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miércoles, 2 de diciembre de 2015

"AGONIA, TRAICIÓN Y HUÍDA" de JOSÉ LUÍS RODRÍGUEZ JIMÉNEZ


Portada del Libro

En estas fechas en las que los españoles han recordado, para bien o para mal, el cuarenta aniversario del fallecimiento de Francisco Franco y del final del franquismo y en las que prácticamente ninguno ha tenido el más mínimo recuerdo para el también cuarenta aniversario del abandono del Sáhara, la editorial Crítica ha tenido el gesto de recordarnos este acontecimiento publicando el libro de don José Luís Rodríguez Jiménez titulado "Agonía, Traición y Huída" y subtitulado "El Final del Sáhara Español".

            "Agonía, Traición y Huída" de José Luís Rodríguez Jiménez constituye una amena obra, que en ocasiones adquiere el carácter de novela al introducir la intrahistoria de algunos personajes reales en el puro relato histórico, en la que se refleja de forma fiel, y en ocasiones cruda, los hechos que acabaron con la salida de España del territorio del Sáhara Occidental.

            Los hechos descritos en el libro, e ignorados por una buena parte de los españoles de entonces y de hoy, dejan patente el fracaso político español nacido de unos presupuestos completamente erróneos que provocan una sucesiva  acumulación de problemas que culminan con la crisis diplomática entre España y Marruecos de Octubre a Diciembre de 1975 y que termina con la firma de los "Acuerdos Tripartitos de Madrid" de ese año que suponen la entrega del territorio a Marruecos (dos terceras partes) y a Mauritania (una tercera parte).

            De la apasionante lectura de "Agonía, Traición y Huída" el lector sacará algunas conclusiones sobre lo sucedido en 1975 y conocerá algunos datos hasta ahora desconocidos como el hecho de que cuando, el 6 de Noviembre de 1975, la "Marcha Verde" organizada por Marruecos entra en el territorio del Sáhara Español ya estaba prácticamente pactado el abandono del territorio y la entrega de algunos puestos militares al Ejército Real Marroquí el cual no sufre más oposición que la planteada por el Frente Polisario y por algunas unidades del Ejército Argelino, que enseguida se retiran abandonando a los saharauis a su suerte.

            José Luís Rodríguez Jiménez expone en su obra los errores políticos cometidos por España respecto al Sáhara y que pasan, en primer lugar, por no reconocer la existencia de problema alguno en el territorio e ignorando, de una u otra forma, las indicaciones de la UNU al respecto de la descolonización del mismo; esto llevo a los entonces gobiernos de Carrero Blanco y de Arias Navarro a no hacer ninguna política tendente a favorecer el autogobierno de los saharauis y su preparación para una posterior independencia, de alguna forma, ligada a España. Más adelante, cuando la situación se convierte en insostenible y la descolonización es ya imparable, a España le entran las prisas y en la improvisación crea un partido político independentista, el PUNS (Partido de Unión Nacional Saharaui), proclive a España, intenta fomentar la creación de cuadros autóctonos para que administren un Sáhara independiente, legisla sobre una autonomía previa del Sáhara que jamás llega a materializarse, etc... pero cuando se intenta realizar todo esto ya es tarde, la mayoría de los saharauis se sienten inclinados hacia el Frente Polisario apoyado por Argelia mientras que los miembros de la Asamblea General del Sáhara, la Yemaa, y del PUNS o bien mantienen una numantina adhesión a España, que tras el abandono se convertirá en una adhesión al Frente Polisario, o bien empiezan a decantarse, previo pago, a favor de la anexión a Marruecos cuyas pretensiones sobre el territorio no dejan de ganar apoyos diplomáticos en la Comunidad Internacional.

            Igualmente, "Agonía, Traición y Huída" deja claro que pese a la verborrea que salía desde las instituciones políticas y militares españolas y al despliegue militar español en el Sáhara durante la crisis abierta en Octubre con el inicio de la "Marcha Verde", no existió jamás por parte de España intención alguna de defender el territorio, por lo que tampoco existió un riesgo real de confrontación bélica, constituyendo todo lo publicado en los periódicos y emitido en televisión pura propaganda de consumo interno que permitiera creer a los ciudadanos españoles que del Sáhara se salía con el "honor intacto" y no que se reculaba cobardemente bajo presión.

            "Agonía, Traición y Huída" de José Luis Rodríguez Jiménez, se completa con un capítulo relativo a la igualmente desastrosa descolonización de Guinea Ecuatorial descubriendo al lector numerosos e importantes datos ignorados por lo que esta obra constituye una lectura fundamental para el conocimiento de la historia y de la política reciente de nuestro país.

martes, 1 de julio de 2014

“LA LEYENDA NEGRA” de JULIÁN JUDERÍAS

            
Portada del Libro de Julián Juderías
La editorial madrileña “La Esfera de los Libros” ha tenido a bien reeditar, cien años después de su primera edición en 1914 y tras más de noventa y cinco años después de su segunda edición en1917, la obra fundamental del historiador, sociólogo y periodista Julián Juderías y Loyot titulada “La Leyenda Negra”.

            Julián Juderías concibió “La Leyenda Negra” en 1913 como un breve ensayo para concurrir a un concurso histórico-literario convocado por la revista “La Ilustración Española y Americana”, logrando alcanzar el primer premio que consistía en una dotación económica y en la publicación del ensayo en la propia revista. La publicación de “La Leyenda Negra” en “La Ilustración Española y Americana” obtuvo tal éxito entre los lectores que su autor decidió editarlo en forma de libro y hacer una segunda edición corregida y aumentada en 1917.

            “La Leyenda Negra” de Julián Juderías es una obra en la que se pretende, y se logra, definir en qué consiste la construcción de la visión negativa que tiene España y los españoles entre los extranjeros, cuales son sus fuentes y orígenes y demostrar que la historia de la intolerancia religiosa en la Europa de los siglos XVI y XVII no es patrimonio exclusivo de los españoles.

            Según Julián Juderías, la construcción de la visión negativa que de España se tiene en el extranjero se debe a la intención de los autores foráneos de “ocultar lo positivo y exagerar lo negativo” y de esta forma, reseñar de la obra de los españoles en Hispanoamérica exclusivamente los excesos y crímenes cometidos por individuos sin escrúpulos y omitir la construcción de universidades, la fundación de ciudades y la enorme legislación protectora de las poblaciones indígenas.

            Por lo que se refiere a las fuentes y orígenes de la Leyenda Negra, Juderías señala fundamentalmente tres:

            1º. La “Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias” de Fray Bartolomé de las Casas

            2º. “Las Relaciones” de Antonio Pérez

            3º. “La Apología de Guillermo de Orange” escrita por Pierre L´Oysleur.

            Respecto a la “Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias”, publicada por primera vez en 1552,  Juderías señalará que fue una “memoria” dirigida al Carlos I sobre las malas acciones cometidas por sus súbditos en el Nuevo Mundo constituyendo realmente un trabajo de autocrítica inexistente en esa misma época en otros países, lo cual haría disipar la creencia de que en la España del Siglo XVI no existía la más mínima libertad y que todo estaba sometido al antojo del monarca y a la censura de la Inquisición. De hecho, antes de la segunda mitad del Siglo XX resulta difícil o, mejor dicho, imposible encontrar una publicación inglesa, Alemana o Francesa que critique el actuar de estos estados en sus respectivos imperios, lo cual hace que la “Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias” deba quedar como una obra que muestra la existencia de cierta libertad de pensamiento y de prensa en la España del siglo XVI mientras que coetáneamente esas libertades no existían en los demás reinos europeos.

            Por lo que se refiere a “Las Relaciones” de Antonio Pérez y a “La Apología de Guillermo de Orange” ambas son, en la muy fundamentada opinión de Juderías, obras de propaganda escritas por enemigos políticos y personales de Felipe II que tienden, como es lógico, a denigrarle en beneficio de las intenciones políticas de Guillermo de Orange y a justificar la traición del secretario regio, Antonio Pérez.

            Finalmente, Julián Juderías, dedica una parte importante de su obra “La Leyenda Negra” a demostrar, con éxito, que si la España de los siglos XVI y XVII era intolerante en materia religiosa los demás estados también lo eran y si en España existía la represión de la herejía y de la brujería esta era incluso menor que la que se ejercía en los estados de nuestro entorno. Para ello Juderías se refiere al proceso del reformador Calvino contra Miguel Servet que acabó con la muerte en la hoguera de éste último, a la persecución religiosa contra los católicos en la Inglaterra anglicana e incluso al más famoso e irracional proceso contra la brujería en el Nuevo Mundo que fue el de “las Brujas de Salem” a finales del siglo XVII. Por lo que se refiere a la lucha contra la heterodoxia religiosa si bien en España esta se encontraba reglamentada y encauzada a través del Tribunal de la Inquisición en el resto de Europa se procedía de forma tumultuaria como fue el caso de “la Noche de San Bartolomé” (1572) en la que los católicos masacraron a más de tres mil protestantes o las matanzas de anabaptistas por parte de Zwinglio en Zurich.

            “La Leyenda Negra” de Julián Juderías y Loyot constituye una obra cuya lectura es importantísima para conocer y rebatir unas historias que, buscando el desdoro de España, perviven en la memoria actual de no pocos ciudadanos europeos y que han sido acogidas, aplaudidas y hasta difundidas como propias por muchos españoles.

martes, 15 de abril de 2014

EL COLONIALISMO Y SU PERVIVENCIA ACTUAL

El Colonialismo no siempre resulta ser esta imagen estereotipada 
El colonialismo es un término muy mal visto por la mayoría de los ciudadanos del primer mundo al tener una idea muy simple del mismo según la cual unas poderosas potencias se enfrentaban, con todos sus adelantos técnicos, a unos pueblos que no disfrutaban de tales ventajas a fin de apoderarse de sus territorios y explotar las materias primas y recursos naturales que en los mismos se encontraban. No obstante, esta visión del colonialismo como expansión militar no obedece a la verdad como demostraría la simple observación de que las fuerzas militares británicas y francesas que forjaron y mantuvieron sus respectivos imperios en el siglo XIX y XX eran notablemente pequeñas en número si se las compara con las poblaciones autóctonas que integraban los territorios de dichos imperios.

            La idea de una potencia colonial no solo era dominar un territorio para explotar sus recursos naturales, sino también la de disponer de un espacio donde poder remitir su excedente de población en tiempos de crisis que, en la metrópoli, estaría condenada al desempleo y a constituirse en foco de inestabilidades políticas y sociales y, sobre todo, adquirir ventajas geoestratégicas sobre otras potencias colonialistas similares.

            Lejos de lo que comúnmente se cree, las víctimas del colonialismo no solo fueron pueblos primitivos sino también estados avanzados que por entrar en crisis institucionales a causa de la corrupción y la ausencia de progresos político-sociales decaían en todos los aspectos siendo fáciles presas de potencias más poderosas y ordenadas de su mismo entorno (este fue el caso de España en 1898 y del Imperio Otomano a principios del Siglo XX).           

La dominación colonial de un territorio no empezaba, como la mayoría de la gente cree hoy en día, con una expedición militar que tomaba posesión del mismo, sino que por el contrario se iniciaba, en el caso de poblaciones no organizadas en estados modernos, con expediciones científicas que ponían de relieve las riquezas de tal o cual territorio así como la conveniencia de acceder a su posesión. A estas expediciones científicas seguían expediciones de carácter humanitario que, con la excusa de proporcionar cultura y asistencia sanitaria, incorporaban a algún plenipotenciario con poderes para suscribir tratados leoninos con las tribus existentes en virtud de los cuales las poblaciones nativas se sometían al poder de la potencia colonizadora cediéndola el control y la administración de su territorio y permitiéndola el asentamiento de ciudadanos de la metrópoli. Solo y exclusivamente en los casos de que esos tratados no fueran respetados o que las misiones humanitarias sufrieran algún tipo de agresión, la potencia colonial recurría a la fuerza militar.

           
Los personajes y el objeto han cambiado pero la finalidad es la misma
Más compleja era la dominación de un territorio que pertenecía a un estado constituido y organizado. En estos casos, se acudía a la clásica vía diplomática mediante la cual se llegaban a negociar tratados internacionales entre dos potencias soberanas y aparentemente iguales por los que se acordaba la construcción de grandes infraestructuras que eran emprendidas y financiadas por personal y empresas de la potencia colonial (por ejemplo el canal de Suez) así como la concesión de cuantiosos préstamos para financiar los aparatos administrativos de la potencia a colonizar con la excusa de modernizarlos. De esta forma la potencia colonial no solo controlaba la infraestructura que había ayudado a construir sino que además conseguía el endeudamiento del estado a colonizar el cual se veía obligado a ceder constantemente a nuevas y progresivas exigencias de sus acreedores abriendo sus mercados y puertos, limitando sus jurisdicciones, estableciendo concesiones a la explotación de yacimientos, etc… Una vez que esto sucedía, el estado colonizado se encontraba con que había cedido todos sus activos económicos y productivos a la potencia colonial y que carecía de toda capacidad de reacción porque esta podría producir la exigencia del pago de los préstamos realizados y, por ende, llevarle a la quiebra económica. De esta forma, un estado no dejaba aparentemente de ser soberano e independiente pero de hecho quedaba a merced de los deseos y caprichos de una potencia extranjera.  

            En la actualidad, las antiguas potencias coloniales carecen de colonias y las que tienen no son más que un residuo casi folklórico de sus viejos sueños de gloria imperial. No obstante, en todo tiempo el colonialismo siempre ha estado presente en los usos políticos de las relaciones internacionales reapareciendo claramente y con fuerzas renovadas en la actualidad porque detrás de la financiación externa para la construcción de infraestructuras a la que recurren determinados estados que se endeudan en exceso (como es el caso del estado español), así como de la compra de deuda pública de los mismos no hay más que el viejo colonialismo en el que la potencia colonial solo tiene que exigir al estado colonizado lo que ha de hacer bajo amenaza de exigirle de golpe el pago de la deuda y llevarle a la quiebra. En realidad este colonialismo es más ventajoso para la potencia colonial ya que esta no asume ninguna responsabilidad en el control y administración del territorio colonizado la cual corresponde exclusivamente a los gobiernos constituidos y, en muchos casos, elegidos entusiásticamente por sus propios ciudadanos salvaguardándose, en apariencia, las libertades democráticas, la integridad territorial de los estados, la soberanía de los mismos y todos los demás principios proclamados por el Derecho Internacional.

            Tanto en el pasado como en el presente es el mercantilismo y no el militarismo el origen y la causa del colonialismo, no siendo los ejércitos nada más que unas piezas del tablero que se usan, en último extremo, para abrir mercados y defender los grandes intereses económicos. El colonialismo no es una práctica política del pasado como cree la inmensa mayoría sino que es un uso fundamental y característico de la política internacional siendo sus víctimas no solo los pueblos del denominado “Tercer Mundo” sino todo aquel estado, que por las causas que sean, decae y se convierte en deudor de otro estado más poderoso.

viernes, 16 de agosto de 2013

GIBRALTAR: LA ROCA DE VERANO

En el periodo estival, cuando las noticias escasean, es antigua y tradicional costumbre periodística acudir a las llamadas “serpientes de verano”, noticias irrelevantes o intrascendentes que llenan las páginas de los periódicos durante las vacaciones veraniegas para ocupación de los plumillas y entretenimiento de los lectores. Como los tiempos cambian, las tradiciones se renuevan y el ecologismo gana terreno los periodistas españoles, en vez de acudir a una representante del reino animal como es la serpiente, han recurrido más bien a un representante del mundo mineral como es una roca y más concretamente al Peñón de Gibraltar.

            El Peñón de Gibraltar fue ocupado militarmente por un combinado de fuerzas anglo-holandesas el 4 de Agosto de 1704 y finalmente cedido a la Gran Bretaña, junto con la isla de Menorca, en virtud del Tratado de Utrecht de 1714 que ponía fin a la Guerra de Sucesión Española. Prácticamente desde el mismo momento de la ocupación los intentos militares españoles por recuperar la roca han sido varios y todos ellos infructuosos.

            La mala fe británica en el Peñón de Gibraltar ha sido siempre manifiesta desde los comienzos de la ocupación. Primeramente forzó el desplazamiento de los habitantes españoles autóctonos, que terminaron fundando el pueblo de San Roque en la Provincia de Cádiz, para introducir en la roca una heterogénea población procedente de los más diversos lugares, seguidamente concedió al territorio y a su población el status de colonia británica en 1830 para continuar apropiándose del istmo que une el peñón con la península, cosa que hizo durante los año de nuestra guerra civil cogiendo nuestra propia verja y subiéndola unos cuantos kilómetros más arriba. Posteriormente, sobre el istmo robado ha construido un aeropuerto para seguir construyendo un dique en el puerto de Gibraltar con el fin de apropiarse de una parte de la Bahía de Algeciras que no le pertenece. Por último, la política gibraltareña apoyada por la Gran Bretaña ha permitido que la roca se convierta en un paraíso fiscal en el que se encuentran domiciliadas numerosas sociedades mercantiles, en un refugio de todo tipo de contrabandistas, en un lugar donde los buques pueden repostar en diques flotantes instalados en aguas de la Bahía de Algeciras que son de legal soberanía española y finalmente haya comenzado a tirar bloques de hormigón a la Bahía con el fin de desecarla y agrandar su extensión terrestre tal y como los holandeses hicieron con Holanda. Todos estos actos han hecho que la colonia británica de Gibraltar se haya convertido en un parásito de la economía española, en un peligro ecológico para la biodiversidad de la Bahía de Algeciras y en un grave problema político para España que trasciende la mera reivindicación histórica y territorial.

            Ante la imposibilidad militar de recuperar el Peñón de Gibraltar, España optó, a mediados del Siglo XX, por aplicar estrictamente el Tratado de Utrecht que prohibía todo contacto terrestre entre el Peñón y la península y por desencadenar una gran ofensiva diplomática. El resultado de la primera medida fue la supresión de todas las comunicaciones terrestres entre el Peñón y España con el cierre de la verja en 1969 mientras que en virtud de la segunda opción, la Asamblea General de la ONU adoptaba las resoluciones 2231 de 1966 y 2353 de 1967 por la que se instaba a la Gran Bretaña a reintegrar el peñón a la soberanía española. A pesar de todo esto, y dentro del marco de las conversaciones sobre el ingreso de España en el entonces Mercado Común Europeo, el primer Gobierno Socialista de Felipe González acordó, en 1982, la apertura de la verja permitiendo el libre acceso terrestre del peñón a la península y viceversa e iniciándose una serie de sucesivos despropósitos al respecto del Peñón por parte de los siguientes gobiernos españoles que han rozado siempre la traición y el abandono de las reivindicaciones españolas.

            Siendo éste el estado de cosas y quedando muy claro que, desde 1982, ningún gobierno español ha tomado ni va a tomar las medidas pertinentes tendentes a evitar los abusos del Reino Unido en el Peñón de Gibraltar donde lleva décadas haciendo lo que le da la gana, llama poderosamente la atención el descubrimiento informativo del “contencioso gibraltareño” y el bombardeo de noticias al que el pueblo español esta siendo sometido desde los primeros días de este mes de Agosto, como si existiera algún tipo de interés de que se hable de Gibraltar y no de otras cosas.

            Ya es hora y resulta imprescindible que alguien manifieste a los españoles la cruda verdad sobre el tema del Peñón de Gibraltar y que no es otra que la siguiente:

            1º. El Peñón de Gibraltar es un territorio de la Gran Bretaña ocupado militarmente desde 1704 siendo su permanencia en la roca fruto de casi trescientos años de superioridad militar británica sobre España.

            2º. Mientras perdure esta ocupación británica del peñón, los británicos harán lo que les de la gana con el mismo y sus alrededores porque para eso lo tienen ocupado y son más fuertes.


            3º. La posibilidad de recuperación militar de la roca por parte del ejército español es poco más que un cuento considerando nuestra notable inferioridad militar respecto a los británicos por lo tanto cualquier medida militar debe descartarse totalmente.

            4º. No obstante de lo anterior, existen medidas diplomáticas, jurídicas y políticas que se pueden y deberían tomar como podrían ser, entre otras: la exigencia de la aplicación estricta de las resoluciones de la ONU y del Tratado de Utrecht,  el cierre de la verja con la supresión de las comunicaciones terrestres y el corte de todo suministro de la península al peñón, la construcción de altos edificios en la zona que dificulten el  tráfico aéreo del aeropuerto de Gibraltar, la prohibición de que las sociedades mercantiles domiciliadas en Gibraltar comercien o tengan relaciones comerciales con empresas españolas, el cierre de los puertos navales españoles a unidades de la flota británica, etc…

            5º. Parece ser que ningún gobierno español va a tomar medida alguna tendente a reivindicar eficazmente la reintegración del Peñón de Gibraltar ni a impedir o limitar los abusos británicos en la zona.

            6º. Al sesenta por ciento de los españoles no les importa el asunto de Gibraltar como tampoco parece importarles el futuro de sus hijos y nietos por lo que muestra total confianza y conformidad con todo lo que hace la casta política española dándose la surrealista situación en la que, parafraseando a un político de la llamada Transición, parece ser que “el ladrón roba a la víctima con su pleno conocimiento y consentimiento”.

            Así pues, permanezca tranquilo el español y siga disfrutando de sus vacaciones porque este revuelo periodístico al respecto del Peñón de Gibraltar no es más que la última pose histriónica que los políticos españoles han adoptado en trescientos años de poses y manifestaciones que amenazan con aburrir, si es que no lo han aburrido ya, al pueblo español con la cantinela de “la espinita que se ha clavado en mi corazón” y que resulta ser el “¡¡¡Gibraltar Español!!!”.

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