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domingo, 22 de febrero de 2009

INTELECTUALES de PAUL JOHNSON

La Editorial Homo Legens, perteneciente al grupo mediático ínter economía, ha publicado recientemente las dos más importantes obras, al menos considerando el numero de ejemplares vendidos, del periodista británico Paul Johnson: “Tiempos Modernos” e “Intelectuales”.


“Intelectuales” de Johnson es el típico ensayo de crítica literaria y filosófica que retoma la técnica empleada por Papini en sus magníficas obras “Juicio Universal” y “El Ocaso de los Filósofos” de tomar por objeto autores o filósofos concretos e ir desmenuzando el contenido de sus teorías hasta poner de manifiesto las graves contradicciones contenidas en ellas. No obstante, “Intelectuales” de Paul Johnson tiene fundamentalmente por objeto cuestionar el compromiso de los intelectuales con la política, reproduciendo para ello las biografías de doce intelectuales muy conocidos en ambientes progresistas (desde Rosseau hasta Lilian Hellman, pasando por Marx, Ibsen, Brecht, Hemingway, Sastre, Russell y otros) en las que saca a relucir las contradicciones existentes entre las teorías defendidas por cada uno de ellos con su vida personal, rebajándose en multitud de ocasiones y a lo largo de todo el ensayo a detalles de alcoba mucho más propios de la prensa del corazón que de un ensayo serio. Así, por ejemplo, se revela la contradicción del feminismo teórico que muchos de los intelectuales analizados proclamaban en sus obras con las actitudes claramente machistas que ponían en práctica en su vida personal y de las que eran víctimas multitud de amantes.


La intención de Johnson al escribir sus “Intelectuales” no es realmente criticar a los intelectuales comprometidos con la acción política, sino solo atacar a los intelectuales comprometidos con una (supuesta o real) política de izquierdas ignorando deliberadamente a otros intelectuales comprometidos con la derecha y que también presentan graves contradicciones entre sus teorías y sus vidas privadas. Posiblemente Johnson, como intelectual que también es, pretende ocultar a sus lectores el hecho irrefutablemente cierto de que en la mayoría de los casos el intelectual, al que él pretende denostar en su libro, no crea nada, sino que simplemente actúa como un “brujo de tribu”, tan numerosos en los tiempos de crisis, que tras analizar minuciosamente los deseos y necesidades de las sociedades en las que viven actúan como las Hetairas de todos los tiempos ofreciendo teorías capaces a la vez de satisfacer las necesidades metafísicas de la colectividad y de engrosar su propia economía particular.


De los trece capítulos en qué se divide el ensayo de Johnson, el único que realmente vale la pena de todos ellos y en el que expone algo digno de interés es el último, en el cual, dando la razón a lo expuesto en el párrafo anterior de que la verdadera finalidad del intelectual de toda tendencia es permanecer en la cresta de la ola y acrecentar su ego; detecta una actual tendencia en los intelectuales de abandonar las reivindicaciones sociales y económicas de la clase trabajadora para asumir la defensa de una “sociedad permisiva”, modelo de sociedad también defendido en el presente por los intelectuales considerados “conservadores” (extremo éste que se oculta en toda la obra); elevando a carácter académico y a la categoría de discusión doctrinal la plagiada teoría defendida con mayor claridad, concisión y sinceridad por Aleister Crowley hace ya más de setenta años en su obra “El Libro de la Ley” y que se resume en el axioma: “Haz lo que tu quieras, será el todo de la ley”.

lunes, 16 de febrero de 2009

ELECCIONES EN EUSKAL HERRIA


Ante la nueva convocatoria electoral del 1 de Marzo del 2009, esta vez en Galicia y Euskal Herria, “El Chouan Ibérico”, no pudiendo ni queriendo ser neutral ante tal acontecimiento y habiéndose enterado de la concurrencia por la circunscripción electoral de Bizkaia de una candidatura carlista encarnada en el Partido Carlista de Euskal Herria, Euskal Herriako Karlista Alderdia-E.K.A. quiere sugerir a todos sus lectores vascos en general y vizcaínos en particular, y en definitiva; a todos aquellos que estén empadronados en la circunscripción de Bizkaia y que puedan votar el próximo día 1 de Marzo, que dirijan su voto a tal candidatura.

El Carlismo no solo representa la única opción política de las Españas de la que no ha quedado sobradamente probada su corrupción y vileza y por tanto, no sólo constituye una esperanza de regeneración política ya sea a nivel estatal, autonómico y municipal, sino que además presenta unas sólidas propuestas de organización política del Estado con pleno respeto a los derechos individuales y colectivos de los pueblos que integran esta unión de convivencia que es España además de proponer un novedoso programa de transformación económica y social de autogestión productiva fuertemente contrario al modelo liberal-capitalista imperante en el mundo globalizado.

En un universo político donde la corrupción y la podredumbre de las instituciones hacen que las personas crean no tener donde elegir cundiendo el desánimo aún le quedan a los ciudadanos algo hacia lo que dirigir sus esperanzas: el Carlismo encarnado en el Partido Carlista.

Por tanto, si se está cansado de oír siempre lo mismo y que siempre suceda lo mismo:


Vota Honradez,

VOTA PARTIDO CARLISTA DE EUSKAL HERRIA-E.K.A.

BOZKATU EUSKAL HERRIKO KARLISTA ALDERDIA-E.K.A.

www.eka-partidocarlista.com

viernes, 19 de diciembre de 2008

¿QUÉ QUEDA DE LA NAVIDAD?

Todo cambia en la vida con el transcurso de los años y ciertamente así es y así ocurre también con estas entrañables fechas que se aproximan y que cada vez son menos entrañables, menos familiares, menos espirituales y mas, mucho más, materiales y comerciales.

Desde el punto de vista subjetivo de cada uno, estoy seguro que la Navidad, pasa de ser un tiempo mágico de desbordamiento de una felicidad incomprensible cuando se es niño a ser un tiempo de tristeza melancólica cuando los años pasan y se tiende a recordar a los que antaño estaban y ya no están.

Desde el punto de vista objetivo, la Navidad ha pasado de ser una fecha religiosa de gran espiritualidad y recogimiento, de cánticos alegres y muestras de afecto de unos para con otros a una simple periodo que, junto con otras fechas concretas como el 14 de Febrero o el 19 de Marzo, figuran con números gigantescos en los calendarios mercantiles.

En la Navidad actual, como siempre ha ocurrido con los que tienen por corazón una caja de caudales, los plazos no dejan de correr, los intereses no dejan de devengarse y las deudas no dejan de acumularse, pero nunca se han utilizado tanto las fechas navideñas con un interés tan comercial y crematístico como de un tiempo a esta parte.

La Navidad ya no empieza entorno al veinticuatro de Diciembre como hace años sino que se adelanta a mediados de Noviembre en los grandes centros comerciales para estimular más el deseo consumista próximo el cobro de la paga extra. Nunca con anterioridad, una sociedad más laica, más desacralizada y cada vez menos religiosa y familiar ha celebrado tanto una fecha familiar y santa con un sentido tan opuesto a su espíritu originario.

La Navidad no es la fiesta orgiástica del dinero, del comercio y del consumo, la Navidad es la conmemoración anual de la Venida al Mundo de Nuestro Señor Jesucristo y sobre todo del nacimiento del mensaje que, confirmando íntegramente el decálogo hebreo, venía a dar un mandamiento nuevo que la humanidad se empecina en desoír: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Hoy, el dinero, ese “excremento del diablo” del que hablaría Papini, lo inunda todo y todo lo corrompe hasta el extremo de que, resultaría más fácil extraer el templo, que son todas y cada una de las almas de las gentes de bien; del comercio que expulsar a los comerciantes del templo porque de lo contrario ¿Qué queda de la Navidad? ¿Tan solo la iluminación de la ciudad y los paquetes de regalo circulando por las calles?.

¡¡Pues no!!. No solo eso queda de la Navidad porque la Navidad, lo que realmente es la Navidad, lo que realmente significa la Navidad, pervive en todos y cada uno de aquellos que comprenden y aceptan el mensaje de “Un cuento de Navidad” de Dickens y por supuesto del Evangelio.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!!

jueves, 14 de agosto de 2008

CONSIDERACIONES SOBRE LA CLASE MEDIA EN ESPAÑA

Siempre que ha surgido el debate no falta quien ponga punto y final al mismo afirmando “sí, pero Franco murió en la cama” como echando en cara al contrario la cobardía y mal hacer de una supuesta oposición al régimen del General en superlativo (que ciertamente ambos factores existieron) e ignorando el desarrollo, por parte del Franquismo, de una política socio-económica que si no le iba a proporcionar el apoyo entusiasta de la mayoría de la población sí, le aseguraría, al menos la neutralidad política de la misma. Tal política consistió en la formación de una clase media que hasta principios o mediados de los años sesenta del pasado siglo jamás había existido en España. Pero ¿Qué es la clase media?, ¿Cuales son los requisitos para su existencia?, ¿Cuál es su característica política? y ¿Cuál es su futuro?.

No faltara quien desde un discurso teórico y abstractamente académico defina a la clase media como el más amplio sector de una población que, sin problemas económicos relevantes para el desarrollo de la vida cotidiana, carece de un nivel de rentas suficientemente elevadas para vivir de ellas sin desarrollar actividad laboral personal alguna, pero sin ningún género de dudas la clase media española es, concretamente, aquel sector de la población que tiene un trabajo por el que percibe una remuneración segura cada mes, una vivienda en propiedad, un medio de transporte adecuado a sus necesidades y unos pequeños ahorros en el banco. Es decir la existencia de una clase media exige el desarrollo de una política macroeconómica que, a nivel microeconómico, permita disfrutar a los individuos o, en su defecto, a las familias que éstos han constituido de un puesto de trabajo seguro y estable del que se obtenga la renta principal y constante para el sustento y la inversión en bienes de consumo, una vivienda en propiedad que a corto o medio plazo se encuentre libre de cargas y la conservación de un nivel de ahorro por pequeño o insignificante que sea.

Por otra parte la característica política fundamental de la Clase Media es su indiferencia y/o neutralidad política. Así, la Clase Media puede ser requerida o convocada a elecciones o manifestaciones y sin duda votará y se manifestará, pero si se observa con atención solo acudirá a las convocatorias realizadas por y desde el poder (o sus aledaños) y de forma mecánica. La Clase Media siempre apoyará por omisión al poder establecido sea éste de la tendencia que sea y siempre buscará en política su comodidad huyendo de todo radicalismo de cualquier clase y proporcionando al estado del que forme parte estabilidad, tranquilidad y grandes periodos de paz social. De hecho los intereses de la Clase Media coinciden prácticamente en su totalidad con los intereses del Estado o Gobierno que la crea y la defiende. Así en los estados donde no existe una sólida clase media porque ésta jamás ha existido (por ejemplo en los países islámicos) o esta desaparece (como por ejemplo en la Argentina de la dictadura militar de 1976) surgen en muy poco tiempo radicalismos de toda especie y una inestabilidad política creciente porque los integrantes de la disuelta Clase Media pasan a defender planteamientos radicales. No obstante, la Clase Media, también requiere una contraprestación política del Estado del que forma parte y que no es otra que la que le proporcione seguridad u orden y le garantice el mantenimiento de los requisitos económicos que le proporcionan su “bienestar”.

Hasta aquí, hemos definido lo qué es la Clase Media y apuntado sus características económicas y políticas, ahora debemos disertar, aunque sea brevemente, sobre el futuro de dicha clase. Con una simple ojeada a la realidad económica, social y política que nos rodea no se puede llegar a otra conclusión de que la Clase Media, al menos en España, se encuentra gravemente amenazada por motivos económicos, sociales y políticos.

Desde las circunstancias económico-sociales, el constante incremento de los precios en general y el de la vivienda en particular esta acabando con una de las características que definen a los miembros de la Clase Media que es la del disfrute en propiedad de, al menos, la vivienda habitual. En este sentido es de indicar que, en el mejor de los casos, y con cargas hipotecarias que gravan la vivienda hasta los próximos cuarenta años, se acaba con toda posibilidad de ahorro y prácticamente se requiere de todo el salario mensual para dedicarlo a la vivienda por lo que ya existen informes bancarios que afirman que el acceso a la propiedad de una vivienda será imposible para la próxima generación. Por otra parte, la inestabilidad del puesto de trabajo que tiende cada vez más a ser precario y no “para toda la vida” todo ello con el aplauso y favor de los propios gobiernos que de forma constante modifican el mercado de trabajo para mayor flexibilización del mismo, siendo tal expresión el eufemismo con el que tratan de ocultar un progresivo acercamiento al despido libre, acabará con otra de las características de los miembros de la Clase Media que es la existencia de una renta periódica (generalmente mensual) y segura dimanante de su personal actividad laboral.

Igualmente, la generalización de las rupturas matrimoniales y que, objetivamente, constituyen una forma de rápido empobrecimiento de los núcleos familiares y el aumento de la esperanza de vida con el notable incremento de los gastos a los que los mayores tendrán que hacer frente en los últimos años de su vida para pagar la imprescindible atención y asistencia geriátrica y que deberán ser satisfechos no solo con sus pensiones de jubilación sino también con los ahorros de su vida, afectará gravemente a la posibilidad de adquirir bienes por herencia repercutiendo, tal reducción de la posibilidad de heredar, sobre el ahorro, la morosidad, el acceso a la vivienda y en todos los aspectos de la economía de las familias en general y especialmente en las familias integrantes de la Clase Media.

Por último, la Clase Media también se esta viendo amenazada, por circunstancias políticas no solo dimanantes de inestabilidades que surgen a consecuencia de debates ficticios entre partidos, sino también y sobre todo a consecuencia de políticas migratorias erróneas o inexistentes y que están llevando a un incremento de la inseguridad ciudadana (y por tanto a la liquidación del estado de seguridad que requiere la Clase Media) y a un incremento del gasto público que esta siendo sostenido prácticamente en su totalidad por los miembros de la Clase Media, los cuales no pueden beneficiarse de las ventajas que produce disfrutar de grandes rentas y, por obtener rentas que simplemente les permiten llegar malamente y con ahogo a fin de mes, están excluidos de toda posibilidad de beneficiarse de ayudas y subvenciones públicas.

Así pues, con tal panorama, solo cabe presagiar un futuro muy negro a la Clase Media y la progresiva deriva hacia una sociedad en la que solo exista un grupo de personas que pueda poseer y disfrutar de todo y otro grupo que paulatinamente tenga acceso a menos cosas y derechos.

sábado, 19 de julio de 2008

HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA por Jules Michelet

Sorprendentemente y contradiciendo mis reiteradas y ya publicas opiniones sobre la extraña y rara política editorial, tendente siempre a editar como completas obras en extracto o empezar a publicarlas por el último volumen haciendo esperar al lector un año o quizás más a que aparezca la ansiada continuación, la editorial Ikusager de Vitoria ha editado en colaboración con la Fundación Pablo Iglesias y en tres volúmenes perfectamente editados y presentados la célebre obra del historiador, panfletista y sociólogo francés Jules Michelet “Historia de la Revolución Francesa”.

La edición que ofrece en el presente la editorial Ikusager, reproduce la primera edición en español preparada y traducida por Vicente Blasco Ibáñez, entre los años 1898 y 1900, para la editorial valenciana “Biblioteca Popular” y al igual que ésta se encuentra amenizada con ilustraciones de gran calidad a cargo de Daniel Urrabieta Vierge, fiel discípulo de Gustavo Doré cuyo estilo informa todos los bellos grabados que aparecen en la obra.

“Historia de la Revolución Francesa”, fue escrita por Jules Michelet entre los años 1848 y 1852 y siendo una obra perfectamente documentada, ya que su autor gozó del privilegio de escribirla mientras estuvo a cargo de los Archivos Nacionales en París; resulta necesaria y justificadamente extensa (posee casi tres mil páginas) pero su estilo, sin duda copiado o inspirado del que su antagonista, el también historiador francés Jacques Crétineau-Joly, desarrollase en su “Historia de la Vendee Militar”, la aleja del aburrimiento científico para acercarla a la agilidad de exposición novelada sin apartarse en ningún caso del rigor que ha de mostrar toda obra histórica, haciendo que esta obra de Michelet sea la fuente documental principal de la novela histórica que, ambientada en el periodo de la Revolución Francesa, se escribe actualmente.

La edición presentada por la editorial Ikusager se enriquece con la inclusión de un estudio preliminar a cargo del propio Vicente Blasco Ibáñez sobre la vida y obra de Jules Michelet en el que se echa en falta una disertación sobre el paralelismo y la rivalidad que, sin duda debió existir en vida, entre Michelet, historiador liberal, republicano y anticlerical y Crétineau-Joly, historiador, sacerdote, monárquico y antiliberal. Este paralelismo y rivalidad se demuestran, no solo en la temática tratada por ambos autores sino, sobre todo, en la práctica coincidencia cronológica en la publicación de sus respectivas obras. Así por ejemplo parece que la “Historia Religiosa, Política y Literaria de la Compañía de Jesús” publicada por Cretineau-Joly entre los años 1844 y 1846 es la refutación a las teorías vertidas sobre los jesuitas por Michelet en diferentes conferencias pronunciadas a lo largo de 1841 y que la propia “Historia de la Revolución Francesa” es una contestación a la “Historia de la Vendee Militar” publicada por Crétineau en 1842.

Siendo “Historia de la Revolución Francesa” de Jules Michelet una obra interesante, amena y de lectura altamente recomendable es de lamentar que, hasta el momento, ninguna otra editorial española haya publicado alguna de las numerosas obras escritas por Jacques Crétineau-Joly (preferentemente alguna de las dos mencionadas anteriormente o las dos) que permitiera observar a los lectores la rivalidad entre estos dos magnos historiadores franceses del Siglo XIX y disfrutar de dos puntos de vista radicalmente opuestos sobre unos mismos acontecimientos para un mejor enjuiciamiento de la historia contemporánea en sus mismos orígenes.

domingo, 6 de julio de 2008

¿EL CASTELLANO EN PELIGRO?


Recientemente una plataforma de intelectuales ha publicado un manifiesto para que se proteja constitucionalmente la lengua castellana en todas las comunidades autónomas y ha solicitado el mayor número de adhesiones posibles de los ciudadanos con el apoyo de dos importantes periódicos de ámbito nacional como son “El Mundo” y el “ABC”.

Tal manifiesto resulta manifiestamente innecesario, contribuye a la discordia entre los pueblos hispánicos y responde exclusivamente a cierto oportunismo político, pero sobre todo resulta gravemente absurdo si atendemos a la pretendida vocación intelectual de sus redactores porque ¿Realmente corre peligro la lengua castellana de desaparecer en ciertas comunidades autónomas?.

El castellano es una lengua viva que está presente en la literatura española actual (la mayoría de ella, por cierto, publicada por editoriales catalanas y vascas), en los medios de comunicación de masas y en Internet, por tanto es imposible pensar que, por mucho que se reduzca su utilización en las aulas escolares e instituciones públicas, la lengua castellana este en peligro de extinción en determinadas zonas de la geografía española.

La pervivencia o extinción de una lengua, no responde a criterios históricos, legales o políticos, sino que por el contrario es fruto de la voluntad de sus hablantes de continuar hablándola y usándola. La historia nos demuestra que por mucho que se desee reprimir el uso de una lengua, jamás se podrá impedir que se siga utilizando en el seno particular de las familias y jamás se podrá limitar la presencia social de la misma mientras que esté presente en los grandes y modernos medios de comunicación de masas, sobre todo en la televisión, radio e Internet capaces de emitir en esa lengua y de ser recibidas sus emisiones a miles de quilómetros de distancia.

Aun hoy en día, en las zonas italianas del Trentino, Alto Adigio, Venecia y Trieste, incorporadas a Italia hace menos de cien años, está presente en sus respectivas sociedades la lengua alemana que es hablada por la mayoría de sus habitantes. Igualmente ocurre en Croacia y Eslovenia, donde a pesar de ser el serbo-croata la lengua oficial, sigue permaneciendo la utilización del alemán por parte de sus ciudadanos.

Los intelectuales firmantes del manifiesto en defensa del castellano, más bien debieran haber redactado uno en defensa y promoción del bilingüismo. Si bien comúnmente por bilingüismo se entiende que una persona sea capaz de manejar dos idiomas y entenderse en los dos, lingüísticamente hablando, el bilingüismo es la facultad que tiene una persona de hablar, escribir, leer y PENSAR en dos idiomas, por tanto la condición de bilingües la tienen menos personas en el mundo de las que se cree y generalmente son personas que han disfrutado desde la niñez de la posibilidad de utilizar dos lenguas, así por ejemplo en determinadas zonas de Bélgica y en la extinta Yugoslavia sus respectivas poblaciones son totalmente bilingües porque desde la niñez han utilizado indistintamente, al menos dos lenguas (el francés y el flamenco en el caso belga y el serbocroata y el alemán o el magiar en el caso yugoslavo). En sentido estricto y lingüístico, el bilingüismo es una característica muy difícil de alcanzar pero una vez que se alcanza, esta científicamente probado que facilita inmensamente el conocimiento de nuevas lenguas, considerándose en este sentido que las personas que más fácilmente adquieren el conocimiento de lenguas de todo el mundo son los ciudadanos de la extinta Yugoslavia.

Si en algunas comunidades autónomas se pretende marginar al castellano, penalizando su utilización e impidiendo que sus habitantes lo conozcan y lo usen no solo estarán condenados al fracaso de antemano sino que además de estar reproduciendo la tiranía caciquil de los curas en las Islas Filipinas, que se negaron a enseñar el castellano a los filipinos para mantenerlos en la ignorancia; estarán robando a sus habitantes una posibilidad cultural infinitamente beneficiosa, empobreciéndolos y poniéndolos en la senda de la marginalidad y del tercermundismo.

Por su parte, el castellano es una lengua universal, la tercera lengua más hablada en el mundo y, dígase lo que se quiera, goza de muy buena salud y de suficiente protección constitucional al garantizarse el derecho a usarla y la obligación de conocerla (otra cosa es que las leyes no se apliquen por el continuo abandono y deserción de la autoridad que padecemos los españoles) siendo más peligroso para nuestro común idioma, los despropósitos verbales de la ministra de igualdad, doña Bibiana Aído, y los abusos ortográficamente erráticos de la Z del actual señor presidente del gobierno, don José Luís Rodríguez Zapatero, que todas las leyes y reglamentos que tiendan a arrinconarla.

Las lenguas, todas las lenguas, están pensadas para que las personas se comuniquen y se entiendan no para que se utilicen como armas en luchas políticas de oscuros intereses particulares y quién esto no lo quiera o no lo entienda es que tal vez desee dar la razón a aquel liderzuelo fascista cuando afirmaba que “a tiros también se entienden las gentes”.

viernes, 20 de junio de 2008

EUROPA Y LA INMIGRACIÓN

Los últimos acuerdos tomados en el seno de la Unión Europea relativos a la inmigración, entre los que se encuentra la ampliación del tiempo de internamiento de inmigrantes ilegales a seis meses o incluso a dieciocho, suponen un endurecimiento de las medidas a tomar respecto a los inmigrantes que residen en territorio comunitario de forma ilegal haciendo de la inmigración una noticia de primera página.

Ciertamente la inmigración se ha convertido en la actualidad en un problema en sí misma pero en origen no era más que un simple síntoma de otros males que los gobernantes europeos no solo no tenían intención de paliar sino que incluso no les importaba fomentar, como era la decadencia de los valores europeos.

El inmigrante fue en origen requerido y llamado desde Europa para asumir los trabajos manuales y las tareas poco agradables que el ciudadano europeo se negaba a hacer porque la comodidad ha sido un valor en alza en la sociedad europea desde hace varias décadas. Asimismo el inmigrante era necesario para sostener los sistemas de seguridad social ya que la pirámide de la población europea tendía a invertirse al aproximarse demográficamente al crecimiento cero porque, no nos engañemos, tener hijos es una molestia para los europeos que han abrazado el epicureismo como filosofía fundamental de su existencia.

De este modo como rápida y fácil solución se pensó en una inmigración controlada, que nos sirviera a todos y enriqueciera a los de siempre, pero hay cosas que no se pueden controlar y detrás del inmigrante legal y controlado, terminaría deseando venir (y viniendo en definitiva) todo aquel ser humano que busca huir del hambre y de la miseria, llegando; con las divisas y cartas que el inmigrante radicado en Europa enviaba a los pueblos y ciudades del Tercer Mundo, la falsa leyenda del paraíso europeo; descontrolándose finalmente el fenómeno migratorio pues son las noticias que recibe por cualquier medio el ciudadano extranjero en su país de origen sobre la, más imaginaria que real, buena vida europea donde radica fundamentalmente el denominado “efecto llamada”.

El primer error fue creer que el inmigrante se integraría fácilmente en la vida y en la cultura europea quedando asimilado totalmente a un nativo del continente, pues buen, décadas de experiencia han demostrado que el inmigrante, sobre todo el musulmán y el africano, no solo no aceptan la cultura en la que viven sino que mantienen la suya propia exigiendo cambios legislativos que amparen sus usos y costumbres autóctonos y conservando su identidad plena en las segundas y siguientes generaciones, con lo que la inmigración ha degenerado en un conflicto cultural.

El segundo error fue que, al admitir los regrupamientos familiares masivos y el extender derechos asistenciales a los inmigrantes ilegales, se han desbordado los servicios públicos que no están preparados para un crecimiento demográfico tan rápido e incontrolado como el que se ha producido (En este sentido es de señalar que en 1980, se calculaba que España alcanzaría los cuarenta millones de habitantes en el año 2020 y esta cifra de población se ha alcanzado quince años antes a causa de la inmigración). Así la inmigración esta provocando un rápido hundimiento de los servicios públicos.

Y finalmente el último error ha sido la ampliación de la Unión Europea a estados que solo son nominalmente estados ya que poseen territorios y núcleos de población que están fuera de toda autoridad legalmente constituida, como es el caso por ejemplo de Lituania donde casi la mitad de la población son apátridas no siendo deseable pensar que pasará si la Unión Europea se amplía con estados como Turquía que posee territorios donde el estado turco está totalmente ausente.

Ahora, cuando los problemas creados por la inmigración amenazan con provocar estallidos sociales y, a consecuencia de la crisis económica, hay un exceso de mano de obra que hace que el inmigrante empiece a sobrar; las mentes pequeño burguesas que controlan la política europea responden, auxiliados por el silencio cómplice de ONGs, partidos de izquierdas y demás falsos apóstoles del humanitarismo, con una única solución: LA REPRESIÓN.

Aceptar que haya medidas de internamiento de hasta seis meses es sin duda un medio dinamizador de la economía al favorecer el sector inmobiliario en base a la construcción de centros de detención, pero sobre todo será, atendiendo al número de inmigrantes ilegales que hay en ciertos estados de la Unión Europea como es el caso español, convertir íntegramente a estos estados en prisiones (Es posible que entre los estados europeos se decida hacer negocios y se alquilen centros de internamiento los unos a los otros).

La única solución humana al problema de la inmigración, están en no admitir a más inmigrantes, favorecer el retorno a sus estados de procedencia de los que hay aquí y, sobretodo, ayudar a la población en sus países de origen. Para esto último se requiere y se precisa ampliar el derecho de intervención humanitaria, que ahora solo se da con ocasión de crisis provocadas por desastres naturales, a los casos de crisis provocadas por la mala gestión de gobiernos que condenan al hambre y a la desesperación a sus gobernados, por eso Europa debe amparar el derecho de intervenir directamente en estados cuyos gobiernos promuevan con su corrupción y su mala política la inmigración, derrocándolos y asumiendo la administración de esos territorios hasta la preparación de la población para su autogobierno y la adecuada explotación de sus recursos.

lunes, 16 de junio de 2008

LA HISTORIA NORTEAMERICANA Y LA ACTUALIDAD ESPAÑOLA


Definitivamente yerra quien hoy sostenga, con pueril intelecto, que la guerra civil norteamericana, la más sangrienta de las no pocas guerras que han asolado el Nuevo Mundo, tuvo su origen en los anhelos abolicionistas de la esclavitud por parte de buenas y humanitarias gentes. Son numerosos los documentos conocidos que sirven para desengañar a tales pseudo intelectuales, desde la famosa carta de Garibaldi dirigida a Lincoln en la que exigía que éste proclamase que la guerra era contra la esclavitud para poder aceptar el generalato de los Ejércitos del Norte hasta las propias manifestaciones del presidente norteamericano que llegó a afirmar que se “luchaba por la unidad del país, no contra la esclavitud... Si para mantener la unidad del país fuera imprescindible mantener la esclavitud yo mismo seria esclavista”.

La Guerra de Secesión Norteamericana de 1861 a 1865 fue en realidad la culminación bélica de un hecho político que tuvo su origen en dos interpretaciones distintas de la misma Constitución de 1776 y que surgió desde el instante mismo de la proclamación de independencia: la Federalista, defendida generalmente por los políticos del norte y que era partidaria de la existencia de un poder central federal que absorbiera gran parte de la soberanía de los estados y la Confederalista, defendida generalmente por los políticos del Sur y que era partidaria del mantenimiento de la soberanía de los estados considerando que la Constitución era un tratado que unía libremente a las trece colonias primigenias que conservaban en todo caso su independencia.

Durante los primeros años de los Estados Unidos de América estas diferencias políticas se obviaron por la necesidad vital de la joven república de defenderse de los diversos intentos de Francia e Inglaterra de llevarla a su desaparición, la primera con su guerra de “los Brigantes” y sus constantes amenazas que provocaron la vuelta de George Washington a la jefatura del ejército terminando finalmente de forma diplomática con la compra de Louisiana a Napoleón y la segunda con su intento de invasión que culminó con la estrepitosa derrota británica ante las puertas de Nueva Orleáns en 1815.

Terminada la “amenaza extranjera” la diferencia entre las posiciones federalistas y confederalistas se reavivaron existiendo por parte de algunos estados objeciones a la creación de impuestos estatales que llevaron a un intento secesionista por parte del estado de Carolina del Sur en 1833 y al célebre autor norteamericano Henry David Thoreau a escribir en 1849 su famoso “Ensayo sobre la desobediencia Civil” donde expone las razones para negarse a sufragar los gastos del estado (por lo que hoy en día y de forma totalmente involuntaria podría ser considerado “ideólogo” de las “milicias” norteamericanas si es que el miliciano “Blanco, Protestante y Anglosajón” supiera leer). No obstante la sima abierta entre las dos vertientes políticas americanas se volvió a cerrar aunque en falso durante los años siguientes en los que la República de las Barras y Estrellas siguió la política que designaban las influyentes castas políticas del Sur las cuales impusieron la incorporación de Texas (estado extenso y esclavista) y la guerra contra Méjico en 1847 que terminó con la anexión de Arizona, Nuevo Méjico y California. De forma coetánea a estas ampliaciones territoriales a costa de Méjico, se produce una extensión hacia el oeste que es la que va a desencadenar el resurgimiento de las disputas entre federalistas y confederalistas, así para los primeros, los nuevos territorios se incorporarían a los Estados Unidos de América con el derecho general y común de la república mientras que los confederalistas pretendían que los nuevos estados tuvieran su propia soberanía lo que de facto significaba que adquirieran los derechos, usos y costumbres de las poblaciones que los colonizaban resultando, por tanto, que los territorios colonizados por población sureña gozarían de los mismos derechos que tuvieran en su estado de origen los colonos significando a medio plazo la prolongación de la línea Dixon del Atlántico al Pacifico y una división legal y real del país.

La elección de Abraham Lincoln en 1860 frente al abolicionista radical Seward llevó al enfrentamiento definitivo y violento de las dos tendencias políticas. Lincoln, un abogado de 51 años de Illinois, entendía que el mantenimiento de la soberanía de los estados defendida por los políticos del sur llevaría a medio plazo a la ruptura total del país y lejos de rechazar la esclavitud se proponía simplemente impedir que la misma se extendiera a los nuevos territorios del Oeste presionando moralmente a los estados del sur para que acabaran con ella. No obstante el estado de Virginia entendió que esta postura constituía una intromisión ilegítima en su soberanía y a finales de 1860 proclamo unilateralmente su independencia uniéndose a ella otros estados también del sur constituyendo los conocidos “Estados Confederados de América”. En un primer momento Lincoln que sin duda leyó la carta del presidente confederado Jefferson Davis en la que le decía en perfecto inglés americano “solo queremos que nos dejen vivir en paz”, intentó salvar la unidad del país mediante el compromiso pero, bien fuera por las exigencias del pueblo sureño, exacerbado durante años por sus políticos, o bien por el error político-militar del ex director de artillería de West Point (General Beauregard) que ordeno abrir fuego contra la única guarnición federal que no se había entregado en Virginia, se encendió la llama de la guerra (1).

Durante los primeros años de la Guerra de Secesión, donde los ejércitos del Norte, sin preparación ni generales capaces perdían toda batalla que presentaban, hubiera sido real y posible el reconocimiento de la independencia de los estados confederados por parte del gobierno de Washington de no ser por la única y tenaz oposición personal del propio Lincoln quien afirmo en todo momento que “si la confederación obtiene la independencia, dicha confederación no subsistirá ni veinte años pues por su propia constitución tiene la tendencia a fragmentarse indefinidamente”. Y Lincoln no solo tenía razón sino que además entreveía que la constante fragmentación de los “Estados Confederados de América” provocaría también una amenaza constante sobre Estados Unidos ya que dicha fragmentación propiciaría nuevamente la intervención de las potencias europeas en el continente (2).

El ejercito regular del Sur realmente solo estaba integrado por el “Ejército del Norte de Virginia” (los valerosos “Muchachos de Gris”) y por unidades voluntarias de otros estados entre las que se pueden citar “los tigres de Louisiana” (Zuavos) y “los Tiradores de Texas”. Tras Gettysburg y la conversión en derrota de la debía haber sido la batalla definitiva para el Sur, (y digo definitiva porque tenía por objeto enfrentarse al ejército del Norte, destruirlo y proponer rápidamente la paz al gobierno de Washington, el cual no hubiera tenido mas remedio que aceptarla al no poder reorganizar un nuevo ejército a corto plazo) el gobierno de Richmond, capital de la Confederación, intentó reorganizar el ejército ordenando la creación de un ejercito estatal que asumiera el mando de todas las milicias de los estados, evidentemente esta era una medida que iba contra el espíritu mismo de la Confederación y que fue rechazado de pleno por la mayoría de los estados integrantes de la misma que a partir de entonces no hicieron mas que la “vida imposible” al presidente Davis llevando a la derrota total de la causa confederada. Como curiosidad histórica es de indicar que la “Rendición de Appomatox” el 9 de Abril de 1865 no significó en realidad el fin de la guerra pues el “Ejército Confederado del Oeste” entre los que destacaban los generales Bedford Forrest (futuro fundador del Ku Klux Klan) y el general Wheeler (futuro “héroe” de la guerra Hispano-Norteamericana de 1898) continuó la guerra durante varios días más (3).

Hasta aquí la historia, si no desconocida, al menos no muy conocida de la Guerra de Secesión Americana que queda de antecedente histórico para ciertas tendencias políticas que hoy se están dando en España con lo que llaman “relecturas de la Constitución” y cosas parecidas. No es que la Constitución Española de 1978 sea inamovible y sacrosanta porque además fue una “Constitución de circunstancias” malamente elaborada, tampoco es que nuestro país deba ser uno y homogéneo lo cual iría contra nuestra historia y contra todo sentido común, pero lo que sí es cierto es que cuando se empieza un camino hay que saber a donde se quiere ir, sabiendo donde se quiere ir es más difícil perderse y el ejemplo de los primeros años de la República Norteamericana son luces de aviso que nos indican peligros, porque, aun justificando la existencia del Estado Español simplemente como unidad o unión de convivencia, si se procede o se favorece la “liquidación” del mismo ¿No será la Península Ibérica un foco de conflictos constantes durante los próximos siglos? ¿No surgirán irredentismos y “mini-imperialismos” desestabilizadores? Los nuevos estados que pudieran surgir de esa hipotética liquidación de España, ¿No llevarían en sí mismos el germen de la desintegración constante? La atomización peninsular, ¿No provocaría la intervención de toda clase de potencias extranjeras?. Una cosa sí se vislumbra y se puede afirmar desde ahora mismo y es que de todos los considerados dirigentes que existen sobre la “piel de toro” y que cacareando constantemente no son capaces nada más que de infectar de guano inútil todas las Instituciones que ocupan, no saldrá nadie con la visión política de Lincoln, ni con el espíritu de sacrificio de Davis, ni con la honorabilidad de Lee ni por supuesto con el “valor poéticamente estéril” de los quince mil de Pickett, aunque si es posible y muy posible que, más de uno, resulte con la adicción etílica de Grant o con las tendencias criminales de Quantrill.


(1) De hecho se puede decir que la independencia de los Estados Confederados y la Guerra posterior nunca fue querida ni deseada por nadie. Para los políticos Sureños, Lincoln, pretendía dar un “Golpe de Estado” al violar la Constitución de 1776 y es la defensa de esa constitución y lo que ellos consideran “el apartamiento de la misma” por parte de los políticos de Washington lo que legitima su ruptura con el norte. Asimismo es curioso indicar que Lincoln ofreció la dirección de los Ejércitos de la Unión a Robert E. Lee, por aquel entonces profesor en la Academia Militar de West Point, quien considerando en todo momento “la esclavitud una bajeza moral y la independencia un hecho inconstitucional”, solo sirve en las filas confederadas por “no poder disparar contra Virginia”.

(2) Es de recordar que la ruptura de hostilidades entre el Norte y el Sur favoreció la intervención militar francesa en Méjico, la cual solo termino cuando concluyo la Guerra Civil Norteamericana y los norteamericanos desplegaron su ejército en la frontera mejicana.

(3) Otra curiosidad digna de mención es la alineación del Estado de Maryland con la Unión ya que dicho estado fue el único estado esclavista que no se unió a la Confederación y lucho al lado del Norte quedando por tanto excluido de la abolición de la esclavitud decretada por Lincoln en 1863 y que solo afectaba a los esclavos de los estados de la Confederación sobre los que por cierto el gobierno de Washington no tenía autoridad alguna en ese momento. Un dato irrefutable de que la Guerra de Secesión Americana no fue una guerra contra la esclavitud.

jueves, 12 de junio de 2008

INCOHERENCIAS ECOLÓGICAS


Desde hace varias décadas no ha dejado de incrementarse entre la generalidad de la población mundial la preocupación por el medio ambiente y la denuncia sobre los riesgos para la salud humana que provoca la contaminación. Tal preocupación ha ido pareja a la publicación de ciertos estudios científicos que ponían de manifiesto un calentamiento global del planeta a la vez que se materializaban diversos problemas ecológicos como la lluvia ácida que afecta a importantes zonas boscosas del centro de Europa o la fuga radioactiva de Chernobil.

Los ecologistas plantean la defensa del medio ambiente como una lucha por la sustitución de las energías contaminantes por las llamadas energías renovables y no contaminantes como son la energía eólica, solar y los combustibles ecológicos. No obstante, después de años de investigación e inversión en energías renovables, éstas se han revelado incapaces de abastecer por sí solas las necesidades energéticas de los países industrializados y de los llamados países en vías de desarrollo y, por su parte, los llamados combustibles ecológicos, han llevado a una subida desmedida de los alimentos y a la escasez de los mismos en muchos lugares del planeta donde actualmente se están comenzando a producir hambrunas.

El error fundamental del ecologismo es el no haber valorado adecuadamente el factor humano al que nada en la vida le es ajeno y que influye decisivamente en la sobreexplotación de los recursos naturales y en el consumo de los mismos. Así por ejemplo una de las grandes campañas del ecologismo que es la lucha contra las pilas de botón, capaz una sola de ella de contaminar todo un embalse de agua potable, entra en franca oposición con la tendencia, cada vez mayor, entre los ciudadanos de adquirir aparatos que funcionan con tales pilas como son los relojes de pulsera. Y ello porque millones de personas, sobre todo en el primer mundo, prefieren comprar cada una numerosos relojes de pulsera a un precio ínfimo en vez de adquirir tan solo uno o dos relojes de maquinaria automática o de cuerda más caros sin duda pero para nada contaminantes. A esto se podrá alegar y oponer que las pilas de botón se deben depositar, una vez agotadas, en los contenedores establecidos al efecto, pero lo cierto es que si son varios millones de personas las que depositan las pilas en los mencionados contenedores, son decenas y decenas de millones las que tiran, no solo la pila de botón, sino todo el aparato con pila incluida a los basureros comunes y eso sin considerar qué es lo que se hace luego con los contenedores de pilas.

Por otro lado, la humanidad tiende a una comodidad cada vez mayor rechazando de plano la más mínima incomodidad o sacrificio. Así por ejemplo, el problema del tráfico y de la contaminación por la quema de combustibles en los vehículos solo se podrá solucionar o mitigar con una drástica reducción en el uso de los vehículos de motor que jamás se producirá porque, no nos engañemos, el automóvil se ha convertido en una prolongación del ser humano como lo es el mando a distancia del televisor y resulta sumamente cómodo trasladarse habitualmente de “puerta a puerta”.

Los ecologistas en sus constantes reivindicaciones simplemente se limitan a rechazar unos sistemas de explotación y unos medios energéticos indicando, como meras maniobras de distracción, que hay otros sistemas y medios mejores y menos contaminantes, pero rechazan hablar claro y denunciar que el mal del planeta y, aún más, los males de la humanidad, se encuentran en la propia naturaleza egoísta del hombre moderno.

Así pues, la verdad de los que estamos preocupados por el medio ambiente se encuentra en hacer ver que llegará un momento, no muy lejano ya, en que la humanidad tendrá que elegir entre su cómodo egoísmo y la obtención de beneficios económicos astronómicos o retornar a la vida sencilla y más humana de antaño en beneficio de la salud medioambiental y del propio ser humano, siendo lo más curioso de todo, y de ahí la gran incoherencia del ecologismo, que cuando el ser humano más concienciado se encuentra sobre los problemas ambientales no solo menos hace por remediarlos, sino que además incrementa los usos y costumbres que los agravan.

domingo, 1 de junio de 2008

LAS GUERRAS CIVILES FRANCESAS EN SU LITERATURA

La reciente publicación en España de la novela histórica y de aventuras titulada “La Venganza del Sable”, escrita por Frédéric H. Fajardie y ambientada en la época del terror revolucionario y con el trasfondo de la rebelión de la Vendee contra la Convención es un último ejemplo de la enorme fuente de inspiración que la literatura del país vecino encuentra en sus guerras civiles.

Trágicas y sangrientas guerras civiles han existido en prácticamente todos los países europeos y también americanos pero lo que hace peculiar y llama la atención en el caso francés es el tratamiento que de sus guerras fraticidas ha hecho su literatura contemporánea, desde la inmediatamente posterior a las guerras napoleónicas a la novela histórica francesa actual que en realidad poco aporta a lo ya expresado en las obras escritas por los grandes autores galos del Siglo XIX.

Las principales novelas históricas francesas traducidas al castellano y que tienen por objeto las luchas civiles en Francia, son “El Hugonote” de Prosper Merimee, ambientada en las guerras de religión del siglo XVI y en el sitio de la Rochelle, “Noventa y Tres”, de Víctor Hugo, “Los Chuanes” de Balzac y “El Caballero de Saint Hermine” de Alejandro Dumas, ambientadas estas tres últimas en esa “guerra de gigantes” que fue la sublevación que tuvo lugar en la Vendee y en Bretaña entre 1792 y 1796.

En todas las novelas mencionadas, quedan perfectamente definidos los dos bandos contendientes así como descritos minuciosamente los objetivos de sus respectivas causas políticas o religiosas, pero a pesar de que hay vencedores y vencidos, el mensaje común de todas ellas es la conciliación.

Los protagonistas de las novelas históricas francesas ambientadas en sus guerras civiles, pueden ser protestantes o católicos, monárquicos (blancos) o republicanos (azules), combatir, en definitiva, en bandos opuestos pero todos ellos son presentados al lector por los diferentes autores como seres sublimes llenos de valores y virtudes no existiendo en párrafo alguno menoscabo o signo de desprecio a la causa contraria gozando la narración de una total imparcialidad histórica y un velado deseo de superación de los traumas que toda guerra civil genera en una sociedad.

Dicha imparcialidad y deseo conciliador que los grandes autores franceses del Siglo XIX antes mencionados muestran en sus novelas históricas no implica ni falseamiento de la historia ni ocultación de las crueldades de la guerra civil. Así en todas las novelas ambientadas en la Guerra de la Vendee no se esconde la existencia del brutal dictado de la Convención ordenando hacer una guerra a muerte no permitiendo conceder cuartel al enemigo siendo aún más representativo de la barbarie de la guerra civil el final de la novela “El Hugonote” de Merimee, donde uno de los protagonistas, soldado protestante refugiado en la fortaleza de La Rochelle, al ver a un soldado enemigo tocado con un sombrero de llamativo plumaje inspeccionando las murallas hace con los suyos una frívola apuesta consistente en que es capaz de alcanzarle con el arcabuz y una vez realizado el disparo y, al acudir a recoger el cadáver del soldado católico, descubre que es su hermano.

De la lectura de las novelas históricas francesas ambientadas en sus guerras civiles se deduce claramente la voluntad en sus respectivos autores de dar a entender que todos sus personajes pueden luchar en bandos opuestos y defender causas irreconciliables, pero ante todo y por encima de todo son franceses y que las virtudes que muestran y los sacrificios de los que son capaces no pertenecen a un bando o partido concreto sino que son virtudes francesas y sacrificios que enorgullecen a toda Francia. Este amor a la patria común de los contendientes como medio de superación de todas las diferencias de bandería, queda bellamente descrito en la escena de la novela “El Caballero de Saint Hermine” de Dumas, donde el general monárquico Georges Cadoual y el emisario de Napoleón tras cenar amigablemente y no poder brindar en común ni por el Rey del primero ni por el Cónsul y general del segundo deciden brindar por aquello que une a ambos: Francia.

Las guerras civiles francesas han sido y seguro que seguirán siendo en Francia, así lo demuestra la última novela de Fajardie, motivo para hacer una muy buena literatura, entretenida, pedagógica y superadora de diferencias debiendo servir de ejemplo para las literaturas de otros países, que al tratar el tema de sus respectivas guerras civiles, más bien trasladan los frentes de batalla al papel impreso debiendo dar gracias de que las bolas de papel carezcan del poder penetrante de las balas de fusil.

martes, 27 de mayo de 2008

¿QUE OCURRE EN EL PARTIDO POPULAR?


El principal partido de la oposición, el Partido Popular, se ha convertido de unos días a esta parte en un suministrador infinito de noticias para los medios de comunicación, a causa de los numerosos abandonos de dirigentes y diversos movimientos extraños que parecen que se están produciendo en torno al mismo.

Se puede opinar, y de hecho se opina, que se trata de una lucha por el poder en el interior del partido o que se trata de una especie de conspiración organizada por dos importantes medios de comunicación contra la actual dirección del Partido Popular encabezada por don Mariano Rajoy (uno de los protagonistas de la eurovisiva canción Chiki-Chiki), pero lo cierto es que tras las elecciones del día 9 de Marzo del 2008, en las que el Partido Popular no logró, a pesar de su notorio avance, desbancar al actual partido en el gobierno, se ha puesto en solfa todo un proyecto partidista que solo se justifica como medio de poder y contraposición al Partido Socialista Obrero Español.

El Partido Popular, nace en los años noventa del pasado siglo y aunque es heredero directo de la antigua Alianza Popular del ex ministro franquista don Manuel Fraga y de la extinta Unión de Centro de Democrático del ex Secretario General del Movimiento don Adolfo Suárez, lo cierto es que nunca ha tenido un ideario claro, siendo realmente en materia ideológica una especie de chabola en la que cabe todo aquello que sirva para estar en contra del Partido Socialista, desgastarlo y hacerlo caer del gobierno. Así, en materia ideológica, el Partido Popular ha sido y es de amplio espectro, abarcando desde las ideas franquistas y de extrema derecha que en los inicios de la transición defendieran Fuerza Nueva y Falange hasta las ideas de un centro-izquierdismo moderado pasando por idearios puramente católicos, liberales y hasta protestante-conservadores.

Con tan diversas tendencias existentes no solo en el interior del partido, sino sobre todo entre sus votantes, la unidad del Partido Popular, la conservación de su masa electoral y, por ende, su existencia misma como organización política, solo se justifica por la obtención y mantenimiento de importantes cuotas de poder y la existencia de un adversario político importante como es el proyecto (o la ausencia de proyecto) que representa el PSOE.

Al no haber ganado las elecciones generales de Marzo pasado, el Partido Popular no puede satisfacer ni a todas las tendencias ideológicas existentes en su seno, las cuales permanecían silenciadas por la proximidad a los beneficios del poder; ni a las ambiciones individuales de un elevado número de dirigentes locales y así surge el problema que ha de resolver la jefatura de dicho partido que se resume en la siguiente cuestión: ¿Qué hacer para ganar las próximas elecciones y volver a gobernar?. En este sentido parece ser que existen dos tendencias estratégicas irreconciliables: una sería partícipe de iniciar un acercamiento, no a los partidos nacionalistas sino a sus electores, que constituyen una bolsa importante de votos de derecha que no ha conseguido recolectar para sí el Partido Popular en ninguna convocatoria electoral (lo que de hecho supone arriesgarse a perder un número importante de votantes de extrema derecha sin garantía alguna de ganar votantes entre el electorado nacionalista de derecha) y otra sería la de mantener la estrategia que les llevo al poder en el año 1996, les mantuvo en él en el año 2000 y que han seguido poniendo en práctica en estos últimos cuatro años de oposición y que consiste en mantener la indefinición ideológica oculta tras innumerables eufemismos (así, por ejemplo, se habla en el Partido Popular de un humanismo cristiano, pero una vez en el poder no se sabe en qué consiste tal cristianismo humanista y se amplía la ley del aborto), sostener el más puro y radical liberalismo en las instituciones a la vez que sostienen posiciones de extrema derecha en sus discursos y manifestaciones callejeras (¿Acaso no se encuentran similitudes estéticas y dialécticas en las manifestaciones que ha convocado o a las que se ha sumado el Partido Popular en la anterior legislatura con las que se convocaban a finales de los años setenta y principio de los ochenta del pasado siglo en la Plaza de Oriente?) y por último mantener la unidad del partido y el apoyo de sus electores siguiendo la consigna, nunca expresamente proclamada, de todos contra el Partido Socialista y el peligro que representa.

La lucha por la dirección en el seno del Partido Popular, siempre ha estado latente, no manifestándose cuando éste estaba en el gobierno porque había poder que repartir entre sus barones y dirigentes, pero cuando el poder se ha perdido y la labor de oposición no ha servido en estos últimos cuatro años para ganar las elecciones a pesar de la pésima gestión del Partido Socialista, la pugna ha estallado con menos diplomacia y con mayor crudeza que en ocasiones anteriores y lo que es peor, se ha hecho pública, amenazando con poner de manifiesto ante sus afiliados y votantes las gravísimas contradicciones ideológicas y programáticas en las que ha incurrido e incurre el Partido Popular y que solo se mantienen ocultas gracias a la gran maquinaria propagandística de que disponen los partidos grandes haciendo posible, si no una ruptura o escisión, un anquilosamiento del mismo con progresiva pérdida de eficacia política que le lleve a languidecer en el panorama político español.

sábado, 3 de mayo de 2008

ESPAÑA: UNA ILUSIÓN CONSTANTEMENTE TRAICIONADA


Con motivo en este año 2006 del setenta y cinco aniversario del 14 de Abril de 1931, así como del setenta aniversario del 18 de Julio de 1936 se impone, lejos de intereses partidistas y pasiones infantiles, una reflexión totalmente alejada de intenciones propagandísticas sobre estas y otras fechas claves en la Historia política de Las Españas.

Desde mediados del siglo XVIII que significó en nuestro país un repunte creciente hasta el presente del poder de la aristocracia sometida, de agrado o por la fuerza, al poder real y a las Leyes de la Corona gracias a la política del Cardenal Cisneros, se fue creando una clase adinerada y propietaria que progresivamente iba quitando derechos sociales al pueblo llano cuyas esperanzas quedaban depositadas en el siguiente sucesor a la Corona o en algún político de los llamados "reformistas" que pululaban por la Villa y Corte, buscando más la simple popularidad y el medro personal que una transformación real de lo existente. Así España entro en el Siglo XIX, con mayores diferencias sociales que en el siglo anterior y empezaron a sucederse fechas claves que significaban la esperanza e ilusión de todo un pueblo.

La primera de las fechas esperanzadora de nuestra historia fue aquel 2 de Mayo de 1808, donde el pueblo de Madrid se lanzó en inferioridad de condiciones y férrea voluntad contra el ejército francés detrás del cual venían unas ideas que atentaban directamente contra la sustancia de la estirpe hispánica. Los españoles derrocharon ilusión no solo por expulsar al invasor galo, sino también porque la España que surgiera después fuera diferente, muy diferente, a la que había existido hasta entonces, ya que mayoritariamente la clase dirigente de nobles y militares que vivían parasitariamente en los palacios se mantenía al margen de las necesidades y sufrimientos nacionales paseando charreteras y miriñaques por los salones de las grandes casas ajenos a los anhelos y necesidades del sustrato de todo Estado que es el pueblo, pero tras la retirada napoleónica aconteció, lo único que aquellos héroes no habían sopesado jamás: LA TRAICIÓN.

Fernando VII, el Deseado, el mismo que vivía cómodamente en Bayona mientras que sus súbditos derramaban generosamente su sangre en la Península Ibérica por ceñirle la corona llegando incluso a las mayores de las felonías al felicitar al Emperador por sus victorias sobre aquéllos y que años más tarde, cuando se puso a recorrer él "el primero la senda constitucional", no dudaba en salir al balcón de palacio a denunciar a sus más fieles realistas; inició la política, imperante en España desde entonces y hasta nuestros días, de la camarilla, gobernando como se ha gobernado desde aquel tiempo, sin cabeza ni corazón, apoyándose en una minoría egoísta en exclusivo beneficio de los intereses de unos pocos.

Ya consolidada la política de camarilla en el Reinado de Isabel, llamada la II, surge la segunda fecha clave en la intrahistoria de los españoles: el 18 de Septiembre de 1868, fecha ésta en que se expulsaba a la esposa de "Paquito Natillas" y bajo cuyo reinado se habían liquidado los bienes comunales de municipios y gremios en beneficio de la vieja clase aristocrática y burguesa que de éste modo se convertía en latifundista en detrimento de los campesinos y de los habitantes de las pequeñas villas que desposeídos de todo no les quedaba más remedio que emigrar a las grandes ciudades y alquilar su fuerza de trabajo por un mísero salario convirtiéndose así en proletario explotado. "La Gloriosa" como se dio en llamar aquella revolución acaecida en Septiembre de 1868 fue acogida por el pueblo llano español con esperanza e ilusión y significó un momento que pudo ser clave para el cambio político y social en España. La Gloriosa, abrió la posibilidad a una república o a un federalismo que hubiera permitido una feliz unión no solo entre las Españas peninsulares sino también entre éstas y las Españas de ultramar que aún quedaban e incluso a un cambio de dinastía en la persona de Carlos VII, una dinastía más legítima, más sana, política y biológicamente hablando, sin vínculos interesados con las minorías poderosas. Pero nuevamente se impuso la política de camarilla y unos pocos, exclusivamente guiados por la defensa de sus intereses particulares empezaron a conspirar en beneficio propio y así arrastraron la corona de España por todas las Cortes Europeas ofertándola en vulgar subasta hasta que, desdeñada por todos los príncipes, se proclamó una república que solo sirvió para el lucimiento parlamentario de una minoría de lenguarones de postín que cifraban sus máximas aspiraciones vitales en rimbombantes y bellos discursos alejados de cualquier realización practica y beneficiosa para el país. Y de este modo el pueblo de las Españas, volvió la espalda nuevamente defraudado y traicionado hasta que, salió el espadón de Martínez Campos en defensa de la camarilla de los exiliados de París y dio un golpe de estado restaurando a la dinastía expulsada en la persona del hijo de Isabel, llamada la II.

Los más de cincuenta años de Restauración, como se llamó la época del reinado de los "Alfonsos" (el llamado XII y el llamado XIII) fue un periodo nada fructífero para el buen pueblo de los españoles en los que este solo dio pruebas de vitalidad en no pocos motines y barricadas de las ciudades industriales, fue una época en la que se liquidaron las Españas de ultramar abandonándolas al imperialismo anglosajón y en la que en defensa de las propiedades e intereses económicos de la camarilla de siempre se enviaba a miles de hijos del pueblo a morir en las tierras del Norte de Marruecos, sin ni siquiera tener un programa de colonización que hubiera permitido mejorar en fortuna a muchos españoles. Y de este modo se llega a la gran fecha de la que este año se conmemora el setenta y cinco aniversario: el 14 de Abril de 1931.

El 14 de Abril de 1931, el pueblo español recupera la ilusión y la esperanza mayoritariamente dormida durante la Restauración, se echa a la calle con alegría desbordante, pues sin duda espera la instauración de una política transparente, sin camarillas ni intereses oscuros de unos pocos, mejoras sociales y políticos sustanciales, pero pronto, surge de nuevo "la Camarilla". Unos pocos políticos y de esos que llaman "intelectuales" muchos de los cuales habían bienvivido durante el régimen anterior de la Restauración y que en las horas siguientes a aquel 14 de Abril habían permanecido escondidos en espera de lo que pudiera ocurrir lanzan la República contra muchos españoles que bien hubieran podido ser ganados para el nuevo régimen y al tiempo que dicen promover un gran plan de educación nacional, cierran colegios y escuelas por el simple hecho de ser congregaciones religiosas quienes los gestionaban, al tiempo que hablan de libertad de expresión niegan el derecho a la expresión del más íntimo y personal sentimiento que es el de la religión... y así, aquel recibimiento prácticamente unánime de la matrona republicana se va resquebrajando, multitudes populares se escandalizan y desengañan afirmando "esto no es, esto no es" y una pequeña camarilla excluida de los beneficios del negocio político del momento, empieza a conspirar hasta llegar a la penúltima fecha clave en la ilusión de los españoles: el 18 de Julio de 1936.

El 18 de Julio de 1936, no solo significa, como muchos pretenden interesadamente, el día en que se produjo un golpe de estado que derivó en una trágica guerra civil. Esta fecha es un nuevo momento de ilusión para el pueblo español que arremete contra una República que había traicionado sus expectativas y que espera construir algo mejor, pero lamentablemente también es la fecha en la que el pueblo, haciéndolo todo y pudiéndolo todo, es traicionado por la camarilla de generales levantiscos muchos de los cuales, fueron el gran apoyo del 14 de Abril de 1931 y que fueron excluidos del reparto del botín que toda política española significa desde el Siglo XIX. Aunque se diga malintencionadamente lo contrario, en el 18 de Julio de 1936, también hubo pueblo y no poco al lado de los alzados y aun se pueden ver fotografías de aquel día en la Plaza del Castillo de Pamplona o de muchas unidades de combatientes en los que se ve el rostro quemado por el sol durante innumerables jornadas de trabajo en el campo que contrasta con las maneras afeminadas y la delicadeza de cutis de los que luego medrarían en el régimen franquista. Así pues el pueblo español fue nuevamente traicionado y desilusionado aquel 18 de Julio de 1936 pues luchaba y derramaba generosamente su sangre por algo muy distinto a lo que después vendría.

Y por último, aparece la última fecha clave en nuestra intrahistoria, el 22 de Noviembre de 1975, fecha esta en la que ya, muerto y enterrado, el general Franco, llega a la Jefatura del Estado su sucesor Juan Carlos de Borbón iniciándose lo que se dio en llamar la "Transición". La "Transición" no solo significaba un cambio de régimen sino que para la inmensa mayoría del pueblo español era otro nuevo periodo de ilusión, esperanza, alegría, utopía.... era un nuevo retorno al tiempo de "poderlo todo", pero como siempre... nada de lo que se hacía o se pretendía era para el beneficio general, sino nuevamente solo para la "Camarilla" y la camarilla negoció, pactó, hizo y deshizo y al final logró prevalecer abriéndose a nuevas incorporaciones. Así se dijo "Sí" a lo que antes se había dicho "No" (por ejemplo la OTAN), se aseguró la inviolabilidad de algunos extraños y oscuros negocios, se garantizó la intocabilidad de determinadas familias que casualmente siempre aparecen en las grandes fechas de la Historia de España en uno u otro lado y que, portando sus antecedentes penales en sus apellidos, siempre terminan imperando y espléndidamente viviendo con independencia del régimen o líder político de turno. Y así se termina llegando al día de hoy, la "Transición" fue una nueva traición al pueblo español que desde entonces da constantes muestras de total falta de vitalidad viviendo en el absurdo intelectual y político siéndole indiferente su propia suerte colectiva y con una paz de espíritu solo propia de los camposantos.

miércoles, 23 de abril de 2008

“TÉCNICA DEL GOLPE DE ESTADO” de Curzio Malaparte


Curioso resulta y maldito debe ser el libro escrito por Curzio Malaparte (pseudónimo de Kurt Erich Suckert) en 1931 y titulado “Técnica del Golpe de Estado” porque a pesar de haber sido obra muy famosa y leída en la primera mitad de los años treinta del siglo pasado y de haber ocasionado a su autor una condena a destierro interno decretado por el régimen fascista italiano, pocas reediciones posteriores se conocen de la misma en Europa.

“Técnica del Golpe de Estado” analiza con precisión los diferentes golpes o intentos de golpes de estado habidos en Europa desde el 18 de Brumario de Napoleón hasta la llamada “Marcha Sobre Roma” de Mussolini constituyendo cada “golpe de estado” un capítulo de la obra. No obstante, “Técnica del Golpe de Estado” no constituye un libro de historia propiamente dicho ni mucho menos un manual de sabotaje, sino que por el contrario es un libro político y sociológico que desmenuza las fuerzas actuantes y las acciones decisivas que existen en todo golpe de estado y que no son precisamente las más visibles ni las más espectaculares.

Malaparte sostiene, y no sin falta de razón, que un golpe de estado solo requiere la participación de “mil técnicos” que actúan bloqueando todas las capacidades del estado al que se golpea y difundiendo noticias no siempre veraces que mantienen en la neutralidad a la mayoría de la población o las hacen aceptar pacíficamente la nueva situación surgida del golpe de estado resultando de este modo que el hecho relevante que la historia marca como el momento cumbre del golpe de estado como fue la disolución de la Asamblea Nacional por Napoleón el 18 de Brumario o la toma del palacio de la Táuride por el Ejercito Rojo durante la Revolución Rusa no fueron nada más que simples concesiones a la estética permitidas por Napoleón y Trosky respectivamente.

Aunque hoy en día, muchos de los que han tenido la suerte de hacerse con algún ejemplar de “Técnica del Golpe de Estado” y de leerlo, sostienen que la obra de Malaparte carece ya de vigencia y que ha sido superada por el tiempo no se puede afirmar fácilmente que tal cosa sea cierta porque siendo la teoría sostenida y esencialmente demostrada en “Técnica del Golpe de Estado” la de que una minoría (“mil técnicos” se denomina a tal minoría en el libro) puede hacerse con el control de todo un estado moderno incluso sin ser detectado el cambio de situación por la mayoría de la población, cabría preguntarse precisamente en el momento presente que si en el pasado inmediato fue posible que “mil técnicos” pudieran hacerse con todo un estado ¿Que podrían hacer hoy diez mil familias económicamente poderosas no con un estado concreto, sino con todo el orbe?.

viernes, 18 de abril de 2008

UN REY ANTE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA


Este mes de Abril al conmemorarse la proclamación de la II República en España, muchos se acordaran de la salida por Cartagena de Alfonso, llamado el XIII o se les representara la conocida foto de la Puerta del Sol de Madrid ese 14 de Abril de 1931, pero muchos desconocerán por ignorancia interesadamente fomentada que el Rey de las Españas, Don Jaime III, entonces exiliado en la Francia de la III República, (circunstancia esta que contrasta con la elección de la Italia Fascista como lugar de exilio por parte de Alfonso, llamado el XIII) y que un año antes declinó la invitación de don Miguel de Unamuno para sumarse al pacto de San Sebastián, publicó un manifiesto saludando la proclamación de la República e indicando los derroteros que debían tomar los gobiernos del nuevo régimen para consolidarse pacíficamente en España.

Su Majestad, don Jaime III, publicó su manifiesto el día 23 de Abril de 1931, es decir, nueve días después de proclamada la república y en el mismo proponía, entre otras cosas, la convocatoria de un referéndum para decidir sobre la forma de gobierno en España (Monarquía o República) y la adopción de una ley electoral de carácter proporcional íntegra semejante a la existente en otros países europeos de primera línea.

En el mencionado manifiesto, don Jaime III solicita a los carlistas que “colaboren con el gobierno provisional en prevención de explosiones de desórdenes callejeros, para poder llegar el Gobierno, respetando las libertades esenciales, a la convocatoria de unas Cortes Generales Constituyentes, que son hoy una necesidad imprescindible y uno de los principios esenciales de nuestra actuación en los últimos años así como ha sido siempre el fundamental objeto de nuestra política realizar la federación de las distintas nacionalidades ibéricas.”

Igualmente, dirigiéndose especialmente a los carlistas les insta a promover “la organización de un gran partido monárquico, federativo, anticomunista, defensor de las grandezas patrias, intensamente progresivo, amigo de las reformas sociales y que coloque a la Iglesia y al Ejército en su verdadero lugar, lejos de toda política”.

Por su parte, dirigiéndose al gobierno provisional y a los líderes de la recién proclamada república, el Rey Jaime III, les pide que elaboren una ley electoral, apartada del caciquismo imperante en el derrocado régimen y en la que se “adopte el único sistema de escrutinio que permite aprovechar hasta el último voto de todos los ciudadanos: la representación proporcional íntegra, usada en las grandes naciones europeas. En estas elecciones, deben pronunciarse, de un modo definido, sea por la República, sea por una Monarquía renovada, progresista, ampliamente descentralizada, que no ofreciera ningún punto de contacto con el antiguo sistema, precisamente a causa de la creación de las grandes administraciones federales en las distintas regiones hispanas”.

No deja don Jaime de mostrar su preferencia por la forma de gobierno monárquica pero tajantemente termina su manifiesto afirmando que “si la voluntad nacional, libremente expresada, se pronunciara a favor de la República, yo pediría a los monárquicos que colaborasen en la obra inmensa que es construir la federación de la nueva España, dispuesto siempre a renovar, en los momentos críticos, el ofrecimiento de mi persona que hago a España”.

Lamentablemente, las propuestas de don Jaime no fueron atendidas en lo más mínimo. La II República, poco antes de cumplir su primer mes de vida, desbarraba hacia el caos y la violencia callejera que tuvo su primera manifestación en la quema de iglesias y conventos el 10 de Mayo de 1931 y a fines de ese mismo año, promulgaba una constitución que, ignorando la realidad social española, institucionalizaba un fuerte y agresivo sectarismo que, rozando lo ridículo, alejaba a la mitad de los españoles del nuevo régimen y sembraba los vientos que habrían de traer la tempestad de la guerra civil de 1936 a 1939.

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