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lunes, 13 de septiembre de 2021

LOS LIBROS DE AUTOAYUDA

Terminadas las vacaciones estivales y reanudado con pesar y pesares, entre penas y sollozos, el nuevo curso académico y laboral; no faltaran los consejos de terapeutas del alma, psiqué en griego, para afrontar la depresión postvacacional y los coleccionables por entregas de diversas editoriales para entretenernos y alejar de nosotros la nostalgia de los recién pasados tiempos de asueto y divertimento, pero sobre todo, tal y como se repite todos los años por estas precisas fechas, se dispararan las ventas de unos curiosos libros que, de un tiempo a esta parte, gozan de una nutrida sección especial en todas las grandes librerías.

            Los lectores y libreros denominan a estos libros "libros de autoayuda" y tienen títulos tan curiosos como "El Caballero de la Armadura Oxidada" que puede hacernos confundir su contenido con alguna aventura artúrica, "El monje que Vendió su Ferrari" que parece una novela de aventuras de Simón Templar, "Cómo Ganar Amigos" que recuerda a un programa radiofónico nocturno de corazones solitarios o "Un Milagro en 90 días" que hace pensar en un reportaje sobre alguna aparición mariana.

            Si en la novela "El Péndulo de Focault",  Umberto Eco incidía sobre el interés de las editoriales por publicar libros sobre esoterismo, sociedades secretas y conspiraciones mundiales y lo justificaba en el hecho de que tales libros reportaban enormes beneficios económicos a sus editores, la eclosión de estos "libros de autoayuda" además de obedecer al mismo interés económico de las editoriales, satisfacen los deseos de un público poco exigente y extremadamente cómodo que aspira a encontrar en tan breves obras la mismísima Piedra Filosofal.

            Los "libros de autoayuda", suelen ofrecer soluciones simples a situaciones complejas convirtiéndose de este modo en una especia de "populismo" filosófico y siendo a la psicología lo que el curanderismo es a la medicina respondiendo a los deseos de un público impaciente, alienado y cómodo que desprecia los clásicos de la filosofía por complejos y es incapaz de someterse a cualquier idea que implique el sacrificio que lleva implícito el arte de la autodisciplina.

De este modo, "los libros de autoayuda"  han ensombrecido  y mandado al baúl de los recuerdos cuando no, directamente a la nave del olvido, a los clásicos breviarios (en el sentido de resumen breve, conciso y sustancial de una materia amplia)  de filosofía de la vida siendo muy pocos, hoy en día, los que conocen, leen y toman de guía textos como "El Bushido" de Inazo Nitobe, "Hagakure" de Yamamoto Tsunetomo,  "Meditaciones" de Marco Aurelio, "Imitación de Cristo" de Tomás de Kempís, "De la Vida Devota" de San Francisco de Sales, "El Arte de Vivir" de Schopenhauer o "El arte de Ser Feliz" del mismo Schopenhauer; obras todas ellas cuyos títulos recuerdan en no pocos casos a los utilizados hoy en día para esos "libros de autoayuda".

            Los "libros de autoayuda" forman parte del panorama cultural actual, panorama éste donde, hoy en día, lo excelente es la excepción a la norma de la vulgaridad y en el cual no se trata de elevar a las masas a la cultura sino de hacer descender la cultura al nivel de las masas porque siempre resulta más cómodo reducir las exigencias que favorecer y promover la elevación a un nivel mínimamente exigido.

 

miércoles, 23 de junio de 2021

LOS JARDINES DE AYUSO

El pasado domingo 13 de junio de 2021 los tres partidos de la oposición; Partido Popular, VOX y "Ciudadanos" quisieron reproducir el éxito de febrero de 2019 de las masas patrióticas abarrotando la Plaza de Colón de Madrid, lugar mucho más grande que la Plaza de Oriente de la misma ciudad, y aunque no lo lograron plenamente, sí que pusieron  de manifiesto, clarines al viento y banderas en alto, sus complejos y su única finalidad.

            Partido Popular, VOX y "Ciudadanos" acusan a Pedro Sánchez y al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de querer perpetuarse en el poder a cualquier precio, incluso pactando una estabilidad gubernamental  con aquellos que desean acabar con el mismo estado que ese gobierno representa. Seguramente tengan razón afirmando tal cosa, pero no es menos cierto que el Partido Popular, partido matriz de los otros dos (VOX y "Ciudadanos"), también  hizo lo mismo cuando necesito el apoyo de los nacionalistas periféricos dándoles lo que solo ellos saben  y que hizo que un señor presidente del gobierno reconociera que hablaba catalán en la intimidad (¡¡!!) y mencionara la existencia de un "movimiento vasco de liberación" y que un líder nacionalista periférico afirmara que en una semana con el Partido Popular en el gobierno había obtenido más que en quince años con Felipe González en el poder. Así que...  ¡¡Desvergonzado aquel que sin estar libre de pecado tira la primera piedra!!.

            Pues bien, en la puesta en escena de la manifestación de la Plaza de Colón del 13 de junio pasado no faltó ningún elemento para demostrar  que lo que realmente le importa a las llamadas "tres derechas" no es el país, no es España, sino la simple conquista del poder, no sabemos muy bien para qué; también demostraron que realmente no les interesa desalojar del poder a Pedro Sánchez sino comerse unos a otros para que solo quede uno y no tener que repartir pastel alguno y, por último, igualmente demostraron que no tienen nada que decir más allá de envolverse en la bandera bicolor y gritar ¡¡España!!, ¡¡España!! como los marinos de la flota hundida en Cuba.

            Y en este contexto es donde hay que encuadrar las sorprendentes manifestaciones que hizo la triunfal y exultante presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, doña Isabel Díaz Ayuso, en las que, ni corta ni perezosa, con total desconocimiento de la historia reciente de España en la que, algunos sectores, se referían a Su Excelencia el Jefe del Estado a Título de Rey como "el cuchara" porque ni pinchaba ni cortaba y con plena ignorancia del marco jurídico-constitucional que convierte a la figura del Jefe del Estado en "El Augusto Cero", en palabras pronunciadas por don Juan Vázquez de Mella, no se le ocurre otra cosa que atribuir responsabilidades a quien es jurídicamente irresponsable diciendo: "¿Y qué va a hacer el Rey de España a partir de ahora? ¿Va a firmar esos indultos? ¿Le van a hacer cómplice de esto?".

Las palabras de Díaz Ayuso, aplastante triunfadora en las elecciones autonómicas del 4 de mayo en Madrid y lideresa "in pectore" del Partido Popular a cuya máxima dirección aspira, no constituyen un error, una equivocación o un "jardín" en el que se ha metido sin querer sino que son la expresión de lo que realmente piensa de la Jefatura del Estado, pensamiento del que ya era portadora o tal vez adquirió cuando hacía prácticas periodísticas en Radio Intercontinental de la mano de Eduardo García Serrano.

            Ahora bien, que Isabel Díaz Ayuso dijera lo que dijo implica que en su fuero interno y no necesariamente muy interno, atribuye ciertas responsabilidades al Jefe del Estado por los indultos, pero ¿Solo por los indultos?. En puridad lógica y siguiendo la línea argumental del pensamiento expresado por Díaz Ayuso en la puerta de la sede del Partido Popular, muy cerca de la Audiencia Nacional donde han terminado no pocos dirigentes populares y muy próxima a una Plaza de Colón donde no se atrevió a acercarse; si Pedro Sánchez hace cómplice al Jefe del Estado por presentarle a la firma unos indultos, Adolfo Suarez hizo cómplice al Jefe del Estado por firmar los Estatutos de Autonomía, Felipe González hizo cómplice al Jefe del Estado por firmar la ley que despenalizaba el aborto, José María Aznar hizo cómplice al Jefe del Estado por indultar a Vera y a Barrionuevo, José Luis Rodríguez Zapatero hizo cómplice al Jefe del Estado por sancionar la Ley de Memoria Histórica y Mariano Rajoy  hizo cómplice al Jefe del Estado por estampar su firma en ley de la reforma laboral y la ley de reforma de las pensiones que suponía la pérdida de poder adquisitivo de éstas. En definitiva,  el desarrollo lógico del pensamiento de doña Isabel Díaz Ayuso, del que su discurso es solo una mínima exteriorización, lleva a la única conclusión de que el Jefe del Estado es el responsable último de todo.

            Ni Arrimadas, ni Monasterio ni Olona; Isabel Díaz Ayuso es la estrella emergente en la, por el momento, fragmentada derecha española y requiere, necesita, precisa de un discurso propio y diferenciador de los demás zorros que aspiran a entrar en el gallinero que la permita postularse, primero, como líder del Partido Popular para, luego, optar al Palacio de la Moncloa, el cual es su único y verdadero objetivo aunque para ello tenga que convertirse, además de en nueva lideresa de la derecha española unitaria, en la nueva matrona republicana.

 

miércoles, 16 de junio de 2021

LA MODA DEL "ROJIPARDISMO"

"¡¡Rojipardo, Rojipardo!!" parece ser la exclamación de moda que se vierte como anatema y execración entre la menguante intelectualidad de una izquierda española que lleva más de cien años, sin brújula, desnortada y que ha sido víctima, al igual que toda la intelectualidad izquierdista mundial, de las graves contradicciones materiales de un izquierdismo político, triunfante y en el poder.  Pero ¿Qué es ser "Rojipardo" o el "Rojipardismo"?.

            Por "Rojipardismo" parece que se entiende aquella tendencia que pretende una renovación de la izquierda con supuestos valores que no se les considera propios; pero lo cierto es que desde que la izquierda pasase de la teorización ideal del siglo XIX y principios del XX  a la realización material con las "Uniones Sagradas " de 1914 y, sobre todo, con la "Revolución Rusa" de 1917 no ha hecho otra cosa que renovar un lenguaje que justificase la negación real de sí misma y de sus pretendidas reivindicaciones. Así, antes de 1914 los entonces partidos socialistas clamaban por la liberación de la clase proletaria a través de la revolución, no obstante en agosto de 1914  a esos mismos partidos socialistas no les dolieron prendas en suscribir "Uniones Sagradas" con las fuerzas conservadoras y entregar a los proletarios del mundo a la degollina de la I Guerra Mundial y, finalmente, un sector escindido del partido socialista ruso, llamándose "bolchevique" primero y  "comunista" después, se hizo con el poder en el Imperio Ruso por medio de una revolución  violenta que prometía "Paz y Tierra" para un pueblo al que terminó desposeyéndole de toda tierra y proporcionándole tres años más de guerra. Esta "Revolución Rusa" de 1917 provocó  en los Partidos Socialistas europeos sucesivas escisiones  "comunistas" en los años inmediatamente posteriores.

            Es en la "Revolución Rusa" de 1917 donde el ideal socialista (lo que años más tarde será  el izquierdismo), se materializa completamente y se pone en práctica, pero los resultados no pudieron ser mas descorazonadores. Los primeros años bolcheviques fueron la negación de todo lo manifestado antes de alcanzar el poder, se intentó por todos los medios mantener la unidad del Imperio Ruso y, apelando a "la unidad del proletariado", se  lanzaron guerras de conquista o de reconquista sobre los territorios imperiales perdidos (Polonia, Finlandia, Estados Bálticos...), acusando de contrarrevolucionarios se favorecieron hambrunas controladas en extensos territorios como Ucrania, de escasa adhesión a la política de Moscú y, finalmente, apelando a la "Democracia Popular" se encarcelaba, torturaba y ejecutaba a todo aquel que no mostrase entusiasmo con el nuevo régimen, sus instituciones o sus líderes.

            Mientras que todos estos desmanes e incoherencias ocurrían en el interior del extenso territorio de la Unión Soviética, en el resto del mundo los partidos comunistas, partidos satélites del Partido Bolchevique Ruso o Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), se encargaban de aplicar las directrices de Moscú en sus respectivos estados y de desmentir todos estos hechos aludiendo a una pretendida campaña de agresión de las potencias capitalistas contra la "Gran Patria Obrera". En los años treinta del pasado siglo XX la fuerza de los distintos partidos comunistas experimento un gran incremento en gran medida porque los partidos socialistas, reconvertidos en socialdemócratas, o bien terminaron cayendo bajo la influencia comunista o, bien, se fueron desintegrando por su cooperación activa con las "Democracias Burguesas" y este era el panorama político europeo y mundial cuando en 1939 el comunismo soviético se avino a firmar un tratado de amistad con los nazis alemanes que no solo le dejaba las manos libres para ocupar la mitad de Polonia, los países bálticos e intentar la recuperación de Finlandia, sino que además le comprometía a proporcionar al III Reich alimentos y materias primas imprescindibles para mantener el esfuerzo de guerra germano y ofrecía el apoyo y la colaboración de los partidos comunistas de los países occidentales con ejército alemán (1).

Así se llegó a Junio de 1941, momento en que Hitler decidió atacar a la Unión Soviética e instante en que, tanto la Unión Soviética como los partidos comunistas de obediencia soviética diseminados por occidente, empezaron la resistencia al nazismo en los países ocupados  y  a lanzar una gran campaña propagandística que justificaba el acuerdo germano-soviético de agosto de 1939 como una necesidad imperiosa debido a la falta de preparación del ejército soviético para el enfrentamiento con el III Reich. Falta de preparación del ejército soviético que parece ser no le impidió rechazar con facilidad un ataque del ejército japonés en la frontera con Manchuria, invadir los países bálticos, atacar a Finlandia y suministrar alimentos, petróleo y demás materias primas a Alemania, suministros que solo podían fortalecer el poderío militar germano.

            La II Guerra Mundial, llegó a su final y los comunistas soviéticos quisieron hacer valer la mala conciencia de las potencias occidentales por haber aportado al conflicto dinero y material mientras que la Unión Soviética había aportado el personal, o lo que es lo mismo, la "Carne de Cañón"; obteniendo por ello la realización del ideal paneslavo de la época zarista extendiéndose por toda la Europa del Este y quedando como una de las dos potencias sobre la que pilotaría el mundo bipolar de postguerra.  En este mundo bipolar pronto surgió el enfrentamiento entre las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, abriéndose el periodo conocido como "La Guerra Fría".

            Durante "La Guerra Fría", Estados Unidos y sus aliados occidentales desplegaron toda clase de medios  para contener a la Unión Soviética dentro de las áreas de influencia asignadas en los Tratados de Yalta y Postdam para lo cual utilizaron enormes medios propagandísticos y de información que denunciaban el carácter totalitario y represor del comunismo, potenciaron e hicieron resurgir a los partidos Social-Demócratas e inventaron "el Estado del Bienestar".  Frente a esto la Unión Soviética intentó ganarse a los países nacidos de la descolonización y utilizaban a los partidos comunistas de los países occidentales para hacer campañas que favorecieran su política, lo que puso en el punto de mira de los servicios secretos occidentales a dichos partidos.

            Pronto estos partidos comunistas se encontraron clamando contra una supuesta agresión a la Unión Soviética por parte de las potencias occidentales y por la paz y el desarme mientras que su partido matriz moscovita favorecía el incremento del gasto militar y el rearme soviético a la vez que mantenía el apoyo a numerosos grupos terroristas y guerrilleros en el Tercer Mundo. No obstante, a los pocos años, los Partidos Comunistas de occidente se dieron cuenta que su vinculación a Moscú junto a la mejoría de la situación económica en Europa Occidental les restaba apoyos populares y de ahí que la palabra "comunista" se fuera diluyendo en el término más amplio y más ambiguo "de izquierdas", asumiendo la curiosa política  de ser contrarios a la proliferación de la energía nuclear mientras que la Unión Soviética construía deficientes centrales nucleares que darían al mundo, en 1986, el peor accidente nuclear de la historia en Chernobyll  y haciendo del ecologismo un nuevo caballo de batalla del proletariado mientras que en la URSS se contaminaba por doquier. Posteriormente, y para alejarse aún más de lo que representaba la Unión Soviética decidieron "democratizarse" y empezaron a llamarse a sí mismos "progresistas" término más amplio, ambiguo e incluso confuso que "de izquierdas" y así surgió el "Eurocomunismo" de Enrico Berlinguer y la lucha por toda clase de libertades cívicas, por  los derechos de las mujeres y por los de las minorías (homosexuales, lesbianas...), poco importaba  que el comunismo soviético persiguiera a los homosexuales en la Unión Soviética, que el icono del progresismo, Ernesto "Che" Guevara, abriera un campo de concentración para homosexuales en cuya entrada figuraba el curioso lema "El Trabajo os hará Hombres" o que al pobre Pier Paolo Pasolini se las hicieran pasar negras en el Partido Comunista Italiano por su condición homosexual.

Finalmente en 1989 la Unión Soviética se vino abajo, el Muro de Berlín se derrumbó y quedo a la vista de la humanidad entera que en "el paraíso proletario" había  hambre, infames orfanatos para niños y que el trabajador sobrevivía con unos salarios de supervivencia propios de los primeros años de la Revolución Industrial Capitalista. En definitiva, se descubrió que el comunismo, la izquierda y el progresismo, en el mejor de los casos, había fracasado estrepitosamente y en el peor que era un cuento propagandístico para que una minoría pudiera alcanzar esferas de poder y vivir holgadamente a costa de la cantinela de la "liberación del proletariado". Los años inmediatamente posteriores a 1989 fueron frenéticos, se pudo observar como muchos miembros de la "Nomenklatura" comunista soviética se convertían en ávidos especuladores financieros o en empresarios de éxito y como no pocos líderes comunistas del resto de países, antaño fervientes internacionalistas, pasaban a ser  furibundos nacionalistas todo ello con la justificación del "Derecho de Autodeterminación de los Pueblos".

            Hasta aquí una somera y breve relación de hechos fácilmente comprobables que pone de manifiesto la gran posibilidad de que el socialismo primero, el comunismo después y, más recientemente, el "izquierdismo" y "el progresismo" no hayan sido nada más que discursos poco sinceros que solo han servido y sirven para justificar el modus vivendi de no pocas personas que, proclamando la liberación de los demás, tan solo querían y quieren liberarse a sí mismos llegando al poder o a sus aledaños con la única finalidad de permanecer en el mismo sirviéndose de él para su propio beneficio.

            Con esta historia del "progresismo" todavía habrá algunos, no sabemos de qué árbol se habrán caído, de qué planeta habrán venido o qué golpe se habrán dado, que clamarán contra los que defiendan desde el "izquierdismo" un acercamiento a posturas consideradas conservadoras como la crítica a la inmigración incontrolada o el apoyo a la natalidad (2), llamándolos "Rojipardos", pero:

            ¿Era "Rojipardo" el socialista Ferdinand Lasalle cuando apoyo a Bismarck en su proyecto de Unificación Alemana?

            ¿Era "Rojipardo" Vladimir Ilich Ulianov, Lenín, cuando en 1919 dijo que el único revolucionario europeo era Gabriele D´Annuzio?

            ¿Era "Rojipardo" el socialista Noske cuando era el responsable de los Freikorps alemanes en el periodo de entreguerras?

            ¿Era "Rojipardo" Palmiro Togliatti cuando días antes de la Marcha sobre Roma, en octubre de 1922, clamaba por una unión revolucionaria comunistas y jóvenes fascistas sobre la base del programa de San Sepolcro?

            ¿Era "Rojipardo" Largo Caballero cuando aceptó ser Consejero de Estado bajo la Dictadura de Primo de Rivera?.

            ¿Era "Rojipardo" Stalin cuando suscribió y cumplió a rajatabla el acuerdo Ribbentrop-Molotov?.

            ¿Era "Rojipardo" Enrico Berlinguer cuando rompió con Moscú, invento el "Eurocomunismo" y se acercó a la Democracia Cristiana Italiana?

            ¿Era "Rojipardo" Santiago Carrillo cuando envió urgentemente a un mensajero a comprar una bandera roja y gualda para salir con ella en televisión clamando que esa también era su bandera?

            Si es así, es muy posible que el "Rojipardismo" sea consustancial al Socialismo, al Comunismo, al Izquierdismo y al progresismo por lo que todo escándalo ante el mismo está de más.

            Es de entender que "con las cosas de comer no se juega" y por tanto entendemos a los que no desean reconocer su enorme y manifiesto fracaso político y pretenden mantenerse firmes en la negación de la realidad de la que son y han sido protagonistas, pero también entendemos a los que juegan hábilmente a enmascarar su fracasada realidad y  a engañarse a sí mismos y a los demás con miserables piruetas de niñatos y niñatas que solo demuestran su completa incapacidad para asumir ninguna consecuencia.

           

 

 

 

 

 

 

 

(1) Siguiendo instrucciones de la Unión Soviética, el Partido Comunista Francés saboteaba al ejército francés mientras estuvo desplegado frente al ejército alemán y fue la primera organización política en colaborar con los nazis en la ocupación de Francia. El apoyo logístico y el suministro de petróleo de la Unión Soviética a Alemania durante 1940 y la mitad de 1941 era tal que las fuerzas anglo-francesas planearon el bombardeo de los pozos petrolíferos de Bakú para el 31 de mayo de 1941, bombardeo que no tuvo lugar por la ruptura del frente francés veinte días antes.

(2) Es curioso pero mientras que "el aborto libre y gratuito" era una exigencia del progresismo europeo occidental, en la Unión Soviética había que pasar por un exigente tribunal médico para que una mujer pudiera abortar y en otros países comunistas, como Rumanía, el aborto simple y llanamente era ilegal. Eso sin contar con que en cierta ocasión el "progresismo" occidental defendió el aborto por causas socioeconómicas lo que suponía un abandono de las teorías marxistas y un acercamiento a las teorías malthusianas.

 

miércoles, 17 de febrero de 2021

LECTURA DE LOS RESULTADOS ELECTORALES EN CATALUÑA

Tras las elecciones autonómicas catalanas celebradas el pasado domingo, 14 de febrero de 2021, parece que todos los medios de comunicación se han puesto de acuerdo en señalar como lo más destacado de la jornada electoral el triunfo en número de votos, que no en escaños, del PSOE y el "sorpaso" de VOX  a "Ciudadanos" y al Partido Popular.  Ni siquiera la alta abstención que ha dejado la participación en poco más del cincuenta y tres por ciento del censo electoral parece haber sido merecedora de algún análisis político y eso que la baja participación ha influido de forma efectiva, notable y real en el reparto de los escaños pues de haber habido una participación más alta los tres partidos mayoritarios hubieran obtenido más diputados y, muy posiblemente, el resto de formaciones hubieran conseguido menos por la mera aplicación de la Ley D´Hondt.

            Aunque los dirigentes de "Ciudadanos" y del "Partido Popular" parecen estar llorando por las esquinas vislumbrando un oscuro futuro para sus respectivos partidos  políticos a escala nacional; el españolismo más rancio canta victoria por los once escaños obtenidos por VOX y algunos hasta consideran la elevada abstención de más del cuarenta y siete por ciento como un desapego a las tesis independentistas o la justificación plena a sus respectivas debacles electorales, cuando lo cierto es que la abstención perjudica más, como es matemáticamente deducible, a los partidos mayoritarios que ven como numerosos votantes suyos se quedan en casa mientras que a los partidos minoritarios les resulta "más barato" el escaño. En el caso concreto y puntual de las elecciones autonómicas catalanas de 2021, la abstención no tiene ni puede tener más lectura política que la de si su alto porcentaje deslegitima o no el proceso electoral, pero considerando que la participación ha quedado por encima del cincuenta por ciento no se puede dudar de la legitimidad de dicho proceso, aunque los distintos miembros de nuestra casta política no dudarían en defender su "legitimidad democrática" aunque tan solo participase en las elecciones el quince por ciento del censo. Por otro lado, en este caso concreto, en la elevada abstención ha influido, de forma definitiva y sobre cualquier otra motivación, el miedo al contagio por COVID y no el hastío del electorado ante la corrupción política o ante la constante "gresca" que parece instalada en la política catalana de los últimos años por lo que no se puede hacer una valoración demasiado política de dicha abstención pues el miedo a contraer una infección médica no es un hecho políticamente evaluable aunque sí pueda tener consecuencias políticas, como efectivamente las ha tenido.

Lo más llamativo de las elecciones catalanas de este año 2021 es que, después de casi una década de tensiones entre el nacionalismo centrífugo y el centrípeto, entre el secesionismo y el constitucionalismo (o como lo queramos llamar), el primero parece ganar definitivamente al segundo porque, que nadie se engañe, en el parlamento catalán surgido de las elecciones del 14 de febrero pasado tan solo hay veinte diputados (los 11 de VOX, los 6 de "Ciudadanos" y los 3 del Partido Popular) que representan indiscutiblemente a los defensores de la permanencia de Cataluña en el seno de España; por su parte setenta y cuatro diputados (los 33 de ERC, los 32 de "Junts" y los 9 de la CUP) son claramente representantes de los electores partidarios de la secesión y, por último, cuarenta y un diputados (los 33 del PSOE y los 8 de "En Común") representan un no desdeñable porcentaje de electorado que no está claro que sea homogéneamente partidario de la secesión o de la permanencia de Cataluña en España.

            Si a estos hechos objetivos añadimos que también se han presentado otras formaciones políticas independentistas que no han obtenido representación parlamentaria aunque sí han conseguido determinados porcentajes o número de votos; la única lectura racional y razonable que se puede sacar de los resultados electorales de las elecciones autonómicas catalanas es que el secesionismo ha avanzado hasta el punto de imponerse de forma, muy posiblemente, irreversible y definitiva a los partidarios de la permanencia de Cataluña en España.

            Ahora, ante esta situación lamentable de la que todos los partidos y dirigentes políticos, absolutamente todos, que han tenido cualquier tipo de responsabilidad de gobierno en España durante los últimos cuarenta años, sea ésta estatal, autonómica o municipal, son responsables; no cabe preguntarse o discutir las razones del cómo y el por qué se ha llegado a esto. Ahora, es el dramático momento de afrontar el problema con estoico fatalismo y obrar en consecuencia porque de otro modo, la cuestión catalana que ya ha condicionado nuestra economía y nuestra política exterior e interior durante bastantes años, amenaza con convertirse en el nuevo Flandes español del Siglo XXI en el que, si bien, no será la sepultura de ningún soldado sí será la tumba de la hacienda de la totalidad del estado español.

martes, 22 de diciembre de 2020

UN AÑO MAS

       Es España un territorio muy peculiar en el cual, si lo analizamos fríamente, la celebración de la Navidad es un momento muy especial, no porque el sentimiento católico haga de estas fechas un momento de regocijo por el nacimiento del Redentor, ni porque el paganismo se haya abierto camino hasta el punto de que se celebre el solsticio de invierno con grandes bailes alrededor de un adornado árbol.

            No. En España estas fechas son un momento muy especial, especialísimo, porque posiblemente sea el único país del mundo donde la gente se reúne a cenar y a comer opíparamente para, realmente, NO CELEBRAR NADA.

            Desde hace muchos, muchísimos, años; la Navidad en nuestro país se ha visto reducida a un hecho mimético y repetitivo de años anteriores. Estas fechas se celebran con luces, canticos  y reuniones, simple y llanamente, porque siempre se ha hecho así habiendo perdido toda conciencia del por qué de estas celebraciones.

            En todo caso, en nuestro país lo único que se celebra en estas fechas es la SUCESIÓN. La sucesión de un año por otro en el no seremos mejores, ni más justos ni más reivindicativos y en el que cada persona mantendrá su acrítico, incluso fanático, apoyo a su secta o tribu y en el que desearemos que a nuestra particular persona nos vaya, al menos, igual que el año que dejamos atrás si es que no nos puede ir mejor.

            Este año 2020, próximo a terminar y a ser sucedido por el 2021, ha sido muy duro. Más de ochenta mil de nuestros compatriotas han fallecido víctimas de la epidemia y millones afrontan una situación de exclusión social a causa de la crisis económica provocada por la misma, pero no es momento de pedir explicaciones ni de depurar responsabilidades; tampoco lo era el mes de Marzo con mil fallecidos diarios y, por supuesto, hoy tampoco es el momento. Ahora es el tiempo, como lo fueron los pasados meses estivales, de constatar la razón  y la sabiduría del refranero tradicional: "El Muerto al hoyo y el vivo al bollo".

            Y es que es lógico.  Los españoles no son ni un pueblo, ni una comunidad ni una colectividad, no son más que una suma de individuales decadentes y sin vitalidad que, desconociendo o renegando de su pasado colectivo, no aspiran nada más  que al mayor goce y prosperidad individual sin que importe el más próximo y sin preocupación alguna por el futuro, propio o ajeno. Por eso, como decía Mariano José de Larra "En España, nunca pasa nada porque el español pasa por todo".

            Por eso, lo que realmente se celebra en estas fechas es la mecánica SUCESIÓN  de años en la que un año es sucedido por otro en el que todo seguirá igual, nada cambiará y en el que cada español deseará prolongar su patética existencia de cordero durante mil años  sin atreverse a convertirse en león aunque tan solo sea por cien días.

            Ahora, y a pesar de lo arriba manifestado, ponemos fin a este artículo deseando a todos, dentro de lo que cabe.

 

¡¡¡Una Muy Feliz Navidad 2020!!!

 

domingo, 20 de septiembre de 2020

EL PUEBLO CRISTIANO, LOS OBISPOS ESPAÑOLES Y EL PAPA FRANCISCO


 Nosotros, los carlistas, como ningún otro colectivo sabemos diferenciar la distancia que media entre las conductas y las opiniones del pueblo cristiano -de los creyentes- y las actitudes y pronunciamientos de la jerarquía eclesiástica -“el alto clero”- en nuestro caso concreto de la Conferencia Episcopal Española. Tenemos claro que el mensaje evangélico del amor fraterno, la apuesta de Cristo por los humildes, los desheredados, los pobres y los perseguidos, “los que tienen hambre y sed de justicia”, junto con la denuncia de los hipócritas y fariseos, “los sepulcros blanqueados”, no siempre se refleja en los mensajes de los obispos españoles. Los carlistas conocemos como nadie el silencio de la jerarquía eclesiástica, el mirar para otro lado... Sabemos de la connivencia de los obispos con las élites económicas, políticas, mediáticas… Pero también sabemos que las opiniones y las conductas de los dirigentes de la Iglesia española no siempre refleja el sentir de una gran parte del pueblo cristiano, de los creyentes de base, de todos aquellos que creen en el mensaje de Cristo y viven, o intentan vivir, en los valores evangélicos de la honradez y la solidaridad.

            Hace escasos meses, nosotros, los carlistas, sufrimos en nuestras propias carnes la arbitrariedad de la jerarquía eclesiástica. Fieles a la tradición secular de la jura de “els Furs” del pueblo valenciano por los reyes de la casa de Valencia, interrumpida por el centralismo jacobino, se programó renovar y actualizar aquel ritual en el mismo lugar, la Catedral de la ciudad de Valencia, y con la misma fórmula protocolaria que se estableció durante los siglos de vigencia foral. Esta solemne y austera ceremonia la iba realizar el titular de la Dinastía, Don Carlos Javier de Borbón-Parma, en la capilla del Santo Grial de la Seo valentina. De todos es conocida la prohibición del acto por parte del cardenal Cañizares, arzobispo de València, o en su defecto por el cabildo catedralicio. Aquella injusta interdicción no surtió ningún efecto, y más bien sirvió para publicitar y amplificar el acto de la Jura. Todos cuantos asistimos y participamos en la celebración ecuménica de aquella Eucaristía -la inmensa mayoría creyentes- no solo reprobamos la prohibición de monseñor Cañizares, además seguimos adelante con el ritual de la jura, una vez que los celebrantes se retiraron del recinto. Nadie, ni uno solo de los asistentes a la misa se ausentó de la capilla cuando dio comienzo la transgresora ceremonia del juramento. Todos los congregados fuimos testigos del compromiso de Don Carlos Javier con las libertades del pueblo valenciano, y por tres veces lo aclamamos como Rey de Valencia. Aquella arbitraria y absurda decisión de la jerarquía eclesiástica fue ignorada y desobedecida. Por nuestra parte no hubo ni arrogancia ni provocación, solo nuestro derecho, como valencianos, carlistas y creyentes, de cumplir con decisión, pero respetuosamente, con nuestro compromiso y ser fieles a nuestros ideales.

            El pasado 4 de agosto se hacía público un comunicado de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española. “Ante la noticia de la salida de España de S.M. D. Juan Carlos I, quiere expresar el respeto por su decisión y el reconocimiento por su decisiva contribución a la democracia y a la concordia entre los españoles. También quiere manifestar su adhesión y agradecimiento al actual Rey por el fiel cumplimiento de los principios constitucionales y su contribución a la convivencia y bien común de todos los españoles”. Nada que decir sobre la corrupción, la evasión de capitales, el enriquecimiento ilícito y el fraude fiscal; y el derroche, el lujo desmedido y la depravación moral -para la conciencia de un cristiano- del “emérito”.

Tras la lectura de este comunicado de los obispos, en plena y total sintonía con otros comunicados similares hechos públicos por los herederos políticos del franquismo, se puede entender la prohibición, por parte de la jerarquía eclesiástica valenciana, de la jura de “els Furs” por Don Carlos Javier de Borbón-Parma.

            El Papa Francisco, en noviembre de 2013 y durante una misa que celebró ante una treintena de personas, señaló en la homilía: “la corrupción es un pecado grave y una pendiente resbaladiza en que la gente podrida se hunde cada vez más. La doble vida de un cristiano hace mucho daño, mucho daño. Al cristiano de doble vida que dice “¡Yo soy un benefactor de la Iglesia! Meto la mano en mi bolsillo y hago donativos a la Iglesia”. Pero con la otra mano roba al Estado o a los pobres… ¡roba! Y merece -lo dice Jesús, no lo digo yo- que le aten al cuello una rueda de molino y lo echen al mar. Jesús no habla de perdón aquí. Pecadores lo somos todos, pero en cambio no podemos ser corruptos. El corrupto intenta engañar, y donde hay engaño no está el espíritu de Dios”. El mensaje del Pontífice está bien claro: al pecador arrepentido se le debe perdonar, al corrupto no. Y mucho más cuando se proclama cristiano para encubrir la corrupción, el fraude y la injusticia.

            Todavía no está confirmada oficialmente, pero a primeros del próximo mes de octubre, el Papa Francisco hará pública la tercera encíclica de su pontificado. Está basada en la crisis provocada por el coronavirus. La denuncia de la desigualdad social, el hambre, el aumento de la brecha entre los más ricos y los más pobres y el drama de la guerra y los refugiados, serán tratados a la luz de la doctrina social de la Iglesia. Para la redacción de este documento, escrito personalmente por el Santo Padre, se han recabado las opiniones de líderes sociales y de dirigentes religiosos. Los carlistas, como colectivo político integrado mayoritariamente -pero no exclusivamente- por creyentes comprometidos, tenemos la obligación y el deber de hacer llegar al Papa Francisco, con veneración, humildad y respeto, nuestro análisis y nuestras propuestas. Estamos a tiempo.

Josep M. Sabater

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