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viernes, 13 de enero de 2012

LO QUE EUROPA DEBE A ESTADOS UNIDOS


Este artículo fue escrito en 2003 a causa de la eurofobia desatada en USA ante la oposición de Francia y Alemania frente a la guerra de Irak. hoy retoma actualidad ante la decisión del gran Obama de permitir la detención indefinida y sin cargos


Con motivo de la última crisis político-militar con Irak y la postura (o tal vez solo pose) contraria a una guerra sin condiciones previas de algunas potencias europeas como Francia y Alemania, numerosas plumas y plumillas subvencionadas, dignísima encarnación de esa “intelectualidad de alquiler” que prolifera en los periódicos y programas televisivos de Occidente; han emergido desde la más profunda sima de los reptiles para ganarse el sueldo y, poniendo el grito en las ondas y el borrón sobre el papel, cuestionar el antibelicismo popular y la posición de tales potencias sacando a pasear fantasmagorías del pasado y la amarillenta factura de lo que Europa debe a los Estados Unidos de América.


Tal factura, que estos sucedáneos de inteligencia pretenden impagable, comprendería en el haber del “Amigo Americano” importantísimos conceptos siendo los más importantes de ellos, cuando no los únicos, la liberación de Europa del yugo hitleriano y, haciendo concesiones a los anticomunistas trasnochados, la defensa de la Europa Libre frente al avance comunista durante la denominada “guerra fría”. Desde luego ignoran tales contables ocasionales el precio que Europa ha venido pagando por tales supuestos servicios, no ya desde 1945, sino desde 1917 año en que Estados Unidos decidió intervenir en las cuestiones europeas perentoriamente reclamado por la defensa de los intereses de Su Británica y Graciosa Sucursal Europea. Ahora bien, ignoran estos nefastos economistas domésticos diversos aspectos de tales cuentas que las hacen de pago no exigible aparte de que ha habido numerosos pagos descontables.


En primer lugar, no se puede blandir, el desembarco en Normandía, la liberación de Francia y la rendición alemana de Reims para que los europeos nos inclinemos ante Estados Unidos dándoles apoyo en todas las aventuras imperiales que vienen emprendiendo especialmente en los últimos diez años y ello porque, como siempre les pasa a esos colonos de revolver al cinto, gatillo engrasado, y cerebro reblandecido por la Treponema, el problema que solucionaron o pretendieron solucionar en las horcas levantadas en Nuremberg fue un problema que ellos mismos crearon, organizaron y financiaron. No se puede negar, y hacerlo es de ignorantes, que originariamente, el movimiento hitleriano, fue financiado por el empresario e industrial norteamericano Henry Ford con la intención de que sus unidades de asalto (las S.A) al mando del general alemán Ludendorff y con el apoyo del grupo de rusos blancos dirigido por Víctor Savinkhov invadieran la Unión Soviética a mediados de los años veinte del pasado siglo. Por tales servicios financieros, o tal vez por la aportación que al ideario nazi supuso la obra de Ford “El judío internacional”, este curiosísimo personaje, fiel heredero del aventurero David Crockett y del filibustero Walker, fue condecorado con la “Orden del Águila” máxima recompensa del III Reich para extranjeros (1).


En segundo lugar, y por los mismos motivos aducidos anteriormente tampoco se puede pretender que Europa pague al Tío Sam porque éste impidiera la expansión de la Unión Soviética hasta Finisterre. Al fin y al cabo, en 1918, cuando la situación militar y social con la que se enfrentaban los bolcheviques indicaba que acabarían siendo derrotados, los Estados Unidos, nuevamente en unión con su Real Sucursal Británica, decidieron abandonar a su suerte a los ejércitos blancos retirando sus fuerzas militares de las posiciones que tenían ocupadas en Crimea y Arcángel. Posteriormente cuando, a mediados de los años veinte del siglo anterior, la situación económica soviética era tan desastrosa que toda la URSS sufría terribles hambrunas, los Estados Unidos acudieron en su ayuda colaborando en la Nueva Política Económica (NEP) impulsada por Stalin e instalando fábricas de automoción y tractores en territorio soviético (por cierto, que en esta tarea encontramos de nuevo al industrial Henry Ford aunque esta vez no tuvo la suerte de ser recompensado con la “Orden de la Bandera Roja”). Y por último hay que recordar, que si media Europa cayó a partir de 1945 bajo la influencia soviética y la “maldad comunista” (si es que el comunismo es malo, cosa que el que suscribe ignora, porque en estos tiempos de confusión provocada cada vez le resulta más difícil distinguir entre lo bueno y lo malo), fue porque los norteamericanos siempre en comunión con los británicos acordaron en Yalta y Postdam entregar la mitad de Europa a Stalin además de unos trescientos mil cosacos de “regalo” para que generosamente fueran masacrados en los gulags soviéticos.


Estas son las supuestas “cuentas a pagar” por Europa a Estados Unidos según los modernos voceros de las “gacetillas de Hearts” (el mismo que era capaz de organizar una guerra a partir de una foto), no obstante estos chicos de los recados, entre los cuales también se encuentran no pocos políticos con complejos, ocultan o ignoran lo que el Viejo Continente ha pagado a los Norteamericanos o lo que éstos han sacado de él en los últimos cien años. Así deberían mencionar el expolio sufrido por Europa en su ciencia y tecnología a la que los norteamericanos deben agradecer en gran parte el desarrollo de su industria naval y la totalidad de sus programas nucleares (tanto civiles como militares) y de sus programas aero-espaciales. Igualmente deberían recordar el saqueo cultural al que gran número de potencias europeas fueron sometidas al termino de la última contienda mundial por los “liberadores transatlánticos” y la imposición a los estados europeos de una política descolonizadora espasmódica y convulsiva que condenó a casi todos los pueblos del Hemisferio Sur al hambre y a la perpetua desestabilización política, todo ello sin entrar en consideraciones más profundas sobre los bombardeos selectivos sobre zonas industriales europeas, concretamente francesas, con la única finalidad de mermar la capacidad productiva del continente, la inclusión en tratados internacionales como en el de Versalles de 1919 de cláusulas de transmisión y adjudicación de patentes y la reinstauración del poder oculto de la Mafia y de la Camorra en el Sur de Italia con la consiguiente expansión del crimen organizado por toda Europa (2).


Todas estas consideraciones, ciertas y reales, aquí expuestas y que interesadamente se ocultan o ignoran, son suficientes por si solas, sin menoscabar otros argumentos igual de válidos, para que las potencias europeas, o mejor dicho, los sanos pueblos europeos; se opongan a toda acción militar estadounidense contra Irak (o contra cualquier otro estado o pueblo) y se cuestionen el futuro del vínculo transatlántico con un estado que, ya desde sus mismos orígenes, ha demostrado ser una potencia agresora y depredadora en la mas pura y cruda materialización de la filosofía darwinista que inspira toda su política internacional.





(1) Aunque la gran biografía sobre este curioso personaje esta aun por escribir, se puede saber más de la actuación de Henry Ford y sus vinculaciones con el incipiente movimiento nazi y la oposición rusa al comunismo, consultando las obras de Bruce H. Lockhar, no publicadas aun en castellano, tituladas “A British Agent Memory” y “Reilly, ases of Spies”. La primera se puede encontrar en internet en idioma inglés.


(2) La historia de las relaciones entra la mafia y el estado norteamericano es de sobra conocida y queda totalmente reflejada en la obra de Curcio Malaparte “La Piel” en la que además de reflejar como el ejército norteamericano llevaba “oficiales de enlace” pertenecientes a la Cosa Nostra y los imponía como alcaldes en los ayuntamientos “liberados” de Sicilia en sustitución de los alcaldes fascistas, se narra el saqueo de obras de arte italianas por parte del ejército norteamericano.



martes, 30 de septiembre de 2008

INFANTILISMO ANTE LAS PRESIDENCIALES NORTEAMERICANAS

La reciente noticia de que una española, la valenciana Noelia Zanón, va a ser la intérprete de la canción electoral del candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos de América, Barak Obama; junto al interés, por razones obvias, que tales elecciones presidenciales han despertado en el mundo y concretamente en España donde es muy cuestionada la política del actual presidente norteamericano George Bush Jr., hace que se pueda poner seriamente en duda la madurez mental de toda la clase política e intelectual española.

Tradicionalmente los conservadores españoles se sienten extrañamente identificados con el Partido Republicano norteamericano mientras que toda la izquierda y el progresismo sienten ilógica predilección por el Partido Demócrata, haciendo pensar a la generalidad de la población que existen importantísimas diferencias entre unos y otros cayendo en el tópico ficticio de que los republicanos son extremadamente conservadores y belicistas mientras que los demócratas son el equivalente al progresismo izquierdista y pacifista europeo no siendo tales ideas más que prejuicios erróneos y fáciles de inculcar en mentalidades aniñadas.

En tiempos prácticamente inmediatos a la independencia de los Estados Unidos, el Partido Demócrata y el Republicano eran uno solo y constituían el llamado Partido Demócrata-Republicano que gobernó ininterrumpidamente la joven república americana desde 1801 hasta 1824, año en el héroe de la Guerra Anglo-Norteamericana y defensor de Nueva Orleans, Andrew Jackson, perdió la presidencia norteamericana ante John Quincy Adams a pesar de haber obtenido la mayor parte de los votos emitidos, lo que hizo que sus partidarios promovieran una escisión en dicho partido dando así origen al actual Partido Demócrata de Estados Unidos que llevaría por primera vez a uno de sus hombres, al propio Jackson, a la presidencia de Estados Unidos en 1829.

A lo largo de la historia las diferencias ideológicas entre los Partidos Republicano y Demócrata han sido prácticamente inexistentes limitándose a simples diferencias de matiz en cuestión de gestión administrativa de las cosas públicas haciendo los líderes de ambos partidos gala de pragmatismo, conexión con la realidad y defensa a ultranza de lo propio con desinterés hacia lo ajeno.

Es un grave error pretender ver en los demócratas norteamericanos un partido progresista y pacifista pues es de recordar que este partido político fue un importante defensor de la esclavitud en el Sur de los Estados Unidos antes de la guerra civil de 1861 a 1865 y que en los años veinte del siglo pasado fue notablemente influenciado por el Ku Klux Klan, el cual llegó a pretender imponer al Partido su candidato a la presidencia bloqueando la convención demócrata de 1924, que solo pudo llegar a buen término gracias a la mediación del futuro presidente norteamericano Franklin Delano Roosvelt.

Por otra parte es de recordar que quien logró suprimir la esclavitud en Estados Unidos de América fue el mítico Abraham Lincoln que fue elegido presidente en las filas del Partido Republicano.

Otro error importante es atribuir a los demócratas un pacifismo casi místico cuando realmente republicanos y demócratas han arrastrado a su país a guerras injustas e imperialista en la misma proporción. Así, considerando exclusivamente el siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI, resulta que los presidentes republicanos Theodore Roosvelt (1901- 1905), Calvin Coolidge (1923 – 1929), George Bush padre (1989 – 1993) y George Bush, hijo (2001 – 2008) han sido respectivamente promotores de intervenciones militares y guerras en Panamá (1903), Nicaragua (1925), Golfo Pérsico (1991) e Irak (2003) mientras que los presidentes demócratas Woodrow Wilson (1913 – 1921), Franklin D. Roosvelt (1933 – 1945), Harry S. Truman (1945 – 1953), John F. Kennedy (1961 – 1963) y Bill Clinton (1993 – 2001) han sido responsables respectivamente de la intervención de los Estados Unidos en los conflictos de México (1917), I Guerra Mundial (1917), II Guerra Mundial (1941), Corea (1950), Vietnam (1963) y los Balcanes (1999).

Así pues, la única deducción lógica que podemos sacar de la política en Estados Unidos es, que triunfe en las elecciones presidenciales el candidato que triunfe, no se producirá un cambio sustancial en la forma de ver el mundo que tienen los políticos norteamericanos ni habrá una nueva política internacional que no sea la orientada a defender los intereses propios y particulares de los estadounidenses y de los grupos de intereses o lobbies que favorecen la elección de tal o cual candidato invadiendo, si es preciso, a quien tengan que invadir y abandonando, si procede, al gobierno títere que tengan que abandonar (como hicieron con Vietnam del Sur o con el Sha de Persia) por lo que creer que Obama es mejor que McCain o viceversa es caer en el infantilismo de creer en los Reyes Magos o, más adecuado al caso, en Santa Claus.

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