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martes, 3 de abril de 2012

CHARLES DICKENS, LA CONCIENCIA DEL IMPERIO BRITÁNICO

Dos han sido los escritores que más y mejor han plasmado en la literatura universal la esencia de la época victoriana y del imperio británico: Rudyard Kipling y Charles Dickens. Si bien es cierto que el primero de ellos es el escritor del imperialismo por excelencia, el que canta al imperio y a su (discutible) labor civilizadora por todo el orbe; Dickens, por el contrario, es el que mejor refleja la intrahistoria del pueblo británico, de ese pueblo que nutre la industria inglesa y que sufre la política social del Gobierno de Su Graciosa Majestad.

Charles Dickens, del que precisamente este año se conmemora el bicentenario de su nacimiento al haber nacido el 7 de Febrero de 1812, vino al mundo en Portsmouth en el seno de una familia de clase media que se trasladó a vivir a Londres cuando el pequeño Charles tan solo contaba con nueve años de edad. En la capital del entonces emergente Imperio Británico, la familia de Charles Dickens al completo se instaló a vivir en uno de los suburbios más pobres de la ciudad siendo posiblemente el encarcelamiento del padre, a causa de las deudas contraídas; el decisivo acontecimiento que más influyó en él y en su producción literaria posterior porque durante el tiempo que duró dicho encarcelamiento, el joven Dickens, fue acogido en una institución para huérfanos comenzando a trabajar en una fábrica de betún para zapatos pasando por todo tipo de penurias hasta que en 1827, con quince años de edad, consigue un empleo en un bufete de abogados gracias a su habilidad con la taquigrafía.

A partir de la publicación de “Los papeles póstumos del Club Pickwick”, en Marzo de 1836, comienza la prolífica producción literaria de Dickens quien a lo largo de toda su vida llega a publicar más de cincuenta grandes novelas y narraciones cortas, la inmensa mayoría de ellas de un innegable contenido social aunque también hace alguna incursión en el género de la novela histórica como en el caso de “Historia de Dos Ciudades”.

Las novelas de Dickens son fundamentalmente estudios psico-sociológicos y trabajos de crítica social que perfilan los más dispares tipos humanos existentes en la sociedad victoriana quedando perfectamente descritos tanto los bajos fondos, con su amplia galería de miserables, como una alta sociedad que no esta exenta de canallas que se dedican a los más turbios negocios sirviéndose de los más comunes malhechores entrelazándose todos personajes a lo largo de la acción narrativa (la relación entre las clases altas británicas y los bajos fondos quedarían constatadas años más tarde en el proceso contra Oscar Wilde, donde las dudosas relaciones del Marqués de Queensberry permitieron a éste influir en algunos testimonios prestados contra el genial dramaturgo irlandés).

Igualmente, la obra de Dickens constituye una crítica generalizada a las más diversas instituciones del estado, generando algunas de sus novelas (“Oliver Twist”) acaloradas discusiones en el Parlamento sobre las condiciones de vida en las instituciones de beneficencia británicas, planteando otras (“Tiempos Difíciles”) críticas a la explotación laboral de los mineros británicos y a la política represora ejercida contra ellos y cuestionándose otras (“La Pequeña Dorrit”) determinadas leyes como la que establecía la prisión por deudas.

A pesar de la crítica a las instituciones sociales y políticas inglesas, Charles Dickens culpa principalmente de todos los males humanos a la carencia de valores morales o éticos en personas individuales incidiendo más en la crítica de determinadas conductas personales que en la existencia de ciertas prácticas políticas. Así por ejemplo, son constantes en toda la producción literaria de Dickens los personajes del usurero, del agiotista, del interesado, del propietario sin escrúpulos o del delincuente organizado, apareciendo en contraposición a todos ellos la figura del honrado oficinista, del modesto comerciante o del desvalido huérfano, que son siempre justamente socorridos por el “Gentleman”. Y es que Dickens es el escritor del “Gentleman”, del hombre gentil, que con su bonhomía, fineza de modales y superioridad moral encarna la buena forma de hacer las cosas y la solución a todos las cuestiones sociales hasta tal punto que si no fuera por la obra dickensiana difícilmente se hubiera hecho universal tal figura.

Dickens fue en su tiempo un reformador radical que consiguió con su producción literaria importantes reformas y mejoras sociales en Inglaterra apelando para ello al desarrollo y potenciación de férreas convicciones morales en los individuos en vez de elaborar grandes doctrinas económicas o políticas que fundamentasen una revolución doctrinaria siendo calificado por Lenin como “un burgués clase mediero” cuando en realidad, el mejor calificativo que merece el prolífico escritor inglés es el de Conciencia del Imperio Británico.

lunes, 26 de diciembre de 2011

RECOMENDACIONES BIBLIOGRÁFICAS PARA ESTAS NAVIDADES 2011

Como ya es tradición de este blog y sumándose a la costumbre de intercambiar regalos en estas fechas navideñas, “El Chouan Ibérico”, desea sugerir nuevamente a sus lectores que regalen libros porque, en este tiempo de incertidumbre solo propicio para demagogos y sofistas, no está de más conocer para saber, saber para tener las cosas claras y tener las cosas claras para no ser engañado.


Así pues, “El Chouan Ibérico” ofrece a sus lectores la siguiente pequeña relación de libros editados recientemente y que se consideran de interés para próximos regalos siendo de excelentes temáticas y calidades editoriales.


- “Nuestro Amigo Común” de Charles Dickens, editorial Espasa Calpe. Novela social y costumbrista característica de este autor británico que refleja perfectamente los personajes y problemas sociales existentes en la sociedad Victoriana en plena Revolución Industrial.


- “Años Decisivos” de Oswald Spengler, editorial Altera. Ensayo filosófico-histórico del autor de “La Decadencia de Occidente” donde resume su obra más conocida y trata de explicar las causas de la pérdida de influencia de Europa en el mundo y predice la futura hegemonía económica y consecuentemente cultural de Asia.


- “Narraciones Completas” de Edgar Allan Poe, editorial Cátedra, en su colección AVREO. Obra fundamental y completa de este autor norteamericano de gran influencia en todos los autores que posteriormente cultivaron el género de misterio y de terror propio de la literatura gótica.


- “El Don Apacible” de Mijail Shólojov, editorial De Bolsillo. Magnífica novela histórica que partiendo de la descripción de la vida y costumbres de los habitantes de un poblado cosaco sirve al autor para narrar los avatares de la reciente historia rusa desde la Gran Guerra hasta el final de su contienda civil, pasando por la Revolución de 1917. Equiparada a “Guerra y Paz”, a través de “El Don Apacible” se puede llegar a conocer la historia reciente de Rusia mejor que en un manual de historia.


lunes, 17 de octubre de 2011

JACK LONDON: UN SOCIALISTA ATÍPICO


Muchos conocen al escritor norteamericano Jack London por sus novelas de viajes y aventuras como “Colmillo Blanco”, “Lobo de Mar” o “La Llamada de las Tierras Vírgenes” así como por su novela autobiográfica “Martin Eden”, pero muy pocos conocen su faceta de periodista, de estudioso de la sociología de su tiempo y de publicista socialista.


Jack London nació en San Francisco (California) en 1876 y tras numerosos viajes por el mundo como marinero enrolado en distintos buques mercantes se convirtió en 1893, cuando tan solo contaba diecisiete años de edad, en un socialista militante al ver las condiciones laborales y sociales a las que eran sometidos los trabajadores de la ciudad de Oakland, participando en la gran protesta del mundo del trabajo en reivindicación de mejoras sociales que fue la marcha a Washington en 1894.


El socialismo de Jack London es difícil de encuadrar, pues aunque llegó a afiliarse al partido socialista norteamericano y aceptaba, al menos como presupuesto intelectual, la teoría de la lucha de clases nunca llegó a ser un socialista científico por lo que sus ensayos sociales se encuentran bastante alejados del marxismo doctrinario. Así pues, el socialismo de London parece decantarse más bien hacia el primer socialismo utópico no estando exenta su exposición de los problemas sociales y de las posibles soluciones a los mismos de cierta impregnación cristiana.



Las obras en las que Jack London pretendía difundir los ideales socialistas son numerosas aunque traducidas al castellano solo encontramos dos “El Pueblo del Abismo” (editorial Valdemar) y “El Talón de Hierro” (editorial Hiru). En la primera de ellas, London describe la forma de vida que tienen los trabajadores que se encuentran en desempleo y prácticamente condenados a vivir en la calle como vagabundos criticando la hipocresía de las distintas entidades de beneficencia que antes de proporcionarles un plato de sopa caliente, les obligan a asistir puntualmente a oficios religiosos, al tiempo que si, en un plazo realmente breve, no han encontrado un empleo se verán privados de la ayuda benéfica con lo que los trabajadores desempleados se encuentran en una rueda sin fin consistente en que si para tomar una comida caliente al día tienen que ir a los oficios religiosos no pueden por tanto buscar algún trabajo y si con el tiempo no encuentran algún trabajo perderán el derecho a percibir un plato de sopa caliente. En “El Pueblo del Abismo” Jack London se muestra, aunque ni lo diga ni lo reconozca, como un extraño socialista pesimista muy alejado de la retórica socialista que prometía “la redención del pueblo trabajador” y un “paraíso proletario”.


Si bien es común en todos los socialistas científicos, empezando por el propio Karl Marx, un férreo optimismo y una inquebrantable fe en el triunfo de las masas trabajadoras, llegando a preconizar la destrucción total del capitalismo tal característica no se da en las obras socialistas de London, o al menos en las traducidas al español, porque entre las líneas de “El Pueblo del Abismo” se llega a poner en duda que los trabajadores puedan elevarse de tan paupérrima situación socioeconómica como las que quedan descritas en esta obra.


Por otra parte, en su novela “El Talón de Hierro”, publicada en 1908, London, además de profetizar la próxima guerra entre Estados Unidos y Alemania, que estallaría en verdad en 1917; augura, que tras la progresiva concentración de las riquezas en pocas manos por medio de “monopolios” y “trust”, el capitalismo triunfará totalmente imponiéndose sobre todas las pretensiones y demandas sociales de los trabajadores llegando a crear una tiranía mundial que se mantendrá en el poder gracias a la fuerza que le proporcionarán enormes plantillas de esbirros armados y a la división de los trabajadores en distintas castas, según presten sus servicios en sectores más o menos importantes de la economía, cuyos miembros gozaran de privilegios diversos que les alejaran de cualquier gesto de solidaridad con lo más bajo del escalafón social y que, en “El Talón de Hierro”, Jack London volverá a denominar como el “Pueblo del Abismo”.


La atipicidad del socialismo de Jack London se explica porque su ideario socialista tiene su origen en el corazón así como en sus experiencias vitales y no en la teoría intelectual, lo que le hace alejarse del socialismo marxista para estar más cerca, tal vez, de las constantes reivindicaciones de justicia social de un Chesterton que de la radicalidad de los revolucionarios bolcheviques.


martes, 20 de septiembre de 2011

GUY FAWKES: DEL PASADO A LA REVOLUCIÓN QUE LLEGA

Quien iba a decir hace más de quinientos años, concretamente el 5 de Noviembre de 1605, que un oscuro personaje católico, cuya fama proviene de su participación en la llamada “Conspiración de la Pólvora” que pretendió volar por los aires el Parlamento Británico, iba a convertirse en un superhéroe de una novela gráfica titulada “V de Vendetta” e inspiración de un movimiento de indignación generalizado contra lo existente. El nombre de este personaje oscuro: Guy Fawkes.


Guy Fawkes, nació en la ciudad de York (Inglaterra) el 13 de Abril de 1570 en el seno de una familia católica que era víctima de la persecución religiosa que sufrían los católicos en la Inglaterra de aquella época, lo que hizo que el joven Fawkes se exiliara a los Países Bajos donde sentó plaza bajo las banderas del Rey de las Españas combatiendo como soldado en los Tercio Españoles.


Tras su aventura militar en Flandes, Guy Fawkes, que había cambiado durante su tiempo de servicio su nombre anglosajón por el más latino de Guido, regresó a Inglaterra donde se incorporó a una de las sociedades secretas que luchaban contra la opresión que los católicos sufrían bajo el despótico gobierno de Jacobo I y por la reinstauración católica en el país. A causa de su experiencia militar enseguida se le puso al frente de la ejecución de lo que se conoce en la historia británica como “La Conspiración de la Pólvora” la cual consistía en un plan ideado por Robert Catesby para matar al rey Jacobo I haciéndolo volar por los aires junto a todo su Parlamento justificando tal acción en la afirmación de que “la naturaleza de la enfermedad requiere un tratamiento radical”.


Sin duda alguna Guy Fawkes planeo la ejecución de la acción recordando su experiencia en la guerra de minas por lo que en diciembre de 1604, junto con otros conjurados, comenzó a excavar un túnel bajo el Parlamento abandonando dicha excavación cuando los conspiradores consiguieron alquilar una bodega justo debajo de la Cámara de los Lores en la que almacenaron gran cantidad de leña y carbón sobre la cual colocaron numerosos barriles de pólvora para hacerlo estallar en cuanto el Rey Jacobo I diera comienzo a las sesiones parlamentarias. No obstante la conspiración fue desvelada a un ministro inglés por una carta anónima y tras diversas inspecciones alrededor del Parlamento, Fawkes fue descubierto saliendo de la bodega en la que se almacenaba el explosivo y detenido. Sometido a tortura solo reveló los nombres de los implicados que ya eran conocidos por las autoridades o que habían muerto y tras un juicio donde se conocía de antemano la sentencia fue condenado a muerte y ejecutado en Londres el 31 de Enero de 1606.


Durante siglos se ha conmemorado cada 5 de Noviembre el fracaso de la “Conspiración de la Pólvora” con grandes fuegos artificiales y hogueras en las que se quemaban muñecos con una máscara de Guy Fawkes, no obstante en la actualidad dicha conmemoración ha decaído por el marcado carácter anticatólico militante que había terminado por adquirir.


Esta es la historia pura y simple de Guy Fawkes, el cual habría quedado relegado a unas líneas en cualquier texto escolar de historia de no haber sido porque en la década de los años ochenta del pasado siglo la publicación de una novela gráfica compuesta de diez cómics, escrita por el guionista Allan Moore e ilustrada por el dibujante David Lloyd y titulada “V de Vendetta” resucitara al personaje para enfrentarlo como un superhéroe similar a los de la factoría Marvel a un estado totalitario implantado en la Gran Bretaña. Si bien es cierto que tanto Moore como Lloyd afirmaron que se habían inspirado en Guy Fawkes por ser éste el personaje más conocido de todo el Reino Unido no deja de ser curioso que el héroe de “V de Vendetta” sea precisamente un personaje que ya en el momento mismo de la publicación de la novela podía ser calificado por las modernas mentalidades de “integrista y fanático católico”.


Actualmente la novela “V de Vendetta” sigue editándose con éxito sobre todo después de que en el año 2006 se estrenara la película del mismo título y Fawkes ha dado un paso hacia su resurrección e inmortalidad al convertirse en icono de todos aquellos que muestran su indignación frente a los abusos del poder y la tiranía de la oligarquía económica liberal y es que, católico o no o tal vez precisamente por serlo, el Fawkes histórico no dejó de ser en el tiempo en que le tocó vivir un rebelde justiciero que se enfrentó a un régimen despótico que no respetaba a las minorías a las que obligó a reivindicar por la vía insurreccional los derechos y las libertades que se les negaba desde la legalidad.


lunes, 18 de julio de 2011

“LA CAIDA DE LOS GIGANTES” de KEN FOLLET

Iniciado ya el periodo vacacional veraniego, tiempo propicio para el descanso y la lectura, deseamos recomendar como libro de acompañamiento estival “La Caída de los Gigantes” del escritor británico Ken Follet.


Ken Follet, que empezó cultivando el género clásico de suspense y de espionaje con populares novelas como “La Isla de las Tormentas” (llevada al cine bajo el título de “El Ojo de la Aguja”) o “La Clave esta en Rebeca”, se pasó a finales de los años ochenta del pasado siglo al género de la novela histórica con su gran éxito editorial “Los Pilares de la Tierra” a la que acompañó una segunda parte titulada “Un Mundo sin Fin” y, ahora, “La Caída de los Gigantes”, primera novela de una trilogía que abarcará prácticamente toda la historia del Siglo XX.


“La Caída de los Gigantes”, que ha sido publicada simultáneamente en diecinueve países, narra la historia y peripecias de cinco familias inmersas en los acontecimientos políticos y sociales de comienzos del Siglo XX hasta el inicio del periodo de entreguerras, siendo el tema central de esta novela los orígenes, desarrollo y consecuencias de la Gran Guerra (1914-1918).


En este sentido es de remarcar que “La Caída de los Gigantes” es una obra literaria perfectamente documentada que se nutre de importantes fuentes historiográficas describiendo perfectamente la sociedad anterior a la Gran Guerra y el clima político y social que llevó a la gran catástrofe que supuso aquella conflagración, siendo de señalar lo bien que describe los grandes esfuerzos diplomáticos por evitar la catástrofe y el como los Jefe de Estado de los países contendientes se vieron arrastrados por los acontecimientos entre los que destacan la imprudente creencia de que la otra parte se echaría atrás en el último momento y la presión de sus respectivas cúpulas militares deseosas de entrar en combate para demostrar sus teorías bélicas así como también la presión de las respectivas opiniones públicas favorables, previa una sabia preparación por parte de la mayor parte de la prensa; a lo que se creía que sería una guerra corta y victoriosa.


En “La Caída de los Gigantes” aparecen perfectamente narrados los episodios más característicos de la Primera Guerra Mundial, desde las tensiones diplomáticas previas a las declaraciones de guerra, hasta el telegrama Zinnermann, pasando por aquella navidad de 1914 en la que los combatientes salieron de sus trincheras para confraternizar o la ofensiva del Somme y la Revolución Rusa para culminar con el inmediato ambiente de postguerra en el que ya se vislumbraba la otra guerra que habría de venir todo ello ligado a través de una serie de personajes de diversas nacionalidades que desarrollan las más variadas actividades a lo largo de la novela, desde el contrabando al espionaje pasando por la conspiración revolucionaria, la milicia o la actividad política pacifista y feminista.


Tan solo se puede criticar a “La Caída de los Gigantes” por el hecho de que Ken Follet, tal vez por ser británico, haya omitido todo lo relativo al levantamiento irlandés de 1916, que en toda esta extensa novela es despachado en menos de una línea y a la “diplomacia secreta” existente en los años previos a 1914 y que llegó a implicar a la misma Gran Bretaña en extraños manejos con el Imperio Alemán para repartirse las posesiones Belgas en África. No obstante y en cualquier caso, “La Caída de los Gigantes” no solo constituye una lectura amena y entretenida para cualquier momento sino también una lectura obligada para todo aquel que desee aproximarse a conocer básicamente las causas y el desarrollo de aquel conflicto europeo del que estamos a punto de conmemorar su primer centenario y del que aún sufrimos no pocas consecuencias.


lunes, 30 de mayo de 2011

PROPUESTA DE UN SISTEMA ELECTORAL PARA UNA DEMOCRACIA REAL

La democracia moderna siempre ha planteado un problema de representación al basarse fundamentalmente en la representación por delegación no imperativa en virtud de la cual los electores dan su confianza a una persona por un periodo de tiempo determinado en el que dicho representante puede hacer lo que le de la gana con el poder que se le ha confiado.

Si bien es cierto que no existe un sistema electoral perfecto que permita la representatividad justa y equitativa de todas y cada una de las sensibilidades existentes en una sociedad plural, pues todos los sistemas electorales tienden a favorecer a los partidos mayoritarios, no es menos cierto que hay sistemas y modelos electorales que proporcionan mayor representatividad y control sobre el representante por parte de los representados. Tal podría ser el caso del sistema mayoritario a dos vueltas, uninominal y de representación imperativa.


El sistema electoral mayoritario a dos vueltas, uninominal y de representación imperativa consiste en dividir al Estado en tantos distritos electorales como diputados hubiera que elegir pues por cada distrito electoral se elegiría únicamente un representante (en España habría que constituir 350 ó 400 distritos electorales). Estos distritos electorales deben constituirse de tal forma que en cada uno de ellos exista un número de habitantes similar para conseguir que cada distrito electoral sea representativo de un similar número de electores.

Posteriormente se celebrarían elecciones a dos vueltas, en la primera de ellas se podría presentar todo aquel que quisiera mientras que en la segunda vuelta solo se podrían presentar los dos candidatos más votados, siendo definitivamente elegido aquel candidato más votado en la segunda vuelta.

Por su parte el candidato electo vendría obligado para con todos los electores de su distrito electoral por el “Mandato Imperativo”, es decir, no podría dar su apoyo a resoluciones parlamentarias o iniciativas legislativas para las que no hubiera sido expresamente autorizado por los electores quedando así obligado a representar en todo momento a su distrito electoral consiguiendo “logros sociales y económicos” para la población de su distrito no pudiendo apoyar resoluciones que vayan contra los intereses del distrito electoral por el que ha sido elegido. Para ello, además, pesa sobre el diputado elegido la obligación de mantener abierta durante todo su mandato y a su costa una “oficina del diputado” a la que puede dirigirse cualquiera de los ciudadanos del distrito para formular sus quejas o sus propuestas que podrán ser llevadas al Congreso de los Diputados.


El sistema mayoritario a dos vueltas, uninominal y de representación imperativa tiene la ventaja de primar a las personas sobre los partidos políticos pues el poder de estos queda muy diluido además de ser un sistema de listas abiertas porque para presentarse a las elecciones en cada distrito los ciudadanos que deseen hacerlo no precisan de ser avalados por la lista de ningún partido, al presentarse candidatos individuales y no listas partidarias. Además al ser un sistema mayoritario a dos vueltas, favorecerá los pactos y acuerdos entre los dos candidatos más votados y los demás candidatos minoritarios quienes a cambio de prestar su apoyo a uno u otro candidato mayoritario en la segunda vuelta podrán hacer que éstos incluyan en sus programas algunas de sus propuestas legislativas pudiendo ser, además, incluidos como asesores en la “oficina del diputado”.


Este sistema mayoritario a dos vueltas, uninominal y de representación imperativa, sin ser perfecto, favorece la participación política de las minorías, bien a través de los pactos a los que se lleguen entre los candidatos de la primera y segunda vuelta, o bien, a través de la “oficina del diputado” que actuará en todo momento y durante todo el tiempo que dure la legislatura como órgano asesor y de control del diputado y de participación popular garantizando además este sistema electoral en gran medida la separación de poderes entre el Legislativo y el Ejecutivo al no estar los representantes sometidos a la disciplina de partido alguno y solo deberse a su Distrito Electoral.


lunes, 23 de mayo de 2011

VALORACIÓN DE LAS ELECCIONES DEL 22 DE MAYO

Tras la celebración de las elecciones autonómicas y municipales del pasado 22 de Mayo del 2011 se impone hacer una valoración de los resultados electorales que permitan hacernos una idea de la realidad social y política en la que las mismas han situado al país.


En primer lugar es incuestionable el notable avance del Partido Popular que ha ganado en prácticamente todas las capitales de provincia salvo en siete y ha obtenido quinientos mil votos más que en las pasadas elecciones municipales del 2007 que se traducen en un aumento de la representatividad institucional en tres mil trescientos concejales. Este triunfo arrollador del Partido Popular significa que el electorado no ha castigado a este partido por los casos de corrupción política que le han salpicado y hace muy posible que en las elecciones generales del año próximo obtenga una victoria electoral por mayoría absoluta solo equiparable a la que consiguió el Partido Socialista en 1982.


Por su parte el Partido Socialista Obrero Español, obtiene los peores resultados de su historia al perder algo más de millón y medio de votos y algo menos de dos mil quinientos concejales. Este millón y medio de sufragios perdidos por el histórico partido socialista no han ido a beneficiar a la Coalición Izquierda Unida porque éste agrupación política solo ha visto incrementados sus votos en poco más de doscientos mil que se han traducido en un incremento de su representatividad institucional en tan solo doscientos concejales.


Hasta aquí, los resultados eran, más o menos, los esperados y reiteradamente anunciados por las encuestas, no obstante lo más indicativo ha sido el incremento del voto en blanco y nulo así como la abstención, que aunque menor que en las elecciones del 2007 aún se mantiene en un alto nivel. Así en estas elecciones, la abstención ha alcanzado el 33´77 por ciento con casi once millones ochocientos mil electores que no han acudido a la convocatoria electoral, es decir, más de una tercera parte de los ciudadanos convocados a las urnas no ha ejercitado su derecho al voto, por otra parte el voto en blanco se incrementa en estas elecciones alcanzando el 2´54 por ciento con casi seiscientos mil sufragios mientras que igualmente aumenta el voto nulo que alcanza el 1´70 por ciento con casi cuatrocientos mil votantes. La suma de los porcentajes de abstención, voto en blanco y voto nula arroja el dato de que el 38´01 por ciento de los votantes llamados a las urnas (un total de 12.684.280 ciudadanos) esta claramente disconforme con el régimen político imperante en España o no se siente representado por el mismo por lo que no participa en los comicios u opta por manifestar su disconformidad y protesta con el voto en blanco o el voto nulo.


Otro dato indicativo es la reaparición, con fuerza renovada y con un potencial electoral inesperado pero para nada sorprendente, de la coalición Abertzale “Bildu” que con 1´39 por ciento de los sufragios y 313.231 votos se convierte en la primera fuerza política en número de concejales de la Comunidad Vasca por delante del histórico Partido Nacionalista Vasco que pierde más de ciento cincuenta concejales a pesar de conseguir 327.100 Votos (17.000 votos más que en las elecciones del 2007). Este resultado electoral en el País Vasco no puede menos que cuestionar la pervivencia del pacto PSOE-PP que sostiene el Gobierno Vasco pues dicho gobierno ha dejado de ser representativo ante la correlación de fuerzas políticas existente tras las elecciones municipales del 22 de Mayo.


Finalmente es de indicar la irrupción en el panorama político español de Unión Progreso y Democracia, el partido de doña Rosa Díez, quien obtiene el 2´06 por ciento de los votos y con 465.125 sufragios logra ciento cincuenta y dos concejales en toda España. El éxito de este partido debería ser objeto de un análisis sociológico profundo realizado por personas expertas pues, a pesar de estar liderado por una antigua dirigente del Partido Socialista Obrero Español que llegó a ser Consejera de Comercio, Consumo y Turismo del Gobierno Vasco nacido del pacto PNV-PSOE en 1991; se ha convertido en el refugio de un sector importante de la derecha sociológica disconforme con la moderación y tibieza que, a su entender, muestra la dirección del Partido Popular.


Asimismo, y por último, también debe mencionarse la reaparición en el panorama institucional español, tras casi treinta años de ausencia, de la extrema derecha representada por los hasta ahora microscópicos grupúsculos “España 2000”, que logra cinco concejales (uno de ellos en la localidad madrileña de Alcalá de Henares) y “Plataforma por Cataluña”, que pasa de dieciséis concejales a sesenta y cuatro.


Siendo los resultados y los porcentajes surgidos de las elecciones autonómicas y municipales del 2011 los arriba reseñados, solo cabe concluir que, a pesar de quienes lo pretenden negar u ocultar con aplausos y bailes de exaltación del triunfo, hay en la sociedad española un poderoso malestar que se ha traducido en estas consultas en un notable incremento en el cuerpo electoral de legítimas actitudes antisistema y contrarias al régimen imperante, bien porque no vota o porque vota en blanco o en nulo o porque vota a opciones políticas claramente contrarias al marco constitucional surgido del llamado “consenso” de 1978. Esto debería llevarnos a todos los ciudadanos (que no a la casta política española que, atrincherándose detrás de la “todopoderosa” Constitución de 1978, ha demostrado ser ciega y sorda ante la realidad socio-política) a una profunda reflexión sobre el futuro político del país que seguramente debería dar por finiquitado todo el régimen nacido de la llamada transición y de la Constitución de 1978 yendo a un proceso constituyente que elaborara un nuevo y definitivo texto constitucional que, recogiendo las demandas sociales y políticas individuales de los ciudadanos y las colectivas de los pueblos que integran el Estado Español, solucionara los graves problemas generados por las crecientes tendencias centrífugas existentes en la política española y por el divorcio definitivo que se manifiesta entre las instituciones políticas del Estado y la sociedad.


lunes, 25 de abril de 2011

EL ALZAMIENTO DE PASCUA: DERECHO Y RAZÓN

En el preciso momento en que, a primeras horas de la mañana del 24 de Abril de 1916, hace justamente noventa y cinco años; un heterogéneo grupo formado por sindicalistas, nacionalistas, socialistas y sacerdotes católicos entraba en la Oficina Central de Correos de Dublín, daba comienzo lo que en la historia universal se conoce como “El Alzamiento de Pascua” y que significó un puñetazo en la mesa de una facción minoritaria del nacionalismo irlandés frente a las eternas tácticas dilatorias de la administración británica reacia a aprobar en el parlamento de Westminster la “Irish Home Rule”, es decir, la autonomía para Irlanda.


“El Alzamiento de Pascua” fue un total fracaso material del nacionalismo irlandés no solo porque, al igual que la famosa ofensiva del Tet desarrollada por el ejército norvietnamita en 1968, no alcanzó ninguno de los objetivos militares importantes pues los voluntarios irlandeses fueron incapaces de ocupar cualquier edificio administrativo británico que gozase de guarnición (por ejemplo el Castillo de Dublin); sino porque no logró movilizar e inclinar a su favor a la inmensa mayoría de la población irlandesa, que reaccionó ante los acontecimientos con asombro e indignación al considerar los hechos como una traición hacia los cuatrocientos mil irlandeses que combatían en Francia encuadrados en el ejército británico.


No obstante, tras la rendición de los voluntarios irlandeses ordenada por Pearse el 29 de Abril de 1916, el rechazo mayoritario de la población irlandesa, que en los días inmediatamente posteriores a dicha rendición había llegado al extremo de dedicar insultos y esputos a los prisioneros que iban conducidos por las fuerzas británicas a los campos de internamiento de Gales, fue tornándose en respeto primero, comprensión después y, finalmente, en decidido y rotundo apoyo a la causa de la independencia de Irlanda todo ello en un muy corto espacio de tiempo.


¿Cuál fue el motivo de tan radical cambio de actitud en la población irlandesa y en tan poco tiempo?. En primer lugar es preciso indicar, no solo que la población irlandesa asistió al “Alzamiento de Pascua” con asombro e indignación hacia los voluntarios irlandeses sino que además la población civil de Dublín fue la que más sufrió durante los siete días de combates al ser sorprendida en las calles por los tiroteos, quedar en muchos casos entre dos fuegos y no estar segura ni siquiera en sus domicilios al emplear el ejército británico innumerables piezas de artillería, incluso pesada, que desmintieron lo afirmado por Connolly de que “un gobierno capitalista jamás utilizaría la artillería contra sus propiedades”. Es decir, la población civil irlandesa y más concretamente la población de Dublín fue la que aportó el mayor número de bajas echando la culpa de todo ello a los irlandeses alzados.


Siendo esta la situación existente, no es aventurado afirmar que, tras sofocar “El Alzamiento de Pascua”, las autoridades inglesas tenían todo a su favor para consolidar durante décadas su posición en Irlanda, no obstante; los británicos debieron sufrir un momento de grave ceguera política porque rompiendo con su larga tradición pactista se dedicaron, amparados en el derecho vigente, a desarrollar una brutal represión con detenciones masivas, deportaciones e inmisericordes ejecuciones sumarias que, a la postre, fue lo que precisamente les granjeó la enemistad de la mayoría de los ciudadanos irlandeses e hizo que estos se decantaran por la independencia.


Cierto es que, los hechos del “Alzamiento de Pascua” podían ser legalmente considerados (como así lo fueron) por las autoridades inglesas como constitutivos de un delito de Alta Traición porque los voluntarios irlandeses no solo combatieron contra las fuerzas regulares británicas, sino que lo hicieron en un tiempo en el que la Gran Bretaña estaba en guerra con el Imperio Alemán y con previa inteligencia y apoyo militar de éste, pero al aplicar sin consideración ni equidad alguna todo el peso de la ley, de una ley que por cierto databa de 1351 y que concretamente tipificaba como delito de Alta Traición “Hacer o fomentar la guerra al Rey en su reino o adherirse a los enemigos del Rey en su reino”, los ingleses perdieron total y absolutamente la razón que pudieran tener confirmando el axioma clásico de que “Summun Ius, Summa Iniura” (Máxima Justicia, Máxima Injusticia) con el que los antiguos romanos pretendían explicar que la aplicación estricta de cualquier ley puede llevar a las mayores injusticias debiendo prevalecer siempre la Justicia sobre la mera aplicación de la Ley, conservando además, de este modo, la razón efectiva.


Por otro lado, existiendo en la aplicación de cualquier precepto legal el principio de que “ante unos hechos iguales hay que aplicar igual ley”; lo que aun hace más inexplicable e injustificable el comportamiento de los británicos con los rebeldes irlandeses de 1916 es la antagónica actitud que adoptaron con los bóers que, al mando del general Maritz, se sublevaron en Sudáfrica en Septiembre de 1914 dando lugar a lo que se conoce como “la Rebelión Maritz” tras la cual solo se impusieron a los líderes de la misma penas de seis y siete años de prisión quedando suspendidas dichas penas dos años después y tras la rendición total del África del Sudoeste Alemana. Esta doble vara de medir constituye también otro factor que demuestra no solo que los británicos carecían de toda razón a la hora de aplicar a los rebeldes irlandeses de 1916 la legislación existente sobre “Alta Traición”, sino también que carecían de cualquier legitimad jurídica para aplicarla, al no haberla aplicado anteriormente ante un hecho de la misma entidad y naturaleza.


martes, 19 de abril de 2011

“DE BUONAPARTE Y DE LOS BORBONES” de Francois Rene de Chateubriand

La editorial Acantilado ha publicado recientemente, reproduciendo la primera edición de esta obra aparecida en Francia en 1814, el famoso folleto de Francois René de Chateubriand titulado “De Buonaparte y de los Borbones” el cual hacía décadas que no se editaba en castellano.

“De Buonaparte y de los Borbones” es una breve obra apologética escrita por Chateubriand en 1814 durante los últimos meses del Primer Imperio Napoleónico. El texto, escrito para influir políticamente sobre las potencias coaligadas que en aquel momento invadían Francia a fin de que restaurasen en el trono francés a los Borbones y que no pactasen con un Napoleón que se encontraba en Fontainebleau al mando aún de un fuerte contingente militar de cerca de cincuenta mil hombres, fundamentalmente consiste en razonar el hecho de que permitir a Napoleón continuar en el poder sería la causa de que, tras unos años de paz aparente, se volviera a incendiar toda Europa por ser Bonaparte una persona de ambición ilimitada y nada proclive a respetar cualquier tratado que pudiera firmar.


Chateubriand estructura “De Bounaparte y de los Borbones” en tres partes clara y perfectamente diferenciadas.


En la primera parte y bajo el epígrafe “De Buonaparte”, Chateubriand hace una excelente descripción del gobierno imperial y de sus aparentes éxitos desmontando cada una de las ficciones en las que Napoleón sustentaba su fama de gran hombre, perfecto administrador y mejor gobernante.


En la segunda parte, titulada “De los Borbones”, el autor elogia la situación existente en la Francia prerrevolucionaria y el gobierno pacífico de los Borbones para terminar en la tercera parte, titulada “De los Aliados”, exhortando a las potencias aliadas a no pactar con Napoleón y a restaurar la monarquía borbónica en la persona de Luis XVIII.

La actualidad y vigencia de este folleto de Chateubriand se encuentra precisamente en su primera parte en la que al atacar a Napoleón (con bastante inmisericordia, todo hay que decirlo) describe todos los sutiles métodos de los que los tiranos y dictadores se han servido y se sirven para engañar a los pueblos consiguiendo incluso su anuencia y aplauso. Así, se denuncia la Ley de Reclutamiento Forzoso que hizo que durante los veinticinco años que duraron las guerras revolucionarias y napoleónicas murieran más franceses que en los trescientos años anteriores a la Revolución Francesa, el control y la manipulación de la prensa que es puesta al servicio propagandístico del tirano y la utilización del poder legislativo y de la policía para reprimir a los opositores.

En su tiempo hay quien consideró a Chateubriand como un profeta y de ser acertada tal consideración no cabe duda de que “De Buonaparte y de los Borbones” es su obra más profética porque se anticipó más de un siglo en vaticinar las causas políticas y morales que originarían el suicidio de Europa que fue la conflagración de 1914 -1918 y en la denuncia de los totalitarismos. Todo ello hace que este folleto del eminente autor francés merezca ser leído, considerado y tenido en cuenta como advertencia en el presente y posible remedio en el futuro.


martes, 12 de abril de 2011

UNA EXPLICACIÓN A LA CRISIS DEL CINE

De las artes existentes, la más popular a la vez que sintética de todas ellas es la denominada “Séptimo Arte”, es decir, el cine; el cual a pesar de haber ido evolucionando rápidamente en poco más de cien años al pasar de ser mudo a ser sonoro y de ser en blanco y negro a ser en color y, más aun, en tres dimensiones, parece ser que esta pasando por una importante crisis a nivel mundial que no solo afecta al cine español.


El cine es un arte sintética porque reúne en ella a todas las demás artes, así en cualquier producción cinematográfica veremos como se requiere de la arquitectura aunque solo sea para hacer unos decorados en cartón piedra, de la fotografía, de la pintura, de la música y sobre todo de la literatura que se manifiesta en los guiones de las películas muchos de los cuales son adaptaciones para el cine de novelas más o menos clásicas y famosas en el mundo literario.


Fundamentalmente, la crisis que sufre el cine tiene su origen en una crisis generalizada de todas las artes de las que se nutre consideradas individualmente, pero sobre todo y ante todo en una crisis de la literatura empezando a ser muy difícil encontrar una película con un guión que desarrolle un argumento original, llegando al extremo de que un porcentaje representativo de las películas que actualmente se estrenan en la gran pantalla o bien son segundas versiones (remakes) de otras películas anteriores o adaptaciones para la gran pantalla de antiguas series televisivas, que tras una muy sabia campaña publicitaria consiguen, más o menos, la benevolencia del público. Además de este hecho irrefutable, resulta que otro porcentaje muy elevado de nuevas producciones cinematográficas posee un argumento ya utilizado con anterioridad en otras muchas películas. Así, por ejemplo, es de señalar que una película que sonaba mucho para ser “triunfadora” en los premios “Oscar” de este año 2011 fue “Valor de Ley”, remake de la conocida película del mismo título dirigida en 1969 por Henry Hathaway y protagonizada por John Wayne, lo que ya es indicativo de que tal vez las musas, que inspiran novedades, hayan dado la espalda a los guionistas.


Las segundas versiones o remakes al menos poseen la honradez de no pretender disimular que se nutren directamente de los mismos guiones de los que se sirvieron las versiones primigenias utilizando incluso las mismas frases, pero donde la crisis del cine se manifiesta con toda su crudeza es en la esterilidad de los argumentos de las nuevas producciones cinematográficas los cuales tienen que basarse en los ya utilizados anteriormente por otras. Esta repetición de los argumentos puede ser clara y directa como ocurre en la recientemente estrenada “Invasión a la Tierra”, que reproduce el argumento de “Independence Day” u ocultarse mediante un cambio de escenario o de época como ocurre, por ejemplo con “Avatar” que tiene el mismo argumento que un viejo Western que narra “la Conquista del Oeste” o con las resucitadas películas de “Romanos” que, como “Centurión” o “La Legión del Águila”, nos presentan al viejo “Rambo” con una loriga y un gladio en vez de un AK-47.


Siendo esta la cruda realidad de las producciones cinematográficas que de unos años a esta parte inundan las pantallas de nuestros cines no es de extrañar que los espectadores tengan la sensación de que están viendo una y otra vez la misma película y que a la media hora de proyección ya sospechen con certeza que es lo que va a ocurrir y como va a terminar la misma no siendo extraño, pues, que el número de asistentes a las salas de proyección vaya descendiendo. Frente a esto la industria cinematográfica intenta salvar la crisis con la huída hacia delante que supone la introducción en todas las películas de unos efectos especiales cada vez más sofisticados y llamativos y con la introducción cada vez más frecuente del efecto 3D en todas las cintas, pero de no solucionarse el problema de la falta de originalidad de guiones y argumentos no es de esperar que estas medidas sean suficientes para salvar al séptimo arte porque estos efectos no alejan ni pueden alejar del espectador la pésima sensación, mortal para el arte cinematográfico, de ya haber visto la película con anterioridad en alguna otra ocasión.


martes, 5 de abril de 2011

“LA FORJA DE UN REBELDE” de Arturo Barea

Tal vez el género literario integrado por las “memorias” escritas por personajes históricos o pretendidamente históricos sea muy fecundo, pero dentro del mismo pocas obras llegan a la genialidad y al merecimiento de recibir una valoración histórica y/o literaria, porque las buenas “memorias”, para serlo, requieren una feliz conjunción de verídicas descripciones de hechos históricos que las hagan interesantes y una buena calidad en el estilo literario de su autor que las amenice. Así, tal vez la obra cumbre de este género literario sean “Las Memorias de Ultratumba” de Francois Rene Chateubriand, las cuales son la medida de todas aquellas obras que forman el género memorístico.


Comparable con la precitada obra de Chateubriand es la trilogía escrita, entre los años 1941 y 1944, en su exilio británico por Arturo Barea y que, bajo el título genérico de “La Forja de un Rebelde”, reúne tres novelas autobiográficas tituladas “La Forja”, “La Ruta” y “La Llama”.


Cada una de las novelas que integran las memorias de Arturo Barea se ocupa de un periodo concreto de la vida del autor en perfecta conexión con la situación sociopolítica de la España que le toco vivir describiendo simplemente y con gran objetividad unos hechos reales para que el lector saque sus propias conclusiones. De este modo, “La Forja”, primera de las novelas que componen la trilogía, coincide con la época de la niñez y de la adolescencia de su autor en la que refleja las duras condiciones laborales que se daban en el novecento español, mientras que la segunda novela, “La Ruta”; coincide con el periodo del Servicio Militar de Arturo Barea describiendo la situación en la que se encontraba el ejército español que en ese momento combatía en la Guerra de Marruecos así como las grandes polémicas y cuestiones políticas que suscitaba entre los ciudadanos aquella contienda que, en los años veinte del pasado siglo, se había convertido prácticamente en un “nuevo Flandes”. Finalmente, “La Llama”, última novela de esa extensa autobiografía, se centra en la madurez de su autor coincidiendo con los años de la II República y la Guerra Civil.


A lo largo de todas y cada una de las páginas de “La Forja de un Rebelde”, Arturo Barea describe los hechos históricos con bastante objetividad haciendo pocas concesiones a aquellos con los que se alineo políticamente, pues a pesar de ser desde muy joven miembro de la Unión General de los Trabajadores (UGT) no deja de criticar la actitud de un gobierno republicano que abandona la Capital de la Republica a finales de Noviembre de 1936 y la acción represiva de las Checas en el Madrid de la Guerra Civil. Asimismo, en “La Ruta” no deja de dedicar unas líneas laudatorias al General Franco al que reconoce ser un oficial valeroso comparándolo con Millán Astray, el cual se dedicaba durante los combates en Marruecos a caracolear su caballo entre los legionarios para terminar volviendo grupas hacia la retaguardia.


Lo más llamativo de “La Forja de un Rebelde” son las tramas de corrupción que describe y que a pesar del tiempo transcurrido no distan mucho de las que existen en la actualidad. Arturo Barea menciona y describe no solo la corrupción de los sectores políticos que engendraron el régimen de “La Restauración” sino también la corrupción, que al amparo de esos sectores, se extendió por todas las instituciones hasta contagiar a la misma sociedad. De este modo, la descripción del comportamiento de la mayoría de los Jefes y Oficiales del ejército durante la “Guerra de Marruecos” ponen de manifiesto la corrupción de las instituciones del estado pero también la corrupción en el mundo empresarial y entre el mismo pueblo pues es de indicar que el propio Barea, recibiendo compensaciones económicas por ello, formo parte del engranaje de corrupción de aquella época porque como sargento que fue prestó servicio a sus superiores para que éstos engordaran sus bolsillos a costa del erario público y del sufrimiento de una tropa mal equipada, escasamente preparada y que, en palabras de Alfonso, al que llamaban y llaman “el trece”, no era más que “barata carne de gallina”.


En definitiva, la lectura reflexiva y desapasionada de “La Forja de un Rebelde” resulta imprescindible para conocer la historia de los primeros cuarenta años del Siglo XX español y comprender el por qué se desarrollaron de aquella forma. Asimismo, de esta magna obra memorística y autobiográfica de Arturo Barea se pueden sacar pedagógicas conclusiones que nos explican y nos previenen de acontecimientos que en el presente vivimos y padecemos.


miércoles, 16 de marzo de 2011

LA NECESIDAD DE REORGANIZAR LA SOCIEDAD CIVIL

Cuando los que ejercen la profesión política, dejan de servir generosamente al bien común, caen en la corrupción y se constituyen en casta; es cuestión de tiempo que corrompan las instituciones estatales para ponerlas a su exclusivo servicio convirtiendo al propio Estado en un fin en sí mismo. Ante esta situación, cuando ya no se puede confiar en los políticos ni en las instituciones limitadoras del poder, donde existe un riesgo cierto, posible y probable de perder toda libertad; aun cabe una esperanza para los ciudadanos que consiste en qué la “Sociedad Civil” se oponga y actúe.


En ciencia política se entiende por “Sociedad Civil” la diversidad de personas que actúan generalmente de manera colectiva para tomar decisiones en el ámbito público que conciernen a todo ciudadano fuera de las estructuras gubernamentales, así la “Sociedad Civil” está integrada por diversas agrupaciones o asociaciones que actúan con independencia de toda institución pública y al margen de todo poder político instituido quedando fuera de tal “Sociedad Civil” todos aquellos colectivos que actúan bajo cualquier tipo de vinculación con los poderes del estado ya sea por haber sido creados directamente por éstos o por disfrutar de algún tipo de subvención o ayuda estatal.


En la reconstrucción de las Democracias Occidentales, tras la derrota de los fascismos en la II Guerra Mundial, se asumieron y se adoptaron no pocas de las técnicas y de los principios filosóficos de los totalitarismos derrotados para el mejor control político de todo movimiento social. Para ello no se dudó en crear y subvencionar distintas asociaciones u organizaciones sociales de todo tipo que, por dimanar o ser clientes del propio Estado, serían sumisas al poder establecido convirtiéndose en prolongaciones del largo brazo del Estado. De este modo se desarticuló la posibilidad de que existiera una sana “Sociedad Civil” que, en un momento concreto, reclamará ser vía de representación y participación política de los ciudadanos y, en última instancia, sustituyera al Estado corrompido.


Actualmente no existe en toda Europa Occidental una “Sociedad Civil” organizada pues todos los colectivos, grupos, asociaciones, corporaciones profesionales, etc... nacen directamente del Estado o están, total o parcialmente, subvencionadas por el mismo no constituyendo en ningún caso foco de oposición a los modos y prácticas políticas instituidas. Aunque crece el número de individuos libres de toda dependencia que piensan, reflexionan y muestran cierta contestación a lo existente no se puede decir que constituyan siquiera un embrión de “Sociedad Civil” porque su actividad individual les lleva a una total falta de coordinación y ésta a una ausencia de eficacia, no obstante el novedoso medio de internet puede hacer cambiar esto al favorecer que individuos que ni se conocen ni viven en un lugar común intercambien rápidamente ideas e información permitiéndoles organizarse a través y en el propio ciberespacio, es decir: Internet puede ser un útil medio para reorganizar la necesaria “Sociedad Civil”.


Para este fin, para reorganizar la “Sociedad Civil”, es imprescindible abandonar todo personalismo y estar dispuesto a entenderse con otros, aunque no piensen exactamente lo mismo que nosotros, sin más límite que el respeto a los Derechos Fundamentales que asisten a todo ser humano porque es de indicar que la “Sociedad Civil” solo podrá ser tal si tiene un carácter transversal y abarca un amplio espectro de ideas.


En los difíciles momentos de tribulación que padecemos la reorganización de una sana “Sociedad Civil” es imprescindible pues, solo si ésta existe, se podrá poner freno y limites a todo desafuero y a toda política, social o económica, contraria a los intereses de la mayoría de los ciudadanos haciendo uso, si ello fuera necesario, de las dos armas más poderosas que posee toda “Sociedad Civil” articulada: La Desobediencia Civil y la Resistencia Pasiva.


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