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viernes, 16 de agosto de 2013

GIBRALTAR: LA ROCA DE VERANO

En el periodo estival, cuando las noticias escasean, es antigua y tradicional costumbre periodística acudir a las llamadas “serpientes de verano”, noticias irrelevantes o intrascendentes que llenan las páginas de los periódicos durante las vacaciones veraniegas para ocupación de los plumillas y entretenimiento de los lectores. Como los tiempos cambian, las tradiciones se renuevan y el ecologismo gana terreno los periodistas españoles, en vez de acudir a una representante del reino animal como es la serpiente, han recurrido más bien a un representante del mundo mineral como es una roca y más concretamente al Peñón de Gibraltar.

            El Peñón de Gibraltar fue ocupado militarmente por un combinado de fuerzas anglo-holandesas el 4 de Agosto de 1704 y finalmente cedido a la Gran Bretaña, junto con la isla de Menorca, en virtud del Tratado de Utrecht de 1714 que ponía fin a la Guerra de Sucesión Española. Prácticamente desde el mismo momento de la ocupación los intentos militares españoles por recuperar la roca han sido varios y todos ellos infructuosos.

            La mala fe británica en el Peñón de Gibraltar ha sido siempre manifiesta desde los comienzos de la ocupación. Primeramente forzó el desplazamiento de los habitantes españoles autóctonos, que terminaron fundando el pueblo de San Roque en la Provincia de Cádiz, para introducir en la roca una heterogénea población procedente de los más diversos lugares, seguidamente concedió al territorio y a su población el status de colonia británica en 1830 para continuar apropiándose del istmo que une el peñón con la península, cosa que hizo durante los año de nuestra guerra civil cogiendo nuestra propia verja y subiéndola unos cuantos kilómetros más arriba. Posteriormente, sobre el istmo robado ha construido un aeropuerto para seguir construyendo un dique en el puerto de Gibraltar con el fin de apropiarse de una parte de la Bahía de Algeciras que no le pertenece. Por último, la política gibraltareña apoyada por la Gran Bretaña ha permitido que la roca se convierta en un paraíso fiscal en el que se encuentran domiciliadas numerosas sociedades mercantiles, en un refugio de todo tipo de contrabandistas, en un lugar donde los buques pueden repostar en diques flotantes instalados en aguas de la Bahía de Algeciras que son de legal soberanía española y finalmente haya comenzado a tirar bloques de hormigón a la Bahía con el fin de desecarla y agrandar su extensión terrestre tal y como los holandeses hicieron con Holanda. Todos estos actos han hecho que la colonia británica de Gibraltar se haya convertido en un parásito de la economía española, en un peligro ecológico para la biodiversidad de la Bahía de Algeciras y en un grave problema político para España que trasciende la mera reivindicación histórica y territorial.

            Ante la imposibilidad militar de recuperar el Peñón de Gibraltar, España optó, a mediados del Siglo XX, por aplicar estrictamente el Tratado de Utrecht que prohibía todo contacto terrestre entre el Peñón y la península y por desencadenar una gran ofensiva diplomática. El resultado de la primera medida fue la supresión de todas las comunicaciones terrestres entre el Peñón y España con el cierre de la verja en 1969 mientras que en virtud de la segunda opción, la Asamblea General de la ONU adoptaba las resoluciones 2231 de 1966 y 2353 de 1967 por la que se instaba a la Gran Bretaña a reintegrar el peñón a la soberanía española. A pesar de todo esto, y dentro del marco de las conversaciones sobre el ingreso de España en el entonces Mercado Común Europeo, el primer Gobierno Socialista de Felipe González acordó, en 1982, la apertura de la verja permitiendo el libre acceso terrestre del peñón a la península y viceversa e iniciándose una serie de sucesivos despropósitos al respecto del Peñón por parte de los siguientes gobiernos españoles que han rozado siempre la traición y el abandono de las reivindicaciones españolas.

            Siendo éste el estado de cosas y quedando muy claro que, desde 1982, ningún gobierno español ha tomado ni va a tomar las medidas pertinentes tendentes a evitar los abusos del Reino Unido en el Peñón de Gibraltar donde lleva décadas haciendo lo que le da la gana, llama poderosamente la atención el descubrimiento informativo del “contencioso gibraltareño” y el bombardeo de noticias al que el pueblo español esta siendo sometido desde los primeros días de este mes de Agosto, como si existiera algún tipo de interés de que se hable de Gibraltar y no de otras cosas.

            Ya es hora y resulta imprescindible que alguien manifieste a los españoles la cruda verdad sobre el tema del Peñón de Gibraltar y que no es otra que la siguiente:

            1º. El Peñón de Gibraltar es un territorio de la Gran Bretaña ocupado militarmente desde 1704 siendo su permanencia en la roca fruto de casi trescientos años de superioridad militar británica sobre España.

            2º. Mientras perdure esta ocupación británica del peñón, los británicos harán lo que les de la gana con el mismo y sus alrededores porque para eso lo tienen ocupado y son más fuertes.


            3º. La posibilidad de recuperación militar de la roca por parte del ejército español es poco más que un cuento considerando nuestra notable inferioridad militar respecto a los británicos por lo tanto cualquier medida militar debe descartarse totalmente.

            4º. No obstante de lo anterior, existen medidas diplomáticas, jurídicas y políticas que se pueden y deberían tomar como podrían ser, entre otras: la exigencia de la aplicación estricta de las resoluciones de la ONU y del Tratado de Utrecht,  el cierre de la verja con la supresión de las comunicaciones terrestres y el corte de todo suministro de la península al peñón, la construcción de altos edificios en la zona que dificulten el  tráfico aéreo del aeropuerto de Gibraltar, la prohibición de que las sociedades mercantiles domiciliadas en Gibraltar comercien o tengan relaciones comerciales con empresas españolas, el cierre de los puertos navales españoles a unidades de la flota británica, etc…

            5º. Parece ser que ningún gobierno español va a tomar medida alguna tendente a reivindicar eficazmente la reintegración del Peñón de Gibraltar ni a impedir o limitar los abusos británicos en la zona.

            6º. Al sesenta por ciento de los españoles no les importa el asunto de Gibraltar como tampoco parece importarles el futuro de sus hijos y nietos por lo que muestra total confianza y conformidad con todo lo que hace la casta política española dándose la surrealista situación en la que, parafraseando a un político de la llamada Transición, parece ser que “el ladrón roba a la víctima con su pleno conocimiento y consentimiento”.

            Así pues, permanezca tranquilo el español y siga disfrutando de sus vacaciones porque este revuelo periodístico al respecto del Peñón de Gibraltar no es más que la última pose histriónica que los políticos españoles han adoptado en trescientos años de poses y manifestaciones que amenazan con aburrir, si es que no lo han aburrido ya, al pueblo español con la cantinela de “la espinita que se ha clavado en mi corazón” y que resulta ser el “¡¡¡Gibraltar Español!!!”.

viernes, 13 de enero de 2012

LO QUE EUROPA DEBE A ESTADOS UNIDOS


Este artículo fue escrito en 2003 a causa de la eurofobia desatada en USA ante la oposición de Francia y Alemania frente a la guerra de Irak. hoy retoma actualidad ante la decisión del gran Obama de permitir la detención indefinida y sin cargos


Con motivo de la última crisis político-militar con Irak y la postura (o tal vez solo pose) contraria a una guerra sin condiciones previas de algunas potencias europeas como Francia y Alemania, numerosas plumas y plumillas subvencionadas, dignísima encarnación de esa “intelectualidad de alquiler” que prolifera en los periódicos y programas televisivos de Occidente; han emergido desde la más profunda sima de los reptiles para ganarse el sueldo y, poniendo el grito en las ondas y el borrón sobre el papel, cuestionar el antibelicismo popular y la posición de tales potencias sacando a pasear fantasmagorías del pasado y la amarillenta factura de lo que Europa debe a los Estados Unidos de América.


Tal factura, que estos sucedáneos de inteligencia pretenden impagable, comprendería en el haber del “Amigo Americano” importantísimos conceptos siendo los más importantes de ellos, cuando no los únicos, la liberación de Europa del yugo hitleriano y, haciendo concesiones a los anticomunistas trasnochados, la defensa de la Europa Libre frente al avance comunista durante la denominada “guerra fría”. Desde luego ignoran tales contables ocasionales el precio que Europa ha venido pagando por tales supuestos servicios, no ya desde 1945, sino desde 1917 año en que Estados Unidos decidió intervenir en las cuestiones europeas perentoriamente reclamado por la defensa de los intereses de Su Británica y Graciosa Sucursal Europea. Ahora bien, ignoran estos nefastos economistas domésticos diversos aspectos de tales cuentas que las hacen de pago no exigible aparte de que ha habido numerosos pagos descontables.


En primer lugar, no se puede blandir, el desembarco en Normandía, la liberación de Francia y la rendición alemana de Reims para que los europeos nos inclinemos ante Estados Unidos dándoles apoyo en todas las aventuras imperiales que vienen emprendiendo especialmente en los últimos diez años y ello porque, como siempre les pasa a esos colonos de revolver al cinto, gatillo engrasado, y cerebro reblandecido por la Treponema, el problema que solucionaron o pretendieron solucionar en las horcas levantadas en Nuremberg fue un problema que ellos mismos crearon, organizaron y financiaron. No se puede negar, y hacerlo es de ignorantes, que originariamente, el movimiento hitleriano, fue financiado por el empresario e industrial norteamericano Henry Ford con la intención de que sus unidades de asalto (las S.A) al mando del general alemán Ludendorff y con el apoyo del grupo de rusos blancos dirigido por Víctor Savinkhov invadieran la Unión Soviética a mediados de los años veinte del pasado siglo. Por tales servicios financieros, o tal vez por la aportación que al ideario nazi supuso la obra de Ford “El judío internacional”, este curiosísimo personaje, fiel heredero del aventurero David Crockett y del filibustero Walker, fue condecorado con la “Orden del Águila” máxima recompensa del III Reich para extranjeros (1).


En segundo lugar, y por los mismos motivos aducidos anteriormente tampoco se puede pretender que Europa pague al Tío Sam porque éste impidiera la expansión de la Unión Soviética hasta Finisterre. Al fin y al cabo, en 1918, cuando la situación militar y social con la que se enfrentaban los bolcheviques indicaba que acabarían siendo derrotados, los Estados Unidos, nuevamente en unión con su Real Sucursal Británica, decidieron abandonar a su suerte a los ejércitos blancos retirando sus fuerzas militares de las posiciones que tenían ocupadas en Crimea y Arcángel. Posteriormente cuando, a mediados de los años veinte del siglo anterior, la situación económica soviética era tan desastrosa que toda la URSS sufría terribles hambrunas, los Estados Unidos acudieron en su ayuda colaborando en la Nueva Política Económica (NEP) impulsada por Stalin e instalando fábricas de automoción y tractores en territorio soviético (por cierto, que en esta tarea encontramos de nuevo al industrial Henry Ford aunque esta vez no tuvo la suerte de ser recompensado con la “Orden de la Bandera Roja”). Y por último hay que recordar, que si media Europa cayó a partir de 1945 bajo la influencia soviética y la “maldad comunista” (si es que el comunismo es malo, cosa que el que suscribe ignora, porque en estos tiempos de confusión provocada cada vez le resulta más difícil distinguir entre lo bueno y lo malo), fue porque los norteamericanos siempre en comunión con los británicos acordaron en Yalta y Postdam entregar la mitad de Europa a Stalin además de unos trescientos mil cosacos de “regalo” para que generosamente fueran masacrados en los gulags soviéticos.


Estas son las supuestas “cuentas a pagar” por Europa a Estados Unidos según los modernos voceros de las “gacetillas de Hearts” (el mismo que era capaz de organizar una guerra a partir de una foto), no obstante estos chicos de los recados, entre los cuales también se encuentran no pocos políticos con complejos, ocultan o ignoran lo que el Viejo Continente ha pagado a los Norteamericanos o lo que éstos han sacado de él en los últimos cien años. Así deberían mencionar el expolio sufrido por Europa en su ciencia y tecnología a la que los norteamericanos deben agradecer en gran parte el desarrollo de su industria naval y la totalidad de sus programas nucleares (tanto civiles como militares) y de sus programas aero-espaciales. Igualmente deberían recordar el saqueo cultural al que gran número de potencias europeas fueron sometidas al termino de la última contienda mundial por los “liberadores transatlánticos” y la imposición a los estados europeos de una política descolonizadora espasmódica y convulsiva que condenó a casi todos los pueblos del Hemisferio Sur al hambre y a la perpetua desestabilización política, todo ello sin entrar en consideraciones más profundas sobre los bombardeos selectivos sobre zonas industriales europeas, concretamente francesas, con la única finalidad de mermar la capacidad productiva del continente, la inclusión en tratados internacionales como en el de Versalles de 1919 de cláusulas de transmisión y adjudicación de patentes y la reinstauración del poder oculto de la Mafia y de la Camorra en el Sur de Italia con la consiguiente expansión del crimen organizado por toda Europa (2).


Todas estas consideraciones, ciertas y reales, aquí expuestas y que interesadamente se ocultan o ignoran, son suficientes por si solas, sin menoscabar otros argumentos igual de válidos, para que las potencias europeas, o mejor dicho, los sanos pueblos europeos; se opongan a toda acción militar estadounidense contra Irak (o contra cualquier otro estado o pueblo) y se cuestionen el futuro del vínculo transatlántico con un estado que, ya desde sus mismos orígenes, ha demostrado ser una potencia agresora y depredadora en la mas pura y cruda materialización de la filosofía darwinista que inspira toda su política internacional.





(1) Aunque la gran biografía sobre este curioso personaje esta aun por escribir, se puede saber más de la actuación de Henry Ford y sus vinculaciones con el incipiente movimiento nazi y la oposición rusa al comunismo, consultando las obras de Bruce H. Lockhar, no publicadas aun en castellano, tituladas “A British Agent Memory” y “Reilly, ases of Spies”. La primera se puede encontrar en internet en idioma inglés.


(2) La historia de las relaciones entra la mafia y el estado norteamericano es de sobra conocida y queda totalmente reflejada en la obra de Curcio Malaparte “La Piel” en la que además de reflejar como el ejército norteamericano llevaba “oficiales de enlace” pertenecientes a la Cosa Nostra y los imponía como alcaldes en los ayuntamientos “liberados” de Sicilia en sustitución de los alcaldes fascistas, se narra el saqueo de obras de arte italianas por parte del ejército norteamericano.



viernes, 9 de diciembre de 2011

“LA TRILOGIA” DE JEAN LARTEGUY

Numerosos literatos quedan adscritos o se adscriben voluntariamente a una generación literaria, pero es un caso muy raro y excepcional que un solo autor cree e integre por sí solo una generación literaria; tal es el caso del novelista y periodista francés recientemente fallecido Jean Pierre Lucien Osty, conocido por el pseudónimo de Jean Larteguy.


Jean Larteguy (1920-2011) escribió alrededor de cincuenta novelas todas ellas ambientadas en los conflictos bélicos originados por la descolonización en África o Asía y de los que tuvo conocimiento de primera mano bien como oficial del ejército francés o bien como corresponsal destacado en el Extremo Oriente por la prestigiosa revista “Paris Match”. Por el objeto de sus novelas así como por el tratamiento psicológico de sus personajes y las no pocas reflexiones sobre la sociedad y la política francesa que estos realizan hacen que Jean Larteguy merezca ser considerado como el único escritor de la generación de la descolonización y de la decadencia europea.


Las vivencias personales adquiridas por Larteguy en el ejército francés, desde que en Diciembre de 1942 se incorporara, tras pasar nueve meses en un campo de concentración franquista, a las Fuerzas Francesas Libres en el Norte de África hasta que lo abandonara en 1951 al ser herido en Corea donde estaba destinado como capitán en el “Batallón Francés de Voluntarios” constituyen la fuente principal de su producción literaria dentro de toda la cual destaca la trilogía integrada por las novelas “Los Centuriones” (1), “Los Pretorianos” y “Los Mercenarios”.


En esta trilogía, centrada en las Guerras de Indochina, Argelia (“Los Centuriones” y “Los Pretorianos”) y Corea (“Los Mercenarios”), Larteguy no solo plantea, como pretenden desde los años setenta del pasado siglo ciertos mandos de determinados ejércitos, la cuestión de la entonces novedosa “guerra revolucionaria” y de la forma de enfrentarse a ella sino que sobre todo plantea la cuestión de la degradación política y social de Europa personificada en la Francia de la IV República que es la que fomenta con su actitud y errores la aparición de grupos insurgentes y terroristas. Así, por ejemplo, todos los personajes de las novelas que integran la trilogía de Larteguy y que representan a luchadores por la independencia de Vietnam o de Argelia (Ty, Mahmuhdi…) han pretendido siempre, previa y originariamente, la fusión y la integración de las colonias con la metrópoli francesa y solo tras haber sufrido la segregación, el racismo y la corrupción de la administración colonial se decantaron por una opción independentista que, considerando la política de bloques imperante en la época de la descolonización, no podía estar sino vinculada al comunismo y al bloque soviético.


Por lo tanto, todas las novelas de la trilogía de Larteguy son sobre todo y ante todo una crítica a la sociedad francesa y europea de la postguerra mundial que ponen de manifiesto la degradación moral de los ciudadanos, el snobismo de los intelectuales más preocupados por mantener la popularidad que por cumplir una función social de formación del pueblo y la corrupción del mundo político que hace que el poder se convierta en un fin en sí mismo.


Igualmente, y aunque se haya pretendido otra cosa, la trilogía de Larteguy esta totalmente alejada de una obra laudatoria del militarismo al tratar explícitamente la progresiva degradación de la profesión militar que aparece no solo en las numerosas reflexiones que hacen los personajes que encarnan a los paracaidistas o voluntarios franceses, sino en los propios títulos de las novelas que integran la trilogía: “Los Centuriones”, “Los Pretorianos” y “Los Mercenarios”. En este sentido es de tener en cuenta que históricamente en el Imperio Romano los Centuriones eran oficiales de las Legiones y ciudadanos romanos que hacían uso de su “Ius Connubii”, los Pretorianos eran soldados, no necesariamente ciudadanos romanos, que se dedicaban exclusivamente a guardar al Cesar y que terminaron derrocando y nombrando césares a su antojo y los Mercenarios era los integrantes de las fuerzas auxiliares, carentes de la ciudadanía romana y que eran reclutados entre todas las tribus para servir en último extremo como simple “carne de cañon”.


Así, en “Los Centuriones”, los paracaidistas que caen prisioneros en Dien Bien Phu y que posteriormente hacen la guerra de Argelia (Esclavier, Raspeguy, Boisferaus, Glatigny…) son soldados que cumplen las ordenes dadas por sus superiores defendiendo lo que creen los “valores franceses” en el Sudeste Asiático y en el Norte de África, posteriormente en “Los Pretorianos”; estos mismos paracaidistas toman conciencia de que en el fondo están siendo utilizados para defender un status quo que solo beneficia a unos pocos y por tanto, como los antiguos Pretorianos romanos, adquieren conciencia política, toman partido y pretenden reformar las cosas en beneficio de todos actuando políticamente mediante el golpe de estado del 13 Mayo de 1958 que llevará al poder al General De Gaulle, quien les traicionará al no poner en práctica una política de integración entre franceses metropolitanos, “Pieds Noirs” y musulmanes argelinos, lo que cuatro años más tarde llevará a reconocer la independencia de Argelia mediante “los Acuerdos de Evian” de 1962.


Finalmente, en “Los Mercenarios”, novela que fue la primera en publicarse con el título de “Sangre sobre las Colinas” y que en principio no estaba integrada en la trilogía al no guardar relación ni con la ambientación histórica ni con la galería de personajes de las otras dos, los soldados franceses son voluntarios que por distintos motivos personales y por huir de la mediocridad asfixiante instalada en los “Clubs de oficiales” y en la sociedad francesa terminan alistados en el “Batallón Francés en Corea”, luchando exclusivamente por “la visión que de ellos mismos quieren que tenga el mundo” y siendo sacrificados inútil y salvajemente a la ambición de un general norteamericano deseoso de hacer carrera y de promocionarse ante sus superiores. Si en “Los Centuriones” y en “Los Pretorianos” los personajes luchan por ciertas ideas, en “Los Mercenarios” los personajes carecen ya de idealismo y parecen entregarse al puro fatalismo.


Hoy, cuando la obra de Jean Larteguy, parece haber caído en el olvido y sus libros difícilmente se encuentran en librerías que no sean de libro antiguo o de ocasión es necesario que se reivindique, se reedite y se lea de nuevo no solo para comprender unos hechos históricos y conocer los errores de la descolonización sino también para revertir, en la medida de lo posible, la crisis social, política y moral de Europa que es denunciada por Larteguy y, sobre todo, para evitar que de la obra de este eminente autor francés nos llegue la interpretación errónea y nefasta que de ella se pueda hacer en determinadas academias militares y de policía (2) y que ya tuvieron una manifestación práctica en las prácticas represivas de las dictaduras militares de Argentina y Chile.








(1) De esta novela existe una adaptación cinematográfica titulada “Mando Perdido” interpretada por Alain Delon y Anthony Quinn.

(2) Parece ser que tal es la pretensión del general norteamericano David Petraus, comandante en jefe que fue de las fuerzas norteamericanas en Irak.


lunes, 21 de noviembre de 2011

DISCURSO DE DON CARLOS JAVIER I EN PARMA

Nobles damas, Ilustres caballeros, Queridos amigos,


Es para nosotros una gran emoción encontrarnos hoy aquí junto a vosotros para recordar la figura de Nuestro Padre; emoción reavivada por el hecho de que precisamente con Él nos hayamos reunido en esta iglesia para compartir momentos importantes.


Es muy difícil trazar en pocas frases la vida y la obra de un hombre, intentar transmitir y hacer comprender a otros su historia personal y el peso de su legado en la vida y en la historia de otras personas.


No queremos trazar un retrato histórico, sino más bien recordar Su compromiso, Su apasionada labor y Su legado.


De los muchos mensajes que con ocasión de Su desaparición nos han llegado y gracias al recuerdo que muchos conservan, sobresale con claridad Su capacidad para comprender a los demás y Su capacidad de crear puentes.


A menudo se ha encontrado confrontado con hombres diferentes que se movían en diversos ámbitos, pero siempre ha logrado encontrar un punto común con ellos: el deseo de construir un mundo en el que la paz, el amor, la solidaridad no fueran utopías sino hechos concretos.


El compromiso que ha desarrollado en Su actividad Humana y Política ha estado siempre marcado por un intenso acercamiento cultural: en un encuentro que tuvo lugar precisamente aquí, en Parma, Nuestro Padre había dicho: "Estamos todos nosotros sentados en la misma mesa y un mismo caudal de conocimiento se encuentra a disposición de todas y cada una de las naciones del mundo. El conocimiento será el instrumento para el desarrollo".


Como he dicho, no deseamos ofrecer un retrato histórico o biográfico, sino un recuerdo humano de los rasgos más sobresalientes que han caracterizado a Nuestro Padre y que, para muchos, Lo convertían en una persona querida y entrañable.


Podemos decir solamente que desde que Nuestro Padre alcanzó la edad adulta y según el testimonio de tantas personas, supo ejercer los deberes a los que había sido llamado como algo prioritario, aunque nunca vividos como una obligación sino más bien como una inclinación natural hacia la que se sentía atraído; en este sentido el ejemplo de Nuestros Abuelos fue siempre una referencia inestimable.


Después de la Segunda Guerra Mundial, Nuestro Padre se unió a Nuestro Abuelo Don Javier para liderar el movimiento Carlista, ejerciendo una oposición sin compromisos al régimen de Franco.


Para tal ocasión Nuestro Abuelo y Nuestro Padre prepararon un proyecto político de un estado democrático que preveía la máxima participación popular, y más concretamente el proyecto de un estado federal, en el respeto de la Tradición de los Fueros, con todas las autonomías locales existentes con idéntica dignidad, justicia social y libertad democrática.


Estos principios se mejoraban continuamente e iban incorporando nuevas ideas con el fin de poder garantizar un compromiso cada vez mayor de las personas.


En particular en Montejurra el compromiso de Nuestro Padre y de Nuestra Familia se evidenció con una profunda implicación: las vidas de aquellos que se implicaron sufrieron profundos cambios, algo que Le sucedería muy particularmente a Nuestro Padre.


En efecto, Nuestro Padre asumió el peso de lanzar un mensaje claro y sin ambigüedad, en su papel de Príncipe Carlista de Asturias, como haría más tarde en calidad de Rey Carlista de España.


Su mensaje fue un llamamiento al deber de reconquistar la propia libertad aún a sabiendas de los sacrificios que habrían de ser necesarios.


Toda Nuestra Familia ha cumplido personalmente este compromiso, y en primer lugar Nuestro Padre ha cumplido por Su coherencia e integridad en Su deber hacia España, hacia la Tradición que encarnaba, hacia Sí mismo y hacia nosotros como hombre.


Sus palabras en aquel contexto histórico tuvieron una relevancia capital en la medida en que se hacía cargo no sólo del aspecto político sino de todo un país: "Cuando los ciudadanos de un pueblo y de una nación son privados de su libertad, están obligados a reconquistarla a cualquier precio. Porque se trata de un derecho, de una obligación, de un deber. Y como el Carlismo quiere conquistar la libertad para todos, es objeto y será objeto de una pesada y peligrosa represión".


Estas palabras fueron proféticas puesto que tanto Nuestro Padre como Nuestras Tías se vieron obligados a exiliarse por mucho tiempo y muchos de los que compartieron los mismos objetivos sufrieron persecuciones.


El compromiso de Nuestro Padre y de Nuestra Familia, en aquel contexto histórico, se puede resumir en las palabras de Nuestra Tía María Teresa: "Cuando me pregunto las razones de nuestro compromiso con el movimiento del carlismo, que tan profundamente ha condicionado nuestra vida y nuestra juventud, mi respuesta es que ha representado para mí la esencia del espíritu de un pueblo, su fidelidad a una Tradición. Tradición que no es solamente costumbre, pero un modo de vivir profundamente personal y familiar. Y es al mismo tiempo una aspiración hacia un humanismo con raíces históricas pero de manera moderna: una auténtica democracia vivida dentro de la base de la sociedad. Este espíritu es tan auténtico y profundo que implica y compromete casi en contra de uno mismo, en contra de nuestros intereses más egoístas. Un espíritu auténticamente cristiano de fraternidad y al mismo tiempo de profundo respeto hacia cada persona".


Este espíritu, este modo de ser, lo ha desarrollado Nuestro Padre a lo largo de Su existencia con gran pasión y sin ataduras.


Su compromiso se ha cobrado un alto precio puesto que a lo largo de Su vida a menudo hubo de enfrentarse a la adversidad. Pero Nuestro Padre, en particular en calidad de Rey Carlista de España, no sólo nunca renunció a los derechos que había heredado, sino que fue un defensor tenaz y coherente de los mismos.


Nunca cesó de combatir por aquello en lo que creía y testimoniaba, aunque fueran distintos los ámbitos en los que se manifestó: en 1980, tras ser invitado por John Galbraith, premio Nobel de Economía, a ser Profesor en la Universidad de Harvard, aceptó y enseñó por muchos años teoría económica en dicha institución.


A lo largo de los años Nuestro Padre ha querido llevar adelante el compromiso que siempre Lo había distinguido, intentando favorecer nuevas experiencias de diálogo y comprensión entre los pueblos y, al mismo tiempo, defendiendo aquellos valores y aquella tradición que ha encarnado y actualizado.


En particular vosotros, queridos amigos, recordaréis lo que ha hecho en Parma, Piacenza y en los antiguos Ducados.


A menudo Le gustaba decir que era un “Embajador de la Historia”, un punto de unión entre diversas realidades históricas y sociales; se ha considerado un elemento de un recorrido en el que no sólo se articula la historia, sino también las relaciones humanas, las amistades, el sentido de pertenecia a una misma comunidad.


Este sentido de pertenencia Le ha hecho sentir y reconocerse en la historia y en la vida de Parma y de Piacenza, y en la de las personas que han vivido y viven en ella.


Es ésta una parte importante de la realidad que ha vivido en los últimos años de su vida: a pesar de encontrarse a veces lejos de Parma y de Piacenza, llevaba dentro de Sí mismo, en Su corazón, una profunda unión con estas ciudades, hasta el punto de manifestar Su deseo de ser sepultado en esta iglesia.


Es muy difícil, como hemos dicho al principio, recordar en pocas frases lo que Nuestro Padre ha sido, cuál ha sido el papel que ha desempeñado en la historia, qué influencia ha ejercido en muchos; Nosotros en estos momentos sólo podemos recordar Su sencillez y Su fe, cómo la vivió, frente a la certeza de lo que aguarda a todo hombre.


Ante la pregunta que se formula cada hombre de cómo ha empleado su propia vida, y ante la serenidad de cuanto había cumplido, deseó en efecto que sobre Su tumba se escribiera sólo Su nombre y una frase: "Ante Dios no existe alma anónima".


Algunos amigos, recordándolo de forma apasionada, han dicho que Nuestro Padre fue un profeta de los tiempos modernos, y que como tal, anticipándose a los tiempos tuvo grandes sufrimientos, como ocurre a menudo a aquellos que no quieren conformarse al pensamiento común sino que aventuran nuevas ideas.


No sabemos si fue un profeta, pero seguramente fue un Hombre que puso todo Su empeño por cambiar el mundo en el que vivía, siendo siempre vivo intérprete y testigo de los valores en los que creía. Y es de esta manera como deseamos recordarlo, junto a todos vosotros que con nosotros lo hemos amado.


(Parma 1 octubre 2011)


lunes, 8 de agosto de 2011

POLÍTICA Y DOMINACIÓN EN LA UNIÓN EUROPEA (y II)

Si la semana pasada indicábamos claramente que la política de la Unión Europea tiende al reparto del viejo continente entre Francia y Alemania, ahora indicaremos en qué consiste la política de dominación ejercida por estas dos potencias sobre los más pequeños y menos poderosos países europeos.


Tradicionalmente la política imperialista ejercida tanto por Francia (Napoleón) como por Alemania (Hitler) ha consistido en lanzar ejércitos por las fronteras lo que provocaba que ambas potencias terminasen enfrentándose entre sí, contrarrestándose recíprocamente y destruyendo sus respectivas pretensiones. No obstante, hoy en día y dejándose claro cuales son las áreas de influencia de cada una de ellas en lo que es una repetición a pequeña escala y de carácter meramente bilateral de lo que fueron los tratados de Yalta y Postdam, solo queda por resolver el como dominar sin ser presentido.


En este sentido no hay nada más fácil para potencias industrialmente desarrolladas y económicamente fuertes como Alemania y Francia pues lo primero que intentan es comprar las industrias de los estados a dominar, forzándoles, a cambio de ayudas económicas europeas, a “reconvertir” sus restantes industrias o impidiéndoles desarrollar la actividad agropecuaria. A continuación, tanto Francia como Alemania favorecerán que toda la Unión Europea libre “fondos de cohesión” a favor de los países a someter a fin de que éstos construyan numerosas infraestructuras cuyo posterior mantenimiento les lleve a un progresivo endeudamiento con estos dos grandes estados que de este modo terminan dominando también las infraestructuras de estos países. Finalmente y como forma complementaria a lo anterior, Alemania y Francia también pueden acudir a la financiación directa en la compra de sus propios productos, principalmente militares o técnicos, por parte de terceros, lo que origina una buscada dependencia, no solo técnica y militar, sino sobre todo financiera por parte de los estados financiados.


Además de estos métodos, Francia y Alemania también pueden acudir a especulaciones directas y a la difusión de “erróneas” noticias que, curiosamente, terminan perjudicando gravemente la economía de algunos estados. Tal pudiera ser el caso reciente de la bacteria E-Coli y el pepino español o la actuación de agencias de renting, que aunque radicadas en Estados Unidos, pueden ser manipuladas por cualquier estado o grupo económico importante.


Así los desprevenidos europeos que ingenuamente ven en la Unión Europea una especie de club de amigos o de comunidad de vecinos dispuesta a ayudar generosamente a los más desfavorecidos descubren un día que su economía esta prácticamente dominada por la decisiones económicas que se toman en consejos de administración de grandes empresas multinacionales con sede en Berlín o París o por decisiones políticas tomadas en esas mismas capitales que un día les ordenan que trabajen más años o que cobren menos pensión de jubilación, todo ello bajo la velada amenaza de que en cualquier momento se puede reclamar el pago íntegro de toda la deuda o de que pueden trasladar sus empresas e industrias a otros países.


Esta y no otra es la realidad que se deduce de la política que la Unión Europea ha llevado a cabo estas dos últimas décadas y la misma queda claramente demostrada por el caso griego y portugués. Negar este extremo es negar la luz del sol, pero aún así seguirán existiendo personas que estando a favor del pueblo griego o portugués ataquen las consecuencias mientras que defienden las causas porque para ellos, al igual que para no pocos ciudadanos, la Unión Europea supone una posibilidad de medro y promoción personal que sobradamente justifica todo el mal que conlleva y que creen menor del que realmente es.


Artículos relacionados: POLÍTICA Y DOMINACIÓN EN LA UNIÓN EUROPEA (I)



lunes, 1 de agosto de 2011

POLÍTICA Y DOMINACIÓN EN LA UNIÓN EUROPEA (I)

La actual crisis griega ha hecho que, junto a acontecimientos recientes y no tan recientes de la política Europea, se vislumbre toda la guerra de poder que existe en el seno de la Unión Europea alejando a todos los ciudadanos que conservan aún algo de cordura de la imagen de prosperidad y libertad con la que se nos ha vendido durante décadas el Mercado Común primero y, últimamente, la Unión Europea.

La Unión Europea tiene su origen en el Pacto del Carbón y del Acero firmado por Francia, Alemania, Italia y los países del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo) cuya finalidad era asegurar la libre circulación de estas materias primas por los territorios de los estados firmantes así como asegurar el libre acceso a las fuentes energéticas. Junto a esta finalidad económica también existía una finalidad política que era la constitución de un Mercado Común Europeo, cuya creación se verificaría en el Tratado de Roma de 1957, como superador de todas las fricciones y rivalidades germano-francesas que habían provocado dos guerras en el Viejo Continente.


Desde 1957, la Unión Europea se fue progresivamente abriendo a nuevos socios hasta que en 1989, con la caída del Muro de Berlín, se abrió todo un abanico de posibilidades para la gran industria alemana que ya no precisaba negociar tanto su competitividad y abastecimiento de recursos naturales con la Europa Occidental como lanzarse a la conquista económica y de recursos existentes en todo el Este europeo post-soviético. Para tal fin Alemania tenía que conseguir, en primer lugar, neutralizar los temores franceses ante su reunificación para lo cual, no dudo en sellar acuerdos de colaboración con Francia de los cuales solo ha trascendido al público la creación de la “Brigada franco-germana” núcleo que sería del llamado “Eurocuerpo” en el seno de la OTAN, aunque todo parece indicar que existen más acuerdos de colaboración que rozan con la “diplomacia secreta” de la época inmediatamente anterior a la I Guerra Mundial.

Así, por ejemplo; en 1992 durante la negociación del llamado Tratado de Maastricht, Alemania impuso a todos los países integrantes de la Unión Europea el reconocimiento de las repúblicas de Croacia y Eslovenia abriendo el camino a la desintegración total de Yugoslavia y a la sucesión de reconocimientos de nuevas republicas que surgían tanto en los Balcanes como en el resto de la Europa Oriental. Lo curiosos es que dicho reconocimiento de las nuevas repúblicas balcánicas terminó siendo aceptado por la principal potencia valedora de Yugoslavia en Occidente que no era otra que la República Francesa que tal vez, en ese momento, ya participada de una idea germana de dividir Europa en áreas de influencia en la que Alemania influiría en toda la Europa excomunista, mientras que Francia sería la cabeza de la Europa Occidental y Latina, no siendo de extrañar que la alta diplomacia germana ofreciera a Francia su neutralidad ante la situación política interna de una Bélgica que en aquel momento, igual que ahora, amenazaba con romperse a consecuencia del nacionalismo flamenco dando origen a una comunidad Valona que no dudaría en integrarse en Francia.

Si observamos racionalmente y sin apasionamiento alguno la política europea desde 1992 veremos que el Tratado de la Unión se ha ido extendiendo a los antiguos países comunistas aunque estos no reunieran las más mínimas condiciones económicas, sociales y políticas todo ello para mayor gloria de una Alemania que veía como sus empresas participaban en la industria polaca, compraban la Skoda Checa (que por cierto fue la principal industria del Imperio Austrohúngaro) o volvían a tener acceso al carbón, al petróleo y al gas natural rumano. Al mismo tiempo, Francia maniobraba hábilmente, aprovechando en muchos casos, el mal gobierno de los países euro-mediterráneos para convertirse en su potencia protectora y dirigente, lo que demostraría que actualmente la Unión Europea se ha convertido en una especie de pastel que amigablemente se están repartiendo Alemania y Francia.


Por su parte, no hay que dejar de mencionar la actitud de la Gran Bretaña que, desde lejos y al otro lado del Canal de la Mancha parece que ha renunciado a participar en la gran política europea o, mejor dicho, política de depredación europea dando la espalda a su tradicional posición a favor del equilibrio continental para actuar entorpeciendo todo lo que puede la política franco-germana y apostando decididamente por una alianza transatlántica con los Estados Unidos de América.


En resumen, la llamada Unión Europea no es (y posiblemente jamás será) el espacio de libertad y progreso humano que nos quieren vender y que especialmente nos vendieron a los españoles en 1986 cuando ingresamos en la entonces Comunidad Económica Europea, sino que por el contrario es un espacio de correlación de fuerzas donde, tras más de cincuenta años, todo parece preparado para un “amistoso” reparto franco-germano del mismo a través de la práctica por parte de estas dos potencias de una política de dominación encubierta.


martes, 8 de febrero de 2011

ISLANDIA: LA REVOLUCIÓN SILENCIADA

Recientemente nos han sorprendido los acontecimientos de Túnez que han desembocado en la huida del tirano Ben Alí, tan demócrata para occidente hasta anteayer y alumno ejemplar del FMI. Sin embargo, otra “revolución” que tiene lugar desde hace dos años ha sido convenientemente silenciada por los medios de comunicación al servicio de las plutocracias europeas.

Ha ocurrido en la mismísima Europa (en el sentido geopolítico), en un país con la democracia probablemente más antigua del mundo, cuyos orígenes se remontan al año 930, y que ocupó el primer lugar en el informe de la ONU del Índice de Desarrollo Humano de 2007/2008. ¿Adivináis de qué país se trata? Estoy seguro de que la mayoría no tiene ni idea, como no la tenía yo hasta que me he enterado por casualidad (a pesar de haber estado allí en el 2009 y el 2010). Se trata de Islandia, donde se hizo dimitir a un gobierno al completo, se nacionalizaron los principales bancos, se decidió no pagar la deuda que estos han creado con Gran Bretaña y Holanda a causa de su execrable política financiera y se acaba de crear una asamblea popular para reescribir su constitución.

Y todo ello de forma pacífica: a golpe de cacerola, gritos y certero lanzamiento de huevos. Esta ha sido una revolución contra el poder político-financiero neoliberal que nos ha conducido hasta la crisis actual. He aquí por qué no se han dado a conocer apenas estos hechos durante dos años o se ha informado frívolamente y de refilón: ¿Qué pasaría si el resto de ciudadanos europeos tomaran ejemplo? Y de paso confirmamos, una vez más por si todavía no estaba claro, al servicio de quién están los medios de comunicación y cómo nos restringen el derecho a la información en la plutocracia globalizada de del Planeta.


Esta es, brevemente, la historia de los hechos:


A finales de 2008, los efectos de la crisis en la economía islandesa son devastadores. En octubre se nacionaliza Landsbanki, principal banco del país. El gobierno británico congela todos los activos de su subsidiaria IceSave, con 300.000 clientes británicos y 910 millones de euros invertidos por administraciones locales y entidades públicas del Reino Unido. A Landsbanki le seguirán los otros dos bancos principales, el Kaupthing el Glitnir. Sus principales clientes están en ese país y en Holanda, clientes a los que sus estados tienen que reembolsar sus ahorros con 3.700 millones de euros de dinero público. Por entonces, el conjunto de las deudas bancarias de Islandia equivale a varias veces su PIB. Por otro lado, la moneda se desploma y la bolsa suspende su actividad tras un hundimiento del 76%. El país está en bancarrota.

El gobierno solicita oficialmente ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI), que aprueba un préstamo de 2.100 millones de dólares, completado por otros 2.500 millones de algunos países nórdicos.


Las protestas ciudadanas frente al parlamento en Reykjavik van en aumento. El 23 de enero de 2009 se convocan elecciones anticipadas y tres días después, las caceroladas ya son multitudinarias y provocan la dimisión del Primer Ministro, el conservador Geir H. Haarden, y de todo su gobierno en bloque. Es el primer gobierno (y único que yo sepa) que cae víctima de la crisis mundial.


El 25 de abril se celebran elecciones generales de las que sale un gobierno de coalición formado por la Alianza Social-demócrata y el Movimiento de Izquierda Verde, encabezado por la nueva Primera Ministra Jóhanna Sigurðardóttir.


A lo largo del 2009 continúa la pésima situación económica del país y el año cierra con una caída del PIB del 7%.

Mediante una ley ampliamente discutida en el parlamento se propone la devolución de la deuda a Gran Bretaña y Holanda mediante el pago de 3.500 millones de euros, suma que pagarán todas las familias islandesas mensualmente durante los próximos 15 años al 5,5% de interés. La gente se vuelve a echar a la calle y solicita someter la ley a referéndum. En enero de 2010 el Presidente, Ólafur Ragnar Grímsson, se niega a ratificarla y anuncia que habrá consulta popular.

En marzo se celebra el referéndum y el NO al pago de la deuda arrasa con un 93% de los votos. La revolución islandesa consigue una nueva victoria de forma pacífica.

El FMI congela las ayudas económicas a Islandia a la espera de que se resuelva la devolución de su deuda.

A todo esto, el gobierno ha iniciado una investigación para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la crisis. Comienzan las detenciones de varios banqueros y altos ejecutivos. La Interpol dicta una orden internacional de arresto contra el ex-Presidente del Kaupthing, Sigurdur Einarsson.

En este contexto de crisis, se elige una asamblea constituyente el pasado mes de noviembre para redactar una nueva constitución que recoja las lecciones aprendidas de la crisis y que sustituya a la actual, una copia de la constitución danesa. Para ello, se recurre directamente al pueblo soberano. Se eligen 25 ciudadanos sin filiación política de los 522 que se han presentado a las candidaturas, para lo cual sólo era necesario ser mayor de edad y tener el apoyo de 30 personas. La asamblea constitucional comenzará su trabajo en febrero de 2011 y presentará un proyecto de carta magna a partir de las recomendaciones consensuadas en distintas asambleas que se celebrarán por todo el país. Deberá ser aprobada por el actual Parlamento y por el que se constituya tras las próximas elecciones legislativas.

Y para terminar, otra medida “revolucionaria” del parlamento islandés: la Iniciativa Islandesa Moderna para Medios de Comunicación (Icelandic Modern Media Initiative), un proyecto de ley que pretende crear un marco jurídico destinado a la protección de la libertad de información y de expresión. Se pretende hacer del país un refugio seguro para el periodismo de investigación y la libertad de información donde se protejan fuentes, periodistas y proveedores de Internet que alojen información periodística; el infierno para EEUU y el paraíso para Wikileaks.


Pues esta es la breve historia de la Revolución Islandesa: dimisión de todo un gobierno en bloque, nacionalización de la banca, referéndum para que el pueblo decida sobre las decisiones económicas trascendentales, encarcelación de responsables de la crisis, reescritura de la constitución por los ciudadanos y un proyecto de blindaje de la libertad de información y de expresión.


¿Se nos ha hablado de esto en los medios de comunicación europeos? ¿Se ha comentado en las repugnantes tertulias radiofónicas de politicastros de medio pelo y mercenarios de la desinformación? ¿Se han visto imágenes de los hechos por la TV?

Claro que no. Debe ser que a los Estados Unidos de Europa no les parece suficientemente importante que un pueblo coja las riendas de su soberanía y plante cara al rodillo neoliberal. O quizás teman que se les caiga la cara de vergüenza al quedar una vez más en evidencia que han convertido la democracia en un sistema plutocrático donde nada ha cambiado con la crisis, excepto el inicio de un proceso de socialización de las pérdidas con recortes sociales y precarización de las condiciones laborales. Es muy probable también que piensen que todavía quede vida inteligente entre sus unidades de consumo, que tanto gustan en llamar ciudadanos, y teman un efecto contagio. Aunque lo más seguro es que esta calculada minusvaloración informativa, cuando no silencio clamoroso, se deba a todas estas causas juntas.

Algunos dirán que Islandia es una pequeña isla de tan sólo 300.000 habitantes, con un entramado social, político, económico y administrativo mucho menos complejo que el de un gran país europeo, por lo que es más fácil organizarse y llevar a cabo este tipo de cambios. Sin embargo es un país que, aunque tienen gran independencia energética gracias a sus centrales geotérmicas, cuenta con muy pocos recursos naturales y tiene una economía vulnerable cuyas exportaciones dependen en un 40% de la pesca.


También los hay que dirán que han vivido por encima de sus posibilidades endeudándose y especulando en el casino financiero como el que más, y es cierto. Igual que lo han hecho el resto de los países guiados por un sistema financiero liberalizado hasta el infinito por los mismos gobiernos irresponsables y suicidas que ahora se echan las manos a la cabeza. Yo simplemente pienso que el pueblo islandés es un pueblo culto, solidario, optimista y valiente, que ha sabido rectificar echándole dos cojones, plantándole cara al sistema y dando una lección de democracia al resto del mundo.


El país ya ha iniciado negociaciones para entrar en la Unión Europea. Espero, por su bien y tal y como están poniéndose las cosas en el continente con la plaga de farsantes que nos gobiernan, que el pueblo islandés complete su revolución rechazando la adhesión. Y ojala ocurriera lo contrario, que fuera Europa la que entrase en Islandia, porque esa sí sería la verdadera Europa de los pueblos.

Pedro Zabala

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