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lunes, 7 de diciembre de 2020

LITERATURA MILITAR CONTEMPORÁNEA

No ha mucho, en este modesto blog, se publicaba un artículo que bajo el título de "Miles Gloriosus" suponía una crítica a la decadencia literaria que presentan los profesionales de las armas españolas en la redacción de unos manifiestos a favor de generales fallecidos y de Capitanes Generales voluntariamente expatriados.

            Todo parecía dicho en aquel artículo, pero parece ser que, como ocurre con las malas situaciones que siempre son susceptibles de empeorar, no hay decadencia que no avance hasta terminar en degeneración y en degeneración es en lo que está terminando la literatura militar española contemporánea.

            Sería una ensoñación desmedida, el pedir que, entre los funcionarios que integran la hispánica casta militar contemporánea, de cuya pluma lo más granado que ha salido en los últimos cien años fue un librito titulado "Diario de una Bandera" y un guión cinematográfico para una película titulada "Raza", surgiera alguien que pudiera encarnar, o al menos acercarse, a la egregia figura del poeta soldado clásico.

            No cultiva la española milicia ni la prosa, ni la poesía y, abandonados desde 1981 los géneros del bando y del artículo periodístico bajo arbóreo pseudónimo (1), parece centrarse en los géneros de la epístola colectiva y del público manifiesto, pues, en menos de dos años, el ardor literario de las Fuerzas Armadas ha producido, ni más ni menos, que: un manifiesto exaltando las virtudes y los conocimientos estratégicos y tácticos del ex-Jefe del Estado Francisco Franco, una carta colectiva en apoyo a su sucesor, el ex-Jefe del Estado a Título de Rey, Juan Carlos de Borbón y otra carta colectiva de carácter quejumbroso al sucesor del sucesor y actual Jefe del Estado a Título de Rey, Felipe de Borbón.

            Además de en la epístola y en el manifiesto, la afición literaria de los miembros de nuestra milicia también se encuentra en su gusto por la tertulia. Abandonada la elegancia decadente de los casinos militares, la oscuridad de los cafetines moriscos y la sordidez de determinados locales con piano; el arte de la conversación parece ser practicada por estos militares de vocación literaria, que jamás pusieron un pié ni en el Pombo ni en el Gijón, de forma virtual a través de foros y chats en los que demuestran sus grandes conocimientos de los recursos literarios, pues mucho cultivan la anáfora repitiendo lamentos, quejas y quebrantos, la metáfora pues solo como metáfora, aunque de mal gusto, se puede considerar sus alusiones a millones de fusilamientos y, por supuesto, la paradoja pues paradoja, o paradójico, resulta que sea la situación de reserva de estos ilustres soldados lo que les inspire tanta incontinencia literaria.

            Bienvenido sea, el deseo de cultivar el arte de las letras por parte de los funcionarios integrantes de las Fuerzas Armadas, pero ¡¡¡Por Dios!!! que no ignoren que la creación literaria está sometida a la dictadura que imponen los inexorables principios de oportunidad, contenido y estilo y, francamente, las creaciones literarias de nuestros ilustres señores soldados son claramente inoportunas por estar fuera de tiempo, carecen de contenido por no aportar nada novedoso o constructivo y resultan de un estilo soez y primitivo como denota la utilización de metáforas de un gusto puramente tabernario.

            La queja es tan incompatible con la milicia como el mal gusto con la literatura y estos caballeros están demostrando que no sirven ni para lo primero ni para lo segundo por lo que no son más que una pésima y grotesca caricatura de aquel magnífico ser que, pocas veces se da, pero, cuando surge, siempre lo hace de forma sublime al reunir en su única persona la virtudes del soldado y del vate.

            Estos pésimos juntadores de palabras, de uniforme en perchas colgados y en armarios encerrados, posiblemente por la polilla afectados; podrán aplicarnos sus metáforas primitivas y de pésimo gusto pero, desde luego, les negamos el derecho a torturarnos con los gritos de horror generados en las Musas y a habitar en el Monte Parnaso junto a Gaetano Rapagnetta.

 

 

 

 

 

 

(1) Alusión al "Colectivo Almendros", grupo de personas, probablemente militares, que desde el diario "El Alcázar" defendían la ejecución de un Golpe de Estado que culminó en el 23-F.

 

lunes, 17 de agosto de 2020

MILES GLORIOSUS



 No se puede negar que una de las tradiciones seculares del Ejército Español ha sido la literaria; baste para afirmar tal cosa que autores tan insignes del Siglo de Oro como Cervantes o Quevedo, antes que fecundos escritores, fueron valientes soldados, aunque, a diferencia de los que actualmente desempeñan el oficio de las armas, bien supieron esgrimir la espada para defender la patria frente a sus enemigos exteriores y mejor aún empuñar la pluma para denunciar la corrupción que carcomía los cimientos del Imperio.

            Hoy, el Imperio ha dejado de existir y España es un país que, a través de una progresiva decadencia, ha llegado a tal estado de desecho que ya solo se puede calificar de degeneración. De la progresiva decadencia carpetovetónica poco o nada se ha escapado y, como no podía ser de otra forma, tampoco se ha salvado la tradición literaria de las Fuerzas Armadas.

            Si en el Siglo XVII,  de las plumas de ave  de nuestros soldados salían obras cumbre de la literatura universal como "El Quijote" o "Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos", en el Siglo XX, la literatura producida por el personal militar decayó hasta el punto de que de las estilográficas de algunos generales salían pequeñas novelitas baratas como "Diario de una Bandera", para terminar degenerando definitivamente en el presente Siglo XXI en el que, de los bolígrafos de distintos miembros del ejército, tan solo salen manifiestos necrófilos o adhesiones estériles a personajes del pasado.

            Todo lo anterior sirve de introducción a la moda, prolífica afición  o manía que, desde hace dos años, ha surgido entre ciertos sectores de las Fuerzas Armadas Españolas de emitir manifiestos, comunicados o cartas colectivas en apoyo de determinados ex-Jefes del Estado. Dicha moda,, afición o manía empezó en el verano del año 2018 con un manifiesto firmado por más de mil militares en la reserva a favor del dictador Francisco Franco Bahamonde y parece repetirse este verano de 2020 con una "carta colectiva" de carácter privado que varios "Edecanes" o "Ayudantes de Campo" del ex-Jefe del Estado, Juan Carlos de Borbón, le han remitido ante la complicada situación que actualmente está atravesando. Esta "carta colectiva" parece ser una especie de prólogo a otra más amplia y con mayor número de firmantes que, según se rumorea en diversos mentideros, están preparando varios generales también en la reserva.

 Estas cartas, manifiestos, comunicados o como los deseemos denominar, tienen unas curiosas características comunes que, lamentablemente, no pueden nada más que dejar en muy mal lugar, personal y profesionalmente, a los firmantes de las citadas piezas literarias. En primer lugar, se tratan de algún tipo de adhesión a personajes que fueron importante en el pasado, es decir, que por haber dejado de existir biológicamente o, aparentemente, haber dejado de tener toda autoridad, podrán ser objeto de estudio o critica histórica, pero muy difícilmente requerirán de apoyos y respaldos en la actualidad pues ¿Qué respaldo y apoyo requerirá alguien que ya ha fallecido o que, voluntariamente, declino sus responsabilidades?. En segundo lugar, los firmantes de tales apoyos suelen resultar personas tan "jubiladas" como a las que se pretende apoyar por lo que tales apoyos son tan simbólicos como un brindis al Sol y, finalmente, considerando que "el Arte de la Guerra", que es la dedicación de los firmantes de tales manifiestos, consiste en gran medida en la previsión de las acciones de los contrarios y en la antelación a los movimientos que éstos puedan emprender, estas adhesiones y denuncias a tiempo pasado ponen de manifiesto tal ausencia de capacidad de prevención y de anticipación que padecen los militares españoles que no podemos menos que preguntarnos si serían capaces de prevenir un ataque o movimiento de fuerzas enemigas en una situación de combate real.

            En definitiva, estos "manifiestos" o "pronunciamientos" escritos carecen de cualquier valor literario y adolecen de una total falta de realismo dando la sensación de que solo aquellos militares españoles que ya están seguros de no arriesgar sus garbanzos y sus soldadas están dispuesto a apoyar a ciertas autoridades, siempre y cuando estas resulten estar biológicamente extintas o se encuentren jubiladas, haciendo surgir la cuestión de si no será la ausencia de valor el que hace que los militares en activo guarden silencio y, no siendo capaces de redactar una especie de "Epístola Satírica y Censoria escrita al Conde-Duque de Olivares" que critique el estado de cosas que padecemos, busquen renovar la tradición literaria de las Fuerzas Armadas Españolas entroncando directamente con las letras clásicas de Plauto reviviendo y poniendo en escena su "Miles Gloriosus".

miércoles, 15 de mayo de 2019

CRUCEROS Y OSCURIDADES IMPERIALES


Portaaviones Abraham Lincoln

 El 14 de mayo de 2019, los telediarios abrieron con la sorpresiva noticia, que al día siguiente se reproducía en la primera página de la prensa escrita, de que "el gobierno español había decidido retirar la fragata Méndez Núñez de la flota norteamericana encabezada por el portaaviones Abraham Lincoln" y a partir de ahí comienzan unas justificaciones y unas explicaciones  de lo más absurdas, delirantes y  ofensivas, sobre todo para el pueblo español, al cual la casta política que mangonea en el país continua tratando como a un pobrecito deficiente.

            En primer lugar, la gran pregunta que surge es la siguiente: antes de que saltara la noticia de la retirada de la fragata española de la flota norteamericana ¿Alguien sabia o tenía conocimiento de que había un buque de la Armada Española destinado a una escuadra norteamericana en las proximidades del Mar Arábigo?. Evidentemente, la primera noticia que los ciudadanos españoles hemos tenido de tal cosa ha sido la de la retirada de dicha fragata. Y esta primera pregunta genera, a su vez, una segunda interrogante: ¿Qué es lo qué hacía una unidad naval de la Armada Española incorporada a una escuadra norteamericana?.

            Una de las explicaciones que el gobierno socialista de Pedro Sánchez ha dado de la retirada de la fragata "Méndez Núñez" ha sido por boca de la Ministra de Defensa, Margarita Robles, quien ha dicho que "se ha debido a un cambio de la misión prevista", lo cual genera otra pregunta que es: ¿Cual era la misión prevista?. Según la titular de Defensa, la misión fue pactada hace dos años y consistía en conmemorar el quinto centenario de la primera vuelta al mundo realizada por Juan Sebastián el Cano y Magallanes, pero esta explicación cojea, y mucho, porque como todo el mundo sabe, Estados Unidos tiene un grupo de combate naval integrado por un portaaviones, un crucero lanzamisiles, cuatro destructores y un submarino, que gasta millones de dólares al día en combustible y mantenimiento, para hacer un crucero turístico conmemorativo de la primera vuelta al mundo que bien pudiera haber realizado una escuadra de bergantines o una única unidad naval moderna. De hecho, el mismo estado español, a pesar de la crisis económica, podría haber destinado la fragata "Méndez Núñez" o la "Numancia" (F-83) en solitario a realizar tal travesía conmemorativa, máxime si consideramos que fue el almirante Casto Méndez Núñez quien, en 1867, realizó una vuelta al mundo con la fragata "Numancia", lo que supuso la primera vuelta al mundo realizada por un buque blindado o tipo "ironclad" y que fue literariamente inmortalizada por Pérez Galdós en  uno de sus Episodios Nacionales ("La vuelta al Mundo en la Numancia"). Así pues, la explicación sobre cuál era la misión que desempeñaba la fragata "Méndez Núñez" sigue siendo un misterio o, como mínimo, queda envuelta en una niebla marinera.

            Otra de las explicaciones ofrecida por el Gobierno español, esta vez, a través de su portavoz, Isabel Celaa, pasa de lo increíble a lo esperpéntico ya que ha declarado que el  motivo de la retirada de la fragata "Méndez Núñez" responde a la "cautela y prudencia" del Ejecutivo español ante la "imprevisibilidad" de Trump. Analicemos esto un momento: Según la Ministra de Defensa la misión se pactó hace dos años, como Donald Trump es presidente de los Estados Unidos desde el 20 de enero de 2017 resulta evidente que dicha misión ya se acordó siendo Trump presidente, así pues, las distintas instituciones del estado español, no solo el gobierno, sino todas las instituciones del estado, ¿No detectaron en el presidente estadounidense esa peligrosa imprevisibilidad cuando se pactó la oscura misión?. Que un aliado califique a otro de "imprevisible" no es que resulte muy poco adecuado y correcto en el mundo diplomático sino que además genera otra cuestión que es ¿Por qué el estado español tiene y conserva esos aliados "imprevisibles"?. Hay muchos motivos para firmar una alianza, tantos como para no firmarla, pero cuando un estado suscribe una alianza es porque aspira a qué exista un "quid pro quo" y si el aliado resulta inestable, inseguro, "imprevisible" o le supone una grave carga, no solo ha de desvincularse de tal aliado sino que previamente ha de deshacerse de los políticos y de las instituciones que le llevaron a suscribir dicha alianza, la cual algún responsable político ha de tener (1), y emprender un cambio en las directrices de la política exterior.

Fragata "Numancia" primer buque blindado en dar la vuelta al mundo en 1867
 Por último y para aumentar la confusión y las contradicciones, el Gobierno amplia su catálogo de justificaciones y explicaciones de la retirada de la fragata "Méndez Núñez" alegando "decisiones técnicas pero no políticas", es decir, decisiones exclusivamente militares y no políticas. Una cuestión técnica que obligue a  separarse una unidad naval de la escuadra de la que forma parte solo puede ser una avería que la imponga ir a puerto a realizar reparaciones, cosa que no parece ser el caso, por tanto no ha podido existir esa alegada decisión técnica. Por otro lado, tampoco puede ser una decisión militar porque el envío o la retirada de una unidad naval desplazada a miles de quilómetros de su base, integrada o no en una fuerza internacional, no la puede tomar por su cuenta y riesgo el comandante de dicha unidad, el cual habrá obedecido las órdenes emitidas por el Estado Mayor de la Armada, el cual, a su vez, habrá planificado la misión de despliegue y repliegue, conforme a su mejor saber y entender, cumpliendo en todo momento las decisiones del gobierno que son, por definición, decisiones políticas y es que, a diferencia de las decisiones tácticas, todas  las decisiones estratégicas obedecen a decisiones políticas porque es la política quien define al enemigo. De hecho, si la fragata en cuestión estuviera integrada en la flota norteamericana desarrollando una misión de "pasear la bandera" y el mando de esa escuadra, que desde luego es seguro que nunca lo ha desempeñado el comandante de la "Méndez Núñez", se ve obligado, por las razones que sean,  a cambiar esa misión por una misión de combate; la decisión de aceptar o no esa nueva situación siempre dependerá de una decisión puramente política, no militar.

¿Que es ese jaleo?. Es el banquete de la Victoria. ¿De la victoria, ah, vaya, serán paisanos
 En definitiva, parece ser que el gobierno español, poseído por reminiscencias imperiales, decidió que una unidad naval de la Armada Española, con un desconocido coste económico a pagar por los contribuyentes, hiciera un crucero turístico-conmemorativo por los siete mares integrado en una escuadra norteamericana y, ahora, ha decidido suspender dicho crucero dando unas oscuras y absurdas explicaciones de las que solo se pueden extraer las siguientes conclusiones:

            1ª. Hubo un despliegue de una unidad naval a miles de quilómetros de sus bases sin que el pueblo español tuviera el más mínimo conocimiento de ello ni de la misión que iba a desempeñar.

            2º. Se decidió que esa unidad naval se integrase en una escuadra norteamericana sin saberse el motivo real de dicha integración.

            3º. Se decidió retirar esa unidad naval de la escuadra norteamericana en la que estaba integrada sin saberse si es por la imprevisibilidad y volubilidad de nuestro aliado, por modificación de la misión (que no se sabe cuál era) asignada a la escuadra de la que formaba parte, o porque ha tenido una avería y debía ser sometida a reparaciones en puerto.

            4º. El gobierno moviliza tropas, las despliega sobre el terreno y las repliega a su antojo y capricho sin justificación aparente y como si estuviera en un saloncito jugando al Risk y los militares parecen encantados de tal cosa sin ser conscientes de que algunos ya empezamos a considerar que la revista "¡Cut-Cut!" tenía toda la razón y a pensar que en España existe un ejército exclusivamente para que determinados apellidos puedan portar charreteras y una Armada para que otros determinados apellidos puedan vestir de marineritos más allá de la Primera Comunión.

            No obstante, hay una cosa que debemos tener claro. Todo este proceder del gobierno español ha supuesto un gravísimo golpe a la escuadra norteamericana que ha visto mermada notablemente su capacidad militar con la retirada de la fragata española, llegando a tal extremo que altos mandos de la Armada Norteamericana  han confirmado oficiosamente a quien esto escribe que no encajaban un golpe tan duro de la Armada Española desde la batalla de Santiago de Cuba en 1898, donde al parecer las fuerzas navales españolas les ocasionaron graves perjuicios económicos en concepto de proyectiles disparados.













(1) Como ejemplo podría citarse el caso italiano, que en 1943 expulsó del gobierno a Mussolini y al Partido Nacional Fascista por haberse aliado con el "imprevisible" Fhürer alemán.

martes, 14 de abril de 2015

"PRIM, MUCHO MÁS QUE UNA ESPADA" de Emilio de Diego



            A finales del pasado año 2014, concretamente el 6 de Diciembre, se conmemoró el bicentenario del nacimiento, en Reus, de don Juan Prim y Prats. La conmemoración, que no alcanzó especial relevancia aunque sí más que otras que pasaron sin pena ni gloria (este año 2015 se conmemora el V Centenario del fallecimiento del Gran Capitán y parece que nadie se ha enterado todavía), sí dio lugar a una serie de televisión de dos capítulos que fue emitida en Diciembre, "Prim, Asesinato en la Calle del Turco", basada en la novela homónima de Nacho Faerna, a una  nueva exhumación de los restos del general con su correspondiente nueva autopsia y a un sin fin de libros, biografías unos, novelas otros e investigaciones criminológicas algunos; que se sumaron, con mayor o menor fortuna, al carro conmemorativo.

            Si dentro de las novelas publicadas hay que destacar la ya precitada "Prim, Asesinato en la Calle del Turco" de Nacho Faerna y "La Berlina de Prim" de Ian Ibson y dentro de las obras catalogadas como investigaciones criminológicas hay que mencionar las obras de Pérez Abellán "Matar a Prim" y "Prim, la Momia Profanada" no cabe duda que la más destacada biografía que la conmemoración del bicentenario del General Prim ha originado es "Prim, Mucho más que una Espada" escrita por Emilio de Diego y publicada por la editorial "Actas".

            Alejándonos de la polémica abierta entre Emilio de Diego y el periodista Pérez Abellán con motivo de las supuestas causas y circunstancias de la muerte del General, diremos que "Prim, Mucho más que una Espada" es una biografía aceptablemente correcta con evidentes intenciones de convertirse en una hagiografía apologética de un personaje al que es imposible salvar de duros los calificativos que, en cualquier país serio, le hubieran supuesto el vilipendio de la historia.

            Don Juan Prim y Prats es una representativa muestra del prototipo de militar español del siglo XIX, un militar que entiende la milicia no como profesión sino como trampolín desde el cual alcanzar honores y lanzarse al coso político donde se encuentra su verdadera vocación. Es este concepto del ejército, ampliamente extendido entre los Jefes y Oficiales del ejército español decimonónico, el que marcará el famoso "intervencionismo militar" en la política española hace dos siglos siendo más justo hablar de una influencia de la política en el ejército que de la influencia del ejército en la política del Siglo XIX.

            Prim inicia su carrera militar durante la I Guerra Carlista como soldado raso en un cuerpo de voluntarios que lucha contra los carlistas ascendiendo por méritos de guerra hasta el Generalato, recibiendo varias Cruces de San Fernando. Terminada la guerra, es elegido diputado por Tarragona en 1841 enfrentándose a las tendencias autoritarias del Regente del Reino, en aquel entonces, Baldomero Espartero. Tras un intento de golpe de estado que protagoniza junto con Lorenzo Milans del Bosch tiene que huir y refugiarse en Francia.

            Tras participar en diversas conspiraciones y desempeñar varias misiones político militares (Observador en la Guerra de Crimea, Gobernador de Puerto Rico...) y concedérsele por Isabel, llamada la II, los Títulos de Conde de Reus y Vizconde del Bruch (13 de Diciembre de 1855) con la guerra de África de 1859-1860 llega la estrella del General Prim a su cénit por su comportamiento en la Batalla de los Castillejos que le vale ser nombrado por la hija de Fernando VII, Marques de los Castillejos en 1864.

            A pesar de tener una ajetreada vida de conspirador  y ser uno de los líderes del llamado "Partido Progresista" son tres los hitos que marcarán a don Juan Prim: la Guerra de África, la intervención militar en México y la revolución de Septiembre de 1868 (La Gloriosa).

            En cuanto al primero de los acontecimientos, la Guerra de África de 1859-1860, lejos de ser un timbre de gloria y eficacia de los mandos militares españoles debería haber dado mucho que pensar por el gran esfuerzo acometido, por las insuficiencias de medios demostradas y por la poca rentabilidad que se obtuvo. Tal es así que España pudo perder esa contienda a pesar de enfrentarse a un ejército poco menos que medieval.

            Por lo que se refiere a la Expedición a México, es de indicar que la misma surge del "Tratado de Londres" en virtud del cual Francia, la Gran Bretaña y España acuerdan enviar una fuerza expedicionaria a México a fin de garantizar la vida de sus ciudadanos así como sus intereses económicos y el cobro de la deuda que ese país tenía con las potencias signatarias. Mientras que Francia se embarca en una aventura política en tierras aztecas queriendo instaurar la monarquía en la persona de Maximiliano I, lo cual claramente excedía la finalidad del "Tratado de Londres", Inglaterra logra todos sus objetivos cobrando las cantidades que México le adeudaba y España no consigue nada más que perder cierto prestigio internacional pues Prim, sin orden ni autorización del gobierno que había suscrito el "Tratado de Londres" opta por retirarse dejando patente la falta de credibilidad del gobierno de la nación y su falta de control sobre sus fuerzas armadas.

            Finalmente la revolución de Septiembre de 1868, "La Gloriosa" constituirá el hecho más representativo de la vida del General Prim pero también el que pone de manifiesto las carencias morales del personaje y de toda una casta, la política, que lleva mangoneando nuestro país desde hace dos siglos.

            Los generales, entre los que se encuentra el General Prim,            que treinta años antes habían impuesto a los españoles el reinado de la hija de Fernando VII y a la que la debían tantos honores y prebendas deciden destronarla sublevándose en Cartagena y abrir un periodo de inestabilidad política, interregnos, gobiernos efímeros, breves repúblicas y guerras civiles que culminará con el golpe de Estado de Martínez Campos en Sagunto.

            Curiosamente lo más significativo del "Sexenio Democrático" que se inició con "La Gloriosa" no son tanto los hechos como los nombres de los hombres que derrocan a la hija de Fernando VII, redactan la Constitución de 1869, juran lealtad a un rey que se traen del extranjero y le sientan en el trono con el nombre de Amadeo I y finalmente terminan arrastrándose a los pies de Alfonso, llamado el XII, para crear el régimen de la llamada "Restauración". En este sentido, el "Sexenio Democrático" es el periodo donde se pone de manifiesto toda la corrupción moral y política de las gentes que habían dirigido el país desde el final de la Guerra de la Independencia, lo cual no tendría la mayor transcendencia de haberse corregido tal corrupción de la casta política en el siglo y medio transcurrido en vez de haber persistido en ella con el consentimiento de los gobernados hasta el momento presente.

            Juan Prim y Prats, General del Ejército, que había jurado lealtad a Isabel II y de la que recibió los títulos de Conde de Reus, Vizconde del Bruch y Marqués de los Castillejos (1) junto con el General Serrano, el Almirante Topete y otros muchos más traicionan el juramento empeñado y destronan a doña Isabel para redactar una Constitución que les permita arrastrar el Trono de San Fernando por todas las Cancillerías europeas en busca de alguien a quien sentar en él no dudando en desestabilizar Europa entera provocando la conflagración Franco-Prusiana de 1870-1871.

            Los hombres de la revolución de Septiembre de 1868, de "La Gloriosa", son los hombres que todo se lo debían a doña Isabel, los mismos hombres que juraron lealtad a Amadeo de Saboya, los mismos que después trajeron la I República y finalmente los mismos que vivieron largamente del presupuesto sirviendo al régimen de "La Restauración".

            A pesar de querer dejar a salvo la honorabilidad del General Prim, Emilio de Diego en su obra "Prim, Mucho más que una Espada" no lo consigue pues no deja de poner de manifiesto las numerosas contradicciones en las que incurrió el personaje que permiten deducir al lector que el famoso General Prim no fue nada más que un ambicioso bastante inmoral que, sirviéndose del ejército para hacer política y de la política para servirse a sí mismo, solo aspiraba a llegar a las más altas magistraturas del estado a costa de lo que fuera, incluso sirviéndose de la famosa "Partida de la Porra" que acallaba a palos toda expresión u opinión que le resultara hostil (2). No obstante, don Juan Prim y Prats no fue un hombre distinto a los hombres políticos de su tiempo, tiempo que, a la vista de las personas que desempeñan cargos políticos actualmente en nuestro país, parece que no ha pasado y en el que si se quiere encontrar algo de honestidad y vergüenza habría que fijarse en los carlistas y en los republicanos federales, los cuales no transigieron con las componendas de hombres como don Juan Prim y que, en no pocos casos, terminaron confluyendo (3).

            "Prim, Mucho más que una Espada" de Emilio de Diego es un libro que merece leerse porque nos previene en política contra los sujetos ambiciosos que se mantienen en la indefinición hasta el momento en que aparece claramente un vencedor a cuyo carro subirse y nos muestra que la traición siempre es la madre, en muchas ocasiones desconocida o no reconocida, de toda corrupción.






(1) Previamente a sublevarse o bien inmediatamente después de su triunfo de 1868 bien pudo Prim haber renunciado a los honores y títulos que le concedió su, hasta ese año, querida Isabel II, pero no lo hizo lo que permite deducir lógicamente su falta de honestidad política.

(2) La Partida de la Porra dirigida por Felipe Ducazcal era un grupo de treinta personas que actuaba en Madrid contra los detractores de la política del General Prim, especialmente contra los periódicos "El Papelito" de tendencia carlista y "El Cascabel" de tendencia republicana. Posteriormente "La Partida de la Porra" se extendió a toda la geografía española y Ducazcal, al igual que sus mentores políticos, fue a ponerse a servicio de la Restauración y de los gobiernos de Cánovas y Sagasta hasta que la proclamación de la II República puso fin a sus salvajadas.

(3) A modo de ejemplo debemos mencionar que don Federico Anrich que fue Ministro de Marina durante la I República en el gobierno presidido por Pi y Margall terminó siendo el general carlista al que se le encomendó la defensa de las costas del Cantábrico durante la III Guerra Carlista.


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