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domingo, 22 de febrero de 2009

INTELECTUALES de PAUL JOHNSON

La Editorial Homo Legens, perteneciente al grupo mediático ínter economía, ha publicado recientemente las dos más importantes obras, al menos considerando el numero de ejemplares vendidos, del periodista británico Paul Johnson: “Tiempos Modernos” e “Intelectuales”.


“Intelectuales” de Johnson es el típico ensayo de crítica literaria y filosófica que retoma la técnica empleada por Papini en sus magníficas obras “Juicio Universal” y “El Ocaso de los Filósofos” de tomar por objeto autores o filósofos concretos e ir desmenuzando el contenido de sus teorías hasta poner de manifiesto las graves contradicciones contenidas en ellas. No obstante, “Intelectuales” de Paul Johnson tiene fundamentalmente por objeto cuestionar el compromiso de los intelectuales con la política, reproduciendo para ello las biografías de doce intelectuales muy conocidos en ambientes progresistas (desde Rosseau hasta Lilian Hellman, pasando por Marx, Ibsen, Brecht, Hemingway, Sastre, Russell y otros) en las que saca a relucir las contradicciones existentes entre las teorías defendidas por cada uno de ellos con su vida personal, rebajándose en multitud de ocasiones y a lo largo de todo el ensayo a detalles de alcoba mucho más propios de la prensa del corazón que de un ensayo serio. Así, por ejemplo, se revela la contradicción del feminismo teórico que muchos de los intelectuales analizados proclamaban en sus obras con las actitudes claramente machistas que ponían en práctica en su vida personal y de las que eran víctimas multitud de amantes.


La intención de Johnson al escribir sus “Intelectuales” no es realmente criticar a los intelectuales comprometidos con la acción política, sino solo atacar a los intelectuales comprometidos con una (supuesta o real) política de izquierdas ignorando deliberadamente a otros intelectuales comprometidos con la derecha y que también presentan graves contradicciones entre sus teorías y sus vidas privadas. Posiblemente Johnson, como intelectual que también es, pretende ocultar a sus lectores el hecho irrefutablemente cierto de que en la mayoría de los casos el intelectual, al que él pretende denostar en su libro, no crea nada, sino que simplemente actúa como un “brujo de tribu”, tan numerosos en los tiempos de crisis, que tras analizar minuciosamente los deseos y necesidades de las sociedades en las que viven actúan como las Hetairas de todos los tiempos ofreciendo teorías capaces a la vez de satisfacer las necesidades metafísicas de la colectividad y de engrosar su propia economía particular.


De los trece capítulos en qué se divide el ensayo de Johnson, el único que realmente vale la pena de todos ellos y en el que expone algo digno de interés es el último, en el cual, dando la razón a lo expuesto en el párrafo anterior de que la verdadera finalidad del intelectual de toda tendencia es permanecer en la cresta de la ola y acrecentar su ego; detecta una actual tendencia en los intelectuales de abandonar las reivindicaciones sociales y económicas de la clase trabajadora para asumir la defensa de una “sociedad permisiva”, modelo de sociedad también defendido en el presente por los intelectuales considerados “conservadores” (extremo éste que se oculta en toda la obra); elevando a carácter académico y a la categoría de discusión doctrinal la plagiada teoría defendida con mayor claridad, concisión y sinceridad por Aleister Crowley hace ya más de setenta años en su obra “El Libro de la Ley” y que se resume en el axioma: “Haz lo que tu quieras, será el todo de la ley”.

viernes, 1 de agosto de 2008

LA FILOSOFÍA DEL AJEDREZ


No cabe duda que de todos los juegos de mesa y de ingenio inventados por el hombre el más conocido y que ha sido elevado a la condición de deporte con campeonatos mundiales incluidos ha sido y es el Ajedrez.

No faltará quien considere al Ajedrez un juego elitista al que solo sesudas personalidades pueden jugar a un nivel medio o superior al ser conocedores de las grandes técnicas, pero lo cierto es que el juego del Ajedrez, responde más a una enseñanza filosófica frente a la vida que a una técnica.

Analizado a la ligera, el Ajedrez es un juego aburrido pues toda acción que se emprende tiene su reacción y es ahí mismo donde encontramos la primera enseñanza filosófica para la vida: todo lo que hacemos tiene consecuencias.

Por otra parte, considerando que toda acción genera una reacción contraria que la neutraliza y la contrarresta, la terminación correcta de una partida de Ajedrez serían las tablas, no la victoria de unas piezas sobre otras. Aquí surge otra enseñanza filosófica, pues en el Ajedrez al igual que en la vida no gana quien juega bien, sino que pierde quien juega mal.

La derrota en el juego del Ajedrez nace de la ausencia de determinadas virtudes o de la concurrencia de ciertos vicios. El juego comienza de forma equilibrada, cada jugador tiene las mismas piezas con las mismas facultades y cuando los jugadores comienzan con los primeros movimientos, éstos son bloqueados por las piezas contrarias, que cubren las piezas propias o amenazan a las contrarias, siendo cuando unos de los jugadores comete el error de creer en una victoria rápida o se resiste a sacrificar una pieza determinada, cuando se comienza a perder o incluso se pierde. Por tanto en el Ajedrez, pierde quien tiene prisa y carece de paciencia, quien es tan cicatero que, olvidando el objetivo principal del juego (proteger al Rey propio y capturar al contrario) pretende no pagar un precio por alcanzar dicho objetivo, igualmente pierde aquel que cree que puede obtener la victoria sin sacrificio alguno y, por último, termina perdiendo también, aquel que comenzando ganando, juega utilizando siempre los mismos movimientos que en las primeras partidas le dieron la victoria, pero que al no innovarlos, terminan siendo conocidos por su adversario quien aprenderá a contrarrestarlos con otros movimientos siendo coronado con la victoria. De esta forma el Ajedrez esta en cierto modo inspirado en la filosofía de los estoicos requiriendo paciencia, sacrificio, generosidad y capacidad de renovación respondiendo su invención y práctica más bien a una intención pedagógica y preparatoria para la vida que a una mera voluntad lúdica o a una más que supuesta preparación técnica para la guerra real.

No faltará sin duda quien sostenga que el Ajedrez se asemeja a la vida al sacrificarse los peones en favor de los reyes, pero desprovisto tal pensamiento de la momentánea nota jocosa resulta estrictamente errático, pues los peones a pesar de estar situados en la vanguardia y ser generalmente con sus movimientos con los que se inician las partidas, los peones equivalen a la reserva al poderse convertir en piezas más importantes al llegar al extremo contrario del tablero y son principalmente apoyo y protección de las figuras que son las que realmente se han de ofrecer en sacrificio para poder inducir a error al contrario.

El juego del Ajedrez consiste matemáticamente en una numerosa, pero finita, serie de combinaciones de movimientos, por tanto, descartando a los grandes campeones mundiales que tienen memorizadas todas o la inmensa mayoría de dichas combinaciones, lo que les lleva a jugar de una forma rápida, científica y despersonalizada al no influir en ellos las emociones humanas; el arte del Ajedrez radica en obligar al contrincante a caer en una total falta de paciencia, engendrar en él ilusiones de victorias rápidas y fáciles y por último hacerle incurrir en un grave error que hará que todas sus piezas desaparezcan sucesivamente del tablero, llevándolo a una situación crítica y desesperada, cosa esta imposible de conseguir si se fuera capaz siempre de conservar las virtudes morales y filosóficas cuya enseñanza inspiraron al inventor del juego.

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