una gran superficialidad intelectual a la vez que una notoria influencia sobre los personajes masculinos que empiezan a manifestarse tras la muerte del abuelo Buddenbrook cuando la consulesa insiste a su marido para empezar una vida más cómoda contratando a un mayordomo para la casa y culmina con la influencia que Antoine Buddenbrook, solamente preocupada por las apariencias de grandeza, mantiene durante toda la obra sobre su hermano el senador Buddenbrook. Todo ello es sin duda resultado de la influencia de cierta misoginia que Thomas Mann recibió de Frederich Nietzche y de Schopenhauer.

Por ultimo es de destacar que a pesar de que la novela “Los Bruddenbrook” se desarrolla en Alemania en un lapso de tiempo aproximado de cincuenta años, entre 1830 y 1880, cargado de notorios acontecimientos para la Unificación Alemana apenas son éstos mencionados limitándose exclusivamente el autor a pasar de puntillas por hechos de extrema importancia como el Zollwerein o Unión Aduanera alemana, la Guerra de los Ducados contra Dinamarca, la victoria de Sadowa en la guerra contra Austria y sobre todo la Guerra Franco-Prusiana, por lo que esta obra de Thomas Mann no tiene más pretensión que ser una novela psicológica y costumbrista donde lo importante son los personajes y la intrahistoria de los mismos, no el entorno social ni la época en la que se encuentran inmersos.

sábado, 7 de junio de 2008

LOS MISTERIOS DE PARÍS de Eugenio Sue

Con el nacimiento del movimiento romántico en la segunda década del Siglo XIX, comenzó una moda literaria de gran popularidad que fue la novela por entregas publicada en la prensa diaria.

Muchos fueron los autores famosos que publicaron de esta forma sus obras y no menos famosas las obras así publicadas pudiéndose citar entre otras la novela, posteriormente publicada como libro “El Conde de Montecristo” de Alejando Dumas, pero la más famosa y la de mayor éxito de todas las novelas publicadas por entregas es, sin ningún género de dudas, “Los Misterios de París” de Eugenio Sue.

“Los Misterios de París”, publicada entre 1840 y 1842 en la revista parisina “Les Grands Romans Du Dimanche”, es una novela precursora de la novela social y del socialismo literario (posiblemente el único socialismo que por su radicalidad, apasionamiento y ausencia de dogmatismo aún goce de buena salud) que tendrá posteriormente gran influencia en Víctor Hugo y Emilio Zola.

Aparentemente “Los Misterios de París” narra una simple historia de aventuras donde la protagonista María, es una niña huérfana que resulta ser hija de un príncipe centroeuropeo llamado Rodolfo de Gerolstein y que es perseguida por una vieja alcahueta para hacerla degenerar mientras que por su parte el príncipe Rodolfo es un personaje atormentado por un gran secreto que anónimamente se pierde en las noches parisinas con el fin de hacer justicia y remediar los males humanos. No obstante, el contenido de la narración esta completamente orientado a poner de manifiesto las injusticias y reclamar cambios sociales importantes permitiéndose hacer varias digresiones sobre reformas penitenciarias imprescindibles y sistemas de financiación y ahorro alternativos para los más pobres.

En realidad, el mensaje de “Los Misterios de París” viene a ser el mismo que más adelante se desarrollaría en esa gran epopeya popular que serían “Los Miserables” de Víctor Hugo y que es que todo ser humano, por bajo que caiga, siempre tiene la posibilidad de elevarse y superar sus miserias morales, aunque Eugenio Sue en su comentada obra sacrifica mucho contenido en aras del sentimentalismo como hilo conductor.

Eugenio Sue, (1804 – 1857) ha caído en la actualidad en un inmerecido e injusto olvido pasando a ser un autor de segunda fila eclipsado por sus coetáneos Alejandro Dumas y Víctor Hugo y todo ello a pesar, no solo de haber sido un precursor con su novela “Los Misterios de París”, sino de haber publicado otras obras de gran éxito popular como “El Judío Errante”, obra clásica del anticlericalismo decimonónico aunque no de la irreligiosidad anticatólica, y “Los Misterios del Pueblo” obra plagiada primero por el revolucionario Maurice Joly en su folleto antinapoleónico “Diálogos en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu” y posteriormente adaptada por el alemán Goetzche en su novela titulada “Biarritz”, para terminar, en última instancia, siendo incorporada a la obra antisemita por excelencia “Los Protocolos de los Sabios de Sión”.

En cualquier caso, “Los Misterios de París” merecen un puesto de honor en la historia de la literatura universal en general y en la historia de la literatura social en particular porque fue el prototipo de novela en la que muchos autores se han inspirado pudiendo llegar, incluso a superarla; pero jamás pudiéndola quitar el mérito de haber sido la primera.

martes, 27 de mayo de 2008

¿QUE OCURRE EN EL PARTIDO POPULAR?


El principal partido de la oposición, el Partido Popular, se ha convertido de unos días a esta parte en un suministrador infinito de noticias para los medios de comunicación, a causa de los numerosos abandonos de dirigentes y diversos movimientos extraños que parecen que se están produciendo en torno al mismo.

Se puede opinar, y de hecho se opina, que se trata de una lucha por el poder en el interior del partido o que se trata de una especie de conspiración organizada por dos importantes medios de comunicación contra la actual dirección del Partido Popular encabezada por don Mariano Rajoy (uno de los protagonistas de la eurovisiva canción Chiki-Chiki), pero lo cierto es que tras las elecciones del día 9 de Marzo del 2008, en las que el Partido Popular no logró, a pesar de su notorio avance, desbancar al actual partido en el gobierno, se ha puesto en solfa todo un proyecto partidista que solo se justifica como medio de poder y contraposición al Partido Socialista Obrero Español.

El Partido Popular, nace en los años noventa del pasado siglo y aunque es heredero directo de la antigua Alianza Popular del ex ministro franquista don Manuel Fraga y de la extinta Unión de Centro de Democrático del ex Secretario General del Movimiento don Adolfo Suárez, lo cierto es que nunca ha tenido un ideario claro, siendo realmente en materia ideológica una especie de chabola en la que cabe todo aquello que sirva para estar en contra del Partido Socialista, desgastarlo y hacerlo caer del gobierno. Así, en materia ideológica, el Partido Popular ha sido y es de amplio espectro, abarcando desde las ideas franquistas y de extrema derecha que en los inicios de la transición defendieran Fuerza Nueva y Falange hasta las ideas de un centro-izquierdismo moderado pasando por idearios puramente católicos, liberales y hasta protestante-conservadores.

Con tan diversas tendencias existentes no solo en el interior del partido, sino sobre todo entre sus votantes, la unidad del Partido Popular, la conservación de su masa electoral y, por ende, su existencia misma como organización política, solo se justifica por la obtención y mantenimiento de importantes cuotas de poder y la existencia de un adversario político importante como es el proyecto (o la ausencia de proyecto) que representa el PSOE.

Al no haber ganado las elecciones generales de Marzo pasado, el Partido Popular no puede satisfacer ni a todas las tendencias ideológicas existentes en su seno, las cuales permanecían silenciadas por la proximidad a los beneficios del poder; ni a las ambiciones individuales de un elevado número de dirigentes locales y así surge el problema que ha de resolver la jefatura de dicho partido que se resume en la siguiente cuestión: ¿Qué hacer para ganar las próximas elecciones y volver a gobernar?. En este sentido parece ser que existen dos tendencias estratégicas irreconciliables: una sería partícipe de iniciar un acercamiento, no a los partidos nacionalistas sino a sus electores, que constituyen una bolsa importante de votos de derecha que no ha conseguido recolectar para sí el Partido Popular en ninguna convocatoria electoral (lo que de hecho supone arriesgarse a perder un número importante de votantes de extrema derecha sin garantía alguna de ganar votantes entre el electorado nacionalista de derecha) y otra sería la de mantener la estrategia que les llevo al poder en el año 1996, les mantuvo en él en el año 2000 y que han seguido poniendo en práctica en estos últimos cuatro años de oposición y que consiste en mantener la indefinición ideológica oculta tras innumerables eufemismos (así, por ejemplo, se habla en el Partido Popular de un humanismo cristiano, pero una vez en el poder no se sabe en qué consiste tal cristianismo humanista y se amplía la ley del aborto), sostener el más puro y radical liberalismo en las instituciones a la vez que sostienen posiciones de extrema derecha en sus discursos y manifestaciones callejeras (¿Acaso no se encuentran similitudes estéticas y dialécticas en las manifestaciones que ha convocado o a las que se ha sumado el Partido Popular en la anterior legislatura con las que se convocaban a finales de los años setenta y principio de los ochenta del pasado siglo en la Plaza de Oriente?) y por último mantener la unidad del partido y el apoyo de sus electores siguiendo la consigna, nunca expresamente proclamada, de todos contra el Partido Socialista y el peligro que representa.

La lucha por la dirección en el seno del Partido Popular, siempre ha estado latente, no manifestándose cuando éste estaba en el gobierno porque había poder que repartir entre sus barones y dirigentes, pero cuando el poder se ha perdido y la labor de oposición no ha servido en estos últimos cuatro años para ganar las elecciones a pesar de la pésima gestión del Partido Socialista, la pugna ha estallado con menos diplomacia y con mayor crudeza que en ocasiones anteriores y lo que es peor, se ha hecho pública, amenazando con poner de manifiesto ante sus afiliados y votantes las gravísimas contradicciones ideológicas y programáticas en las que ha incurrido e incurre el Partido Popular y que solo se mantienen ocultas gracias a la gran maquinaria propagandística de que disponen los partidos grandes haciendo posible, si no una ruptura o escisión, un anquilosamiento del mismo con progresiva pérdida de eficacia política que le lleve a languidecer en el panorama político español.

sábado, 24 de mayo de 2008

LOS ORÍGENES DE LA CRUDA REALIDAD DE IBEROAMÉRICA


Desde algunos años a esta parte, la llegada al poder de diversas repúblicas sudamericanas de líderes izquierdistas como Chavez, Morales, Da Silva, etc… esta llenando de infantil entusiasmo y erróneamente deslumbrando a un gran número de españoles y de grupos políticos más o menos representativos quienes, sin atravesar el Atlántico y ver in situ los logros o fracasos de tales líderes, se dedican a predicar sus inmensas bonanzas más imaginarias que reales.

En España y prácticamente desde la misma independencia hace doscientos años, la realidad iberoaméricana se ha visto con una perspectiva que siempre ha mezclado nostalgia por las provincias (que no colonias) perdidas, paternalismo hacia el pueblo hermano y fe mítica en una posible y futura reunión o confederación. No obstante, dicha perspectiva, escasamente compartida al otro lado del Atlántico, siempre se ha construido sobre premisas falsas y desde un sentimiento de culpa hábilmente inculcado por ajenos intereses en los españoles desde la Leyenda Negra que, como primer ejemplo de guerra psicológica, ha terminado siendo creída y asumida por aquellos contra la que se dirigía.

En 1782, tras seis años de desoladora y sangrienta guerra, Inglaterra reconocía en el Tratado de Versalles la Independencia de las Colonias que constituirían los Estados Unidos de América los cuales heredaban de la administración británica, importantes problemas internos y externos como la fijación de la frontera con Canadá, la división entre las colonias norteñas y sureñas y la ausencia de un paso al Noroeste que permitiera la extensión hacia el Pacífico. Tan solo treinta y cinco años después obtenían su independencia (tras una guerra si no menos sangrienta, si menos desoladora) todos los virreinatos de América y es aquí donde surge la primera pregunta a la que habría que encontrar respuesta antes de plantearse la cuestión Iberoaméricana cual es: Si los virreinatos americanos obtienen su independencia tan solo treinta y cinco años después que las colonias británicas y en una situación económica, geográfica y cultural similar o incluso mejor a los Estados Unidos, ¿Por qué los Estados Unidos están donde están y los países hispanoamericanos forman cada vez más parte del tercer mundo?

Pues bien, la respuesta a esta pregunta se encuentra en la notable diferencia mental y moral que existía entre los padres de la Revolución Norteamericana de 1776 y los hijastros sudamericanos, nada aventajados de aquella revolución. Para empezar los Washington, los Jefferson y los Franklin eran hombres políticos que buscando, solo en último extremo la independencia, tenían claramente pergeñado en sus mentes el sistema político que vendría después. Así, una vez rotas las hostilidades con la Gran Bretaña tras la declaración unilateral de independencia en 1776 sabían perfectamente que tras la contienda y con la independencia en sus manos tendrían que constituir un Estado internamente cohesionado que mantuviera importantes relaciones comerciales, políticas e incluso militares con Inglaterra y que, en ningún caso, dicha independencia debería deberse a otras potencias extranjeras como Francia y España cuyo apoyo fue decisivo (1) y asimismo tenían muy clara la doctrina del “Destino Manifiesto” que por ejemplo incluía la Isla de Cuba como parte integrante del nuevo estado.

Igualmente los hombres de la independencia norteamericana eran hombres de su tiempo, instruidos, más o menos cultos, conscientes de pertenecer a una cultura (la anglo-sajona protestante) y poco tendentes a caer en corrupciones que pudieran comprometer al país que estaban dispuestos a crear y fortalecer.

Por su parte los líderes de la independencia hispanoamericana como Bolivar, San Martín, Sucre, Hidalgo… eran hombres personalmente limitados, corruptibles y corruptos que ninguna idea de futuro poseían y que desde el inicio de sus pretensiones se mostraron como “mendicantes de independencia” ante potencias extranjeras como la Gran Bretaña que de forma sibilina les presto ayuda contra la España Peninsular a cambio de un elevado interés que, una vez obtenida la independencia, presentó al cobró y se cobró arrebatándoles desde yacimientos mineros hasta territorios enteros.

Desde el origen de la independencia hispanoamericana y más aún, como consecuencia de ella, las riquezas naturales quedaron en manos de potencias extranjeras que sustituyeron a la España peninsular y a los propios americanos en su explotación, circunstancia esta que sin duda provocó un fuerte y creciente distanciamiento entre las republicas recientemente nacidas y España ya que el intercambio comercial con las antiguas provincias se redujo notablemente e incluso llegó cortarse drásticamente a raíz del acoso al comerciante español que se produjo en determinados países como México. Asimismo, aquellos hombres que habían provocado la secesión, se mostraron incapaces de organizar estados modernos porque ellos mismos lejos de ser líderes de naciones, solo alcanzaban a tener una mentalidad de caciques territoriales, que sin criterios políticos para gobernar naciones, apenas alcanzaba su pequeña mente a forjar pésimas administraciones de tierras que, como vulgares terratenientes aficionados al juego y acosados por los acreedores, estaban dispuestos a parcelar segregando pedazos de sus inmensas fincas para mal venderlos al primero que les ofreciera unas monedas (2).

El hombre de la independencia de los Estados Unidos era un hombre coherente, inteligente, político hábil y negociador abierto dispuesto a gobernar un Estado. El hombre de la independencia hispanoamericana era un hombre pagado de sí mismo, dispuesto a adquirir títulos grandilocuentes como “El Sublime” o “El libertador” y a hacerse retratar con uniformes llenos de charreteras y plumas. Los primeros eran zorros, los segundos simples gallos de corral de cresta grande y hermosa y… en esas siguen, los hombres han cambiado pero no sus tendencias al espectáculo ridículo y a la inoperancia política, a la corrupción y al verbo vacío de realidades y mientras tanto, los pueblos sufren o desesperados se dejan llevar por los deslumbrantes focos del escenario ignorando que en nada cambiarán sus circunstancias al final de la función.

Así pues, la independencia de las repúblicas hispanoamericanas salió mal, porque no podía salir de otra forma al ser fruto, no del desarrollo histórico, de la necesidad política o de la voluntad unánime de un pueblo, sino de la ambición desmedida y grosera de unos hombres muy pequeños en los que la independencia desarrolló hasta el gigantismo su inclinación natural a la corrupción política y social e hizo desaparecer cualquier rastro de virtud personal lo que favoreció la aniquilación de todo lo que pudiera ser base de una economía futura, el hundimiento en el abismo de sus países y el muy recurrente odio a España y a los Españoles, cosa que aun hoy les viene muy bien para justificar su patética realidad llamando poderosamente la atención que transcurridos doscientos años desde que España reconociera la independencia de estos territorios, no solo no han mejorado nada en ningún aspecto sino que cada vez se empobrecen más y se alejan más de las posibilidades del imprescindible desarrollo material por lo que debería revisarse la política de colaboración que España tiene con esas repúblicas porque para los pueblos hermanos de Iberoamérica TODO, pero para las bandas de tahúres, gañanes y bandoleros que malamente les gobiernan y les tiranizan, NADA.


(1) Quien esto escribe tiene la idea, que no debe ser peregrina de que entre los Estados Unidos y la Gran Bretaña existe desde el mismo reconocimiento de la independencia de las colonias en 1782 un acuerdo o tratado secreto político, económico y militar entre ambos países de ayuda y apoyo mutuo. Si no ¿Cómo se podría explicar que durante la gran guerra de 1914 a 1915 Estados Unidos declarase la guerra a Alemania cuando ésta estaba a punto de estrangular económicamente a Inglaterra con la guerra submarina en 1917? ¿Cómo si no se puede explicar que al estallar la Segunda Guerra Mundial en 1939 la armada británica abandonara el Océano Pacífico para concentrarse en el Atlántico y que fuera Estados Unidos quien se encargara de patrullar y en su caso defender el Pacífico, lo que al final el llevaría al enfrentamiento con el Japón?.

Por otra parte Francia y España, jamás recuperaron el dinero prestado a los norteamericanos en su lucha contra los británicos y de aquella independencia solo obtuvieron la devolución de las posesiones de la Luisiana y de La Florida que a los pocos años y mediando presiones y amenazas norteamericanas tuvieron que ser vendidas a los norteamericanos.

(2) Recordemos al respecto como el Sublime Santa Ana, cedió el territorio de Texas a cambio exclusivamente de salvar su vida tras la timba que fue la batalla de San Jacinto.

miércoles, 7 de mayo de 2008

VIEJOS SOLDADOS, ILUSTRES SEÑORES


Si en la historia de la milicia hay muchos mancos, no hay manco más ilustre que don Miguel de Cervantes, aquel que perdiendo la movilidad del brazo izquierdo aún bromeaba con su hermano diciéndole que aún le quedaba el brazo derecho, “el más importante por ser el que maneja la espada y la pluma”. Cervantes ha pasado a la historia de la literatura universal por ser el autor del Quijote, pero también resulta hoy ejemplo para la vida militar, aunque nada más alejado y opuesto a lo que hoy es la función militar que el soldado Don Miguel de Cervantes Saavedra.

No es el tipo de soldado encarnado por don Miguel de Cervantes Saavedra el único ejemplo del soldado ilustre e ilustrado ni tampoco es, como se pretendió durante mucho tiempo y por meros intereses propagandísticos, patrimonio exclusivamente español, sino que más bien es fruto de unos siglos, el XVI y el XVII, en la que los hombres tenían la plena libertad de unirse a un ejército donde serían tratados de “excelentes señores” en vez de ser anónimos guarismos, disfrutaban del orgullo de servir a un ideal más que a un estado y poseían el deseo de seguir a los mejores para culminar su existencia encontrando la fama en la tierra o la gloria en los cielos.

La figura del soldado-literato o del soldado-artista se da, y no en poca proporción, en todos los ejércitos europeos de los siglos XVI y XVII pues aunque a más de uno fuera el hambre quién le llevara a la guerra no por ello se ha de identificar pobreza con ausencia de inquietud intelectual siendo en muchos casos la vida militar y las aventuras bélicas fuente de inspiración para estos tipos humanos excepcionales.

Junto al soldado don Miguel de Cervantes se ha de citar también al soldado don Francisco de Quevedo que por ser poeta de brío y haber escrito su célebre “Vida del Buscón Don Pablos”, no debe olvidarse que fue soldado del Tercio de Armada y embarcado en la Invencible sostuvo combates contra los británicos atacando su arcabuz con los versos dedicados a su amada.

Asimismo se ha de citar al soldado francés don Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac quién por estar en trinchera opuesta durante el sitio de Arrás y por ser precursor de la ciencia ficción en su obra “El otro Mundo” no merece ser desterrado del parnaso exclusivo que forman aquellos que por la más leve cuita de honor desenvainaban la espada en equitativo duelo, cavaban una mina bajo cualquier lienzo de muralla o componían las más brillantes obras de la literatura universal.

Por último no se ha de dejar de mencionar al itálico soldado don Benvenuto Cellini, quien al robarle la inspiración en el momento en que diseñaba su Perseo el escándalo que llegaban a su taller propiciado por las tropas del Condestable del Borbón que en esos momentos sitiaban Roma, no dudó en alistarse en el ejército papal, asumir la defensa del Castillo de San´t Angelo y callar para siempre el vocerío particular del Condestable de un arcabuzazo.

Tras finalizar la guerra de los Treinta Años los ejércitos regulares no volverían a contar entre sus filas con un tipo tan peculiar y genial de soldado cuyo testimonio queda mayoritariamente recogido en obras autobiográficas como la escrita por Alonso de Contreras y publicada con el título de “Vida de este capitán” y que, desvelando unas características comunes a todos ellos que bien pudieran hacerles merecedores de la consideración de precursores de la vida Bohemia por saber tener un gran vivir con lo imprescindible y aún con menos; se definen perfectamente el los versos que Rostand dedicó a los Cadetes de Gascuña en su teatral Cyrano:

“Son los cadetes de Gascuña
Que a Carbón tienen por capitán;
Son quimeristas, son embusteros;
Y a la vez nobles, firmes y enteros,
Blasón viviente por doquier van,
Son los cadetes de Gascuña
Que a Carbón tienen por capitán.
Ojos de buitre, pies de cigüeña,
Dientes de lobo, fiero ademán;
Cuando arremeten a la canalla,
No ciñen casco ni fina malla:
Rotos chambergos luciendo van…
Ojos de buitre, pies de cigüeña,
Dientes de lobo, fiero ademán.
Punza-barrigas y rompe-hocicos
Son dulces motes que ellos se dan.
Son los Cadetes de Gascuña
Que a Carbón tienen por capitán.
Ebrios de gloria, sueñan conquistas,
Corren garitos, dan entrevistas;
Donde haya riñas, allí estarán…
Tras las coquetas corren ansiosos,
Hacen carnudos a los celosos
Su gloria al viento los parches dan
¡Son los cadetes de Gascuña
Que a Carbón tienen por capitán!”

sábado, 3 de mayo de 2008

ESPAÑA: UNA ILUSIÓN CONSTANTEMENTE TRAICIONADA


Con motivo en este año 2006 del setenta y cinco aniversario del 14 de Abril de 1931, así como del setenta aniversario del 18 de Julio de 1936 se impone, lejos de intereses partidistas y pasiones infantiles, una reflexión totalmente alejada de intenciones propagandísticas sobre estas y otras fechas claves en la Historia política de Las Españas.

Desde mediados del siglo XVIII que significó en nuestro país un repunte creciente hasta el presente del poder de la aristocracia sometida, de agrado o por la fuerza, al poder real y a las Leyes de la Corona gracias a la política del Cardenal Cisneros, se fue creando una clase adinerada y propietaria que progresivamente iba quitando derechos sociales al pueblo llano cuyas esperanzas quedaban depositadas en el siguiente sucesor a la Corona o en algún político de los llamados "reformistas" que pululaban por la Villa y Corte, buscando más la simple popularidad y el medro personal que una transformación real de lo existente. Así España entro en el Siglo XIX, con mayores diferencias sociales que en el siglo anterior y empezaron a sucederse fechas claves que significaban la esperanza e ilusión de todo un pueblo.

La primera de las fechas esperanzadora de nuestra historia fue aquel 2 de Mayo de 1808, donde el pueblo de Madrid se lanzó en inferioridad de condiciones y férrea voluntad contra el ejército francés detrás del cual venían unas ideas que atentaban directamente contra la sustancia de la estirpe hispánica. Los españoles derrocharon ilusión no solo por expulsar al invasor galo, sino también porque la España que surgiera después fuera diferente, muy diferente, a la que había existido hasta entonces, ya que mayoritariamente la clase dirigente de nobles y militares que vivían parasitariamente en los palacios se mantenía al margen de las necesidades y sufrimientos nacionales paseando charreteras y miriñaques por los salones de las grandes casas ajenos a los anhelos y necesidades del sustrato de todo Estado que es el pueblo, pero tras la retirada napoleónica aconteció, lo único que aquellos héroes no habían sopesado jamás: LA TRAICIÓN.

Fernando VII, el Deseado, el mismo que vivía cómodamente en Bayona mientras que sus súbditos derramaban generosamente su sangre en la Península Ibérica por ceñirle la corona llegando incluso a las mayores de las felonías al felicitar al Emperador por sus victorias sobre aquéllos y que años más tarde, cuando se puso a recorrer él "el primero la senda constitucional", no dudaba en salir al balcón de palacio a denunciar a sus más fieles realistas; inició la política, imperante en España desde entonces y hasta nuestros días, de la camarilla, gobernando como se ha gobernado desde aquel tiempo, sin cabeza ni corazón, apoyándose en una minoría egoísta en exclusivo beneficio de los intereses de unos pocos.

Ya consolidada la política de camarilla en el Reinado de Isabel, llamada la II, surge la segunda fecha clave en la intrahistoria de los españoles: el 18 de Septiembre de 1868, fecha ésta en que se expulsaba a la esposa de "Paquito Natillas" y bajo cuyo reinado se habían liquidado los bienes comunales de municipios y gremios en beneficio de la vieja clase aristocrática y burguesa que de éste modo se convertía en latifundista en detrimento de los campesinos y de los habitantes de las pequeñas villas que desposeídos de todo no les quedaba más remedio que emigrar a las grandes ciudades y alquilar su fuerza de trabajo por un mísero salario convirtiéndose así en proletario explotado. "La Gloriosa" como se dio en llamar aquella revolución acaecida en Septiembre de 1868 fue acogida por el pueblo llano español con esperanza e ilusión y significó un momento que pudo ser clave para el cambio político y social en España. La Gloriosa, abrió la posibilidad a una república o a un federalismo que hubiera permitido una feliz unión no solo entre las Españas peninsulares sino también entre éstas y las Españas de ultramar que aún quedaban e incluso a un cambio de dinastía en la persona de Carlos VII, una dinastía más legítima, más sana, política y biológicamente hablando, sin vínculos interesados con las minorías poderosas. Pero nuevamente se impuso la política de camarilla y unos pocos, exclusivamente guiados por la defensa de sus intereses particulares empezaron a conspirar en beneficio propio y así arrastraron la corona de España por todas las Cortes Europeas ofertándola en vulgar subasta hasta que, desdeñada por todos los príncipes, se proclamó una república que solo sirvió para el lucimiento parlamentario de una minoría de lenguarones de postín que cifraban sus máximas aspiraciones vitales en rimbombantes y bellos discursos alejados de cualquier realización practica y beneficiosa para el país. Y de este modo el pueblo de las Españas, volvió la espalda nuevamente defraudado y traicionado hasta que, salió el espadón de Martínez Campos en defensa de la camarilla de los exiliados de París y dio un golpe de estado restaurando a la dinastía expulsada en la persona del hijo de Isabel, llamada la II.

Los más de cincuenta años de Restauración, como se llamó la época del reinado de los "Alfonsos" (el llamado XII y el llamado XIII) fue un periodo nada fructífero para el buen pueblo de los españoles en los que este solo dio pruebas de vitalidad en no pocos motines y barricadas de las ciudades industriales, fue una época en la que se liquidaron las Españas de ultramar abandonándolas al imperialismo anglosajón y en la que en defensa de las propiedades e intereses económicos de la camarilla de siempre se enviaba a miles de hijos del pueblo a morir en las tierras del Norte de Marruecos, sin ni siquiera tener un programa de colonización que hubiera permitido mejorar en fortuna a muchos españoles. Y de este modo se llega a la gran fecha de la que este año se conmemora el setenta y cinco aniversario: el 14 de Abril de 1931.

El 14 de Abril de 1931, el pueblo español recupera la ilusión y la esperanza mayoritariamente dormida durante la Restauración, se echa a la calle con alegría desbordante, pues sin duda espera la instauración de una política transparente, sin camarillas ni intereses oscuros de unos pocos, mejoras sociales y políticos sustanciales, pero pronto, surge de nuevo "la Camarilla". Unos pocos políticos y de esos que llaman "intelectuales" muchos de los cuales habían bienvivido durante el régimen anterior de la Restauración y que en las horas siguientes a aquel 14 de Abril habían permanecido escondidos en espera de lo que pudiera ocurrir lanzan la República contra muchos españoles que bien hubieran podido ser ganados para el nuevo régimen y al tiempo que dicen promover un gran plan de educación nacional, cierran colegios y escuelas por el simple hecho de ser congregaciones religiosas quienes los gestionaban, al tiempo que hablan de libertad de expresión niegan el derecho a la expresión del más íntimo y personal sentimiento que es el de la religión... y así, aquel recibimiento prácticamente unánime de la matrona republicana se va resquebrajando, multitudes populares se escandalizan y desengañan afirmando "esto no es, esto no es" y una pequeña camarilla excluida de los beneficios del negocio político del momento, empieza a conspirar hasta llegar a la penúltima fecha clave en la ilusión de los españoles: el 18 de Julio de 1936.

El 18 de Julio de 1936, no solo significa, como muchos pretenden interesadamente, el día en que se produjo un golpe de estado que derivó en una trágica guerra civil. Esta fecha es un nuevo momento de ilusión para el pueblo español que arremete contra una República que había traicionado sus expectativas y que espera construir algo mejor, pero lamentablemente también es la fecha en la que el pueblo, haciéndolo todo y pudiéndolo todo, es traicionado por la camarilla de generales levantiscos muchos de los cuales, fueron el gran apoyo del 14 de Abril de 1931 y que fueron excluidos del reparto del botín que toda política española significa desde el Siglo XIX. Aunque se diga malintencionadamente lo contrario, en el 18 de Julio de 1936, también hubo pueblo y no poco al lado de los alzados y aun se pueden ver fotografías de aquel día en la Plaza del Castillo de Pamplona o de muchas unidades de combatientes en los que se ve el rostro quemado por el sol durante innumerables jornadas de trabajo en el campo que contrasta con las maneras afeminadas y la delicadeza de cutis de los que luego medrarían en el régimen franquista. Así pues el pueblo español fue nuevamente traicionado y desilusionado aquel 18 de Julio de 1936 pues luchaba y derramaba generosamente su sangre por algo muy distinto a lo que después vendría.

Y por último, aparece la última fecha clave en nuestra intrahistoria, el 22 de Noviembre de 1975, fecha esta en la que ya, muerto y enterrado, el general Franco, llega a la Jefatura del Estado su sucesor Juan Carlos de Borbón iniciándose lo que se dio en llamar la "Transición". La "Transición" no solo significaba un cambio de régimen sino que para la inmensa mayoría del pueblo español era otro nuevo periodo de ilusión, esperanza, alegría, utopía.... era un nuevo retorno al tiempo de "poderlo todo", pero como siempre... nada de lo que se hacía o se pretendía era para el beneficio general, sino nuevamente solo para la "Camarilla" y la camarilla negoció, pactó, hizo y deshizo y al final logró prevalecer abriéndose a nuevas incorporaciones. Así se dijo "Sí" a lo que antes se había dicho "No" (por ejemplo la OTAN), se aseguró la inviolabilidad de algunos extraños y oscuros negocios, se garantizó la intocabilidad de determinadas familias que casualmente siempre aparecen en las grandes fechas de la Historia de España en uno u otro lado y que, portando sus antecedentes penales en sus apellidos, siempre terminan imperando y espléndidamente viviendo con independencia del régimen o líder político de turno. Y así se termina llegando al día de hoy, la "Transición" fue una nueva traición al pueblo español que desde entonces da constantes muestras de total falta de vitalidad viviendo en el absurdo intelectual y político siéndole indiferente su propia suerte colectiva y con una paz de espíritu solo propia de los camposantos.

viernes, 18 de abril de 2008

UN REY ANTE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA


Este mes de Abril al conmemorarse la proclamación de la II República en España, muchos se acordaran de la salida por Cartagena de Alfonso, llamado el XIII o se les representara la conocida foto de la Puerta del Sol de Madrid ese 14 de Abril de 1931, pero muchos desconocerán por ignorancia interesadamente fomentada que el Rey de las Españas, Don Jaime III, entonces exiliado en la Francia de la III República, (circunstancia esta que contrasta con la elección de la Italia Fascista como lugar de exilio por parte de Alfonso, llamado el XIII) y que un año antes declinó la invitación de don Miguel de Unamuno para sumarse al pacto de San Sebastián, publicó un manifiesto saludando la proclamación de la República e indicando los derroteros que debían tomar los gobiernos del nuevo régimen para consolidarse pacíficamente en España.

Su Majestad, don Jaime III, publicó su manifiesto el día 23 de Abril de 1931, es decir, nueve días después de proclamada la república y en el mismo proponía, entre otras cosas, la convocatoria de un referéndum para decidir sobre la forma de gobierno en España (Monarquía o República) y la adopción de una ley electoral de carácter proporcional íntegra semejante a la existente en otros países europeos de primera línea.

En el mencionado manifiesto, don Jaime III solicita a los carlistas que “colaboren con el gobierno provisional en prevención de explosiones de desórdenes callejeros, para poder llegar el Gobierno, respetando las libertades esenciales, a la convocatoria de unas Cortes Generales Constituyentes, que son hoy una necesidad imprescindible y uno de los principios esenciales de nuestra actuación en los últimos años así como ha sido siempre el fundamental objeto de nuestra política realizar la federación de las distintas nacionalidades ibéricas.”

Igualmente, dirigiéndose especialmente a los carlistas les insta a promover “la organización de un gran partido monárquico, federativo, anticomunista, defensor de las grandezas patrias, intensamente progresivo, amigo de las reformas sociales y que coloque a la Iglesia y al Ejército en su verdadero lugar, lejos de toda política”.

Por su parte, dirigiéndose al gobierno provisional y a los líderes de la recién proclamada república, el Rey Jaime III, les pide que elaboren una ley electoral, apartada del caciquismo imperante en el derrocado régimen y en la que se “adopte el único sistema de escrutinio que permite aprovechar hasta el último voto de todos los ciudadanos: la representación proporcional íntegra, usada en las grandes naciones europeas. En estas elecciones, deben pronunciarse, de un modo definido, sea por la República, sea por una Monarquía renovada, progresista, ampliamente descentralizada, que no ofreciera ningún punto de contacto con el antiguo sistema, precisamente a causa de la creación de las grandes administraciones federales en las distintas regiones hispanas”.

No deja don Jaime de mostrar su preferencia por la forma de gobierno monárquica pero tajantemente termina su manifiesto afirmando que “si la voluntad nacional, libremente expresada, se pronunciara a favor de la República, yo pediría a los monárquicos que colaborasen en la obra inmensa que es construir la federación de la nueva España, dispuesto siempre a renovar, en los momentos críticos, el ofrecimiento de mi persona que hago a España”.

Lamentablemente, las propuestas de don Jaime no fueron atendidas en lo más mínimo. La II República, poco antes de cumplir su primer mes de vida, desbarraba hacia el caos y la violencia callejera que tuvo su primera manifestación en la quema de iglesias y conventos el 10 de Mayo de 1931 y a fines de ese mismo año, promulgaba una constitución que, ignorando la realidad social española, institucionalizaba un fuerte y agresivo sectarismo que, rozando lo ridículo, alejaba a la mitad de los españoles del nuevo régimen y sembraba los vientos que habrían de traer la tempestad de la guerra civil de 1936 a 1939.

sábado, 12 de abril de 2008

CRUZADA CONTRA EL GRIAL de Otto Rahn


Cuando en torno a 1929, el escritor e historiador medievalista alemán Otto Rahn, escribió la primera de sus obras que tenía por título “Cruzada contra el Grial”, no podía ni siquiera imaginar el interés generalizado que se iba a despertar, siete décadas después, en la Europa mediterránea por la cultura occitana en general y por la herejía cátara en particular.

“Cruzada contra el Grial”, aunque muchos lo hayan pretendido y aún hoy lo pretendan; no es un libro esotérico ni de aventuras mágicas, sino que, por el contrario constituye una obra histórico-científica que tiene por objeto la historia del catarismo y la brutal “cruzada” que los francos sostuvieron contra aquellos leales vasallos del Reino de Aragón.

Así, “Cruzada contra el Grial”, además de aproximarnos a la forma de vida cátara y a su heterodoxo concepto del mensaje cristiano, mostrando especial interés hacia el sacramento cátaro conocido como “Consolamentum” y hacia la práctica de una especie de suicidio ritual denominado “Endura”; demuestra que los auténticos motivos de la Cruzada Albingense, que arraso el mediodía francés en la primera mitad del Siglo XIII, no fueron tanto el mantenimiento de la ortodoxia católica (cosa que estaba logrando pacíficamente Santo Domingo de Guzmán con su misión entre los cátaros) como la expansión territorial del Reino Franco por el Languedoc a costa del Reino de Aragón, que tras dicha cruzada vería perdido para siempre sus territorios transpirenaicos (aunque fuera Jaime II el Conquistador, quien de derecho renunciara expresamente a ellos). En este sentido, la cruzada patrocinada por Simón de Montfort no sería más que un primer precedente del latrocinio ejercido por la Monarquía Franca sobre una minoría bajo un pretexto religioso y que años más tarde se repetiría, casi de idéntica forma, con los Caballeros Templarios. Esta similitud planteada entre el trágico final de los “Herejes de Albi” y el de los Caballeros Templarios, los cuales por cierto, se negaron a participar en la Cruzada Albingense, ha hecho que en la actualidad aparezca multitud de literatura de contenido fantástico elaborada sobre una lectura misteriosa y conspirativa de la historia que rápidamente se traduce en numerosos éxitos editoriales.

“Cruzada contra el Grial” de Otto Rahn, publicada en España por la editorial Hiperión, es una obra de referencia de primera magnitud para los interesados en el estudio histórico del catarismo y de la sociedad occitana medieval que reúne las virtudes de amenidad, brevedad y erudición y que, publicada por primera vez en la Alemania de los años treinta del Siglo XX, abrió el interés hacia el esoterismo por parte de los jerarcas nazis que tendría su máxima manifestación en la visita de Himmler a Montserrat (Barcelona) en 1940 y en los infructuosos esfuerzos de éste por comprar primero, y por robar después, el Santo Cáliz de Valencia.

Otto Rahn, que también escribió una segunda obra dedicada a la geografía cátara titulada “La Corte de Lucifer”, había nacido en Michelstadt (Alemania) el 18 de Febrero de 1904 y murió misteriosamente el 13 de Marzo de 1939 en la cima del monte Wilden Kaiser presuntamente practicando la “Endura” cátara. En la actualidad sus obras “Cruzada contra el Grial” y “La Corte de Lucifer” ejercen una decisiva influencia en autores contemporáneos de novela histórica como Peter Berling, Trevor Ravenscroftl, Jean-Michel Angebert y otros muchos.

martes, 8 de abril de 2008

LA SITUACIÓN CHINA Y LA HIPOCRESÍA LIBERAL


Hace unos años, cuando el Comité Olímpico Internacional concedía la organización de las Olimpiadas del año 2008 a la ciudad de Pekín, los ciudadanos del mundo occidental recibían la noticia con la mayor indiferencia y pasividad al tiempo que sus gobiernos aplaudían la decisión ante la oportunidad de negocio.

Nadie se acordaba ya, porque la falta de memoria o la existencia de una memoria selectiva es carácter propio de las masas contemporáneas, de la matanza de la Plaza de Tianammen en 1989 y solo se hablaba en los medios de comunicación occidentales del aperturismo chino y de su gran despegue económico.

En la actualidad, cuando se aproxima la inauguración de las Olimpiadas, el próximo día 8 de Agosto del 2008, nadie ha podido evitar que saltase a los medios de comunicación la situación de represión que se vive en el Tibet; represión que si hace pocos días se veía en todos los televisores del mundo, no es nueva ni reciente sino que se prolonga en el tiempo desde la invasión militar del extenso y montañoso país por parte de la República Popular China en 1950.

Hace tan solo unas pocas semanas, de la ocupación del Tibet solo hablaban algunos “excéntricos de Hollywood” como el actor Richard Gere, pero han bastado unas pocas imágenes para que surgieran numerosas protestas pro-Tibet, resultando escandalosamente curioso que tan solo se hable de la represión china en el Tibet y se ignore la situación general que padece la población del gigante asiático.

La represión etnocida ejercida por la República Popular China y que tiene por objeto el cambio de mayorías étnicas en determinados territorios, ni es nueva ni se limita al Tibet sino que se extiende a otras provincias, como Sinkiang que, siendo de mayoría musulmana se está viendo “repoblada” con ciudadanos procedentes de China central prohibiéndose tajantemente el uso del idioma propio.

Por otro lado, la existencia de esta represión etnocida, no debería hacer olvidar la grave situación de falta de libertad y de todo tipo de garantías en el que mal vive la inmensa mayoría del pueblo chino, que sufre la existencia de más de veinte millones de presos políticos utilizados como mano de obra esclava y la aplicación generalizada de la pena de muerte además de poder ser objeto de cualquier traslado geográfico forzoso.

Igualmente se ha de mencionar y recordar el carácter expansionista de la República Popular China que mantiene reivindicaciones territoriales sobre gran parte de Asia Central pudiendo, por ejemplo, en cualquier momento reducir a Mongolia Exterior a la misma situación que padece el Tibet.

No obstante, no hay que echar todas las culpas de la situación china a los actuales dirigentes chinos ni a su régimen de mandarines comunistas, pues la responsabilidad mayoritaria de lo que está sucediendo en China desde siempre y especialmente desde 1989 recae sobre el liberalismo occidental que, carente de toda base ética y moral, sobrepone hipócritamente el interés puramente económico a sus más que supuestos, inexistentes, principios de libertad poniendo de manifiesto que la libertad es una cosa y el liberalismo, otra. Lo único verdaderamente importante para los dirigentes liberales de occidente es la economía y el beneficio económico viendo en China tan solo un mercado de dos mil millones de consumidores mostrando un total desinterés ante los demás aspectos de la realidad china por el que tendrán que pagar un alto precio en un futuro no muy lejano.

Así pues, llegará la fecha del 8 de Agosto del 2008, habrá una espectacular ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos en Pekín que servirá de escaparate propagandístico mundial para el régimen chino al igual que los Juegos de Berlín de 1936 fueron el primer éxito internacional de la propaganda goebbeliana, las protestas ciudadanas por la causa tibetana remitirán hasta desaparecer de las calles y de los medios de comunicación para verse reducidas a los “excéntricos” salones de siempre y el liberal-capitalismo imperante en Occidente, que ya perdono la masacre de Tianammen, hará innumerables negocios, obtendrá incalculables beneficios y volverá a mirar a otro lado en todo cuanto se refiere a derechos y libertades colectivas e individuales en China, pero que los pueblos e individuos que en occidente sufren y padecen el invisible “talón de acero” del liberalismo tengan en cuenta que “quien pierde la honra por el negocio, termina perdiendo negocio y honra”.

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