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martes, 20 de marzo de 2018
REIVINDICACIONES P.P.
jueves, 19 de abril de 2012
SIETE DÍAS DE ABRIL
El epigrafe bajo el cual se publica este artículo se inspira en el título de una muy famosa película de Juan Antonio Bardem (“Siete días de Enero”) aunque también podría haberle puesto por nombre "Spanish Horror Week" ("Horrible Semana Española) inspirándome en una serie que en la actualidad se emite en el canal “Cuatro Televisión” y que se llama “American Horror House”.Los siete días de este mes de Abril de 2012 que van del 14 al 21 son históricos y marcaran un antes y un después porque en poco menos de una semana se ha dado un golpe mortal al estado del bienestar en España, se ha iniciado el desmantelamiento de un sistema de sanidad publica lenta y trabajosamente construido durante años y se ha caído definitivamente la máscara del Regimen nacido de la llamada "Transición" revelándose el Estado Constitucional de 1978 como lo que es: una idea falsa.
Los siete días que “conmovieron España” comienzan y terminan, de momento, con noticias objetivas relativas a Su Excelencia el Jefe del Estado a Título de Rey.
En primer lugar, el día 14 de Abril salta la noticia de que Su Excelencia el Jefe del Estado a Título de Rey ha sido ingresado de urgencia a causa de la rotura de una cadera producida por una caída durante una caceria en el África Subsahariana, concretamente en Botswana. Este hecho en principio poco trascendente en una persona particular, alcanza notoria y política trascendencia al encontrarse atravesando España una grave crisis económica, tener cinco millones (y ascendiendo) de parados y al establecerse constitucional y legalmente que el Gobierno ha de saber en todo momento donde se encuentra el Jefe del Estado cosa ésta que al parecer no se sabía ateniendonos a lo manifestado por el Vicepresidente de Organización del Partido Popular, Carlos Floriano, quien dijo textualmente que “el gobierno se enteró del viaje del Rey a Botswana cuando sufrió la caída que le produjo la rotura de la cadera derecha, y no antes".
El hecho de que el Jefe del Estado a Título de Rey, que pocos meses antes había manifestado su protocolaria preocupación por el paro juvenil afirmando que habia que “arrimar el hombro” para hacer frente a la crisis económica; se hubiera ido de cacería a varios miles de kilómetros de distancia con el gasto que todo ello conlleva en seguridad, transporte, alojamiento y demás demuestra como poco su total falta de sensibilidad con los españoles que en estos mismos momentos están sufriendo apuros económicos porque se ha ejecutado una muy mala política sin que nadie, por encima de los diferentes Jefes de Gobierno, haya asumido responsabilidades ejerciendo funciones “arbitrales”.
El día siguiente, 15 de Abril, España se despierta con la noticia de que el Gobierno Argentino ha decidido expropiar y nacionalizar la empresa “Yacimientos Petrolíferos Federales” (YPF) perteneciente a la empresa española REPSOL, ante el estupor del gobierno español que veía como caía la cotización en bolsa de la multinacional española arrastrando al índice IBEX 35 y disparando las especulaciones sobre las posibilidades económicas de España así como la prima de riesgo de nuestro país.
Frente a esta nacionalización, el gobierno presidido por el señor (por llamarlo de alguna manera) Rajoy despliega al viento la bandera, habla de agresión a España ignorando que REPSOL es una empresa privada con accionariado multinacional y, sin flota ni fuerza aérea alguna, afectado de una rabieta de niño caprichoso amenaza con graves medidas contra la República Argentina obviando el hecho de que, en política, toda acción genera una reacción y que cualquier medida que se adopte contra Argentina por parte de España puede ser contestada por esta con medidas contra los españoles allí residentes o contra las sucursales argentinas de empresas españolas. En definitiva, ignorando que en un conflicto diplomático-económico con Argentina, España tiene más que perder que Argentina.
Posteriormente el día 18 de Abril surge la noticia de que el gobierno va a acordar imponer el copago farmacéutico, extendiendo a toda España, la iniciativa de la Generalitat de Catalunya, lo que va a suponer que los jubilados, el colectivo que más necesidad tiene de medicinas por ser muchos de ellos enfermos crónicos y que hasta ahora disfrutaba de las mismas gratuitamente, va a tener que pagar, en función de la renta, entre un diez y un veinte por ciento del coste de los medicamentos. Esta medida que no fue propuesta por partido alguno durante la campaña electoral pasada y que ahora se va a aplicar significa la quiebra total del sistema de representación indirecta por medio de partidos que se presentan a unas elecciones porque a partir de ahora cualquier partido político o candidato puede llegar al poder diciendo defender la libertad y terminar imponiendo una dictadura (más o menos como hizo Hitler).
Por esas mismas fechas, salta a la prensa la intención del Gobierno del Partido Popular de reformar el Código Penal para incrementar las penas para todos aquellos que tomen parte en protestas ciudadanas llegando incluso a tipificar como delito de atentado el simple hecho de sentarse ante un policia en señal de protesta. Igualmente se estudia establecer, exclusivamente para casos de terrorismo, la pena de “Prisión Perpetua Revisable”; lo cual no deja de ser extremadamente curioso en la presente situación donde la banda terrorista por excelencia en nuestro país, ETA, anunció, hace seis meses y tras cincuenta años de actividad delictiva, que deja definitivamente las armas y por tanto, a partir de ahora, lo actos terroristas serán excepcionales, escasos o inexistentes y, aunque siempre execrables, podrán ser condenados conforme a las penas vigentes en el actual Código Penal, salvo que el gobierno prevea tipificar como acto terrorista la reclamación de pan por parte de madres con niños en brazos.
Hasta aquí, una somera relación comentada de esta última semana en la que se consolida la política liquidadora del estado de bienestar en España ya que, en menos de un año y con dos huelgas generales de por medio, la situación social ha cambiado en lo siguiente:
HACE UN AÑO:
La jubilación estaba establecida a los 65 años (Ahora, la jubilación es a los 67 años)
Se requeria 15 años de cotización para cobrar una pensión (Ahora, se requiere un mínimo de20 años de Cotización)
Se indemnizaba al trabajador con 45 días por año trabajado en caso de despido declarado improcedente (Ahora indemnización para estos mismos casos se fija en 35 días por año)
Habia medicamentos gratis pensionistas (Ahora se va a requerir a los jubilados el pago de un 10 ó 20 por ciento del precio de los mismos)
Las retenciones de IRPF practicada sobre la renta del capital eran del 18 por ciento (Ahora, esas mismas retenciones se han incrementado al 21 por ciento)
Finalmente, esta nueva Semana Trágica Española han terminado con un simple "Lo siento mucho; me he equivocado y no volverá a ocurrir", pronunciado por Su Excelencia el Jefe del Estado a Título de Rey y que no aclara que es lo que siente, si siente no haber visitado a su nieto, convaleciente de otro accidente; si siente lo de su yerno, imputado en un proceso penal; si siente el haberse caído, si siente el haberse ido de caza o si siente los graves recortes que están sufriendo los españoles. No obstante, el verdadero grado de constricción de Su Excelencia se verá en las próximas semanas cuando figure o no su firma en el Decreto que impone el copago farmacéutico a los españoles, siendo, el hipotético hecho de que se negase a firmarlo unas verdaderas disculpas que, sinceramente, sería muy difícil el no aceptar.
martes, 11 de octubre de 2011
PRIVATIZAR SIN PRIVATIZAR ¿COMO SE VA A HACER?
Está en el ambiente y se respira en el aire siendo motivo de innumerables protestas ciudadanas principalmente en Barcelona y Madrid. No se trata de la contaminación o tal vez sí, pero desde luego no de la contaminación atmosférica sino de otro tipo. Nos referimos a las probables, más que posibles, privatizaciones de servicios públicos como la educación o la sanidad que pueden tener lugar en la próxima legislatura como consecuencia de la crisis económica.
En realidad las privatizaciones han estado presentes en la política y en la economía española desde que empezaron a venderse las primeras empresas públicas a mediados de la década de los ochenta del pasado siglo con motivo de la mal llamada “Reconversión Industrial” que más debería haberse llamado “Desindustrialización Programada”, aunque jamás fueron objeto de las mismas servicios públicos fundamentales con los que la ciudadanía tenía relación directa.
Los ciudadanos hoy están protestando, con justicia y con razón, contra las privatizaciones, pero con la ingenua creencia en que, si no son atendidas sus reivindicaciones, llegará un día en que los gobernantes venderán directamente las instalaciones educativas y sanitarias con todos los materiales y mobiliario existente en su interior a unas empresas privadas que a partir de ese momento se harán cargo del abono de emolumentos al personal docente y sanitario y gestionaran la educación y la sanidad con criterios puramente empresariales y con plena obediencia a las leyes del mercado.
No obstante, tal cosa no solo no sucederá así, sino que además la privatización de la educación y de la sanidad llegará ante la indiferencia de los ciudadanos cuando no atendiendo a una clamorosa exigencia de los mismos y ello porque previamente habrá un proceso de transición, que ya ha comenzado hace unos años, en el que no se ahorraran esfuerzos para modificar la opinión ciudadana sobre los servicios públicos.
Si la privatización de la educación y de la sanidad tuviera lugar en la forma como cree la opinión pública, las instituciones políticas tendrían un grave problema pues el personal funcionario de tales servicios no podría ser reubicado en su totalidad ni en el sector público ni en el sector privado generándose un importante número de nuevos parados que no aliviarían precisamente el gasto público sino que simplemente modificarían el concepto de dicho gasto que pasaría de los presupuestos de educación o sanidad al de prestaciones por desempleo. Por otra parte, la privatización de tales servicios solo puede ser lenta y progresiva pues con una privatización rápida se podría correr el riesgo de colapsar totalmente el servicio.
Así pues, las privatizaciones que se avecinan se harán encubiertamente y con paso firme y pausado hasta que llegue un día en que toda la población o, al menos una inmensa mayoría de ella, se encuentre siendo asistida por la sanidad o la educación privada sin que se percate de ello.
El método de privatizar sin privatizar (o al menos sin qué se note) consiste, en primer lugar en lanzar “globos sonda” que son recogidos por la prensa y demás medios de comunicación en los que se cuestiona la gestión pública del servicio en cuestión, ello genera un debate en la sociedad que nadie se había planteado anteriormente en el que un sector, aunque sea muy minoritario, argumentara a favor de la privatización. Posteriormente y con cualquier excusa, aunque generalmente será con la de mejorar la prestación, se externalizarán determinadas funciones, como por ejemplo el catering de los colegios o la limpieza de los hospitales, para continuar, amparándose en la racionalización de los costes y en el aumento de la productividad, con el endurecimiento de las condiciones laborales de los profesionales del sector. Cuando se haya llegado a este punto, es el momento crítico de la privatización encubierta porque los profesionales protestaran, se movilizaran y de esta forma colaboraran inconscientemente y de buena fe a la tarea privatizadora pues no se escamotearan esfuerzos para criticarlos duramente en los medios de comunicación y en afirmar que sus quejas responden a motivos espurios y egoístas, generándose con todo ello un malestar social hacia estos profesionales primero y después hacia el funcionamiento del propio servicio público que de ellos depende que, unido a deficiencias existentes en el servicio, sean estas inherentes al mismo o mal intencionadamente provocadas; irá incubando en los ciudadanos una creciente desconfianza hacia lo público que hará que surjan las preguntas del tipo ¿Estaré bien tratado si voy a un hospital público? ¿Los profesores de un colegio público se preocupan realmente por sus alumnos, mis hijos?.
La quiebra de la confianza en los servicios públicos llevará a los ciudadanos a que progresivamente y de una forma creciente vayan suscribiendo “seguros privados de salud” (que son ofrecidos por bancos y empresas a precios realmente no excesivos) que les aseguren una mínima asistencia médica en caso de enfermedad o a matricular a sus hijos en colegios privados y/o concertados, lo que a su vez conllevará un adelgazamiento en las prestaciones sanitarias y educativas públicas que al final quedarán reducidas poco menos que a aquellos que sean “pobres de solemnidad” y poco menos que serán consideradas como prestaciones de beneficencia, todo ello con la consiguiente reducción progresiva en las plantillas laborales a base de la congelación de ofertas de empleo público, despido de interinos e, incluso, prejubilaciones.
Llegado el momento en que la mayoría de la población haya derivado, de forma voluntaria y ante su desconfianza, al sector privado ella misma reclamará que se privatice lo que quede de la sanidad y de la educación pues ello supondrá, al menos teóricamente, una disminución en la presión fiscal y así dejará las manos libres a las instituciones políticas para que puedan enajenar los establecimientos sanitarios y educativos absorbiéndose por la empresa privada o la propia administración un personal laboral numéricamente reducido.
Este y no otro será el método a seguir en el proceso privatizador por lo que los ciudadanos y trabajadores del sector público han de estar atentos para que en los primeros no surja la desconfianza en las prestaciones de los servicios públicos y en los segundos no se caiga en la provocación que les llevará a colaborar inconscientemente con las privatizaciones.
martes, 1 de febrero de 2011
EL SOFISMA DE LA REFORMA DE LAS PENSIONES II: EL ACUERDO
El acuerdo, anunciado a bombo y platillo, sobre la reforma de las pensiones al que han llegado el gobierno y los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, el pasado 27 de Enero y que se firmará el próximo día 2 de Febrero, no es más que un nuevo sofisma que, en forma de componenda, lo único que significa es la pervivencia del “Modus Vivendi” de los firmantes del mismo a costa del pueblo español al asegurarse los empresarios y las instituciones la “paz social” y los sindicatos el seguir percibiendo subvenciones a cargo del erario público.
Así, el Pacto, al que seguramente se sumaran los representantes empresariales y el Partido Popular concretiza lo que ya afirmábamos desde “El Chouan Ibérico” la semana pasada. Se consolida el retraso general en la edad de jubilación a los 67 años de edad, exigiéndose treinta y siete años de cotización para tener derecho a obtener la pensión máxima jubilándose a esa edad o treinta y ocho años y medio de cotización para obtener dicha pensión jubilándose a los 65 años; asimismo la pensión a percibir se calculará sobre los veinticinco últimos años trabajados en vez de sobre los últimos quince años como se venía haciendo hasta ahora.
En definitiva: El retraso en la edad de jubilación tal vez sea lo más llamativo de esta Reforma y de este acuerdo, pero desde luego; aun siendo malo, no es lo peor ni lo más grave. Lo más grave es, como ya apuntábamos la semana pasada, que atendiendo a la realidad del mercado laboral español al que los jóvenes se incorporan cada vez más tarde cotizando por lo tanto menos años; será menor el número de personas que tengan derecho a la pensión máxima y que al calcularse la pensión a percibir sobre los últimos veinticinco años trabajados en vez de sobre los últimos quince como se venía haciendo hasta la reforma, la pensión resultante a la que tendrán derecho los trabajadores será cuantitativamente menor además de requerirse un mínimo de veinticinco años cotizados para tener derecho a la pensión mínima en vez de los quince que se requería hasta ahora.
A mayor redundancia, repetimos que esta reforma abre la puerta a futuras y sucesivas modificaciones siempre tendentes a aumentar progresivamente la edad de jubilación y la base de cotización hasta alcanzar, esta última, toda la vida laboral de los trabajadores además de no asegurar la pervivencia del sistema público de pensiones más de cuarenta años al haber entrado la economía española en una fase de pre-colapso más que de crisis al no poseer unos sólidos y competitivos sectores primario y secundario que requieran de forma constante y continua mano de obra que a su vez cotice al sistema público de pensiones.
Este apaño al que han llegado el gobierno y los sindicatos consolida los iniciados procesos de progresiva liquidación del Estado de Bienestar y de las clases medias, además de asegurar el empobrecimiento de nuestros jubilados, de los cuales ya en la actualidad un veinte por ciento vive en el umbral de la pobreza a consecuencia de las exiguas pensiones que perciben.
martes, 25 de enero de 2011
EL SOFISMA DE LA REFORMA DE LAS PENSIONES
Dentro de la grave crisis económica que padecemos ocupa el primer plano de la actualidad el debate sobre la llamada “Reforma de las Pensiones de Jubilación” afirmando todos los líderes políticos que es imprescindible una reforma del sistema para garantizarlas en el futuro, constituyendo tal afirmación un sofisticado sofisma entendiendo por tal la definición estricta que, de sofisma, ofrece el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: “Razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir lo que es falso”.Cuando nuestros “geniales” políticos (sea dicho con todo el sarcasmo del mundo), hablan con cierta pompa de garantizar las pensiones futuras, realmente están hablando simplemente de garantizar las pensiones presentes y las que, de forma inmediata se vayan generando en los próximos diez o quince años pues resulta claramente manifiesto que el sistema público de pensiones no podrá garantizarse en ningún caso más de cuarenta años.
Dentro de esta “reforma de las pensiones” se habla de aumentar la edad de jubilación hasta los sesenta y siete años y de aumentar el cómputo de años trabajados para tener derecho a cobrar la pensión máxima hasta una horquilla que se encontraría entre los treinta y siete años de cotización y los cuarenta y uno. Con la primera medida el estado conseguiría teóricamente que cada trabajador cotizase dos años más y, ciertamente, que cobrará la pensión de jubilación durante dos años menos mientras que con la segunda medida resultaría que mucha menos gente tendría derecho a cobrar la pensión máxima de jubilación existiendo una disminución generalizada en las cuantías de dichas pensiones, pues la realidad del mercado laboral español indica que los jóvenes españoles empiezan a trabajar muy tarde (sobre los treinta años edad) existiendo durante toda su vida laboral periodos de no cotización, bien por ser víctimas del paro de larga duración exento de protección y de cotización, bien por tener que suspender su actividad laboral para dedicarse al cuidado de la familia, como es el caso de muchas mujeres; o, simplemente por tener que sobrevivir en la “economía sumergida”.
Por otro lado también se está planteando la posibilidad de que los ciudadanos incrementen la cuantía de la pensión pública de jubilación mediante la contratación de planes privados de pensiones, lo cual plantea el problema de que, considerando los salarios medios existentes en nuestro país, muy poca gente podrá completar dignamente las pensiones públicas con la contratación de dichos planes ya que los mismos generarán un nuevo gasto fijo y periódico, como si fuera un consumo más, que no todas las familias están en condiciones de afrontar.
El problema real que afecta al sistema público de pensiones y que, a la larga, lo hace insostenible no se encuentra, como durante años nos han pretendido hacer creer, en la llamada “inversión de la pirámide demográfica” sino en la “inversión de la pirámide de cotizantes”. La “inversión de la pirámide demográfica” constituye un problema coyuntural al que se podría hacer frente, bien mediante “la importación de habitantes” o, bien mediante el desplazamiento puntual de medios económicos de determinados departamentos ministeriales hacia la financiación del Sistema Público de Pensiones al no ser una situación de duración indefinida porque, si bien es cierto, que la falta de relevo generacional provocaría que durante unos años existiera mayor numero de pensionistas que cotizantes, con el paso del tiempo el número de pensionistas se iría reduciendo al incorporarse al sistema público de pensiones generaciones menos numerosas y al salir del mismo, por la inexorable ley biológica, las generaciones más numerosas. No obstante, la “inversión de la pirámide de cotizantes” constituye el grave, verdadero y único problema del sistema público de pensiones pues dicha inversión, que implica que cada vez existen menos cotizantes y que los periodos de cotización sean menores, es una situación infinita en el tiempo forzada por un mercado laboral y por una economía poco o nada productiva que de forma progresiva requiere de menos mano de obra. En definitiva, el problema fundamental que amenaza con acabar con el Sistema Público de Pensiones español se encuentra en el modelo económico basado en el turismo, en la especulación y en el sector servicios por el que la casta política española optó decididamente a mediados de los años ochenta del siglo pasado para conseguir, entre otras cosas, nuestra incorporación a la entonces Comunidad Económica Europea.
Así pues, la finalidad de la llamada “Reforma de las Pensiones” será prolongar la agónica existencia del sistema público de pensiones unas décadas más mediante la pérdida del poder adquisitivo de los futuros pensionistas no garantizando el mencionado sistema “in aeternum” y sacrificando una vez más a las generaciones de españoles nacidas a partir de la década de los sesenta del Siglo XX, las cuales padecerán en su vejez de un nivel de vida y de una protección social menor que la que disfrutaron sus padres y abuelos.
sábado, 11 de diciembre de 2010
ESTADO DE ALARMA, SEÑAL DE ALERTA
Hasta el momento nadie ha caído en la cuenta de que la declaración del Estado de Alarma decretada por el gobierno socialista ante la incomparecencia en sus puestos de trabajo de los controladores aéreos puede entenderse como una demostración de fuerza tendente a prevenir futuras movilizaciones frente a los radicales recortes socio-económicos que pueden ser aprobados en el futuro.
La pretendida y más que dudosa “modernización” de la administración del estado que se ha venido haciendo en España desde la promulgación de la Constitución de 1978 no solo ha supuesto el incremento desmesurado del número de funcionarios y trabajadores públicos sino también que haya ido apareciendo una categoría privilegiada entre estos que, por los puestos que ocupan o por las funciones que desempeñan, serían capaces de paralizar por completo los servicios imprescindibles para el funcionamiento mínimo del estado llevándolo al colapso.
A los miembros de esta categoría privilegiada de empleados públicos que trabajan, bien en empresas públicas o bien directamente en la administración, se les ha mantenido alejados de acciones reivindicativas y dentro de la “paz social” concediéndoles, por parte de todos los gobiernos que ha habido en España, numerosos beneficios entre los que se encuentra desorbitados emolumentos y jornadas laborales reducidas o ampliamente flexibles.
Cuando empieza a ser evidente que la crisis económica que padecemos hace imposible sostener por más tiempo los privilegios de estos sectores minoritarios de empleados o funcionarios públicos y cuando es previsible que en un futuro no muy lejano se tengan que tomar urgentes y poco o nada populares medidas económicas que impliquen incluso recortes importantes en servicios públicos básicos que afectaran gravemente a la vida de muchos ciudadanos, el gobierno ha querido dar un claro e inequívoco golpe de fuerza preventiva demostrando que no se detendrá ante nada para aplicar y sostener dichas medidas.
Evidentemente, el pasado cinco de Diciembre los controladores aéreos echaron un pulso al gobierno en defensa de los privilegios adquiridos por este colectivo durante décadas llegándose a cerrar totalmente el espacio aéreo español con graves perjuicios a la economía española, pero lo que hay que preguntarse es si tales perjuicios ¿Justifican la declaración del Estado de Alarma con la consecuente suspensión de garantías y derechos constitucionales?.
Hay que recordar que el Estado de Alarma, que es el primero y el “más leve” de los estados de suspensión de garantías constitucionales que prevé la Constitución de 1978 siendo los otros dos el Estado de Excepción y el Estado de Sitio, no fue decretado ni el 11 de Marzo del 2010 cuando los cadáveres inundaban las calles de Madrid tan solo dos días antes de unas elecciones generales ni el 15 de Junio pasado cuando los trabajadores del metro de Madrid provocaron una situación similar a la provocada por los controladores aéreos con la total paralización del servicio de transporte suburbano de la citada capital. Considerando solamente que la situación provocada por los trabajadores del metro madrileño en Junio y la recientemente provocada por los controladores nos ponen ante dos situaciones idénticas con la paralización total e intencionada de un servicio público que presuntamente puede constituir un grave delito de sedición, surge una nueva pregunta ¿Por qué no se acudió a la declaración del Estado de Alarma ante la huelga salvaje de los trabajadores del metro madrileño?.
Así pues, existen muchas preguntas sin contestar y no pudiéndose esgrimir de forma lógica el argumento de garantizar la prestación de un servicio público y de evitar perjuicios para decretar el actual Estado de Alarma hay que buscar otras justificaciones ocultas y todo indica, como hemos dicho antes, que es la de advertir con una demostración de fuerza a quienes puedan promover movilizaciones ante los recortes sociales que se prevén en el futuro además de servir de oportuna pantalla para minimizar el impacto mediático y social que pudiera haber provocado la aprobación en el Consejo de Ministros del día 5 de Diciembre de la supresión, a partir del próximo mes de Febrero, de la “Ayuda Familiar” de 426.- Euros que venían percibiendo los parados de larga duración. Nos tememos que estamos ante una extraña utilización del “Estado de Alarma” que como poco es preocupante si no claramente alarmante y que ha de ponernos muy alerta de lo que se nos puede venir encima.
lunes, 11 de octubre de 2010
LA RESPONSABILIDAD PATRIMONIAL DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
Este artículo fue escrito hace varios años y publicado en la revista del Partido Carlista “El Federal” con motivo, sobre todo, de las sentencias judiciales que acordaban la devolución del patrimonio expropiado a RUMASA y la que desautorizaba la congelación salarial a los funcionarios públicos acordada por el gobierno del Partido Popular en 1996. Hoy, cuando la situación amenaza con repetirse a causa de la congelación de las pensiones y la bajada del salario a los funcionarios dicho artículo recobra renovada vigencia por lo que lo reproducimos en “El Chouan Ibérico” para lectura y consideración de todos nuestros lectores.“Tras casi dos años de la entrada en vigor de la Ley de Partidos Políticos, que más bien debiera denominarse Ley Anti-Batasuna y que resulta tan estéril y estúpida como la original y plagiada Ley Scelba italiana, y después de sentencias judiciales tan conocidas como la del caso RUMASA o la que desautorizaba la congelación salarial de los funcionarios públicos acordada por el gobierno popular en 1996 que han conllevado importantes repercusiones en el gasto público del estado que es equivalente a decir que han conllevado más gasto al ciudadano de a pie que no participó directamente en ninguna de las decisiones políticas condenadas por los Tribunales españoles se hace imprescindible y urgente la redacción de una verdadera Ley de Partidos Políticos que los regule eficazmente y fije también su responsabilidad penal y civil por decisiones políticas que terminen siendo declaradas ilegales por los Tribunales Españoles o internacionales.
Cuando, hoy en día, no existe en Las Españas partido alguno de masas cuya simple militancia sea representativa de un porcentaje elevado de la población, no se puede seguir con la ficción jurídica que hace que el Partido del Gobierno se identifique con el propio Estado. El partido o partidos que apoyan al gobierno en sus decisiones deben ser responsables de sus acciones y si estas causan un perjuicio económico o de otra índole al estado, es decir, al conjunto de ciudadanos; deben responder por ello en primer lugar y no cargar directamente a los Presupuestos Generales las cuentas de sus desatinos y vulneraciones legales.
Una verdadera regulación legal del funcionamiento de los partidos políticos debe fijar una cuota de responsabilidad patrimonial que afecte a los actos de gobierno o de partido que sean declarados no ajustados a derecho o ilegales por un tribunal ordinario y que causen perjuicio al estado que es el común de los ciudadanos. Así debería establecerse que ante actos de gobierno declarados ilegales deberían responder directamente y en primer lugar los miembros del gobierno con todo su patrimonio presente y futuro, en segundo lugar, los partidos políticos que hayan apoyado tal decisión también con todo su patrimonio presente y futuro y finalmente los propios militantes de esos partidos con una cuota de responsabilidad que bien pudiera limitarse al diez por ciento de su patrimonio presente.
La adopción de esta medida se ampara en el sometimiento de todos los actos de gobierno a la legalidad y al control de la misma por los Juzgados y Tribunales que es requisito imprescindible a contemplar por toda constitución que se precie de serlo, así también, la medida de hacer co-responsables a los mismos militantes o afiliados de los partidos políticos con un porcentaje de su patrimonio se puede justificar en el mismo ejercicio de la libertad, ya sea individual o colectiva; que exige, como no puede ser menos, responsabilidad. Evidentemente, esta hipotética regulación legal también debería recoger supuestos de exención de responsabilidad que se establecería en beneficio de aquellos miembros del gobierno y militantes del partido en cuestión que salvaran su responsabilidad manifestándose expresa y fehacientemente en contra de la decisión susceptible de ser declarada ilegal.
Esta responsabilidad patrimonial también podría aplicarse a los partidos que por su mal funcionamiento o corrupción interna totalmente incompatibles con el servicio público que deben prestar originen gastos innecesarios y no previstos al común de los ciudadanos como pudiera ser el actual caso de la Comunidad Autónoma de Madrid, donde las deficiencias de funcionamiento cuando no la corrupción de cierto partido o partidos han provocado la celebración de nuevas elecciones autonómicas cinco meses después de las que se celebraron en casi todo el país generando nuevos y cuantiosos gastos, en este caso concreto, a la ciudadanía madrileña.
Por último diré que una propuesta así no se puede considerar ni novedosa ni original porque, como no puede ser de otra forma en el mundo de las ideas ya sean políticas, filosóficas o literarias, todo esta dicho e inventado y una propuesta de este cariz fue ya discutida durante los debates constitucionales que culminaron con la redacción de la que sería la “Constitución del Imperio Federativo Alemán” si bien fue rechazada por la feroz oposición del entonces Canciller Otto von Bismarck y su grupo de Junkers que veían peligrar sus propiedades personales al tomar generalmente decisiones políticas poco respetuosa con toda legalidad”.
martes, 5 de octubre de 2010
LOS TRABAJADORES NOS PODEMOS IR PREPARANDO
Hace menos de una semana, el pasado 29 de Septiembre del 2010, tuvo lugar en España una Huelga General, convocada conjuntamente por la “Unión General de Trabajadores” (UGT) y por “Comisiones Obreras” (CCOO), contra la reforma laboral, la congelación de las pensiones y los demás recortes sociales aprobados por el gobierno socialista en un desesperado esfuerzo por mitigar la crisis económica que padecemos.
El seguimiento de dicha huelga general fue, como poco, moderado distando mucho de lograr la total paralización del país tal y como se consiguió, hace veintidós años, con la histórica huelga del 14 de Diciembre de 1988, por lo que, considerando además los duros recortes contra los que se hacía la convocatoria, solo puede concluirse con que el resultado de la Huelga General del 29 de Septiembre del 2010 constituye un enorme fracaso fruto de la suma de diversas causas que debieran hacernos reflexionar a todos y especialmente a los propios sindicatos convocantes.
En primer lugar las condiciones socio-económicas de hoy no son las mismas que en los tiempos de la huelga del 14 de Diciembre de 1988 porque en los veintidós años transcurridos, el gran sector público donde los sindicatos UGT y CCOO eran muy representativos ha desaparecido o se ha visto extremadamente reducido; así, por ejemplo, hace veintidós años la minería en España empleaba a unos doscientos mil trabajadores y hoy en día tan solo a unos diez mil. Por otro lado, la economía española ha ido abandonando la industria y la agricultura en beneficio del turismo y del sector servicios donde las empresas tipo son pequeñas y medianas, muchas de ellas de carácter familiar, donde la influencia de los sindicatos es escasa o nula existiendo además gran presencia de trabajadores autónomos en la economía general que no pertenecen ni se sienten vinculados por los acuerdos tomados en el seno de los sindicatos.
Por otro lado, en los veintidós años transcurridos desde la exitosa huelga general de 1988, los sindicatos UGT y CCOO han ido perdiendo influencia en numerosos sectores laborales como la administración (donde el sindicato profesional CSIF ha avanzado mucho en detrimento de estos sindicatos) y en los grandes almacenes (donde el sindicato más representativo es el FASGA). Esta pérdida de influencia sindical no se justifica solo en causas exógenas como es el nacimiento de nuevos sindicatos, muchos de ellos patrocinados por los propios empresarios, sino que también hay que buscarla en causas endógenas de los propios sindicatos como son los ritmos de vida de los dirigentes sindicales que, al haber transcendido a la prensa, han dado una pobre e incoherente imagen de lo que debe ser un líder sindical que lucha por los derechos de los trabajadores.
Otra causa que explicaría el fracaso de la pasada huelga general de Septiembre y la progresiva pérdida de representatividad de los sindicatos se encuentra en un mal hacer de los mismos que, en estas dos últimas décadas, se han preocupado más por satisfacer a los partidos políticos, de los que en no pocos casos han sido meras correas de transmisión propagandística, y por garantizarse sus subvenciones gubernamentales que en organizar una estrategia de defensa de los trabajadores ante las nuevas estratagemas capitalistas, lo que ha favorecido que una parte creciente de trabajadores prefieran sindicarse en la tradicional Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la cual por ejemplo es mayoritaria en el servicio metropolitano de Madrid, o en otros sindicatos de izquierda más pequeños, pero también más reivindicativos y coherentes.
Finalmente los sindicatos UGT y CCOO han pasado en los últimos veinte años de ser los sindicatos mayoritarios en toda la geografía española y en todos los sectores de producción económica a ser tan solo representativos en el sector industrial y no en todo él sino solo en los astilleros, en las divisiones españolas de las grandes empresas multinacionales como la automovilística y poco mas. Realmente este sector industrial es relativamente pequeño en nuestro país empleando directamente a un millón escaso de trabajadores.
Este retroceso en la presencia social tanto de la UGT como de CCOO y que apenas ha sido percibida por sus respectivas cúpulas sindicales es la que está detrás de el fracaso de la Huelga General del 29-S. Pero este fracaso no solo supone un fracaso de los sindicatos convocantes, sino que supone un fracaso para todos los trabajadores porque el hecho de que no se paralizara totalmente el país no solo justificará en el futuro la toma de medidas políticas tendentes a limitar el derecho sindical y que ya se vienen anunciando con una previa “denuncia pública” de los sindicatos, sino que permitirá tomar nuevas medidas antisociales y hacer nuevas reformas contra los trabajadores porque, al fin y al cabo, "ya nadie se movilizará" contra las mismas perfilándose como finalidad última de toda política y de toda economía la consolidación del neoliberalismo y la globalización en detrimento de los logros sociales conquistados por la clase trabajadora en estos últimos ciento cincuenta años y que terminarán siendo totalmente liquidados haciendo retroceder a la sociedad a los primeros años de la Revolución Industrial.
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PUBLICACIONES DE ARTE, HISTORIA, LITERATURA, POESÍA Y PERIODISMO NO CONVENCIONAL
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