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sábado, 7 de junio de 2008

LOS MISTERIOS DE PARÍS de Eugenio Sue

Con el nacimiento del movimiento romántico en la segunda década del Siglo XIX, comenzó una moda literaria de gran popularidad que fue la novela por entregas publicada en la prensa diaria.

Muchos fueron los autores famosos que publicaron de esta forma sus obras y no menos famosas las obras así publicadas pudiéndose citar entre otras la novela, posteriormente publicada como libro “El Conde de Montecristo” de Alejando Dumas, pero la más famosa y la de mayor éxito de todas las novelas publicadas por entregas es, sin ningún género de dudas, “Los Misterios de París” de Eugenio Sue.

“Los Misterios de París”, publicada entre 1840 y 1842 en la revista parisina “Les Grands Romans Du Dimanche”, es una novela precursora de la novela social y del socialismo literario (posiblemente el único socialismo que por su radicalidad, apasionamiento y ausencia de dogmatismo aún goce de buena salud) que tendrá posteriormente gran influencia en Víctor Hugo y Emilio Zola.

Aparentemente “Los Misterios de París” narra una simple historia de aventuras donde la protagonista María, es una niña huérfana que resulta ser hija de un príncipe centroeuropeo llamado Rodolfo de Gerolstein y que es perseguida por una vieja alcahueta para hacerla degenerar mientras que por su parte el príncipe Rodolfo es un personaje atormentado por un gran secreto que anónimamente se pierde en las noches parisinas con el fin de hacer justicia y remediar los males humanos. No obstante, el contenido de la narración esta completamente orientado a poner de manifiesto las injusticias y reclamar cambios sociales importantes permitiéndose hacer varias digresiones sobre reformas penitenciarias imprescindibles y sistemas de financiación y ahorro alternativos para los más pobres.

En realidad, el mensaje de “Los Misterios de París” viene a ser el mismo que más adelante se desarrollaría en esa gran epopeya popular que serían “Los Miserables” de Víctor Hugo y que es que todo ser humano, por bajo que caiga, siempre tiene la posibilidad de elevarse y superar sus miserias morales, aunque Eugenio Sue en su comentada obra sacrifica mucho contenido en aras del sentimentalismo como hilo conductor.

Eugenio Sue, (1804 – 1857) ha caído en la actualidad en un inmerecido e injusto olvido pasando a ser un autor de segunda fila eclipsado por sus coetáneos Alejandro Dumas y Víctor Hugo y todo ello a pesar, no solo de haber sido un precursor con su novela “Los Misterios de París”, sino de haber publicado otras obras de gran éxito popular como “El Judío Errante”, obra clásica del anticlericalismo decimonónico aunque no de la irreligiosidad anticatólica, y “Los Misterios del Pueblo” obra plagiada primero por el revolucionario Maurice Joly en su folleto antinapoleónico “Diálogos en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu” y posteriormente adaptada por el alemán Goetzche en su novela titulada “Biarritz”, para terminar, en última instancia, siendo incorporada a la obra antisemita por excelencia “Los Protocolos de los Sabios de Sión”.

En cualquier caso, “Los Misterios de París” merecen un puesto de honor en la historia de la literatura universal en general y en la historia de la literatura social en particular porque fue el prototipo de novela en la que muchos autores se han inspirado pudiendo llegar, incluso a superarla; pero jamás pudiéndola quitar el mérito de haber sido la primera.

domingo, 1 de junio de 2008

LAS GUERRAS CIVILES FRANCESAS EN SU LITERATURA

La reciente publicación en España de la novela histórica y de aventuras titulada “La Venganza del Sable”, escrita por Frédéric H. Fajardie y ambientada en la época del terror revolucionario y con el trasfondo de la rebelión de la Vendee contra la Convención es un último ejemplo de la enorme fuente de inspiración que la literatura del país vecino encuentra en sus guerras civiles.

Trágicas y sangrientas guerras civiles han existido en prácticamente todos los países europeos y también americanos pero lo que hace peculiar y llama la atención en el caso francés es el tratamiento que de sus guerras fraticidas ha hecho su literatura contemporánea, desde la inmediatamente posterior a las guerras napoleónicas a la novela histórica francesa actual que en realidad poco aporta a lo ya expresado en las obras escritas por los grandes autores galos del Siglo XIX.

Las principales novelas históricas francesas traducidas al castellano y que tienen por objeto las luchas civiles en Francia, son “El Hugonote” de Prosper Merimee, ambientada en las guerras de religión del siglo XVI y en el sitio de la Rochelle, “Noventa y Tres”, de Víctor Hugo, “Los Chuanes” de Balzac y “El Caballero de Saint Hermine” de Alejandro Dumas, ambientadas estas tres últimas en esa “guerra de gigantes” que fue la sublevación que tuvo lugar en la Vendee y en Bretaña entre 1792 y 1796.

En todas las novelas mencionadas, quedan perfectamente definidos los dos bandos contendientes así como descritos minuciosamente los objetivos de sus respectivas causas políticas o religiosas, pero a pesar de que hay vencedores y vencidos, el mensaje común de todas ellas es la conciliación.

Los protagonistas de las novelas históricas francesas ambientadas en sus guerras civiles, pueden ser protestantes o católicos, monárquicos (blancos) o republicanos (azules), combatir, en definitiva, en bandos opuestos pero todos ellos son presentados al lector por los diferentes autores como seres sublimes llenos de valores y virtudes no existiendo en párrafo alguno menoscabo o signo de desprecio a la causa contraria gozando la narración de una total imparcialidad histórica y un velado deseo de superación de los traumas que toda guerra civil genera en una sociedad.

Dicha imparcialidad y deseo conciliador que los grandes autores franceses del Siglo XIX antes mencionados muestran en sus novelas históricas no implica ni falseamiento de la historia ni ocultación de las crueldades de la guerra civil. Así en todas las novelas ambientadas en la Guerra de la Vendee no se esconde la existencia del brutal dictado de la Convención ordenando hacer una guerra a muerte no permitiendo conceder cuartel al enemigo siendo aún más representativo de la barbarie de la guerra civil el final de la novela “El Hugonote” de Merimee, donde uno de los protagonistas, soldado protestante refugiado en la fortaleza de La Rochelle, al ver a un soldado enemigo tocado con un sombrero de llamativo plumaje inspeccionando las murallas hace con los suyos una frívola apuesta consistente en que es capaz de alcanzarle con el arcabuz y una vez realizado el disparo y, al acudir a recoger el cadáver del soldado católico, descubre que es su hermano.

De la lectura de las novelas históricas francesas ambientadas en sus guerras civiles se deduce claramente la voluntad en sus respectivos autores de dar a entender que todos sus personajes pueden luchar en bandos opuestos y defender causas irreconciliables, pero ante todo y por encima de todo son franceses y que las virtudes que muestran y los sacrificios de los que son capaces no pertenecen a un bando o partido concreto sino que son virtudes francesas y sacrificios que enorgullecen a toda Francia. Este amor a la patria común de los contendientes como medio de superación de todas las diferencias de bandería, queda bellamente descrito en la escena de la novela “El Caballero de Saint Hermine” de Dumas, donde el general monárquico Georges Cadoual y el emisario de Napoleón tras cenar amigablemente y no poder brindar en común ni por el Rey del primero ni por el Cónsul y general del segundo deciden brindar por aquello que une a ambos: Francia.

Las guerras civiles francesas han sido y seguro que seguirán siendo en Francia, así lo demuestra la última novela de Fajardie, motivo para hacer una muy buena literatura, entretenida, pedagógica y superadora de diferencias debiendo servir de ejemplo para las literaturas de otros países, que al tratar el tema de sus respectivas guerras civiles, más bien trasladan los frentes de batalla al papel impreso debiendo dar gracias de que las bolas de papel carezcan del poder penetrante de las balas de fusil.

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