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jueves, 15 de marzo de 2012

AÑORANZA DE LA HIGUERA

Cuando me dicen que estoy en la higuera, no puedo menos de pensar ojala!. La mención del nombre de ese árbol me evoca aquella que había en una esquina del gallinero de mis abuelos en el pueblo. Mi memoria tiene grabada su aroma inconfundible y los recuerdos de cuando, de adolescente y joven, subía a sus ramas para desayunar los riquísimos higos, dejando los que no llegaba por la altura para que los disfrutaran los pájaros. Claro que, como es un pueblo de la sierra riojana, sólo maduraban en los veranos calurosos y ya a finales de septiembre.


Pero, si te dicen que estás en la higuera, te acusan de vivir en la inopia y de no darte cuenta de las cosas. Seguro que, como a todos, muchas me pasan desapercibidas. Eso que intento estar bien informado. Cosa difícil hoy día por dos motivos: el primero, la cantidad de noticias que nos llegan cada día en tal número que desbordan nuestra capacidad de información y el segundo, la selección sesgada que de las mismas nos hacen los medios de información, cada vez más concentradas en menos manos. Muchas veces mezclan confusa e insidiosamente noticias y opinión, para que el pensamiento único no tenga rivales en su imposición. Esta censura encubierta se ve desbordada en los últimos tiempos, gracias a Internet y las redes sociales, aunque también hay que ejercer sobre ellas el necesario discernimiento.


Con los años, he aprendido a dar mucha más importancia a las personas que a las ideas o creencias que puedan tener. Así, en la ciudad pequeña en que vivo, conozco a bastante gente que milita en diversos partidos políticos. Y no puedo evitarlo, me suelen caer mejor los militantes de base que los dirigentes. En estos, con honrosísimas excepciones, abundan los trepas, gentes en las que la lucha por el poder pesa mucho más que las ideas. Hacia fuera y hacia dentro, porque las zancadillas internas se prodigan abundantemente. Lo peor con nuestro sistema político de bipartidismo imperfecto, con algunos partidos bisagra que venden cara su apoyo al vencedor, es que se han convertido en agencias de colocación para los amiguetes, a quienes se premia por encima de su posible competencia, por su habilidad para la adulación y el asentamiento. Opino sinceramente que en España, más que funcionarios públicos lo que sobran son enchufados políticos. La tijera de la austeridad debería recaer primeramente sobre sus prebendas.


Otro mal que se compartimos con democracias con más años de antigüedad, es la facilidad con que dirigentes de grandes empresas o grupos financieros llegan a ocupar cargos en el gobierno. O, al revés, políticos que al cesar en su cargo, pasan a ser dirigentes de esos grupos económicos. (Fenómeno común tanto en partidos conservadores como en los ex-socialdemócratas). Por mucho que nos esforcemos en no pensar, las sospechas de que esos grupos se vean favorecidos por decisiones gubernamentales son abundantes y, desgraciadamente, ciertas en abundantísimos casos.


Resulta curiosa la interpretación que se ha dado al fenómeno del 15-M. Para gente de derechas, inspirada seguramente por consignas del grupo mediático Intereconomía era una maniobra del maquiavélico Pérez Rubalcaba. Desde fuentes sociatas, se trataba de una maniobra conservadora para debilitar al PSOE. Resultados electorales: PP conserva a sus votantes. Los ex-socialdemócratas pierden cuatro millones de votos. Si era cierta, la primera tesis, fue aprendiz de brujo, cuyo experimento se le volvió en contra. Opino que examinar la realidad con anteojeras partidistas, produce estas distorsiones. Máxime una realidad, compleja, multiforme y bisoña de gentes cabreadas por la deriva económica que empezaban un camino nuevo, desde la base social, ocupando espacios públicos y con alergia al partidismo político. Una de sus consignas más coreadas, NO NOS REPRESENTAN, íba dirigida principalmente al tinglado político representativo. Formaba parte de un movimiento global, no encerrado en fronteras, inspirado en la primavera árabe, y extendido a través de ese fenómeno nuevo que son las redes sociales.


Algo parecido pasa con lo de la Memoria Histórica. La mezquina ley del gobierno Zapatero apareció como una revancha de los vencidos contra el franquismo. La verdad es mucho más profunda. Sobre el olvido no puede construir paz alguna. En España tuvimos una horrorosa guerra civil, en que aparte de los muertos en el frente, hubo miles asesinados en la retaguardia de ambos lados Y la violencia siguió ejerciéndose por el bando vencedor en los duros años de la posguerra. La transición hacia la democracia se hizo con una injusta ley de amnistía, lógica para delitos políticos, pero no para los de sangre. Dirigentes destacados de la izquierda la defendieron enérgicamente pues algunos podían ser procesados. Después de los horrores nazis, sabemos que los crímenes contra la humanidad no pueden prescribir y que las leyes de punto final son radicalmente injustas. Por eso, la Memoria y la no impunidad deben exigirse. Sabiendo que la memoria no es única, sino plural. Y ha de hacerse desde la reparación a las víctimas. La regla rige también para el terrorismo etarra. Me honro con la amistad de Maite Pagazaurtundúa, presidenta de una Fundación de Víctimas del Terrorismo. Un familiar próximo suyo murió asesinado por los "nacionales" en la guerra incivil y su hermano Joseba por ETA. Las víctimas necesitan memoria, respeto y justicia. Sólo, a partir de ellas, puede construirse una paz verdadera que nos exigirá años de esfuerzos de restaurar y restañar justicieramente los traumas causados.


Por eso, me vuelvo a mi higuera. A saborear en el recuerdo su aroma, pero sin dejar de otear la realidad que me circunda. Con los dos ojos bien abiertos y sin miedo a lo políticamente incorrecto, de ayer, de hoy o de mañana. No poseo la verdad, pero no renuncio a seguir yendo en su búsqueda. Sé que no estoy sólo en ese caminar. Y no faltarán los fanáticos, de uno u otro bando, que ataquen a quienes se atrevan a pensar por su cuenta, a correr el riesgo de equivocarse y a enmendar el posible error cuando lo adviertan.


Pedro Zabala


lunes, 21 de noviembre de 2011

DISCURSO DE DON CARLOS JAVIER I EN PARMA

Nobles damas, Ilustres caballeros, Queridos amigos,


Es para nosotros una gran emoción encontrarnos hoy aquí junto a vosotros para recordar la figura de Nuestro Padre; emoción reavivada por el hecho de que precisamente con Él nos hayamos reunido en esta iglesia para compartir momentos importantes.


Es muy difícil trazar en pocas frases la vida y la obra de un hombre, intentar transmitir y hacer comprender a otros su historia personal y el peso de su legado en la vida y en la historia de otras personas.


No queremos trazar un retrato histórico, sino más bien recordar Su compromiso, Su apasionada labor y Su legado.


De los muchos mensajes que con ocasión de Su desaparición nos han llegado y gracias al recuerdo que muchos conservan, sobresale con claridad Su capacidad para comprender a los demás y Su capacidad de crear puentes.


A menudo se ha encontrado confrontado con hombres diferentes que se movían en diversos ámbitos, pero siempre ha logrado encontrar un punto común con ellos: el deseo de construir un mundo en el que la paz, el amor, la solidaridad no fueran utopías sino hechos concretos.


El compromiso que ha desarrollado en Su actividad Humana y Política ha estado siempre marcado por un intenso acercamiento cultural: en un encuentro que tuvo lugar precisamente aquí, en Parma, Nuestro Padre había dicho: "Estamos todos nosotros sentados en la misma mesa y un mismo caudal de conocimiento se encuentra a disposición de todas y cada una de las naciones del mundo. El conocimiento será el instrumento para el desarrollo".


Como he dicho, no deseamos ofrecer un retrato histórico o biográfico, sino un recuerdo humano de los rasgos más sobresalientes que han caracterizado a Nuestro Padre y que, para muchos, Lo convertían en una persona querida y entrañable.


Podemos decir solamente que desde que Nuestro Padre alcanzó la edad adulta y según el testimonio de tantas personas, supo ejercer los deberes a los que había sido llamado como algo prioritario, aunque nunca vividos como una obligación sino más bien como una inclinación natural hacia la que se sentía atraído; en este sentido el ejemplo de Nuestros Abuelos fue siempre una referencia inestimable.


Después de la Segunda Guerra Mundial, Nuestro Padre se unió a Nuestro Abuelo Don Javier para liderar el movimiento Carlista, ejerciendo una oposición sin compromisos al régimen de Franco.


Para tal ocasión Nuestro Abuelo y Nuestro Padre prepararon un proyecto político de un estado democrático que preveía la máxima participación popular, y más concretamente el proyecto de un estado federal, en el respeto de la Tradición de los Fueros, con todas las autonomías locales existentes con idéntica dignidad, justicia social y libertad democrática.


Estos principios se mejoraban continuamente e iban incorporando nuevas ideas con el fin de poder garantizar un compromiso cada vez mayor de las personas.


En particular en Montejurra el compromiso de Nuestro Padre y de Nuestra Familia se evidenció con una profunda implicación: las vidas de aquellos que se implicaron sufrieron profundos cambios, algo que Le sucedería muy particularmente a Nuestro Padre.


En efecto, Nuestro Padre asumió el peso de lanzar un mensaje claro y sin ambigüedad, en su papel de Príncipe Carlista de Asturias, como haría más tarde en calidad de Rey Carlista de España.


Su mensaje fue un llamamiento al deber de reconquistar la propia libertad aún a sabiendas de los sacrificios que habrían de ser necesarios.


Toda Nuestra Familia ha cumplido personalmente este compromiso, y en primer lugar Nuestro Padre ha cumplido por Su coherencia e integridad en Su deber hacia España, hacia la Tradición que encarnaba, hacia Sí mismo y hacia nosotros como hombre.


Sus palabras en aquel contexto histórico tuvieron una relevancia capital en la medida en que se hacía cargo no sólo del aspecto político sino de todo un país: "Cuando los ciudadanos de un pueblo y de una nación son privados de su libertad, están obligados a reconquistarla a cualquier precio. Porque se trata de un derecho, de una obligación, de un deber. Y como el Carlismo quiere conquistar la libertad para todos, es objeto y será objeto de una pesada y peligrosa represión".


Estas palabras fueron proféticas puesto que tanto Nuestro Padre como Nuestras Tías se vieron obligados a exiliarse por mucho tiempo y muchos de los que compartieron los mismos objetivos sufrieron persecuciones.


El compromiso de Nuestro Padre y de Nuestra Familia, en aquel contexto histórico, se puede resumir en las palabras de Nuestra Tía María Teresa: "Cuando me pregunto las razones de nuestro compromiso con el movimiento del carlismo, que tan profundamente ha condicionado nuestra vida y nuestra juventud, mi respuesta es que ha representado para mí la esencia del espíritu de un pueblo, su fidelidad a una Tradición. Tradición que no es solamente costumbre, pero un modo de vivir profundamente personal y familiar. Y es al mismo tiempo una aspiración hacia un humanismo con raíces históricas pero de manera moderna: una auténtica democracia vivida dentro de la base de la sociedad. Este espíritu es tan auténtico y profundo que implica y compromete casi en contra de uno mismo, en contra de nuestros intereses más egoístas. Un espíritu auténticamente cristiano de fraternidad y al mismo tiempo de profundo respeto hacia cada persona".


Este espíritu, este modo de ser, lo ha desarrollado Nuestro Padre a lo largo de Su existencia con gran pasión y sin ataduras.


Su compromiso se ha cobrado un alto precio puesto que a lo largo de Su vida a menudo hubo de enfrentarse a la adversidad. Pero Nuestro Padre, en particular en calidad de Rey Carlista de España, no sólo nunca renunció a los derechos que había heredado, sino que fue un defensor tenaz y coherente de los mismos.


Nunca cesó de combatir por aquello en lo que creía y testimoniaba, aunque fueran distintos los ámbitos en los que se manifestó: en 1980, tras ser invitado por John Galbraith, premio Nobel de Economía, a ser Profesor en la Universidad de Harvard, aceptó y enseñó por muchos años teoría económica en dicha institución.


A lo largo de los años Nuestro Padre ha querido llevar adelante el compromiso que siempre Lo había distinguido, intentando favorecer nuevas experiencias de diálogo y comprensión entre los pueblos y, al mismo tiempo, defendiendo aquellos valores y aquella tradición que ha encarnado y actualizado.


En particular vosotros, queridos amigos, recordaréis lo que ha hecho en Parma, Piacenza y en los antiguos Ducados.


A menudo Le gustaba decir que era un “Embajador de la Historia”, un punto de unión entre diversas realidades históricas y sociales; se ha considerado un elemento de un recorrido en el que no sólo se articula la historia, sino también las relaciones humanas, las amistades, el sentido de pertenecia a una misma comunidad.


Este sentido de pertenencia Le ha hecho sentir y reconocerse en la historia y en la vida de Parma y de Piacenza, y en la de las personas que han vivido y viven en ella.


Es ésta una parte importante de la realidad que ha vivido en los últimos años de su vida: a pesar de encontrarse a veces lejos de Parma y de Piacenza, llevaba dentro de Sí mismo, en Su corazón, una profunda unión con estas ciudades, hasta el punto de manifestar Su deseo de ser sepultado en esta iglesia.


Es muy difícil, como hemos dicho al principio, recordar en pocas frases lo que Nuestro Padre ha sido, cuál ha sido el papel que ha desempeñado en la historia, qué influencia ha ejercido en muchos; Nosotros en estos momentos sólo podemos recordar Su sencillez y Su fe, cómo la vivió, frente a la certeza de lo que aguarda a todo hombre.


Ante la pregunta que se formula cada hombre de cómo ha empleado su propia vida, y ante la serenidad de cuanto había cumplido, deseó en efecto que sobre Su tumba se escribiera sólo Su nombre y una frase: "Ante Dios no existe alma anónima".


Algunos amigos, recordándolo de forma apasionada, han dicho que Nuestro Padre fue un profeta de los tiempos modernos, y que como tal, anticipándose a los tiempos tuvo grandes sufrimientos, como ocurre a menudo a aquellos que no quieren conformarse al pensamiento común sino que aventuran nuevas ideas.


No sabemos si fue un profeta, pero seguramente fue un Hombre que puso todo Su empeño por cambiar el mundo en el que vivía, siendo siempre vivo intérprete y testigo de los valores en los que creía. Y es de esta manera como deseamos recordarlo, junto a todos vosotros que con nosotros lo hemos amado.


(Parma 1 octubre 2011)


lunes, 17 de octubre de 2011

JACK LONDON: UN SOCIALISTA ATÍPICO


Muchos conocen al escritor norteamericano Jack London por sus novelas de viajes y aventuras como “Colmillo Blanco”, “Lobo de Mar” o “La Llamada de las Tierras Vírgenes” así como por su novela autobiográfica “Martin Eden”, pero muy pocos conocen su faceta de periodista, de estudioso de la sociología de su tiempo y de publicista socialista.


Jack London nació en San Francisco (California) en 1876 y tras numerosos viajes por el mundo como marinero enrolado en distintos buques mercantes se convirtió en 1893, cuando tan solo contaba diecisiete años de edad, en un socialista militante al ver las condiciones laborales y sociales a las que eran sometidos los trabajadores de la ciudad de Oakland, participando en la gran protesta del mundo del trabajo en reivindicación de mejoras sociales que fue la marcha a Washington en 1894.


El socialismo de Jack London es difícil de encuadrar, pues aunque llegó a afiliarse al partido socialista norteamericano y aceptaba, al menos como presupuesto intelectual, la teoría de la lucha de clases nunca llegó a ser un socialista científico por lo que sus ensayos sociales se encuentran bastante alejados del marxismo doctrinario. Así pues, el socialismo de London parece decantarse más bien hacia el primer socialismo utópico no estando exenta su exposición de los problemas sociales y de las posibles soluciones a los mismos de cierta impregnación cristiana.



Las obras en las que Jack London pretendía difundir los ideales socialistas son numerosas aunque traducidas al castellano solo encontramos dos “El Pueblo del Abismo” (editorial Valdemar) y “El Talón de Hierro” (editorial Hiru). En la primera de ellas, London describe la forma de vida que tienen los trabajadores que se encuentran en desempleo y prácticamente condenados a vivir en la calle como vagabundos criticando la hipocresía de las distintas entidades de beneficencia que antes de proporcionarles un plato de sopa caliente, les obligan a asistir puntualmente a oficios religiosos, al tiempo que si, en un plazo realmente breve, no han encontrado un empleo se verán privados de la ayuda benéfica con lo que los trabajadores desempleados se encuentran en una rueda sin fin consistente en que si para tomar una comida caliente al día tienen que ir a los oficios religiosos no pueden por tanto buscar algún trabajo y si con el tiempo no encuentran algún trabajo perderán el derecho a percibir un plato de sopa caliente. En “El Pueblo del Abismo” Jack London se muestra, aunque ni lo diga ni lo reconozca, como un extraño socialista pesimista muy alejado de la retórica socialista que prometía “la redención del pueblo trabajador” y un “paraíso proletario”.


Si bien es común en todos los socialistas científicos, empezando por el propio Karl Marx, un férreo optimismo y una inquebrantable fe en el triunfo de las masas trabajadoras, llegando a preconizar la destrucción total del capitalismo tal característica no se da en las obras socialistas de London, o al menos en las traducidas al español, porque entre las líneas de “El Pueblo del Abismo” se llega a poner en duda que los trabajadores puedan elevarse de tan paupérrima situación socioeconómica como las que quedan descritas en esta obra.


Por otra parte, en su novela “El Talón de Hierro”, publicada en 1908, London, además de profetizar la próxima guerra entre Estados Unidos y Alemania, que estallaría en verdad en 1917; augura, que tras la progresiva concentración de las riquezas en pocas manos por medio de “monopolios” y “trust”, el capitalismo triunfará totalmente imponiéndose sobre todas las pretensiones y demandas sociales de los trabajadores llegando a crear una tiranía mundial que se mantendrá en el poder gracias a la fuerza que le proporcionarán enormes plantillas de esbirros armados y a la división de los trabajadores en distintas castas, según presten sus servicios en sectores más o menos importantes de la economía, cuyos miembros gozaran de privilegios diversos que les alejaran de cualquier gesto de solidaridad con lo más bajo del escalafón social y que, en “El Talón de Hierro”, Jack London volverá a denominar como el “Pueblo del Abismo”.


La atipicidad del socialismo de Jack London se explica porque su ideario socialista tiene su origen en el corazón así como en sus experiencias vitales y no en la teoría intelectual, lo que le hace alejarse del socialismo marxista para estar más cerca, tal vez, de las constantes reivindicaciones de justicia social de un Chesterton que de la radicalidad de los revolucionarios bolcheviques.


miércoles, 30 de marzo de 2011

HABÉIS OÍDO QUE SE DIJO... PERO YO OS DIGO...

Aquel Maestro, llamado Jesús de Nazaret, enseñaba con autoridad propia. No dependía de los dichos de los sabios, ni de los escribas. Se atrevía a ir más allá de ley judía, llevándola a su radicalidad, con lo que la trascendía. Rompía su esquema retributivo y se situaba en otra esfera. Se dijo “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Yo, en cambio, os digo: “Amad a vuestro enemigos”. La ley del talión, el ojo por ojo y diente por diente, resulta desbordada.


¿Los seguidores de Jesús habremos de poner la otra mejilla, tendremos que renunciar a hacer frente a quien nos agravia, nos estará vedado el resistir al mal?. Y aquí los exégetas empiezan a discutir, a razonar sobre lo que dijo o quiso decir, sobre si la traducción es fiel a las palabras recogidas por el evangelista. ¿Dónde quedaría la justicia o la legítima defensa?... Lo que realmente rompen las palabras de Jesús es la distinción opositora entre los míos y los otros, entre los amigos y los enemigos. A los nuestros los calificamos de buenos, de los extraños solemos sospechar su maldad. Cuando ocurre un crimen en un lugar, lo primero que dicen las gentes, es si habrá sido alguien que vino de fuera. Y recelamos de forasteros y extranjeros, sobre todo si son pobres. El horror nos paraliza y angustia, si resulta que el criminal es alguien de dentro, de nuestro pueblo, de nuestra casa.


El mal moral existe, producido por los seres humanos, desde los principios de la historia. Hoy lo seguimos cometiendo en formas mucho más refinadas y agigantadas. Y todo mal tiene autor o autores, a menudo cómplices, y siempre víctimas. El sufrimiento de las víctimas clama al cielo y golpea a toda conciencia recta. No podemos permanecer impasibles ante ese llanto, ante esas heridas físicas o morales. Hemos de atender, consolar, cuidar a las víctimas. Pero más aún: hemos de tratar de impedir que ese daño se siga produciendo. No podemos callar, ni mirar hacia otro lado, aunque no hayamos participado en la comisión inicial, nuestro silencio cobarde, nuestro pasotismo inmoral nos convertiría en cómplices. La exigencia de verdad ante las injusticias, ante los crímenes, ante las violaciones de Derechos Humanos es el primer escalón de la justicia.


Luego viene el deber de reparar el daño causado. La impunidad del mal es el mejor caldo de cultivo para que se siga produciendo. Cuando alguien atropella, arrasa, esclaviza, violenta a otros seres humanos, los emplea de instrumento para conseguir sus fines, la equidad exige que repare, en lo posible, el daño causado. Pero, ¿quién puede devolver la vida a los asesinados, quién podrá secar las lágrimas de las víctimas, quién podrá restituir el honor a los vilipendiados?. Los vencidos no suelen tener más consuelo que el recobrar la memoria de la injusticia cometida, pero la historia suele estar escrita por los vencedores o por mercenarios a su servicio. La reparación sería el segundo escalón para una justicia humana. Lo difícil es no traspasar la línea tenue que separa la justicia de la venganza. En ese sentido, la ley del talión representó un avance histórico: una cierta proporción entre el daño causado y la pena impuesta por él. Era la familia, el clan de los agraviados, quienes la aplicaban. El derecho de las víctimas a juzgar y castigar a los ofensores fue universal, cuando podían ejercerlo.


Un paso siguiente en el avance civilizador fue la exigencia de que no se podía ser juez y parte al mismo tiempo. El juzgador debía ser imparcial, alguien ajeno a la víctima y al ofensor. Los jueces eran elegidos por la comunidad o designados directamente por quien ejercía el poder político. Las reglas reguladoras de la pena podían seguir siendo las mismas: el ojo por ojo. Claro que con la invención del dinero podía convertirse en pecuniaria. Y se dio con frecuencia una tasación en función de la calidad de la víctimas: cuando la víctima era un notable, la sanción era mucho más elevada que cuando se trataba de un villano.


Otro avance de calado mucho mayor se produjo cuando se introdujo la distinción entre el crimen involuntario, la culpa objetiva, de aquel provocado con intencionalidad. A lo hora de juzgar, la apreciación de lo que hoy llamamos circunstancias agravantes, atenuantes y eximentes condujo a un aquilatamiento mucho más equitativo de la responsabilidad. Y otra conquista fue la superación de la responsabilidad familiar o colectiva. Ni los descendientes, ni el clan fueron ya sancionados por delitos cometidos por un antecesor u otros miembros de la comunidad.


En el mundo occidental, la llegada de la modernidad se tradujo en este campo en tres conquistas: la exigencia de la tipificación previa del delito en una ley o código; las garantías jurídicas en el proceso penal para evitar la comisión de arbitrariedades, con la presunción de inocencia de todo acusado y su derecho a un abogado defensor. Y recaída la pena, la superación de ésta como mero castigo o efecto disuasorio en la sociedad, para tratar de conseguir a través de ella, un efecto rehabilitador en la persona del delincuente. Varias críticas pueden hacerse hoy a la práctica penal y penitenciaria: la pervivencia de la pena muerte (esa forma de asesinato legal) en varios Estados; el olvido muchas veces de las víctimas; el escaso efecto rehabilitador de las sanciones: y la discriminación real, en función de la clase social o etnia, en el castigo de los delitos.


Desgraciadamente, se sigue dando la impunidad en delitos cometidos directamente por el propio poder político o por bandas delictivas, con cierto apoyo social. La llamada razón de Estado juega en estos casos para favorecer la no persecución de estos crímenes. La negativa de Estados poderosos a aceptar la jurisdicción del Tribunal Internacional de Justicia es el ejemplo más grave de la arrogancia de quienes se sitúan por encima de las leyes. Pero hay otras prácticas muy graves que lesionan Derechos Fundamentales de las personas, amparadas por los ordenamientos jurídicos que están condenando a millones de seres al hambre, la sed, la enfermedad, al destierro, en definitiva; a la muerte.


¿Cuál debe ser la conducta de los seguidores de Jesús ante esta realidad tan dramática?. Es ineludible que resistamos al mal, lo mismo que cualquier persona honesta, sean cuáles fueren sus creencias o increencias, con ellas y codo a codo con ellas. Cerrar los ojos y los oídos ante el sufrimiento de tantos hermanos es injusto, nos convierte en cómplices del mal. Claro que una resistencia que incremente el dolor de otras personas no puede ser legítima. La violencia, el devolver mal por mal, la venganza, aparte de incrementarlo, no resuelve el problema. Existen formas de resistencia no-violenta, algunas de ellas ya probadas en la historia, que deben utilizarse. Tienen sus riesgos indudables, desconocerlo sería suicida. Exigen superar el propio miedo y enfrentarse cara a cara con los malhechores, denunciar sus abusos, negarse a consentir sus desmanes...


Pero las palabras inquietantes de Jesús nos piden bastante más. Amar a los enemigos nos sitúa en otro nivel, más allá del estrictamente retributivo. Para ello, tenemos que renunciar a juzgar, no podemos conocer el interior de las personas. Hay resistir al mal, pero reprimiendo el afán de convertirnos en enemigos de quienes lo cometen. Para ello, hemos de reconocer el mal que existe en nuestro interior, el daño que también nosotros hemos cometido contra nuestros prójimos. Y al sabernos perdonados por el Amor incondicional nos ayudará a dar nuestro perdón. Como decían las líneas finales, dirigidas a quien le iba a asesinar, en la carta póstuma del superior de los monjes asesinados en Argelia, recogida en la película “De dioses y hombres”: “Y a ti, también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías. Sí, para ti también GRACIAS y este A-DIOS en cuyo rostro te contemplo y que nos sea concedido reencontrarnos como ladrones felices en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío”. Sí, son las palabras de nuestro Hermano mayor en la Cruz :”Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Pedro Zabala


martes, 28 de septiembre de 2010

“LA NAVE DE LOS MUERTOS” de Bruno Traven

Aunque existen muchos autores literarios envueltos en el misterio no existe misterio literario que supere al de Bruno Traven, pseudónimo que esconde a un autor de nombre desconocido que a lo largo de su vida utilizó numerosos pseudónimos y que parece ser Ret Maruk, fundador, junto con Ernst Toller; de la efímera República Soviética de Baviera (1919).

Influenciado desde muy joven por la obra de Max Stirner, Bruno Traven comenzó su militancia anarquista publicando numerosos artículos periodísticos en la revista que fundó al efecto y que denominó “Der Zielgelbrenner” (“El Objetivo”). Anteriormente había combatido en la Primera Guerra Mundial y tras la misma, una vez fracasada la revolución alemana y condenado a muerte, se exilio en Méjico en el año 1923 donde empieza su producción literaria.

Siendo su novela más conocida “El Tesoro de Sierra Madre” por haber sido lleva al cine con gran éxito por John Ford y protagonizada por Humphrey Bogart, Traven tuvo una prolífica producción literaria entre la que destaca su novela “La Nave de los Muertos” recientemente publicada en España por la Editorial Acantilado.

“La Nave de los Muertos” de B. Traven es la segunda novela del autor, escrita en 1926 y ambientada tras los tratados de paz que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial. Narra las aventuras de Gerard Gales, un marinero norteamericano que abandonado en Amberes sin dinero ni documentación por el buque en el que servía se ve enfrentado sin éxito a toda la burocracia administrativa para intentar que le reconozcan una nacionalidad y le provean de la documentación necesaria para poder enrolarse en otro buque que le lleve a Nueva Orleans. Sin dinero, sin documentación y constantemente expulsado de los países en los que se encuentra por carecer de identificación, Gales se ve obligado a embarcarse en el “Yorikee” un buque más propio para el desguace que para surcar los mares.

Sirviendo el protagonista, Gerald Gales, como hilo argumental de la novela ésta se convierte en una acerada y directa crítica al mundo surgido tras la Gran Guerra con especial dedicación al capitalismo con sus condiciones laborales abusivas y al nacionalismo, reflejando el sentir de millones de seres humanos que, en virtud de los tratados de paz de 1919, se vieron desposeídos de toda nacionalidad y de todo derecho, convirtiéndose esta novela en una obra de plena actualidad al repetirse la misma situación setenta años después con la desintegración de la URSS.

A mayor redundancia, el propio título de esta novela de Traven “La Nave de los Muertos, hace referencia a una práctica fraudulenta muy utilizada en las dos primeras décadas del Siglo XX por no pocos navieros y consistente en mantener en servicio buques tan antiguos y tan decrépitos, que no tenían valor económico alguno, con la esperanza de que les ocurriera alguna desgracia en alta mar y así poder cobrar una suculenta indemnización por parte de las compañías aseguradoras. Dicha práctica fue la fortuna de no pocos banqueros cuyas familias hoy pasan por muy honorables y mecenas de las artes.

“La Nave de los Muertos” de Bruno Traven, no solo es una novela interesante y entretenida que mantiene al lector atento a sus páginas sino que además le hace reflexionar sobre unas prácticas económicas y sociales que poco o nada han evolucionado en los últimos ochenta años convirtiéndose en el prototipo de lo que será toda la producción literaria posterior de su autor en la que hay títulos, aún no publicados en España, tan significativos como “El General (Tierra y Libertad)” o “El Gobierno”. En definitiva, “La Nave de los Muertos” es otra obra literaria contemporánea que merece la pena leerse y analizarse tanto por su contenido como por el estilo literario utilizado por su autor. No en vano, cuando un periodista pregunto a Albert Einstein qué libro se llevaría a una isla desierta, éste le contesto: “Cualquiera, siempre y cuando sea de Bruno Traven”.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

“EL APOYO MUTUO” de Piotr Kropotkin

El príncipe Piotr Kropotkin es más conocido por su faceta política a causa de su proselitismo anarquista plasmado en obras como “La Conquista del Pan” o “Memorias de un Revolucionario” que por su faceta científica de explorador y biólogo.


Sin desatender su militancia anarquista y dentro de su menos conocida faceta científica, Kropotkin publicó entre 1890 y 1896 una serie de artículos en la revista británica “The Nineteenth Century” que fueron reunidos y publicados en un solo volumen en 1902 bajo el título de “El Apoyo Mutuo”.


“El Apoyo Mutuo” constituye un ensayo con el que se pretende refutar científicamente las teorías propias del darwinismo social defendido por Thomas H. Huxley en su obra “La Lucha Por la Existencia” y para ello Kropotkin se basa en su experiencia personal adquirida en diversas expediciones científicas a Siberia para ilustrar el fenómeno de la cooperación y, tras enumerar ejemplos de ayuda mutua en comunidades de animales, sociedades "salvajes", sociedades "bárbaras", en las ciudades medievales y en el mundo moderno, llega a la conclusión de que la cooperación y la ayuda mutua son el factor esencial y decisivo en la evolución de todas las especies.


En “El Apoyo Mutuo”, Kropotkin no solo desmonta el darwinismo social que constituye y fundamenta el capitalismo liberal sino que defiende de una forma apasionada la propiedad comunal y el carácter fraternal del hombre recurriendo a mensajes claramente evangélicos que en su momento le hicieron ganar el sobrenombre de “El Apóstol de la Humanidad”.


No obstante, en toda la obra, prevalece la militancia anarquista de su autor sobre el rigor científico y si bien ataca la existencia del estado como un escollo en la evolución humana que sirve de instrumento de dominio de unos pocos, no niega el hecho de que originariamente los hombres se reunieron bajo comunes instituciones de ayuda mutua y colaboración no solo para enfrentarse a una naturaleza hostil sino también a otros colectivos humanos con lo que cae en la contradicción propia de los anarquistas de afirmar que los estados ocasionan los enfrentamientos entre los seres humanos cuando el propio Kropotkin viene a reconocer que tales enfrentamientos se daban también en distintas sociedades primitivas donde aún no se había creado un estado siendo las instituciones de apoyo mutuo más bien instrumentos para resolver disputas internas entre los miembros de una tribu que instituciones de utilidad universal.


Curiosamente en “El Apoyo Mutuo”, Piotr Kropotkin hace una fundamentada defensa de las sociedades articuladas mediante toda clase de instituciones de cooperación frente a los estados fiscalizadores y progresivamente absorbentes de todas las libertades lo que en puridad doctrinal le hace coincidir con “el principio de subsidiariedad” defendido coetáneamente por la incipiente Doctrina Social de la Iglesia Católica, por los social-cristianos y por todos los movimientos legitimistas europeos.


“El Apoyo Mutuo” de Piotr Kropotkin constituye una obra de lectura obligada para comprender el origen de las sociedades y como las teorías darwinistas han dado lugar a la idea de competencia y depredación como forma natural de existencia y fundamento último de las relaciones humanas individual y colectivamente consideradas.


Este libro fundamental es difícil de encontrar en librerías aunque nos consta que la librería libertaria de Madrid, “La Malatesta”, lo distribuye en una edición Iberoamericana a un precio militante así como que también se puede descargar directamente de la red en formato pdf acudiendo a la dirección http://bivir.uacj.mx/libroselectronicoslibres/Autores/PedroKropotkin/Kropotkin,%20Pedro%20-%20El%20apoyo%20mutuo.pdf


miércoles, 9 de junio de 2010

EL RETORNO DE LAS IDEOLOGÍAS

A inicios de los años setenta del pasado siglo Don Gonzalo Fernández de la Mora escribió un interesante ensayo de título profético llamado “El Crepúsculo de las Ideologías” en el que defendía la teoría de que las ideas políticas con base filosófica o doctrinal defendidas por los diversos partidos desde la Revolución Francesa habían muerto siendo sustituidas por dos modelos racionales o maneras científicas de gestionar la “Res Publica”, simplemente diferenciados por pequeños matices alejados ya de toda intención de cambiar el mundo y solo interesados en que la maquinaria del estado y de la economía funcionasen.


Durante casi cuatro décadas, los modos, formas y maneras de gobernar en Occidente venían a dar la razón a don Gonzalo Fernández de la Mora confirmando sus vaticinios pues la alternancia en el poder en todos los estados democráticos de la socialdemocracia y del liberal-conservadurismo no venía a significar realmente cambio sustancial alguno en las estructuras sociales, morales o políticas para los pueblos mostrándose los socialdemócratas tan solo un poco más intervencionistas en materia económica que los liberal-conservadores.


No obstante, la actual crisis económica que globalmente afecta al planeta entero y que, bien mirada, no es solo una crisis económica sino también una crisis política y una crisis moral (o ética) hace imprescindible que los individuos y los pueblos vuelvan su mirada hacia las grandes teorías filosóficas o metafísicas que constituyen el pilar básico de las ideas y doctrinas políticas depositando sus esperanzas en ellas lo que, de hecho, significará un retorno de las ideologías y un anhelo por alcanzar lo ideal y perfecto.


Este retorno de las ideologías, sin estar exento de riesgos, en ningún caso significará el regreso o el renacer de ideologías que, materializadas en algún momento del pasado, demostraron su fracaso material y/o moral como es el caso del fascismo o del comunismo, sino que por el contrario significará un retorno al idealismo clásico y al anhelo de lo utópico pues las, ya imprescindibles, ideologías del futuro deberán dar respuesta no solo a las necesidades materiales de los hombres sino también a todas sus exigencias espirituales y para ello, una vez constatado el fracaso en la política del tecnicismo, del racionalismo y del pragmatismo, nada será mejor que acudir a las fuentes primigenias integradas por todos aquellos filósofos y pensadores que a lo largo de la historia se han planteado el problema del hombre y de Dios, de lo Divino y de lo humano, del bien y del mal y que han pretendido dar respuestas imaginativas a los grandes problemas de la humanidad basándose en la fraternidad y la colaboración.


En estos últimos doscientos años se han manifestado en Europa innumerables ideologías, algunas de las cuales alcanzaron el poder y descubrieron su rostro maligno para desaparecer entre la sangre y el fango, otras lo rozaron con la punta de sus dedos y cedieron ante otras dando lugar a nuevas ideologías sintéticas tales como la socialdemocracia o el liberal-conservadurismo actualmente fracasadas, pero solo dos quedan en el presente que, mostrando cierto vitalismo intelectual, son capaces de influir de forma eficaz en el pensamiento, en las sociedades y en los individuos para transformar el mundo cuales son aquellas ideologías que presentan una base religiosa cristiana que desean hermanar a los hombres en feliz comunidad al pretender hacer “en la Tierra como en el Cielo” cumpliendo con el mandato evangélico y aquellas ideologías de base nihilista que al no creer en nada desean la desaparición de todo para, partiendo de cero, construir un mundo nuevo sin deudas con el pasado y en el que los hombres vivan en próspera colaboración y mutua ayuda.


Ideas filosóficamente fundamentadas en el Cristianismo y/o en el Anarquismo serán las ideologías del porvenir y las únicas que pueden dar solución a los grandes problemas presentes y futuros de la humanidad. Entre ellas existen y existirán sin duda importantes diferencias pero también enormes coincidencias y que los hombres que las encarnan sean capaces de colaborar entre sí en aras de la justicia universal y de un mundo mejor en vez de enfrentarse en una estéril lucha que las haga anularse recíprocamente en beneficio de las corrientes de pensamiento que sustentan las injusticias presentes es sin duda digno de análisis y de debate, pero eso… ya será otra historia.


jueves, 13 de mayo de 2010

PREMIO “TEJIENDO SUEÑOS”

El blog “Solo de Interés” nos ha honrado nuevamente con un inmerecido premio, esta vez denominado “Tejiendo Sueños”, el cual recogemos y recibimos con alegría renovada porque aunque, como todos los premios recibidos hasta ahora, nos resulta inmerecido, nos alegra saber que la lectura de este modesto blog esta empezando a difundirse entre muchos internautas, lo que nos permite guardar la esperanza de que el mismo sirva para abrir debate, despertar conciencias sobre las graves contradicciones y los males que afectan al mundo en que vivimos e implicar al mayor número posible de personas en el objetivo de alcanzar una sociedad mejor.


Reiteramos nuestro agradecimiento tanto al blog “Solo de Interés” por el premio que nos ha otorgado como a todos nuestros lectores por seguirnos asiduamente.


A todos ellos: Salud y Amistad.


lunes, 5 de abril de 2010

NUESTRO PARTICULAR HOMENAJE AL REY DON CARLOS HUGO

Si ya con anterioridad hemos dedicado en esta bitácora algún artículo a Don Jaime III y a Don Javier I, Reyes ambos de las Españas a los que el destino y la persecución impidió sentarse de forma efectiva en el trono de San Fernando a pesar de reunirse sus respectivas personas, en perfecta unión armónica, la legitimidad de origen y la de ejercicio, no queremos dejar de dedicar unas líneas al actual Rey legítimo de nuestro país con motivo de alcanzar, este mes de Abril del 2010, la edad de ochenta años.

Don Carlos Hugo de Borbón Parma nació en Paris el 8 de Abril de 1930, siendo el segundo hijo, de un total de seis, fruto del matrimonio contraído el 12 de Noviembre de 1927 entre don Javier I y doña Magdalena Borbon-Busset. La infancia de Don Carlos coincide con los últimos y turbulentos años de la III República Francesa y con la Ocupación Alemana contra la cuál lucharía su padre hasta su apresamiento y posterior internamiento en el Campo de Concentración de Dachau.

Al finalizar la II Guerra Mundial, Don Carlos estudia Ciencias Económicas en la Universidad de Oxford, siendo el primer príncipe español en adquirir una formación completamente universitaria en la que predominarían los conocimientos filosóficos y humanistas sobre los puramente militares lo que posteriormente le sirve para iniciarse en el mundo laboral trabajando en el Deutsche Bank donde se le permite conocer de primera mano la política económica que llevaría al llamado “Milagro Alemán”.

En 1956, un grupo de jóvenes carlistas miembros de la Agrupación Escolar Tradicionalista (AET) se entrevistan con S.M. Don Javier I a fin de que éste envíe al joven príncipe a España para que conozca en persona la realidad de un país, el suyo, que todavía vive sumido en una larga posguerra agravada por una férrea represión política. Don Carlos entra clandestinamente en España a finales de ese año instalándose en Bilbao en el domicilio de un obrero metalúrgico con cuya familia convive hasta el mes de Mayo de 1957 bajo un duro régimen de estudios autoimpuesto a sí mismo y planificado por los jóvenes carlistas que se han propuesto presentar al Príncipe de Asturias, Gerona y Viana en el acto político carlista de Montejurra de ese año, siendo las vivencias de eso meses ampliamente recogidas en el libro de Ignacio Ipiña, recientemente publicado “Sol en las Bardas”.

Tras la primera aparición pública del entonces Príncipe de Asturias en el acto de Montejurra de 1957, Don Carlos Hugo de Borbón Parma comienza los contactos con los sectores más jóvenes del carlismo integrados por la Agrupación Escolar Tradicionalista (AET) y el Movimiento Obrero Tradicionalista (MOT) junto con los cuales inicia la puesta al día del ideario Carlista lo que le lleva en el Verano de 1962 a trabajar en la mina asturiana “El Sotón” para conocer la realidad social de los trabajadores españoles. A partir de ese momento Don Carlos se empeña en adecuar al carlismo a los nuevos tiempos para dar solución a los nuevos problemas, todo ello en consonancia con las nuevas ideas del Concilio Vaticano II.

El 29 de Abril de 1964, Don Carlos contrae matrimonio en Italia con la princesa doña Irene Orange-Nassau de los Países Bajos. De este matrimonio han nacido cuatro hijos: Don Carlos Javier, actual Príncipe de Asturias, Gerona y Viana, Príncipe de Piacenza y Duque de Madrid (1970), Doña Margarita, condesa de Colorno y Don Jaime, duque de San Jaime y conde de Bardi (Gemelos nacidos ambos en 1972) y Doña María Carolina, Duquesa de Guernica y Marquesa de Sala (1974).

La actividad política de Don Carlos, altamente reivindicativa de los derechos de los pueblos que conforman las Españas y de los trabajadores que la pueblan, le lleva a enfrentarse frontal y radicalmente con el régimen franquista que le expulsa de España en repetidas ocasiones y de forma definitiva en 1968, junto con toda la familia real. No obstante el joven Príncipe de Asturias no hace dejación de sus funciones y continúa en la lucha política participando junto con el Partido Carlista en todos los actos unitarios de las fuerzas políticas contrarias a la dictadura franquista a favor de la libertad y de la justicia social.

Finalmente el 8 de Abril de 1975, Don Carlos deja de ser Príncipe de Asturias, para convertirse en Rey legítimo o de Derecho de las Españas, al producirse la abdicación voluntaria de su padre, don Javier I. En 1976 entra clandestinamente en España para acudir al trágico Montejurra de ese año donde la acción violenta de grupos ultraderechistas provoca la muerte de dos militantes carlistas y heridas a otros cinco.

Sin nunca hacer renuncia a sus derechos dinásticos se afinca en España en 1977 para dirigir el Partido Carlista presentándose a las elecciones generales de 1979 encabezando la candidatura carlista por Navarra donde, a pesar de conseguir un 7.9 por ciento de los sufragios no consigue salir elegido renunciando por ello a la presidencia del partido y abandonando la primera línea de la política. A partir de ese momento Don Carlos se instala en Estados Unidos donde trabaja como profesor de economía en la Universidad de Harvard, permaneciendo siempre informado e interesándose por lo que sucedía en España a la que realiza numerosos viajes privados para mantener entrevistas y reunirse con significados carlistas.

En 1999, Don Carlos deja la actividad docente en Estados Unidos instalándose en Bruselas donde sigue de cerca el proceso de Unión Europea incrementando su presencia en actos culturales y representativos relacionados tanto con su condición de Rey de las Españas como con la de Duque de Parma.

Don Carlos Hugo de Borbón-Parma, S.M. Don Carlos VIII, Hugo; ha significado en la Historia de España otra buena oportunidad perdida para nuestro país, que podía haber encontrado en él, no solo a un Rey al que le asiste todo el Derecho que históricamente ha regulado la Sucesión a la Corona de las Españas consciente de todas las graves responsabilidades que recaen sobre la persona que asume y acepta la realeza, sino también a un líder político que, siendo conocedor de las realidades diversas de nuestros pueblos, representaba y representa, tanto por su formación académica como por las experiencias vividas, una oportunidad de modernización del Estado que permitiera orientarlo hacia la meta de la Justicia Social a la vez que fuera garantía de todas las libertades individuales y colectivas.

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