“El Chouan Ibérico” se suma y desea dejar patente su apoyo a la Huelga General convocada por distintas organizaciones y sindicatos para protestar contra la reforma laboral aprobada por el actual Gobierno presidido por el Señor Mariano Rajoy.
Muchas son las cuestiones y dudas que nos abordan cuando leemos el nombre de algunos sindicatos y organizaciones convocantes de esta huelga, pero ante la creciente ola de recortes que desde las instituciones financieras y políticas mundiales y europeas están siendo impuestas a los trabajadores españoles en particular y europeos en general y que amenazan con acabar con los logros de ciento cincuenta años de lucha del movimiento obrero, no podemos distraernos en discusiones estériles sobre momentos, estrategias y objetivos a alcanzar y simplemente solicitamos a nuestros lectores que, el próximo día 29 de Marzo del 2012, se sumen a la Huelga General.
Aunque convocada “contra la reforma laboral” esta Huelga General es contra la política restrictiva de derechos fundamentales y de recortes sociales que está desarrollando el actual gobierno popular por lo que no puede ni debe tener la escasa incidencia social que tuvo la huelga convocada el 29 de Septiembre del 2010 contra la reforma de las pensiones de jubilación aprobada por el gobierno socialista porque, de no conseguir la total paralización del país, el actual gobierno se sentiría con las manos libres para aplicar todo tipo de recortes sociales que, en definitiva, significarían la liquidación de todos los derechos que los trabajadores han obtenido con su sudor y con su sangre en siglo y medio de lucha.
Hace menos de una semana, el pasado 29 de Septiembre del 2010, tuvo lugar en España una Huelga General, convocada conjuntamente por la “Unión General de Trabajadores” (UGT) y por “Comisiones Obreras” (CCOO), contra la reforma laboral, la congelación de las pensiones y los demás recortes sociales aprobados por el gobierno socialista en un desesperado esfuerzo por mitigar la crisis económica que padecemos.
El seguimiento de dicha huelga general fue, como poco, moderado distando mucho de lograr la total paralización del país tal y como se consiguió, hace veintidós años, con la histórica huelga del 14 de Diciembre de 1988, por lo que, considerando además los duros recortes contra los que se hacía la convocatoria, solo puede concluirse con que el resultado de la Huelga General del 29 de Septiembre del 2010 constituye un enorme fracaso fruto de la suma de diversas causas que debieran hacernos reflexionar a todos y especialmente a los propios sindicatos convocantes.
En primer lugar las condiciones socio-económicas de hoy no son las mismas que en los tiempos de la huelga del 14 de Diciembre de 1988 porque en los veintidós años transcurridos, el gran sector público donde los sindicatos UGT y CCOO eran muy representativos ha desaparecido o se ha visto extremadamente reducido; así, por ejemplo, hace veintidós años la minería en España empleaba a unos doscientos mil trabajadores y hoy en día tan solo a unos diez mil. Por otro lado, la economía española ha ido abandonando la industria y la agricultura en beneficio del turismo y del sector servicios donde las empresas tipo son pequeñas y medianas, muchas de ellas de carácter familiar, donde la influencia de los sindicatos es escasa o nula existiendo además gran presencia de trabajadores autónomos en la economía general que no pertenecen ni se sienten vinculados por los acuerdos tomados en el seno de los sindicatos.
Por otro lado, en los veintidós años transcurridos desde la exitosa huelga general de 1988, los sindicatos UGT y CCOO han ido perdiendo influencia en numerosos sectores laborales como la administración (donde el sindicato profesional CSIF ha avanzado mucho en detrimento de estos sindicatos) y en los grandes almacenes (donde el sindicato más representativo es el FASGA). Esta pérdida de influencia sindical no se justifica solo en causas exógenas como es el nacimiento de nuevos sindicatos, muchos de ellos patrocinados por los propios empresarios, sino que también hay que buscarla en causas endógenas de los propios sindicatos como son los ritmos de vida de los dirigentes sindicales que, al haber transcendido a la prensa, han dado una pobre e incoherente imagen de lo que debe ser un líder sindical que lucha por los derechos de los trabajadores.
Otra causa que explicaría el fracaso de la pasada huelga general de Septiembre y la progresiva pérdida de representatividad de los sindicatos se encuentra en un mal hacer de los mismos que, en estas dos últimas décadas, se han preocupado más por satisfacer a los partidos políticos, de los que en no pocos casos han sido meras correas de transmisión propagandística, y por garantizarse sus subvenciones gubernamentales que en organizar una estrategia de defensa de los trabajadores ante las nuevas estratagemas capitalistas, lo que ha favorecido que una parte creciente de trabajadores prefieran sindicarse en la tradicional Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la cual por ejemplo es mayoritaria en el servicio metropolitano de Madrid, o en otros sindicatos de izquierda más pequeños, pero también más reivindicativos y coherentes.
Finalmente los sindicatos UGT y CCOO han pasado en los últimos veinte años de ser los sindicatos mayoritarios en toda la geografía española y en todos los sectores de producción económica a ser tan solo representativos en el sector industrial y no en todo él sino solo en los astilleros, en las divisiones españolas de las grandes empresas multinacionales como la automovilística y poco mas. Realmente este sector industrial es relativamente pequeño en nuestro país empleando directamente a un millón escaso de trabajadores.
Este retroceso en la presencia social tanto de la UGT como de CCOO y que apenas ha sido percibida por sus respectivas cúpulas sindicales es la que está detrás de el fracaso de la Huelga General del 29-S. Pero este fracaso no solo supone un fracaso de los sindicatos convocantes, sino que supone un fracaso para todos los trabajadores porque el hecho de que no se paralizara totalmente el país no solo justificará en el futuro la toma de medidas políticas tendentes a limitar el derecho sindical y que ya se vienen anunciando con una previa “denuncia pública” de los sindicatos, sino que permitirá tomar nuevas medidas antisociales y hacer nuevas reformas contra los trabajadores porque, al fin y al cabo, "ya nadie se movilizará" contra las mismas perfilándose como finalidad última de toda política y de toda economía la consolidación del neoliberalismo y la globalización en detrimento de los logros sociales conquistados por la clase trabajadora en estos últimos ciento cincuenta años y que terminarán siendo totalmente liquidados haciendo retroceder a la sociedad a los primeros años de la Revolución Industrial.
El príncipe Piotr Kropotkin es más conocido por su faceta política a causa de su proselitismo anarquista plasmado en obras como “La Conquista del Pan” o “Memorias de un Revolucionario” que por su faceta científica de explorador y biólogo.
Sin desatender su militancia anarquista y dentro de su menos conocida faceta científica, Kropotkin publicó entre 1890 y 1896 una serie de artículos en la revista británica “The Nineteenth Century” que fueron reunidos y publicados en un solo volumen en 1902 bajo el título de “El Apoyo Mutuo”.
“El Apoyo Mutuo” constituye un ensayo con el que se pretende refutar científicamente las teorías propias del darwinismo social defendido por Thomas H. Huxley en su obra “La Lucha Por la Existencia”y para ello Kropotkin se basaen su experiencia personal adquirida en diversas expediciones científicas a Siberia para ilustrar el fenómeno de la cooperación y, tras enumerar ejemplos de ayuda mutua en comunidades de animales, sociedades "salvajes", sociedades "bárbaras", en las ciudades medievales y en el mundo moderno, llega a la conclusión de que la cooperación y la ayuda mutua son el factor esencial y decisivo en la evolución de todas las especies.
En “El Apoyo Mutuo”, Kropotkin no solo desmonta el darwinismo social que constituye y fundamenta el capitalismo liberal sino que defiende de una forma apasionada la propiedad comunal y el carácter fraternal del hombre recurriendo a mensajes claramente evangélicos que en su momento le hicieron ganar el sobrenombre de “El Apóstol de la Humanidad”.
No obstante, en toda la obra, prevalece la militancia anarquista de su autor sobre el rigor científico y si bien ataca la existencia del estado como un escollo en la evolución humana que sirve de instrumento de dominio de unos pocos, no niega el hecho de que originariamente los hombres se reunieron bajo comunes instituciones de ayuda mutua y colaboración no solo para enfrentarse a una naturaleza hostil sino también a otros colectivos humanos con lo que cae en la contradicción propia de los anarquistas de afirmar que los estados ocasionan los enfrentamientos entre los seres humanos cuando el propio Kropotkin viene a reconocer que tales enfrentamientos se daban también en distintas sociedades primitivas donde aún no se había creado un estado siendo las instituciones de apoyo mutuo más bien instrumentos para resolver disputas internas entre los miembros de una tribu que instituciones de utilidad universal.
Curiosamente en “El Apoyo Mutuo”, Piotr Kropotkin hace una fundamentada defensa de las sociedades articuladas mediante toda clase de instituciones de cooperación frente a los estados fiscalizadores y progresivamente absorbentes de todas las libertades lo que en puridad doctrinal le hace coincidir con “el principio de subsidiariedad” defendido coetáneamente por la incipiente Doctrina Social de la Iglesia Católica, por los social-cristianos y por todos los movimientos legitimistas europeos.
“El Apoyo Mutuo” de Piotr Kropotkin constituye una obra de lectura obligada para comprender el origen de las sociedades y como las teorías darwinistas han dado lugar a la idea de competencia y depredación como forma natural de existencia y fundamento último de las relaciones humanas individual y colectivamente consideradas.
La reciente emisión en la Primera de Televisión Española de la serie “Ojo por Ojo” ha sacado a la luz, de una forma bastante distorsionada, un episodio de nuestra historia, que por desconocido no constituye una simple anécdota, cual fue la existencia de un tercer gran sindicato obrero, el llamado Sindicato Libre que, curiosamente nacido en el seno de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), pugnó con ésta y con la Unión General de Trabajadores (UGT) por crear un sindicalismo profesional que, alejado de todo sectarismo político, defendiera los derechos de los trabajadores sin interferencias partidistas. Los Sindicatos Libres tienen su origen en la línea editorial del semanario carlista catalán “La Trinchera” cuyas proclamas sociales, en contraste con el diario carlista “El Correo Catalán”, próximo a la línea política de Vázquez de Mella, tuvieron una excelente acogida en los círculos carlistas catalanes “El Porvenir”, “Crit de la Patria” y sobre todo “El Ateneo Obrero Legitimista” que empezaron a organizar diversas actividades de promoción de los trabajadores como una campaña de alfabetización mediante clases impartidas por militantes carlistas femeninas, las denominadas “Margaritas”.
En 1919, la consolidación de la revolución bolchevique, lleva a la Confederación Nacional del Trabajo y a la Unión General de Trabajadores a una progresiva radicalización política que les hace encauzar sus actividades más hacia lo meramente político que a lo social y laboralmente reivindicativo. Fue en este año de 1919, cuando se produce la creación, tras una reunión en el Ateneo Obrero Legitimista, del primer Sindicato Libre en Cataluña siendo elegido presidente Rafael Sales Amenós, que hasta ese momento había compaginado su militancia política en el Requeté de Barcelona con su militancia en el Sindicato de Comercio de la CNT.
De la creación de este Sindicalismo Libre fue debidamente informado S.M. Jaime III que en esos momentos, preocupado por la cuestión social, había obtenido de la CGT francesa su carnet sindical dando su aprobación e instando a todos los trabajadores, especialmente a los carlistas, a ingresar en las filas del Sindicato Libre.
De 1919 hasta 1922 los Sindicatos Libres fueron creciendo en militancia obrera, debido en gran medida a los deseos de muchos trabajadores de que existiera un sindicalismo socialmente reivindicativo, pero apartado de todo juego político o partidista, llegando a extenderse fuera de Cataluña por toda la geografía española, pero especialmente en la tradicional área de implantación del Carlismo (Euskalherria, Valencia, Aragón, Asturias…).
El nacimiento de estos sindicatos fue mal visto, no solo por la CNT que entendía que la existencia de un nuevo sindicato podía afectar a la unidad sindical, sino también por los sindicatos católicos estrechamente vinculados a la jerarquía eclesiástica que temían, no sin falta de razón, que los Sindicatos Libres les podrían restar militancia al ser más reivindicativos y presentar una línea de actuación más clara y coherente. Así pues, durante los primeros tres años de existencia, los Sindicatos Libres tuvieron que enfrentarse con la oposición eclesiástica pero, sobre todo, con la violencia ejercida contra ellos por los militantes de la CNT, que les llegó a provocar la muerte de 53 de sus dirigentes.
En torno a 1922, y ante la situación prerrevolucionaria que se vive en Cataluña debido a las huelgas y a los atentados anarquistas, comienza el declive de los Sindicatos Libres al ser estos infiltrados por agentes provocadores, en muchos casos procedentes del lumpen criminal, que pagados por el Gobierno Civil de Barcelona entonces en manos del General Martínez Anido y por la patronal se dedican al asesinato de militantes sindicales opuestos, todo ello para impedir cualquier unidad sindical enfrentando a unos obreros con otros. La patronal no solo incita a los Sindicatos Libres, a través de sus agentes infiltrados, a lanzarse a una campaña terrorista sino que, hábilmente, utiliza a estos y a la propia CNT para conseguir trabajadores en periodos de huelga, contratando a militantes del Sindicato Libre para que trabajen en momentos de huelgas convocadas por la CNT y contratando a militantes de la CNT para que hagan de esquiroles ante huelgas convocadas por los Sindicatos Libres.
En 1923, la infiltración de los Sindicatos Libres es tan grande y la situación en Cataluña tan grave debido al pistolerismo de unos y de otros que llega a estar amenazada la existencia misma de todo sindicalismo. Ante esta situación el dirigente de la CNT y anarco-sindicalista, Ángel Pestaña, siempre opuesto al empleo de la violencia por parte del sindicato anarquista, viaja a Francia para entrevistarse con S.M. Jaime III a quién aporta pruebas de la infiltración de los Sindicatos Libres por parte del gobierno y de la patronal, ordenando don Jaime la disolución de los Sindicatos Libres aunque sólo consigue que los militantes Carlistas se aparten de los mismos y dejen de colaborar con ellos, refugiándose el sindicalismo carlista desde ese momento y hasta 1937 en el llamado Movimiento Obrero Tradicionalista (MOT).
Tras el golpe de estado de Primo de Rivera en Septiembre de 1923, el general Martinez Anido es elevado al Ministerio de Gobernación. A partir de ese momento el gobierno prohíbe la CNT y se apoya en la socialista UGT como entidad colaboradora para controlar al movimiento obrero. Por su parte los Sindicatos Libres, ya sin el apoyo de los carlistas, empiezan su declive a pesar de su fusión con los sindicatos católicos languideciendo, siempre dirigidos por Rafael Sales (que al no cumplir las órdenes de don Jaime de dejar de colaborar con los Sindicatos Libres es expulsado de la disciplina carlista), hasta la proclamación de la II República en el que reaparecen como un sindicato vinculado a la CEDA.
En definitiva, los sindicatos libres fueron unos sindicatos cuya intención era crear un sindicalismo profesional para la defensa exclusiva de los intereses de la clase trabajadora por ella misma, que superase las divisiones estériles producidas por las aspiraciones políticas de convertir las organizaciones obreras en correas de transmisión de estrategias partidistas diseñadas desde fuera al servicio de metas ideológicas que no tenían porque representar al conjunto de la clase obrera, teniendo en la fundación de los mismos una notable importancia e influencia el carlismo, pero al no ser jamás un sindicato propiamente carlista (tal cosa iría incluso contra sus intenciones de ser un sindicato libre) admitía trabajadores de cualquier procedencia siendo relevante la procedencia cenetista de muchos de sus dirigentes y primeros afiliados. Los Sindicatos Libres sufrieron la infiltración de elementos provocadores tanto del gobierno como de la patronal y cuando S.M. Jaime III instó, tras su entrevista con Ángel Pestaña, su disolución, la misma no se llevó a cabo porque no eran propiamente sindicatos carlistas, aunque no obstante, al conseguirse que los militantes carlistas se alejaran y dejaran de colaborar con ellos dichos sindicatos empezaron un declive que provocó primero su fusión con el sindicalismo clerical y posteriormente su sometimiento político a la CEDA.