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miércoles, 16 de octubre de 2013

EL CONTRATO POLÍTICO Y SUS GARANTÍAS


La inmensa mayoría de las personas no son conscientes de que cada día, a pesar de no firmar documento alguno, suscriben innumerables contratos muchos de ellos de una enorme complejidad que nos obligan a cumplir ciertas condiciones y nos permiten recibir ciertas contrapartidas. Así, cuando compramos el pan estamos suscribiendo un contrato de compraventa con el panadero por el cual debemos pagar un precio a cambio de recibir una barra de pan o cuando cogemos el autobús suscribimos un contrato de transporte que lleva aparejado un contrato de seguro en virtud del cual recibimos la contraprestación de ser llevados con seguridad a un punto geográfico determinado a cambio de pagar el precio del billete. Estos contratos son consustanciales a la vida en sociedad y son, en gran parte, reguladores de las relaciones entre los individuos entre sí y entre los individuos y los grupos de individuos.

            Además de estos contratos fácilmente reconocibles, existe otro contrato mas difícil de reconocer y del que igualmente no somos conscientes de su existencia cual es el “Contrato Político” en virtud del cual un individuo o grupo de individuos se vinculan al estado, y bien digo al estado y no al gobierno, del que forman parte.

            El contrato político ha existido a lo largo de la historia y, aunque ha mudado de nombre y de contenido, nunca ha dejado de tener efectos conservando siempre la característica de ser bilateral o sinalagmático, es decir de obligar recíprocamente al individuo o grupo de individuos con el estado y a éste con aquéllos. De este modo, el hoy tan denostado “Pacto de Vasallaje” constituía un contrato político o la misma  “Ciudadanía Romana” no era más que otro contrato político que hacía a los romanos beneficiarios de determinados derechos y les obligaba a determinadas contraprestaciones con Roma.

            Si actualmente viene ganando terreno la teoría de que, desde el punto de vista del mundo ideal, los programas electorales que los distintos partidos presentan a los ciudadanos en tiempo de elecciones constituyen un verdadero contrato, no se debe identificar este supuesto contrato con el “Contrato político” porque el programa electoral del partido triunfador de unas elecciones solo le vinculará y le obligará frente a sus electores, jamás frente a aquellos que no le han votado ya que estos demostraron con la actitud de negarle el voto que no creían en el programa presentado o que no deseaban su realización por lo que el incumplimiento del programa electoral vendría a dar la razón, y en cierto modo beneficiaría, a sus no votantes. Por su parte, el “Contrato Político” vincula a todos los ciudadanos con el estado, no con el gobierno ni con el partido que lo asuma, y por ello contiene o debe contener unos derechos y obligaciones recíprocas fundamentales que ningún gobierno puede o debe alterar en virtud de la realización de tal o cual programa electoral.

            En la actualidad, todo estado existente tiene un “Contrato Político” con sus ciudadanos que básicamente consiste en que los ciudadanos pagan unos impuestos para sostener los servicios públicos comunes a todos ellos, se obligan a ser respetuosos con las leyes manteniendo la convivencia y a realizar algunas prestaciones personales como puede ser el servicio militar o dedicar algunas horas en beneficio de la comunidad. Por su parte el estado se compromete con los ciudadanos a gestionar honrada y diligentemente los recursos y servicios públicos, a protegerlos de cualquier perturbación de la paz interna o externa y a favorecer su progreso combatiendo las desigualdades mediante una justa redistribución de la riqueza.            

Todo contrato que se realiza conforme al derecho civil se hace para ser cumplido por las partes pero siempre existe la posibilidad de que el mismo se incumpla por cualquiera de ellas. El incumplimiento del contrato empieza, no con un hecho, sino con la existencia de la idea y de la voluntad de incumplirlo que termina materializándose en el acto del incumplimiento; por eso los contratos suscritos entre dos personas físicas o jurídicas suelen contener cláusulas penales o cualquier otro tipo de garantías como avales, prendas, etc… En el caso del “Contrato Político” el incumplimiento de una de las partes conlleva consecuencias jurídico-políticas de enorme magnitud como son la decadencia y extinción del propio estado y frente a esto las garantías que se establecen son escasas limitándose las mismas a la plasmación por escrito de unas “declaraciones de principios” que se llaman “Constituciones”. No obstante en el incumplimiento de cualquier contrato siempre suele ocurrir lo mismo: la parte que se considera mas fuerte o poderosa va haciendo una interpretación unilateral y arbitraria de los derechos que ha de otorgar a la parte contraria con la intención de irlos restringiendo progresivamente al mismo tiempo y de la misma forma que va aumentando las contraprestaciones que ha de recibir y esto vale tanto para el incumplimiento de contratos de derecho común como para el incumplimiento del “Contrato Político”.    
       
Bien está que una garantía del “Contrato Político” sea que el mismo quede reflejado por escrito en forma de “Constitución” pero ello no basta para garantizar su cumplimiento por la parte más poderosa ya que esta puede, a través de los poderes del estado (ejecutivo, legislativo y judicial) que son los que garantizan el cumplimiento contractual por los ciudadanos tergiversar el espíritu del texto contractual y convertirlo en letra muerta. Las únicas garantías eficaces que pueden existir para asegurar el cumplimiento del “Contrato Político” por la parte más fuerte, esto es por la autoridad del estado, son las que existen por debajo tales como el principio de subsidiariedad, el mandato imperativo y el juicio de residencia.

            En virtud del principio de subsidiariedad, ninguna entidad pública superior ha de asumir competencias y ejercer funciones que puedan ser asumidas y ejercidas por una entidad pública inferior, mientras que por medio del mandato imperativo se impide que los cargos electos tomen decisiones políticas para las que no se les ha dado poder especial por parte de los electores y, finalmente, mediante el juicio de residencia se revisa la gestión realizada por los cargos electos una vez finalizado su mandato quedando sometidos a las pertinentes sanciones que les puedan imponer por haberse extralimitado en sus funciones, por haber malversado fondos públicos o por haber actuado con negligencia inexcusable.

            Si la Historia demuestra la existencia de un “Contrato Político” entre los estados y los ciudadanos no es menos cierto que la misma Historia demuestra igualmente que la decadencia de los estados comienza con la ruptura del “Contrato Político” que termina siendo sistemáticamente vulnerado por la parte contratante más fuerte, lo que genera en un plazo más o menos largo que la contraparte los vulnere igualmente. Así por ejemplo, cuando no pocos historiadores clásicos (Gibbon, Droysen, Mommsen) indican la negativa a servir en las legiones por parte de los ciudadanos romanos (lo que significa una clara infracción del “Contrato Político”) como un primer síntoma de la decadencia de Roma no perciben que anteriormente y durante mucho tiempo las más altas instituciones romanas, el César o el Senado, ya habían infringido el “Contrato Político” con sus ciudadanos no siendo moralmente exigible a éstos últimos el cumplimiento de las contraprestaciones impuestas en beneficio exclusivo de las locuras y extravagancias de un Heliogábalo.

martes, 20 de julio de 2010

“EL MUNDO DE AYER” de Stefan Zweig

Próximo a cumplirse el primer centenario, en el 2014, del suicidio de Europa, la editorial Acantilado ha tenido el muy loable criterio de publicar nuevamente el que sería el último libro escrito, antes de su suicidio en su exilio brasileño, por el gran intelectual austriaco Stefan Zweig titulado “El Mundo de Ayer” y que publicado en España por primera vez en España en el año 2002 ya va por su duodécima edición.


“El Mundo de Ayer”, no constituye una autobiografía de Stefan Zweig sino que más bien se trata de unas memorias (“Memorias de un Europeo” es su subtítulo) que incluyendo algunos rasgos autobiográficos del autor se centran sobre todo en la descripción nostálgica de lo que había sido Europa antes de la Primera Guerra Mundial y la reflexión sobre los años de entreguerras donde la barbarie y la irracionalidad parecían triunfar en el mundo.


En “El Mundo de Ayer”, Stefan Zweig describe la vida intelectual europea desde finales del siglo XIX hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial recordando la vida y obra de numerosos intelectuales y políticos entre los que se pueden citar a Theodor Hertzl, Walter Ratenau, Rainer Maria Rilke o Romain Rolland y aunque critica los defectos de la sociedad europea anterior a la Gran Guerra que según Zweig son la existencia de grandes masas de desposeídos, la consideración inferior de la mujer y la hipocresía sexual no deja de afirmar que en esa misma sociedad priman los valores morales positivos, el humanismo y la fe en el futuro en contraposición a la sociedad nacida en 1918 semilla de los totalitarismos y de la sumisión de los pueblos a sus gobernantes.


Stefan Zweig dedica aproximadamente la mitad de “El Mundo de Ayer” a narrar los esfuerzos de muchos intelectuales europeos por paralizar la masacre del catorce, razonar los postulados pacifistas que profesó toda su vida y a describir su “Mundo de Hoy”, es decir el mundo surgido tras la Gran Guerra, descubriendo al lector la crisis moral que supuso la existencia de una sociedad abierta en Berlín que trastocando todos los valores axiológicos atentaba también contra la razón, la locura económica que provocó la inflación primero en Austria y después en Alemania y sobre todo a describir como, con ayuda de todos estos acontecimientos debidamente concatenados, los nacionalsocialistas fueron imponiéndose poco a poco en las sociedades alemana y austriaca sin que existiera reacción alguna porque los ciudadanos respectivos fueron aceptando progresivamente y sin darse cuenta los postulados de Hitler por frivolidad, por miedo o por interés hasta que un buen día se encontraron con que se habían convertido sin posibilidad de marcha atrás, en parte del engranaje nazi.


Es de resaltar, la descripción que se hace en los últimos capítulos de “El Mundo de Ayer” de la diáspora intelectual que produjo, en centro Europa, la ascensión al poder de Adolfo Hitler haciéndose en el libro un fidedigno relato de la salida de Sigmund Freud de Austria gracias a la intervención de Marie Bonaparte, así como de su enfermedad y muerte.


Tras la lectura de “El Mundo de Ayer” de Stefan Zweig, el lector percibirá una sensación de nostalgia que le llevará a reflexionar sobre si el mundo no era mejor, más hermoso y más bello antes de que la locura se apoderase de él en aquel verano de 1914 y acabara con toda alegría y optimismo en el lodo de las trincheras de todos los frentes.


Stefan Zweig nació en Viena (Austria) en 1881 y, tras sufrir persecución por parte del régimen nazi murió en Petrópolis (Brasil) en 1942, llegando a ser el autor más traducido y leído en los años veinte y treinta del siglo pasado y siendo sus obras lectura imprescindible para conocer determinados momentos de la historia de la humanidad.


lunes, 21 de junio de 2010

JOSÉ SARAMAGO: LA MUERTE DE UN IBERISTA


“Hablad de Castellanos y Portugueses

Porque Españoles somos Todos”

Luis de Camoens (1524-1580)


El 18 de Junio pasado fallecía en su exilio voluntario, en la localidad canaria de Tías (Lanzarote, España) el eminente premio Nobel de Literatura; don José Saramago.


Muchos han sido los actos de homenaje con motivo de su sepelio en los que se ha incidido interesadamente en el posicionamiento político del gran escritor hispano-luso, o mejor dicho, ibérico; recalcando su progresismo militante de izquierdas, pero del mismo modo interesado se ha ocultado su iberismo, es decir, su apuesta decidida por la idea de la unión ibérica del estado portugués y del español en uno solo y que, según una encuesta publicada por el diario luso “El Sol” en 2006, es compartida por el veintiocho por ciento de nuestros vecinos portugueses.


Si bien es cierto que don José Saramago fue un intelectual influenciado por la corriente ideológica marxista en la que se sitúa gran parte de su obra y su pensamiento, llegando a militar, en 1969, en el entonces, clandestino Partido Comunista Portugués; no es menos cierto que la militancia comunista no debe confundirse con lo que hoy es y se denomina izquierdismo, pues como claramente definió Lenin en un acertado ensayo, “el izquierdismo no es más que una enfermedad infantil del comunismo” y nada tiene que ver la postura reivindicativa de un intelectual marxista y ateo militante como don José Saramago con la mera pose aparentemente transgresora de los pequeños burgueses que, jugando a hacer la revolución, integran los poderosos partidos socialistas y eurocomunistas europeos.


Por otra parte, y alejado de todo afecto y encomio, se ha pronunciado el Vaticano, que ante el fallecimiento del escritor no ha hecho nada más que recordar que era marxista, laico, ateo y unos cuantos anatemas más ignorando su propia doctrina sobre el perdón y sobre la defensa de la persona humana (aunque se puedan criticar o atacar las ideas que profese) pero, sobre todo, padeciendo la ceguera (valga esta palabra también para recordar una novela de Saramago: “Ensayo sobre la Ceguera”) de negar el reconocimiento que merecen todas aquellas “raras avis” entre la intelectualidad occidental que, frente al mundo materialista actual, mantienen la esperanza de que se pueda reconvertir en algo mejor para todos.


Pues bien, el pensamiento y la obra que don José Saramago nos ha dejado a lo largo de sus ochenta y siete años de vida han hecho que este intelectual se haya convertido en algo que ha transcendido las estables fronteras hispano-lusas. Don José Saramago ha sido un escritor ibérico y utilizando en sus obras tanto la lengua española, como la portuguesa se convirtió en un autor que tendrá, o tiene ya, un puesto en la historia de la literatura portuguesa al mismo tiempo que en la historia de la literatura española, lo que probablemente le configura como el único literato internacional, porque hay que recordar que la nacionalidad de un escritor no es la que figura en su pasaporte, sino la de la lengua, o lenguas, en la que se expresa en sus obras.


Por otra parte, a lo largo de su vida, don José Saramago, trabajó por divulgar la idea de la Unidad Ibérica, es decir, la unión libremente pactada y pacífica de todos los pueblos de la Península en un único estado para resistir las presiones de la cultura y de la economía europea que no es sino la cultura y la economía de Inglaterra, Francia y Alemania, los tres países dominantes en torno a los cuales giran los intereses de la llamada Unión Europea. Esta idea ibérica es la que inspira su novela “La Balsa de Piedra”, la cual, por cierto puede entenderse como una crítica al errático europeismo triunfante tanto en España como en Portugal que lleva al sometimiento de los ciudadanos de estos dos estados a unas políticas supranacionales ajenas a sus intereses cuando no directamente contrarias a los mismos.


Igualmente, los postulados sociales de Saramago quedan plasmados en su primera novela “Levantado do Chao” (1980) en la que, adscrita a un realismo social tardío, describe las duras condiciones laborales de los trabajadores del Alentejo y en la novela “Memorial de un Convento” (1982) que se desarrolla en el medievo describiendo la dura vida cotidiana de los campesinos afectada por el hambre, las guerras y la religión.


Don José Saramago es una figura digna de todo encomio, y a pesar de su ateismo y de su marxismo, que no compartimos, desde aquí queremos rendirle un sentido homenaje porque con los honrados idealistas como él, que tienen sinceramente el bien supremo por objeto, tendremos que entendernos para hacer frente común al modelo economicista, amoral e injusto que se quiere imponer a la humanidad desde los distintos focos de poder, siendo nauseabundo que las plañideras que hace dos días han inclinado llorosamente sus cabezas ante su féretro sean los mismos políticos portugueses que en 1991 le vetaron para el “Premio Literario Europeo” por considerar que su novela “El Evangelio Según Jesucristo” era ofensiva para los católicos obligándole a exiliarse en tierras canarias y los mismos políticos españoles que han hecho constantemente caso omiso a su iberismo y a sus ansias de justicia social.


lunes, 5 de abril de 2010

PREMIO KREATIVO BLOGGER 2010

Del blog “Articuweb”, http://www.articuweb.wordpress.com/ “El Chouan Ibérico” ha recibido un nuevo galardón denominado “Premio Kreativo Blogger 2010” recogiéndose el mismo, como siempre hasta ahora hemos recogido los premios que nos han concedido, con sorpresa a la vez que con alegría e ilusión renovada porque la concesión de estas distinciones vienen a significar que los temas que tratamos en este blog interesen cada vez más a nuestros lectores, cuyo número no deja de aumentar.


No obstante, seguimos ignorando los méritos de este modesto blog para recibir galardones y menciones, pero estamos muy agradecidos a “Articuweb” por el mencionado premio así como a todas las personas que nos visitan por dedicar parte de su tiempo a leer “El Chouan Ibérico”.


A todos vosotros: Salud y Amistad


miércoles, 27 de mayo de 2009

“LOS GRANDES CEMENTERIOS BAJO LA LUNA” de GEORGES BERNANOS

Recientemente la editorial Lumen ha reeditado “Los Grandes Cementerios Bajo la Luna” que, publicada por primera vez en 1938 en Francia, es una de las obras fundamentales del escritor católico y conservador Georges Bernanos (1888-1948) que, como militante de Acción Francesa y padre de un militante falangista, fue testigo del inicio de la Guerra Civil Española y de los actos de violencia y represión llevados a cabo en la Isla de Mallorca por los militares sublevados con el amparo de la jerarquía eclesiástica lo que originó no solo el alejamiento del autor de la política, sino que inspiró la crítica vertida en la obra que ahora comentamos.

“Los Grandes Cementerios Bajo la Luna” no es una obra sobre la guerra civil española ni tampoco un panfleto contra el fascismo, tal y como expresa la filósofa alemana Hannah Arendt en la frase que figura en la portada de la edición que presenta la editorial Lumen, sino que se trata de un denso ensayo filosófico sobre la clase dirigente y sobre una determinada forma de hacer política. Si bien es cierto que en esta obra de Bernanos se ataca con dureza al General Franco, a la jerarquía eclesiástica española, a los fascismos triunfantes en Italia y Alemania y a los extremistas de derecha franceses, no es menos cierto que también se ataca con la misma dureza al comunismo y a la democracia liberal.

El objeto de Bernanos al escribir “Los Grandes Cementerios Bajo la Luna” es denunciar a las clases dirigentes de todo el orbe integradas por militares, políticos, jerarquías eclesiásticas, intelectuales y empresarios que, con la exclusiva intención de salvaguardar sus intereses particulares, principalmente económicos; son capaces de apoyar hoy lo que ayer atacaban con ferocidad y difundir el miedo entre los pueblos para posteriormente explotarlo a su favor fomentando el alegre traslado de enormes masas humanas a los más bárbaros mataderos de Europa. Especialmente dura es la critica a la actitud de la derecha francesa que, si bien en 1918 clamaba por desintegrar a Alemania en múltiples estados y hacía de la humillación del pueblo alemán una importante cuestión nacional, en el momento de escribirse “Los Grandes Cementerios Bajo la Luna”, veinte años después, adulaban a Hitler y no dudaban en considerarlo, junto al General Franco y a Mussolini, como un aliado en una supuesta cruzada contra el comunismo que no era más que un pretexto para encubrir la defensa de los intereses particulares de las precitadas clases dirigentes.


La densidad de la filosofía vertida por Bernanos en esta obra la aleja de cualquier carácter panfletario y bien puede resumirse en que una injusticia no se combate ni puede combatirse jamás cometiendo otra injusticia y que cualquier acto material del ser humano debe someterse a las exigencias de la Moral y de la Justicia con mayúsculas.

Por otra parte, y de ahí la crítica a la democracia liberal que existe en “Los Grandes Cementerios Bajo la Luna”, Bernanos sostiene la teoría, más adelante también defendida por Hannah Arendt de que el origen de las dictaduras y de las formas políticas autoritarias se encuentra en la corrupción y en la falta de autoridad moral del sistema democrático.

“Los Grandes Cementerios Bajo la Luna” de Georges Bernanos constituyen el primer toque de arrebato a favor de una nueva revolución más auténtica y más afortunada que todas las anteriores, de una revolución que solo podrá ser una revolución moral y universal.

domingo, 22 de febrero de 2009

INTELECTUALES de PAUL JOHNSON

La Editorial Homo Legens, perteneciente al grupo mediático ínter economía, ha publicado recientemente las dos más importantes obras, al menos considerando el numero de ejemplares vendidos, del periodista británico Paul Johnson: “Tiempos Modernos” e “Intelectuales”.


“Intelectuales” de Johnson es el típico ensayo de crítica literaria y filosófica que retoma la técnica empleada por Papini en sus magníficas obras “Juicio Universal” y “El Ocaso de los Filósofos” de tomar por objeto autores o filósofos concretos e ir desmenuzando el contenido de sus teorías hasta poner de manifiesto las graves contradicciones contenidas en ellas. No obstante, “Intelectuales” de Paul Johnson tiene fundamentalmente por objeto cuestionar el compromiso de los intelectuales con la política, reproduciendo para ello las biografías de doce intelectuales muy conocidos en ambientes progresistas (desde Rosseau hasta Lilian Hellman, pasando por Marx, Ibsen, Brecht, Hemingway, Sastre, Russell y otros) en las que saca a relucir las contradicciones existentes entre las teorías defendidas por cada uno de ellos con su vida personal, rebajándose en multitud de ocasiones y a lo largo de todo el ensayo a detalles de alcoba mucho más propios de la prensa del corazón que de un ensayo serio. Así, por ejemplo, se revela la contradicción del feminismo teórico que muchos de los intelectuales analizados proclamaban en sus obras con las actitudes claramente machistas que ponían en práctica en su vida personal y de las que eran víctimas multitud de amantes.


La intención de Johnson al escribir sus “Intelectuales” no es realmente criticar a los intelectuales comprometidos con la acción política, sino solo atacar a los intelectuales comprometidos con una (supuesta o real) política de izquierdas ignorando deliberadamente a otros intelectuales comprometidos con la derecha y que también presentan graves contradicciones entre sus teorías y sus vidas privadas. Posiblemente Johnson, como intelectual que también es, pretende ocultar a sus lectores el hecho irrefutablemente cierto de que en la mayoría de los casos el intelectual, al que él pretende denostar en su libro, no crea nada, sino que simplemente actúa como un “brujo de tribu”, tan numerosos en los tiempos de crisis, que tras analizar minuciosamente los deseos y necesidades de las sociedades en las que viven actúan como las Hetairas de todos los tiempos ofreciendo teorías capaces a la vez de satisfacer las necesidades metafísicas de la colectividad y de engrosar su propia economía particular.


De los trece capítulos en qué se divide el ensayo de Johnson, el único que realmente vale la pena de todos ellos y en el que expone algo digno de interés es el último, en el cual, dando la razón a lo expuesto en el párrafo anterior de que la verdadera finalidad del intelectual de toda tendencia es permanecer en la cresta de la ola y acrecentar su ego; detecta una actual tendencia en los intelectuales de abandonar las reivindicaciones sociales y económicas de la clase trabajadora para asumir la defensa de una “sociedad permisiva”, modelo de sociedad también defendido en el presente por los intelectuales considerados “conservadores” (extremo éste que se oculta en toda la obra); elevando a carácter académico y a la categoría de discusión doctrinal la plagiada teoría defendida con mayor claridad, concisión y sinceridad por Aleister Crowley hace ya más de setenta años en su obra “El Libro de la Ley” y que se resume en el axioma: “Haz lo que tu quieras, será el todo de la ley”.

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