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martes, 19 de octubre de 2010

MADRID: VILLA COMUNERA

La llamada España de las Autonomías, que más bien son satrapías, creadora de dislates geográficos e históricos solo serviles a familiares intereses de neos caciques locales, ignora y desea ignorar el hecho incuestionable de que la hoy ciudad de Madrid, mucho antes de ser Corte, fue Villa Comunera quedando su adhesión a la Santa Junta de Ávila en 1520 y su aportación al ejército comunero de un centenar de infantes y cuarenta caballeros (aportación nada desdeñable si consideramos que el Madrid de 1520 tenia menos población que la propia Segovia) no solo manifestada en los libros históricos y en los documentos que de aquélla época se guardan y sino en el nombre mismo de muchas de sus más céntricas y famosas calles y plazas.


Así es de citar la muy céntrica y populosa calle “Carretas” que antes de ser zona tan transitada y, durante un tiempo no muy lejano, de tan mala fama; fue donde se dio el primer levantamiento comunero de la Villa madrileña tomando su nombre de las barricadas que con las carretas de los hortelanos de las huertas próximas se formaron contra las huestes imperiales obedientes al regidor de la ciudad logrando su retirada y la adhesión definitiva de Madrid a la Causa Comunera.


Pero más aún que la precitada “calle Carretas” es famosa la mundialmente conocida “Puerta del Sol”; lugar donde al poco tiempo de la expulsión del poder Austro-Flamenco de la villa se levantó un fortín comunero en cuya puerta destacaba pintado un Sol de donde toma el nombre que ha conservado hasta hoy la madrileña plaza de la que dicen que parten todos los caminos.


Y ahora viene la manipulación histórica sustentada por los sátrapas autonómicos en general y los madrileños en particular que es la ocultación y el fomento del olvido de la Castellanidad de Madrid. Así los madrileños tenemos que acatar la festividad del 2 de Mayo en vez de concurrir a una fiesta puramente castellana el 23 de Abril, fecha en que por cierto, además de conmemorar la Batalla de Villalar se conmemora el fallecimiento, en 1616; del mayor escritor en habla castellana de todos los tiempos, don Miguel de Cervantes Saavedra.


El 2 de Mayo, al conmemorarse la declaración de guerra a la Francia Napoleónica, por el Alcalde de Móstoles, Don Andrés Torrejón, debería ser una fiesta nacional pues es una de las pocas fechas en la historia de nuestro común país en las que se puede conmemorar un hecho de todos los pueblos de Las Españas contra un extranjero mancillador de nuestro suelo y de nuestras libertades. Más no debería ser una fiesta exclusivamente madrileña pues en primer lugar no hubo un esfuerzo exclusivamente madrileño ni castellano contra el tirano francés sino que en la lucha participaron todos los demás pueblos de Las Españas y a quien esto ponga en duda, recuérdesele las batallas del Bruch y de Vitoria o las de Bailen y Zaragoza y en segundo lugar porque con la festividad del 2 de Mayo como conmemoración exclusivamente madrileña se pretende diluir la castellanidad de la Villa y mermar el espíritu castellano de sus habitantes.


Así pues, Madrid, debe volver a reintegrarse en la geografía política de una única castilla sin mutilaciones territoriales que en honor a sus antiguas tradiciones otorgue su legítimo derecho a formar una comunidad propia a los leoneses de los cuales adquirió castilla su condición, primero de condado independiente y posteriormente de reino, pues como reitera un popular refrán castellano “de bien nacidos es ser agradecidos”.


¡¡¡UNIDAD PARA CASTILLA!!!

¡¡¡LIBERTAD PARA LEÓN!!!


lunes, 16 de agosto de 2010

COMUNEROS Y CARLISTAS

Fue Plutarco quien descubrió que en las vidas y hechos de celebres personajes de la antigüedad existían significativas similitudes, de ahí que se decidiera a escribir la serie de biografías comparativas conocidas por el título genérico de "Vidas Paralelas". Pues bien, este paralelismo descubierto por el insigne autor griego en las vidas de personajes célebres, sin duda se da también entre las grandes causas políticas que existen o han existido a lo largo de la historia. Así es de reseñar la gran semejanza que existe entre la causa de las Comunidades de Castilla de 1520 y la causa Carlista de siempre.

Si bien la historiografía insiste en reducir al carlismo a una simple cuestión dinástica y al comunerismo a una mera reacción local frente al nuevo estado que surge de la aceptaci6n del rango imperial por parte de Carlos I, entre ambos movimientos políticos surgen, ya a simple vista importantísimas semejanzas dignas de mención.


La primera semejanza que se encuentra es sociológica. Tanto el comunerismo como el carlismo son movimientos interclasistas que se nutren de una misma base social: baja nobleza, pequeños artesanos urbanos y sobre todo una gran masa de campesinado medio y bajo unidos todos en defensa de unos intereses comunes beneficiosos para todos ellos.


Otra semejanza la encontramos en el programa político de ambos movimientos. Si en el Carlismo se alude a los fueros como medio de defender las características culturales y políticas propias de cada uno de los reinos hist6ricos que forman Las Españas, las Comunidades Castellanas se alzan en defensa de los derechos de Castilla frente a la mas que previsible tentación imperial de gobernar los reinos peninsulares desde la lejana capital del imperio con una idea altamente centralizadora y homogeneizadora.


La siguiente semejanza la encontramos en la gran religiosidad católica de ambos partidos políticos. Si bien en el Carlismo existe en su origen un cuatrilema que se ha venido actualizando periódicamente hasta nuestros días iniciado y encabezado por Dios (el cuatrilema original era Dios, Patria, Fueros, Rey), los comuneros, tras su organización en la Junta celebrada en Ávila en Agosto de 1520 pasan a denominarse a sí mismos "Santas Comunidades" y dicha Junta recibe el nombre de "Santa Junta" con lo que queda manifiestamente patente la gran religiosidad de los comuneros.


Pese a la opinión que puedan mantener algunos historiadores sobre que una importante diferencia entre comuneros y carlistas radica en la opción monárquica y legitimista de estos últimos hemos de señalar que en este punto, lejos de encontrar diferencia alguna, encontramos otra similitud. Para el Carlismo, la defensa de la persona de don Carlos como legítimo rey de Las Españas siempre ha sido un elemento catalizador de todos los principios políticos mantenidos por los carlistas. Don Carlos, para el Carlismo, es la personificación de todo su ideario político. Igualmente ocurre con el Comunerismo, aunque en este caso se fracasa a la hora de personalizar el ideario político; solo así se comprende la reunión que tiene lugar en Tordesillas entre los líderes de las comunidades (Bravo, Maldonado y Padilla) con doña Juana la loca, de la que pretenden un apoyo personal a sus pretensiones, llegando a considerar la posibilidad de elevarla al Trono de las Españas en oposición a su hijo don Carlos, posibilidad esta solo desechada ante el lamentable estado mental que presentó doña doña Juana durante la entrevista.


Por ultimo y para terminar es de señalar que tras la derrota en Villalar en 1521, el gobierno de Carlos I asumió gran parte de las pretensiones comuneras, aunque las Iibertades e idiosincrasia castellanas se fueron diluyendo con el tiempo en la medida que Castilla se identificaba con el gobierno imperial y la política europea de los diversos monarcas de la casa de Habsburgo. Solo de este modo se puede llegar a explicar el por qué durante la defensa de los derechos históricos de los pueblos de las Españas que hizo el Carlismo durante el siglo XIX y XX, solo hubo en Castilla, pequeños levantamientos de partidas irregulares y no grandes levantamientos de masas como ocurrió en Euskalherria, Aragón, Cataluña y Valencia.

martes, 3 de agosto de 2010

CATALUÑA, LOS TOROS Y LA IDENTIDAD NACIONAL



La reciente aprobación por parte del Parlamento Catalán de una proposición de ley que prohibirá las corridas de toros en todo el Principado ha levantado una gran polémica que nuevamente pone de manifiesto la existencia de un problema existencial español.


El hecho de que por parte de que numerosos políticos y grupos editoriales que sustentan a los mismos se pretenda identificar la prohibición de los toros en Cataluña con un presunto ataque separatista a la “unidad e identidad nacional” pone de manifiesto el bajo nivel político, moral e intelectual, de todos aquellos que tales cosas afirman.


La identidad de un estado como el español se puede encontrar y de hecho se encuentra en su historia, en su literatura, en su arte, en la intrahistoria de todos y cada uno de las personas que forman parte de él y, en definitiva, en todo aquello a lo que el mundo de la política viene despreciando y dando la espalda desde hace décadas.


Siendo cierto que es dudoso que la prohibición recientemente aprobada en Cataluña responda únicamente a la finalidad de defender a los animales al alcanzar solo a las corridas de toros y no a otros festejos en los que también participan los precitados animales tales como “el toro embolado” o “el toro a la mar” y en los cuales existen las mismas razones que en la lidia para creer que el animal sufre; no es menos cierto que el argumento del ataque a la “identidad y a la unidad de España” para oponerse a la prohibición no deja de ser menos dudoso.


Considerando el hecho de que en las pasadas elecciones generales del año 2008 el llamado “Partido Antitaurino” emergió de la nada como fuerza política y, con más de cincuenta mil votos, se convirtió en la opción política extraparlamentaria más votada siendo su única propuesta política la abolición de los festejos taurinos hace pensar que tal vez las causas de la controvertida prohibición se encuentren en simples y no confesables intereses electoralistas al pretender conseguir una rentabilidad electoral recabando votos de sectores ecologistas y defensores de los derechos de los animales.


Por otra parte, el electoralismo tampoco está ausente en aquellos que están difundiendo la idea de que la prohibición de las corridas de toros es un ataque a la “identidad y a la unidad nacional” por parte del nacionalismo catalán ya que está psicológicamente comprobado que el engendrar en el electorado la creencia en un ataque o en un peligro moviliza a los electores y les hace decantarse por aquellas opciones políticas que más prometen firmeza.


España y los españoles han dado lugar a innumerables y voluminosos estudios filosóficos y antropológicos para que ahora se quiera hacer creer que toda su historia pasada y todos sus problemas presentes se reducen a la tauromaquia y a la selección nacional de fútbol. Se puede criticar la decisión de prohibir las corridas de toros al igual que se puede defender la lidia del toro bravo como una actividad cultural y artística pero jamás se podrá reducir el ser de un estado o de un pueblo a la existencia de las mismas porque reducir el hecho diferenciador y característico de los pueblos a un festejo es grave y colectivamente empobrecedor.


En definitiva todos debemos hacer caso omiso de estos inflamados discursos polémicos procedentes de aquellos que, confundiendo los capotes taurinos con las banderas, se lanzan al coso político de tal forma que hacen recordar aquella máxima de que “la patria es el último reducto de un canalla” siendo, tales especimenes, muy abundantes en esas tierras ibéricas desde hace ya demasiado tiempo.



lunes, 21 de junio de 2010

JOSÉ SARAMAGO: LA MUERTE DE UN IBERISTA


“Hablad de Castellanos y Portugueses

Porque Españoles somos Todos”

Luis de Camoens (1524-1580)


El 18 de Junio pasado fallecía en su exilio voluntario, en la localidad canaria de Tías (Lanzarote, España) el eminente premio Nobel de Literatura; don José Saramago.


Muchos han sido los actos de homenaje con motivo de su sepelio en los que se ha incidido interesadamente en el posicionamiento político del gran escritor hispano-luso, o mejor dicho, ibérico; recalcando su progresismo militante de izquierdas, pero del mismo modo interesado se ha ocultado su iberismo, es decir, su apuesta decidida por la idea de la unión ibérica del estado portugués y del español en uno solo y que, según una encuesta publicada por el diario luso “El Sol” en 2006, es compartida por el veintiocho por ciento de nuestros vecinos portugueses.


Si bien es cierto que don José Saramago fue un intelectual influenciado por la corriente ideológica marxista en la que se sitúa gran parte de su obra y su pensamiento, llegando a militar, en 1969, en el entonces, clandestino Partido Comunista Portugués; no es menos cierto que la militancia comunista no debe confundirse con lo que hoy es y se denomina izquierdismo, pues como claramente definió Lenin en un acertado ensayo, “el izquierdismo no es más que una enfermedad infantil del comunismo” y nada tiene que ver la postura reivindicativa de un intelectual marxista y ateo militante como don José Saramago con la mera pose aparentemente transgresora de los pequeños burgueses que, jugando a hacer la revolución, integran los poderosos partidos socialistas y eurocomunistas europeos.


Por otra parte, y alejado de todo afecto y encomio, se ha pronunciado el Vaticano, que ante el fallecimiento del escritor no ha hecho nada más que recordar que era marxista, laico, ateo y unos cuantos anatemas más ignorando su propia doctrina sobre el perdón y sobre la defensa de la persona humana (aunque se puedan criticar o atacar las ideas que profese) pero, sobre todo, padeciendo la ceguera (valga esta palabra también para recordar una novela de Saramago: “Ensayo sobre la Ceguera”) de negar el reconocimiento que merecen todas aquellas “raras avis” entre la intelectualidad occidental que, frente al mundo materialista actual, mantienen la esperanza de que se pueda reconvertir en algo mejor para todos.


Pues bien, el pensamiento y la obra que don José Saramago nos ha dejado a lo largo de sus ochenta y siete años de vida han hecho que este intelectual se haya convertido en algo que ha transcendido las estables fronteras hispano-lusas. Don José Saramago ha sido un escritor ibérico y utilizando en sus obras tanto la lengua española, como la portuguesa se convirtió en un autor que tendrá, o tiene ya, un puesto en la historia de la literatura portuguesa al mismo tiempo que en la historia de la literatura española, lo que probablemente le configura como el único literato internacional, porque hay que recordar que la nacionalidad de un escritor no es la que figura en su pasaporte, sino la de la lengua, o lenguas, en la que se expresa en sus obras.


Por otra parte, a lo largo de su vida, don José Saramago, trabajó por divulgar la idea de la Unidad Ibérica, es decir, la unión libremente pactada y pacífica de todos los pueblos de la Península en un único estado para resistir las presiones de la cultura y de la economía europea que no es sino la cultura y la economía de Inglaterra, Francia y Alemania, los tres países dominantes en torno a los cuales giran los intereses de la llamada Unión Europea. Esta idea ibérica es la que inspira su novela “La Balsa de Piedra”, la cual, por cierto puede entenderse como una crítica al errático europeismo triunfante tanto en España como en Portugal que lleva al sometimiento de los ciudadanos de estos dos estados a unas políticas supranacionales ajenas a sus intereses cuando no directamente contrarias a los mismos.


Igualmente, los postulados sociales de Saramago quedan plasmados en su primera novela “Levantado do Chao” (1980) en la que, adscrita a un realismo social tardío, describe las duras condiciones laborales de los trabajadores del Alentejo y en la novela “Memorial de un Convento” (1982) que se desarrolla en el medievo describiendo la dura vida cotidiana de los campesinos afectada por el hambre, las guerras y la religión.


Don José Saramago es una figura digna de todo encomio, y a pesar de su ateismo y de su marxismo, que no compartimos, desde aquí queremos rendirle un sentido homenaje porque con los honrados idealistas como él, que tienen sinceramente el bien supremo por objeto, tendremos que entendernos para hacer frente común al modelo economicista, amoral e injusto que se quiere imponer a la humanidad desde los distintos focos de poder, siendo nauseabundo que las plañideras que hace dos días han inclinado llorosamente sus cabezas ante su féretro sean los mismos políticos portugueses que en 1991 le vetaron para el “Premio Literario Europeo” por considerar que su novela “El Evangelio Según Jesucristo” era ofensiva para los católicos obligándole a exiliarse en tierras canarias y los mismos políticos españoles que han hecho constantemente caso omiso a su iberismo y a sus ansias de justicia social.


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