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lunes, 8 de marzo de 2010

“A CONTRAPELO” de Joris-Karl Huysmans

Recientemente he tenido la oportunidad de leer “A Contrapelo”, espléndida novela escrita en 1884 por el autor francés de origen holandés Joris-Karl Huysmans y nunca antes había tenido conocimiento de que la traducción de un simple título de una obra literaria planteara tantos problemas y tuviera tantas traducciones, todas ellas correctas al mismo tiempo que inexactas.


El título original en francés de esta obra de Huysmans es “A Rebours” que ha sido traducido al castellano por “A Contrapelo”, pero también, en diversas ocasiones, por “Al Revés” o “Contranatura”.


“A Contrapelo” es una novela en la que no ocurre nada y en la que solo existe un protagonista siendo el valor y el verdadero encanto de la misma el constituir un compendio casi enciclopédico del arte y la literatura de finales del Siglo XIX, además de revelarse como una especie de manifiesto contra la sociedad burguesa, el utilitarismo y la idea de progreso indefinido.


El argumento de “A Contrapelo” se centra en la actitud de un noble francés, Jean Floreissas Des Esseintes, que, víctima de un padecimiento nervioso y harto de la vida mundana que llevaba en un París mediocre; decide recluirse en una casa señorial de la localidad de Fontenay, la cual decora conforme a sus particulares y exigentes gustos estéticos cuidando el más mínimo detalle, desde el color de las paredes atendiendo a sus variaciones según los contrastes de luces y sombras que entran por las ventanas hasta la colocación ordenada y esmerada de los libros en su biblioteca. A lo largo de toda la novela de Huysmans, el protagonista explora todos los campos del arte (literatura, pintura, jardinería, perfumería) haciendo profundas reflexiones sobre obras y autores rechazando el utilitarismo que todo lo inunda en la gran metrópoli parisiense y considerando que tal tendencia corrompe la vida y, sobre todo, el arte al ser el objetivo del artista el satisfacer a un público que paga y no el realizar obras sublimes. Finalmente un agravamiento en su estado de salud hará que el protagonista tenga que regresar a Paris abandonando su experiencia vital de haber “soñado la realidad”.


Si bien es cierto que “A Contrapelo” de Huysmans esta considerada la novela precursora del decadentismo, no es menos cierto que en ella hay rasgos de protesta e inconformismo con lo existente que ya hacían presagiar la deriva católica que su autor iba a tomar tan solo ocho años después de publicar esta novela.


Joris-Karl Huysmans, nació en París en 1848. Descendiente de una larga familia de pintores flamencos su pasión fue siempre la literatura a la que se dedicó de pleno tras conseguir un trabajo como funcionario que le permitió alcanzar la independencia económica. En un principio se adscribió al movimiento naturalista que encabezaba Emile Zola para finalmente romper con dicho movimiento a raíz de la publicación de “A Contrapelo” e igualmente, partiendo de posiciones antirreligiosas, fue evolucionando hacia el catolicismo, evolución ésta que ya se presagiaba en “A Contrapelo” existiendo una notable semejanza entre el personaje de Des Esseintes de esta novela y el de Durtal, protagonista de “En Camino”.


Huysmans, al igual que el protagonista de “A Contrapelo”, se apartó del mundo retirándose a un monasterio Benedictino en el que falleció el 12 de Mayo de 1907 estando considerado como uno de los más importantes descubridores de las vanguardias artísticas.


viernes, 21 de agosto de 2009

“LA VIDA” por Raúl González

Con el título genérico de “La Vida” se ha publicado mediante el sistema de autoedición (Es decir, edición sufragada íntegramente por el propio autor) una compilación de relatos cortos cuyo autor es el novel escritor madrileño Raúl González quién compagina su vocación literaria con su trabajo en una ilustre institución corporativa de Madrid.

“La Vida” recoge en veinte capítulos otros tantos relatos independientes, cada uno de los cuales describe una escena existencial de un personaje o grupo de personajes cuyo común denominador es el realismo y el intimismo con el que trata cada una de las situaciones descritas.

La soledad, la inmigración, los problemas de pareja, la familia, la injusticia y el amor junto con otros muchos motivos sentimentales forman parte de las más variadas temáticas de este conjunto de relatos todos ellos tratados con tan gran sentimiento que el autor logra transmitirlo sin gran problema al lector.

“La Vida” no es un mero conjunto de relatos de amor o de historia, aunque la historia y el amor inspiran gran parte de los mismos, sino que estamos ante una obra donde su autor refleja cierto intimismo y amor hacia la intrahistoria de los personajes que, tratada en gran medida en un estilo unamuniano, invita a los lectores a la reflexión y a la meditación interior.


No cabe duda de que con su primera obra publicada, Raúl González ha iniciado un camino literario que se le puede augurar próspero pues, aunque el lector ha de ser siempre comprensivo con un escritor novel; esta recopilación de relatos se lee con gran amenidad sin tener que recurrir a caridad alguna para con el autor.


Sinceramente, se puede afirmar que “La Vida” de Raúl González merece leerse y, sobre todo, meditarse siendo el gran inconveniente de esta obra que la publicación mediante autoedición (sistema este a la que la política editorial de la inmensa mayoría de las editoriales de nuestro país condena a no pocos autores noveles) conlleva una enorme limitación en la distribución de la misma en el circuito comercial que hace difícil, pero no imposible, encontrarla en las librerías habituales.


miércoles, 19 de agosto de 2009

“UNA FAMILIA DE BANDIDOS EN 1793” de Marie Saint Hermine (Jean Charruau)

Si bien es cierto que en numerosas ocasiones hemos echado en falta, desde estas páginas, la publicación en castellano de obras literarias que recogieran otra visión diferente de la Revolución Francesa y de sus consecuencias, hoy tenemos que reseñar la publicación por la editorial Gaudete de “Una Familia de Bandidos en 1763” de Jean Charruau.

“Una Familia de Bandidos en 1763”, que tiene el subtítulo de “Memorias de una Abuela”, recoge las memorias que Marie de Saint Hermine escribió exclusivamente dirigidas a sus dos nietos con una clara intención pedagógica y didáctica. Estas memorias fueron conservadas, recopiladas y finalmente publicadas en Francia por primera vez a finales del Siglo XIX por el padre Jesuita Jean Charruau, cuando al parecer ya no quedaban descendientes directos de la familia protagonista, constituyendo desde su primera edición un importante éxito editorial publicándose todavía hoy prácticamente una nueva edición cada año en Francia.

La obra recoge la historia de la familia Serant y describe muy pormenorizadamente como era la vida rural en la Vendee antes del terror y en los primeros momentos de la Revolución Francesa, dando a conocer como fue una sucesión de provocaciones, tal vez muy bien meditadas, las que produjeron el levantamiento popular de todos aquellos campesinos que terminarían constituyendo el “Ejército Católico y Real”. Así en “Una Familia de Bandidos en 1763” se narra como el asesinato del rey Luís XVI y la expulsión de los sacerdotes que no aceptaron la constitución civil del clero se considero por parte de los campesinos católicos una muy grave provocación de la Convención pero no fue respondida nada más que con la negativa a asistir a los actos convocados por el sacerdote impuesto en la parroquia por la autoridad civil y con la organización en lo más profundo de los bosques de misas clandestinas impartidas por sacerdotes no juramentados que eran perseguidos por las autoridades y escondidos por los campesinos. La última provocación, la gota que colma el baso y que da lugar a la insurrección popular de Vendee y Bretaña fue la “Leva de trescientos mil hombres” ordenada por el gobierno revolucionario, que hizo que los campesinos cogieran sus escopetas y sus güadañas y fueran a buscar a los nobles rurales para que se pusieran a su frente dirigiendo el gran ejército popular que fue el “Ejército Católico y Real”.

Igualmente “Una Familia de Bandidos en 1763” da cumplida cuenta de los medios criminales empleados por los que decían desear la Libertad, Igualdad y Fraternidad para acabar con la resistencia popular mencionando la utilización de los primeros instrumentos de asesinato masivos que conoce la historia y que se forjaron a la luz de las ideas revolucionarias, cuales fueron los barcos con válvulas pensados para ahogar a cientos de personas en los ríos.

La edición de “Una Familia de Bandidos en 1763” que presenta por primera vez en España la editorial Gaudete ofrece una magnífica traducción de la obra que hace que su lectura no sea difícil además de resultar muy amena por el estilo empleado por la autora que hace que se lea con la rapidez y el disfrute con el que se lee una novela de aventuras a pesar de tratarse de unas memorias de relevancia histórica sin igual. Tan solo una queja se puede dar sobre la edición y es la traducción del nombre propio del autor, “Jean”, que aparece como “Juan” ya que consideramos que los nombres propios no deben traducirse jamás. Salvo esta insignificante objeción aplaudimos la publicación en España de esta obra y recomendamos a todos su lectura.



jueves, 16 de abril de 2009

UN ESCRITOR BRETÓN: PAUL FÉVAL

La literatura de aventuras y misterio del siglo XIX parece monopolizada por Alejandro Dumas padre cuya prolífica producción hizo que otros autores no menos merecedores de contarse entre los miembros del Parnaso literario pasaran a ser considerados autores de segunda línea. Tal es el caso de Paul Henrí Corentín Féval, cuya obra es conocida fundamentalmente por las innumerables adaptaciones cinematográficas que de la misma se han realizado tanto en Europa como en América pasando el autor a ser desconocido, como P.C. Wren, ante la fama de sus historias.


Paul Henrí Corentín Féval, más conocido como Paul Féval, nombre este con el que firmaba sus obras; nació en Rennes (Bretaña) el 29 de Septiembre de 1817 y falleció en París el 8 de Marzo de 1887. Su origen Bretón determinó en gran medida el contenido de su obra situando gran número de sus novelas en Bretaña e inspirándolas en cuentos e historias bretonas aunque no se pueda decir que se limitó a hacer una recopilación del folklore de su tierra ciertamente existe una reivindicación en su obra de las libertades y tradiciones bretonas, siendo la más expresiva en este sentido su novela “El Lobo Blanco” en la que, a través de la historia de una venganza familiar, se hace una apasionada defensa del Privilegio Bretón de 1583 mediante el personaje del viejo Trammelays quien en un acto de sublime amor a la patria decide retar en singular combate al Regente de Francia dejando frases inolvidables para ser citadas o recordadas en momentos oportunos (1).


Féval se traslada desde su Bretaña natal a Paris en 1836 cultivando sobre todo el género de la novela por entregas o el folletín tan en boga a mediados del Siglo XIX. Las originales historias contenidas en las novelas de Paul Féval hacen que se le pueda considerar como uno de los precursores de la novela gótica con obras como “La Vampira” o “La Ciudad de los Vampiros”. Igualmente es precursor del Género Negro con la serie criminal “Los Hábitos Negros” cuya redacción ocupara doce años de la vida del autor y con la aparición de su novela “Jean Diable”, surgirá el moderno investigador policial en la literatura.


No obstante, las novelas más conocidas de Féval son sin duda la trilogía de “El Jorobado” (integrada por las novelas: “El Juramento de Lagardere”, “Aurora de Nevers” y “El Jorobado”) en las que el protagonista, el espadachín Enrique de Lagardere pasa de ser una espada de alquiler a caballeroso defensor de los derechos de Aurora, hija del Conde de Nevers, a quién su tío pretende arrebatarla sus propiedades y “Los Misterios de Londres” en la que acude a la fantasía y al misterio para reflejar la lucha de Irlanda contra la opresión británica.


Hoy en día, Paúl Féval es autor muy reconocido en su ciudad natal de Rennes donde tiene erigido un bello monumento aunque en España difícilmente se encuentran obras suyas traducidas al castellano, pudiéndose encontrar actualmente tan solo “El Jorobado”, publicada por la Editorial Anaya y “La Ciudad de los Vampiros”, publicada por la editorial Valdemar.





(1) Resulta muy característico en las novelas de Paul Féval la nserción de frases o axiomas que con rotundidad y belleza son capaces de reflejar toda una filosofía. Como ejemplo mencionaremos las siguientes:


“Cuando los insultos vienen de tan bajo, se pierden por el camino y no llegan a los oídos” en “El Lobo Blanco”.


“Doy Gracias a Dios por haber perdido la cabeza ahí donde mis iguales han perdido el corazón” en “El Lobo Blanco”


“Tal vez llegue a ser preciso renegar de los padres en beneficio de los abuelos”, también en “El Lobo Blanco”.


“Si no vas a Lagardere, Lagardere ira a ti” en la trilogía de “El Jorobado”


miércoles, 8 de abril de 2009

“EL CONDE DE CHANTELAINE” por Julio Verne


El escritor francés Jules Gabriel Verne, conocido en los países de habla hispana como Julio Verne, sin duda debe su fama literaria por ser, junto al británico H.G. Wells, uno de los principales precursores de la literatura de Ciencia Ficción con novelas como “Veinte mil Leguas de Viaje Submarino”, “Robur el Conquistador”, “Viaje al Centro de la Tierra” y otras muchas más (hasta un total de cincuenta y cuatro obras publicadas durante su vida) agrupadas bajo el epígrafe genérico de “Viajes Extraordinarios”.


No obstante, si bien es cierto que en la producción novelística de Julio Verne priman las novelas de viajes, aventuras, ciencia y tecnología no es menos cierto que también cultivó, aunque con mucha menos intensidad, el género de la novela histórica sobre todo mediante narraciones cortas clasificadas como “Cuentos” y que están integrados por unas veinte obras entre las que se encuentran “Los Amotinados de la Bounty”, “El Sitio de Roma” y, la que ahora nos ocupa, “El Conde de Chanteleine”.

“El Conde de Chanteleine”, que lleva el subtitulo de “Un Episodio de la Revolución”, es una narración breve y entretenida en la que la historia de la Guerra de la Vendee sirve más que de trasfondo a unos personajes cuyas peripecias parecen más una justificación del autor para hilar la narración que el objeto de la misma, pareciendo ser su verdadera intención narrar los hechos objetivos de aquella “guerra de gigantes” como sería calificada por Napoleón.

El protagonista principal del cuento es el Conde de Chanteleine, aristócrata bretón que tras los excesos de la Revolución, abandona la comodidad de su hogar para unirse al Ejército Católico y Real que se ha levantado en Vendee y Bretaña contra la Convención Francesa. Tras sufrir una grave derrota, el Conde de Chanteleine, acompañado de su fiel servidor Kerman, abandona la lucha para ir a socorrer a su esposa e hija, las cuales son víctimas de la envidia vengativa de un antiguo servidor del conde llamado Kerval. Al llegar a su hogar el protagonista descubre que su esposa ha muerto asesinada y que su hija esta presa en espera de ser guillotinada y a partir de ahí se inicia una serie de relaciones con otros personajes que concluirá con un final totalmente inesperado.

Lo novedoso de este cuento, en comparación con otras narraciones clásicas sobre la Revolución Francesa como “Los Chouanes” de Balzac o “Noventa y Tres” de Victor Hugo, es que el autor, Julio Verne, toma partido claramente a favor de la causa monárquica y en contra de la Revolución describiendo con crudeza los actos de violencia y represalia cometidos por las Columnas Infernales enviadas a Vendee y Bretaña por los revolucionarios y enumerando con exactitud los medios de represión utilizados por éstos como la tala indiscriminada de bosques, la destrucción de molinos y la utilización de barcos con válvulas pensados para la ejecución masiva de prisioneros por medio de su ahogamiento en los ríos, llegando incluso a sugerirse que el Gobierno de la Convención habría pensado en utilizar la fumigación tóxica de estos dos territorios franceses en lo que habría sido la primera utilización de armas de destrucción masiva en una guerra. Igualmente Julio Verne dedica una parte importante de “El Conde de Chanteleine” a describir la situación de la Iglesia Católica durante el periodo revolucionario y las duras circunstancias en las que el clero no juramentado se veía obligado a impartir los sacramentos llegando a reproducir textualmente en este cuento el contenido de la Ley de Sospechosos por la cual pasaban a estar bajo sospecha:

“1º. Todos aquellos que, ya sea por su conducta, ya por sus relaciones, ya por sus palabras o ya por sus escritos, se hayan mostrado partidarios de la tiranía (hay que entenderse de la monarquía), del federalismo y enemigos de la libertad.
2º. Aquellos que no puedan justificar su manera de vivir o sus derechos cívicos.
3º. Aquellos a quienes se les haya negado el certificado de civismo.
4º. Los funcionarios públicos que hayan sido destituídos de sus empleos, o suspendidos de sus funciones.
5º. Aquellos exnobles, así como los maridos, mujeres, madres, hijos e hijas, hermanos o hermanas y agentes o emisarios de emigrados que no hayan manifestado constantemente su adhesión a la Revolución”.

“El Conde de Chanteleine” no ha sido editado en España desde hace muchos años, existiendo una edición adaptada por la editorial Bruguer para la colección “Joyas Literarias Juveniles”. Aún así, esta obra de Julio Verne puede leerse en la dirección http://www.geocities.com/conde_chanteleine/chanteleine1.htm en una muy buena edición a cargo de don Cristian Tello.

Julio Verne, nació en Nantes (Francia) el 8 de Febrero de 1828 y falleció en Amiens (Francia) el 24 de Marzo de 1905, siendo muchas de sus obras premonitorias de lo que hoy son usuales medios técnicos y conocidos descubrimientos científicos.

viernes, 20 de marzo de 2009

ESTE AÑO 2009: TAMBIÉN LARRA

Como este es un país de conmemoraciones, que cuando no conmemora los veinticinco años de algo es porque esta conmemorando los cincuenta o, mejor aún, los cien, es de justicia indicar que este año 2009 además de ser el año de Darwin es también el año del bicentenario del nacimiento de Mariano José de Larra, quien precisamente en este mes de Marzo, en su día 24, hará doscientos años de su venida al mundo.


Mariano José de Larra, fue hijo de un médico josefino, es decir de un afrancesado partidario de José Bonaparte que tuvo que partir al exilio junto con su familia siguiendo a los ejércitos franceses tras la derrota de Napoleón en la Península Ibérica. En Francia, concretamente en Burdeos y en París, pasó Mariano José de Larra cinco años de su infancia para volver a España en 1818 agraciado por la amnistía otorgada por el desgraciado (para los españoles) Fernando VII.


Después de terminar sus estudios en 1827, ingresa en los Voluntarios Realistas, aunque ya en esa época empieza a cultivar la poesía y la sátira convirtiéndose pocos años más tarde en el primer periodista español del Siglo XIX.


Sus artículos periodísticos publicados bajo el pseudónimo de Fígaro en el periódico “El Pobrecito Hablador” y en “La Revista Española” son de contenido diverso y abarcan desde la crítica literaria a la crítica política y social, pudiéndose considerar precisamente estos últimos, como precursores del regeneracionismo que a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, sería el ideario aglutinante de la Generación del 98.


En sus artículos de crítica política acude Larra a cuadros costumbristas para denunciar, con cierta ironía y buen sentido del humor, los males que atenazan al país siendo de sobra conocidos los artículos “Vuelva Usted Mañana”, “El Castellano Viejo” y “Los Calaveras” en los que refleja el espíritu de todo un pueblo sin pulso y caracterizado entonces, prácticamente al igual que hoy, por la finalidad vital de conseguir introducirse en la burocracia funcionarial del estado para vivir con el menor esfuerzo y la mayor estabilidad posible, por la vulgaridad y el patriotismo grosero y la vida alegre, frívola y carente de responsabilidad.


Este profundo dolor por España que Larra muestra en sus artículos políticos hizo que muchos representantes de la Generación del 98, entre los que se encontraban Azorín, Baroja y Unamuno, se sintieran identificados con él depositando en 1908 una corona de flores ante su tumba como muestra de sentido homenaje.


Larra sufrió durante su vida literaria los golpes de la censura y la carencia de la libertad de expresión viendo prohibida en 1834 su pieza dramática “Macias” a pesar de mostrarse leal servidor de la causa de Maria Cristina, viuda de Fernando VII y posterior señora de Muñoz, a la que prestó grandes servicios con su pluma atacando duramente a don Carlos V y al Carlismo, siendo curioso que no fueron éstos quienes le mostraron desprecio ni quienes, en último extremo, le llevaron a la muerte y siendo muy posible y paradojico que hubieran sido los únicos capaces de cambiar el rumbo de la política y de la sociedad española para evitar que se encallase en la oligarquía y en el caciquismo como la forma de gobierno denunciada por Joaquín Costa en su obra homónima y, que de una forma u otra, subsiste en nuestros días.


La muerte de Larra por su propia mano, la noche del 13 de Febrero de 1837, en la calle Santa Clara, número 3 de Madrid se ha atribuido a razones amorosas e incluso al terror que sentía el literato ante la proximidad del general carlista Ramón Cabrera que en esas fechas se encontraba con su ejército en Vallecas amenazando con tomar la capital, pero muy posiblemente la causa de su suicidio se deba a su creciente desaliento y a su inconformidad ante el curso de la sociedad y de la política españolas que lamentablemente no ha variado en estos doscientos años.

domingo, 22 de febrero de 2009

INTELECTUALES de PAUL JOHNSON

La Editorial Homo Legens, perteneciente al grupo mediático ínter economía, ha publicado recientemente las dos más importantes obras, al menos considerando el numero de ejemplares vendidos, del periodista británico Paul Johnson: “Tiempos Modernos” e “Intelectuales”.


“Intelectuales” de Johnson es el típico ensayo de crítica literaria y filosófica que retoma la técnica empleada por Papini en sus magníficas obras “Juicio Universal” y “El Ocaso de los Filósofos” de tomar por objeto autores o filósofos concretos e ir desmenuzando el contenido de sus teorías hasta poner de manifiesto las graves contradicciones contenidas en ellas. No obstante, “Intelectuales” de Paul Johnson tiene fundamentalmente por objeto cuestionar el compromiso de los intelectuales con la política, reproduciendo para ello las biografías de doce intelectuales muy conocidos en ambientes progresistas (desde Rosseau hasta Lilian Hellman, pasando por Marx, Ibsen, Brecht, Hemingway, Sastre, Russell y otros) en las que saca a relucir las contradicciones existentes entre las teorías defendidas por cada uno de ellos con su vida personal, rebajándose en multitud de ocasiones y a lo largo de todo el ensayo a detalles de alcoba mucho más propios de la prensa del corazón que de un ensayo serio. Así, por ejemplo, se revela la contradicción del feminismo teórico que muchos de los intelectuales analizados proclamaban en sus obras con las actitudes claramente machistas que ponían en práctica en su vida personal y de las que eran víctimas multitud de amantes.


La intención de Johnson al escribir sus “Intelectuales” no es realmente criticar a los intelectuales comprometidos con la acción política, sino solo atacar a los intelectuales comprometidos con una (supuesta o real) política de izquierdas ignorando deliberadamente a otros intelectuales comprometidos con la derecha y que también presentan graves contradicciones entre sus teorías y sus vidas privadas. Posiblemente Johnson, como intelectual que también es, pretende ocultar a sus lectores el hecho irrefutablemente cierto de que en la mayoría de los casos el intelectual, al que él pretende denostar en su libro, no crea nada, sino que simplemente actúa como un “brujo de tribu”, tan numerosos en los tiempos de crisis, que tras analizar minuciosamente los deseos y necesidades de las sociedades en las que viven actúan como las Hetairas de todos los tiempos ofreciendo teorías capaces a la vez de satisfacer las necesidades metafísicas de la colectividad y de engrosar su propia economía particular.


De los trece capítulos en qué se divide el ensayo de Johnson, el único que realmente vale la pena de todos ellos y en el que expone algo digno de interés es el último, en el cual, dando la razón a lo expuesto en el párrafo anterior de que la verdadera finalidad del intelectual de toda tendencia es permanecer en la cresta de la ola y acrecentar su ego; detecta una actual tendencia en los intelectuales de abandonar las reivindicaciones sociales y económicas de la clase trabajadora para asumir la defensa de una “sociedad permisiva”, modelo de sociedad también defendido en el presente por los intelectuales considerados “conservadores” (extremo éste que se oculta en toda la obra); elevando a carácter académico y a la categoría de discusión doctrinal la plagiada teoría defendida con mayor claridad, concisión y sinceridad por Aleister Crowley hace ya más de setenta años en su obra “El Libro de la Ley” y que se resume en el axioma: “Haz lo que tu quieras, será el todo de la ley”.

martes, 27 de enero de 2009

P.C. WREN UN AUTOR DESCONOCIDAMENTE FAMOSO


Si actualmente, en estos tiempos en los que la formación humanística en general y la literaria en particular se encuentran en franca decadencia, preguntásemos a cualquiera ¿Quién fue Percival Christopher Wren? es seguro que a nadie le sonaría tal nombre.

En cambio, fue P.C. Wren el típico autor literario cuyas obras se leen, son aplaudidas y los títulos de las mismas permanecen imborrables en la memoria llegando a eclipsar totalmente el nombre de su autor, pues es seguro que la mayoría ha leído o ha oído hablar de “Beau Geste” y precisamente el autor de “Beau Geste” fue P.C. Wren.

Percival Christopher Wren, nacido en Devonshire (Gran Bretaña) en 1885 y descendiente de un famoso arquitecto inglés del Siglo XVII fue el típico británico victoriano, de enorme formación cultural y académica obtenida en las aulas de Oxford, viajero incansable y, al igual que otros victorianos ilustres como Sir James Brooke y el general Gordon, amante de aventuras guerreras. Fue precisamente ese amor por la aventura el que le llevo a ingresar en el ejército británico primero y a alistarse en la Legión Extranjera Francesa después siendo esta última experiencia la que de forma determinante marcaría la temática de su obra literaria pues de ocho novelas escritas, seis están, directa o indirectamente, inspiradas en la Legión Extranjera.

Sin lugar a dudas, aunque es curioso, su novela más famosa fue “Beau Geste” publicada en 1924 y llevada al cine en tres ocasiones (la primera vez en 1926, tan solo dos años después de su publicación lo que ya es indicativo del enorme éxito de la novela, la segunda vez en 1939 y la última en 1966). “Beau Geste” es en realidad, y de ahí lo curioso que resulta que prácticamente se hable de ella en exclusiva, la primera novela de una trilogía integrada también por “Beau Sabreur” y “Beau Ideal”, siendo imprescindible la lectura de las tres novelas para lograr desenmarañar la trama enigmática que envuelve a la narración y a todos los personajes y que mantiene al lector en constante atención pues, poco a poco, se puede ir averiguando el desenlace.

Siendo la típica novela de aventuras del periodo de entreguerras al igual que lo fueron “La Bandera” de Pierre Mac Orlan o “Bajo dos Banderas”, “Beau Geste” las supera a todas por ser capaz de mantener el suspense hasta el final de la trilogía, por la descripción de unos escenarios muy vivos y de gran realismo y por el acento humano que pone P.C. Wren en todos los capítulos en los que refleja la vida de loa legionarios en el duro marco del desierto africano.

Si bien es cierto que “Beau Geste” es más conocida por la magnifica película dirigida por William A. Wellman en 1939 y protagonizada por Gary Cooper y Ray Milland, lo cierto es que todas las adaptaciones cinematográficas de esta novela se centran en las aventuras que se desarrollan dentro del ambiente de la Legión pasando muy por encima por el verdadero centro de la obra que es la trama de intriga y suspense que la rodea, por lo que solo la lectura de la novela y, más aún, de la trilogía completa permiten descubrir el final magnífico e inesperado de todos y cada uno de los protagonistas siendo muy tentador el desvelarlo aquí mismo, más… simplemente apuntare dos cuestiones ¿Quién mantuvo en pie los cuerpos de los legionarios muertos en Zinderneuf? ¿Cuál fue la causa del robo que anima a los tres hermanos a alistarse en la Legión Extranjera?. Solo la lectura contestara a estas preguntas y asombrara al lector con un final tan excelente como inesperado.

Percival Christopher Wren (P.C. Wren) falleció en Londres en 1941 tras casi treinta años dedicado a la producción literaria siendo muy influenciado por autores como H. Ridder Haggar, autor de “Las Minas del Rey Salomón” y creador del personaje Alan Quatermain.

viernes, 9 de enero de 2009

“IMPERO” de GORE VIDAL

Que Estados Unidos de América es un imperio es un hecho que ya nadie discute, pero ¿En qué momento se convirtió en tal imperio? Esta es la pregunta a la que da exitosa respuesta la novela histórica escrita en 1984 por Gore Vidal (nacido en West Point, New York, el 3 de Octubre de 1925) titulada “Imperio” y publicada en España por la editorial Edhasa.

Si para unos el imperialismo norteamericano comenzó con la llamada “Conquista del Oeste” y para otros con la intervención en la II Guerra Mundial, la tesis mantenida por Gore Vidal en su novela “Imperio” es que comenzó en 1898 con la victoria sobre España en la Guerra Hispano-Norteamericana.

“Impero” es una novela histórica, magníficamente escrita y ambientada que refleja fielmente a los Estados Unidos y a la sociedad norteamericana de finales del Siglo XIX y principios del XX a través de diversos personajes históricos como William Randolph Hearst, J. P. Morgan o el presidente Theodore Roosvelt. La novela comienza con el gran impacto político y el patrioterismo que despertó entre los norteamericanos la rápida y aplastante victoria sobre España en la que se denomina “la guerrita maravillosa” de 1898 con la incorporación de territorios como Filipinas, Puerto Rico, Guam y la propia isla de Cuba así como el desarrollo, casi compulsivo, en la política norteamericana de un afán expansionista que, de forma inmediata, le lleva a anexionarse el archipiélago de Hawai, a bombardear, junto con la flota Alemana, la ciudad de Apia en la Isla de Samoa, a intervenir en Centro América apoyando la independencia de Panamá para favorecer la construcción del canal y a intervenir en el Lejano Oriente pensándose primero en declarar la guerra a Rusia con motivo del pogromo de Kishinev en 1903 y finalmente apoyando el expansionismo japonés que originó la guerra Ruso-Japonesa de 1904 a 1905 e intermediando tan activa y favorablemente a los intereses japoneses en la finalización de dicha guerra que le valieron al Presidente Norteamericano, Theodore Roosvelt, el Premio Nobel de la Paz de 1906.

“Imperio” pone de manifiesto la “Doble Moral” siempre presente en la política norteamericana a través del puritanismo de los personajes masculinos secundarios, la gazmoñería en los personajes femeninos y el maquiavelismo en los personajes políticos y mercantilistas históricos descritos en la obra.

Igualmente, en la novela de Vidal se mencionan episodios que, por poco conocidos, no dejan de ser ciertos como la intención de Hearts de provocar, como en su momento hizo con España, una guerra con Francia que la llevase a perder sus posesiones en el Caribe a favor de los Estados Unidos con motivo del caso Dreyfus y el pensamiento de Theodore Roosvelt de declarar la guerra a Rusia.

No se puede negar que “Imperio” de Gore Vidal es digno heredero de la obra crítica contra el imperialismo norteamericano de Mark Twain inspirándose en muchos episodios, sobre todo en lo referente a la biografía de William Randolph Hearts, en la obra de Jack London “El Talón de Hierro” e igualmente es innegable que “Imperio” inspiró en su momento la novela histórica “1898” del español Vidal Manzanares. En cualquier caso la lectura de “Imperio” es imprescindible para aquellos que quieran informarse de lo que realmente se cuece en la política exterior norteamericana así del modo como funcionan los grupos de intereses o “lobbies” que regulan la gran democracia anglo-sajona.

sábado, 1 de noviembre de 2008

JUAN VAN HALEN: EL TRIPLE TRAIDOR

Con el ya cansino motivo del bicentenario de la Guerra de la Independencia y como era de esperar han proliferado las reediciones ediciones de conocidas y clásicas obras sobre la historia de aquellos acontecimientos como “Los Episodios Nacionales” de Galdós o “Historia del Levantamiento de España” del Conde de Toreno, pero también se han publicado otras obras biográficas o autobiográficas de personajes decimonónicos con motivo de presentarlos al gran público como paladines de la nación y de la libertad. Dentro de tal marco pseudos propagandístico y hagiográfico se ha de enmarcar la publicación de las “Memorias” del general Juan Van Halen por la editorial Devenir de Madrid.

Aunque la edición de las “Memorias” de Van Halen que presenta la editorial es extremadamente cuidada rozando el lujo de las antiguas joyas bibliográficas no deja de ser lamentable el sacrificio del más pequeño e insignificante de los árboles para dar a conocer las “Memorias” de semejante personaje.

Fue Juan Van Halen un espadón de segunda fila de entre los muchos que nos proporcionó el Siglo XIX español y cuyo aura de liberal defensor de la Constitución de Cádiz le valieron la fama y la fortuna en el pasado y el reconocimiento en el presente siendo todo ello tan inmerecido como injusto.

Juan Van Halen (1788-1864) nacido en Cádiz en el seno de una acomodada familia de origen holandés cursó estudios militares de los que se graduó como guardiamarina de la Armada Española en 1803 tomando parte, dos años más tarde, en la batalla de Trafalgar como subrigadier en la fragata Magdalena. El 2 de Mayo de 1808 le sorprende en Madrid, participando activamente en la lucha callejera contra el invasor francés y en la defensa del cuartel de Monteleón donde es herido.

Tras la batalla de Rioseco, se retira con el resto del ejército hacia Galicia recibiendo en El Ferrol el mando del cañonero Estrago con el que apoya la defensa terrestre de la plaza hasta su rendición en Enero de 1809. En esta fecha y apresado por las tropas francesas se le da a elegir entre servir a José Bonaparte o ser fusilado optando el “héroe” de la nación española por la primera opción.

Desde que Juan Van Halen se convierte en “Josefino” (soldado español al servicio de José Bonaparte) no deja de ascender en el ejército enemigo como prueba el hecho de que, nombrado oficial de la Caballería de la Grandee Armee, acude como invitado en París al bautizo del hijo de Napoleón al que llega a conocer en persona y a rendirle pleitesía. Los reveses sucesivos pero no decisivos que sufren los franceses en la Península Ibérica no le apartan de su lealtad al francés siguiendo fiel no se sabe bien si a José Bonaparte o a su equipaje hasta la batalla de Vitoria en 1812. En 1813, cuando la derrota de los ejércitos franceses en España ya es totalmente segura no duda ni un instante en desertar del ejército imperial y en pasarse nuevamente al bando español consiguiendo en 1814 mediante traición la entrega de las plazas ocupadas por los franceses de Lérida, Mequinenza y Monzón.

Tras la guerra de la independencia y seguramente por la mala imagen que debió dar su actitud tan voluble durante la misma no debió lograr los reconocimientos que su desorbitado ego requería y mostrándose una vez más como un soldado de fortuna, tras la fortuna recorrió el mundo, yendo en 1819 a engrosar las filas del muy amigo de las libertades ejército imperial ruso donde alcanza el grado de Teniente General durante la campaña sostenida contra los tártaros destacando en la batalla de Joserek (1820) donde es condecorado con las cruces de San Vladimir y San Jorge. En 1821, abandona Rusia y regresa a España donde las posibilidades de enriquecimiento y medro personal que le abre el pronunciamiento de Riego en Cabezas de San Juan el año anterior le evita mostrar su carácter humanista y liberal en la represión de los Decembristas en 1825.

Tal es el hombre, tal es el “héroe” del liberalismo español y tal es el “patriota” Juan Van Halen, un triple traidor que no dudó en traicionar a sus compatriotas que derramaban la sangre frente al francés por salvar su vida para después traicionar a su Rey José I, de quien tantos reconocimientos y favores obtuvo, por seguir conservando sus charreteras para finalmente, no haber dudado en traicionar a sus “hermanos liberales rusos” si el “Autócrata de Todas las Rusias”, Alejandro I, le hubiera concedido unas verstas de terreno y unos cuantos mujiks sobre los que descargar el látigo.

No obstante la vida y los hechos de Juan Van Halen deben conocerse porque su personalidad constituye el prototipo de hombre que lleva doscientos años encarnando y encaramándose en las Instituciones Españolas, sirviéndose del país y de su pueblo para su propio beneficio y que no conoce más nación que su propia persona ni más política que su propia economía.

lunes, 6 de octubre de 2008

“EL GENIO DEL CRISTIANISMO” de CHATEAUBRIAND

Hace más de treinta años que no se publicaba edición alguna en España de “El Genio del Cristianismo”, obra que lanzó definitivamente a la fama literaria a François Rene Chateaubriand (Saint-Malo, Bretaña, 4 de Septiembre del 1768 – París, 4 de Julio de 1848), siendo este año en el que nos encontramos en el que la editorial “Ciudadela Libros”, sumándose a la reivindicación que de la obra del célebre vizconde francés se inició hace tres años con la publicación íntegra de las “Memorias de Ultratumba” por la editorial “Acantilado”, publica nuevamente esta obra cumbre del romanticismo teniendo como base la primera edición en francés publicada en 1802 y que, a diferencia de las posteriores, incluía las conocidas novelas cortas y numerosamente publicadas por separado “René” y “Atala”.

Constituye “El Genio del Cristianismo”, no solo una bella composición literaria escrita en prosa que en no pocos momentos roza con la epopeya poética, sino que es además un ensayo, tal vez menos científico que hermoso, tendente a ensalzar la religión cristiana como única y verdadera fe y a ponerla en conexión con todas las manifestaciones estéticas del mundo y los avances de la humanidad que no habrían existido de no haber tenido inspiración y fundamento cristiano, llegando a afirmar el autor que “únicamente el cristianismo explica el progreso en las Letras y en las Artes”.

Aunque “El Genio del Cristianismo” esta escrito por su autor con el corazón no por ello se aleja del rigor científico y filosófico que hace muy posible que esta obra sea la más apasionada, efectiva y razonada defensa del cristianismo en general y del catolicismo en particular que se haya escrito nunca pues, a diferencia de otras apologías religiosas, esta obra de Chateaubriand se dirige más bien a convencer a los enemigos de la cristiandad que a deleitar a los convencidos feligreses de una parroquia, señalando desde el mismo comienzo de la obra que “La fe cristiana ha tenido tres tipos de enemigos desde su feliz aparición en la tierra: los heresiarcas, los sofistas y aquellos hombres que todo lo destruyen con la terrible arma de la risa y de los tres, éstos últimos son los más peligrosos”, pareciendo, a lo largo de sus páginas, que el objetivo concreto del autor es neutralizar la obra destructora de los frívolos que de todo hacen burlas y sornas, razonando y poniendo de manifiesto los logros materiales y reales de la religión cristiana.

“El Genio del Cristianismo” de Chateaubriand supuso tras su publicación en Francia en 1802 el comienzo de una renovación del catolicismo que encontró en esta obra inspiración y fundamento para elaborar teorías sociales, culturales y políticas que, basadas en la fe católica, sirvieran para reorganizar de una forma más justa las sociedades europeas gravemente alteradas por el ateísmo y el anticlericalismo difundido por la Revolución Francesa por lo que esta obra puede considerarse como la primera elaboración doctrinal del catolicismo político y social influyendo notablemente en autores como Dom Guéranger, Lamennais y, por supuesto, en todo el movimiento de los sociólogos católicos encabezados por De La Tour Du Pin y Le Play.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

EL PROBLEMA DEL RELATIVISMO

El relativismo que surgió como una corriente filosófica animadora de discusiones de salón y que no habría tenido más trascendencia que la “ciencia magnética” del doctor Mesner si no hubiera sido por la fundamentación que en tal doctrina viene practicando el derecho y la política europea y, por tanto también la moral, desde la Revolución Francesa de 1789 se ha convertido hoy en la causa y justificación de la doble moral de las altas esferas económico-políticas que dirigen el mundo, en la idiocia que impregna el quehacer diario de las instituciones públicas y en la degeneración de las sociedades occidentales.

El relativismo mantiene que no existen verdades objetivas, ni absolutas, ni universalmente válidas por lo que todo depende de condiciones o contextos subjetivos de individuos y colectividades, haciendo que lo que es válido y verdadero para unos no lo sea para otros y aún más, pues añadiendo la variable cronológica, hace que lo que es válido y verdadero para un grupo humano en un momento determinado pueda no serlo para ese mismo grupo unas décadas después.

Este relativismo que se ha ido imponiendo poco a poco y progresivamente a las sociedades a través de la política y de la legislación so pretexto de amparar y promover la libertad de pensamiento y de expresión ha llegado en los últimos años a su aberrante perfección última que no es más que la perniciosa relativización del mal.

Si existe un concepto absoluto a lo largo de toda la historia de la humanidad, ese es el concepto del mal con el que no cabe transigir. Si el concepto del bien puede admitir discusión y polémica, no ocurre lo mismo con el concepto del mal; así, por ejemplo, el hecho de dar unas monedas a un mendigo que se nos acerca con un niño en los brazos puede generar la discusión de si se ha hecho bien o mal, si se ha favorecido o perjudicado a ese mendigo y a ese niño, pero si por el contrario, se rechaza a ese mendigo y se le golpea violenta y salvajemente, no cabe duda ni discusión: se le ha hecho un mal.

En la práctica, el relativismo hace que todo cambie a una velocidad de vértigo, que no exista principio alguno inmutable y por tanto lleva a las sociedades a la total neutralidad y pasividad al no existir referentes fijos que permitan diferenciar con rotundidad entre el bien y el mal, pues lo que hoy esta bien y es bueno mañana puede ser malo y estar mal o viceversa.

No hay problema en el mundo presente, por pequeño que sea, que no emane de la teoría y de la práctica relativista que justifica el empleo de cualquier medio para la obtención de cualquier finalidad pues la bondad o maldad de medios y fines siempre es relativa. La propia historia del pasado siglo nos demuestra que quienes fueron criminales en un momento determinado pasaron a ser héroes e incluso Jefes de Estado en otro momento posterior obviando los actos repulsivamente criminales que cometieron y que los que, con la legalidad del momento, persiguieron los actos criminales con los instrumentos que la ley les permitía pasaron a ser perseguidos como delincuentes.

Pocos son los que escapan al relativismo triunfante más que imperante, incluso la Iglesia Católica, manifestándose a través del Papa Benedicto XVI contra tal corriente no queda al margen de la contaminación relativista como prueba el hecho de que la posición respecto al aborto que mantiene la Iglesia Católica Española (que, recordemos, se encuentra sometida jerárquica y magistralmente al Papa de Roma) sea relativamente más o menos agresiva (pero jamás contundente) dependiendo de los gobiernos que estén en el poder.

Al relativismo solo se le puede combatir con ideas claras, coherentes, perseverantes y sobre todo con una total intransigencia con las desviaciones perversas que excluya el principio del “mal menor” y una férrea disciplina de grupo que arroje fuera de sus filas, sin contemplaciones ni remordimientos, a los que muestren veleidades relativistas. Sépanlo quien tenga que saberlo que transigir con la filosofía relativista y con sus realizaciones es caer en el relativismo mismo.

sábado, 19 de julio de 2008

HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA por Jules Michelet

Sorprendentemente y contradiciendo mis reiteradas y ya publicas opiniones sobre la extraña y rara política editorial, tendente siempre a editar como completas obras en extracto o empezar a publicarlas por el último volumen haciendo esperar al lector un año o quizás más a que aparezca la ansiada continuación, la editorial Ikusager de Vitoria ha editado en colaboración con la Fundación Pablo Iglesias y en tres volúmenes perfectamente editados y presentados la célebre obra del historiador, panfletista y sociólogo francés Jules Michelet “Historia de la Revolución Francesa”.

La edición que ofrece en el presente la editorial Ikusager, reproduce la primera edición en español preparada y traducida por Vicente Blasco Ibáñez, entre los años 1898 y 1900, para la editorial valenciana “Biblioteca Popular” y al igual que ésta se encuentra amenizada con ilustraciones de gran calidad a cargo de Daniel Urrabieta Vierge, fiel discípulo de Gustavo Doré cuyo estilo informa todos los bellos grabados que aparecen en la obra.

“Historia de la Revolución Francesa”, fue escrita por Jules Michelet entre los años 1848 y 1852 y siendo una obra perfectamente documentada, ya que su autor gozó del privilegio de escribirla mientras estuvo a cargo de los Archivos Nacionales en París; resulta necesaria y justificadamente extensa (posee casi tres mil páginas) pero su estilo, sin duda copiado o inspirado del que su antagonista, el también historiador francés Jacques Crétineau-Joly, desarrollase en su “Historia de la Vendee Militar”, la aleja del aburrimiento científico para acercarla a la agilidad de exposición novelada sin apartarse en ningún caso del rigor que ha de mostrar toda obra histórica, haciendo que esta obra de Michelet sea la fuente documental principal de la novela histórica que, ambientada en el periodo de la Revolución Francesa, se escribe actualmente.

La edición presentada por la editorial Ikusager se enriquece con la inclusión de un estudio preliminar a cargo del propio Vicente Blasco Ibáñez sobre la vida y obra de Jules Michelet en el que se echa en falta una disertación sobre el paralelismo y la rivalidad que, sin duda debió existir en vida, entre Michelet, historiador liberal, republicano y anticlerical y Crétineau-Joly, historiador, sacerdote, monárquico y antiliberal. Este paralelismo y rivalidad se demuestran, no solo en la temática tratada por ambos autores sino, sobre todo, en la práctica coincidencia cronológica en la publicación de sus respectivas obras. Así por ejemplo parece que la “Historia Religiosa, Política y Literaria de la Compañía de Jesús” publicada por Cretineau-Joly entre los años 1844 y 1846 es la refutación a las teorías vertidas sobre los jesuitas por Michelet en diferentes conferencias pronunciadas a lo largo de 1841 y que la propia “Historia de la Revolución Francesa” es una contestación a la “Historia de la Vendee Militar” publicada por Crétineau en 1842.

Siendo “Historia de la Revolución Francesa” de Jules Michelet una obra interesante, amena y de lectura altamente recomendable es de lamentar que, hasta el momento, ninguna otra editorial española haya publicado alguna de las numerosas obras escritas por Jacques Crétineau-Joly (preferentemente alguna de las dos mencionadas anteriormente o las dos) que permitiera observar a los lectores la rivalidad entre estos dos magnos historiadores franceses del Siglo XIX y disfrutar de dos puntos de vista radicalmente opuestos sobre unos mismos acontecimientos para un mejor enjuiciamiento de la historia contemporánea en sus mismos orígenes.

domingo, 6 de julio de 2008

¿EL CASTELLANO EN PELIGRO?


Recientemente una plataforma de intelectuales ha publicado un manifiesto para que se proteja constitucionalmente la lengua castellana en todas las comunidades autónomas y ha solicitado el mayor número de adhesiones posibles de los ciudadanos con el apoyo de dos importantes periódicos de ámbito nacional como son “El Mundo” y el “ABC”.

Tal manifiesto resulta manifiestamente innecesario, contribuye a la discordia entre los pueblos hispánicos y responde exclusivamente a cierto oportunismo político, pero sobre todo resulta gravemente absurdo si atendemos a la pretendida vocación intelectual de sus redactores porque ¿Realmente corre peligro la lengua castellana de desaparecer en ciertas comunidades autónomas?.

El castellano es una lengua viva que está presente en la literatura española actual (la mayoría de ella, por cierto, publicada por editoriales catalanas y vascas), en los medios de comunicación de masas y en Internet, por tanto es imposible pensar que, por mucho que se reduzca su utilización en las aulas escolares e instituciones públicas, la lengua castellana este en peligro de extinción en determinadas zonas de la geografía española.

La pervivencia o extinción de una lengua, no responde a criterios históricos, legales o políticos, sino que por el contrario es fruto de la voluntad de sus hablantes de continuar hablándola y usándola. La historia nos demuestra que por mucho que se desee reprimir el uso de una lengua, jamás se podrá impedir que se siga utilizando en el seno particular de las familias y jamás se podrá limitar la presencia social de la misma mientras que esté presente en los grandes y modernos medios de comunicación de masas, sobre todo en la televisión, radio e Internet capaces de emitir en esa lengua y de ser recibidas sus emisiones a miles de quilómetros de distancia.

Aun hoy en día, en las zonas italianas del Trentino, Alto Adigio, Venecia y Trieste, incorporadas a Italia hace menos de cien años, está presente en sus respectivas sociedades la lengua alemana que es hablada por la mayoría de sus habitantes. Igualmente ocurre en Croacia y Eslovenia, donde a pesar de ser el serbo-croata la lengua oficial, sigue permaneciendo la utilización del alemán por parte de sus ciudadanos.

Los intelectuales firmantes del manifiesto en defensa del castellano, más bien debieran haber redactado uno en defensa y promoción del bilingüismo. Si bien comúnmente por bilingüismo se entiende que una persona sea capaz de manejar dos idiomas y entenderse en los dos, lingüísticamente hablando, el bilingüismo es la facultad que tiene una persona de hablar, escribir, leer y PENSAR en dos idiomas, por tanto la condición de bilingües la tienen menos personas en el mundo de las que se cree y generalmente son personas que han disfrutado desde la niñez de la posibilidad de utilizar dos lenguas, así por ejemplo en determinadas zonas de Bélgica y en la extinta Yugoslavia sus respectivas poblaciones son totalmente bilingües porque desde la niñez han utilizado indistintamente, al menos dos lenguas (el francés y el flamenco en el caso belga y el serbocroata y el alemán o el magiar en el caso yugoslavo). En sentido estricto y lingüístico, el bilingüismo es una característica muy difícil de alcanzar pero una vez que se alcanza, esta científicamente probado que facilita inmensamente el conocimiento de nuevas lenguas, considerándose en este sentido que las personas que más fácilmente adquieren el conocimiento de lenguas de todo el mundo son los ciudadanos de la extinta Yugoslavia.

Si en algunas comunidades autónomas se pretende marginar al castellano, penalizando su utilización e impidiendo que sus habitantes lo conozcan y lo usen no solo estarán condenados al fracaso de antemano sino que además de estar reproduciendo la tiranía caciquil de los curas en las Islas Filipinas, que se negaron a enseñar el castellano a los filipinos para mantenerlos en la ignorancia; estarán robando a sus habitantes una posibilidad cultural infinitamente beneficiosa, empobreciéndolos y poniéndolos en la senda de la marginalidad y del tercermundismo.

Por su parte, el castellano es una lengua universal, la tercera lengua más hablada en el mundo y, dígase lo que se quiera, goza de muy buena salud y de suficiente protección constitucional al garantizarse el derecho a usarla y la obligación de conocerla (otra cosa es que las leyes no se apliquen por el continuo abandono y deserción de la autoridad que padecemos los españoles) siendo más peligroso para nuestro común idioma, los despropósitos verbales de la ministra de igualdad, doña Bibiana Aído, y los abusos ortográficamente erráticos de la Z del actual señor presidente del gobierno, don José Luís Rodríguez Zapatero, que todas las leyes y reglamentos que tiendan a arrinconarla.

Las lenguas, todas las lenguas, están pensadas para que las personas se comuniquen y se entiendan no para que se utilicen como armas en luchas políticas de oscuros intereses particulares y quién esto no lo quiera o no lo entienda es que tal vez desee dar la razón a aquel liderzuelo fascista cuando afirmaba que “a tiros también se entienden las gentes”.

martes, 24 de junio de 2008

“LOS PROTOCOLOS DE LOS SABIOS DE SIÓN”: ORIGEN, FALSEDAD Y CURIOSIDADES


Hace poco más de un siglo, en 1903, apareció por primera vez un librito de escasa resonancia entonces que bajo el título de “Los protocolos de los Sabios de Sión” describía, en 24 protocolos, las directrices de una pretendida conspiración judía para el completo dominio del mundo y que sirvió para difundir el antisemitismo y justificar el gran Pogrom que tuvo lugar ese año en Rusia contra la comunidad judía y que a punto estuvo de servir de motivo para una guerra entre Estados Unidos y Rusia.

“Los protocolos de los Sabios de Sión” fueron difundidos en Rusia por Sergei Nilus, ideólogo de la “Unión del Pueblo Ruso” organización protofascista y conocida popularmente con el nombre de “La Centuria Negra”, quién afirmó haberlos traducido de las actas originales del Primer Congreso Sionista de Basilea celebrado del 20 al 31 de Agosto de 1897 bajo la presidencia de Theodor Herzl. No obstante, las contradicciones existentes en el texto, donde el mismo presunto autor, un anciano judío, se culpa a sí mismo de los males del mundo y la ausencia total de raíces lingüísticas y culturales judías unido a la investigación que sobre “Los protocolos” desarrollo Philip Graves y que fue publicada en el diario “The Times” los días 16, 17 y 18 de Agosto de 1921 hacen pensar que el texto es una falsificación realizada, ante la grave situación interna del Imperio Ruso, por la “Okrana”, policía política rusa famosa por sus chapuceras y corruptas operaciones de intoxicación y provocación.

Philip Graves en su mencionada investigación publicada con el título “Los orígenes de los Protocolos de los Sabios de Sión”, revela que “Los protocolos” son realmente un plagio del panfleto anti-napoleónico escrito en 1865 por Maurice Joly y titulado “Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu” plagio a su vez de la novela de Eugenio Sue “Los Misterios del Pueblo” en la que se narra una conspiración secreta para el dominio del mundo dirigida, en este caso, por los Jesuitas. Graves llega a poner en manifiesto que más de 160 pasajes de “Los protocolos”, correspondientes al cincuenta por ciento del total de los mismos han sido textualmente copiados de la obra de Joly a los que se les ha añadido otros pasajes igualmente plagiados del capítulo “El Cementerio Judío de Praga y el Consejo de los Representantes de las Doce Tribus de Israel”, contenido en la novela “Biarritz” escrita por Goedzche en 1868 y que también se inspira en la precitada obra de Eugenio Sue.

No obstante de ser una obra muy controvertida cuya falsedad ha sido sobrada y reiteradamente probada, “Los Protocolos de los Sabios de Sión” constituyen la obra cumbre de la literatura antisemita y su difusión no deja de ser constante desde el final de la Primera Guerra Mundial llegando a alcanzar tan solo hasta 1930 cuarenta y tres ediciones en más de veinte lenguas integradas por millones de ejemplares vendidos. Los argumentos de los todavía defensores de la autenticidad del texto y de su autoría judía suelen reducirse a dos:

1º. La negativa rotunda del estado de Israel de hacer públicas las actas del Congreso Sionista de Basilea de 1897, ya que si “los protocolos” no son las actas de dicho congreso, que mejor forma de probarlo que haciéndolas públicas. No obstante la publicidad de las actas del Congreso de Basilea por parte del estado de Israel no serviría para desvirtuar la supuesta autenticidad de “los protocolos” porque sus defensores la continuarían sosteniendo afirmando la falsedad de las actas presentadas por Israel.

2º. La creencia de que los planes referidos en “los protocolos” se vienen cumpliendo progresivamente desde la Revolución Rusa. La confirmación de esta creencia no probaría ni la autenticidad de la obra ni su autoría pues la materialización de los protocolos no sería garantía de que el autor o autores fueran judíos ni siquiera garantizaría que el documento fuera redactado conscientemente como un plan conspirativo a seguir.

La curiosidad fundamental que pesa sobre “Los Protocolos de los Sabios de Sión” es que por su contenido y por los temas en ellos tratados se puede deducir lógicamente que su autor o autores son sobresalientes dominadores de la psicología y sociología de las masas y conocedores de lo que hay que hacer para lograr que las sociedades degeneren y caigan en una esclavitud voluntaria e imperceptible, lo cual no quiere decir gran cosa sobre su concreto autor o autores porque desde principios del Siglo XIX se han publicado numerosos estudios históricos acerca de la caída de las grandes civilizaciones donde se indican las características comunes que presentan todos los procesos de decadencia, los cuales pueden ser fomentados y acelerados al igual que evitados o ralentizados. Así pues, es plausible creer que “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, originariamente elaborados como una obra de ficción para justificar ante el mundo determinados acontecimientos que ocurrían en el interior del Imperio Ruso, hayan sido tomados como modelo a seguir por algún reducido grupo de personas poderosas (no necesariamente judías ni con una concreta creencia religiosa) que los estén poniendo en práctica. En este sentido es de indicar, curiosamente, que un pequeño ensayo de lo contenido en “Los protocolos”, concretamente lo recogido en los protocolos números 9, 13 y 16 relativos a la corrupción de los individuos, al fomento de las diversiones y la educación superficial; fue puesto en práctica durante la ocupación nazi de Polonia por el Gobernador General, Hans Frank, al repartir dinero entre los jóvenes polacos por no ir a la escuela, al favorecer el consumo generalizado de alcohol entre la población así como al propiciar el aborto libre entre las mujeres, todo ello con la intención de degenerar por completo a la población polaca haciendo más fácil el dominio sobre la misma. .

Por todo lo anteriormente expuesto, podemos concluir que “Los protocolos de los Sabios de Sión”, es una obra falsamente atribuida a los judíos, plagio de obras anteriores, alguna de ellas muy conocidas, elaborada en principio con el mero objeto de fomentar y difundir el odio al judío justificando su represión, pero al mismo tiempo es también una obra que, incidiendo en la máxima de que “a los hombres se les gobierna mejor por sus vicios que por sus virtudes”, permite presumir que su autor es un gran conocedor de las debilidades humanas y que es posible que sirva involuntariamente de modelo o inspiración a cualquier grupo fáctico y poco numeroso que desee instaurar un gobierno mundial para su propio beneficio.

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