Desde
hace unos años se está abriendo paso entre la literatura juvenil y el cine
bélico o de acción un curioso subgénero que tiene por protagonistas a los
zombies o a los famosos "Muertos Vivientes" que popularizara en 1968
George A. Romero con su película, hoy de culto, "La Noche de los Muertos
Vivientes". Mientras el subgénero literario consiste en coger una obra
clásica como "Orgullo y Prejuicio" o "El Lazarillo de
Tormes" y adaptarla para que los personajes secundarios se conviertan en
unos muertos vivientes que, poseídos por una feroz hambre antropofágica,
intenten devorar a los protagonistas; el subgénero bélico consiste en convertir
al enemigo, sea este según y conforme la guerra de la que se trate, en unos
zombies que en vez de buscar una victoria militar tratan de merendarse,
entiéndase en sentido estricto, a los protagonistas siempre heroicos.
Pues bien, como la realidad suele
superar la ficción no se puede menos que encontrar ciertas similitudes entre
este subgénero literario-cinematográfico de muy dudoso gusto y la actividad
política que en no pocos casos se desarrolla en nuestro país desde el poder y
desde la oposición y que empieza a ser digna de ser analizada por psiquiatras y
psicólogos pues denota ciertos traumas no superados que, ocultos en el
inconsciente, se manifiestan en el mundo consciente en una forma de ilógica parafilia
necrófila o necrófoba.
Va a hacer justamente un año que el
gobierno del PSOE presidido por Pedro Sánchez ordenó sacar el cuerpo de
Francisco Franco del Valle de los Caídos y trasladarlo a un cementerio público
situado en el Municipio de El Pardo justificando tal decisión como una
reparación a las víctimas de un periodo concreto de la Historia de España, el
Franquismo, como si otros periodos no menos concretos de esa misma historia no
tuvieran también sus víctimas a las que reparar. Por otra parte, hace unas semanas, el grupo parlamentario
de VOX en el Ayuntamiento de Madrid se congratulaba de haber logrado que el
consistorio madrileño hubiera acordado retirar varias calles y monumentos dedicadas
a los difuntos políticos socialistas Largo Caballero e Indalecio Prieto a los
que el Secretario General de VOX, Javier Ortega Smith, calificó como "unos
auténticos criminales" (desconocemos la diferencia entre un criminal y un
auténtico criminal). Hoy, cuando nuestro país afronta decenas de miles de
muertos por una epidemia y una crisis económica de difícil comparación con
cualquier otra crisis anterior, resulta que, ignoramos si alguien habrá caído
en la cuenta, Franco, Largo Caballero, Indalecio Prieto, Millán Astray, Alonso
Vega, Santiago Carrillo y otros muchos tienen una cosa en común: que están
muertos, enterrados y sus víctimas, tanto las gravemente ofendidas como las
levemente ofendidas, se han extinguido por pura acción de la inexorable ley
biológica.
¿Cual es la razón por la que más de
ochenta años después de finalizada la guerra civil de 1936 a 1939 y más de
cuarenta años después de fallecido el dictador por causas naturales, los
personajes de aquella contienda y de aquel régimen estén tan presentes en la
actual actividad política?. Es de suponer que Freud tendría mucho que decir al
respecto, pues parece no existir ni haber existido jamás mayores y mejores
ejemplos de la "Pulsiones" del Eros y del Tanatos que forman un
nítido modelo psicosexual donde el secreto deseo del incesto descubierto en el
ser humano por el neurólogo austriaco es sustituido, en el caso colectivo
español, por una fobia a los muertos o por una parafilia necrófila.

Psicoanálisis
y bromas aparte, la pregunta formulada tiende a ser contestada por los pacientes,
perdón, por los distintos miembros de la casta política española apelando a la supuesta
reparación de las víctimas de la Guerra Civil de 1936 a 1939 y del Franquismo,
pero, sin entrar a valorar de si se habla de unas víctimas y no de otras o si
el tiempo transcurrido hace que esas víctimas hayan dejado ya de existir, tal
explicación suena falsa, extraña y no sincera haciendo que todo parezca una
gran farsa en la que el Hispanorum Modus Vivendi que se inauguró con la
Constitución de 1978 y que a grosso modo consistía en "yo robo, tu robas y nosotros nos callamos" se ha
ampliado a un "yo me cago en tus
muertos, tú te cagas en los míos y nosotros seguimos tan amigos cobrando del
erario público gracias a nuestros respectivos clubs de fans".
"Francisco
Franco fue un asesino", dice la izquierda; "Largo Caballero e Indalecio Prieto fueron unos auténticos
criminales", dice la derecha. Pues bien... Nosotros retamos al
mismísimo Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias para que presenten una prueba de que
Francisco Franco personalmente puso una pistola en la nuca de alguien y apretó
el gatillo, e igualmente, retamos a Javier Ortega Smith, a Santiago Abascal y a
Pablo Casado para que presenten alguna prueba de que Largo Caballero e
Indalecio Prieto personalmente hicieron eso mismo. Evidentemente, ni unos ni otros
pueden presentar tal prueba por el simple hecho que, a determinadas escalas, el
crimen siempre se hace a través de personas o grupos interpuestos.
Si Franco, Largo Caballero o Indalecio Prieto
fueron unos asesinos, no lo fueron porque ellos mismos ejecutasen la acción
criminal sino porque ordenaron o sugirieron a otros, clara o veladamente, que
tal acción criminal se llevase a efecto sirviéndose para ello de instituciones
u organizaciones que, con nombres concretos, existen y gozan de muy buena salud
en nuestro país.
Si Largo Caballero o Indalecio
Prieto cometieron crímenes lo hicieron sirviéndose de una organización política
aun existente y llamada Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y si Franco
asesino a muchos o a pocos lo hizo a través de unas instituciones y
organizaciones que todavía existen en nuestro país como son la Guardia Civil y
el Ejército Español, único ejército del mundo mundial que tiene el dudoso honor
de haber traído a la metrópoli tropas mercenarias coloniales para matar y
maltratar a sus propios ciudadanos, ya que si el Ejército Francés desplego
tropas coloniales en el territorio metropolitano fue para maltratar a los
alemanes durante la ocupación de la cuenca del Ruhr en 1923 (no mencionaremos
la I Guerra Mundial) y a los españoles internados en los campos de
concentración franceses en 1939.

"¡En Alemania no existe
ninguna calle que se llame Adolfo Hitler ni ningún monumento al genocida!"
claman todos. Sin entrar a considerar el hecho de que la placa de la posible
calle fue hecha desaparecer por las tropas aliadas junto con toda la calle y la
consideración que puedan tener algunos asesinos de masas del III Reich en la
Alemania actual, es cierto que Adolfo Hitler no tiene calles dedicadas en
ninguna ciudad alemana, pero también es cierto que el NSDAP (Nationalsozialistische
Deutsche Arbeiter Partei) está prohibido en Alemania como prohibidas
están las fuerzas militares o policiales implicadas en los crímenes del III
Reich.
En puridad lógica, si se desea
resarcir a las víctimas de la Guerra Civil y del Franquismo, se debería actuar
contra lo vivo que queda de aquel periodo y no contra lo muerto, que ya no daña
a nadie. Así, podríamos sugerir al gobierno que preside Pedro Sánchez que para
resarcir moralmente a las víctimas de ese periodo histórico, disolviera la
Guardia Civil en vez de celebrar el centenario de la fundación de la Legión por
Millán Astray y, ¿Por qué no?, hiciera públicos los nombres de los confidentes
de la Brigada Político Social; e igualmente sugerimos al señor Ortega Smith
que, además de celebrar el derribo de las placas de las calles Largo
Caballero e Indalecio Prieto, presente
en la Audiencia Nacional una querella contra el PSOE por presunta organización
criminal utilizando para ello los numerosos hechos objetivos recopilados en la
llamada "Causa General" depositada en la Fiscalía General del Estado
(si es que no la han hecho desaparecer) y en la que, por cierto, aparece el
nombre de un muy conocido policía durante los primeros años de la Transición
relacionado con la detención de las llamas "Trece Rosas". Pero claro, en el primer caso unos tienen escopetas y en
el segundo supuesto tal vez le supusiera una meliflua bofetada al caballista de
perfilada barba.
En el fondo, y no muy en el fondo,
la constante presencia de la Guerra Civil de 1936 a 1939 y del Franquismo en la
política actual no busca reparar a nadie, sino que es el recurso desesperado de
una casta política que nada tiene que decir ni que aportar y que, siendo
incapaz de hacer frente con alguna inteligencia a los graves problemas que
afectan al país, prefiere hacer una política de zombies reviviendo a los
muertos en vez de desarrollar una política que tenga por objeto a los vivos
para evitar que mueran.