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miércoles, 20 de octubre de 2021

GESTOS Y SIGNIFICADOS

El principio de autoridad descansa sobre varios pilares metafísicos,  la mayoría de los cuales suponen un esfuerzo incómodo, tales como la sabiduría, la paciencia, la equidad, la apariencia, la ejemplaridad, los gestos.... por eso, el ejercicio de la autoridad no es ni un privilegio ni una prebenda sino una responsabilidad y un sacrificio y sin la consciente asunción de ese sacrificio y de esa responsabilidad el principio de autoridad decae y se va diluyendo lentamente hasta terminar por desaparecer.

            El anterior párrafo,  no es más que la imprescindible introducción al tema que nos proponemos tratar a continuación sobre algunos gestos que, de unos meses a esta parte, se vienen desarrollando en nuestro país por personas o familias que forman parte de las máximas autoridades del estado y que no pueden por menos que generarnos dudas y estupor.

            Cuando en el mes de febrero del presente año de 2021 se hizo público que la  hija de Su Excelencia el Jefe del Estado a Título de Rey, Leonor de Borbón y Ortiz, iba a cursar dos años de bachillerato en un elitista colegio privado de Gran Bretaña, que, por cierto, guarda ciertas semejanzas estéticas con el  fantástico Hogwarts de Harry Potter, muchos pusieron el grito en el cielo por el coste económico de cada curso escolar (unos 38.000 Euros al año); pero pocos fueron los que se preguntaron el por qué, quien, si Dios y el destino no disponen otra cosa, será la futura Jefa del Estado español, debía desdeñar los incontables centros educativos que hay en nuestro país y optar por uno foráneo.

            Ya, desde el Siglo XVIII  y hasta finales del Siglo XIX, era tradición que los hijos de las familias nobles de Europa, al terminar los  estudios en sus respectivos países de origen, se tomasen unos  años de asueto para viajar al extranjero y completar, de este modo, su formación académica con una experiencia real y cosmopolita. Era lo que se dio en llamar "El Grand Tour" y formaba parte indispensable de la educación de los jóvenes aristócratas que terminarían por ocupar cargos de responsabilidad en el gobierno de sus respectivos países, pero, como hemos indicado, tal periodo viajero solo tenía lugar tras la culminación de sus estudios en sus respectivos países y no antes, pues se trataba de enriquecer dichos conocimientos con otros nuevos pero en ningún caso que estos fueran determinantes o sustituyeran a aquéllos. De esta forma, el joven solo accedía al "Grand Tour" cuando la formación recibida en su país había culminado inculcando sólidamente en él conocimientos, convicciones y valores que difícilmente podrían ser sustituidos o trastocados por los modos o las costumbres que pudiera experimentar en el extranjero.

            El hecho de que los padres de Leonor de Borbón y Ortiz (1) hayan decidido que su hija estudie dos años de Bachillerato fuera del país del que está legalmente destinada a ser cabeza es un gesto muy significativo que no deja nada más que entrever una cierta (o total) desconfianza en el sistema educativo español. Y es que, considerando que un sistema educativo no está constituido por los edificios de las escuelas o por los uniformes identificativos de los estudiantes sino por los planes de estudios que en España llevan décadas degradándose y que parecen diseñados para hacer de los jóvenes educandos ciudadanos sumisos y fracasados vitales; no es de extrañar que, quien pueda permitírselo, prefiera educar a sus hijos en otros lugares, aunque sea, incluso fuera de la Unión Europea como es el caso del Reino Unido de la Gran Bretaña donde ha ido a estudiar la hija mayor de Su Excelencia el Jefe del Estado.

En España existen muchos colegios de élite y elitistas, privados por supuesto, donde podría haber acudido Leonor de Borbón pero por muy elitista que sea un colegio, cualquier formación que imparta siempre vendrá determinada por los planes de estudios aprobados por el Ministerio de Educación o las Consejerías de Educación de las Comunidades Autónomas que comprenden las materias formativas curriculares, teniendo cualquier otra materia la condición de "actividad extraescolar".

            A pesar de lo que se dice, la educación en España no es mala por falta de medios y de inversión sino por la total ausencia de voluntad política a la hora de elaborar un plan de estudios acorde con los tiempos que, para bien o para mal, exigen más dedicación y esfuerzo del alumnado. Frente a esto, la política educativa tiende a ser políticamente correcta y a "no ofender" al alumnado con difíciles esfuerzos y disciplina de aula que le lleven a trabajar en demasía y a aceptar la autoridad de su profesor, lo que, a su vez, provoca que el profesorado sea más laxo a la hora de evaluar, más permisivo respecto al comportamiento del alumno en el interior de las instalaciones escolares y a un porcentaje de depresión en los profesionales de la enseñanza que difícilmente se produce entre otros profesionales. Todo esto hace del sistema educativo patrio una fórmula perfecta para constituir un fracaso si no fuera porque hay indicios, y más que indicios, de que existen intenciones políticas para que la sociedad futura esté integrada mayoritariamente por ciudadanos acríticos, trabajadores complacientes y humanoides sin aspiraciones. Así pues, con este desolador panorama, es comprensible y lógico que Su Excelencia el Jefe del Estado, como cualquier otra adinerada familia burguesa, haya elegido un colegio extranjero para que su hija curse dos cursos de bachillerato, no resultando tan lógico que el mismo no utilice la mucha o poca influencia que pueda tener para que España tenga un sistema educativo digno y de elevada calidad que genere ciudadanos altamente cualificados, pero claro, en esta España de la igualdad y que cada vez más se encamina hacia una sociedad neo estamental, la alta cualificación solo es para aquellos pocos que se lo puedan pagar o que dispongan de numerosos contribuyentes que se lo paguen.

            Frente a esta muy triste realidad de nuestro país, en el que los representantes de las máximas instituciones del estado hacen constantes gestos de desconfianza hacia los servicios públicos como la educación o la sanidad (pues no son pocos los políticos que mucho hablan de la sanidad pública pero luego se van a tratar a la sanidad privada) que ellos mismos afirman fomentar y proteger y que no dejan de ser gestos de desconfianza hacia el país mismo del que viven; los medios de comunicación social se dedican a mostrar encuestas favorables a la decisión de los padre de Leonor de Borbón a la vez que también muestran el apoyo de la población a que la misma adquiera, como su padre y su abuelo, cierta formación militar, formación militar que ya puestos no sé por qué motivo no debería adquirirse también, al igual que los dos cursos de bachillerato, en prestigiosas academias militares extranjeras como West Point o Sandhurst. Teniendo en cuenta que el ejército español no gana una guerra desde que se acabó el dinero para pagar a los mercenarios alemanes e italianos que servían en los Tercios, tal decisión estaría mucho más justificada que, desde luego, ir a estudiar bachillerato a un colegio en la Gran Bretaña. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(1) Dado que en este país cada uno puede hacer con sus apellidos lo que le plazca y que nuestra forma de estado es la Monarquía me permito sugerir que se unan los dos apellidos de la madre en uno y así, en los salones aristocráticos, la hija de Su Excelencia el Jefe del Estado podría hacerse anunciar como doña Leonor de Borbón y Ortíz-Rocasolano lo cual suena mejor, más bonito y así como... más regio y aristocrático. Sea esto dicho con todo respeto y con un poco de animus iocandi.

 

lunes, 17 de agosto de 2020

MILES GLORIOSUS



 No se puede negar que una de las tradiciones seculares del Ejército Español ha sido la literaria; baste para afirmar tal cosa que autores tan insignes del Siglo de Oro como Cervantes o Quevedo, antes que fecundos escritores, fueron valientes soldados, aunque, a diferencia de los que actualmente desempeñan el oficio de las armas, bien supieron esgrimir la espada para defender la patria frente a sus enemigos exteriores y mejor aún empuñar la pluma para denunciar la corrupción que carcomía los cimientos del Imperio.

            Hoy, el Imperio ha dejado de existir y España es un país que, a través de una progresiva decadencia, ha llegado a tal estado de desecho que ya solo se puede calificar de degeneración. De la progresiva decadencia carpetovetónica poco o nada se ha escapado y, como no podía ser de otra forma, tampoco se ha salvado la tradición literaria de las Fuerzas Armadas.

            Si en el Siglo XVII,  de las plumas de ave  de nuestros soldados salían obras cumbre de la literatura universal como "El Quijote" o "Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos", en el Siglo XX, la literatura producida por el personal militar decayó hasta el punto de que de las estilográficas de algunos generales salían pequeñas novelitas baratas como "Diario de una Bandera", para terminar degenerando definitivamente en el presente Siglo XXI en el que, de los bolígrafos de distintos miembros del ejército, tan solo salen manifiestos necrófilos o adhesiones estériles a personajes del pasado.

            Todo lo anterior sirve de introducción a la moda, prolífica afición  o manía que, desde hace dos años, ha surgido entre ciertos sectores de las Fuerzas Armadas Españolas de emitir manifiestos, comunicados o cartas colectivas en apoyo de determinados ex-Jefes del Estado. Dicha moda,, afición o manía empezó en el verano del año 2018 con un manifiesto firmado por más de mil militares en la reserva a favor del dictador Francisco Franco Bahamonde y parece repetirse este verano de 2020 con una "carta colectiva" de carácter privado que varios "Edecanes" o "Ayudantes de Campo" del ex-Jefe del Estado, Juan Carlos de Borbón, le han remitido ante la complicada situación que actualmente está atravesando. Esta "carta colectiva" parece ser una especie de prólogo a otra más amplia y con mayor número de firmantes que, según se rumorea en diversos mentideros, están preparando varios generales también en la reserva.

 Estas cartas, manifiestos, comunicados o como los deseemos denominar, tienen unas curiosas características comunes que, lamentablemente, no pueden nada más que dejar en muy mal lugar, personal y profesionalmente, a los firmantes de las citadas piezas literarias. En primer lugar, se tratan de algún tipo de adhesión a personajes que fueron importante en el pasado, es decir, que por haber dejado de existir biológicamente o, aparentemente, haber dejado de tener toda autoridad, podrán ser objeto de estudio o critica histórica, pero muy difícilmente requerirán de apoyos y respaldos en la actualidad pues ¿Qué respaldo y apoyo requerirá alguien que ya ha fallecido o que, voluntariamente, declino sus responsabilidades?. En segundo lugar, los firmantes de tales apoyos suelen resultar personas tan "jubiladas" como a las que se pretende apoyar por lo que tales apoyos son tan simbólicos como un brindis al Sol y, finalmente, considerando que "el Arte de la Guerra", que es la dedicación de los firmantes de tales manifiestos, consiste en gran medida en la previsión de las acciones de los contrarios y en la antelación a los movimientos que éstos puedan emprender, estas adhesiones y denuncias a tiempo pasado ponen de manifiesto tal ausencia de capacidad de prevención y de anticipación que padecen los militares españoles que no podemos menos que preguntarnos si serían capaces de prevenir un ataque o movimiento de fuerzas enemigas en una situación de combate real.

            En definitiva, estos "manifiestos" o "pronunciamientos" escritos carecen de cualquier valor literario y adolecen de una total falta de realismo dando la sensación de que solo aquellos militares españoles que ya están seguros de no arriesgar sus garbanzos y sus soldadas están dispuesto a apoyar a ciertas autoridades, siempre y cuando estas resulten estar biológicamente extintas o se encuentren jubiladas, haciendo surgir la cuestión de si no será la ausencia de valor el que hace que los militares en activo guarden silencio y, no siendo capaces de redactar una especie de "Epístola Satírica y Censoria escrita al Conde-Duque de Olivares" que critique el estado de cosas que padecemos, busquen renovar la tradición literaria de las Fuerzas Armadas Españolas entroncando directamente con las letras clásicas de Plauto reviviendo y poniendo en escena su "Miles Gloriosus".

martes, 27 de noviembre de 2018

A VUELTAS CON GIBRALTAR


Et in Arcadia Ego

 Como una serpiente de verano o como un entretenimiento para bobos, de vez en cuando, reaparece en la escena política española la cuestión del  Peñón de Gibraltar. Esta vez, la excusa ha sido la discusión del acuerdo del Brexit entre la Gran Bretaña y la Unión Europea donde el Reino Unido ha defendido, como es lógico, sus derechos en detrimento de los derechos españoles, los cuales solo han sido débil y tímidamente sostenidos por el actual gobierno que preside Pedro Sánchez, aunque en su descargo siempre se puede decir que el actual problema con Gibraltar viene de la política heredada de los anteriores gobiernos socialistas y populares que se han sucedido en nuestro país desde 1982.

            Con la negociación del Brexit, nuestro país ha perdido una oportunidad de oro para hacerse valer en Europa. Cuando España se incorporó en 1986  a la entonces Comunidad Económica Europea lo hizo claudicando ante una serie de exigencias europeas, que entre otras incluían el desmantelamiento de nuestra infraestructura industrial, el desmantelamiento de nuestra agricultura y la apertura de la verja de Gibraltar; uniéndose, junto con Grecia y Portugal, a una organización supranacional que tenía otros seis miembros entre los que se encontraba el Reino Unido de la Gran Bretaña. Con el tiempo la Comunidad Económica Europea se convirtió en la Unión Europea al ampliarse sucesivamente con estados miembros tras unas arduas negociaciones que suponían modificaciones sustanciales en el título constitutivo de la Comunidad Europea y que implicaban cesiones por parte de España, la cual veía reducirse hasta desaparecer los llamados "fondos de cohesión" que recibía en favor de las nuevas potencias incorporadas.

            Pues, bien, si la incorporación de nuevos estados miembros en la Unión Europea supone cambios en el título constitutivo de la misma, evidentemente la salida de uno de sus miembros, uno tan importante como la Gran Bretaña, también supone un cambio sustancial en ese título constitutivo por lo que, al cambiarse las reglas del juego en el concierto de la Unión Europea, nuestro país podía y debía haber planteado condiciones que nos fueran favorables tales como la condonación total o parcial de nuestra deuda externa con los estados miembros de la Unión Europea, retorno de parte de los "fondos de cohesión", eliminación de las condiciones restrictivas impuestas a España y por las que anualmente nos condenan a pagar unas sanciones que nuestro gobierno ya considera simples tasas y, por supuesto, dejar claro que en el tema de Gibraltar solo caben unas relaciones puramente bilaterales entre España y la Gran Bretaña que, dentro del marco legal que marca el Tratado de Utrecht y las Resoluciones de la ONU sobre la roca, solo pueden concluir con la restitución plena de la soberanía española sobre el Peñón y el istmo de Gibraltar.

            Lejos de una enérgica actuación, el gobierno del Partido Socialista empezó demostrando una total pasividad e indiferencia ante la cuestión del "Brexit" marchándose su presidente, Pedro Sánchez, de caribeña excursión a La Habana mientras que en las instituciones europeas se planteaba la discusión final del mismo para darse cuenta tarde que, hábilmente, Inglaterra intentaba establecer jurídicamente, mediante el tratado por el que se consuma su salida de la Unión Europea, que la cuestión de Gibraltar pasaría a ser una cuestión bilateral entre el Reino Unido y la Unión Europea y no entre el Reino Unido y España, lo que suponía y supone de facto una cesión por parte de España de la soberanía o, al menos, de la reclamación de la soberanía sobre Gibraltar, a la Unión Europea.

Lamentable, patetico, penoso y triste triunfo diplomático
 La reacción ante tal ninguneo a España por parte de la Gran Bretaña y de la Unión Europea ha sido tardía y débil, muy débil. El gobierno debería haber vetado el acuerdo del Brexit hasta que las exigencias españolas hubieran sido total o ampliamente satisfechas. Lejos de eso, el gobierno no ha planteado en tiempo y forma reivindicación alguna y se ha conformado con una carta que a modo de "adenda" o "codicilo" se incorpora al tratado y que, sin carácter jurídico realmente vinculante, no es más que una vaga promesa o declaración de principios que tan solo permite maniobrar al Presidente del Gobierno español para presentarse ante los medios de comunicación españoles como un gran estadista que ha conseguido un gran acuerdo.

            En realidad, el supuesto acuerdo alcanzado no supone ningún éxito de la diplomacia española, más bien al contrario supone un rotundo fracaso. Es de recordar que en la tradición diplomática británica estos "acuerdos verbales" y "cartas" o "acuerdos privados" no valen ni el papel en los que están escritos. Es de recordar que hace ciento cuatro años, en 1914, Gran Bretaña había prometido a Francia verbalmente y por un acuerdo privado que, en caso de guerra con Alemania, ésta podía enviar su flota al Mediterráneo porque la Armada Británica protegería los puertos atlánticos franceses y que en agosto de ese año de 1914, cuando Francia requirió a la Gran Bretaña para cumplir su compromiso ésta se intentó escaquear del mismo y solo se vio obligada a cumplirlo cuando el Imperio Alemán invadió masivamente la neutral Bélgica y es de subrayar lo de masivamente porque incluso el Reino Unido habría aceptado sin inmutarse una violación mínima de la neutralidad belga por parte de Alemania a pesar de ser una de las potencias garantes de dicha neutralidad. Igualmente, hay que recordar el incumplimiento británico en marzo de 1939 de las garantías ofrecidas a Checoslovaquia en octubre de 1938 abandonándola a su suerte ante la agresión nazi.

            Pedro Sánchez es tan libre en creer en la solidez y validez de la misiva remitida por la Primera Ministra Británica, Theresa May, como de creer en Papal Nöel pero tales creencias nos permiten dudar fundadamente de su capacidad para gobernar el país y de que no lo haya traicionado. La posición del Presidente del Gobierno español ante el supuesto acuerdo logrado en la discusión del Brexit es tan lamentable, patética, penosa  y triste como la de Chamberlaín cuando, tras los Acuerdos de Munich de 1938, aterrizó en Londres ondeando al viento un papelito y diciendo aquello de "paz para nuestro tiempo".

lunes, 31 de julio de 2017

"DUNKERQUE" de CHRISTOPHER NOLAN



Magnífica película, que se promete como segura candidata al Oscar, resulta ser esta cinta dirigida por el británico Christopher Nolan y que tiene por objeto la histórica retirada aliada ante la ofensiva en Francia del Ejército Alemán en la Primavera de 1940.

            Aunque el argumento de la película resulta muy conocido y explotado, de una u otra forma, por el séptimo arte; lo que destaca de la película de Nolan es su fotografía, sus planos y utilización de la cámara así como la banda sonora compuesta por Hans Zimmer, pero sobre todo lo más novedoso de "Dunkerque" es su peculiar tratamiento que la aleja totalmente de cualquier estereotipo de película bélica.

            Si bien es cierto que el director de "Dunkerque" ha reabierto la polémica con Francia sobre la evacuación de los ejércitos aliados en 1940 al pasar por alto totalmente la participación francesa en la "Operación Dinamo" y dar exclusivo protagonismo a la Real Fuerza Aérea y a la Royal Navy, lo cual aleja la película de la fidelidad histórica (aunque apunta con un pequeño detalle aquellos episodios en los que los británicos se negaron a embarcar a tropas galas e incluso les hicieron desembarcar a punta de pistola) no por ello deja de ser una gran película bélica totalmente innovadora en el género.

            A diferencia de la generalidad de las películas bélicas, "Dunkerque" no presenta un protagonista o sucesión de protagonistas heroicos que toman parte en grandes enfrentamientos con el enemigo sino que resulta un film más coral en el que todo parece dirigido a dar todo el protagonismo al pueblo británico por encima de los grandes líderes políticos y militares, así como al estado de ánimo de las tropas.

            En las horas más críticas, mientras unos cuatrocientos mil hombres (de los cuales más de ciento veinticinco mil eran franceses y belgas) se encontraban cercados y batiéndose de espaldas al mar contra un enemigo muy superior, sin más posibilidades lógicas que las de rendirse o perecer, el pueblo británico se movilizó voluntariamente y con todo aquello que podía flotar cruzó el Canal de la Mancha para evacuar a tantos soldados como pudieran equiparándose en la Segunda Guerra Mundial a lo que "los Taxis del Marne" fueron en la Primera. Cierto es que el peso de la operación de evacuación de Dunkerque recayó sobre los grandes buques de guerra y mercantes de los aliados pero ello no desmerece el gesto de los patronos de embarcaciones de pesca y de recreo británicos que emprendieron la aventura de acercarse hasta las playas francesas a evacuar tropas dando un ejemplo de unidad e identificación con el esfuerzo bélico de su país que más vale que hubieran sabido valorar los estrategas alemanes.

            Por su parte, la cinta de Christopher Nolan presenta a unas tropas británicas no solo preocupadas por salvarse y salir de Dunkerque sino también con un estado de ánimo muy bajo al tener la sensación de haber fallado y temiendo el cómo serían recibidos en la Gran Bretaña mostrando nuevamente la película la identificación del pueblo británico con sus tropas y con el esfuerzo militar de su gobierno al reflejar el afectuoso y caluroso recibimiento del que fueron objeto los soldados por parte de la población británica.

            Si artísticamente considerada, "Dunkerque" de Christopher Nolan constituye una obra maestra; política y filosóficamente hablando constituye un canto a la unidad del pueblo británico y un guiño al Brexit que se anticipa unos meses al estreno de "Las Horas Más Oscuras", película dirigida por el también británico Joe Wright y que se estrenará en enero de 2018 teniendo por objeto la política británica los días inmediatamente anteriores y posteriores a la evacuación de Dunkerque.

miércoles, 15 de febrero de 2017

UNA IMAGEN, UN LÍDER, UN PODER




El pasado fin de semana (11-12 de Febrero de 2017) estuvo cargado de contenido político al celebrarse simultáneamente los congresos del Partido Popular y de PODEMOS que, salvando las diferencias, no dejan de presentar ciertas semejanzas en las escenificaciones que llaman poderosamente la atención y nos hacen cuestionarnos la naturaleza que han adquirido los distintos partidos políticos en nuestro país.

            El congreso del Partido Popular refleja una organización política consolidada en el régimen político español que a lo largo de estos últimos cuarenta años ha alcanzado importantes parcelas de poder a nivel municipal y autonómico, además de estatal, que le ha permitido adquirir cierto voto fiel por lo que su único objetivo es mantener o, incluso, incrementar esas parcelas de poder.

            En el actual régimen político español, el poder para los Partidos es importante no solo porque a mayor poder mayores subvenciones públicas que les permiten mantener amplias estructuras con numerosos "funcionarios del partido", sino también porque a mayor poder mayor número de cargos electos, cada uno de los cuales tiene, a su vez, derecho a nombrar varios asesores. De esta forma un partido político como el Partido Popular puede dar, directa o indirectamente, ocupación retribuida a un millón de familias que se convierten en clientes de dicho partido con lo que ello significa en número de votos seguros en unas elecciones ya que fácilmente por cada cargo electo, asesor y "funcionario del partido" hay, al menos, tres familiares o amigos de éste que votan a dicho partido.

            Por lo tanto, el mayor interés del Partido Popular es mantener la parcela de poder que en estos momentos tiene siendo consciente que cuando la pierda significativamente, como le ha ocurrido al PSOE, entrará en una grave crisis que tal vez suponga su desaparición. El Partido Popular es igualmente consciente que para mantener su actual nivel de poder encuentra su mejor baza en los deméritos de los partidos que integran la oposición porque, es de indicar que si el Partido Popular es hoy el partido del gobierno no lo es por méritos propios sino por deméritos de todos los demás y por ello su congreso ha sido una pura y simple campaña de imagen en la que ha pretendido presentarse como una formación homogénea, unida y con un líder incuestionable además de hacer guiños a diestro y siniestro, nunca mejor dicho, utilizando un lema, "España Adelante", que parece inspirado en el fuerzanovista "Adelante España" de 1979.

            El Congreso del Partido Popular ha sido una pura y simple demostración de imagen y unidad  con la exaltación del líder que encarna esa unidad e imagen. Exento del Congreso ha estado cualquier planteamiento ideológico sustancial y cualquier propuesta de solución a los graves problemas que afronta el país y solo ha consistido en cerrar filas en torno a sus líderes, exaltando a Mariano Rajoy como el gran líder y repetir la salmodia de la unidad de España y de la grandeza de la Constitución de 1978, todo ello porque el Partido Popular sabe muy bien que los casos de corrupción ya están amortizados electoralmente, se vislumbran mejoras estadísticas (que no reales) en la situación socio-económica del país y que el fraccionamiento del electorado de izquierda le permitirán, muy posiblemente, renovar la victoria en las próximas elecciones.

            Después de este Congreso, el Partido Popular no se define como una formación política sustentada en tal o cual ideario, sino simplemente en una maquinaria electoral para alcanzar y mantener el poder y para ello nada mejor que tener un líder incuestionable, aunque esté muy lejos de tener cualquier tipo de carisma.

Por su parte, el Congreso de PODEMOS ha mostrado un partido que, llamando a sus órganos internos como los quieran llamar, también desea convertirse, como lo es el Partido Popular y lo fue el Partido Socialista Obrero Español, y por idénticos motivos en un partido de poder; por ello la gran discusión durante el Congreso ha sido la estrategia a seguir para conseguir más apoyos en las urnas que se traduzcan en mas poder en las instituciones, en si era más conveniente mantener un discurso moderado y centro izquierdista que le permitiera ganarse a los restos del naufragio socialista o, si por el contrario, era más conveniente mantener un discurso duro y radical. Parece ser que ha ganado la segunda opción y que PODEMOS se configura como una férrea estructura política a modo de los viejos partidos sabiendo de antemano que, hoy por hoy, el mayor activo de PODEMOS es su imagen (que no su realidad) de organización transversal y su líder Pablo Iglesias.

            Seguramente después de Vistalegre II PODEMOS irá perdiendo toda originalidad, si es que alguna vez la tuvo, y se convertirá en un partido más que pase a formar parte de los problemas que afectan a los españoles y no de las soluciones pero, mientras tal circunstancia se confirma, la imagen construida durante estos tres años y el liderazgo carismático de Pablo Iglesias resultan una baza excelente para, como mínimo,  conservar los actuales apoyos electorales durante muchos años por lo que PODEMOS se consolida en el espectro político español, al menos hasta que se produzca en un futuro que no es inmediato, una renovación de liderazgo y un deterioro de su imagen.

            En el fondo, y no muy en el fondo, PODEMOS se ha convertido en gran medida en un nuevo PSOE que, sin tener un ideario claro ni definido, llegó a ser un partido de gobierno y de poder simplemente gracias al carismático liderazgo de Felipe González y a la imagen (que no realidad) que del partido tenían sus votantes y la cual tardó cuarenta años en deteriorarse.

            La sociología política de nuestro país es extremadamente complicada. Las inclinaciones políticas de los españoles son viscerales y no racionales, se dejan guiar mas por las formas que por las sustancias y ello hace que se dejen convencer fácilmente por las apariencias y sean dados a grandes esperanzas condenadas a grandes desengaños. Los distintos miembros de la casta política lo saben (para ello se gastan mucho dinero en análisis de la realidad sociológica del país que quedan plasmados en informes internos) y por ello, si bien nos paramos a pensar, no ofrecen nada más que una imagen que entronque con los deseos de una parte del cuerpo electoral y un líder representativo de esos deseos en lo que no son más que campañas de puro marketing comercial y no debates de las grandes cuestiones políticas que nos afectan que culminen con la vertebración de un modelo de país.

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